Razones para amar el otoño/invierno

Ya llega el otoño, POR FIN y más después de este septiembre y principios de octubre que hemos tenido. Ya se empieza a oír lo de que se nos acaba el buen tiempo. Bueno, según para quién. A mí me gustan estos meses que vienen. Que sí, que hay menos horas de luz, menos sol, menos calor… pero es que A MÍ NO ME GUSTA EL CALOR. Y lo de las horas de luz… pues no soy una persona de luz, la verdad. Y muchos no sé qué me decís, si entráis a trabajar de noche y salís de noche independientemente de la época del año que sea. Bueno, sí, en junio, julio y agosto se nota que anochece a las 9-10 de la noche. Pero ya. Son tres meses. Será que nací a finales de octubre y por eso huyo del verano.

Me gusta cuando llega esta época porque se vuelve a la rutina. Y sí, me gusta la jornada intensiva, salir pronto y tener la tarde libre, pero me refiero más a una rutina global. Que en verano es imposible quedar con los amigos. Cuando no están unos de vacaciones, lo están otros…

Me gusta cuando llega el momento de sacar el nórdico. Aunque sea el de nivel 1. Esa sensación de enredarte en él, de hacerte un ovillo y no salir nunca. Y si es con sábanas oscuras de esas que te atrapan y duermes mejor, ya es el summun.

También me gusta el sentarme en el sofá a desayunarme un té ardiendo mientras veo una de mis tantas series de la lista “para ver“. Sentada con las piernas recogidas y las manos alrededor de la taza mientras sube el vaho. O sentarme a leer con mi kindle.

Y por supuesto me gustan las sesiones de SMS (sofá – manta – serie) de fin de semana. Que se hayan pasado los 30 es lo que tiene. Una no se siente culpable por quedarse en casa en el sofá haciendo un maratón de series hasta que se te cierran los ojos y te tienes que ir a la cama. Y hacer un ovillo con el nórdico, claro.

Pero no todo es vida sedentaria. En estas fechas también es más llevadero el deporte, pues se agradece entrar en calor. No como en verano que ya de por sí da pereza si quiera moverse.

La vida en la calle no es tan desagradable. No hay frío, sino ropa inadecuada, que dirían los escandinavos. Y es que si hace frío, te pones mil capas. Para algo se inventaron los jerseys de cuellos altos y los gorros. Y las botas con borreguillo por dentro. Y si llueve, botas de agua y paraguas transparente. Y a chapotear. En verano cuando hace calor, por mucho que te quites capas, llega un momento en que no puede ser. Además, en invierno nadie se obsesiona con mi color de piel. No-me-gusta-ponerme-morena, a ver si lo entendéis ya.

También me gustan los viajes en estas fechas. Sí que es verdad que los días son más cortos y ahí – ahí sí – se notan las horas de luz. Pero me resulta más cómodo descubrir una ciudad en otoño o invierno. El clima anima a andar, a pasear, a descubrir rincones. Incluso a sentarte a tomar una bebida calentita mientras ves a otros pasar. Y tenemos maravillas como las auroras boreales. ¿Quién se resiste a eso?

Camino a la cascada

No hablemos de mal tiempo. Llegan meses con muchas posibilidades.

Crucero por el Mediterráneo. Día 5. Sicilia III: Taormina

Taormina se ve desde la autopista, pues se encuentra en el monte Tauro, a unos 200 metros sobre el nivel del mar. La primera idea que se me vino a la mente cuando pasamos por debajo fue “ese pueblo no va a durar mucho ahí, tarde o temprano habrá alguna desgracia”. Y es que es desafiar a la naturaleza. Pero no solo Taormina, sino toda la costa. Entiendo que cuanto más arriba, más se protegían de ataques enemigos… pero con los terremotos es otra historia.

El aparcamiento en Taormina está limitado a los residentes, por lo que hay que dejar el coche abajo o bien en alguno de los parkings de pago un poco antes de llegar arriba del todo. La subida, lógicamente, es en cuesta, pero si no se quiere subir andando, hay también unos shuttles, aunque los vimos de pasada con el coche, por lo que no sé qué tal de horarios ni tarifas.

Taormina fue fundada en el año 358 a.C.  por prófugos griegos procedentes de Naxo y se desarrolló como cualquier ciudad griega, es decir, con su ágora, su acrópolis, su teatro… Después llegaron los romanos e introdujeron algunos cambios en la estructura de la ciudad y en algunos monumentos. También construyeron algunos nuevos. Con los bizantinos Taormina ganó cada vez más relevancia, llegando a convertirse en la capital de la Sicilia Oriental cuando cayó Constantinopla.

Fue ocupada y arrasada por los árabes entre los siglos IX y XI. Suyo es el castillo Castelmola, que fue levantado donde se había encontrado la ciudadela. Los normandos la cristianizaron construyendo varios edificios religiosos. Y la decadencia llegó con los españoles.

A pesar de ser una ciudad pequeña, de unos 10.000 habitantes, es un gran destino turístico desde el siglo XIX por sus playas (a las que se llega gracias al teleférico) y por su pasado medieval. Además, en Taormina se han refugiado numerosos artistas en busca de desconexión o inspiración gracias al entorno que la rodea. Y es que su localización hace que se obtengan tanto unas buenas vistas del mar, como del interior y del Etna.

En lo alto de la cuesta nos recibe la pequeña Chiesa di San Pancrazio, levantada sobre las ruinas de un antiguo templo griego dedicado a Júpiter. Data de la segunda mitad del siglo XVII y es de estilo barroco.

La puerta está enmarcada con dos columnas jónicas y la estatua de San Procopio, obispo de Taormina en el momento de la conquista árabe, quien viste sotana y porta la su mitra en la cabeza.  A la izquierda se alza la estatua del obispo Pancrazio.

La iglesia nos conduce a una plaza en la que ya se aprecia la vida de la ciudad con sus restaurantes y locales de recuerdos.

El acceso a la zona peatonal se realiza por la Puerta Mesina, la entrada norte de las murallas construidas en 1440. También era conocida como Puerta Fernandina, en honor a Fernando IV de Borbón.

Taormina tiene estructura medieval y cuenta con dos puertas de entrada, esta, y la Puerta Catania. La calle que va de una a otra era la antigua vía romana Via Valeria, que, como obviamente indican las puertas a los extremos, unía Mesina con Catania. Hoy recibe el nombre de Corso Umberto I. Además, existe una tercera puerta, la Porta di Mezzo, que fue restaurada tras haber quedado destruida y que se conoce como Torre del Reloj.

El primer edificio que nos llamó la atención apenas está a unos pasos. Se trata del Palacio Corvaja, una construcción que data del siglo XV, aunque se levanta sobre restos del XIV y su torre árabe es del siglo X. Está decorada con lava y piedra pómez blanca, además de toques de gótico catalán.

Su fachada es bastante austera, tan solo adornada por una franja que tiene una inscripción en latín y sus ventanas.

Fue el primer parlamento siciliano y residencia veraniega de la Reina Blanca de Navarra, pero recibe su nombre de la familia que lo habitó en 1538. Hoy en día alberga el Museo Siciliano d’Arte e Tradizioni Popolari y la Oficina de Turismo.

A su lado se erige la Chiesa de Santa Caterina, una iglesia barroca del siglo XVII, edificada sobre el antiguo odeón romano, que a su vez se construyó sobre un templo dedicado a Apolo.

Al fondo se ven los restos del castillo sarraceno. Fue construido en el siglo XI por los árabes, y allí se intentaron defender del asedio normando. Hoy en día solo se conserva su exterior.

La calle Corso Umberto combina locales, tiendas y cafés con antiguos edificios. Incluso en ellos, como el caso de la Iglesia Santa María del Piliere, que ya no cumple su función religiosa y alberga una pizzería.

Seguimos caminando y descubriendo callejuelas con encanto hasta llegar a la Piazza IX de Aprile, desde cuyo mirador se obtienen unas espectaculares vistas.

Recibe este nombre como recuerdo al 9 de abril de 1860 fecha en la que se anunció que Garibaldi había desembarcado en Marsala para comenzar la liberación de Sicilia de manos de los borbones. Luego resultó que la noticia era falsa y tal acontecimiento no llegó hasta un mes más tarde, pero los ciudadanos de Taormina decidieron conmemorarlo igualmente.

En la plaza se encuentra el antiguo convento de San Domenico, un edificio del siglo XVI convertido en hotel. También la Iglesia de San Giuseppe, que sobre una escalinata mira al mar desde el siglo XVII.

De estilo barroco siciliano, pertenece a la orden de los salesianos.

En un lateral se halla la antigua Iglesia de los Agustinos, de 1486, hoy convertida en Biblioteca Municipal.

Para seguir el curso de la calle principal debemos atravesar la Torre dell’ Orologio (Torre del Reloj), también conocida como Porta di Mezzo o Puerta de Carlos II.

Fue construida en el siglo XII y formaba parte de la segunda muralla de la ciudad. Quedó destruida, por lo que se volvió a construir en 1875, momento en que se le colocó el reloj. Sus campanas tocan a fiesta el día de elecciones a la alcaldía y el 9 de Julio, que es San Pancracio, el patrón de la ciudad.

En su interior tiene un mosaico-réplica de una Madonna bizantina.

La siguiente plaza que nos encontramos fue la Piazza del Duomo, donde, como se puede sospechar, se encuentra la catedral.

La Catedral de San Nicolás es del siglo XIII, aunque fue reformada en el XV y XVI, época en que se le añadieron dos portadas góticas.. Su planta de tres naves con estructura de fortaleza recuerda a las catedrales normandas. Su fachada es muy sencilla, tan solo rematada por un pequeño rosetón y el portal.

La plaza era un lugar muy concurrido y donde se reunían los escritores y músicos del romanticismo que vivieron en la ciudad. En el centro se erige la Fuente de Montorsoli, de 1635.

De estilo barroco, cuenta con dos partes acuáticas y está coronada por una centaura que porta un cetro y un globo terráqueo y que es el símbolo de la ciudad.

Un poco más adelante se puede ver la Iglesia del Carmen, que ya no se usa como tal, sino como sala de exposiciones y conciertos.

Y prácticamente habíamos llegado al final de la calle, pues teníamos a unos pasos la Porta Catania.

Esta puerta, que data de 1440, también era conocida como la Puerta del Toque, ya en la plaza adyacente, tenían lugar las reuniones públicas a las 13 del mediodía.

En su parte exterior se puede ver el escudo aragonés sobre el arco de acceso.

Muy cerca de la puerta se halla la Chiesa de San Antonio Abate, una iglesia que tiene un belén permanente.

Emprendimos el regreso fijándonos en los callejones y en los edificios que hubiéramos podido no fijarnos, como por ejemplo el Palazzo de los Duques de Santo Stefano.

Este edificio del siglo XIV fue construido en la época normanda sobre una construcción árabe, por lo que aunque es de estilo gótico siciliano, conserva algún elemento árabe y normando. En la actualidad alberga la fundación dedicada al escultor Giuseppe Mazullo.

Continuamos hasta sin duda el símbolo de la ciudad, el Teatro Griego, que data del siglo III a.C. No solo destaca por su valor artístico, sino también por su localización, puesto que se halla en lo más alto de la ciudad permitiendo tener unas magníficas vistas de la costa y del Etna.

Es el segundo más antiguo de la isla y aunque lo construyeron los griegos, los romanos lo adaptaron para convertirlo en un circo y que lucharan los gladiadores.

Cuenta con 109 metros de diámetro y una estupenda acústica, por lo que es perfecto para espectáculos musicales y teatrales. En su día el aforo era de 5.000 personas. Nosotros no entramos, ya que nos parecía excesivo el precio teniendo en cuenta que solo se conservan 4 columnas originales. Además, no contábamos con mucho tiempo.

La visita a Taormina mejoró sin duda a Catania. Es una ciudad muy pintoresca con su trazado medieval plagado de callejones en los que abundan las tiendas de recuerdos, artesanía, restaurantes y heladerías.

Es un buen lugar del que llevarse un recuerdo, bien un objeto hecho con lava del Etna, o de cerámica. También son típicas las marionetas y las trinacrias (ese muñeco de tres patas, símbolo de Sicilia).

Tiene mucho encanto gracias a su pasado griego, sus restos romanos, su influencia árabe o reminiscencias de la ocupación de la corona de Aragón.

Sin duda, entiendo porqué la naviera ofrecía la excursión a Taormina como la estrella del día.

Crucero por el Mediterráneo. Día 5. Sicilia II: Catania

Para llegar a Catania no hay mucha pérdida porque es línea recta como quien dice.

Pero claro, eso en teoría, porque en la práctica tienes que lidiar con el tráfico siciliano y sus conductores. Se puede llegar bien con la SI o con la Autoestrade.

Nosotros elegimos esta segunda esperando que fuera más rápida y así aprovechar mejor el tiempo, pero resultó que no era una autopista como habríamos esperado, al menos no con los estándares europeos. La carretera, más propia de una nacional, no tenía arcenes en la mayoría del trayecto, por no hablar de los tremendos baches y agujeros de la calzada. Lamentable para una autopista que además resultó ser de peaje (3.70€ de Mesina a Catania). Así que, por si fuera poco estrés tener que ir controlando a los sicilianos al volante, además has de ir con cuidado de no dejarte los amortiguadores por el camino. Incluso encontramos algún tramo con obras.

Catania, la segunda ciudad más grande de Sicilia, fue fundada en lo alto de una colina por los griegos en el año 729 a. C. De aquella época griega no quedan restos, pero sí de sus etapas posteriores.

En el 263 a. C. tras la primera guerra púnica fue declarada rápidamente colonia romana y de aquel período se conservan monumentos como el teatro, el anfiteatro, murallas, restos del foro, termas, sepulcros o el odeón. No obstante, se perdió gran parte como consecuencia de los numerosos terremotos que han sacudido Catania en su historia. Lo que ha llegado a nuestros días quedó sepultado bajo la ciudad actual y la lava de las siete erupciones del Etna que la asolaron.

Tras las invasiones bárbaras pasó a dominio bizantino y después fue controlada por los árabes, quienes llevaron a la ciudad nuevas técnicas agrícolas y cultivos.

En 1071 quedó en manos de los normandos, quienes llevaron a cabo reformas para estimular las actividades culturales de la isla. Fue en esta época cuando se construyó la catedral y se repartieron las tierras entre diferentes órdenes religiosas.

Más tarde llegarían los suavos y Catania se convertiría en punto estratégico. Más aún cuando Federico II Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Sicilia, mandó construir el Castillo Ursino entre 1239 y 1250.

En 1282 pasó a depender de la corona de Aragón y se convirtió en la residencia favorita de los reyes y capital del Reino de Sicilia.

En 1434 el rey Alfonso V de Aragón eligió Catania para fundar la primera Universidad de Sicilia, por lo que la ciudad se convertiría en punto de referencia de la cultura en la época. La decadencia de la ciudad llegó cuando se trasladó la sede real a Palermo.

La Catania que encontramos en la actualidad fue rediseñada en el siglo XVIII, ya que en 1693 quedó arrasada por un terremoto cuando aún no se había recuperado de la erupción del Etna en 1660. El nuevo diseño contemplaba una ciudad de calles anchas y rectas con amplias plazas con formas irregulares para prevenir futuros terremotos. La sintonía con el volcán es tal que la mayoría de sus edificios ha incorporado la lava negra como material de construcción.

En 2002 fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad dentro de la categoría “Ciudades del barroco tardío de Val di Noto” así que parece que merecía la pena una visita.

Intentamos aparcar cerca del centro, pero era imposible encontrar un hueco, además era de pago, por lo que tuvimos que alejarnos un poco e ir dando un paseo. De camino hasta la zona más histórica, nos encontramos con un mercado ambulante primero de libros y objetos varios, pero luego de alimentos (tanto con pescado y carne, como con fruta y verdura).

En esta primera toma de contacto la imagen que desprende Catania es de ciudad sucia y decadente. Parece estar olvidada con sus callejones grafiteados y edificios viejos.

Sin embargo, a medida que vamos acercándonos al centro, va mejorando gracias a sus edificios monumentales. Aunque le sigue faltando un poco más de lucimiento.

El mercado parecía concentrarse en la plaza Carlos Alberto de Saboya, frente a la Basílica Santuario del Carmine, una iglesia que data de 1729 y que el Papa Juan Pablo II elevó a basílica menor en 1988.

Se estructura en tres cuerpos y en el centro, sobre el portal, se alza la estatua de la Virgen. Tras ella se encuentra el campanario que consta de cuatro campanas. La más antigua y más grande data de 1525, la segunda se incorporó en 1833, la tercera en 1838 y la cuarta y más pequeña, de 1933.

Muy próxima está la Piazza Stesicoro, donde se hallan las ruinas del teatro romano, del año 21 a.C. Aunque solo es visible parte de uno de los semicírculos del anfiteatro, el resto se intuye que se quedó debajo de los edificios colindantes.

La plaza queda recogida entre el Palazzo del Toscano, el Palazzo Beneventano y la Chiesa di San Biago o Sant’Agata alla Fornace.

El Palazzo del Toscano comenzó a construirse a principios del siglo XVIII como residencia de los marqueses de Toscana, sin embargo, las obras se paralizaron cuando iban por el primer piso. En 1858 pasó a Antonino Paternò del Toscano, que pronto se convirtió en el primer alcalde de Catania y decidió continuar con la construcción. En esta nueva etapa el arquitecto se basó en corrientes de la época en otras ciudades italianas, sobre todo en los palacios napolitanos.

Frente al palacio, en el centro de la plaza, se alza la estatua del compositor siciliano Vincenzo Bellini.

Tomando la Via Crociferi sorprende ver la cantidad de iglesias concentradas en tan solo una calle. Destacan del siglo XVIII las de San Francesco Borgia, San Benedetto y San Giuluano. Si Italia de por sí es religiosa, parece que Sicilia aún más. De hecho, en la oficina de alquiler del coche no faltaba un cuadro de la virgen…

Poco antes de llegar al cruce con la Via Vittorio Emanuele II se encuentran los restos del Teatro Romano y del Odeón. Y no muy lejos las termas. Y si seguimos la calle en sentido opuesto llegamos al centro neurálgico de la ciudad, la Piazza Duomo. Esta plaza es un claro ejemplo del barroco de Catania. En ella se concentran imponentes edificios como el Palazzo del Municipio, el antiguo Palacio del Seminario de los Clérigos, la catedral y la Porta Uzeda.

El Palazzo del Municipio (Ayuntamiento) comenzó a construirse tras el terremoto de 1693. El proyecto original fue diseñado por Giovan Battista Longobardo, pero las fachadas este, sur y oeste corrieron a cargo de Giovanni Battista Vaccarini. La norte pertenece a Carmelo Batalla.

Como consecuencia de un incendio ocurrido el 14 de diciembre de 1944 se perdieron los archivos históricos de la ciudad. Poco se pudo hacer por ellos, sin embargo, sí que se intentó recuperar el edificio. Se llevaron a cabo tareas de restauración intentando mantener el estilo y diseño original y fue reabierto el 14 de diciembre de 1952.

Dejando a nuestra espalda el ayuntamiento, se encuentra el antiguo Palacio del Seminario de los Clérigos (Palazzo del Seminario dei Chierici), cuya fachada está realizada en piedra ispica blanca y arena volcánica. Data del siglo XVI, aunque fue reconstruido en el siglo XVIII porque quedó también destruido por el terremoto de 1693.

Cuenta con una compleja estructura que la conecta con la catedral por medio de un pasaje.

La Catedral de Catania fue construida originalmente entre 1078 y 1093 sobre la ruinas de las Termas Achilianas, sin embargo, ha sido reconstruida varias veces debido a terremotos y erupciones del Etna. Hoy en día poco queda del edificio de la época normanda, tan solo el crucero, las dos torres y los tres ábsides semicirculares. El aspecto externo en estilo barroco es del siglo XVIII y se lo debe también a Vaccarini.

La fachada, ricamente ornamentada, cuenta con una estatua de la patrona y protectora de la ciudad, Santa Ágata, una virgen que, según la tradición cristiana, fue sometida a grandes martirios por el cónsul romano y sacrificó su vida antes de renunciar a su fe. En el interior descansan sus restos además de los de varios soberanos de la corona aragonesa.

El campanario, de 70 metros de altura, fue erigido en 1387 y en 1662 se le añadió un reloj, lo que hizo que la torre llegara a los 90 metros. Fue reconstruido a finales del siglo XVII, momento en que se le añadió una campana de 7,5 toneladas (la tercera más grande en Italia, después de la de la Basílica de San Pedro y la del Duomo de Milán). La cúpula se incorporó en 1802.

Como eje central de la plaza se erige la Fontana del Elefante, esculpida en 1736 por Vaccarini.

El escultor intentó integrar en ella varios elementos que conformaran la esencia de la ciudad, así que no es de extrañar que se haya convertido en el símbolo de Catania.

Sobre un pedestal se alza un elefante de lava que representa la derrota de los cartagineses, ya que estos llegaron a lomos de dicho animal. Por su parte, el obelisco que porta encima simboliza a la civilización egipcia, mientras que los elementos que coronan el monumento recuerdan al cristianismo.

La leyenda dice que el elefante original era asexuado y que los hombres de Catania lo tomaron como una ofensa a su virilidad. Así, para calmar los ánimos, el escultor le añadió unos testículos más grandes de lo que correspondería a un animal de ese tamaño.

Frente a la fachada norte de la catedral se encuentra la Iglesia de la Abadía de Santa Águeda (Chiesa della Badia di Sant’Agata), que se levantó sobre las ruinas de la antigua iglesia y el monasterio de Santa Águeda, destruidos en el terremoto de 1693.

Desde su cúpula se pude obtener una vista 360º de la ciudad, aunque no subimos porque no contábamos con mucho tiempo.

Saliendo de la plaza nos dirigimos a la Puerta Uzeda (Porta Uzeda), abierta en los muros del siglo XVI de Carlos V. Recibe ese nombre por Juan Francisco Pacheco, Duque de Uceda, cuyo virreinato transcurrió entre 1687 y 1696.

Marca la entrada al casco histórico y une la Via Etnea con el puerto. Cruzándola se llega a la via Dusmet, donde encontramos las antiguas murallas de la ciudad y otro mercado.

Tras las murallas hay un agradable parque en el que también había algún puesto, aunque estos eran de artesanía.

Volviendo por la Piazza Duomo nos dirigimos a la Piazza dell’Università, donde obviamente se localiza la universidad.

Fundada en 1434 en la época del rey Alfonso V de Aragón, recibió la bula papal para poder enseñar teología especulativa, dogmática y moral, derecho civil, derecho canónico y feudal, instituciones romanas, medicina, cirugía, filosofía, lógica, matemática y artes liberales.

Sin embargo, el emplazamiento original se encontraba en la Piazza Duomo, cerca del actual Palacio del Seminario de los Clérigos. En 1684 se trasladó al hospital San Marco. Pero el terremoto acabó con el edificio, por lo que en 1696 se construyó en el lado oeste de esta plaza el Palazzo dell’Università según el proyecto de los arquitectos Francesco Battaglia, Antonino Battaglia y Giovanni Battista Vaccarini.

Una nueva reconstrucción se tuvo que llevar a cabo tras el seísmo de 1818. El encargado fue el hijo de Francesco Battaglia, quien introdujo cambios en el diseño, como la modificación de las fachadas laterales.

El edificio está estructurado en torno a un patio interior a modo de claustro, similar al Municipio de Génova.

Frente a él se alza el Palazzo San Giuliano, que fue construido en 1738 por Vaccarini para los marqueses de San Giuliano.

Aunque ha sido remodelado varias veces, sigue conservando prácticamente intactas sus fachadas. En la parte superior del arco de la puerta hay dos escudos el de los Paternò Castello, dueños del palacio y el de Asmundo, otra importante familia patricia de Catania.

A principios del siglo XX albergó el Teatro Machiavelli y el Hotel Bristol. Hoy es sede de las oficinas administrativas de la Universidad.

A la plaza da también la parte posterior del ayuntamiento así como los palacios Gioeni d’Angiò y La Piana.

Continuamos nuestra visita por la Via Etnea, muy próxima a la plaza anterior, donde se encuentra la Basílica Maria Santissima dell’Elemosina, también conocida como la Basílica Collegiata.

Se emplaza en un lugar en que hubo un templo pagano dedicado a Proserpina. Con la llegada de la cristiandad se erigió una pequeña iglesia que después en época bizantina pasaría a ser en honor de la Virgen de la Almsina. En 1396 fue elevada a Regia Cappella y era frecuentada por los aragoneses.

Fue reconstruida y movida a principios del siglo XVIII. De estilo barroco, cuenta en su segundo piso con las estatuas de San Pedro, San Pablo, Santa Águeda y Santa Apolonia.

Fue elevada a basílica menor en 1946.

Era imposible pararse en cada iglesia de la ciudad, por lo que seguimos nuestro paseo hasta la Piazza Vincenzo Bellini, una plaza peatonal en donde se halla el Teatro Massimo Bellini, un relevante elemento del patrimonio arquitectónico de Catania.

La ciudad cuenta con una importante tradición teatral en diversos estilos (tragedias griegas, teatro clásico, ópera lírica, ballet, de títeres y marionetas…), pero este de la ópera es el más prestigioso de todos ellos por delante de otros como el Metropolitan, el Verga, el Musco, el Piccolo Teatro, el Nuovo Teatro, el della Città, el Piscator, el degli Specchi o el Stabile dell’Opera dei Pupi.

Tras el famoso terremoto de 1693 nació la idea de dotar a Catania con un gran teatro de ópera, sin embargo, no fue hasta 1812 cuando se colocó la primera piedra. Y aún así, el proyecto llevó su tiempo por falta de fondos. Finalmente fue inaugurado el 31 de mayo de 1890 con la ópera Norma, obra maestra de Bellini.

Es de estilo barroco siciliano, aunque bebe del estilo Segundo Imperio de Charles Garnier, el mismo que proyectó la Ópera de París, que si recordamos, lleva su nombre. Aunque el Palais Garnier, en mi opinión, es más majestuoso que este teatro.

En la plaza, en la cara opuesta tenemos el Palazzo delle Finanze.

Desde allí tomamos la Via dell Finanze para volver al coche, pues si queríamos visitar Taormina y Mesina, tampoco nos podíamos entretener mucho. De vuelta pasamos por el Tribunal de Justicia, un edificio que es más funcional que otra cosa.

Fue construido en los años 40 del siglo pasado y es una mole de cemento. Quizá lo único reseñable es la estatua de bronce que hay a la entrada que representa a la Justicia. Aunque no sostiene la típica balanza, sino un par de hombres.

Y con esto terminamos nuestra breve visita a Catania y volvimos a la carretera rumbo a Taormina.

Nueva serie a la lista “para ver”: The End Of The F***ing World

Entre serie y serie acabada vemos los pilotos de las nuevas series que van llegando. Uno de los últimos visionados es The End of the F***ing World, una comedia dramática o una tragicomedia británica basada en la novela gráfica The End of the Fucking World de Charles S. Forsman.

Se centra en James, un chico de 17 años un tanto (mucho) oscuro, tanto que se define a sí mismo como un psicópata. Un día metió la mano en la freidora solamente para sentir algo y lleva matando animales desde su tierna infancia solamente por placer. Un día en el instituto Alyssa se sienta en su mesa tras discutir con sus amigas. Se pilla un buen enfado cuando una de ellas la habla por el móvil en lugar de cara a cara a pesar de estar sentadas en la misma mesa. Se siente una incomprendida en su entorno, tanto en casa como en el instituto. Está abrumada. Si James se considera un psicópata, Alyssa resume su existencia en que “odia a todo el mundo”. Son dos personajes totalmente opuestos que se complementan. James es callado, no siente nada y, por el contrario, Alyssa es más impulsiva y está desbordada por tantos sentimientos que hasta se ahoga.

Tras este encuentro ambos se marchan juntos y comienzan una extraña relación entre amistad, tonteo y noviazgo. Mientras que ella se siente atraída por él; James solo piensa en cómo matarla. No es nada personal, sino que después de experimentar con animales quiere probar con un ser humano y Alyssa se ha cruzado en su camino. Deciden tener una cita y, aunque ella es retenida por una fiesta en su casa y discute con su padrastro, finalmente llega a casa de James y le propone a este escapar y comenzar una nueva vida. Alyssa quiere encontrar a su padre, y él acepta pues teniendo tiempo a solas, podrá llevar a cabo su plan.

Comienza así una huida de sus insatisfactorias vidas hacia un viaje introspectivo en el que esperan encontrarse a sí mismos. Para saber más, tenemos que ver los siguientes 7 capítulos. E incluso parece que ha renovado por una segunda temporada. Aunque creo que es alargar demasiado una historia que aparentemente tiene menos recorrido. Una temporada de ocho episodios de 20 minutos cada uno al final es casi una película, y verlos en modo maratón darán esa sensación. Pero una nueva temporada imagino que ya cambiará el planteamiento y James no querrá matar a Alyssa… Lo cual hará también que pierda algo de la originalidad de la trama. Pero de momento no he llegado ahí.

Lo que nos deja el primer capítulo es una serie con un punzante humor negro e irónico con un tono que recuerda en algunos momentos a Misfits (supongo que por ser británica y estar centrada en adolescentes). Consigue alternar entre lo deprimente y lo alegre con cierto toque gamberro y surrealista. Me quedé con ganas de saber hacia dónde les lleva el viaje. Así que habrá que añadir The End Of The F***ing World a la lista.

Crucero por el Mediterráneo. Día 5. Sicilia

En nuestro quinto día de crucero, a pesar de tener la llegada a puerto a las 8 de la mañana, madrugamos lo suficiente para aprovechar el día, pero en este caso no nos dimos tanta prisa por salir como el anterior. Desayunamos, subimos a cubierta a hacer fotos de lo que nos rodeaba, nos preparamos tranquilamente y para cuando quisimos desembarcar ya había pasado todo el mogollón.

Habíamos dejado atrás la península y pisábamos Sicilia, la principal isla italiana y la mayor de todo el Mar Mediterráneo. Situada a medio camino entre Europa y África, limita al norte con el mar Tirreno; al este con el estrecho de Mesina que la separa de Calabria; al sureste con el mar Jónico y al sur y oeste con el mar Mediterráneo.  A su vez, 140 kilómetros la separan de Túnez.

Sicilia como región es la cuarta más poblada de Italia por detrás de Lombardía, Lacio y Campania e incluye además las islas de Lípari, Egadas, Pelagias, Pantelleria y Ustica.

La isla de Sicilia se caracteriza por ser muy montañosa, sobre todo el norte. Además, cuenta con una importante actividad volcánica (su punto más alto es el volcán Etna, con sus 3.322 metros) y está expuesta a terremotos pues se halla en la unión de la placa euroasiática y la placa africana.

No obstante, a pesar de sus condiciones geológicas, esta localización la ha convertido en puerto estratégico a lo largo de la historia. Por Sicilia han pasado fenicios, griegos, cartagineses, romanos, germanos, bizantinos, sarracenos, normandos, españoles e italianos. Así, es una región con reminiscencias culturales, lingüísticas, gastronómicas, artísticas y de costumbres de todos ellos. Su propio nombre deriva de la época griega, cuando era conocida como Sikelia porque estaba habitada por los sículos.

La ubicación y los invasores han influido de forma determinante en su gastronomía. Los colonos llevaron aceite, trigo, miel, queso, fruta y verdura. La introducción de la caña de azúcar, la berenjena, las naranjas y los limones se deben a los árabes. Hoy en día la región destaca por el cultivo de cítricos, hortalizas, legumbres y frutos secos.

Son típicos los arancini, una especie de croquetas de arroz con azafrán fritas; también la pasta alla norma con berenjena y ricotta; y por supuesto el pescado. La región es importante la producción de vinos como el de Marsala, el Moscato de Pantelaria, el Malvasía de Lipari, el Nero de Avola y el Cerasuolo de Vittoria.

En 1130 con la unificación del sur de Italia con Sicilia se sentaron las bases del Reino de las Dos Sicilias, que pasaría a manos de Carlos de Anjou en 1266. Unos años después, en 1282 el territorio quedó dividido en dos, pasando la isla a manos de Pedro el Grande, rey de Aragón; y la parte continental al reino de Nápoles. Su hijo Jaime tuvo que asumir la Paz de Anagni en 1295 mediante la cual se comprometía a ceder Sicilia a la Iglesia y a cambio obtendría Cerdeña y Córcega. Sin embargo, este acuerdo no le gustó mucho a los sicilianos (esa cesión suponía que la región volvería a la casa de Anjou), por lo que por su parte el Parlamento proclamó rey a su hermano Federico.

En 1442 Sicilia se unificó con el Reino de Nápoles tras ser conquistado por el rey Alfonso V de Aragón.

Durante el siglo XVI la isla tuvo que vivir el acoso del Imperio Otomano, con lo que el Reino de Sicilia cayó en bancarrota y vivió unos años de desorden. En 1713 tras la Guerra de Sucesión Española, como consecuencia de la Paz de Utrecht, Sicilia fue entregada a Víctor Amadeo II de Saboya, quien en 1720 se la cambió a los Austrias por Cerdeña.

En 1816 los reinos de Sicilia y Nápoles quedaron unidos formalmente como Reino de las Dos Sicilias. Aunque duró poco, ya que en 1860 Garibaldi derrotó a los Borbones y en 1861 Sicilia se incorporó al Reino de Italia.

En 1946 Italia se convirtió en República y Sicilia en una de sus cinco regiones con estatuto propio. Así, cuenta con su parlamento y su gobierno.

Como consecuencia de tan ajetreado pasado, tiene muchas ruinas y restos históricos, aunque el terremoto seguido de tsunami en 1908 y los bombardeos de la II Guerra Mundial provocaron grandes pérdidas. Aún así, es un importante destino turístico que atrae además por sus costas.

Lamentablemente, Sicilia también es conocida por la Mafia, que surgió en el siglo XVIII como reacción ante los latifundistas y terratenientes. Dado que no había una estructura de gobierno clara que defendiera a los campesinos de los abusos de la nobleza explotadora, crearon una organización a modo de red familiar para protegerse.

Después, en el siglo XIX nacieron los gabelloti, algo así como recaudadores de impuestos para los aristócratas. Se llevaban un porcentaje de lo recaudado, pero pronto no solo se quedaban con esa comisión, sino que comenzaron a extorsionar a los campesinos y a especular con las tierras que les arrendaban a estos. Esta figura fue la que copió la mafia a la hora de hacer negocios.

Con la Unificación Italiana la situación no mejoró y la recién nacida mafia comenzó a hacerse cada vez más fuerte llegando a consolidarse como organización criminal centrada en la especulación inmobiliaria y el tráfico de drogas. Durante el Fascismo se forzó a muchos mafiosos a emigrar si no querían ser encarcelados, así que muchos cruzaron el charco a los Estados Unidos.

Aunque a veces se confunde con la camorra, la mafia está más estructurada con sus diferentes cargos: Don (jefe de la familia), Sottocapo (subjefe), Consigliere (consejero del Don), Caporegime,  Capodecime (dirige a una decena de hombres), Soldato (sicario) y Associati (aspirantes).

En cualquier caso, nosotros habíamos ido a conocer un poco de la cultura e historia de la isla, así que dejamos la mafia de lado y nos centramos en nuestra escala, que era bastante más larga que el día anterior. Dado que contábamos con tantas horas, valoramos la posibilidad de visitar alguna ciudad más y no quedarnos simplemente en Mesina. Lamentablemente el transporte público parecía ser algo deficiente, así que acabamos reservando por internet un vehículo para tener una mejor movilidad.

La oficina de alquiler de coches estaba en la misma calle del puerto, por lo que en apenas unos minutos estábamos allí. Y ya nos estaban esperando, así que rellenamos el contrato y nos entregaron nuestro Fiat Panda. Habíamos elegido la gama más pequeña, ya que para nosotros dos y en llano, no necesitábamos mucho más.

Puesto que Palermo nos quedaba un poco lejos, decidimos centrarnos en la costa este. Tomamos como punto inicial Catania, a unos 90 kilómetros, para después volver haciendo parada en Taormina y finalmente acabar en Mesina antes de volver a embarcar.

Así pues, pusimos rumbo a Catania.

Crucero por el Mediterráneo. Día 4. Pompeya II

Como decía en la entrada anterior, en Pompeya se pueden visitar 12 hectáreas, algo totalmente inabarcable, por lo que tuvimos que plantarnos delante del mapa, seleccionar una sección y visitar algunos puntos significativos.

Así, dada la cercanía a la puerta por la que entramos, empezamos por el Cuadripórtico.

En este espacio encuadrado entre 74 columnas dóricas se agrupaban los espectadores en los descansos entre representaciones teatrales. Aunque tras el terremoto del 62 d.C. el edificio se transformó en cuartel para los gladiadores. En las excavaciones se encontraron tanto armas que se usaban en los desfiles (hoy se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles) como personas. Por ejemplo, se descubrieron cuatro esqueletos de esclavos cerca de sus cepos y en una estancia 18 personas.

A continuación pasamos al Teatro Grande, que se halla en la pendiente natural de una colina. Data de la primera mitad del s. II a. C. y podía albergar a unos 5.000 espectadores que presenciaban comedias, tragedias de tradición grecorromana y espectáculos musicales.

Tiene un estilo griego, aunque fue renovado en la época romana. En su origen contaba con un gran pórtico cuadrangular donde se amenizaba a los espectadores en el previo y los descansos de los espectáculos. Tras el terremoto del 62 fue convertido en el cuartel de los gladiadores.

Sus graderíos se dividían en tres secciones para albergar a los espectadores según su estrato social. Por un lado tenía la Summa cavea (localidades superiores), por otro la Media cavea (15 gradas en la zona central divididas en 5 sectores) y finalmente la Ima cavea (en la zona inferior, que era donde se sentaban las personalidades de la ciudad). También contaba con Tribunalia, que se hallaban por encima de las entradas laterales. Estos palcos estaban dedicados para la sacerdotisa o la persona que presida el acto.

La grada quedaba cubierta por un gran telón, así que quedaba protegida de la intemperie.

El teatro fue el primer gran edificio público que se limpió de los restos de la erupción.

Detrás de la escena del Teatro Grande se construyó el Odeion o Teatro Pequeño en el 79 a.C. Aunque con una finalidad similar al anterior, como su nombre indica, era de menor capacidad y tan solo contaba con 1.500 localidades.

Volvimos a la Via Stabiana, lo que en su día fue el Cardo Maximus o arteria transversal, donde encontramos la delimitación de varias casas, así como el Templo de Asclepio.

Este templo erigido entre el siglo III y II a.C. es el más pequeño de los edificios de culto de la ciudad. Está dedicado a Asclepio, patrón de la medicina.

En el centro del patio se alza el altar y tras él una escalinata que lleva al templo con cuatro columnas en la fachada y dos a los lados con capiteles corintios rematados con una cabeza masculina con barba.

Junto a este templo se encuentra el de Isis, destinado a la consagración de la diosa egipcia.

El culto a Isis se extendió a todo el Mediterráneo a partir del siglo III a.C. Eso sí, era un rito para los ya iniciados. Sobre todo se daba entre las clases bajas, pues su mensaje era de esperanza de una vida más allá de la muerte.

El templo se halla en un podio y rodeado por un patio con pórtico. En la parte delantera se halla el altar, la fosa para descargar las ofertas y un pequeño edificio que lleva a la pila del agua para las ofertas. En la trasera había una sala amplia dedicada a las reuniones de los iniciados y otra decorada con episodios del mito de la diosa.

Terminando de bordear la manzana nos acercamos al Foro Triangular, un área sagrada que data del siglo VI a. C. y con forma, obviamente, triangular. Era la segunda de las grandes plazas públicas de la ciudad.

Se encuentra en una pequeña colina, por lo que ofrece una panorámica de la costa. Se accedía a él por la Vía de los Teatros por medio de un vestíbulo con seis columnas.

Concebido como zona de reunión y espera en torno al contiguo Teatro Grande, tenía tres de sus cuatro fachadas sostenidas por monumentales columnatas de estilo jónico. En el centro se alzaba una gran fuente con una estatua del general Marco Claudio Marcelo y en el extremo opuesto del teatro se erigían un templo dórico y un templo circular.

Volvimos a la Via Stabiana, donde adentrándonos por un momento en la región VII, encontramos las Termas Estabianas, las más antiguas, con las mayores instalaciones y mejor conservadas.

Estas termas contaban tanto con sección masculina como femenina, ambas con sus vestuarios, una sala con piscina fría, una sala templada y otra muy caliente. Su sofisticado sistema de calefacción hacía circular el aire caliente bajo el suelo y entre las paredes.

La sección femenina era más pequeña que la masculina y no estaba tan decorada como la masculina.

En el exterior hay un espacio donde se podía practicar tanto natación como otras especialidades deportivas no necesariamente acuáticas. La piscina, de la que aún se ven las tuberías de plomo, medía 13 metros por 8 y tenía un metro y medio de profundidad.

Se piensa que era todo un complejo al modo de balneario con gimnasio.

Continuando por la Via Stabiana nos encontramos varias casas, pero también diferentes comercios, los conocidos como Tabernae.

Cambiamos a la Via Abundancia, la calle más larga y conocida de Pompeya. Era la arteria longitudinal (Decumanus Inferior). A mano derecha teníamos la zona I y nuestra primera parada fue la Fullonica (Batanes) de Stephanus, la lavandería.

Se trata del recinto más grande de Pompeya y una de las más importantes de la antigüedad. Ya por aquel entonces separaban la ropa delicada y la lavaban en el viejo atrio. El resto, en un gran estanque. Tenían incluso técnicas de blanqueado.

La ropa se secaba en una terraza. Después, se recogía en el triclinio, donde se planchaba y se realizaban remiendos.

En la lavandería trabajaban sobre todo esclavos, quienes tenían que pisar durante horas tejidos y paños sumergidos en un líquido que contenía orín de animal y humano para tratar los textiles.

En la siguiente manzana tenemos varias domus que fueron abiertas hace un par de años. Nos llamó la atención la Casa de Paquius Proculus.

Data del siglo II a.C. y está estructurada en tres niveles. Su entrada sorprende por estar completamente revestida de un mosaico en blanco y negro con motivos geométricos y de animales. Pero sobre todo destaca el del perro atado con una cadena.

Junto a esta casa se encuentra la de Fabius Amandio, más pequeña y estrecha parece que perteneció a alguien de clase media. Aún así, cuenta con dos plantas y un patio con impluvium para recoger el agua de lluvia ricamente decorado.

Una manzana más allá encontramos un nuevo negocio, el thermopolium de Vetutius Placidus, un comercio en el que se servían bebidas y comidas calientes. Estas se conservaban en frascos dentro del propio mostrador de obra.

Era frecuentado por los comerciantes y artesanos, pues ya en la época romana estos gozaban de un estatus social alto, no así como en épocas anteriores en las que quedaba limitado a los terratenientes. Y parece que tenía movimiento, pues en una de las vasijas de barro se encontró un tesoro de casi tres kilos de monedas. Seguramente la última recaudación de la caja.

En el muro del fondo hay una especie de altar dedicado a los dioses protectores de la casa, al del dueño, al del comercio y al del vino. En la parte trasera del local se encontraba un espacio para banquetes al aire libre.

Nuestra siguiente parada fue la Casa del Frutteto, de un tamaño más modesto que las anteriores. Recibe este nombre por sus frescos, que representan jardines con árboles y plantas.

Un poco más adelante la via dell abbondanza delimita a un lado la región III y a otro la II. En esta última se encuentra la Casa de Octavius Quartio, una versión reducida de las típicas grandes villas aristocráticas de las afueras de la ciudad. Pertenecía a algún miembro de la élite pompeyana.

Conserva en parte la planta original de la casa, pero sin duda lo que destaca es el magnífico jardín con árboles frutales articulado en dos zonas a diferentes alturas y completado con dos cursos artificiales de aguas que aportan cascadas y chorros.

A cada uno de sus extremos hay dos ambientes. En un lateral se encuentra una especie de recinto sagrado dedicado a la diosa Isis, y al otro una zona para comer al aire libre.

Seguimos nuestra ruta hacia la parte más alejada de todo nuestro recorrido: el Anfiteatro. Se halla en el sector oriental de la ciudad, muy próximo a la vía principal. Con una capacidad para 20.000 personas estaba dedicado tanto a espectáculos como a deportes.

Fue construido en el año 70 a.C. cuando Pompeya se convirtió en colonia romana. Normalmente, cuando los romanos conquistaban una nueva ciudad, la civilizaban, sin embargo, en este caso solo tuvieron que añadir espacios de ocio, pues era una urbe bastante avanzada.

Mide 130 por 140 metros y sus gradas se dividían en tres secciones claramente marcadas para poder dividir al público según su clase social. La arena queda dividida del graderío por un parapeto. Parece que contaba con una especie de toldo portátil que protegía de las inclemencias meteorológicas.

Bajo el graderío se disponían las diferentes estancias destinadas como almacén o para a albergar a los gladiadores o las fieras.

Abandonamos el anfiteatro y volvimos a la Vía de la Abundancia, donde ya adentrándonos en la zona III se puede visitar la Casa del Moralista, en la que se conservan bastantes frescos.

En realidad se trata de la unión de dos viviendas al caerse un muro. Casi un tercio de la superficie lo ocupa un amplio jardín en el que en verano se celebraban diversos banquetes.

Se cree que perteneció a M. Epidius Hymenaeus, pues su nombre aparece varias veces en la casa. Aunque también aparecen otros nombres, todos ellos pertenecientes a comerciantes de vino.

Recibe el sobrenombre de Casa del Moralista por las inscripciones que adornan los muros y que sugieren preceptos sobre buena educación en la mesa. Por ejemplo hacen referencia a dejarse lavar los pies por el esclavo o tener cuidado con los manteles y servilletas de lino. También recomienda evitar peleas, bromas de mal gusto o mirar a la mujer de otro con ojos libidinosos.

 

Se desconoce si tenían un carácter irónico, pero en cualquier caso, muestra que existía ya un código de conducta.

Desandando nuestro camino, nos adentramos en la zona VII, que nos conduce al Foro, el centro neurálgico de la ciudad, donde se desarrollaba la vida cotidiana.

Allí se colgaban unas tablillas informativas, algo parecido a un bando de hoy en día. En ellas se exponían resultados electorales, fechas de espectáculos o noticias. Aunque también había quien hacía constar sus quejas o hacía publicidad de sus comercios.

También era el centro comercial, ya que era donde los mercaderes exponían sus productos a modo de mercadillo.

Todos los edificios principales públicos miraban hacia el foro. Hoy en día sería la plaza más importante, con su templo religioso (parroquia, iglesia, basílica, catedral…), el mercado y los edificios civiles, administrativos e industriales más relevantes de toda la ciudad.

En la esquina sudeste de la plaza se hallaba el Comitium, que servía como sede de la mesa electoral en el siglo II a.C., aunque luego se convirtió en el lugar para el recuento de votos y anuncio de nuevos jueces.

En el lado sur había otros tres edificios pertenecientes a la administración pública: el Tabularium, que servía de archivo (y estaba aislado para protegerlo contra incendios), la Curia o sede del senado, y el Edificio de los Duoviri (los magistrados que gobernaban la ciudad).

El Foro Civil estaba flanqueado por columnatas en tres de sus lados, mientras que en el cuarto, al norte, sobre una base de tres metros de altura se erigía el Templo de Júpiter.

Este templo fue renovado con la fundación de la colonia en el 80 a. C, cuando se convirtió en un Capitolium. Recibe este nombre pues en el siglo XIX se descubrió una pequeña pintura que muestra a Júpiter. En la actualidad se sigue trabajando en su recuperación y ya se va mostrando la planta de una vivienda con atrio central a cuyo alrededor se extienden habitaciones decoradas siguiendo el Primer Estilo. No obstante, hasta que no finalicen los trabajos, no se puede visitar.

A su izquierda estaban las letrinas públicas del foro y tras el templo se encontraban las Termas del foro, que datan del 80 a. C. Quedaron dañadas en el terremoto del 62 y la parte de las mujeres aún estaba en reconstrucción cuando se produjo la erupción del Vesubio.

En el lado occidental del Foro, donde se ubicaba una construcción al estilo de los mercados de abastos, hoy se encuentra el almacén arqueológico más importante de la ciudad con más de 9000 descubrimientos desde finales del siglo XIX. En él se conservan vasijas, diferentes tipos de utensilios como jarras, ánforas, hornillos y cazuelas… o recipientes para transporte de aceite o vino, así como de almacenaje de conservas y confituras.

También se exponen mármoles y estanques de fuentes que adornaban los patios y entradas de las casas. Así como algunas reconstrucciones de cuerpos.

Muy cerca se encontraba la Basílica, la sede en la que se desarrollaba la gestión de actividades económicas y la administración de la justicia. Junto con el Foro era el edificio más importante de Pompeya y se abría a él gracias a un doble pórtico con sus cinco puertas.

Con una extensión de 1.500 metros cuadrados, tenía aspecto de templo en su exterior, sin embargo, en el interior estaba dividida en tres naves siguiendo la estructura de las basílicas romanas. En el centro, subiendo unas escaleras de madera, se llegaba a una especie de tribunal donde se sentaban los magistrados.

Se estima que data del 130-120 a.C.

Seguimos nuestro paseo hacia las afueras tomando la Via consolare, que nos conduce a la Puerta Herculano, construida tras la conquista de la ciudad por parte del general romano Silla en el año 89 a.C.

Se han conservado siete puertas que daban acceso a Pompeya. Cada una recibía el nombre de la ciudad con la que se comunicaban. Así, recibían los siguientes nombres: Nocera, Stabia, Nola, Ercolano, Vesubio, Marina y Sarno.

Las murallas adyacentes a esta puerta pertenecen al siglo II a.C. y en ellas se pueden ver las marcas de los proyectiles de piedra lanzados durante el asedio de las tropas de P. Cornelius Sulla.

Junto a la puerta se halla la necrópolis, que se extiende a lo largo de la calzada que conduce a Nápoles.

Ya se utilizaba durante los primeros siglos de existencia de la ciudad, aunque los edificios funerarios que se conservan quizá daten de una época más tardía (a partir del siglo I a.C.).

Se pueden ver también algunas tumbas características de Pompeya con una planta semicircular. Pero no eran para todo el mundo, sino que estaban dedicadas a los ciudadanos ilustres.

Dejando atrás la necrópolis por la via delle tombe (muy apropiado) nos dirigimos a la Villa de los Misterios.

Esta vivienda data de la primera mitad del s. II a. C., aunque ha sido remodelada y ampliada en varias ocasiones. Tras el terremoto del año 62 cambió de dueños, y estos nuevos propietarios la convirtieron en explotación agrícola y ganadera. Pero sobre todo para producción de vino.

Se encuentra delimitada por una terraza panorámica y queda integrada en el paisaje por sus grandes pórticos y galerías.

Cuando se descubrió esta villa se convirtió en uno de los monumentos más importantes de la antigüedad gracias a las pinturas halladas en su interior. Sirvió para descubrir la Pintura Pompeyana y establecer sus tres períodos.

Recibe su nombre de una de sus salas de la parte residencial. En ella hay un gran fresco de 3 metros de altura y 17 de largo que cubre las tres paredes y que representa la iniciación de una esposa a los misterios dionisíacos con escenas de danza y consumo de vino. En la pared central aparece Dionisio junto a Ariadna, en las laterales hay figuras mitológicas.

En otras estancias se conservan frescos que representan decoración arquitectónica o egipcia.

Apenas nos quedaba tiempo para más, la lluvia nos acompañaba intermitentemente desde que pasamos por el foro y poco a poco empezaba a oscurecerse. Retomamos el camino de vuelta hacia la Via Consolare de nuevo que nos llevaba al foro y de ahí a la salida de la Villa Imperiale, donde están los aseos, el centro de visitantes y una exposición. Pero no podíamos entretenernos más.

Aunque no nos dio tiempo a ver todo el yacimiento (ni en un día habría sido posible por sus dimensiones), la verdad es que me gustó mucho lo que sí pudimos descubrir. Además no estaba muy masificado en aquellas fechas. Me parece una visita muy interesante por todo lo que puede aportar históricamente. Es como un museo al aire libre que permite conocer el pasado. Creo que hicimos bien en dejar la visita a Nápoles para otra ocasión.

Ya atardeciendo en la salida con la indecisión sobre qué transporte tomar de vuelta. Por un lado estaba el bus, que había sido bastante rápido a la ida, pero que no sabíamos dónde se localizaba la marquesina. Por otro lado el tren, que sabíamos dónde se encontraba, pero que también tardaba más. Citymapper nos había venido funcionando bien, por lo que la consultamos para intentar salir de dudas, sin embargo el bus no aparecía y el tren pasaba a las 17:07, así que nos dirigimos a la estación.

El billete cuesta 2.80€, al igual que el bus y hay que picarlo en una máquina antes de subir al tren.

Hay que tomar la línea en sentido Nápoles y la parada más próxima al puerto es la última, aunque la estación más grande es la anterior.

El tren no fue muy puntual, sino que ya eran casi y cuarto cuando hizo su entrada en la estación. Y menos mal, porque además empezó a chispear. Ya sentados en el destartalado vagón yo no hacía más que mirar la hora. Este medio de transporte estaba siendo más lento que el bus y nos acercábamos peligrosamente a las 6 de la tarde, cuando nuestro embarque tenía hora límite las 6:30. Según Google Maps desde la estación central se tardaban unos 35 minutos en llegar al puerto y desde la última parada unos 25. Sin embargo, el tren se paró en el andén cuando llegamos a la central y temí por un momento que aquello nos lastrara y salimos al exterior para hacer el camino a pie.

Nos encontramos una ciudad a oscuras, con lluvia abundante, rayos y truenos. Además, hora punta, semáforos que no funcionaban y napolitanos que conducen como les da la gana (lo de Bombay comparado con Nápoles es tráfico ordenado). Hicimos la vuelta al barco en apenas 24 minutos con un sprint final que ni los del Amazing Race. Hasta mi Fitbit se volvió loca e identificó la carrera como bicicleta en exteriores. Quizá por llevar el paraguas, aunque se le rompió una varilla en el recorrido y finalmente opté por empaparme.

Llegamos sobre la bocina, pero, por suerte para nosotros, el acceso al barco era un caos y había una buena cola tanto de aquellos que volvíamos como de los que embarcaban por primera vez. En este caso tan solo había un control de rayos y mucho italiano con su concepto de hacer cola (es decir, me pongo donde me da la gana), por lo que se formaba embudo.

Totalmente empapados nos fuimos directos a cambiarnos. De nuevo tuvimos que improvisar un tendedero en el baño. Por la hora que era ya no estaba el buffet abierto, pero sí la zona de hamburguesas, así que nos hicieron el apaño. Hicimos tiempo dando un paseo ya más relajados por el barco y a última hora de la tarde volvimos al camarote a ducharnos y prepararnos para la cena.

Esta vez el menú tenía para elegir entre calamares y gambas fritos al estilo italiano, lomo de cerdo, ensalada griega y sopa toscana. Para los segundos había linguine con marisco, risotto primavera, filete de trucha, cochinillo y bocaditos de tofu. Nos decantamos ambos por los calamares y gambas fritos y de segundo el filete de trucha y los linguine.

De postre había tiramisú, Sachsertorte, plato de fruta y el postre sin azúcar añadido. Y escogimos los dos primeros.

Para esta noche volvía a haber el espectáculo de magia, en dos sesiones, además, con lo que nos fuimos a tomar una copa a la planta 18, al Attic Club, donde a las 23.30 actuó el DJ. No habíamos madrugado mucho, pero el apretón de última hora se notaba. Además, al día siguiente sí que teníamos una llegada tempranera (8 de la mañana), por lo que no nos entretuvimos mucho en la noche blanca y pronto nos fuimos a descansar.

Escape Room: La Entrevista, Cubick Room Escape

Tras el parón del verano y la decepción de El experimento del Dr. Green, en septiembre volvimos a una sala de escape, y va a ser difícil hacer una reseña sobre ella, la verdad. Hasta ahora habíamos hecho algunas que nos habían gustado y nos habíamos divertido, como La Pirámide, el Búnker, The Museum Box, Mission Imposible, La Fuga de Alcatrax, El Enigma de la Quinta del Sordo, incluso AsylumEl Monasterio; sin embargo, nada comparable a La Entrevista de Cubick Room Escape.

Ya íbamos un poco sobre aviso, pues, aunque no nos gusta mucho leer sobre la sala antes de acudir por aquello de no reventarnos sorpresas; sí que indagamos un poco sobre la temática, dificultad e impresiones de la gente que ya la ha probado. A veces encuentras comentarios positivos, otras negativos; en algunos casos hay quien se siente decepcionado, mientras que otros salen encantados por las sorpresas… Siempre hay un poco de todo en función de cómo le haya ido al grupo y de la intervención de los Game Masters. Sin embargo, en este caso todo el mundo parecía estar flipado con la experiencia. Como si saliera de subidón. Calificándola como LA MEJOR SALA DE MADRID. Así pues, íbamos con unas altas expectativas.

No hace falta pensar mucho para saber cuál es la temática de la sala, ya que llamándose La Entrevista parece bastante claro. Como bien nos explican en su web, Cubick Room Escape ha cedido su espacio para el proceso de selección de una empresa de renombre que necesita cubrir unos puestos para los cuales se precisa una elevada cualificación. Como queremos ser parte del equipo, nos presentamos en las instalaciones a la hora acordada, eso sí, no podemos entrar hasta que no estemos todos juntos. 🤔 ¿qué traman?

No tenemos ni idea de en qué consiste el puesto, solo que contamos con 80 minutos para demostrar nuestras aptitudes a nuestro seleccionador. Nervios, emoción, ¿qué nos espera? Pues hasta aquí puedo leer, porque desde el momento en que cruzas la puerta del local ya estás dentro del juego.

Sí que puedo decir que nos fue bien (nos sobraron 16 minutos y todo). Aunque había expectación y ciertos nervios, entramos bastante enchufados y solventamos las primeras pruebas con cierta fluidez. En el segundo tramo sí que es cierto que nos atascamos un poco más, pero con alguna pista conseguimos volver al camino y prácticamente desde entonces seguimos bastante centrados hasta el final. Tremendo final… Acabamos gritando, corriendo y con el pulso a mil.

La inmersión en el juego tiene mucho que ver con la ambientación, que no me esperaba para nada, pero que está muy lograda. Sobre todo porque va variando a medida que avanzas. Y en cada una de las etapas es diferente pero está al mismo nivel. ESPECTACULAR. Del mismo modo, las pruebas se van alternando y hay de todos los tipos, no primando ningún tipo de acertijo por encima de otros. Así, podemos encontrar desde los candados más básicos a otros más complicados, juegos tecnológicos, de ingenio y mucha colaboración en equipo. Puede que sea la sala de escape en la que más hemos tenido que trabajar juntos.

Sin embargo, lo que quizá más nos metió dentro de la experiencia fue el Game Master. Su participación es fundamental y consigue que te olvides de todo, que pierdas la noción del tiempo, del espacio y de la cordura incluso.

No es una sala para principiantes, de hecho por eso es un poquito más larga de lo habitual (y se pasan volados). Tampoco para menos de cuatro personas (aunque ellos permitan desde 2) pues, como digo, se requiere de trabajo en equipo, por lo que cuantos más mejor. Nosotros fuimos seis y no nos entorpecimos en ningún momento. Siempre había algo que hacer.

Cubick Room Escape se lo ha currado bastante y ha conseguido una sala sobresaliente en la que quedan aunadas tensión y adrenalina, expectativas y sorpresas, una original ambientación, variadas pruebas y el juego psicológico ofreciendo al participante una experiencia difícil de olvidar. Va a ser difícil superar a esta sala de escape. Sin ningún lugar a dudas, la mejor de las que he hecho hasta la fecha. Tanto a nivel nacional como internacional.