Trucos Viajeros: Errores a evitar

En todas las facetas de la vida cometemos errores, y en los viajes la situación no iba a ser diferente. Da igual que seamos novatos o experimentados, siempre hay fallos en menor o mayor medida. Pero de todo se aprende, así que hay que detectarlos para no volver a cometerlos. Me he sentado a reflexionar y he sacado unos pocos. Unos los he cometido yo, otros sin embargo son prestados de amigos o conocidos. Unos son más típicos, otros no tanto, pero conviene tenerlos en cuenta.

Podemos empezar a tener un desacierto ya antes incluso de viajar, como por ejemplo descartando destinos por prejuicios. A veces las noticias nos hacen formarnos una opinión sobre un lugar que no tiene nada que ver con la realidad. O que al menos está algo exagerada. He oído muchas veces al volver de un viaje lo de ¿Y es seguro?  No digo que no se corran riesgos al viajar, pero también estamos expuestos en nuestro día a día. Quizá no lo percibimos del mismo modo por tratarse de lo conocido, pero los peligros existen en todos sitios. De una forma u otra. Obviamente no hablo de países en guerra, claro.

Por otro lado, un fallo común es el no crear un presupuesto. A veces incluso es más importante que tener el destino decidido. Cuando una necesita salir de viaje para desconectar, ver mundo y olvidarse de la rutina no siempre importa dónde. Así, es clave echar cuentas y decidir un presupuesto y ver hasta dónde se puede llegar. Pero de verdad, sin préstamos ni tarjetas de crédito que nos endeuden.

Un error que he visto cometer mucho es no planear con suficiente antelación. Me gusta sacar los vuelos al menos con seis meses de adelanto. No siempre se puede, claro, pero es algo que puede encarecer bastante el presupuesto si dejamos pasar el tiempo. Con los alojamientos o vehículos no es tan drástico a nivel económico, pero cuanto más se acerque la fecha y según en qué temporada, número de personas y lugar puede ir menguando la disponibilidad y quedarnos a dos velas. No es que haya que obsesionarse con un alojamiento en pleno centro de la ciudad, pues a veces es mucho más conveniente que esté bien comunicado con transporte y en una zona tranquila con lugares donde comer o comprar, a que esté en el meollo. Probablemente nos ahorraremos algo de dinero y como no todos los días nos vamos a desplazar a la misma zona, no importa que tengamos que tomar el transporte público.

Y a la hora de llevar a cabo estas reservas hay que tener en cuenta ciertos detalles. Por ejemplo, a la hora de sacar un vuelo al extranjero conviene no olvidarse de la vigencia y caducidad de nuestros documentos (pasaporte, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, tarjetas bancarias…).Por ejemplo, para un buen número de países el pasaporte ha de tener una vigencia de mínimo seis meses, pero mejor confirmar antes de que no nos dejen subir al avión. Y además, verificar si necesitamos visados. Un mínimo de investigación sobre el destino nunca viene mal. No hay que cometer el error de no revisar si nuestro carnet de conducir es válido o necesitamos el internacional.

Importante también es no caer en la idea de que no merece la pena sacar un seguro de viaje si solo son unos días. No suelen subir excesivamente de precio y nunca sabemos lo que puede pasar. Un retraso, pérdida de maletas, pero sobre todo por el tema médico. Una tontería como una torcedura de tobillo puede salirnos tremendamente cara según donde nos encontremos. Invertir en seguridad y salud nunca es un error. Como tampoco lo es saber el tipo de sangre y alergias que tenemos.

Uno de los más nefastos sin embargo es la falta de información. No hace falta leerse toooooodos los blogs y páginas que haya sobre nuestro destino, verse listas y listas de reproducción de Youtube, pedir información a información y turismo y comprarse varias guías, pero un mínimo de documentación nunca viene mal. Sobre todo para no acabar en el Caribe en época de huracanes, en el sudeste asiático en la de tifones (no saldrás del hotel) o en ramadán en un país musulmán (estará todo cerrado). Hay que saber localizar el país en un mapa y conocer un poco sobre su cultura, climatología, si es necesario vacunarse o sacar visado, el idioma que se habla (no está de más aprender los saludos y gracias), moneda…

Yo este fallo no lo tengo. Más bien peco de lo contrario, de tener el síndrome de Diógenes pero en la versión digital. Me guardo todo lo que voy encontrando y al final tengo tanta información que no sé ni por dónde empezar. La solución es simplificar las fuentes de información según mis propios intereses (ya que no todos los viajeros tienen las mismas motivaciones, prioridades, gustos, tiempo o dinero) y según antigüedad (pues la vida pasa y cambian los precios, las normativas…).

A la hora de planificar se nos puede ir la mano (culpable) y montar rutas difíciles de cumplir. Con el tiempo me he relajado algo (algo) y ya no intento abarcar tanto, pero he cometido el error de querer cubrir todo sin considerar que pueden surgir imprevistos con el tiempo, el transporte o simplemente que en determinado lugar nos queramos parar más tiempo porque nos ha gustado más de lo que pensábamos. Así que, al igual que planteamos un presupuesto con un remanente para contingencias, es conveniente hacer lo mismo con la planificación de las rutas y dejar cierta flexibilidad.

Una gran equivocación es la de no preparar copias de los documentos importantes. La experiencia me dice que nunca sobra llevarlos en formato digital (además a ser posible en la nube con acceso sin conexión) y en formato físico. Parece una tontería, pero si ya de por sí un robo o pérdida en casa supone un trastorno, más aún cuando estás fuera.

Un error que quizá cada vez se cometa menos es el de no avisar a la familia de nuestro itinerario. Hoy ya estamos hiperconectados y seguramente mandemos fotos al embarcar con el número de vuelo al fondo, de nuestro alojamiento, de dónde comemos o en qué punto turístico nos encontramos; pero aún así, conviene dejar anotado el itinerario con números de vuelos, hoteles, o ciudades a la que se va a viajar para que, en caso de una hipotética emergencia, estemos localizables.

Sin embargo, sí que hay quien se olvida de informar al banco de que pretende usar las tarjetas en el extranjero. Esto varía según cada entidad, y normalmente por un pago puntual en un país europeo no hay problema, pero si se detectan varias localizaciones en poco tiempo, es probable que salte una alerta y nos las bloqueen. Después hay que esperar un par de días para que las reactiven, lo que puede causar grandes inconvenientes. En nuestro viaje a Seychelles, Bombay y París, yo avisé a mi banco para que no saltaran las alarmas y ellos me aconsejaron quitar la protección anti-robo temporalmente, pero a la vez, para mayor seguridad, que desde la aplicación las activara y desactivara cuando fuera a realizar una operación, para así tener el control yo. No obstante, cada banco tiene su operativa, por lo que mejor asegurarse. O llevar tarjetas monedero.

También relacionado con el aspecto económico, es usual cometer el error de no informarse del cambio de divisa y de las comisiones que aplicaría el banco tanto por cambio, por pago con tarjeta o por retirada de efectivo. Generalmente la mejor opción suele ser esta última, pero como siempre, depende de cada caso y de los porcentajes que apliquen. La pela es la pela y la banca nunca pierde, así que hay que buscar cuál es la mejor opción de todas para nosotros.

Donde también podemos cometer un desacierto es en el aspecto relacionado con la telefonía. El móvil se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestras vidas y cuando vamos de viaje no puede faltar. De hecho, es una herramienta muy útil no solo como teléfono en sí o como almacenamiento o cámara, sino que nos sirve para ubicarnos en una ciudad gracias al gps y los mapas, y nos permite improvisar cambiando los planes sobre la marcha. Pero ojo, porque para la mayoría de estas utilidades necesitaremos tirar de internet y no a cualquier precio. Como decía más arriba, la información es importante, y antes de viajar es preciso confirmar en primer lugar si nuestro terminal va a funcionar en la red del destino, ya que las bandas de telefonía no son las mismas en todo el mundo.

Por otra parte, aunque en Europa se ha eliminado el roaming y mantenemos nuestra tarifa de datos, siempre hay unos límites, que también conviene saber. Además, no siempre nos sirven todas las redes disponibles, sino que generalmente nuestro operador tiene un acuerdo con uno del destino o necesitamos activar algo en nuestro terminal. Otro dato que hay conocer. Y por último, hay que asegurarse de que nos conectamos a una red de un país que esté incluido, no sea que estemos en Grecia y por equivocación naveguemos con una turca.

Y si no, siempre nos queda comprar una tarjeta local y olvidarnos de la nuestra temporalmente.

Uno de los fallos en los que intento no caer es dejar el equipaje para el último momento. Se corren demasiados riesgos, pues podemos olvidarnos algo importante como medicamentos que luego nos va a costar conseguir en destino o algún documento. Para evitar además esto, conviene tener una lista que se pueda reutilizar de un viaje a otro tan solo ajustando tipo de ropa y calzado. Así evitaremos despistes y viajar con exceso de peso por haber llenado la maleta de “por si acasos”.

Cuando viajamos en avión, es frecuente ver cómo hay gente que aún comete el error de no hacer el check-in electrónicamente. En algunos casos hasta es imprescindible si no se quiere pagar por ello, como en algunas low cost. Pero sobre todo es un error no hacerlo antes de llegar al aeropuerto porque nos ahorrará tiempo. Especialmente en aquellas ocasiones en las que no facturamos. Además, en ocasiones, podemos elegir ya el asiento, con lo que cuanto más tiempo de adelanto, más espacios disponibles donde escoger.

Y también es recomendable hacer el check-in online para hacer peticiones extras, como la comida, requerimiento de ayuda por reducción de movilidad o incluso cuando teníamos un billete sin maleta en bodega pero decidimos a última hora que la vamos a necesitar, pues sale más barato vía online que directamente en el aeropuerto. En definitiva, todo lo que nos podamos quitar antes de llegar allí, mejor. De esta forma luego irá todo más fluido.

Normalmente el viajero novato suele acudir con demasiado tiempo al aeropuerto y aunque, en general, con un par de horas es suficiente, tampoco hay que confiarse pues dependiendo de los controles que tengamos que pasar y las fechas en las que viajemos puede que necesitemos estar un poco antes. Sobre todo si hay que pasar por mostrador para facturar, después control de seguridad y por último el de pasaportes. A nada que tengamos que esperar un poco de cola iremos justos.

Puede que cometamos el error (o alguien delante de nosotros) de no medir el equipaje de mano y todo se ralentiza. Cada aerolínea tiene sus propias normas y algunas son más estrictas que otras, pero en general, el equipaje de mano debe caber en el compartimento superior de los asientos (o bajo el de delante si es una mochila). En cuanto al peso también varía entre los 5 y 10 kilos dependiendo de si es un vuelo corto o largo y de la compañía. En otros casos el descuido es no verificar cuántas maletas están incluidas en nuestro billete.

Pero peor que esperar en la cola de la aerolínea para facturar o conseguir el billete de embarque es hacerlo en la de seguridad porque alguien se ha olvidado de sacar los líquidos y aparatos electrónicos (o descalzarse cuando lleva botas) en el control. No hay que olvidar que tan solo se pueden llevar recipientes que no pasen de los 100 ml (y en total que no superen el litro) en una única bolsa transparente. En cuanto a la categoría de electrónica que hay que poner en la bandeja se encuentran las cámaras reflex, tabletas, portátiles y (a veces) libros electrónicos.

Tan importante es saber hacer bien una maleta facturada como la de mano. Hay quien comete el error de no empacar lo esencial en el equipaje de mano. Pero no está de más llevar en él una o dos mudas, los medicamentos, cargadores y artículos básicos de aseo (además de documentación o dinero/tarjetas, claro) por si se perdiera lo facturado o llegara con retraso. También es útil llevar un bolígrafo, pues a veces hay que rellenar formularios de inmigración y aduanas durante el vuelo.

Con las prisas y controles a veces vamos a la carrera y nos olvidamos de cotejar la información de los vuelos en las pantallas del aeropuerto. En ocasiones en el mostrador de facturación nos indican un número de puerta que luego cambia, y no comprobarlo puede incluso hacernos perder el vuelo.

Pero no solo cometemos errores cuando viajamos por aire, también por carretera. Como por ejemplo cuando no se revisa previamente el estado del vehículo o de las vías por las que vamos a pasar. Si vamos a viajar con nuestro coche, conviene hacer previamente una revisión para asegurarnos de que no nos vamos a quedar tirados. Y a la hora de salir, deberíamos consultar el tráfico por si tuviéramos que tomar alguna ruta alternativa.

Además, hay viajes excepcionales para los que hay que tomar más precauciones. No hay que olvidarse de tener en cuenta la climatología y la peculiaridad del trayecto. Por estas fechas vienen a la mente los viajes por carreteras secundarias con nieve. En los últimos años en España cuando ha nevado un poco más de la cuenta (es decir, cuando ha nevado) se han formado buenas aglomeraciones. Tanto que mucha gente tuvo que dormir en el coche en medio de la carretera nevada. Si vamos a hacer un viaje así, conviene llevar unas linternas, mantas y algo de comida. Y por supuesto el depósito lleno. Esto es algo que yo aprendí en el camino desde el Gran Cañón a Las Vegas. En este caso no había nevado, pero era un recorrido bastante yermo en cuanto a gasolineras se refiere y podríamos habernos quedado tirados en medio de la nada, con un sol de justicia y ninguna sombra.

Porque sí, pese a todos los errores que se pueden cometer antes de realizar un viaje, no nos libramos de caer en más durante. Por ejemplo, a pesar de haber hecho una planificación previa y haber consultado sobre el destino podemos pecar de seguir las guías de viaje al dedillo y pensar que lo caro o turístico es mejor. En muchos casos, sobre todo si nos hablan de locales de restauración, tiendas o alojamientos, hay empresas que han pagado por anunciarse. Así que, aunque no está de mal seguir ciertos consejos, hay que salirse del circuito y perderse entre los locales y sus costumbres. Tomar el transporte público local, pasearse por sus mercados y probar la gastronomía típica. Esto nos permitirá acercarnos más a la cultura local.

Obviamente, no se puede pensar que el riesgo cero no existe, y meternos por cualquier callejón. No hay que ignorar las recomendaciones de seguridad, pero más o menos habría que tomar las mismas precauciones que visitando nuestra ciudad (que en Madrid no son pocas).

Además, perderse en el universo local nos da otra perspectiva, pues no todo lo que es de pago es mejor. De hecho por ejemplo comer en lugares turísticos suele ser más caro y de peor calidad. Es una equivocación no aprovechar las actividades gratuitas, que las hay en todos sitios. Desde subir a una terraza de un hotel para disfrutar de las vistas a entrar en un museo un día determinado pasando por sentarse sin más en un parque a empaparse del ritmo del lugar o conectarse a redes WiFi para no gastar de tarifa de datos (aunque habría que tomar precauciones sobre si son seguras o sospechosas).

Aún así, siempre habrá que realizar ciertos pagos, aunque llevemos reservas hechas y el grueso está ya pagado. Por ello, es un error viajar sin efectivo y con una sola tarjeta. Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeños gastos o por si nos encontráramos en un lugar aislado donde no hubiera cajeros cerca y no contasen con tpv. O incluso si estamos en plena civilización y fallara la tarjeta. Por eso mismo conviene no llevar solo una, sino al menos dos (y no guardadas juntas) como alternativa.

Es normal en un viaje comprar recuerdos, pero sin duda es un desacierto comprar todos los souvenirs al principio del viaje. Primero porque tendremos que cargar con ellos y si son delicados se pueden romper. Pero además porque nunca está de más comparar precios. A veces tras dar vueltas por una ciudad y salirnos de las calles principales encontramos mejores opciones. Cierto es que se corre el riesgo de ver algo y pensar que después lo encontraremos más barato y sin embargo acabamos perdiendo la oportunidad, pero suele ocurrir con objetos originales, no con las típicas figuritas de recuerdo o imanes.

Y lo de comparar precios no solo es aplicable a los souvenirs, sino a la hora de contratar servicios o incluso a la de sentarse a comer. En España no tenemos la costumbre de negociar los precios, pero no hay que olvidar que en algunos países no regatear es una ofensa. Así, hay que llegar a un acuerdo incluso para tomar un taxi, tuk-tuk o transporte similar.

Un error que siempre me hace girar la cabeza es el de estrenar calzado o no llevar la ropa adecuada. Cuando vas a estar pateando un lugar, lo suyo es llevar calzado que ya tengamos domado, que nos sea cómodo y que sea apropiado, que luego hay gente que se va a hacer la Ruta del Cares en chanclas… E igualmente ropa que nos dé movilidad y que se corresponda con la climatología, el lugar y con la cultura (no sea que nos saltemos algún código de conducta).

Pero sin duda, uno de los mayores que tenemos hoy en día es fotografiar más que observar y disfrutar del entorno. Y este es uno de los míos, lo reconozco. Vivimos tan pegados al móvil y las redes sociales, que fotografiamos todo. Unas veces para compartirlo, otras por inercia. Cuando además llevas cámara de fotos, quieres sacarlo todo desde todos los ángulos. En horizontal y vertical. Pero si añadimos el mantenimiento de un blog, ya quieres documentar cada detalle para que luego no se te olvide a la hora de escribir un post. Y al final, entre tanto mirar a través de una pantalla o un visor, dejamos de lado nuestra propia mirada. Tenemos que recordarnos que merece la pena pararse y observar detenidamente, quedarnos con pequeños detalles que no capta solo la vista, sino que están en la atmósfera del lugar.

 

Y a la vuelta, no queramos enseñar las tropocientas fotos a amigos a familiares. Sobre todo sin que hayan pasado un filtro previo, pues habrá cinco fotos prácticamente iguales desde diferentes ángulos o configuraciones. Pero bueno, esto se ha perdido un poco al compartir en las redes sociales, ya que ahí ya hacemos una selección.

Estos son los errores que me han venido al reflexionar, pero hay muchos más, claro. Seguro que seguimos cometiendo más, porque además, por muy experimentados que seamos, cada experiencia es única y nos aporta un nuevo aprendizaje. Lo importante es no tropezar dos veces en la misma piedra.

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