Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1: Recorriendo Chicago. Lincoln Park, Old Town Triangle y Gold Coast

Nuestra ruta del día comenzaba en el Lincoln Park, pero para llegar hasta allí tuvimos que coger un bus. Como contábamos con nuestra Ventra, no tuvimos que pensar en llevar el importe justo, simplemente de pasarla por el lector. Eso sí, al ser usada más de una vez, da un error, pero la conductora pulsó un botón en su teclado para que nos contabilizara los cuatro viajes.

Ya habíamos visto la noche anterior la peculiar distribución de los asientos, que en algunas zonas están dispuestos en forma de L y da para hacer amigos. También llama la atención el cable que hay que accionar para solicitar parada. Pero sin duda, lo más curioso es que hay que empujar las puertas para abrirlas. El conductor las desbloquea, pero para bajar hay que dejarse caer sobre ellas. Algún bruto le dio tan fuerte, que estuvimos como cinco minutos parados hasta que consiguió volverlas a cerrar.

Nos bajamos en el cruce de N Halsted Street con W Dickens Avenue, y fuimos caminando por la zona residencial en dirección al parque. No parecía que estuviéramos en una gran metrópolis como Chicago, sino por una urbanización en las afueras. Las casas nos recordaban a las de los programas de televisión de los gemelos Scott o de Love it or List it. Si las mirabas de frente podías visualizar el faldón vertical con la descripción y el precio..

El Lincoln Park se encuentra próximo al Lago Míchigan. Su extensión de 4,9 km² lo convierte en el mayor parque público de Chicago.

Pero antes de convertirse en lugar de recreo fue un cementerio público donde eran enterradas las víctimas de cólera y viruela. Dado que estaba a las afueras de los entonces límites de la ciudad, los terrenos eran baratos. Fue en 1850 cuando los habitantes de la zona comenzaron a pedir que se reconvirtiera como zona verde pues como necrópolis era un riesgo para la salud pública al estar las tumbas muy próximas al lago. Así, una década más tarde se exhumaron y reubicaron los cadáveres para convertirlo en parque. Tras el asesinato de Abraham Lincoln en 1865 tomó su nombre en su honor.

Con el tiempo se fue expandiendo hasta que en la década de los 50 del siglo pasado llegó a su tamaño actual. Hoy cuenta en su superficie con el Lincoln Park Conservatory, el Theater on the Lake, el Chicago History Museum , el Peggy Notebaert Nature Museum, el Alfred Caldwell Lily Pool, el North Pond Nature Sanctuary, el Lincoln Park Archery Range , las North Avenue Beach y Oak Street Beach, así como un canal de remo, varios campos de juego y varias estatuas.

Una de ellas es la de William Shakespeare, junto a la que encontramos una placa con un código QR. Al leer dicho código, se reproduce una audioguía con retazos de la historia de Chicago. Las encontraríamos después en varios sitios de la ciudad.

En los aledaños del parque se encuentra el distrito que toma su nombre y que es de un alto nivel adquisitivo.

Continuamos por el parque adentrándonos en el Lincoln Park Zoo, inaugurado en 1868 (lo que lo convierte en uno de los más antiguos de América del Norte). Es de acceso libre y cuenta con 14 hectáreas en las que acoge a unos 1100 animales de unas 200 especies además de un árbol de roble más antiguo que la propia ciudad (data de 1830).

Le debe su origen a unos cisnes que regaló la Junta de Comisionados de Central Park de Nueva York a los Comisionados de Lincoln Park. A estos le siguieron  un puma, tres lobos, ocho pavos reales, cuatro águilas y dos alces. Después el zoo compró un osezno al de Filadelfia. Poco a poco fue creciendo y en la época transcurrida entre 1888 y 1919 se construyeron nuevas estructuras y se adquirieron más animales, sin embargo, el mayor cambio se produjo entre 1970 y 1980.

El zoo cuenta con un oso polar, pingüinos africanos, cebras, flamencos, simios y monos, suricatas, jirafas, antílopes, avestruces, facelas, aves, anfibios…

No lo recorrimos entero, puesto que es bastante amplio y además, prefiero que los animales estén en su hábitat natural antes que en un espacio acotado. Nos limitamos a recorrerlo de norte a sur por el camino principal. Pudimos observar cómo está muy bien indicado con paneles informativos así como zonas interactivas.

También cuenta con áreas de recreo y restauración. Y junto a una de ellas, en el Park Place Café, tenía lugar una clase de zumba (o eso parecía).

Apenas eran las 10 de la mañana y acababa de abrir, por lo que no había mucha gente en el recinto, aunque ya comenzaban a llegar familias con niños y los runners.

Continuamos por la laguna y salimos por la puerta que está junto a la granja, dirigiéndonos hacia el Old Town.

El Old Town guarda la esencia de lo que fue el primer Chicago de casas de madera que acabó arrasado en un incendio. Hoy se conservan casas de madera, pero en algunos casos también han sido sustituidas por otras de ladrillo visto. Aún así, las viviendas tienen mucho encanto con sus puertas de colores, sus ventanas de guillotina, sus típicas escaleras y porches, sus jardines delanteros… También parecen sacadas de los programas de televisión de reformas y compraventa.

En 1948 surgió la asociación Old Town Triangle, que vela por mantener la identidad del barrio en el que se asentaron en la década de 1850 inmigrantes alemanes.

Este distrito histórico queda delimitado por Larrabee St, Lincoln Ave y North Ave y es una tranquila zona en la que apenas encontramos ruido. Parecía que nos encontrábamos en un decorado de Hollywood.

En el barrio se encuentra la Iglesia Católica de St Michael, fundada en 1852 para servir a los alemanes que habían emigrado a Chicago para trabajar en las fábricas de acero.

Su construcción finalizó en 1869 y su torre la convirtió en el edificio más alto de la ciudad, título que le arrebató en 1885 el edificio de la Junta de Comercio de Chicago.

Sobrevivió al Gran Incendio gracias a que buena parte de su estructura era de ladrillos. Así pues, solo ardió la parte de madera. Fue reconstruida poco después. Frente a su portada se encuentra la estatua del arcángel San Miguel, a cuyos pies hay unos baldosines con nombres y fechas.

Continuamos paseando por la West Eugenie Street, observando a cada paso las diferentes casas. Algunas más nuevas, otras con más solera, unas más sencillas, otras con más detalles… pero todas con su encanto y con su personalidad.

Tomando la calle North Wells, buscamos el North Crilly Court, una famosa zona residencial de 1885 que lleva el apellido del agente inmobiliario que la desarrolló. No obstante, fue difícil de localizar, ya que su particularidad es realmente la parte trasera.  Los hijos del fundador reformaron estos edificios de dos plantas construidos en piedra allá por 1949. En esta renovación, cerraron los callejones traseros y así incorporaron un espacio más a las viviendas. Además, cambiaron las simples terrazas traseras que eran de madera, por unas más cuidadas de hierro forjado a las que se podían acceder por escaleras. De esta forma, al quedar la manzana cerrada y con los balcones, se creó una especie de comunidad cerrada muy similar a las corralas. Como es un espacio privado, nos quedamos con las ganas de verlo.

Volvimos pues a la W Eugene, donde en 1886 el arquitecto noruego Harald M.Hansen construyó doce casas de estilo Reina Ana, un tipo de edificios residenciales de ladrillo que se caracterizan por sus porches victorianos, miradores en forma de torre, ventanas variadas y mezcla de materiales en su construcción. Hoy en día podemos encontrar tan solo cinco.

Abandonamos el Old Town Triangle y nos dirigimos a otro barrio histórico, el Gold Coast. De camino nos encontramos con The Moody Church, una iglesia cristiana evangélica un tanto peculiar. Comenzó a construirse en 1925 y combina elementos del estilo románico y del bizantino. Más que una iglesia, su edificio de ladrillo rojo parece un centro comercial. Además, tiene justo al lado una gasolinera…

También es verdad que bordeándola, descubrimos su otra cara, que le da quizá algo más de presencia. Pero aún así, seguía sin recordarme a una iglesia. Desde esta perspectiva me venían a la mente las plazas de toros.

Eso sí, hay que reconocerle su capacidad, ya que puede albergar 3.740 personas (2.270 en la planta baja y 1.470 en la superior) y su diseño hace que su acústica sea casi inmejorable.

En la acera opuesta se alza el Chicago History Museum,  donde se pueden encontrar diversos documentos y objetos sobre la historia de la ciudad. No obstante, nosotros no teníamos entre nuestros planes entrar, por lo que continuamos nuestro paseo adentrándonos en el Gold Coast.

Este barrio, delimitado por North Avenue, Lake Shore Drive, Oak Street y Clark Street, se encuentra pegado al Lago Míchigan y desde él se intuye no muy lejos el Chicago de los rascacielos.

En 1882 el millonario Potter Palmer se mudó a este vecindario a una mansión con forma de castillo y cuarenta y dos habitaciones. A él le siguieron otros acaudalados personajes de la ciudad, por lo que la zona se convirtió en un barrio pudiente. Un siglo más tarde, era el segundo barrio más caro de Estados Unidos, solo por detrás del Upper East Side de Manhattan.

Hoy en día perviven en él casas victorianas además de mansiones (entre ellas la Original Playboy Mansion de Hugh Hefner), edificaciones más modernas, restaurantes y tiendas de lujo.

Uno de los primeros edificios históricos que nos encontramos fue el Germania Club Building, construido en 1889 para, como dice su nombre, albergar la sede del Germania Club, la organización germanoamericana más antigua de la ciudad. No hay que olvidar, que a comienzos del siglo XX la mayor población de inmigrantes de Chicago (casi una cuarta parte del total) provenía de Alemania.

El club, que nació en 1865 bajo el nombre de Germania Männerchor (coro de hombres Germania) para cantar en el funeral de Lincoln, no fue el único de este estilo en la ciudad (en determinado momento había 452 clubes alemanes en Chicago). Sin embargo, sí que fue uno de los más importantes por su longevidad y por acoger a personalidades de alto nivel. A medida que el club fue creciendo, decidieron construir una sede permanente para sus ensayos. El diseño fue encargado al miembro August Fiedler, quien decidió combinar elementos románicos y neoclásicos alemanes.

La construcción se divide en cinco plantas, con los dos pisos inferiores en piedra caliza. Por el contrario, los tres restantes combinan el ladrillo rojo con detalles en verde y queda rematado por una cornisa. En su interior alberga un gran salón de baile, sala de banquetes así como un restaurante y un bar. Hoy ya no pertenece a ningún club, sino que se puede alquilar para la celebración de eventos. Además, en sus bajos cuenta con locales comerciales.

Dado que en el coro se incorporaban cada vez más mujeres, en 1902 se decidió cambiar el nombre de la sociedad, convirtiéndose en el Germania Club.

Seguimos por la W Burton Place para llegar hasta una de las calles principales, la Astor Street. En el cruce de ambas se erige la Patterson – McCormick Mansion, construida en 1891 para la familia McCormick y que se convirtió en un edificio de apartamentos en 1978. Es un ejemplo de vivienda de millonarios que se mudaron a la zona a finales del siglo XIX.

Tomando la calle Astor y las aledañas dedicadas a escritores alemanes volvimos a tener la sensación de estar dentro de un programa de compraventa de casas. Imposible imaginar lo que pueden costar las viviendas en la zona. Mirar sin embargo es gratis.

En la calle Goethe encontramos la residencia de Eugene Solomon Talbot, un prestigioso médico, pionero en el uso de los rayos X para la cirugía oral. También es un reconocido autor y participó en varios congresos médicos internacionales, como en el de Berlín de 1890 y en el de Moscú de 1897.

Paramos en un supermercado de barrio para comprar agua, un picoteo así como pasta de dientes y colutorio. Y justo enfrente teníamos un banco, así que sacamos algo de efectivo para que no nos pasara como el día anterior con las ventra. Este cajero del OAK Bank también aplicaba comisión, pero era algo inferior de lo que veníamos viendo, $2.

Seguimos nuestro recorrido hasta el sur, hasta nuestra siguiente parada, la Newberry Library.

Esta biblioteca recibe el nombre de su benefactor, el banquero Walter Newberry. Fue fundada en 1887, poco después de la muerte de su viuda y se centra en la investigación independiente para las humanidades y las ciencias sociales. Entre sus más de 1,5 millones de libros se puede encontrar Historia y cultura estadounidense, documentos sobre Chicago y el Medio Oeste, Estudios Medievales, Indígenas… pero también sobre Europa o América Latina. Alberga también rarezas como una edición de 1481 de la Divina Comedia de Dante o la Biblia del rey Jacobo.

Está abierta al público y además de poder tomar prestado algún libro o consultar en sala, se pueden visitar diversas exposiciones, conferencias, seminarios o conciertos. Siempre relacionado con sus colecciones, claro. También, cuenta con un programa de becas y de investigación.

Y a partir de aquí ya entramos en un nuevo barrio. Momento para hacer un alto en el camino.