Aprendiendo fotografía: El triángulo de la luz I

Cuando se planteó el dilema de cambiar de cámara compacta a una reflex, lo primero sobre lo que me mentalicé (entre muchas más cosas) es que tenía que aprender algo de fotografía. Porque, ¿para qué quieres una cámara con tantas opciones si luego vas a usar el modo automático o los predefinidos como en una compacta? No parece tener mucho sentido. Pero claro, meterse de lleno en un modo manual me parecía un mundo, así que tomé el camino del medio: los modos semimanuales. Ahora bien, ¿cuál uso? Pues ahí estaba la primera lección que tenía que aprender: el triángulo de la luz.

Empecemos como el principio, como buena novata.

El triángulo de la luz está compuesto por tres elementos interrelacionados entre sí: la apertura del diafragma, la velocidad de obturación y la ISO. Cualquier cambio en uno de los tres factores, afecta a los otros dos, por lo que hay que tener cuidado a la hora de elegir los parámetros. Para que el asunto no sea tan complicado, la cámara nos permite elegir un modo semimanual, como comentaba más arriba. Así, podemos centrarnos en uno de los tres y dejar a la máquina que compense los otros dos.

De esta forma, si giramos la ruleta al modo A (en una nikon), controlaremos la Apertura del diafragma, el primer factor del triángulo.

El diafragma funciona similar al iris del ojo, por lo que a mayor diámetro (cuanto más abierto esté), más luz entrará. Hasta ahí todo bastante claro y sencillo. Sin embargo, a la hora de elegir el valor, me costaba entenderlo y lo que realmente me ayudaba era ver que en la cámara, cuando me movía entre las opciones, a medida que variaba la cifra, también iba abriéndose o cerrándose el objetivo. Es decir, no me fijaba en los números. Y es que el valor de apertura se mide en f/, y cuanto más bajo sea dicho número que lo acompaña, más luz entrará.

Después, a medida que me he ido familiarizando con la cámara, también lo he hecho con el la escala. Podríamos decir que sigue el siguiente patrón “estándar”: f/1, f/2, f/4, f/8, f/16, f/32, etc. y se calcula dividiendo entre dos la cantidad de luz que entra a través del objetivo (f/8 en realidad sería 1/8). Por eso f/1 es abierto y a medida que aumentan los números, se va cerrando. Ahora parece obvio, claro.

Sin embargo, ahí no queda la cosa, pues además de estos pasos enteros “estándar”, también hay unos intermedios no universales (f/1.4, f/2.8, f/5.6, f/11, f/22, etc.) que también van dividiendo entre dos el valor anterior y se incorporaron con el tiempo a medida que el mundo de la fotografía ha ido evolucionando.

Este rango de valores (tanto los enteros como los intermedios) no va a venir determinado por la cámara, sino por la luminosidad del objetivo, que es donde está el diafragma. Y normalmente las lentes fijas suelen ser más luminosas que las zoom. Por ejemplo, si comparamos el 18-55mm que venía con la cámara (ese que los profesionales llaman el “pisapapeles” pero que hace el apaño cuando eres principiante) con el 50mm, vemos que cada uno tiene unos valores sobreimpresos diferentes.

Por un lado en el zoom podemos leer 18-55mm 1:3.5-5.6, lo que quiere decir que su apertura máxima dependerá de si estamos en 18mm o 50mm. Esto es, en los 18 será de f/3.5, mientras que en los 50 lo será de f/5.6.

Por su parte, en el 50mm figura 1:1.8, lo que significa que su valor máximo es f/1.8.

Así, comparando ambos, comprobamos el objetivo fijo es más luminoso que el zoom, ya que f/1.8 significa una mayor apertura de diafragma que f/3.5 (en su mejor caso). Este valor no solo sirve para comparar lentes de diferente focal, sino incluso para comparar aquellas que son de un mismo rango.

Una vez claro el concepto y el rango de apertura que nos permite el objetivo en cuestión, podemos comprender cómo jugar con la profundidad de campo, un concepto estrechamente relacionado con la apertura del diafragma. Y es que a medida que la apertura sea mayor (f/pequeño), menor profundidad habrá. Es decir, la imagen resultará enfocada en un primer plano, pero se irá difuminando en la lejanía. Yo esto lo entendí claro a la inversa: cuanto menor sea la apertura, mayor distancia de enfoque. Cualquier miope sabe que sin gafas enfoca mejor achinando los ojos.

Así, no solo elegiremos el f/x en función de la luz que queramos que entre, sino también según el tipo de fotografía que estemos realizando. Es decir, no será lo mismo un retrato en el que lo que pretendemos es focalizarnos en la persona, que un paisaje, donde lo que queremos es algo más general. No obstante, aunque la profundidad de campo depende en gran medida de la apertura del diafragma, también lo hace de otras dos variables: la distancia focal (las dioptrías de la lente) y la distancia con respecto a lo que estamos fotografiando (no es lo mismo situarse a dos metros del sujeto a fotografiar que a dos centímetros).

Es lo complicado de la fotografía, que todo está interrelacionado y hay que asimilar conceptos para entender cómo influyen unos en otros. En próximas entradas conoceremos la velocidad de obturación y la ISO.