Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1 II: Recorriendo Chicago. Entorno de la Magnificent Mile

Siguiendo nuestro recorrido desde la Newberry Library llegamos a la Harvest Chicago Cathedral, una iglesia que desentona mucho en la zona, pues ya dejamos atrás las casitas pintorescas y nos metimos de lleno en el centro, donde lo que predominan son los rascacielos y altos edificios de viviendas u hoteles, como el célebre Waldorf Astoria.

Tomamos la Oak Street, la milla de oro de Chicago. En ella podemos encontrar Hermès, Prada, Escada, Jimmy Choo, joyerías y otras tiendas cuyas marcas no nos sonaban por estar muy lejos de nuestro nivel adquisitivo.

En realidad, no habría que hablar únicamente de esta calle, sino de varias manzanas, ya que en las calles próximas se encuentran Versace, Dior, Yves Saint Laurent, Gucci, Louis Vuiton…

La calle más importante en este sentido es la Magnificent Mile, una avenida que a pesar de haber quedado completamente destruida en el incendio de 1871, renació con la apertura del puente Michigan Avenue (como se llama realmente este bulevar). Hoy se ha convertido en el principal distrito comercial y está plagada de exclusivas tiendas, rascacielos y hoteles. Podríamos compararla con la 5ª Avenida de Nueva York o la Rodeo Drive de Los Ángeles.

En la esquina con la E Walton Place se alza el Palmolive Building Landmark, un rascacielos de estilo Art Decó construido en 1929. Cuenta con 37 pisos y recibe este nombre porque en su día fue la sede de Colgate-Palmolive-Peet.

En 1965 se renombró como Playboy Building cuando se convirtió en la sede de las oficinas corporativas de la revista Playboy y llegó incluso a tener las letras iluminadas de la marca. Cuando Playboy se trasladó, el edificio pasó a llamarse 919 North Michigan Avenue, pero en 2001, cuando se convirtió en residencial, los nuevos propietarios recuperaron el nombre original.

En la siguiente manzana, en la acera opuesta, en el cruce de la E Delaware Place con Michigan Avenue se alza la gótica Fourth Presbyterian Church, una de esas iglesias que sorprende encontrarse en pleno centro de una metrópolis como Chicago, escondida entre rascacielos. Data de 1871 y es uno de los edificios más antiguos de la avenida.

Justo frente a ella se erige el 360 Chicago, también conocido como Hancock Building, en honor a John Hancock, el Presidente del Segundo Congreso Continental que firmó en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

El sobrenombre de 360 Chicago se lo debe a su mirador en la planta 94, pues ofrece unas vistas 360º de la ciudad, aunque no se alcanza a ver el río. También se puede subir al Signature Lounge, un restaurante que se encuentra un par de pisos más arriba. Fue inaugurado en 1969 siendo el edificio más alto de Chicago gracias a sus 344 metros. No obstante, quedaría superado en 1973 por el Aon Center. Hoy en día mantiene dicha posición justo por detrás de la Willis Tower que mide 527 metros (eso sí, siempre contando las antenas, si contamos las alturas de las azoteas, no solo le supera la Willis, sino también la Trump Tower).

Cuenta con un armazón especialmente resistente al viento (algo imprescindible en Chicago) y con unas vigas cruzadas en su fachada.

Siguiendo por la misma acera el siguiente edificio que encontramos fue el Water Tower Place, un centro comercial en cuyos bajos se halla The cheesecake Factory, un restaurante cuya especialidad es, obviamente, la tarta de queso.

Tentadora, pero antes del postre teníamos que comer, y ya habíamos pensado en otro sitio, así que lo pasamos de largo y entramos al centro comercial en busca de la tienda de LEGO, pues queríamos ver el escaparate y su reproducción a escala de los edificios más importantes de Chicago.

Es bastante imponente, no puedo imaginar la de horas que habrá llevado construirlo. O la cantidad de personas, porque no es trabajo para uno solo. Salvo que sea muy virtuoso con la construcción de bloques.

Al otro lado de la puerta tenían un banco con muñecas que nos era familiar, pues era igual que el del MSC Meraviglia.

Ya que estábamos, no solo nos quedamos observando el escaparate, sino que entramos a echar un ojo. La tienda es un paraíso para pequeños, pero también para mayores, sobre todo para los fans de Star Wars, ya que tenían expuestas varias maquetas relacionadas con la saga.

Continuamos nuestro paseo por la Michigan Avenue hacia el siguiente edificio: el Water Works, que, junto con la adyacente Chicago Water Tower, servía para extraer agua del Lago Míchigan.

Hoy convertida en un memorial a las víctimas del incendio, la Water Tower fue construida en 1869 para albergar una gran bomba de agua y así igualar la presión y controlar la distribución del agua a través de la ciudad. Afortunadamente fue construida en piedra amarillenta de Joliet, por lo que consiguió sobrevivir al incendio de 1871. No solo eso, sino que cuando toda la ciudad quedó reducida a escombros, su torre de 47 metros de alto servía como referencia para ubicarse entre las ruinas.

Fue renovada el siglo pasado, entre 1913 y 1916, para sustituir algunos bloques de caliza que estaban deteriorados. Más tarde, en 1978, se llevó a cabo una segunda restauración, esta vez más enfocada al interior, aunque también se realizaron trabajos menores en el exterior.

Tomamos la Chicago Avenue, ya dirigiéndonos hacia nuestra parada para comer. Pero de camino pasamos por The Bush Temple, un edificio que está considerado como Monumento Histórico de Chicago por ser un raro ejemplo de arquitectura renacentista francesa, no muy común en la ciudad (ni en el país).

Fue construido en 1901 para albergar la sede y la sala de exposiciones de la empresa Bush and Gerts Piano, una de las principales compañías de pianos de Chicago.

Volviendo sobre nuestros pasos y bajando por N State Street nos encontramos con una iglesia más, la Holy Name Cathedral.

Se construyó para dar servicio a los fieles de la Catedral de Santa María y de la Iglesia del Santo Nombre, ambas destruidas en el Gran Incendio. Construida en estilo gótico, cuenta con un interior de madera.

Seguimos bajando la calle y nos desviamos a la izquierda por Erie Street hasta el número 40, donde se conserva otro monumento histórico de Chicago, la casa de estilo románico Ransom R Cable House. 

Construida en 1886 para la sociedad Ransom R Cable (de ahí su nombre), fue vendida en 1902 a Robert Hall McCormick. Hoy pertenece a Driehaus Capital Management, empresa que la usa como edificio de oficinas.

En la manzana entre E Ontario Street y E Ohio Street nos sorprendió otro edificio peculiar, el Templo de Medinah.

Este edificio de estilo islámico fue construido en 1912 como auditorio. Tenía capacidad para unas 4.200 personas que se podían distribuir en tres niveles. Su buena acústica lo convirtió en el favorito de la Orquesta Sinfónica de Chicago para grabar sus piezas entre finales de los años 60 del siglo pasado y los 80.

Hace unos años se restauró su exterior y se renovó el interior para convertirlo en espacio comercial. Hoy, tal como anuncian los letreros que adornan la fachada, es un Bloomingdale’s.

Seguimos la W Ontario Street en busca del McDonald’s Rock’n Roll, conocido por su museo dedicado al Rock’n Roll. Lamentablemente, lo único que vimos fue un Hard Rock Café. En el lugar que debería estar la hamburguesería tan solo había un solar en obras. Así, nos dimos la vuelta hacia el M Burger, el local que habíamos elegido para comer.

Mi hermano había leído sobre la Impossible Burger, una hamburguesa vegetariana que consigue imitar el olor, la textura y el sabor de la carne (además de hacerla sangrar). Nos pareció lo suficientemente curioso como para darle una oportunidad a este peculiar experimento. No por el sabor de la carne en sí, ya que nos comemos con gusto una hamburguesa vegetal, sino por el hecho de modificar un alimento en otro.

La Impossible Burger fue creada por el científico Pat Brown tras seis años estudiando a los animales desde un punto de vista molecular. Científicos, granjeros y cocineros estudiaron la carne de vaca para conseguir hacer esta copia hecha de trigo, aceite de coco, patatas y heme. Es este último ingrediente – el ingrediente estrella – el que consigue que la hamburguesa huela, sangre y sepa como carne.

Les llevó su tiempo de burocracia, pero en julio de 2018 consiguieron que la FDA aprobara el heme como ingrediente seguro.

El motivo que llevó a este equipo para trabajar en este camino es porque, como ya sabemos, producir la barbaridad de carne que comemos al año en todo el mundo, repercute de forma negativa en el planeta. Se emplea tierra para alimentar a esos animales que podría dedicarse al cultivo de plantas (el 45% de la superficie de la tierra), se gasta mucha más agua de la que bastaría para regar los vegetales, y crea tanta emisión de gases invernadero como todo el transporte que usamos (incluyendo coches, camiones, trenes, barcos, aviones y cohetes. Todos juntos.). Nos estamos cargando bosques para habilitar terreno donde dar de comer a animales y con ello nos estamos cargando el hábitat de otras especies (también necesarias para el equilibrio del medio ambiente).

Además, también repercute en nuestra salud, ya que los animales pueden transmitirnos enfermedades o hacernos inmunes ante los antibióticos debido al uso excesivo de dichos medicamentos que se hace en la producción ganadera. Por no hablar de la relación entre consumo de carne y probabilidad de padecer cáncer.

La solución sería convertirnos en vegetarianos, o al menos dejar de comer tanta carne. Pero como hay gente que arguye que el sabor no es el mismo y que la echaría de menos, aquí les han creado una alternativa con menor impacto medioambiental (usa un 74% menos de agua, genera un 87% menos de emisiones de gas invernadero, requiere un 95% menos de terreno y, por supuesto, ninguna vaca) y más sana (tiene la misma cantidad de hierro y proteína, pero esta proviene directamente de las plantas sin ningún resto de hormonas ni antibióticos. Ni colesterol.).

En fin, que prometía mucho e íbamos con las expectativas altas. Al hacer el pedido la chica nos remarcó que era vegetal, para que no fuera que pensáramos otra cosa, pues debe ser que hay gente que no lee los ingredientes (que por cierto va acompañada de lechuga, tomato, pepinillos, queso, cebolla y salsa). El menú incluía patatas (ríete de la cantidad que echan en la bolsa del McDonald’s) y pedimos dos normales, un tercer paquete con queso y el cuarto con queso y jalapeños. Nos costó todo $57,06.

¿Y cuál es el veredicto? Pues que estaba deliciosa. Normalmente las hamburguesas vegetarianas tienen una textura no muy compacta, ya que suelen estar hechas de una masa a base de legumbres. Sin embargo, esta tenía ese aspecto fibroso de la carne. De sabor estaba muy jugosa (no sería capaz de decir si tenía el toque a hierro de la sangre, pero desde luego no sabía vegetal) y al estómago no cayó para nada pesada, ni siquiera dejaba un regusto.

En definitiva, recomiendo probarla, pues puede cambiar la perspectiva que tenemos sobre el consumo de carne y la excusa de que no podríamos renunciar a según qué alimentos (además, costaba lo mismo que la Cheeseburger con bacon, $8,99 el menú). La ciencia avanza a pasos agigantados e influye en todos los ámbitos de nuestra vida.

El local, a pesar de lo que puede parecer desde fuera, es muy pequeño. Eso sí, el personal era muy simpático y atento. Cuando ya estábamos preparándonos para irnos paró un camión de bomberos en medio de la calle, taponando completamente el tráfico. Nos contó la dependienta que ya los estaba esperando, pues solían pasar cada día a por sus batidos (estos no eran de donuts como los polis, al parecer).

Allí dejamos al bombero eligiendo los sabores de sus batidos y emprendimos la marcha hacia la playa.

3 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1 II: Recorriendo Chicago. Entorno de la Magnificent Mile

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