Crucero por el Mediterráneo. Día 6. Malta II: Mdina y Rabat

Nada más bajarnos del bus nos encontramos con Mdina, la ciudad amurallada, cuya puerta se convirtió en el acceso a Desembarco del Rey en la serie Juego de Tronos. Y no es la única producción que ha rodado en Malta, ya que además del turismo, la industria cinematográfica es uno de los principales recursos.

Tras cruzar la puerta está la oficina de información, así que me acerqué a pedir un mapa. Por lo que me explicó la chica, era muy fácil de visitar, con la mayoría de los puntos en torno a una ruta circular. Así que seguimos su consejo.

Mdina se halla sobre un promontorio rocoso a 12 kilómetros al oeste de La Valeta, en el centro de Malta. Esta posición elevada permite unas amplias vistas de toda la isla.

El origen de Mdina se remonta a la época de los fenicios, en torno al año 700 a. C. y durante mucho tiempo fue el centro político y capital de Malta, ya que al estar alejada de la costa, era más fácil de proteger. Fue conocida como Città Notabile, ya que estaba habitada por la aristocracia maltesa.

En 1570 sin embargo, con la llegada de los caballeros, la capital se trasladó a La Valeta y con ello comenzó el declive de la pequeña ciudad amurallada. Los grandes maestres respetaron su autonomía y juraban sus fueros, pero la llamaban despectivamente Città Vecchia. También es conocida como la Ciudad del Silencio por la paz que se respira en sus calles.

Hoy tan solo viven en ella unos 300 habitantes, pero no por ello ha perdido su encanto. Quizá por eso, por haberse quedado algo olvidada, se conservan sus calles medievales, callejuelas y rincones, en donde se pueden encontrar palacios, iglesias y edificaciones normandas y barrocas.

Pero comencemos por el principio. El acceso a Mdina se hace a través de un puente de piedra que conduce a una puerta en la que está tallado el escudo de armas de la ciudad.

En la cara interior están representados los tres santos patronos de la ciudad: San Publio, San Pablo y Santa Ágata. Bajo ellos está esculpido el escudo de armas de los Inguanez, quienes fueron Gobernadores de Mdina durante una buena etapa.

Lo primero que encontramos tras cruzar la puerta, como decía, es la Oficina de Información y Turismo, que se ubica en la Torre dello Standardo.

Fue construida a principios del siglo XVIII para reemplazar a una más antigua del siglo XVI. Los dos escudos de armas de De Vilhena y de la ciudad de Mdina que se ven en la fachada fueron añadidos con posterioridad, en una remodelación. Esta edificación formaba parte de una cadena de torres en las localidades circundantes. Cuando en una de ellas se divisaba un peligro, se mandaba una señal de humo para avisar al resto.

En la misma plaza de San Publiuis, justo enfrente, se halla el Palazzo Vilhena, cuya puerta está también coronada por el escudo de la ciudad y dos leones.

Ya había una construcción en ese mismo lugar desde la Antigüedad. Sobre el siglo VIII parece que se levantó un fuerte bizantino que, en la Edad Media, se convirtió en castillo. Este quedó demolido en el siglo XV y a mediados del siglo XVI se reconstruyó como palacio.

Se llamó Palazzo Giuratale y albergaba el consejo administrativo civil conocido como Università. Sin embargo, quedó dañado con el terremoto de Sicilia de 1693. En 1722 el Gran Maestro recién elegido, António Manoel de Vilhena ordenó la restauración de Mdina y con ello también la demolición de los restos del antiguo palacio para construir uno nuevo. Las obras se llevaron a cabo entre 1726 y 1728 en estilo barroco francés.

En el siglo XIX fue utilizado como hospital para los militares británicos. A finales de siglo se cerró y fue empleado brevemente como cuartel. Se volvió a abrir durante un corto período para finalmente ser cerrado en 1907. Fue reabierto en 1909 como hospital para pacientes de tuberculosis bajo el nombre de Hospital Connaught (por el Duque de Connaught y Strathearn, quien había donado dinero para la compra de nuevos equipos).

Fue cerrado en 1956 y en 1973 reabrió convertido en el Museo Nacional de Historia Natural de Malta. Este museo recoge datos sobre la evolución humana, insectos, aves y hábitats así como ecosistemas marinos.

Seguimos por la calle Triq San Pawl donde se encuentra el Museo de la Catedral.

Este antiguo palacio del siglo XVIII alberga una colección que incluye objetos de arte, archivos de la Catedral, de la Inquisición y de la antigua Università.

Un poco más adelante llegamos a la plaza principal. Como no podía ser de otra forma, en ella se erige el edificio más importante de la ciudad, la Catedral de San Pablo.

Este templo católico fue construido entre 1697 y 1702 para sustituir a la catedral normanda del siglo XIII que quedó destruida por el terremoto de 1693. Tuvo que ser reconstruida siglo y medio más tarde, en 1839.

Su fachada tiene dos relojes. El de la derecha marca la hora y el de la izquierda un calendario, aunque el lugar de este hubo un segundo reloj que daba la hora errónea para despistar al diablo.

En su interior cuenta con una importante colección de platos y monedas de plata, así como algunas tallas de Antonio Durero.

Junto a ella podemos ver la Casa Gourgion y la bella casa neogótica victoriana que data de la época británica y contrasta con el resto de los edificios, aunque se integra gracias a su color.

Tomando la calle Triq Villegaignon nos encontramos con la Iglesia y el Convento de las Carmelitas.

En 1418 las Carmelitas Descalzas se trasladaron a Malta, cuando Margarita de Aragón, antes de fallecer, ofreció la capilla y los campos que la rodeaban a cualquier orden religiosa que aceptara las cláusulas de su testamento. La iglesia actual fue construida en 1659 y simboliza el inicio de la resistencia frente a los franceses en 1798. Estos estaban saqueando la isla, y fue cuando iban a subastar los tapices y otros objetos de esta iglesia cuando la gente se enfrentó a ellos.

Su interior está ricamente decorado, tanto, que me recordó a las ortodoxas cuyas paredes suelen estar completamente cubiertas de imágenes o detalles ornamentales.

Un poco más adelante teníamos ante nosotros una plaza desde la que se abre un mirador que permite ver las llanuras. Aunque quizá no es una vista tan grandiosa como me esperaba.

Cerca se halla el Palazzo Falson, de estilo normando. Construido en 1495 incorpora partes de un edificio ya existente del siglo XIII. A mediados del siglo XVI se fue ampliando añadiendo detalles de otros estilos. En el siglo XX fue comprado por Olof Frederick Gollcher, quien lo mandó restaurar. Desde 2007 está abierta al público y permite descubrir cómo se vivía en la época medieval en Malta. Asimismo, expone una amplia colección de antigüedades, armas, cerámica y obras pictóricas.

Llegados a ese punto ya solo nos quedaba emprender la vuelta, así que nos perdimos entre callejuelas descubriendo pasadizos, fachadas pintorescas y muchos edificios religiosos, y es que la cultura cristiana caló hondo en la historia de este pueblo.

Uno de estos templos religiosos es la capilla de Santa Águeda, que data de 1410, pero en 1693 sufrió daños por el terremoto y tuvo que ser reconstruida.

Con esto concluimos nuestra visita a Mdina y, como aún era pronto, nos acercamos a Rabat, la ciudad que se extiende alrededor de la muralla. Los árabes la denominaron Rabat, porque es el nombre que se suele usar para las zonas que se desarrollan en los suburbios.

Se encuentran separadas por el Parque Howard y el aparcamiento de los autobuses, donde también hay varios grupos escultóricos.

Rabat no es una ciudad muy grande, en ella viven unas 11.000 personas; pero merece la pena dar un paseo para descubrir sus balcones cerrados y coloridos.

Los principales atractivos de la ciudad son: la Iglesia de San Pablo, la Gruta de San Pablo, las Catacumbas de Santa Agatha, las Catacumbas de San Pablo y la Domus Romana.

Tomamos la calle Triq San Pawl que nos conduce a la Iglesia Ta’ Giezu.

Dedicada a Santa María de Jesús, fue construida en 1500 y ampliada en 1757. Pertenece a los frailes franciscanos y estaba cerrada porque en agosto de 2017 su techo se desplomó sobre el altar causando graves daños.

Más adelante, se halla la Plaza San Pawl, la principal plaza de Rabat. En ella se encuentra la entrada a las catacumbas, el Museo Wignacourt, los refugios de la Segunda Guerra Mundial y la Iglesia de San Pablo.

Este templo de estilo barroco se construyó en el siglo XVII sobre una gruta donde se dice que San Pablo pasó unos meses escondido tras su naufrágio.

La gruta se convirtió en un sitio popular de peregrinaje a principios del siglo XVII, y en 1610 fue confiada al ermitaño español Juan Benegas de Córdoba.

El Museo Wignacourt alberga una importante pinacoteca que cuenta con obras de algunos de los pintores malteses más importantes como Mattia Preti, Antoine Favray, Francesco Zahra. También acoge una sección de orfebrería que posee piezas italianas y maletesas, muebles de la época moderna, esculturas y objetos religiosos de la Orden de Malta.

Se ubica en la antigua residencia de Aloph de Wignacourt, uno de los primeros Grandes Maestres de la Orden de los Caballeros de Malta. El edificio, de estilo barroco, fue construido en 1749 para administrar la iglesia y la gruta. Tras la ocupación francesa en 1798 pasó a ser administrado por el Gobierno. Durante la II Guerra Mundial y en los años posteriores, fue usado como colegio, enfermería, parroquia y centro social. En 1961 pasó a la parroquia de Rabat y en 1981 se convirtió en museo.

Tanto Mdina como Rabat fueron construidas sobre una antigua ciudad romana, y uno de esos vestigios son las catacumbas de San Pablo y Santa Águeda, que eran usadas como cementerio en una época en la que Roma prohibía el cristianismo.

Para finalizar nuestra corta visita a Rabat volvimos sobre nuestros pasos hasta el parque, junto al que se encuentra la Domus Romana.

Esta antigua casa romana hoy alberga el Museo de la Antigüedad Romana. Fue construida hacia la primera mitad del siglo I A. C. para una familia acaudalada y se estima que estuvo en uso hasta el siglo I o II D. C. Fue descubierta accidentalmente en 1881 y tras excavaciones entre 1920 y 1924 se llevaron a cabo tareas de reconstrucción para conservar los mosaicos. Desde entonces se ha convertido en un lugar en que concentrar diversos hallazgos romanos encontrados en la isla. Se cerró brevemente durante la II Guerra Mundial y se reabrió en 1945.

Contiene mosaicos policromados, esculturas de mármol, elementos arquitectónicos decorativos, así como objetos de uso cotidiano de gran valor.

Antes de adentrarnos en las calles de Rabat nos habíamos acercado a la parada del autobús para saber los horarios a los que salían los siguientes y así optimizar el tiempo. Y es que, al contrario que en España, en la mayoría de sitios de Europa siempre está indicado el horario del transporte (que se cumple) y no la frecuencia.

Aún así, perdimos el bus que salía a las 12:20 (salió puntual puntual) y nos sentamos tranquilamente en un banco del parque a observar el paisaje y esperar al siguiente, el de las 12:40. Apenas 25 minutos después estábamos de regreso en La Valeta.