Conclusiones del Crucero por el Mediterráneo: Análisis del MSC Meraviglia

En este crucero hemos notado un salto cualitativo con respecto a la naviera. O quizá sea por el barco, un MSC Meraviglia recién estrenado que hace justo honor a su nombre. Se nota la modernidad en el diseño de los camarotes, en las áreas comunes, en la moqueta, en el buffet, en la piscina y el parque acuático, en las zonas de ocio, en esas escaleras de brillos, en los ascensores que tardan poquísimo en sus recorridos… Es tan grande e impresionante que es muy fácil terminar el crucero y haberse perdido espacios.

Nada más entrar en el barco nos sentimos abrumados con tanto colorido. Aquello más que un barco parecía un centro comercial. Lo primero que encontramos fue la Galleria Meraviglia, un paseo central de 96 metros de largo en el que se localizan tiendas exclusivas, restaurantes temáticos y un bar.

En la planta superior hay más restaurantes temáticos, el TV Studio & Bar con su emisora de radio y estudio de televisión que cuenta con Comedy Club, karaoke y espectáculos de música en directo y el Teatro Broadway. Pero sobre todo destaca la cúpula LED de 480 m², en la que se proyectan diferentes motivos e imágenes. Aunque con tan solo unos meses de vida ya estaba dañada y tenía franjas de píxeles muertos.

Entre las tiendas encontramos joyerías, relojerías, una heladería, la chocolatería Jean-Philippe Maury Chocolate & Coffee (que tiene demasiado espacio ocupado para mi gusto)…

Los restaurantes temáticos, que no están incluidos en el precio del crucero y hay que reservar aparte, son Eataly (de temática italiana), Butcher’s Cut (un asador de estilo americano) y el Kaito Teppanyaki y Sushi Bar (japonés).

Junto al nipón destaca el Anchor Club, un pub irlandés en el que se pueden degustar todo tipo de cervezas (algunas incluidas en el paquete de bebidas, otras no).

Y en la Proa se encontraba el MSC Aurea Spa, el lujoso Spa Balinés donde ofrecían tratamientos de relajación para revitalizar cuerpo y mente. Contaba con Zona Termal y un salón de belleza. No puedo opinar al respecto ya que no lo pisamos.

Justo debajo se ubica el Teatro Broadway ocupando las cubiertas 5 y 6. Se trata de un teatro al uso, con sus butacas en modo anfiteatro. Y a diferencia de la experiencia en nuestros cruceros anteriores, en este no se permite comer o beber. En él se desarrollaban las actuaciones nocturnas (o vespertinas) y algún juego de animación.

En el extremo opuesto del barco, tras pasar la tienda de fotos y su estudio, teníamos el restaurante L’Olivo d’oro. Aunque, en realidad, nuestro restaurante asignado en un principio fue el Waves, situado en la cubierta 5, la misma en que se encuentra recepción.

Justo enfrente de esta había una zona de piano que quedaba recogida por las brillantes escaleras de caracol. Y en los laterales el Infinity Bar, uno de los que nunca pisamos.

Tampoco probamos el Champagne Bar, ubicado en la cubierta 7 en la parte posterior. Este bar ofrecía una amplia cama de champagnes, así como otras bebidas espumosas de todo el mundo.

Junto a él, en un lateral se esconde la biblioteca. Y digo se esconde porque yo la descubrí el último día. Ni siquiera la vi al hacer el simulacro, y eso que se encuentra junto al Casino, que era nuestro punto de evacuación en caso de emergencia.

Cuenta con un surtido de libros en diferentes idiomas, incluso japonés.

El casino tenía máquinas a un lado, mesas al otro. Y en el centro el bar. En el lado de las máquinas estaba permitido fumar, pero el sistema de ventilación no tenía nada que ver con el de Las Vegas y una vez que pasabas la biblioteca se notaba cómo el tabaco ya había impregnado paredes, muebles y moqueta. Realmente agobiante para una no fumadora. También se apreciaba en la propia ropa con tan solo pasar unos minutos allí.

En la proa de la cubierta se localiza el Carousel Lounge, un teatro diseñado para albergar los espectáculos del Cirque du Soleil. Su escenario es circular, y las butacas se disponen a su alrededor. En este sí que se puede consumir tanto comida como bebida. De hecho, una de las opciones de reserva para el Circo del Sol era cena + espectáculo. Por las tardes servía además para charlas informativas y a últimas horas de la noche se convertía en discoteca.

En las plantas centrales (de la 8 a la 14) se encuentran la mayoría de los camarotes y ya es en las últimas cuatro superiores (15, 16, 18 y 19 – no hay 17 porque en Italia es el número de la mala suerte-) donde se localizan los espacios de ocio así como el comedor principal.

Ubicado en la cubierta 15 y ocupando la mitad de su superficie, el Marketplace Buffet es un comedor que está abierto 20 horas al día. En su parte posterior tiene una terraza abierta a la popa del barco, y en su parte delantera se abre a la piscina con puestos de comida rápida y helados.

En todos los accesos a él había lavabos con su correspondiente jabón de manos y toallitas. Buen detalle.

El comedor tiene en su parte central diferentes cocinas: pizzería, comida étnica, mediterránea, family & kids (con hamburguesas, perritos, patatas fritas y pasta), una brasserie zona de ensaladas, de sopas y pastas, de pan y quesos, de fruta, de postres…

Además, cuenta con puestos laterales donde se encuentran las máquinas de bebidas para el desayuno y una cristalera donde se puede observar cómo hacen la mozzarella.

La verdad es que había bastante donde elegir y estaba todo riquísimo. Sin duda se notaba el origen italiano de MSC, pues pizzas, pasta, pan de ajo o salsa de albahaca no podían faltar.

En el desayuno los puestos se convierten en zonas con comida caliente (bacon, tortillas, huevos, judías, salchichas…),  bollería, tostadas, mantequilla y mermeladas, embutidos y queso, yogures y cereales. También había cocina en vivo para tortillas francesas y una sección con comida asiática (arroz camboyano, fideos de arroz salteados con verduras, arroz blanco y sopa japonesa). La zona de fruta se mantenía.

La otra mitad de la cubierta la ocupa la Atmosphere Pool, un espacio de casi 10 m² que gira en torno a la piscina rodeada por camas. Destaca sobre todo la gran pantalla gigante y el escenario en el que se desarrollaban actividades de animación cuando el tiempo lo permitía.

Por la noche se proyectaban en ella conciertos, e imagino que se usará más el espacio en cruceros estivales. En noviembre era prácticamente todo interior.

En cada uno de los laterales había sendos jacuzzis con muy buenas vistas, ya que quedaban medio suspendidos sobre el mar. Pero además, de la piscina exterior, el MSC Meraviglia también cuenta con una interior: la Bamboo Pool. Está climatizada y tiene una cubierta retráctil. Es salada y además clorada, y se notaba, ya que olía tremendamente a lejía al pasar al interior. El diseño de esta zona recuerda a las saunas, todo de madera. También cuenta con sus propios jacuzzis.

Justo en la cubierta superior, en la 16, en el espacio que ocupa el comedor, podemos encontrar la parte más lúdica del MSC Meraviglia.

En la parte central del barco con vista directa a la pantalla de la piscina, se encuentra el gimnasio. Tan solo nos asomamos el primer día durante nuestra visita de reconocimiento. El resto de días con andar 20 kilómetros al día teníamos bastante. Pero estaba muy solicitado con sus máquinas de última generación y sus clases de fitness.

A continuación se encontraban la zona entretenimiento con máquinas arcade, el cine 4D, el Sportflex (la pista de deportes), el Sportsbar y lo que más llama la atención encontrar en un barco: los dos simuladores de F1 y la bolera.

La parte trasera del barco se abre bajo un anfiteatro a la Horizon Pool, una piscina más pequeña que por la noche se convierte en discoteca bajo las estrellas gracias a que en la cubierta 18, subiendo por la grada, se llega al Horizon Bar, uno de los mejores del barco y donde suele pinchar el DJ.

Tras el bar, en la zona interior se desarrolla la vida juvenil, ya que cuenta con el Attic Club, una discoteca para adultos, además de los Teens Clubs, uno para chavales de 12 a 14 años y otro para los de 15 a 17. En esta zona adolescente pueden disfrutar de área de juegos y cine además de la propia discoteca.

También hay lugar para los más pequeños en el Baby Club (1 a 3 años), en el Mini Club y en el Juniors Club, patrocinados por Chicco y Lego respectivamente.

En la misma cubierta también se encuentra el selecto Sky Lounge, un bar en el que servían cócteles de diseño que no estaban incluidos en nuestro paquete y cuyo ambiente estaba muerto. Así que entramos un día y, viendo el panorama, nos marchamos al minuto.

En la proa de la 18 y 19 se ubica el exclusivo MSC Yacht Club, al que solo puedes acceder con la tarjeta correspondiente. No era nuestro caso. Cuentan con su restaurante, bar, grill y propia piscina con solarium y jacuzzis.

En la popa de la 19 está el Polar Aquapark, el parque acuático con cuatro toboganes, un puente suspendido, varias piscinas y actividades de entretenimiento.

La verdad es que el MSC Meraviglia cuenta con extraordinarias instalaciones, pero por muchas palabras que use, es indescriptible, así que recomiendo no perderse su vídeo de presentación:

La experiencia en el barco ha sido impecable. Las únicas pegas que se le pueden poner tienen más que ver con la gente que con el barco en sí. Cuantos más pasajeros, más se complica todo: colas en la recepción, en el desembarque, buffet saturado a ciertas horas… Pero creo que es comprensible.

No se le puede poner un pero al camarote. Sin duda el más grande de todos los cruceros que hemos hecho hasta la fecha. Quizá porque no cogimos la categoría más baja de todas sino la segunda. En cualquier caso, pese a ser interior, para nada claustrofóbico. Y bien elegida por planta y por situación, muy centrada. No tuvimos ningún tipo de ruido raro (hay plantas en las que se oía ruido metálico del barco y en la 14 el agua de la piscina), ni se movió mucho en la noche más tempestuosa.

La cama era bastante durita y cómoda, las almohadas mullidas y las mesitas muy prácticas con varias baldas para poder guardar objetos. Muy útil para dejar el móvil, las gafas y el libro.

El escritorio servía como tal y a la vez como tocador, ya que en su cajón tenía un secador (que no podías desconectar). Por lo que uno se puede preparar mientras otro se ducha sin impedimento para ninguno de los dos.

El armario resultaba algo escaso, aunque también es verdad que metimos las maletas en la parte superior. Quizá si las hubiéramos metido bajo la cama habríamos ganado ese espacio.

La tele aunque está capada y no se podía usar HDMI o UDB y las películas eran de pago, aún así tenía bastantes cadenas en diferentes idiomas para mantenerte informado, y, lo más importante de todo, permitía controlar tu cuenta. En tu perfil podías ver tanto lo que ibas gastando como reservar los espectáculos y luego consultar en la agenda qué es lo que te has ido programando.

El baño también era muy moderno y estaba muy bien equipado. El lavabo tenía integrado el jabón y en la parte inferior tenía espacio de almacenaje y en la puerta una papelera. Sobre el lavabo había una estantería muy práctica para guardar los productos de aseo. Además, contaba con diferentes ganchos y barras para colgar las toallas.

La cabina de ducha era lo suficiente amplia y tenía incorporado en la pared un bote de gel y otro de champú que el camarista rellenaba periódicamente. También contaba con una cuerda para tender la ropa, algo muy práctico cuando acabas calada en Génova.

Como siempre ocurre en hoteles y cruceros, hay quien se queja de lo poco variados que son los buffets y lo escaso que es el menú en los restaurantes. Desde mi punto de vista, nada más lejos de la realidad. Nosotros desayunábamos contundentemente en el buffet, nos llevábamos unos bocatas de tortilla francesa o embutido y fruta por si volvíamos tarde y luego tras embarcar hacíamos una comida tardía casi merienda en el buffet. Al tener la cena a las 21:30 no nos alteraba mucho comer a las 5.

Sí que es cierto que el desayuno no variaba de un día para otro, pero creo que había suficiente variedad como para ir alternando a lo largo de una semana en caso de que se quiera. Me resulta “gracioso” que quienes suelen quejarse, luego desayunan en casa lo mismo durante todo el año. Pero eso sí, en un buffet no son capaces de decidirse porque es igual que el día anterior.

También las 4 pizzas siempre eran las mismas (margarita, aceitunas y cebolla, marinara y salchichas), pero el resto de comida iba variando cada día. Había tres tipos de pasta, y cada día cambiaba la pasta y la salsa. Lo mismo la carne, legumbres o la comida étnica. También variaban los postres, y eso que había una oferta de hasta 7-8 diferentes. No entiendo el problema, la verdad. Será que me gusta comer.

En cuanto a las cenas, yo disfruté cada plato que pedí. Y para nada me quedé con hambre. Tienes un entrante, un principal y postre, lo que me parece una comida razonable. Mucho más copiosa de lo que cenaríamos cualquiera un día normal en casa (seguro que la mayoría comemos plato único y fruta/postre). Siempre había la opción vegetariana en cada una de las opciones, así como la posibilidad de pedir fuera de carta un filete de pollo a la plancha o un pescado al vapor. Bien por intolerancias, porque no te guste algo de la carta o lo que sea. En cualquier caso, como digo, todo muy jugoso. Sobre todo los pescados. En el momento en que descubrí lo fresco que era, intentaba siempre pedirlo. Pero vamos, he probado las ensaladas, rissottos, pasta, falafel… todo delicioso. Igual con los postres. Aún así, para quien tema quedarse con hambre, que se quede tranquilo, pues siempre puede repetir o pedir varios platos diferentes. Así que tampoco entiendo las quejas al respecto. Ni por calidad ni por cantidad.

Creo que hicimos bien en sacar el pack de bebidas, pues el agua y refrescos costaban 3.90€, las cervezas 5.9€ y los cócteles 7.9€. Así que sumando lo consumido cada día, amortizamos de sobra. Y sobre todo nos despreocupamos de tener que andar cargando las diferentes consumiciones y revisando la cuenta.

Tanto el agua como los refrescos eran envasados, sin embargo, al pedir cócteles o combinados, el refresco era de barril. Pero si se quiere un ron con cola, siempre se puede pedir el ron por un lado, y pedir aparte una cola, en tal caso te la darán de lata. Y luego ya tú te haces la mezcla. Lo que sí dejaba mucho que desear era la cerveza. De todas las que tomamos, creo que solo tiraron bien la Guinness. El resto de las que tenían cierto cuerpo, nos las sirvieron sin fuerza y como si estuviera por un lado el sabor a cerveza y por otro el agua. Además, se echaba de menos que pusieran al menos una tapita de patatas fritas de bolsa. Pero supongo que esta costumbre es muy española.

A diferencia de los cruceros de Pullmantur e Ibero, esta vez no compartíamos mesa, aunque en cierta medida podría decirse que agrupan. En la primera noche en el Waves teníamos en una mesa próxima a la nuestra una pareja joven española (justo la siguiente a la nuestra estaba desocupada). Al cambiarnos al restaurante L’Olivo, nos pusieron junto a dos parejas, también españolas, que eran mayores que nosotros. No sé si lo de la nacionalidad es algo premeditado, que nos agruparon, o es que los horarios tan tardíos se quedaban copados por italianos y españoles.

Había muchos turnos para cenar, algunos de ellos demasiado tempraneros y otros muy tardíos. Cuando el todos a bordo es a las 5 y media no tiene mucho sentido que tengas la cena a las 17:45, porque, o llegas siempre antes para prepararte antes de ir al comedor, o acabas cenando siempre en el buffet. Por otro lado, los de las 21:30 y 21:45 suponían que, o elegías el espectáculo antes de cenar (algo que me parece contra natura), o cuando quieres terminar de cena – espectáculo – copa, se te ha hecho tarde teniendo en cuenta que el día siguiente tienes que madrugar. Así pues, sin duda lo mejor sería algo intermedio, quizá las 20 – 20:45.

Los espectáculos fueron variados, pero el que más me gustó fue el de Virtual. Por escenografía, coreografía y presentación.

El que menos fue el de Meraviglioso Amor. La música elegida sólo la conocen los italianos, el vestuario de los bailarines era muy cutre y las coreografías muy repetitivas y poco trabajadas.

El de Magic Friends no está mal, aunque te tiene que gustar la magia. No obstante, muy bien intercalada con el cuerpo de baile.

El de Paz, que se supone que es un tributo a la música española, me decepcionó en gran parte. Muy bien los bailarines, la coreografía estaba correcta, así como el vestuario, pero las canciones elegidas no eran muy acertadas y resultaba lento.

En general, como espectáculo postcena, están bien, pero no están al nivel que me esperaría de este tipo de barcos. En iberocruceros recuerdo una noche que hubo un espectáculo de patinadores sobre hielo, y era una naviera de inferior categoría.

En el resto del barco, había actuaciones de piano o voz y la verdad es que todos los artistas (así como los del espectáculo) se merecen un 10. Vaya voz la de la soprano.

La animación no estuvo mal. Había un grupo bastante grande y durante el día tenían sesiones de yoga, de aerobic, hacían juegos en la piscina…

También hicieron un concurso de MasterChef at Sea, un espacio patrocinado. Aunque no cocinaron realmente.

Y por supuesto, se encargaban de la fiesta nocturna temática. En este aspecto quizá tal vez fallaba la música, que se repetía bastante y era un tanto antigua. Supongo que es porque iba enfocada a otro público (extranjero y más mayor), pero lo cierto es que los días en los que actuaba la orquesta latina con temas más recientes se veía más animado al personal.

Mucha gente se quejaba de que no había sitio para sentarse. Totalmente cierto, pues aunque junto al puente había un bar con algún asiento en torno a una pista, ahí no era donde se centraba la mayor parte de la animación.

Sin embargo, me da la sensación de que ese era el propósito, que la gente estuviera de pie y no le quedara más remedio que integrarse en la actividad.

Además de las actividades propiamente participativas, también hubo exhibiciones. No solo la de la mozzarella del último día, sino también la de las masas de pizza.

En definitiva, el barco ofrecía todo tipo de servicios y actividades. Bueno, excepto conexión a internet. Cuando el WiFi en los hoteles se ha convertido en algo imprescindible, llegas a un barco y es de pago. Hoy en día con la eliminación del Roaming en Europa no consideramos oportuno ni necesario contratarlo. Usábamos nuestros propios datos cuando tocábamos tierra (bien para comunicarnos con familia y amigos, bien para las apps tan necesarias hoy en día) y desconectábamos al soltar amarre.

Ojo con esto porque hay que asegurarse de que nos estamos conectando a la red adecuada. Es preferible elegir la selección manual antes que la automática y así evitaremos disgustos como por ejemplo que se nos conecte a una red turca mientras estamos en una isla de Grecia o a una europea con la que nuestra compañía no tiene el acuerdo. El móvil suele elegir la que más potencia tiene y no sigue un criterio económico.

El paquete de telecomunicaciones a bordo costaba unos 20€ y daba acceso a las redes sociales y a las aplicaciones de chat (Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn, WhatsApp, Snapchat, Pinterest, o Line), eso sí, únicamente para un dispositivo y no servía para compartir archivos de audio o vídeo (sí fotos). Creo recordar que había alguna tarifa superior, pero como ya la habíamos descartado, tampoco nos informamos mucho.

Pero en general, pocas pegas a la experiencia con el barco. Otra cosa son ya las escalas, que merecen entrada aparte.