Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 4 III: Recorriendo Toronto II: Old Toronto

Dejando atrás el Graffiti Alley salimos a una de las calles principales, la Queen Street. En todo este tramo conocido como Queen West abundan las tiendas de ropa (tanto de marcas conocidas como de otras más alternativas), de antigüedades, bares, cafeterías, clubes nocturnos los locales de música, de artes visuales, de tatuajes, peluquerías, e incluso de hierba. Porque sí, Toronto huele a porro.

Aunque la legalización de la Marihuana se aprobó en junio de 2018 (faltaba mes y medio para ello aún), ya desde noviembre de 2017 en Ontario se permitía su venta. Eso sí, en las OCS (Ontario Cannabis Store), unas tiendas oficiales contra las que claman otras locales como la de la imagen porque no deja de ser un monopolio. Esta ley era una de las promesas del Primer Ministro Justin Trudeau, y pretende que, al quedar en manos del Estado, no esté al alcance de los menores y que el crimen organizado no se lucre con su producción y venta.

Volviendo a la Queen Street, esta calle no siembre se ha llamado así. Durante sus primeros sesenta años muchos tramos se conocían como Lot Street, fue en 1837 cuando se le cambió el nombre en honor a la Reina Victoria.

A lo largo de la calle nacen diferentes barrios que en origen fueron asentamientos de grupos étnicos o nacionalidades. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX en la zona entre Queen Street West y Bathurst Street se mudaron los irlandeses; entre 1890 y 1930 llegaron los judíos a los aledaños de donde se encuentra la Universidad; en el cruce con Bay Street se desarrolló en la década de los 30 un barrio chino, también llegaron polacos y ucranianos y entre 1950 y 1970 portugueses. En las últimas décadas sin embargo, la zona se ha revalorizado debido a su ambiente alternativo y muchos residentes se han ido mudando a las afueras por los precios prohibitivos de los alquileres.

Ya en el cruce con John Street va dejándose ver en la distancia la CN Tower, como junto a la sede de Bell Media, desde donde operan canales de televisión como la CTV.

En el cruce con la University Avenue nos encontramos con la Campbell House, una casa construida en 1822 para el presidente del Tribunal Supremo de Canadá, Sir William Campbell, y su mujer Hannah. Hoy convertida en museo, es uno de los escasos ejemplos que han llegado hasta el presente de la arquitectura georgiana en Toronto.

Originalmente no se encontraba en esta ubicación, sino en lo que ahora es la intersección de las calles Adelaide y Frederick. Tras la muerte de los dueños, fue subastada y pasó por diferentes propietarios, pero siempre como residencia privada hasta finales del siglo XX, cuando se convirtió en espacio de oficinas y fábrica. En 1972 la empresa dueña de la propiedad, la Coutts-Hallmark Greeting Cards Company quiso demolerla para ampliar su aparcamiento, pero la asociación Advocates Society lanzó una campaña para salvarla y fue entonces cuando se trasladó al actual emplazamiento junto al edificio Canada Life. Fue inaugurada tras su restauración el 1 de abril de 1972 por la Reina Madre.

En el bulevar que discurre entre ambos sentidos de la University Avenue y frente al edificio de la Canada Life, se erige el South African War Memorial, un monumento conmemorativo de la participación de Canadá (entre 6000 y 8000 canadienses se ofrecieron voluntarios para luchar por Gran Bretaña contra los Afrikaners) en la Guerra Boer (1899 – 1902).

Consta de una columna de granito coronada por una figura alada realizada en bronce que sostiene una corona de oro y representa a Gran Bretaña. A sus pies tiene otro conjunto de estatuas que simbolizan los soldados canadienses.

Dejamos atrás la Queen Street y atravesamos entre los juzgados y el Osgoode Hall, el lugar en que se encontraban las armerías de la universidad entre 1891 y 1963, cuando fueron finalmente demolidas. Fue donde se entrenaron miles de voluntarios que lucharon en las guerras de Suráfrica, Corea así como las dos mundiales.

Nos encontramos con un grupo escultórico bien significativo donado por la Asociación de Abogados de Toronto en la celebración del 125 aniversario de su fundación en 1885. Por un lado tenemos la Carta Canadiense de Derechos y Libertades.

Queda simbolizada por dos libros, uno tumbado y otro de pie, en cuyo lomo reza en inglés y francés “La prioridad de la Ley es un reflejo de todos nosotros”. Esta carta garantiza, como libertad fundamental, que todo el mundo tiene la libertad de pensamiento, credo, opinión y expresión.

Así, junto a esta escultura se hallan otras dos enfrentadas que representan la Libertad de Expresión y de Religión. La Libertad de Expresión está representada por una mujer que, con unos papeles en su mano izquierda, parece estar dirigiéndose a una multitud.

Por otro lado, la Libertad de Religión es un hombre que porta en lo alto una esfera en la que se reflejan los símbolos de las principales religiones del mundo.

Más adelante, junto al Palacio de Justicia de Ontario, se halla otro monumento relacionado con las leyes, se trata de la estatua Equal Before The Law (Igualdad ante la Ley).

Se trata de una tabla en cuyos extremos se sitúan un león y un cordero. Aunque el primero es más grande y más pesado que el segundo, la tabla balanza está equilibrada simbolizando que todos somos iguales ante la justicia, que independientemente del poder o la debilidad de uno u otro, la ley tratará a ambos por igual.

El texto que aparece en la base tanto en francés como en inglés se corresponde con una frase de la Carta Canadiense de Derechos y Libertades.

Enfrente se halla el Churchill Memorial, un espacio dedicado al político británico del partido conservador. Se trata de una estatua del Primer Ministro en su pose más recordada y alrededor una serie de paneles en la que se relatan datos de su vida. Por supuesto desde un punto de vista bastante ensalzador, ya que se trata de una donación de la Sociedad Internacional de Churchill.

Detrás hay otro pequeño monumento, el de la Peace Through Valor (La paz gracias al valor).

La escultura conmemora a los 93.000 soldados canadienses que participaron en la campaña italiana de la II Guerra Mundial. Hace referencia a la batalla de 1943 en la que las Fuerzas Canadienses consiguieron liberar la ciudad de Ortona de la Alemania nazi.

Fue donada por la comunidad italo-canadiense y representa en un mapa 3D las secuelas que dejó la guerra en la ciudad italiana tras la batalla. En cada una de sus esquinas se erige vigilante un soldado canadiense.

No es muy alta para que se pueda visualizar bien desde arriba.

Seguimos con nuestro paseo hasta Nathan Phillips Square, que con un área de 4,85 hectáreas es la plaza más grande de Canadá. Fue inaugurada en 1965 en honor al que fuera alcalde de Toronto de 1955 a 1962.

Se construyó en un área que había formado parte del barrio en el que se habían asentado los inmigrantes llegados entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Para ello se expropiaron y demolieron casas, tiendas y restaurantes en la década de los 50.

Fue concebida como un gran ágora donde conviviera la vida política y pública de la ciudad, con un concepto de espacio abierto del que pudieran disponer los ciudadanos. Así, a lo largo de todo el año acoge conciertos, muestras de arte, el mercado semanal de agricultores, el festival de luces de invierno, la fiesta de fin de año y otros eventos públicos, incluidos mítines y manifestaciones, pues es donde se erige el Ayuntamiento.  Además, en ella se encuentra un estanque que en los meses de invierno se convierte en una pista de patinaje sobre hielo, el Jardín de la Paz (como recuerdo al bombardeo de Hiroshima), un escenario permanente y varias esculturas.

El estanque (que encontramos vacío) queda encuadrado bajo tres arcos de hormigón conocidos como los Freedom Arches. Fueron colocados en 1989 para conmemorar a aquellos que lucharon para obtener o defender la libertad.

Junto a él se alza el cartel iluminado con las letras de Toronto. Fue instalado durante los Juegos Panamericanos de 2015 y se pensaba reubicar a finales de año, tras la celebración. Sin embargo, gustó tanto a locales y a turistas que se decidió que se mantuviera en el lugar.

Tras las letras se erige el rascacielos del Toronto City Hall, la sede del ayuntamiento de Toronto. De estilo modernista, es el cuarto ayuntamiento de la ciudad. Nació de la necesidad de albergar el creciente gobierno municipal de la década de los 40. Para elegir el diseño se llevó a cabo un concurso internacional en el que participaron arquitectos de 42 países. Finalmente fue seleccionado el del finlandés Viljo Revell, quien murió antes de que estuviera terminado.

La base del edificio es rectangular y cuenta con dos torres curvas que se elevan a diferentes alturas: una de ellas mide casi 100 metros y cuenta con 27 plantas mientras que la otra se alza hasta los 80 y tiene 20 pisos. Entre ambas se encuentra la cámara del consejo, que tiene forma de platillo, algo que no gustó en el momento de la inauguración, ya que se consideraba demasiado futurista. Supongo que por recordar a un ovni.

El ayuntamiento al que sustituyó es el que se encuentra tras los arcos del estanque. Sirvió como sede municipal entre 1899 y 1965. Actualmente acoge las Cortes Judiciales municipales de Toronto.

La plaza fue renovada en 2014, momento en que se aprovechó para añadir una terraza en la azotea, un restaurante con comedor en la terraza, un pabellón de información turística de cristal, un escenario bajo un techo acristalado, el paisajismo que enmarca el perímetro… También se renovó el Jardín de la Paz y se añadió la llama eterna y el estanque.

Se aprovecharon las obras para hacerla además más sostenible. Así, se mejoró el suelo para la plantación de árboles, se renovó el entorno peatonal, se creó una estación ciclista y se rediseñó el control de luces para que fuera más eficiente energéticamente.

Y de plaza a plaza, ya que abandonamos la Nathan Phillips para dirigirnos a la Dundas Square.

Vendría a ser como el Times Square de Nueva York o Piccadilly Circus en Londres. Una pequeña plaza rodeada de tiendas, centros comerciales, llamativos carteles publicitarios y enormes pantallas de televisión.

Fue concebida en 1997 como parte de la revitalización del cruce Yonge-Dundas y se finalizó en 2002. Desde entonces ha acogido numerosos eventos públicos, espectáculos y muestras de arte y se ha establecido como uno de los puntos de referencia y una de las principales atracciones turísticas de la ciudad. Al parecer es la intersección más activa de todo Canadá, aunque a mí no me pareció para tanto, la verdad. Sí que había actividad, pero no era Sol en Navidades.

En uno de los laterales de la plaza hay una serie de fuentes. En concreto se trata de dos filas de diez fuentes que fueron diseñadas para interaccionar con ellas. Los 600 chorros están programados para ir cambiando cada poco tiempo. Suelen funcionar las 24 horas al día desde mediados de abril hasta finales de octubre.

Alrededor de la plaza podemos encontrar el edificio Citytv, una torre de medios, unos cines o el Toronto Eaton Center, el principal centro comercial de Toronto y uno de los más grandes y famosos del mundo.

Estaba atardeciendo y aún nos quedaban cosas por ver, por lo que seguimos dirección a la Basílica Catedral de San Miguel, una de las iglesias más antiguas de la ciudad.

Comenzó a construirse en 1845 gracias sobre todo a la financiación de inmigrantes irlandeses que residían en la zona. Sigue un estilo gótico siglo XIII o XIV, aunque está simplificada y no cuenta con arbotantes o bóvedas de crucería. Asimismo, tampoco tiene la típica forma de cruz de la mayoría de las catedrales góticas medievales. Cuenta con una torre de unos 80 metros coronada por una gran aguja de hierro que fue construida entre 1865 y 1867.

El interior de la catedral está diseñado para crear 5 espacios designados: un vestíbulo, un balcón, un pasillo central, un pasillo a la izquierda y un pasillo a la derecha. Sin embargo, no pudimos entrar porque estaba en obras.

Y de una iglesia a otra, pues la Metropolitan United Church está muy cerca de la anterior.

Mientras que la Catedral de San Miguel es católica, esta pertenece a la Iglesia Unida de Canadá que incluye a los metodistas, presbiterianos y congregacionalistas. Fue construida en 1872 y su servicio inaugural tuvo lugar en 1874.

En 1928 casi acaba reducida a cenizas por el fuego. Gracias a las donaciones de la familia metodista Massey se reconstruyó rápidamente manteniendo el mismo diseño.

Destaca su torre de 54 campanas. En un principio contaba con 23 campanas que Chester D. Massey dedicó a su mujer. Así, tienen grabada la inscripción  “Que el espíritu del Señor llegue al corazón de todos allá donde se escuche el sonido de estas campanas”. En 1960 Charles W. Drury y su esposa donaron doce campanas más pequeñas y en 1971 fue cuando alcanzó el número actual.

Parece ser que es una iglesia progresista y que colabora activamente con la comunidad LGTBI de Toronto.

Y no hay dos sin tres. Casi en un tres en raya tenemos el tercer edificio religioso. En la intersección de Church con Adelaide se erige la Catedral de St. James, anglicana.

Fue construida entre 1850 y 1853 en estilo neogótico. Aunque ya en 1797 se estableció una parroquia en el entonces pueblo de York. En 1807 se levantó la primera iglesia de madera y en 1818 se amplió añadiéndole además un campanario. En 1833 se derribó la estructura de madera y en su lugar se construyó una de piedra en estilo neoclásico que acabó incendiándose en 1839. Tuvo que ser reconstruida y cuando volvió a abrir lo hizo ya como catedral. En 1849 quedó destruida en el primer Gran Incendio de Toronto  y tras un concurso fue finalmente cuando se erigió la que vemos hoy en día.

Al menos lo que es la estructura, ya que hasta 1873-1874 no fueron completados la torre y la aguja, los transeptos y los pináculos así como los remates. Se convirtió entonces en el edificio más alto de Canadá y era lo primero que veían los inmigrantes cuando llegaban en tren a la antigua Union Station.

La torre y la aguja con sus 93 metros han permanecido como las más altas de Canadá y las segundas más altas de América del Norte después de la Catedral de San Patricio en Nueva York.

Prácticamente enfrente se halla el St Lawrence Market, un mercado que tiene 200 años de antigüedad y que tiene la fama de ser uno de los mejores y más completos mercados de alimentos del mundo. Sin embargo, la luz seguía bajando y se nos hacía tarde. Como al día siguiente amenazaba lluvia, pasamos de largo y lo dejamos para un momento en que no pudiéramos estar en exteriores.

Continuamos entonces por la Wellington Street, una calle llena de locales de venta autorizada de alcohol, bares, pubs y restaurantes hasta el Gooderham Building.

Este histórico edificio de oficinas también es conocido como Flatiron Building. Construido en 1892 con ladrillos rojos destaca sobre el resto de rascacielos del distrito financiero que se intuyen tras de él, incluida la CN Tower.

Fue diseñado por el arquitecto David Roberts, Jr para el destilador George Gooderham Sr., hijo de William Gooderham, fundador de la destilería Gooderham and Worts. Fue la oficina de la destilería hasta 1952. La familia lo vendió cinco años más tarde y tras pasar por varios propietarios hoy está administrado por The Commercial Realty Group.

En su parte trasera, más ancha, esconde un curioso mural que se puede ver desde el Berczy Park, un parque que lleva el nombre de William Berczy, arquitecto y topógrafo, que trabajó con John Graves Simcoe en la fundación de York. Fue inaugurado en 1980 ocupando el lugar que previamente era un aparcamiento.

En 2015 se renovó plantando más árboles y reemplazando la fuente original por una más grande que consta de dos niveles e incorpora 28 esculturas (27 perros y 1 gato). Mientras que los perros miran hacia un gran hueso en lo alto de la fuente, el gato sigue la pista a dos pájaros posados en una barra de la  farola que está detrás de la fuente (hay un segundo gato encaramado en una caja eléctrica en la esquina suroeste del parque).

Por la época que era se encontraba apagada, pero cuando está en funcionamiento brota agua de la boca de cada perro. Además, a ras de suelo tiene un canal que proporciona agua potable a los perros de verdad y en un extremo de la plaza hay un arenero para que hagan sus necesidades.

Seguimos dirigiéndonos hacia la zona financiera. En la manzana de Front, Wellington y Yonge nos encontramos el Hall of Fame, un museo y salón de la fama de la historia del hockey sobre hielo, uno de los deportes estrella de Canadá.

Hicimos una última parada en el Toronto Dominion Centre, un complejo de edificios que alberga entre ellos el Toronto-Dominion Bank. También conocido como TD fue proyectado por el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe (el mismo del Federal Centre de Chicago) y consta de seis torres revestidas en cristal tintado de color bronce y acero negro.

La mayor atracción es, sin embargo, que si te posicionas bien, puedes ver la CN Tower entre los edificios de la plaza.

Y hacia allá que nos dirigimos.