Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 5: Recorriendo Toronto: Casa Loma, Museum y Universidad

Amaneció un nuevo día en Toronto y por el momento era seco. Si bien es cierto que estaba nublado y que parecía que se iban a cumplir las previsiones de lluvia. Sabíamos que nos podía pasar, puesto que las precipitaciones se distribuyen a lo largo del año de forma bastante regular. El clima de Toronto comparado con los estándares canadienses es bastante suave gracias a su localización dentro del país y a la proximidad al Lago Ontario, no obstante, veníamos de un invierno frío en el que en lugar de la media de -10ºC habían llegado a registrar hasta -20,6. Y eso en termómetro, ya que que la sensación térmica es inferior debido al viento. Es curioso, porque sin embargo en los veranos se llegan a alcanzar incluso los 35º. Así que sin duda lo mejor es primavera u otoño para no estar en ninguno de los extremos.

Nuestro plan del día consistía en comenzar por lo más lejano y de ahí ir aproximándonos al centro, donde, si llovía, podríamos resguardarnos en algún centro comercial, mercado, museo… Y el primer punto de nuestra ruta estaba a unos 4,5 kilómetros, así que tocaba coger transporte público.

El TTC (Toronto Transit Comission) cuenta con metro, buses, tranvías y trenes. Lo que mejor nos venía para nuestro destino era el metro, que, inaugurado en 1954, fue el primer sistema de metro de Canadá. Tiene una extensión de 70 kilómetros de vía repartidos en cuatro líneas que operan entre las 06:00 y la 1:30 de la madrugada. El sistema de transporte público de la ciudad es el tercero con mayor uso en América del Norte, sólo por detrás de los de Nueva York y Ciudad de México.

En este caso no nos convenía ningún tipo de pase diario o semanal (que funciona similar al de San Francisco con su cartulina y su rasca y gana), pues prácticamente nos íbamos a mover a pie. Así que directamente fuimos a por los billetes sencillos, un sistema muy parecido al de San Petersburgo, ya que funciona con tokens.

Estas pequeñas fichas de aluminio se compran en máquinas automáticas (sólo con dinero en efectivo) o en las taquillas del metro. Se venden en múltiplos de tres (algo muy peculiar) por $9 y no tienen fecha de vencimiento.  En lugar de pasar por los tornos, has de pasar al lado de la ventanilla, ya que es ahí donde tienen una especie urna de metracrilato y donde hay que depositarlos.

Al tener este sistema, si después al salir quieres hacer trasbordo, no tienes nada que acredite la hora de entrada (de hecho no sé cómo lo harán los revisores del metro, lo mismo ni hay), así pues, nada más pasar los tornos hay que coger un ticket de unas máquinas rojas que sirve como justificante durante una hora desde que se obtiene. Nosotros lo cogimos por si acaso y nos dirigimos al metro.

El metro de Toronto cuenta con 3 líneas. La línea amarilla es quizá la más útil para el visitante, ya que conecta el norte de la ciudad con el centro con paradas en la mayoría de los puntos de interés de la ciudad: CN Tower, el Rogers Centre y el Ripley’s Aquarium, el St. Lawrence Market y el Hockey Hall of Fame, Dundas Square, CF Toronto Eaton Centre, City Hall y Nathan Phillips Square, el Royal Ontario Museum o Casa Loma.

Ya había pasado la hora punta, por lo que no iba muy lleno.

Lo tomamos en dirección norte. Nuestra parada era St. Clair West, en pleno barrio de Wychwood Park. Este distrito destaca por ser una de las primeras comunidades que se asentaron en Toronto. En 1985 quedó protegido dentro de la Ontario Heritage Conservation gracias a su arquitectura.

Atravesamos el parque y nos dirigimos hacia Casa Loma, una casa señorial que más bien parece un castillo.

Fue construida en 1914 por el multimillonario Henry Mill Pellatt, fundador de la Compañía de Luz Eléctrica de Toronto. Parece que le sobraba el dinero e intentó copiar el castillo de Balmoral en Escocia. De hecho en sus torreones se pueden ver tanto el león (símbolo inglés) como el unicornio (escocés).

Pellatt le dio este nombre en español precisamente porque se encuentra en una loma a 140 metros sobre el nivel del mar. Cuenta con 6011 m² y 98 habitaciones, lo que la hizo convertirse en aquella época en la mayor residencia de Canadá. Y precisamente, estas dimensiones desorbitadas llevaron al dueño a la ruina en 1924, ya que era incapaz de asumir los altísimos gastos de mantenimiento. Ya lo dijo Aguirre, cuesta luego mucho poner la calefacción… Finalmente en 1933 pasó a manos del Ayuntamiento y en 1937 fue abierta como museo.

Casa Loma se divide en cuatro plantas. En la planta inferior se encuentra el acceso al túnel que conecta la casa con otras dependencias, la piscina, la tienda de recuerdos (que en su día estaba pensada como bolera), la cafetería (proyectada como sala de ejercicios) y una bodega. En la planta principal se halla en el centro el Gran Salón, que junto con la biblioteca tienen salida a la terraza del jardín. Además podemos encontrar el comedor, una sala para servir la comida, el estudio del señor Pellatt, la sala de fumadores (solo para hombres, claro) así como el billar.

En el segundo piso estaba dedicado para las habitaciones, tanto la del marido como la de la mujer, así como sus respectivos baños. Además, tenían un dormitorio para invitados. Finalmente en la última planta se puede visitar la armería, ya que el señor Pellatt era militar, algún dormitorio más, las habitaciones del servicio y la torre.

Casa Loma pasó por importantes tareas de restauración en su exterior entre 1997 y 2012.

Lo primero que se construyó fue The Hunting Lodge, las dependencias del servicio, un edificio con 407 m² y dos pisos separada del edificio principal. La casa, el Hunting Lodge y los establos quedan conectados mediante un túnel subterráneo.

Los establos ya de por sí son impresionantes, son otro castillo más.

Durante la II Guerra Mundial los establos se usaron para ocultar la investigación y producción de dispositivos sonar. Gracias a que se colocó un letrero de obras, las instalaciones pasaron desapercibidas.

Junto a Casa Loma se hallan los Baldwin Steps, que salvan el desnivel de 23 metros de altura que una vez fueron los acantilados del Gran Lago glacial Iroquois. A partir de aquí, todo lo que se extiende Toronto estuvo alguna vez bajo el agua. En 1915 en estos escarpados acantilados se construyó una escalera por la calle Spadina para reemplazar una de madera anterior. Las que vemos hoy en día de piedra y hormigón datan de 1987.

A finales del siglo pasado se vieron amenazadas por la planificación de la autopista y un túnel, sin embargo, los vecinos consiguieron parar el proyecto en 1971. Poco después, en 1980, se construyó la línea de metro bajo ellas. Desde 1984, y durante 99 años, la provincia de Ontario se las ha cedido a Toronto.

Llevan el nombre de la familia Baldwin, que incluía al exprimer ministro de Ontario Robert Baldwin, los primeros terratenientes del área.

En sí no es que llamen mucho la atención, es más lo que significan y las vistas que ofrecen de la ciudad, ya que se alcanza a ver parte de Toronto con la CN Tower tomando protagonismo.

Tomamos la Calle Spadina en dirección al metro y me llamaron la atención las inscripciones en la acera cada veinte metros bajo las farolas. Se trata de la cronología de la historia natural y cultural de Toronto.

Hay siete palabras escritas en bronce: Iroquois, Furrow, Survey, Avenue, Power, Dairy y Archive.

Tomamos el metro en Dupont aunque realmente nos bajaríamos en la siguiente estación, en Museum. Y es que esta estación, aparte de por su localización, nos interesaba por su decoración bajo tierra.

Inaugurada el 28 de febrero de 1963, fue renovada en 2008 añadiendo unas columnas inspiradas en las Primeras Naciones de Canadá, el Antiguo Egipto, la cultura tolteca de México, la cultura tradicional de China y la Antigua Grecia. Según The Guardian es una de las diez estaciones de metro más bellas del mundo (donde no puede faltar San Petersburgo). También se añadió el panel metálico con inscripciones de jeroglíficos incrustados como el que podemos ver sobre estas líneas.

La salida de la estación nos conduce al Royal Ontario Museum (ROM), el mayor museo de Historia Natural del país y que sirve como referencia cultural de la ciudad. Fue fundado en 1912 e inaugurado en 1914 y perteneció a la universidad hasta 1968. Hoy es independiente, aunque ambas instituciones realizan proyectos juntos.

Cuenta con más de 40 galerías en las que se exponen unos seis millones de objetos. Contiene una importante colección de dinosaurios, arte africano y de Oriente Próximo, arte de Asia oriental, Historia Europea y de Canadá. También tiene meteoritos y minerales así como una colección de fósiles de más de 150.000 especímenes.

Pronto el edificio se quedó pequeño, por lo que tuvo que ser ampliado en 1933. En 1964 se añadió un planetario y en 1975 un atrio de varios niveles. Tres años más tarde se comenzaron las obras para unas nuevas galerías con forma de terraza y un nuevo centro de interpretación que acabarían inaugurándose en 1984. Finalmente, entre 2005 y 2007 se completó el último anexo. Y claro, de ahí la variedad de estilos. En primer lugar tenemos una construcción de neo-románica en piedra con sus cristaleras y un pórtico.

Hasta aquí bien. Más o menos lo que esperarías de un museo: un edificio historicista, robusto… Sin embargo, cuando giramos la esquina nos encontramos con el añadido modernista que hace abrir grandemente los ojos.

Estamos en el siglo XXI y además del contenido, importa el continente. Parece que los museos no tienen que destacar solo por sus exhibiciones, sino también por su propio edificio. Y cuanto más extravagante, mejor. Así, en 2002 se propuso un concurso que ganó el arquitecto Daniel Libeskind.

Esta estructura conocida como Crystal está realizada en acero sobre el que hay un 75% de aluminio y un 25% es cristal.

Frente al museo, en la intersección de Bloor Street y Avenue Road, se alza la Iglesia del Redentor, un templo de estilo neogótico y de rito anglicano fundado en 1871 cuando la zona aún se encontraba al margen de la ciudad.

Seguimos tomando la calle Bloor bordeando el museo, pues junto a la estructura acristalada se encuentran las Alexandra Gates unas puertas que conducen al Paseo de los Filósofos en el Campus de la Universidad.

Precisamente estas puertas se construyeron en 1901 en la esquina en que se halla la iglesia. Se levantaron para conmemorar la visita del Príncipe George, Duque de Cornualles (más tarde el Rey Jorge V), y María, Duquesa de Cornualles (más tarde Reina María). Fueron colocadas en el lugar actual en 1960, cuando Avenue Road fue ampliada.

Fueron renovadas en 2009 gracias a las aportaciones del TD Bank Financial Group como parte de la iniciativa de recuperar el Paseo de los Filósofos como un espacio verde para la comunidad y para complementar los esfuerzos de revitalización del Conservatorio Real de Música y el ROM.

El Paseo de los Filósifos no es más que un camino que discurre entre varios lugares emblemáticos de Toronto como el Museo Real de Ontario, el Conservatorio Real de Música, el Trinity College y la Facultad de Derecho de la Universidad de Toronto. Sirve como unión entre el campus y el barrio de The Annex, donde residen un buen número de los estudiantes y profesores de la universidad.

Una parte de la arboleda sirve como memorial en recuerdo de la masacre de la Escuela Politécnica de Montreal del 6 de diciembre de 1989 en Montreal.

Marc Lépine, un joven de 25 años, entró en una de las clases de la universidad y separó a hombres y mujeres. Después, tras proclamar que estaba “luchando contra el feminismo”, disparó con su rifle semi-automático a nueve mujeres. Mató a 6 de ellas. Luego se paseó por los pasillos, la cafetería y más aulas y volvió a seleccionar a más mujeres a las que disparar. Acabó matando a 14 e hiriendo a 10 más. Al final acabó suicidándose.

Desde entonces en el día de la masacre se conmemora el día nacional del recuerdo por las víctimas de la violencia contra la mujer. En el Paseo de los Filósofos se plantaron 14 árboles, uno por cada estudiante asesinada.

Más adelante llegamos al Anfiteatro, un lugar de reunión para los estudiantes de la universidad y ciudadanos de Toronto. Construido en piedra caliza, es ideal acústicamente para lecturas informales, clases fuera de las aulas y espectáculos en vivo. Cuando no se usa sirve como un tranquilo oasis para la contemplación en el corazón de una vibrante ciudad.

Antes de que los europeos llegaran, el espacio que hoy ocupa el paseo era un lugar que los Anishinaabe usaban para reunirse. Durante la primavera el Taddle Creek, el arroyo que una vez pasó por allí, servía de lugar sagrado, un sitio en el que sentir a los espíritus.

En el otro extremo del camino se encuentra el Trinity College, que, con su estilo gótico, me recordó bastante a la universidad de Old Aberdeen.

Fue fundada en 1851 por el obispo John Strachan como una institución privada basada en fuertes líneas anglicanas después de que la Universidad de Toronto rompiera sus lazos con la Iglesia de Inglaterra. En octubre de 1904 se integró dentro de la Universidad de Toronto y hoy forma parte de la Escuela de Teología de Toronto.

Su patio ha sido relevante en la vida estudiantil. Sin ir más lejos acogió el mayor festival al aire libre de Shakespeare del país.

Abandonamos el paseo por las Bennett Gates y bordeamos Queens Park, parque inaugurado en 1860 por el Príncipe de Gales, aunque cuyo nombre es en honor a la Reina Victoria. La parte norte pertenece a la universidad, y es justo en esa sección donde se llevan a cabo los actos del Día de la Victoria, del Día de Canadá y del Día del Recuerdo.

En el lateral del parque se halla la Hart House, un centro de actividades estudiantiles de la Universidad.

Fue financiado por Vincent Massey, ex alumno y benefactor de la universidad, y el nombre se lo debe a su abuelo, Hart Massey. Fue construido en 1919 como lugar para funciones culturales, intelectuales y recreativas. Cuenta en sus instalaciones con auditorios, un teatro, galería de arte, biblioteca, salas de lectura y de estar, salas de música, salas de conferencia y estudio, salones y áreas de recepción, oficinas, restaurante, un gimnasio, piscina y un campo de tiro.

Anexa al edificio se erige la Soldiers tower, un campanario de 43,6 metros de altura que conmemora a los miembros de la universidad que sirvieron en las Guerras Mundiales. De estilo gótico, alberga un carillón de 51 campanas que se hacen sonar en ocasiones especiales, lo que convierte a la universidad a la única canadiense con un carillón en funcionamiento.

Junto a la Hart House, en un parque, podemos ver un par de cañones históricos de Louisbourg, en Nova Scotia.

Pertenecen a la batalla de 1758 en la que los británicos conquistaron Louisbourg, capital y mayor asentamiento de la colonia francesa en la isla de Cabo Bretón. Tres de los barcos franceses fueron incendiados por un único proyectil. Cuatro días después, los dos buques restantes fueron capturados en el puerto. Después de la caída de Quebec en 1759 y Montreal en 1760, y con Louisbourg finalmente sometida, terminó la presencia militar y colonial francesa en Norte América.

En la batalla más de 100 cañones se perdieron, sin embargo, en 1899 se encontró una veintena de ellas y A. E. Shipley cedió estos dos a la universidad como monumentos históricos.

Fueron restaurados entre 1993 y 1994.

En el centro del parque frente a la Hart House se encuentra el edificio del Sindicato de Estudiantes de la Universidad de Toronto ( UTSU ).

Es el segundo sindicato de estudiantes más grande de Canadá y el tercero más grande de América del Norte.

En el siguiente cuadrante en torno a un césped circular encontramos más edificios que nos recuerdan a los colleges británicos.

Destaca con su cúpula verde el Convocation Hall, espacio que acoge funciones académicas en las que acude un gran número de espectadores. Con capacidad para 1.731 espectadores cuenta con cuatro pisos, de los cuales dos cuentan con butacas.

Se construyó a principios del siglo XX después de que la universidad detectara que necesitaba un auditorio más grande que el que tenían. Tiene esta forma circular para simbolizar ser el centro de la Universidad.

Finalmente la lluvia, tal y como anunciaba la previsión meteorológica, hizo su aparición. No obstante, seguimos con nuestro paseo.

4 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 5: Recorriendo Toronto: Casa Loma, Museum y Universidad

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