Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1 III: Recorriendo Chicago. Navy Pier, Loop y Chinatown

Después de comer la Impossible Burger seguimos con nuestra ruta rumbo a la playa, pero antes, los golosos querían tomar postre, por lo que hicimos una parada en Stan’s Donuts.

Les costó decidirse, pues tienen una gran variedad. Al final se decantaron por uno tipo berlina, un segundo recubierto de pistacho y el último con cobertura de fresa. El precio medio de cada uno rondaba los $3.

Con el chute de azúcar seguimos paseando hasta Ohio Street Beach.

Aunque muchas de las playas de la ciudad han sido creadas por el hombre, esta en concreto se formó por sí sola. Está orientada al norte, lo que la convierte en un lugar perfecto para nadar en aguas abiertas de poca profundidad. No era época de baños  y apenas había un grupito de chavales jugando con la pelota.

Realmente el atractivo de esta playa son sus vistas, ya que permite observar los rascacielos del centro. Aunque para buenas vistas del skyline, mejor adentrarse en el Milton Lee Olive Park, donde hay una terraza (la terraza de los encuentros de The Good Wife).

Tras las fotos de rigor nos dirigimos hasta el Navy Pier, donde se concentra buena parte de la actividad de la ciudad cuando llega la temporada primaveral.

Se encuentra en el barrio de Streeter, que recibe el nombre de un controvertido personaje cuya estatua descubrimos en la Grand Avenue con N McClurg Court.

George Streeter fue famoso por sus excentricidades, como la de constituir el “Distrito de los Estados Unidos del Lago Míchigan”, declarándolo independiente y no sujeto a las leyes de Chicago o Illinois. En realidad todo era una estratagema para hacerse con los terrenos mediante la manipulación y falsificación de documentos. Las autoridades intentaron expulsarle de la zona, pero Streeter se defendía con hachas y armas de fuego e incluso echándoles ollas de agua caliente. Allí se mantuvo hasta su muerte en 1921 de neumonía.

Construido en 1916 como zona de atraque para los barcos de vapor que hacían viajes por el lago, así como para la carga y descarga de los pesqueros, el Navy Pier se convirtió en el embarcadero más grande del mundo gracias a sus 1010 metros.

Durante la II Guerra Mundial pasó a ser utilizado en maniobras navales, y no fue hasta 1995 que no reabrió tras cuatro años de obras de remodelación.

Al igual que desde el Milton Lee Olive Park, se obtienen buenas vistas del skyline de Chicago, y del lago, claro. Aunque no tienes la sensación de que sea un lago, sino que más bien parece todo un océano. Como si estuviéramos en Coney Island en Nueva York.

Hoy en día el muelle es visitado a diario por miles de personas que acuden a la zona de restauración y ocio. Por ejemplo, podemos encontrar el teatro Shakespeare o el IMAX. Sin embargo, la atracción más importante y conocida es The Ferrys Wheel, su noria. Que desde sus 45 metros de altura permite obtener una panorámica de Chicago y del Lago Míchigan. Cada una de sus 40 góndolas tiene capacidad de hasta seis personas.

Dimos un paseo por el muelle, aprovechamos para pasar al baño y continuamos nuestra marcha dirección al River Esplanade Park, un paseo que se extiende desde Lake Shore Drive hasta Lake Street construido a principios de los 2000.

Dejando atrás el río y callejeando entre hoteles y rascacielos llegamos a la Chicago Tribune Tower, edificio del principal periódico de la ciudad.

Construido entre 1922 y 1925 para conmemorar el 75 aniversario del periódico, cuenta con una torre neogótica recubierta enteramente de piedra calcárea y decorada con esculturas y agujas en su parte más alta. Además, en su fachada se pueden ver piedras de varios edificios históricos del mundo con la inscripción que indica de dónde proviene, por ejemplo de la Gran Muralla China, del Taj Mahal, de Angkor Wat, del Palacio de Westminster, de la catedral de Notre Dame de París, del Partenón de Atenas o del castillo de Edimburgo. También cuenta con fragmentos del Muro de Berlín o de una columna del Castillo de Wawel (como tributo a la gran población polaca de la ciudad, la mayor comunidad fuera de Polonia). Y lo más curioso de todo, una roca de la luna, aunque esta es cedida por la NASA para su exposición, no se pudo añadir a la fachada.

Frente al edificio hay un monumento en honor a Jack Brickhouse, comentarista deportivo que cubrió diversos eventos y deportes, desde baloncesto o béisbol a lucha libre o boxeo.

Durante sus años de profesión retransmitió a los Chicago Cubs durante 40 años, a los White Sox durante 27 y a los Chicago Bears durante 24. Además, fue la primera voz en televisión de los Chicago Bulls.

Frente a la estatua se erige el Wrigley Building.

Este edificio de torres desiguales y acabado en terracota blanca, comenzó a construirse en 1920 copiando el estilo de la Giralda de Sevilla e incorporando elementos renacentistas franceses. Por aquel entonces, cuando William Wrigley Jr, el propietario de la empresa de chicles, eligió la parcela en la zona no había edificios de oficinas importantes. Además, fue el primer edificio de oficinas que contó con aire acondicionado.

Una de las torres quedó terminada un año después, mientras que para la segunda hubo que esperar otros tres años. Ambas quedaban unidas por una pasarela que ocupaba de la primera a la tercera planta. En 1931 se añadió una segunda pasarela que conectaba las oficinas de un banco en la planta catorce.

La avenida que cruza la plaza es la Michigan Avenue, que en su tramo sobre el río se conoce desde 2010 como DuSable Bridge, en honor a Jean Baptiste Point DuSable, fundador de la ciudad de Chicago.

Se trata de un puente basculante de dos niveles que facilita el paso tanto de vehículos como de peatones y está considerado monumento nacional desde 1977 por su localización, ya que su parte norte cubre parte del asentamiento de DuSable y la sur se localiza sobre el Fort Dearborn, construido en 1803.

Comenzó a construirse en 1918 y, aunque se abrió al tráfico en 1920, no quedó concluido en el aspecto decorativo hasta 1928, cuando se añadieron esculturas que representan escenas de la historia de Chicago. Además, cuenta con 28 astas de bandera que alternan las de Estados Unidos, Illinois y Chicago.

Originalmente el puente se llegaba a abrir unas 3000 veces al año para facilitar el tráfico fluvial, sin embargo, desde la década de 1970 se decidió programar en primavera y otoño para que se levantara únicamente dos veces a la semana y así permitir el paso de los veleros.

Desde este lado del río nos adentramos en el Loop y podemos observar los rascacielos de la otra orilla, además de la propia. En 75 East Wacker Drive por ejemplo destaca la Mather Tower, monumento histórico de la ciudad y también conocida como The Inverted Spyglass.

Se trata de una torre octogonal en estilo neogótico de 21 pisos sobre otra torre rectangular de 20 alturas que fue la sede de la Mather Stock Car Company. Construido en terracota, fue el edificio más alto de Chicago para su inauguración en 1928.

En el año 2000 fue comprado por la Masterworks Development Corporation, empresa que la renovó por completo pues en los últimos años se había deteriorado considerablemente y suponía un riesgo para la seguridad de los viandantes, ya que la terracota de la fachada se estaba desprendiendo. Hoy alberga el River Hotel en la parte inferior y alojamientos de Club Quarters en la superior.

Próximo a esta torre se alza el Jeweler’s Building, construido entre 1925 y 1927.

Es un edificio de 40 plantas y 159 metros de altura, lo que lo convirtió en el más alto del mundo fuera de Nueva York. Durante los primeros 14 años contaba con la peculiaridad de que se podía acceder a los 23 pisos inferiores en coche gracias a un ascensor, algo que facilitaba la seguridad en un negocio en el que se mueve tanto dinero.

Si miramos al otro lado del río encontramos la asimétrica y acristalada Trump International Hotel and Tower, erigido en el solar que una vez ocupó el edificio del Chicago Sun Times.

Este rascacielos mide 423 metros con la antena, y 357 si contamos hasta la azotea, lo que lo convierte en el tercer edificio más alto de Estados unidos, detrás del One World Trade Center de Nueva York y la Torre Willis en Chicago. En sus 92 plantas alberga locales comerciales, aparcamientos, un hotel de cinco estrellas, varios restaurantes y 486 apartamentos de lujo.

Seguimos caminando por el Riverwalk y un poco más adelante, junto al siguiente puente, el IRV Kupcinet Bridge, se halla el Heald Square Monument.

Esta escultura de bronce representa a George Washington y los dos principales apoyos financieros de la Revolución Americana: Robert Morris y Haym Salomon.

De nuevo alzando la vista a la otra orilla encontramos uno de los rascacielos más conocidos de la ciudad, o mejor dicho, dos: las Marina Towers.

Estas torres de 179 metros de altura y planta circular son popularmente conocidas como las mazorcas de maíz. Fueron construidas en la década de los 60 como un complejo residencial  de apartamentos de alquiler que incluía entre sus instalaciones un cine, una bolera, tiendas, restaurantes, una pista de patinaje y una piscina. En 1977 se convirtió en una comunidad de propietarios.

Comparten un entresuelo desde el que se accede a cada una de ellas y tienen una distribución simétrica. Las plantas inferiores están destinadas como garaje. De hecho, se ven los coches asomar.

Al parecer hay unos aparcacoches profesionales que ya tienen calculadas al milímetro las dimensiones de las plazas, de forma que hay menos riesgo de que alguien patine y acabe en el río.

En la planta 20 de cada torre hay una lavandería y de la 21 a la 60 es donde se ubican los apartamentos, que tienen la peculiaridad de funcionar únicamente con energía eléctrica. Durante la época en que se construyeron la empresa eléctrica local, la Commonwealth Edison, facilitaba los transformadores gratis o a un precio bastante reducido siempre que el edificio fuera totalmente eléctrico. Así, en estas residencias no hay agua caliente ni aire acondicionado, sino que cuentan con unidades de refrigeración, calefacción y calentadores de agua.

En la última planta, en la 61, cuentan con una azotea.

Seguimos andando y en el siguiente puente nos encontramos una placa dedicada a la Familia Shuenemann y buscando en internet, encontramos la historia del Rouse Simmons.

A principios del siglo XX en Chicago se empezó a extender la costumbre de decorar el abeto en Navidad, en parte por la numerosa inmigración alemana que había ido llegando a la ciudad. El Capitán Herman Schuenmann surcaba en noviembre las frías aguas del lago para llegar a otras orillas donde encontrar estos árboles, y después, volvía a Chicago donde junto con su esposa Bárbara y sus hijas, los vendía y también regalaba a los más necesitados.

El 23 de noviembre de 1912 sin embargo una tormenta acabó con su vida y con la de la goleta (fue encontrada en 1971 a 50 metros de profundidad). Desde aquel fatídico naufragio ningún barco más se encargó de transportar los abetos para adornarlos en Navidad, aunque hoy en día en su honor el rompehielos Mackinaw se encarga de hacer un viaje por Chicago cargado de abetos para distribuir a los más necesitados en recuerdo del Capitán Santa.

Junto al puente de N La Salle Street se alza el Reid Murdoch Building.

Este edificio de color rojizo fue construido en 1914 para albergar oficinas y un almacén. Excepcionalmente fue usado como hospital el 24 de julio de 1915 cuando el SS Eastland volcó en el río frente al edificio.

Era simétrico, sin embargo, hoy en día se puede ver que su parte izquierda cuenta con una línea menos en su estructura. Esto se debe a que en 1930 se demolió parcialmente para la ampliación de la calle LaSalle.

En 1955 pasó a manos de la ciudad de Chicago, que comenzó a usarlo como espacio administrativo. Por ejemplo, albergó los Tribunales de Tráfico o la Oficina del Fiscal del Estado. Es Monumento Histórico desde 1975 y hoy acoge la sede de Encyclopædia Britannica.

Bajamos las escaleras del Riverwalk en busca de la parada del Water Taxi, lamentablemente parece que perdimos el último que iba a Chinatown (nuestra siguiente parada). El único que quedaba finalizaba una parada antes, por lo que no tenía sentido cogerlo, así que nos dirigimos a la parada de metro Lake para tomar la línea roja hasta Cermak-Chinatown.

Los barrios chinos suelen quedar delimitados por varias puertas, así que nada más salir del metro nos dirigimos hacia la Chinatown Gate, construida en 1974, cuando la comunidad ya estaba muy asentada y el barrio constituido.

Es un barrio chino de las afueras. A diferencia de los de Nueva York o San Francisco que están integrados más o menos en el centro de la ciudad, aquí por el contrario lo que predominan son grandes avenidas con construcciones de pocas plantas, ya sea con el local en la inferior y la viviendas arriba, o con el negocio ocupando todo el edificio.

En un principio, cuando en el siglo XIX comenzaron a llegar a Chicago, también buscaron el centro y vivían en el Loop. Sin embargo, poco después se mudaron a esta zona de Armour Square motivados por los elevados precios de los alquileres del centro y por la discriminación que sufrían. Este Chinatown no es turístico, no hay tiendas de recuerdos o de imitaciones. Es un barrio donde se asienta la comunidad china y, por tanto, tienen sus restaurantes, sus peluquerías, sus mercados, sus centros culturales…

Por ejemplo, destaca el Pui Tak Center, un edificio construido en 1928 para ser la sede de la asociación de comerciantes On Leong con un diseño tradicional chino. Con el tiempo se convirtió también en el lugar en que acogían a los inmigrantes que acababan de llegar al país.

Al asumir determinadas labores administrativas y de asesoramiento acabó convirtiéndose en casi un Ayuntamiento. Aunque no oficial. De hecho, el gobierno federal se hizo con el control del edificio, no sin reconocer antes la relevancia histórica y arquitectónica de la construcción.

Hoy en día es un centro cultural en el que se realizan diversas actividades educativas y de ocio.

El otro lugar de referencia en el barrio es la Chinatown Square, la plaza central.

Forma parte de un centro comercial y sirve como punto de encuentro para actividades de ocio, ya que es en ella donde se celebran diversos espectáculos de música y teatro así como festividades y eventos.

La plaza cuenta con un par de arcos de entrada decorados con imágenes orientales, con un escenario y con esculturas que representan los símbolos del zodiaco en todo su perímetro.

Se nos hacía de noche y llevábamos buena tralla, así que paseamos por el centro comercial abierto en busca de un restaurante donde comprar la cena para llevárnosla al apartamento.

Compramos arroz frito con gambas, fideos fritos con vegetales, cerdo al Szechwan, pollo al sésamo y Wanton en salsa de chile. Todo por $59.94.

Ya en el apartamento revisamos el plan del día siguiente y acordamos a qué hora fijar el despertador mientras cenábamos.

Y prácticamente después, cuando aún no habían dado ni las 10 de la noche, nos fuimos a acostar. El día había sido agotador.