Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 2 III: Recorriendo Chicago. Theatre District y Loop

Tomando rumbo oeste nos dirigimos al Theatre District, ubicado en pleno centro del Loop en el entorno de la Randolph Street. Hoy en día hay teatros por toda la ciudad, pero es en este barrio donde se concentran los históricos como el Cadillac Palace Theatre,el CIBC Theatre (antes The Private Bank Theatre) o el Goodman Theatre (el teatro sin fines de lucro más antiguo y grande de Chicago).

En el distrito también existieron otros como el demolido United Artists Theatre, el Woods Theater, el Garrick Theatre, el State-Lake Theatre y el Roosevelt Theatre. Aún así, se conserva el ambiente de luces de neón. Incluso el McDonald’s o los aparcamientos tienen su cartel adaptado.

El teatro más representativo es The Chicago Theatre, que abrió sus puertas en 1921 como parte de una gran cadena de opulentas casas cinematográficas, la Balaban y Katz. Fue todo un referente con su ambiente lujoso (tenía hasta aire acondicionado).

Durante sus primeros 40 años proyectó películas de estreno así como espectáculos en directo de jazz. Por él han pasado los mejores artistas de cada época y ha albergado importantes festivales de cine. También fue donde Ronald Reagan anunció su compromiso con Jane Wyman. Hasta 2008 era la sede en que se inauguraba el International Film Festival, pero desde esa fecha es el Harris Theater.

Su fachada neobarroca de terracota blanca imita un arco del triunfo. El interior bebe de la arquitectura francesa al copiar elementos del Segundo Imperio. Su vestíbulo copia a la Capilla Real de Versalles y su gran escalera imita a la de la Ópera de París.

Fue redecorado en 1933 y de nuevo en la década de los 50. Con la crisis de los 70 cambió de propietarios y la nueva empresa lo renovó en 1985 para actualizarlo a la nueva época, aunque manteniendo el diseño de 1930. Reabrió en 1986 con una actuación estelar de Frank Sinatra. Desde 2007 pertenece a Madison Square Garden Entertainment, que lo usa como lugar para obras teatrales, espectáculos de magia, conciertos, comedias y discursos.

Su icónico cartel horizontal es el típico que aparece en películas (por ejemplo en el título de la película Chicago, de Catherine Zeta-Jones y Renée Zellweger), series, obras de arte y fotografía. Tanto el letrero como el edificio han sido declarados históricos.

El panel original contaba tan solo con dos líneas de textos para anuncios, en 1923 se añadieron algunos elementos decorativos así como la palabra CHICAGO en sus tres lados. En 1949 se amplió el tamaño del panel y CHICAGO solo se mantuvo en la parte frontal. En 1994 el cartel se sustituyó por uno nuevo, pero se mantuvo el aspecto. El retirado se donó en 2004 al Smithsonian.

En la acera opuesta se halla el Teatro Oriental, inaugurado en 1926 como un palacio de películas de lujo. Fue construido en el mismo lugar en que se hallaba el Teatro Iroquois, en el que en 1903 un incendio acabó con la vida de 600 personas. Su diseño está influenciado por la arquitectura de la India, de ahí su nombre.

Durante sus primeros años proyectó películas, pero también acogió vodeviles. Sin embargo, a partir de los años 30 prácticamente quedó como cine, aunque de vez en cuando tenían lugar presentaciones en vivo y conciertos.

En la década de los 70 cayó en mal estado y no sirvió incluirlo en el Registro Nacional de Lugares Históricos en el 78, pues siguió deteriorándose hasta el punto de que tuvo que ser cerrado en 1981. En 1996 fue adquirido por una compañía canadiense que anunció que lo iba a renovar. Sin embargo, poco después se declaró en bancarrota y fue vendido. Finalmente volvió a abrir sus puertas en 1998 como Performing Arts Oriental Theatre, aunque sigue siendo conocido como Teatro Oriental.

En los últimos años ha acogido conocidos musicales de teatro como Wicked (2005-2009), que se convirtió en la producción teatral más popular de Chicago, la carrera pre Broadway de The Addams Family (2009-2010) o Billy Elliot (2010).

El callejón tras el teatro es conocido como Death Alley y la leyenda popular cuenta que es frecuentado por los fantasmas del incendio del teatro del 30 de diciembre de 1903.

Y en la calle que nos conduce el callejón nos encontramos con el Goodman Theatre, edificio al que se mudó la compañía en el año 2000. Se fundó en 1925 para homenajear al dramaturgo de Chicago Kenneth Sawyer Goodman, muerto en 1918 por una gripe. Fueron sus padres quienes lo promovieron tras donar $250.000.

El edificio no es muy llamativo desde el exterior, no así el Oliver Building, que se encuentra en la acera opuesta, en el número 159.

Construido entre 1907 y 1908 para albergar la sede de la compañía Oliver Typewriter, fue declarado Monumento Histórico de Chicago el 9 de mayo de 1984.

Sus ventanas con un cristal ancho central enmarcado entre otras más pequeñas y estrechas son características del estilo de la Escuela de Chicago. El marco de acero interno del edificio se puede apreciar claramente en la fachada. Queda decorado además por el adorno de hierro fundido que tiene grabado el nombre de la empresa así como motivos relacionados con las máquinas de escribir.

La estructura del edificio ha pasado por varias modificaciones. Los dos pisos superiores fueron añadidos en 1920 por los arquitectos originales. Más tarde, en la década de los 90, cuando el Teatro Oriental necesitó espacio, el Oliver Building se acondicionó para albergar oficinas y camerinos del teatro.

Desde allí nos dirigimos a la calle paralela, para ver el James R Thompson Center.

Fue inaugurado en mayo de 1985 como el Centro del Estado de Illinois, luego en 1993 se le cambió el nombre por el del exgobernador republicano de Illinois. En su interior alberga oficinas del gobierno del estado de Illinois.

Su fachada está cubierta con paneles de vidrio que no aíslan bien de las temperaturas externas. En verano se ha llegado a alcanzar los 32º y en invierno incluso llegó a formarse hielo en el interior de algunas placas. Esto se debe a que en lugar de construirse con paneles curvos dobles (similar al sistema de climalit) como estaba proyectado, se usaron unos sin aislamiento más económicos. Así que, abarataron los costes de construcción y en cambio ahora se necesita un potente sistema de aire acondicionado que no da abasto.

En su exterior se encuentra la escultura de arte Monument With Standing Beast de Jean Debuffet, conocida popularmente como Snoopy en una licuadora. Interpretación libre, supongo.

Muy cerca nos quedaba el Ayuntamiento de Chicago, construido en 1911 en estilo renacentista clásico. Declarado Monumento Histórico Nacional e incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos, alberga oficinas para el alcalde y concejales.

Destaca su tejado, donde en 2001 se instaló una azotea verde con 20.000 plantas de más de 150 especies. Lamentablemente, no está abierta al público.

Frente al ayuntamiento se encuentra la Daley Plaza, en la cual se alza el Richard J. Daley Center, originalmente llamado Chicago Civic Center pero que cambió su nombre una semana después de la muerte de Richard J. Daley, alcalde de Chicago.

Fue construido en 1965, y durante cuatro años fue el edificio más alto de la ciudad gracias a sus 198 metros. Cuenta con la peculiaridad de estar recubierto por un acero resistente a la intemperie. Mantiene el tono rojizo gracias a una capa que evita posibles degradaciones como consecuencia del paso del tiempo o de la climatología, por lo que no necesita mantenimiento.

Alberga más de 120 salas de audiencias y tribunales, así como la Biblioteca de Derecho del Condado de Cook y varias oficinas de secretarios y alguaciles.

La plaza también cuenta con una fuente y una llama eterna a los caídos de las guerras mundiales, la de Corea y la de Vietnam. Pero si hay algo que domina la plaza es la escultura de Picasso titulada “Untitled” y conocida como “The Picasso”.

Mide 15 metros y data de 1967, una época en la que se comenzó a colocar obras de arte en las plazas para darle algo de color a las zonas rodeadas por rascacielos. Fue un encargo, sin embargo, Picasso se negó a cobrar por su trabajo, y se lo regaló a la ciudad.

De unos años más tarde data “The Sun, the Moon and One Star“, de Joan Miró, que se encuentra justo enfrente, en la Brunswick Plaza.

Mide 12 metros y está hecha de acero, malla de alambre, hormigón, bronce y baldosas de cerámica.

Y tras este recorrido por el Distrito de los Teatros y la zona del ayuntamiento, tomando la calle Madison salimos a un lateral de la Chicago Public Library Foundation, un edificio de corte clásico decorado con un mural.

Desde ahí seguimos el borde del parque hasta llegar a la Prudential Plaza, en cuyos bajos se encuentra el restaurante Giordano’s, donde íbamos a hacer nuestra parada para comer (que ya iba siendo hora).

Este restaurante tiene fama por ser el que mejor prepara el plato estrella de Chicago, la deep dish pizza. Aunque se inventó en Pizzería Uno.

Esta pizza tiene la peculiaridad de que se parece más a un pie que a una pizza, ya que la masa sube por los laterales fácilmente unos 10 centímetros y los ingredientes quedan debajo. El orden en concreto de abajo a arriba es queso, ingredientes y tomate. Pero como una imagen vale más que mil palabras…

Había gente en las mesas de alrededor ya comiendo, así que echamos un ojo para valorar si nos pedíamos una mediana o dos pequeñas. Sin embargo, al final optamos por una ensalada (que venía servida en una fuente) y una pizza pequeña. Y la verdad es que fue buena opción, porque al tener tanta profundidad, llena muchísimo.

La ensalada, la pizza y las bebidas nos costaron $40,92. Eso sí, sin propina, ya que nos acabamos cansando tras esperar más de 5 minutos al camarero para que volviera a pasar la tarjeta con el importe de propina.

Y claro, no podía faltar el postre, pero cambiamos de local. Esta vez los golosos eligieron el Nutella Café de la Michigan Avenue, no apto para diabéticos.

Se decantaron por una crêpe y dos de tortitas. Todo por $22,63. Sale más rentable pedir otra pizza, la verdad.