Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 2 III: Recorriendo Chicago. Theatre District y Loop

Tomando rumbo oeste nos dirigimos al Theatre District, ubicado en pleno centro del Loop en el entorno de la Randolph Street. Hoy en día hay teatros por toda la ciudad, pero es en este barrio donde se concentran los históricos como el Cadillac Palace Theatre,el CIBC Theatre (antes The Private Bank Theatre) o el Goodman Theatre (el teatro sin fines de lucro más antiguo y grande de Chicago).

En el distrito también existieron otros como el demolido United Artists Theatre, el Woods Theater, el Garrick Theatre, el State-Lake Theatre y el Roosevelt Theatre. Aún así, se conserva el ambiente de luces de neón. Incluso el McDonald’s o los aparcamientos tienen su cartel adaptado.

El teatro más representativo es The Chicago Theatre, que abrió sus puertas en 1921 como parte de una gran cadena de opulentas casas cinematográficas, la Balaban y Katz. Fue todo un referente con su ambiente lujoso (tenía hasta aire acondicionado).

Durante sus primeros 40 años proyectó películas de estreno así como espectáculos en directo de jazz. Por él han pasado los mejores artistas de cada época y ha albergado importantes festivales de cine. También fue donde Ronald Reagan anunció su compromiso con Jane Wyman. Hasta 2008 era la sede en que se inauguraba el International Film Festival, pero desde esa fecha es el Harris Theater.

Su fachada neobarroca de terracota blanca imita un arco del triunfo. El interior bebe de la arquitectura francesa al copiar elementos del Segundo Imperio. Su vestíbulo copia a la Capilla Real de Versalles y su gran escalera imita a la de la Ópera de París.

Fue redecorado en 1933 y de nuevo en la década de los 50. Con la crisis de los 70 cambió de propietarios y la nueva empresa lo renovó en 1985 para actualizarlo a la nueva época, aunque manteniendo el diseño de 1930. Reabrió en 1986 con una actuación estelar de Frank Sinatra. Desde 2007 pertenece a Madison Square Garden Entertainment, que lo usa como lugar para obras teatrales, espectáculos de magia, conciertos, comedias y discursos.

Su icónico cartel horizontal es el típico que aparece en películas (por ejemplo en el título de la película Chicago, de Catherine Zeta-Jones y Renée Zellweger), series, obras de arte y fotografía. Tanto el letrero como el edificio han sido declarados históricos.

El panel original contaba tan solo con dos líneas de textos para anuncios, en 1923 se añadieron algunos elementos decorativos así como la palabra CHICAGO en sus tres lados. En 1949 se amplió el tamaño del panel y CHICAGO solo se mantuvo en la parte frontal. En 1994 el cartel se sustituyó por uno nuevo, pero se mantuvo el aspecto. El retirado se donó en 2004 al Smithsonian.

En la acera opuesta se halla el Teatro Oriental, inaugurado en 1926 como un palacio de películas de lujo. Fue construido en el mismo lugar en que se hallaba el Teatro Iroquois, en el que en 1903 un incendio acabó con la vida de 600 personas. Su diseño está influenciado por la arquitectura de la India, de ahí su nombre.

Durante sus primeros años proyectó películas, pero también acogió vodeviles. Sin embargo, a partir de los años 30 prácticamente quedó como cine, aunque de vez en cuando tenían lugar presentaciones en vivo y conciertos.

En la década de los 70 cayó en mal estado y no sirvió incluirlo en el Registro Nacional de Lugares Históricos en el 78, pues siguió deteriorándose hasta el punto de que tuvo que ser cerrado en 1981. En 1996 fue adquirido por una compañía canadiense que anunció que lo iba a renovar. Sin embargo, poco después se declaró en bancarrota y fue vendido. Finalmente volvió a abrir sus puertas en 1998 como Performing Arts Oriental Theatre, aunque sigue siendo conocido como Teatro Oriental.

En los últimos años ha acogido conocidos musicales de teatro como Wicked (2005-2009), que se convirtió en la producción teatral más popular de Chicago, la carrera pre Broadway de The Addams Family (2009-2010) o Billy Elliot (2010).

El callejón tras el teatro es conocido como Death Alley y la leyenda popular cuenta que es frecuentado por los fantasmas del incendio del teatro del 30 de diciembre de 1903.

Y en la calle que nos conduce el callejón nos encontramos con el Goodman Theatre, edificio al que se mudó la compañía en el año 2000. Se fundó en 1925 para homenajear al dramaturgo de Chicago Kenneth Sawyer Goodman, muerto en 1918 por una gripe. Fueron sus padres quienes lo promovieron tras donar $250.000.

El edificio no es muy llamativo desde el exterior, no así el Oliver Building, que se encuentra en la acera opuesta, en el número 159.

Construido entre 1907 y 1908 para albergar la sede de la compañía Oliver Typewriter, fue declarado Monumento Histórico de Chicago el 9 de mayo de 1984.

Sus ventanas con un cristal ancho central enmarcado entre otras más pequeñas y estrechas son características del estilo de la Escuela de Chicago. El marco de acero interno del edificio se puede apreciar claramente en la fachada. Queda decorado además por el adorno de hierro fundido que tiene grabado el nombre de la empresa así como motivos relacionados con las máquinas de escribir.

La estructura del edificio ha pasado por varias modificaciones. Los dos pisos superiores fueron añadidos en 1920 por los arquitectos originales. Más tarde, en la década de los 90, cuando el Teatro Oriental necesitó espacio, el Oliver Building se acondicionó para albergar oficinas y camerinos del teatro.

Desde allí nos dirigimos a la calle paralela, para ver el James R Thompson Center.

Fue inaugurado en mayo de 1985 como el Centro del Estado de Illinois, luego en 1993 se le cambió el nombre por el del exgobernador republicano de Illinois. En su interior alberga oficinas del gobierno del estado de Illinois.

Su fachada está cubierta con paneles de vidrio que no aíslan bien de las temperaturas externas. En verano se ha llegado a alcanzar los 32º y en invierno incluso llegó a formarse hielo en el interior de algunas placas. Esto se debe a que en lugar de construirse con paneles curvos dobles (similar al sistema de climalit) como estaba proyectado, se usaron unos sin aislamiento más económicos. Así que, abarataron los costes de construcción y en cambio ahora se necesita un potente sistema de aire acondicionado que no da abasto.

En su exterior se encuentra la escultura de arte Monument With Standing Beast de Jean Debuffet, conocida popularmente como Snoopy en una licuadora. Interpretación libre, supongo.

Muy cerca nos quedaba el Ayuntamiento de Chicago, construido en 1911 en estilo renacentista clásico. Declarado Monumento Histórico Nacional e incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos, alberga oficinas para el alcalde y concejales.

Destaca su tejado, donde en 2001 se instaló una azotea verde con 20.000 plantas de más de 150 especies. Lamentablemente, no está abierta al público.

Frente al ayuntamiento se encuentra la Daley Plaza, en la cual se alza el Richard J. Daley Center, originalmente llamado Chicago Civic Center pero que cambió su nombre una semana después de la muerte de Richard J. Daley, alcalde de Chicago.

Fue construido en 1965, y durante cuatro años fue el edificio más alto de la ciudad gracias a sus 198 metros. Cuenta con la peculiaridad de estar recubierto por un acero resistente a la intemperie. Mantiene el tono rojizo gracias a una capa que evita posibles degradaciones como consecuencia del paso del tiempo o de la climatología, por lo que no necesita mantenimiento.

Alberga más de 120 salas de audiencias y tribunales, así como la Biblioteca de Derecho del Condado de Cook y varias oficinas de secretarios y alguaciles.

La plaza también cuenta con una fuente y una llama eterna a los caídos de las guerras mundiales, la de Corea y la de Vietnam. Pero si hay algo que domina la plaza es la escultura de Picasso titulada “Untitled” y conocida como “The Picasso”.

Mide 15 metros y data de 1967, una época en la que se comenzó a colocar obras de arte en las plazas para darle algo de color a las zonas rodeadas por rascacielos. Fue un encargo, sin embargo, Picasso se negó a cobrar por su trabajo, y se lo regaló a la ciudad.

De unos años más tarde data “The Sun, the Moon and One Star“, de Joan Miró, que se encuentra justo enfrente, en la Brunswick Plaza.

Mide 12 metros y está hecha de acero, malla de alambre, hormigón, bronce y baldosas de cerámica.

Y tras este recorrido por el Distrito de los Teatros y la zona del ayuntamiento, tomando la calle Madison salimos a un lateral de la Chicago Public Library Foundation, un edificio de corte clásico decorado con un mural.

Desde ahí seguimos el borde del parque hasta llegar a la Prudential Plaza, en cuyos bajos se encuentra el restaurante Giordano’s, donde íbamos a hacer nuestra parada para comer (que ya iba siendo hora).

Este restaurante tiene fama por ser el que mejor prepara el plato estrella de Chicago, la deep dish pizza. Aunque se inventó en Pizzería Uno.

Esta pizza tiene la peculiaridad de que se parece más a un pie que a una pizza, ya que la masa sube por los laterales fácilmente unos 10 centímetros y los ingredientes quedan debajo. El orden en concreto de abajo a arriba es queso, ingredientes y tomate. Pero como una imagen vale más que mil palabras…

Había gente en las mesas de alrededor ya comiendo, así que echamos un ojo para valorar si nos pedíamos una mediana o dos pequeñas. Sin embargo, al final optamos por una ensalada (que venía servida en una fuente) y una pizza pequeña. Y la verdad es que fue buena opción, porque al tener tanta profundidad, llena muchísimo.

La ensalada, la pizza y las bebidas nos costaron $40,92. Eso sí, sin propina, ya que nos acabamos cansando tras esperar más de 5 minutos al camarero para que volviera a pasar la tarjeta con el importe de propina.

Y claro, no podía faltar el postre, pero cambiamos de local. Esta vez los golosos eligieron el Nutella Café de la Michigan Avenue, no apto para diabéticos.

Se decantaron por una crêpe y dos de tortitas. Todo por $22,63. Sale más rentable pedir otra pizza, la verdad.

La hija del relojero de Kate Morton

La hija del relojero es el último libro de Kate Morton, una autora australiana que ha vendido más de once millones de ejemplares en todo el mundo de sus cinco novelas anteriores.

Argumento:

¿Mi nombre verdadero? Nadie lo recuerda. ¿Los sucesos de aquel verano? Nadie más los conoce.

En el verano de 1862, un grupo de jóvenes artistas, guiados por el apasionado y brillante Edward Radcliffe, viaja a Birchwood Manor, una casa de campo en Berkshire. Tienen un plan: vivir los siguientes meses recluidos y dejarse llevar por su inspiración y creatividad. Sin embargo, cuando el verano toca a su fin, una mujer ha muerto de un disparo y otra ha desaparecido, se ha extraviado una joya de valor incalculable y la vida de Edward Radcliffe se ha desmoronado.

Unos ciento cincuenta años más tarde, Elodie Winslow, una joven archivista de Londres, descubre una cartera de cuero que contiene dos objetos sin relación aparente: una fotografía en sepia de una mujer de gran belleza con un vestido victoriano y el cuaderno de bocetos de un artista en el que hay un dibujo de una casa de dos tejados en el recodo de un río. ¿Por qué ese boceto de Birchwood Manor le resulta tan familiar a Elodie? ¿Y quién es esa hermosa mujer que aparece en la fotografía? ¿Le revelará alguna vez sus secretos?

Narrada por varias voces a lo largo del tiempo, La hija del relojero es la historia de un asesinato, un misterio y un robo, una reflexión sobre el arte, la verdad y la belleza, el amor y las pérdidas. Por sus páginas fluye como un río la voz de una mujer ya libre de las ataduras del tiempo y cuyo nombre ha caído en el olvido: Birdie Bell, la hija del relojero, la única persona que vio todo lo sucedido.

Como ya nos describe la sinopsis del libro, y como viene siendo habitual en Morton, tenemos dos hilos narrativos unidos por un misterio. En este caso la novela comienza con Elodie Winslow en el Londres de 2017, quien está a punto de casarse con su prometido Alastair y va un poco de cabeza con los preparativos de la boda y las peticiones de su futura suegra (que es quien realmente está organizando todo). Pero el caos y el estrés por el enlace quedarán en pausa cuando en su trabajo como archivista de la empresa Stratton, Adwell & Co descubre un boceto de una mansión que automáticamente la lleva a su infancia y al cuento favorito que le narraba su madre.

La historia tarda en arrancar. Es lógico que la autora quiera presentar al personaje, con sus personalidad, sus dudas, su situación, ya que necesitamos ese punto de partida; pero viéndolo en conjunto, con la novela finalizada, me da la sensación de que hay una buena parte innecesaria. En cualquier caso, una vez que ya se nos ha introducido a Elodie y el misterio de la casa (y la foto de una mujer desconocida) su búsqueda de respuestas nos sirve como hilo de Ariadna de esta historia.

Y mientras tanto, se nos intercala con otra voz narrativa, la de una niña que podría haber salido de un cuento de Dickens: una huérfana en el Londres victoriano que se ve obligada a recurrir a la picaresca, al robo y a las trampas para sobrevivir. Es la hija del relojero que da nombre al título, y poco a poco iremos conociendo su destino, con algún golpe de suerte y muchos reveses.

En medio de ambas mujeres está Birchwood Manor, el común denominador en todas las épocas, esa imponente mansión que en su día atrajo al pintor Edward Raddcliffe, autor del boceto que encuentra Elodie y enamorado de la mujer de la fotografía, Lily Millington. Conociendo su desdichada historia unimos todas las piezas.

Además, la novela cuenta con varios secundarios, aunque no todos están desarrollados de la misma forma. Destacan Tip (tío abuelo de Elodie), Ada o Juliet, pero sobre todo el relato gana con el personaje de Lucy, la hermana de Edward, una mujer con sed de conocimiento mente ágil y curiosa que se ve encorsetada en la sociedad en la que le ha tocado vivir. En otro nivel inferior estarían los miembros de la Hermandad Magenta (de quienes poco conocemos más aparte de sus nombres y un par de detalles), Jack, o el padre de Elodie (a quien se echa de menos al final).

Siendo fiel a sí misma, Morton construye una novela con su sello particular, ese que la ha llevado al éxito. Es una autora de ritmo pausado que recurre a protagonistas femeninas potentes para construir unas novelas en las que predominan las intrigas familiares, los misterios sin resolver. La escritora australiana cuida la ambientación, las emociones de los personajes y suele añadir un componente artístico (en este caso tenemos la pintura con Edward, la fotografía con la hermandad y la música con la madre de Elodie). Sin embargo, en este caso le ha quedado un libro un tanto flojo.

Paso por alto que comienza lento, porque ya me esperaba una narración tranquila, paciente, que va soltando detalles que comienzan a tener sentido a medida que avanza la trama. De hecho se agradece este ritmo con tanto salto temporal y cambio de personaje. Pero no puedo obviar el haber acabado con la misma sensación que tuve cuando terminé El último adiós. De nuevo me quedé un poco decepcionada por el final abrupto y la falta de cierre de la historia del presente. Después de la cantidad de páginas que le dedica a Elodie al inicio para que empaticemos con ella, sorprende que, al final, una vez resuelto el misterio de la hija del relojero, nos quedemos sin un epílogo que profundice en la vida del personaje. Insisto en que no hay que darlo todo mascado, pero sí que me faltó una conversación con su padre, incluso con su tío o su prometido. Por no hablar de Jack, un personaje que no sé ni de dónde sale ni adónde va. En mi opinión es prescindible.

En resumen, mantiene el estilo Morton (algo que me gusta), pero hay personajes de más y me falta un breve capítulo final. Esperemos que su próxima novela me deje mejor sabor de boca.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 2 II: Recorriendo Chicago. Millenium Park

A partir de aquí ya dejamos atrás el entorno del Grant Park y en el cruce de la Avenida Míchigan con la Calle Monroe entramos en el Millenium Park.

Con una extensión de más de diez hectáreas, este parque es uno de los lugares más turísticos de la ciudad ya que cuenta con un buen número de espacios, monumentos y construcciones que visitar.

Alberga importantes obras públicas de arte, además de jardines, un paseo marítimo, un puente peatonal, una pista de patinaje sobre hielo…

El parque se localiza en el lugar que hace años estaba ocupado por varias vías férreas y aparcamientos. Abierto al público en 2004, la mayor parte del parque fue diseñado por el prestigioso arquitecto canadiense Frank Gehry, el del Museo Guggenheim, la Casa Danzante de Praga o el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles.

Comenzamos el recorrido por la Crown Fountain, diseñada por el artista catalán Jaume Plensa.

El conjunto artístico consta de dos torres de vidrio de 15 metros de altura que van proyectando fotos de personas que van gesticulando. Coincidiendo con la boca de los individuos hay un pitorro por el que salen unos chorros de agua, solo que, como ya nos había pasado con la Buckingham, estaban apagados.

En verano, además los chorros de agua, las estructuras acompañan la proyección de las fotografías unas cascadas laterales que fluyen a la vez que se alterna la iluminación.

Cerca de estas fuentes se localiza el jardín de Lurie, un espacio de más de 10.000 metros cuadrados que combina una zona arbolada con otra más abierta en la que las plantas perennes reciben los rayos del sol.

Frente al jardín gana protagonismo el Pabellón Pritzker, un auditorio al aire libre que se ve a la legua que está diseñado por Gehry.

El escenario es un caparazón ondulante de 36.5m de altura que alberga espectáculos gratuitos, festivales, conciertos, obras de teatro… Frente a él se extiende una pradera de césped con capacidad de acoger a 11.000 personas.

A la derecha de este pabellón serpentea el BP pedestrian bridge, también de Gehry.

Complementa estéticamente al pabellón con su estructura ondulante de acero inoxidable, pero además cumple una función, ya que le sirve como barrera acústica contra el ruido del tráfico que circula próximo al parque. Toma el nombre de la multinacional petrolera que donó $5 millones para su construcción.

Fabricado en acero inoxidable resistente a la corrosión, tiene una longitud de 282 metros y casi en todo su recorrido mantiene el ancho de 6 metros con una pendiente del 5%.

Por la noche queda iluminado gracias a los focos colocados en los laterales, por el día, y con tanta claridad como había, se reflejaba el sol en los paneles de acero.

Al lado opuesto del pabellón se encuentra una de las mayores atracciones del parque, el Cloud Gate, la obra de arte más conocida de todo Chicago.

Esta escultura es conocida popularmente como The Bean (la judía) y se convirtió en el icono de la ciudad en el momento en que se inauguró en 2006. Su creador es Anish Kapoor, un escultor británico de origen indio, que la concibió como un espejo curvo gigante.

Está compuesta por más de 160 placas de acero inoxidable pulido y se convierte en toda una atracción no solo por poder observar el skyline de la ciudad, sino también por el juego de reflejos que proporciona al acercarse. Así, no es de extrañar que estuviera rodeada de gente haciéndose fotos.

Por supuesto, no nos pudimos resistir a fotografiarnos junto a ella, debajo, de lado, buscando el efecto deformado… y después continuamos hasta la primera atracción que se inauguró en el parque, la McCormick Tribune Plaza.

En esta plaza es donde se suele instalar la pista de hielo desde mediados de noviembre hasta mediados de marzo. Es más grande que la del Rockefeller Center de Nueva York y recibe más de 10.000 visitantes por temporada. El resto del año se organizan diversas actividades aprovechando el gran espacio que ofrece.

Sin pista a la vista, seguimos hacia el Millennium Monument.

Es una casi fiel réplica del original que se hallaba en el mismo lugar entre 1917 y 1953. El monumento de forma semicircular se divide en dos partes. Por un lado la superior, que consta de una fila de columnas dóricas, y, por otro, la inferior, en la que aparecen grabados los nombres de los fundadores del parque, tanto individuos como fundaciones o empresas.

Al otro lado de la acera se encuentra el Chicago Cultural Center, que alberga la oficina de turismo y salas de exposiciones.

Sin embargo, este edificio de estilo palaciego es famoso por su cúpula, que es una inmensa vidriera de Tiffany’s de 11 metros de diámetro.

Ya fuera del parque, seguimos paseando por el Loop, hacia el Aon Center, el tercer edificio más alto de Chigago (por detrás de la Torre Willis y el Trump International Hotel and Tower) gracias a sus 346 metros de altura.

Sin embargo, este edificio de 83 plantas era en el más alto de la ciudad y el cuarto más alto del mundo cuando fue inaugurado en 1974 bajo el nombre de Standard Oil Building (ya que iba a ser la sede de la Standard Oil Company of Indiana).

En 1985 se renombró como Amoco Building y en 1999 volvió a cambiar tomando el nombre de la Aon Corporation. Desde el 10 de agosto de 2007 su nombre oficial es Piedmont Office Realty Trust, aunque sigue habiendo letreros del Aon Center.

Está revestido con mármol de Carrara, lo que parece que no fue una buena idea. Ya durante su construcción en 1973 una losa de 160 kg se desprendió de la fachada y atravesó la azotea del Prudential Center.

En 1985 se encontraron numerosas grietas y arqueamientos durante una inspección, algo que solventaron añadiendo unas cintas de acero inoxidable. No obstante, cinco años después acabó cambiándose el mármol por granito blanco y el material retirado fue triturado para su reutilización o donado a diversas empresas y entidades.

Como muchos otros edificios, se ilumina en diferentes colores para conmemorar fechas o eventos. Por ejemplo, en Acción de Gracias se elige el naranja, en Navidades se opta por el verde o rojo, y durante el Mes de la Concienciación del Cáncer de mama se tiñe de rosa.

Se notaba la hora, pues nos cruzamos con muchos oficinistas envase de plástico en mano a la búsqueda de un hueco al sol donde sentarse durante su pausa.

Las plazas comenzaban a llenarse, pero aún era algo pronto para nosotros, por lo que seguimos hacia la Aqua Tower, una torre de 262 metros y 86 plantas con una original fachada.

Este edificio, diseñado por la arquitecta Jeanne Gang, ganó el reconocimiento de rascacielos del año en 2009 y un año después fue finalista del premio bienal del International Highrise Award. En su construcción se tuvo en cuenta la sostenibilidad, así incluye un sistema de recogida de lluvia e instalación de iluminación de bajo consumo.

Destacan los balcones desiguales que crean un efecto óptico acuático, como si de ondas se tratara. Aunque el nombre de “Aqua” también tiene que ver con la proximidad al Lago Míchigan.

Desde aquí tomamos rumbo al Theatre District, en el Loop.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 2: Recorriendo Chicago

Para nuestro segundo (y último) día en Chicago volvimos a madrugar para aprovechar al máximo la jornada. No teníamos mucho en la despensa para desayunar, así que no pensábamos entretenernos más que en los turnos de duchas. Sin embargo, había que activar la segunda tarjeta de teléfono y se nos resistía. Probamos en un dispositivo y, aunque parecía estar todo correcto (se conectaba a la red y enviaba y recibía datos), lo cierto es que no conseguía conectarse a internet. Lo intentamos en un segundo dispositivo, sin embargo mostraba un error: “Tu plan de datos no funciona en este terminal”. No entendíamos nada, porque parecía que estaba todo bien configurado y el móvil es compatible con 4G (MotoG 4 Play). Pero nos quedaba una tercera opción, probar en el móvil de mi hermano, ya que el día anterior él no había tenido ningún problema. Mayor incredulidad aún cuando a él le salió de nuevo el error.

Así pues, no me quedó otra que mandar un correo electrónico al servicio de atención al cliente de T-Mobile para ver si nos podían ayudar. Porque con el primer móvil (incluso con el segundo) pensábamos que quizá se debía a un tema de bandas de frecuencia GSM (las bandas GSM-900 y GSM-1800 son las más usadas en Europa, Oriente Medio, África, Oceanía y la mayor parte de Asia, mientras que en EEUU suele ser la GSM-850), sin embargo, no tenía sentido que en un móvil con igual configuración, mismo tipo de tarjeta e idéntico plan contratado, una funcionara y otra no.

A la espera de una respuesta, nos pusimos en marcha para continuar visitando Chicago. Pero antes de nada nos acercamos a Avis, donde íbamos a recoger el coche al día siguiente, para pedir que nos tuvieran preparada la documentación necesaria para poder circular en Canadá. No obstante, no sirvió de mucho, ya que ellos, al estar tan lejos de la frontera, no contaban con tal documento y nos instaron a parar en una oficina más próxima a terreno canadiense.

Por tanto, comenzamos con nuestra ruta. El día anterior nos habíamos dejado pendiente el Ping Tom Memorial Park, pues se nos había hecho de noche. Ya de día, lo vimos desde el puente de camino a la oficina de alquiler y decidimos no bajar, pues teníamos mucho que ver en pocas horas.

Está dedicado a Ping Tom, quien dedicó su vida a mejorar la vida de la comunidad china en Chicago. Murió antes de conseguir llevar a cabo su plan de crear un parque en Chinatown, así que cuando se construyó, se decidió ponerle su nombre en su honor. Era primerísima hora, pero se veía gente caminando, estirando o haciendo Tai Chi.

Tras la parada en avis, nos dirigimos a la parada de autobús del 24, que nos acercaría al centro. Y es que nuestra ruta se iba a centrar en el Loop, una zona de la que ya habíamos obtenido pinceladas el día anterior al recorrer la parte que trascurre junto al río.

El Loop es el distrito financiero e histórico de Chicago. En él se encuentra por ejemplo la sede del Gobierno, pero también es la zona de ocio por excelencia de la ciudad. No en vano también es el distrito teatral. Recibe este nombre del famoso sistema elevado de tren que rodea la ciudad: el L, que a mí siempre me recordará a Edición Anterior.

Nosotros veníamos del sur de la ciudad, por lo que comenzamos por el South Loop, deteniéndonos en primer lugar en la Dearborn Station, también conocida como la estación de Polk Street.

Fue inagurada el 8 de mayo de 1885, convirtiéndose en la primera de las seis estaciones de tren interurbanas del centro de Chicago en ser construida. Desde 1920 daba servicio a 17.000 pasajeros diariamente en 122 trenes. Su estructura en ladrillo rojo es de estilo renacentista y cuenta con una torre del reloj que se alza en el centro. Originalmente tenía los tejados en pendiente, sin embargo se modificaron en las obras de reconstrucción tras un incendio ocurrido en 1922.

Dejó de dar servicio ferroviario en 1971 tras la salida del tren Grand Trunk Western Railroad International Limited el 30 de abril (casualmente estábamos en su aniversario), aunque el servicio de cercanías continuó usando un andén hasta 1976. A partir de ahí cayó en desuso y para mediados de la década de los 80 estaba abandonada. Sin embargo, el espacio interior se reacondicionó para dar servicio a oficinas y locales comerciales. Ahora la antigua estación ferroviaria es conocida como Dearborn Park.

El distrito que rodea a esta estación y que queda delimitado por las calles Congress, Polk, State, Taylor y Wells es conocido como Printing House Row Historic District, pues era el barrio en que en la década de 1890 abundaban las imprentas. A pesar de que este sector decayó con el cierre de la Dearborn Station, volvió a renacer con la reconversión de los antiguos almacenes en lofts y apartamentos. Hoy es un distrito residencial y comercial muy cotizado por su proximidad al centro. Y fue donde aprovechamos para comprarnos el desayuno antes de desfallecer.

Continuamos hasta el Hilton Chicago, uno de los hoteles de renombre de la ciudad con vistas al Grant Park, el lago Michigan y el Museum Campus.

Fue inaugurado en 1927 bajo el nombre de Hotel Stevens siendo además el hotel más grande del mundo. Contaba con 3000 habitaciones, un cine, una farmacia, una barbería, una heladería, una bolera e incluso un campo de minigolf en su azotea.

Con la Gran Depresión la familia Stevens quedó arruinada y el hotel se declaró en quiebra. Fue comprado por el ejército de los Estados Unidos y sirvió como cuartel y aulario durante la II Guerra Mundial. En 1944 fue vendido a Stephen Healy, quien a su vez en febrero de 1945 se lo vendió a Conrad Hilton. Bajo la nueva dirección, y nuevo nombre, se llevaron a cabo importante renovaciones durante la década de los 50 y 60.

Sin embargo, para la década de los 70 ya se había quedado anticuado y se llegó incluso a considerar su demolición. Finalmente se decidió renovarlo completamente y en 1984 cerró durante un año entero para un lavado de cara a fondo.

Muy cerca se halla el Blackstone, otro histórico hotel de la ciudad que es conocido como el “Hotel de los Presidentes”, ya que durante el siglo pasado se alojaron y tuvieron varias reuniones en él Roosevelt, Hoover, Roosevelt, Truman, Eisenhower , John F. Kennedy , Nixon y Carter.

Fue construido entre 1908 y 1910 que lleva el nombre de Timothy Blackstone, un hombre de negocios de Chicago. Tras pasar por varias manos, a principios de este siglo quedó abandonado y fue cerrado. Volvió a abrir en 2008 tras tres años de obras en los que se recuperaron elementos originales y se restauraron las fachadas para recuperar la mezcla de estilos Beaux-Arts y Segundo Imperio de su inauguración.

En la esquina del teatro anexo al hotel encontramos varios murales en los edificios. Se trata del Wabash Arts Corridor, un proyecto de 2013 en el que se le dio la oportunidad a artistas y estudiantes de arte de decorar las paredes de algunos edificios son sus grafitis.

Volviendo a salir al parque encontramos el Congress Plaza Hotel, un edificio cuyo no es nada del otro mundo, pero que tiene la fama de ser el hotel más embrujado de la ciudad. Si es que crees en fantasmas.

Fue concebido en 1893 originalmente como anexo al Auditorium Theatre, que se halla al otro lado de la calle.

Este auditorio albergó a la Orquesta Sinfónica de Chicago hasta 1904, después la Chicago Grand Opera Company, la Asociación de Ópera y la Ópera Cívica de Chicago hasta 1929. En la década de los 40 del siglo pasado se incorporó a la Universidad Roosvelt y en los 60 pasó a estar administrada por una asociación de artes independiente.

Su teatro, con capacidad para 3901 espectadores, es la segunda sala de conciertos más grande del país por detrás del Metropolitan Opera House de Nueva York.

Continuamos por la W Congress Parkway hasta la biblioteca pública, la Harold Washington Library Center.

Fue inaugurada el 7 de octubre de 1991 ante la necesidad de una nueva biblioteca pública después de que la antigua central de Chicago se convirtiera en Centro Cultural en 1977.

Se trata de un edificio de ladrillo rojo en estilo Beaux-Arts coronado por unos frontones de vidrio, acero y aluminio. Está adornado con unas lechuzas que se incorporaron en 1993 y que simbolizan el conocimiento. Asimismo, podemos ver unas vainas que representan la abundancia natural del Medio Oeste.

En sus diez plantas cuenta con un auditorio, diferentes salas de exposiciones, un jardín de invierno, salas de audiovisuales, de ordenadores… Y por supuesto libros. Alberga colecciones de literatura infantil, de ciencias sociales, historia, literatura, lenguaje, negocios, ciencia, tecnología… También se pueden consultar publicaciones del gobierno, referencias municipales de Chicago y mapas. Además, en su quinta planta tiene un centro habilitado para discapacitados visuales y físicos.

Tomando la calle Van Buren rodeamos la manzana hasta salir de nuevo a Grant Park. Allí, junto al Auditorium Theatre se erige el Fine Arts Building, construido entre 1884 y 1885 como salón de exposiciones.

Hoy sigue funcionando como tal, albergando galerías de arte, estudios de teatro, danza y grabación, lofts de artistas así como  oficinas de diseño web y de interiores.

Y dejándolo atrás cruzamos el puente sobre las vías para adentrarnos, esta vez sí, en el Grant Park, el parque más importante de la ciudad gracias a sus 120 hectáreas.

En él se encuentran el Millenium Park, el Museum Campus, el Instituto de Arte y la Fuente Buckingham, que teníamos justo enfrente.

De estilo rococó, es el punto central del parque y el elemento más distinguido, además de una de las fuentes más grandes del mundo. Data de 1927 y está inspirada en la Fuente Letona del Palacio de Versailles. Fue un regalo de Kate Buckingham en recuerdo a su hermano.

Tiene un diseño de forma de tarta con tres pilas circulares de mármol rosado de Georgia. La más grande cuenta con un diámetro de 31,4 metros, la segunda de 18,2 y la última de 7,3. Descansan sobre la pileta inferior de 85 metros de ancho.

La fuente simboliza el Lago Míchigan y los cuatro grupos de caballitos de mar que la rodean, los cuatro estados que lo enmarcan. Además, suele tomarse como el punto de partida de la famosa Ruta 66. Lamentablemente, estaba apagada y faltaban unos días para la inauguración de la temporada veraniega, así que estaba un tanto desangelada e impresionaba más bien poco. En la época estival por las tardes hay un espectáculo de luz, música y color que acompañan a los chorros de agua de 42 metros de altura.

Así pues, con poco más que ver, continuamos por el North Rose Garden y volvimos a la Michigan Avenue, para acercarnos al Santa Fe Centre – Railway Exchange Building, un edificio de oficinas de 17 pisos diseñado por Frederick P. Dinkelberg, asociado de Daniel Burnham, el del Flatiron de Nueva York.

Le debe su nombre a su función, ya que construido como intercambio ferroviario del ferrocarril de Santa Fe. Hoy sin embargo el letrero que se ve en su fachada es el de Motorola, que reemplazó al de Santa Fe en 2012 cuando Motorola Solutions alquiló una planta en el edificio. Las antiguas letras se enviaron al Illinois Railway Museum, donde tras una restauración se comenzaron a exponer desde 2016.

La parte central del edificio alterna las ventanas al ras de la fachada con otras que sobresalen ligeramente y el estilo difieren en la parte superior, donde destacan los ojos de buey a lo largo de toda la cornisa.

Pertenece desde 2006 a la Universidad de Notre Dame y también imparte clases el Colegio de Negocios de la Universidad de Mendoza.

Siguiendo por la misma avenida llegamos a la señal que indica el inicio de la histórica Ruta 66.

Ya habíamos visto en su día en el Santa Monica Pier la placa que marca el final, y ahora, seis años después, veíamos la del inicio.

En la acera opuesta al inicio de la Ruta 66 se alza uno de los museos de arte más importantes del mundo, el The Art Institute of Chicago.

Fue fundado en 1879 como The Chicago Academy of Fine Arts (no fue hasta 1892 cuando cambió su nombre al actual) y cuenta con la tercera colección de arte más grande del país. Acoge entre sus obras trabajos de casi todos los movimientos artísticos importantes de los siglos XIX y XX, sobresaliendo especialmente el cubismo, surrealismo y expresionismo alemán. Destacan cuadros de autores tan conocidos como Monet, Renoir, Cézanne,Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Dali, Kandinsky o Picasso.

Desde aquí tomamos rumbo al Millenium Park.

Familie Braun

Hace poco, en los comentarios de una columna sobre la creciente subida de votos de los partidos fascistas, leí la recomendación de la serie Familie BraunTras leer la sinopsis no pude por menos que verla, pues parte de una premisa bastante chocante.

Thomas Braun y Kai Stahl son dos veinteañeros neonazis que comparten piso en Berlín. Un buen día entre jijis, jajas, saludos a Hitler y vídeos en youtube sobre cómo hacer cosas nazis reciben una visita. Se trata de un antiguo rollo de una noche de Thomas, que le comunica que tiene que marcharse a Eritrea y no puede llevarse con ella a la hija de seis años que tienen en común. Así de golpe el protagonista no solo se entera de que es padre, sino de que lo es de una niña negra.

Aunque Thomas se queda algo desencajado, pronto se encarga de Lara, sin embargo, Kai no reacciona de la misma forma. En primer lugar alucina por el hecho de que su amigo haya sido capaz de liarse con una negra (era más clara, dice Thomas como excusa), y después ante la actitud que toma hacia la niña, asumiendo su papel de padre. Padre de una niña negra. Siendo neonazi…

Así, intenta por todos los medios que la niña desaparezca tal y como llegó, pero Lara es realmente perspicaz y vuelve para quedarse. En los restantes episodios vemos cómo la mirada limpia de una niña de seis años y sus preguntas y comentarios desmontan el “argumentario” de la ideología nazi.

Obviamente, la serie tiene sus puntos flacos, como el planteamiento inicial, pues a qué madre en su sano juicio se le ocurriría dejar a su hija con un tipo que no la ha visto en la vida y que además es un neonazi… Pero bueno, aceptamos la licencia para marcar el chocante arranque del piloto. Pero en cualquier caso, resulta entretenida y, a pesar de lo dramático, arranca la carcajada por lo surrealista de las situaciones.

Lamentablemente Familie Braun solo consta de una temporada de 8 capítulos realmente cortos (rondan los cinco minutos), por lo que sabe a poco.

Está disponible en Youtube (con subtítulos) y en la web de ZDF.

 

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1 III: Recorriendo Chicago. Navy Pier, Loop y Chinatown

Después de comer la Impossible Burger seguimos con nuestra ruta rumbo a la playa, pero antes, los golosos querían tomar postre, por lo que hicimos una parada en Stan’s Donuts.

Les costó decidirse, pues tienen una gran variedad. Al final se decantaron por uno tipo berlina, un segundo recubierto de pistacho y el último con cobertura de fresa. El precio medio de cada uno rondaba los $3.

Con el chute de azúcar seguimos paseando hasta Ohio Street Beach.

Aunque muchas de las playas de la ciudad han sido creadas por el hombre, esta en concreto se formó por sí sola. Está orientada al norte, lo que la convierte en un lugar perfecto para nadar en aguas abiertas de poca profundidad. No era época de baños  y apenas había un grupito de chavales jugando con la pelota.

Realmente el atractivo de esta playa son sus vistas, ya que permite observar los rascacielos del centro. Aunque para buenas vistas del skyline, mejor adentrarse en el Milton Lee Olive Park, donde hay una terraza (la terraza de los encuentros de The Good Wife).

Tras las fotos de rigor nos dirigimos hasta el Navy Pier, donde se concentra buena parte de la actividad de la ciudad cuando llega la temporada primaveral.

Se encuentra en el barrio de Streeter, que recibe el nombre de un controvertido personaje cuya estatua descubrimos en la Grand Avenue con N McClurg Court.

George Streeter fue famoso por sus excentricidades, como la de constituir el “Distrito de los Estados Unidos del Lago Míchigan”, declarándolo independiente y no sujeto a las leyes de Chicago o Illinois. En realidad todo era una estratagema para hacerse con los terrenos mediante la manipulación y falsificación de documentos. Las autoridades intentaron expulsarle de la zona, pero Streeter se defendía con hachas y armas de fuego e incluso echándoles ollas de agua caliente. Allí se mantuvo hasta su muerte en 1921 de neumonía.

Construido en 1916 como zona de atraque para los barcos de vapor que hacían viajes por el lago, así como para la carga y descarga de los pesqueros, el Navy Pier se convirtió en el embarcadero más grande del mundo gracias a sus 1010 metros.

Durante la II Guerra Mundial pasó a ser utilizado en maniobras navales, y no fue hasta 1995 que no reabrió tras cuatro años de obras de remodelación.

Al igual que desde el Milton Lee Olive Park, se obtienen buenas vistas del skyline de Chicago, y del lago, claro. Aunque no tienes la sensación de que sea un lago, sino que más bien parece todo un océano. Como si estuviéramos en Coney Island en Nueva York.

Hoy en día el muelle es visitado a diario por miles de personas que acuden a la zona de restauración y ocio. Por ejemplo, podemos encontrar el teatro Shakespeare o el IMAX. Sin embargo, la atracción más importante y conocida es The Ferrys Wheel, su noria. Que desde sus 45 metros de altura permite obtener una panorámica de Chicago y del Lago Míchigan. Cada una de sus 40 góndolas tiene capacidad de hasta seis personas.

Dimos un paseo por el muelle, aprovechamos para pasar al baño y continuamos nuestra marcha dirección al River Esplanade Park, un paseo que se extiende desde Lake Shore Drive hasta Lake Street construido a principios de los 2000.

Dejando atrás el río y callejeando entre hoteles y rascacielos llegamos a la Chicago Tribune Tower, edificio del principal periódico de la ciudad.

Construido entre 1922 y 1925 para conmemorar el 75 aniversario del periódico, cuenta con una torre neogótica recubierta enteramente de piedra calcárea y decorada con esculturas y agujas en su parte más alta. Además, en su fachada se pueden ver piedras de varios edificios históricos del mundo con la inscripción que indica de dónde proviene, por ejemplo de la Gran Muralla China, del Taj Mahal, de Angkor Wat, del Palacio de Westminster, de la catedral de Notre Dame de París, del Partenón de Atenas o del castillo de Edimburgo. También cuenta con fragmentos del Muro de Berlín o de una columna del Castillo de Wawel (como tributo a la gran población polaca de la ciudad, la mayor comunidad fuera de Polonia). Y lo más curioso de todo, una roca de la luna, aunque esta es cedida por la NASA para su exposición, no se pudo añadir a la fachada.

Frente al edificio hay un monumento en honor a Jack Brickhouse, comentarista deportivo que cubrió diversos eventos y deportes, desde baloncesto o béisbol a lucha libre o boxeo.

Durante sus años de profesión retransmitió a los Chicago Cubs durante 40 años, a los White Sox durante 27 y a los Chicago Bears durante 24. Además, fue la primera voz en televisión de los Chicago Bulls.

Frente a la estatua se erige el Wrigley Building.

Este edificio de torres desiguales y acabado en terracota blanca, comenzó a construirse en 1920 copiando el estilo de la Giralda de Sevilla e incorporando elementos renacentistas franceses. Por aquel entonces, cuando William Wrigley Jr, el propietario de la empresa de chicles, eligió la parcela en la zona no había edificios de oficinas importantes. Además, fue el primer edificio de oficinas que contó con aire acondicionado.

Una de las torres quedó terminada un año después, mientras que para la segunda hubo que esperar otros tres años. Ambas quedaban unidas por una pasarela que ocupaba de la primera a la tercera planta. En 1931 se añadió una segunda pasarela que conectaba las oficinas de un banco en la planta catorce.

La avenida que cruza la plaza es la Michigan Avenue, que en su tramo sobre el río se conoce desde 2010 como DuSable Bridge, en honor a Jean Baptiste Point DuSable, fundador de la ciudad de Chicago.

Se trata de un puente basculante de dos niveles que facilita el paso tanto de vehículos como de peatones y está considerado monumento nacional desde 1977 por su localización, ya que su parte norte cubre parte del asentamiento de DuSable y la sur se localiza sobre el Fort Dearborn, construido en 1803.

Comenzó a construirse en 1918 y, aunque se abrió al tráfico en 1920, no quedó concluido en el aspecto decorativo hasta 1928, cuando se añadieron esculturas que representan escenas de la historia de Chicago. Además, cuenta con 28 astas de bandera que alternan las de Estados Unidos, Illinois y Chicago.

Originalmente el puente se llegaba a abrir unas 3000 veces al año para facilitar el tráfico fluvial, sin embargo, desde la década de 1970 se decidió programar en primavera y otoño para que se levantara únicamente dos veces a la semana y así permitir el paso de los veleros.

Desde este lado del río nos adentramos en el Loop y podemos observar los rascacielos de la otra orilla, además de la propia. En 75 East Wacker Drive por ejemplo destaca la Mather Tower, monumento histórico de la ciudad y también conocida como The Inverted Spyglass.

Se trata de una torre octogonal en estilo neogótico de 21 pisos sobre otra torre rectangular de 20 alturas que fue la sede de la Mather Stock Car Company. Construido en terracota, fue el edificio más alto de Chicago para su inauguración en 1928.

En el año 2000 fue comprado por la Masterworks Development Corporation, empresa que la renovó por completo pues en los últimos años se había deteriorado considerablemente y suponía un riesgo para la seguridad de los viandantes, ya que la terracota de la fachada se estaba desprendiendo. Hoy alberga el River Hotel en la parte inferior y alojamientos de Club Quarters en la superior.

Próximo a esta torre se alza el Jeweler’s Building, construido entre 1925 y 1927.

Es un edificio de 40 plantas y 159 metros de altura, lo que lo convirtió en el más alto del mundo fuera de Nueva York. Durante los primeros 14 años contaba con la peculiaridad de que se podía acceder a los 23 pisos inferiores en coche gracias a un ascensor, algo que facilitaba la seguridad en un negocio en el que se mueve tanto dinero.

Si miramos al otro lado del río encontramos la asimétrica y acristalada Trump International Hotel and Tower, erigido en el solar que una vez ocupó el edificio del Chicago Sun Times.

Este rascacielos mide 423 metros con la antena, y 357 si contamos hasta la azotea, lo que lo convierte en el tercer edificio más alto de Estados unidos, detrás del One World Trade Center de Nueva York y la Torre Willis en Chicago. En sus 92 plantas alberga locales comerciales, aparcamientos, un hotel de cinco estrellas, varios restaurantes y 486 apartamentos de lujo.

Seguimos caminando por el Riverwalk y un poco más adelante, junto al siguiente puente, el IRV Kupcinet Bridge, se halla el Heald Square Monument.

Esta escultura de bronce representa a George Washington y los dos principales apoyos financieros de la Revolución Americana: Robert Morris y Haym Salomon.

De nuevo alzando la vista a la otra orilla encontramos uno de los rascacielos más conocidos de la ciudad, o mejor dicho, dos: las Marina Towers.

Estas torres de 179 metros de altura y planta circular son popularmente conocidas como las mazorcas de maíz. Fueron construidas en la década de los 60 como un complejo residencial  de apartamentos de alquiler que incluía entre sus instalaciones un cine, una bolera, tiendas, restaurantes, una pista de patinaje y una piscina. En 1977 se convirtió en una comunidad de propietarios.

Comparten un entresuelo desde el que se accede a cada una de ellas y tienen una distribución simétrica. Las plantas inferiores están destinadas como garaje. De hecho, se ven los coches asomar.

Al parecer hay unos aparcacoches profesionales que ya tienen calculadas al milímetro las dimensiones de las plazas, de forma que hay menos riesgo de que alguien patine y acabe en el río.

En la planta 20 de cada torre hay una lavandería y de la 21 a la 60 es donde se ubican los apartamentos, que tienen la peculiaridad de funcionar únicamente con energía eléctrica. Durante la época en que se construyeron la empresa eléctrica local, la Commonwealth Edison, facilitaba los transformadores gratis o a un precio bastante reducido siempre que el edificio fuera totalmente eléctrico. Así, en estas residencias no hay agua caliente ni aire acondicionado, sino que cuentan con unidades de refrigeración, calefacción y calentadores de agua.

En la última planta, en la 61, cuentan con una azotea.

Seguimos andando y en el siguiente puente nos encontramos una placa dedicada a la Familia Shuenemann y buscando en internet, encontramos la historia del Rouse Simmons.

A principios del siglo XX en Chicago se empezó a extender la costumbre de decorar el abeto en Navidad, en parte por la numerosa inmigración alemana que había ido llegando a la ciudad. El Capitán Herman Schuenmann surcaba en noviembre las frías aguas del lago para llegar a otras orillas donde encontrar estos árboles, y después, volvía a Chicago donde junto con su esposa Bárbara y sus hijas, los vendía y también regalaba a los más necesitados.

El 23 de noviembre de 1912 sin embargo una tormenta acabó con su vida y con la de la goleta (fue encontrada en 1971 a 50 metros de profundidad). Desde aquel fatídico naufragio ningún barco más se encargó de transportar los abetos para adornarlos en Navidad, aunque hoy en día en su honor el rompehielos Mackinaw se encarga de hacer un viaje por Chicago cargado de abetos para distribuir a los más necesitados en recuerdo del Capitán Santa.

Junto al puente de N La Salle Street se alza el Reid Murdoch Building.

Este edificio de color rojizo fue construido en 1914 para albergar oficinas y un almacén. Excepcionalmente fue usado como hospital el 24 de julio de 1915 cuando el SS Eastland volcó en el río frente al edificio.

Era simétrico, sin embargo, hoy en día se puede ver que su parte izquierda cuenta con una línea menos en su estructura. Esto se debe a que en 1930 se demolió parcialmente para la ampliación de la calle LaSalle.

En 1955 pasó a manos de la ciudad de Chicago, que comenzó a usarlo como espacio administrativo. Por ejemplo, albergó los Tribunales de Tráfico o la Oficina del Fiscal del Estado. Es Monumento Histórico desde 1975 y hoy acoge la sede de Encyclopædia Britannica.

Bajamos las escaleras del Riverwalk en busca de la parada del Water Taxi, lamentablemente parece que perdimos el último que iba a Chinatown (nuestra siguiente parada). El único que quedaba finalizaba una parada antes, por lo que no tenía sentido cogerlo, así que nos dirigimos a la parada de metro Lake para tomar la línea roja hasta Cermak-Chinatown.

Los barrios chinos suelen quedar delimitados por varias puertas, así que nada más salir del metro nos dirigimos hacia la Chinatown Gate, construida en 1974, cuando la comunidad ya estaba muy asentada y el barrio constituido.

Es un barrio chino de las afueras. A diferencia de los de Nueva York o San Francisco que están integrados más o menos en el centro de la ciudad, aquí por el contrario lo que predominan son grandes avenidas con construcciones de pocas plantas, ya sea con el local en la inferior y la viviendas arriba, o con el negocio ocupando todo el edificio.

En un principio, cuando en el siglo XIX comenzaron a llegar a Chicago, también buscaron el centro y vivían en el Loop. Sin embargo, poco después se mudaron a esta zona de Armour Square motivados por los elevados precios de los alquileres del centro y por la discriminación que sufrían. Este Chinatown no es turístico, no hay tiendas de recuerdos o de imitaciones. Es un barrio donde se asienta la comunidad china y, por tanto, tienen sus restaurantes, sus peluquerías, sus mercados, sus centros culturales…

Por ejemplo, destaca el Pui Tak Center, un edificio construido en 1928 para ser la sede de la asociación de comerciantes On Leong con un diseño tradicional chino. Con el tiempo se convirtió también en el lugar en que acogían a los inmigrantes que acababan de llegar al país.

Al asumir determinadas labores administrativas y de asesoramiento acabó convirtiéndose en casi un Ayuntamiento. Aunque no oficial. De hecho, el gobierno federal se hizo con el control del edificio, no sin reconocer antes la relevancia histórica y arquitectónica de la construcción.

Hoy en día es un centro cultural en el que se realizan diversas actividades educativas y de ocio.

El otro lugar de referencia en el barrio es la Chinatown Square, la plaza central.

Forma parte de un centro comercial y sirve como punto de encuentro para actividades de ocio, ya que es en ella donde se celebran diversos espectáculos de música y teatro así como festividades y eventos.

La plaza cuenta con un par de arcos de entrada decorados con imágenes orientales, con un escenario y con esculturas que representan los símbolos del zodiaco en todo su perímetro.

Se nos hacía de noche y llevábamos buena tralla, así que paseamos por el centro comercial abierto en busca de un restaurante donde comprar la cena para llevárnosla al apartamento.

Compramos arroz frito con gambas, fideos fritos con vegetales, cerdo al Szechwan, pollo al sésamo y Wanton en salsa de chile. Todo por $59.94.

Ya en el apartamento revisamos el plan del día siguiente y acordamos a qué hora fijar el despertador mientras cenábamos.

Y prácticamente después, cuando aún no habían dado ni las 10 de la noche, nos fuimos a acostar. El día había sido agotador.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1 II: Recorriendo Chicago. Entorno de la Magnificent Mile

Siguiendo nuestro recorrido desde la Newberry Library llegamos a la Harvest Chicago Cathedral, una iglesia que desentona mucho en la zona, pues ya dejamos atrás las casitas pintorescas y nos metimos de lleno en el centro, donde lo que predominan son los rascacielos y altos edificios de viviendas u hoteles, como el célebre Waldorf Astoria.

Tomamos la Oak Street, la milla de oro de Chicago. En ella podemos encontrar Hermès, Prada, Escada, Jimmy Choo, joyerías y otras tiendas cuyas marcas no nos sonaban por estar muy lejos de nuestro nivel adquisitivo.

En realidad, no habría que hablar únicamente de esta calle, sino de varias manzanas, ya que en las calles próximas se encuentran Versace, Dior, Yves Saint Laurent, Gucci, Louis Vuiton…

La calle más importante en este sentido es la Magnificent Mile, una avenida que a pesar de haber quedado completamente destruida en el incendio de 1871, renació con la apertura del puente Michigan Avenue (como se llama realmente este bulevar). Hoy se ha convertido en el principal distrito comercial y está plagada de exclusivas tiendas, rascacielos y hoteles. Podríamos compararla con la 5ª Avenida de Nueva York o la Rodeo Drive de Los Ángeles.

En la esquina con la E Walton Place se alza el Palmolive Building Landmark, un rascacielos de estilo Art Decó construido en 1929. Cuenta con 37 pisos y recibe este nombre porque en su día fue la sede de Colgate-Palmolive-Peet.

En 1965 se renombró como Playboy Building cuando se convirtió en la sede de las oficinas corporativas de la revista Playboy y llegó incluso a tener las letras iluminadas de la marca. Cuando Playboy se trasladó, el edificio pasó a llamarse 919 North Michigan Avenue, pero en 2001, cuando se convirtió en residencial, los nuevos propietarios recuperaron el nombre original.

En la siguiente manzana, en la acera opuesta, en el cruce de la E Delaware Place con Michigan Avenue se alza la gótica Fourth Presbyterian Church, una de esas iglesias que sorprende encontrarse en pleno centro de una metrópolis como Chicago, escondida entre rascacielos. Data de 1871 y es uno de los edificios más antiguos de la avenida.

Justo frente a ella se erige el 360 Chicago, también conocido como Hancock Building, en honor a John Hancock, el Presidente del Segundo Congreso Continental que firmó en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

El sobrenombre de 360 Chicago se lo debe a su mirador en la planta 94, pues ofrece unas vistas 360º de la ciudad, aunque no se alcanza a ver el río. También se puede subir al Signature Lounge, un restaurante que se encuentra un par de pisos más arriba. Fue inaugurado en 1969 siendo el edificio más alto de Chicago gracias a sus 344 metros. No obstante, quedaría superado en 1973 por el Aon Center. Hoy en día mantiene dicha posición justo por detrás de la Willis Tower que mide 527 metros (eso sí, siempre contando las antenas, si contamos las alturas de las azoteas, no solo le supera la Willis, sino también la Trump Tower).

Cuenta con un armazón especialmente resistente al viento (algo imprescindible en Chicago) y con unas vigas cruzadas en su fachada.

Siguiendo por la misma acera el siguiente edificio que encontramos fue el Water Tower Place, un centro comercial en cuyos bajos se halla The cheesecake Factory, un restaurante cuya especialidad es, obviamente, la tarta de queso.

Tentadora, pero antes del postre teníamos que comer, y ya habíamos pensado en otro sitio, así que lo pasamos de largo y entramos al centro comercial en busca de la tienda de LEGO, pues queríamos ver el escaparate y su reproducción a escala de los edificios más importantes de Chicago.

Es bastante imponente, no puedo imaginar la de horas que habrá llevado construirlo. O la cantidad de personas, porque no es trabajo para uno solo. Salvo que sea muy virtuoso con la construcción de bloques.

Al otro lado de la puerta tenían un banco con muñecas que nos era familiar, pues era igual que el del MSC Meraviglia.

Ya que estábamos, no solo nos quedamos observando el escaparate, sino que entramos a echar un ojo. La tienda es un paraíso para pequeños, pero también para mayores, sobre todo para los fans de Star Wars, ya que tenían expuestas varias maquetas relacionadas con la saga.

Continuamos nuestro paseo por la Michigan Avenue hacia el siguiente edificio: el Water Works, que, junto con la adyacente Chicago Water Tower, servía para extraer agua del Lago Míchigan.

Hoy convertida en un memorial a las víctimas del incendio, la Water Tower fue construida en 1869 para albergar una gran bomba de agua y así igualar la presión y controlar la distribución del agua a través de la ciudad. Afortunadamente fue construida en piedra amarillenta de Joliet, por lo que consiguió sobrevivir al incendio de 1871. No solo eso, sino que cuando toda la ciudad quedó reducida a escombros, su torre de 47 metros de alto servía como referencia para ubicarse entre las ruinas.

Fue renovada el siglo pasado, entre 1913 y 1916, para sustituir algunos bloques de caliza que estaban deteriorados. Más tarde, en 1978, se llevó a cabo una segunda restauración, esta vez más enfocada al interior, aunque también se realizaron trabajos menores en el exterior.

Tomamos la Chicago Avenue, ya dirigiéndonos hacia nuestra parada para comer. Pero de camino pasamos por The Bush Temple, un edificio que está considerado como Monumento Histórico de Chicago por ser un raro ejemplo de arquitectura renacentista francesa, no muy común en la ciudad (ni en el país).

Fue construido en 1901 para albergar la sede y la sala de exposiciones de la empresa Bush and Gerts Piano, una de las principales compañías de pianos de Chicago.

Volviendo sobre nuestros pasos y bajando por N State Street nos encontramos con una iglesia más, la Holy Name Cathedral.

Se construyó para dar servicio a los fieles de la Catedral de Santa María y de la Iglesia del Santo Nombre, ambas destruidas en el Gran Incendio. Construida en estilo gótico, cuenta con un interior de madera.

Seguimos bajando la calle y nos desviamos a la izquierda por Erie Street hasta el número 40, donde se conserva otro monumento histórico de Chicago, la casa de estilo románico Ransom R Cable House. 

Construida en 1886 para la sociedad Ransom R Cable (de ahí su nombre), fue vendida en 1902 a Robert Hall McCormick. Hoy pertenece a Driehaus Capital Management, empresa que la usa como edificio de oficinas.

En la manzana entre E Ontario Street y E Ohio Street nos sorprendió otro edificio peculiar, el Templo de Medinah.

Este edificio de estilo islámico fue construido en 1912 como auditorio. Tenía capacidad para unas 4.200 personas que se podían distribuir en tres niveles. Su buena acústica lo convirtió en el favorito de la Orquesta Sinfónica de Chicago para grabar sus piezas entre finales de los años 60 del siglo pasado y los 80.

Hace unos años se restauró su exterior y se renovó el interior para convertirlo en espacio comercial. Hoy, tal como anuncian los letreros que adornan la fachada, es un Bloomingdale’s.

Seguimos la W Ontario Street en busca del McDonald’s Rock’n Roll, conocido por su museo dedicado al Rock’n Roll. Lamentablemente, lo único que vimos fue un Hard Rock Café. En el lugar que debería estar la hamburguesería tan solo había un solar en obras. Así, nos dimos la vuelta hacia el M Burger, el local que habíamos elegido para comer.

Mi hermano había leído sobre la Impossible Burger, una hamburguesa vegetariana que consigue imitar el olor, la textura y el sabor de la carne (además de hacerla sangrar). Nos pareció lo suficientemente curioso como para darle una oportunidad a este peculiar experimento. No por el sabor de la carne en sí, ya que nos comemos con gusto una hamburguesa vegetal, sino por el hecho de modificar un alimento en otro.

La Impossible Burger fue creada por el científico Pat Brown tras seis años estudiando a los animales desde un punto de vista molecular. Científicos, granjeros y cocineros estudiaron la carne de vaca para conseguir hacer esta copia hecha de trigo, aceite de coco, patatas y heme. Es este último ingrediente – el ingrediente estrella – el que consigue que la hamburguesa huela, sangre y sepa como carne.

Les llevó su tiempo de burocracia, pero en julio de 2018 consiguieron que la FDA aprobara el heme como ingrediente seguro.

El motivo que llevó a este equipo para trabajar en este camino es porque, como ya sabemos, producir la barbaridad de carne que comemos al año en todo el mundo, repercute de forma negativa en el planeta. Se emplea tierra para alimentar a esos animales que podría dedicarse al cultivo de plantas (el 45% de la superficie de la tierra), se gasta mucha más agua de la que bastaría para regar los vegetales, y crea tanta emisión de gases invernadero como todo el transporte que usamos (incluyendo coches, camiones, trenes, barcos, aviones y cohetes. Todos juntos.). Nos estamos cargando bosques para habilitar terreno donde dar de comer a animales y con ello nos estamos cargando el hábitat de otras especies (también necesarias para el equilibrio del medio ambiente).

Además, también repercute en nuestra salud, ya que los animales pueden transmitirnos enfermedades o hacernos inmunes ante los antibióticos debido al uso excesivo de dichos medicamentos que se hace en la producción ganadera. Por no hablar de la relación entre consumo de carne y probabilidad de padecer cáncer.

La solución sería convertirnos en vegetarianos, o al menos dejar de comer tanta carne. Pero como hay gente que arguye que el sabor no es el mismo y que la echaría de menos, aquí les han creado una alternativa con menor impacto medioambiental (usa un 74% menos de agua, genera un 87% menos de emisiones de gas invernadero, requiere un 95% menos de terreno y, por supuesto, ninguna vaca) y más sana (tiene la misma cantidad de hierro y proteína, pero esta proviene directamente de las plantas sin ningún resto de hormonas ni antibióticos. Ni colesterol.).

En fin, que prometía mucho e íbamos con las expectativas altas. Al hacer el pedido la chica nos remarcó que era vegetal, para que no fuera que pensáramos otra cosa, pues debe ser que hay gente que no lee los ingredientes (que por cierto va acompañada de lechuga, tomato, pepinillos, queso, cebolla y salsa). El menú incluía patatas (ríete de la cantidad que echan en la bolsa del McDonald’s) y pedimos dos normales, un tercer paquete con queso y el cuarto con queso y jalapeños. Nos costó todo $57,06.

¿Y cuál es el veredicto? Pues que estaba deliciosa. Normalmente las hamburguesas vegetarianas tienen una textura no muy compacta, ya que suelen estar hechas de una masa a base de legumbres. Sin embargo, esta tenía ese aspecto fibroso de la carne. De sabor estaba muy jugosa (no sería capaz de decir si tenía el toque a hierro de la sangre, pero desde luego no sabía vegetal) y al estómago no cayó para nada pesada, ni siquiera dejaba un regusto.

En definitiva, recomiendo probarla, pues puede cambiar la perspectiva que tenemos sobre el consumo de carne y la excusa de que no podríamos renunciar a según qué alimentos (además, costaba lo mismo que la Cheeseburger con bacon, $8,99 el menú). La ciencia avanza a pasos agigantados e influye en todos los ámbitos de nuestra vida.

El local, a pesar de lo que puede parecer desde fuera, es muy pequeño. Eso sí, el personal era muy simpático y atento. Cuando ya estábamos preparándonos para irnos paró un camión de bomberos en medio de la calle, taponando completamente el tráfico. Nos contó la dependienta que ya los estaba esperando, pues solían pasar cada día a por sus batidos (estos no eran de donuts como los polis, al parecer).

Allí dejamos al bombero eligiendo los sabores de sus batidos y emprendimos la marcha hacia la playa.