Crucero por el Mediterráneo. Día 7. Navegación

Tras abandonar Malta, el crucero se acercaba a su fin, pero antes teníamos un día de navegación por el Mediterráneo de vuelta a Barcelona. Ese día aprovechamos para levantarnos relativamente tarde, desayunar con calma y dar un paseo por el barco, pues al final, entre tanta escala, realmente había rincones que no habíamos visto. Nos pasa siempre, pero más aún en un barco tan grande.

Lo malo del día de navegación es que está todo el mundo en el barco, así que por muy grande que sea este, gente vas a encontrar en todos los lugares. Incluso en el gimnasio.

Si el día de Génova a Nápoles el barco se movió ligeramente, el día de navegación lo hizo de manera notable. No es que diera bandazos de un lado a otro, pero sí que se apreciaba el viento y la borrasca que había en la zona.

A media mañana había una exhibición y degustación de mozzarella a cargo una eminencia, al parecer. Me sorprendió ver a los japoneses con tal devoción hacia el queso… Bueno, y en general a todo el mundo haciendo corrillo para probar algo que, por otra parte, había habido durante cada día en el buffet.

A las 11:30 asistimos a la charla de información sobre el desembarque.

Por un lado nos explicaron cómo realizar el desembarque de las maletas. Del mismo modo que al inicio no cargas con ellas, tampoco para la salida. Así, la noche anterior de abandonar al barco, antes de la 1 de la madrugada, has de dejar las maletas en la puerta del camarote, etiquetadas con las correspondientes tiras asignadas. El color indica la hora límite para bajar.

De esta forma, el personal del barco se pasa la madrugada recorriendo cada planta y agrupando las maletas por colores para, una vez llegados a puerto, descargarlas y llevarlas a la zona de recogida de equipaje. Básicamente es la misma metodología que cuando cogemos un avión. Eso sí, es importante tener en cuenta que deberemos dejarnos fuera el pijama, la ropa del día siguiente, así como los productos de higiene que vayamos a necesitar antes de irnos a dormir, y al despertar.

El segundo aspecto que nos explicaron fue cómo cerrar la cuenta. El primer día habíamos asignado nuestra tarjeta de crédito a nuestro camarote, así pues, nos tocaría revisar la factura para comprobar que todo estaba bien. Y si era así con una firma, todo listo.

Sin embargo, también existía la posibilidad de pagar con tarjeta de débito o efectivo. En este caso, el proceso era algo más complejo en caso de que el saldo fuera a favor del viajero, ya que la devolución del depósito se realizaba en efectivo, lo que suponía revisar la factura y después acudir con ella a recepción para cobrar. Y esperar cola, claro.

La verdad es que no había mucho que añadir con respecto a la charla, pues estaba todo claro. Sin embargo, sí me había quedado la duda de la hora del desembarque. Según nos habían explicado nos asignarían una hora según el color, pero nosotros teníamos el AVE a la 1, con lo que no teníamos especial prisa por abandonar el barco. Además, no queríamos hacerlo a la vez que los de la escala, que son quienes sí que necesitan todos los minutos posibles. Así que me acerqué a preguntar si la hora que nos marcasen sería obligatoria. Afortunadamente nos informaron de que se hace así para que el desembarque sea progresivo, pero que si queríamos quedarnos un rato más, podíamos hacerlo siempre que nos fuéramos con el último color, pues a partir de esa hora ya comenzaban a subir los nuevos cruceristas. No es que fuera muy tardía, pero nos daba al menos un par de horas más. Mejor esperar en el barco tranquilamente, a hacerlo dando vueltas por Barcelona con las maletas.

Aclarada la duda nos fuimos al teatro, donde se representaba MasterChef at Sea con el equipo de animación.

Bueno, en realidad no estaban cocinando, les dieron fruta y tenían que crear un plato y ponerle nombre…

Después nos fuimos a tomar una cerveza al pub.

Pero como no ponen tapa y en las anteriores ocasiones siempre había echado de menos picar algo, antes pasamos por el buffet a por unas patatas fritas.

Comimos y nos echamos una siesta. Y ya, a media hora de la tarde, hicimos las maletas a falta de la ropa que usaríamos por la noche y los productos de aseo.

Comprobamos la cuenta en la televisión y nos habían cargado unas fotos que nos habían dejado en el camarote pero cuyo recibo no habíamos firmado, así que, antes de ir a cenar nos tocó pasarnos a pedir el reembolso.

Una noche que sí era de gala. Y se notaba nada más poner un pie en el pasillo, pues iba todo el mundo engalonado. Destacaban sobre todo las japonesas con sus kimonos.

Y por supuesto, ese día sí que estaba el capitán listo para quien quisiera hacerse la foto con él.

Para la cena de la noche teníamos de nuevo la mesa engalanada, aunque esta vez el mantel era dorado y no plateado. En esta ocasión la oferta de platos era mayor y más variada. De entrantes teníamos para elegir entre Cóctel de vieiras, Carpaccio de bresaola, Crujientes rollitos de primavera, Ensalada César, Caldo de Buey y Sopa de espárragos.

De principal podíamos optar por Tortellini con tinta de sepia, Risotto con setas, Langostinos a la parrilla, Tajadas de solomillo y Strudel vegetariano.

Como se puede observar en la imagen, aunque ambos comimos los langostinos a la plancha, sí que diferimos en los primeros y mientras que yo me tomé la ensalada césar, él probo los rollitos.

La ensalada me pareció un poco pobre. Apenas era lechuga con picatoste y salsa. Los langostinos, sin embargo, eran grandecitos y estaban jugosos.

Entre las opciones de postre ambos elegimos la crema de vainilla francesa con salsa de frutas del bosque que, si bien estaba rica, la textura no me terminaba de convencer. Era demasiado líquida para mi gusto. Yo habría preferido algo más tipo mousse.

Después marchamos al espectáculo. Habíamos reservado Virtual. Y quizá fue el espectáculo que más me gustó de toda la semana. Versaba sobre un individuo que vivía pegado a su teléfono móvil y un día se convierte en parte de él, actuando como si fuera parte de una de las muchas aplicaciones instaladas en este.

Tanto la escenografía como la música y coreografías estaban muy bien elegidas y diseñadas. Fue interesante y entretenido. Incluso daba para reflexionar sobre la adicción a la tecnología.

Para terminar el día, y casi el crucero, subimos a tomarnos unas copas. Y si en las partes más bajas del barco se notaba el movimiento, en la popa arriba del todo mucho más. No hacía falta beber mucho para acabar mareado.

Nos retiramos pronto, pues había que dejar el camarote a las 7:30. En nuestra puerta ya nos esperaban nuestras etiquetas y las indicaciones para revisar la factura y cerrar la cuenta antes del desembarque.

Básicamente resumía lo que nos habían explicado en la reunión. Nuestra hora de desembarque era a las 9:10 y la última salida a las 12:30.

Nuestro crucero se acababa, solo nos quedaba dormir y poco más. Pero antes tuvimos que desplazar al elefante que nos habían dejado sobre nuestra cama.

5 comentarios en “Crucero por el Mediterráneo. Día 7. Navegación

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