Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 5 II: Recorriendo Toronto: Yonge-Dundas Square, St. Lawrence Market y The Distillery District

Como anunciaba la previsión, finalmente llegó la lluvia. Afortunadamente ya estábamos cerca del centro, por lo que, si se volvía persistente, nos podríamos resguardar. Como íbamos con chaquetas impermeables y algún paraguas, cubrimos las cámaras y continuamos por la College Street, donde nos encontramos con el Stewart Building, un edificio de estilo románico en piedra arenisca que contrasta con los rascacielos que tiene alrededor.

También es conocido como el Toronto Athletic Club, y es que fue construido en 1894 para el club. Incluyó la primera piscina cubierta en Toronto en su sótano. De 1931 a 1957 fue la sede de la Jefatura de Policía de Toronto. Más tarde, entre 1979 y 1997 como segundo campus del Colegio de Arte y Diseño de Ontario, entre 1999 a 2001 como sede del Colegio de Grandes Lagos, y desde 2008 pertenece a la Rotman School of Management de la Universidad de Toronto.

Desde el siguiente cruce con University Avenue alcanzamos a ver la Legislative Assembly of Ontario.

Con una estructura asimétrica de cinco pisos, este edificio de estilo románico acoge la sede del gobierno provincial. Comenzó a construirse en 1886 y se inauguró el 4 de abril de 1893. En 1909 como la población no dejaba de aumentar en la provincia hubo de anexar un ala al norte y mientras estaban las obras se produjo un incendio que destruyó parte del ala oeste, incluida la biblioteca legislativa. En los años siguientes se llevaron a cabo reparaciones y se completó la nueva ala.

En la entrada del edificio hay otros dos cañones, estos proceden de la Guerra de Crimea y fueron un regalo de los británicos a Toronto en 1859. En su día se colocaron en el extremo sur del parque y se movieron a su ubicación actual cuando se terminó el edifico en 1892.

En la intersección de Queen’s Park con College Street encontramos el Monumento a los Bomberos.

Inaugurado en 2005, está dedicado a los bomberos de la provincia que han muerto en el cumplimiento de su deber. La base del monumento tiene la forma de una cruz de Malta roja, un símbolo internacional para la lucha contra incendios.

En el centro hay un bombero en movimiento con un niño en brazos y le rodean varios paneles con los nombres grabados de los fallecidos.

Continuamos por la calle College hasta Yonge Street, una de las calles que sirve como línea divisoria entre el este (Old Town) y oeste de la ciudad. Está inscrita en el libro Guinness de los Récords como la calle más larga del mundo con sus 56 kilómetros. En el pasado se hacía algo de trampa, pues se consideraba que llegaba a medir 1897 kilómetros, pero es porque también contaban con que luego se convierte en la autopista 1.

Fue proyectada a finales del siglo XVIII como vía de comunicación principal en la región y tomó el nombre del secretario para la guerra británico experto en calzadas romanas Sir George Yonge.

En ella se encuentran muchas de las atracciones de Toronto: teatros, galerías, más de 600 tiendas, unos 150 bares y restaurantes, el Hockey Hall of Fame, la Biblioteca Metropolitana, museos o el Centro Eaton en la Yonge-Dundas Square, una plaza que ya habíamos recorrido la tarde anterior.

En lugar de resguardarnos de la lluvia en alguno de los centros comerciales de la plaza pensamos directamente en hacer una parada para comer, pues ya eran casi las dos de la tarde. Así, tomamos la calle Dundas, donde abundan los locales de comida asiática, ya sea japonesa, coreana, vietnamita o china. Como nos apasiona la comida japonesa, elegimos el Sansotei Ramen.

Pedimos para compartir unas Gyoza y después cada uno un bol de ramen para entrar en calor. De izquierda a derecha y siguiendo las agujas del reloj: un tonkotsu black, un miso black, un shoyu y un tomato. Todo ello por $57.08 (propina aparte).

Estaba todo muy rico, eso sí, muy abundante. Acabamos bien llenos entre tanto fideo, sopa y condimento. Menos mal que no nos dio por pedir más entrantes. No obstante, no podía faltar un postre, aunque para ello cambiamos del local. Apenas un par de puertas más allá se encuentra Uncle Tetsu’s Shop,  famosa por su tarta de queso.

Yo estaba realmente llena y tan solo la probé, ya que además no es un dulce que me apasione especialmente, pues se me hace bola. Prefiero la tarta de queso que lleva confitura por encima. Aún así, he de reconocer que estaba muy jugosa. Además, estaba recién hecha, por lo que estaba calentita y esponjosa, para nada mazacote. Costó $10 y en teoría tiene 7 raciones, aunque se la comieron entre tres.

Seguía chispeando intermitentemente, por lo que volvimos hasta la plaza Yonge-Dudas para dirigirnos hacia el St Lawrence Market, que lo habíamos dejado pendiente el día anterior.

Nada más entrar tenemos unas fotografías que nos cuentan un poco sobre la historia de este emblemático edificio.

A comienzos del siglo XIX la población había crecido tanto que se necesitaba un mercado público, así pues, se estableció que todos los sábados en la esquina de King Street y New Street (hoy Jarvis St) se podría comerciar. El mercado original se conocía como Market Square y suponía el centro de la vida social de la ciudad. En 1814 se construyó el primer edificio de madera, aunque fue temporal y no se levantó uno permanente hasta 1830 ya de ladrillo. Sin embargo, en 1849 acabó consumido por las llamas como consecuencia del Gran Incendio de Toronto. En su lugar, en 1851 se levantó el St. Lawrence Hall.

Esta nueva construcción fue un edificio que servía a diferentes propósitos, por ejemplo, en la planta principal se ubicó la comisaría número 1 y en el sótano las celdas. En la segunda planta estaba la Cámara del Consejo. Desde allí se alcanzaba a ver gracias a sus ventanas hacia el norte el puerto y el Lago Ontario. Hacia el oeste se podía ver el Ayuntamiento.

A mediados del siglo XIX se construyó un nuevo edificio detrás del St. Lawrence Hall en el que se comenzó a comercializar la carne. De hecho, por motivos de salud pública, para poder venderla había que contar con una licencia. En el siglo XX la población de Toronto casi llegaba a los 200.000 habitantes, por lo que el Ayuntamiento se trasladó a Bay Street y el espacio quedó libre. Fue sustituido por el edificio sur que vemos hoy en día.

Por otro lado, en 1904 se construyó un nuevo edificio al norte para el mercado de los granjeros de los sábados. Ambas construcciones quedaron unidas por un pabellón, aunque este se demolió en los años 50. En 1968 el mercado norte fue derribado y sustituido por un edificio de una única planta al que seguían llegando los granjeros para vender su carne.

Por su parte, el mercado sur había quedado prácticamente en ruinas. Sin embargo, un grupo de ciudadanos promovieron una campaña de recuperación en 1972 para renovarlo y conservarlo como edificio histórico. Así, en 1979 se completó la renovación de la segunda y tercera planta y se abrió la Galería, donde hoy se sigue exhibiendo parte de la historia, cultura y arte de Toronto. También se pueden comprar recuerdos, claro.

Hoy este mercado es el principal de la ciudad y combina lo moderno y lo antiguo, lo turístico y lo tradicional. Está dividido en tres edificios: el St. Lawrence Hall, el mercado norte y el mercado sur. El St. Lawrence Hall cuenta con tiendas en la planta principal y oficinas en la segunda. En la tercera se halla el Gran Salón, que se alquila para bodas o eventos especiales. Por su parte el mercado norte sigue funcionando de forma similar a 1803 como espacio que acoge los sábados a los granjeros. El resto de días se alquila para eventos, mercados, reuniones sociales, encuentros y exhibiciones.

El principal es el mercado sur, en cuya planta principal cuenta con unos 120 locales especializados en fruta, vegetales, carne, pescado, cereales, o productos lácteos.

En la segunda planta es donde se halla la Galería, el espacio reservado para exhibiciones.

Dimos un paseo callejeando entre sus pasillos, descubriendo productos canadienses (además de otros internacionales, tal y como lo es su población) y alucinando un poco con sus precios.

Y con el tamaño de las patas… con lo que me gustan.

El mercado cuenta además con espacio para sentarse o para comprar algún recuerdo. No pueden faltar camisetas, gorras, imanes o el sirope de arce.

Seguía lloviendo y eran las tres de la tarde, sin embargo, antes de dar por finalizado el día nos dirigimos hacia The Distillery District, la zona de moda por excelencia de Toronto, tanto por la noche como por el día. En verano se llena de terrazas y en Navidad se convierte en un mercadillo navideño con un ambiente único.

Nosotros, dado el día que hacía, lo encontramos un poco vacío, pero eso nos permitió también observar la arquitectura victoriana industrial (la mayor en América del Norte). El Distillery District, designado como Sitio Histórico Nacional de Canadá en 1988, es un distrito de 5,3 hectáreas compuesto por más de 40 edificios históricos de la antigua destilería Gooderham and Worts, fundada en 1832 y comprada años después por su rival Hiram Walker Co.

La ubicación de esta destilería al lado de la línea principal del ferrocarril así como próxima al Lago Ontario, le permitió una buena conexión de transporte con el resto del país y del continente, y sirvió para que Toronto se convirtiera en un importante centro industrial.

A finales del siglo XX, con la destilería fuera de funcionamiento, el distrito se quedó abandonado. Se quiso recuperar, sin embargo, con la recesión de principios de los 90, las obras se retrasaron. Esto vino bien a la industria cinematográfica, ya que sirvió como perfecto decorado para más de 800 producciones. Era un buen espacio donde rodar callejones, lofts, fábricas…

En 2001 finalmente fue comprado por Cityscape Holdings Inc, que renovó el distrito en un área peatonal y volvió a abrir al público dos años más tarde. La antigua destilería consistía en una serie de edificios, centrados alrededor de un molino de viento y un muelle de siete pisos. Aunque estos dos ya fueron demolidos, se mantienen la mayoría de los edificios propios de este tipo de negocios: la destilería, la bodega de fermentación, los almacenes de tanques de alcohol, la casa de calderas, la tonelería, oficinas o edificios de mantenimiento.

Los nuevos propietarios ofrecieron los edificios en alquiler para pequeños comercios dejando fuera a las franquicias, algo que habría cambiado totalmente el carácter del barrio. Ellos querían crear un lugar de inspiración, donde pudieran reunirse los artistas, artesanos y mentes creativas. Desde entonces acoge tiendas de ropa, galerías de arte, restaurantes, cafeterías e incluso una pequeña cervecería, la Mill Street Brewery.

Los pisos superiores de algunos edificios incluso están alquilados como estudios de artistas, u oficinas. También se abrió un teatro, el Centro Joven para las Artes Escénicas.

Los domingos al medio día se organiza un mercado en Trinity Square en el que comerciantes de la ciudad y alrededores venden productos de alta calidad como chocolate gourmet, miel, vino, licores y especias.

Pero no todo está en el interior de los antiguos edificios, varias grandes esculturas animan las calles peatonales. Nada más llegar nos encontramos en la Gristmill Lane con un corazón, un poco más adelante una especie de araña y cerca el símbolo de la paz.

Uno de los lugares más fotografiados es un gran letrero con la palabra LOVE a base de candados. Por lo menos esta vez no añadieron peso extra a un puente… Quizá hay que copiar la idea.

Poder vivir el ambiente en una terraza (a la sombra) con una cerveza local habría sido mejor, claro, pero aún así, a pesar de la lluvia, disfruté del paseo por el distrito. Es todo un gran acierto, pues ese estilo vintage de edificios industriales en ladrillo rojo contrasta con el cercano distrito financiero y sus rascacielos de cristal y acero. Supone un remanso de paz y creatividad en el centro de la ciudad. Un lugar para la creación, para el encuentro, para el ocio y la cultura. Además, revitaliza el barrio no quedando abandonado. Muy a favor del reacondicionamiento.

Es una perfecta fusión de lo viejo y lo nuevo, de la arquitectura industrial victoriana con la creatividad del siglo XXI, un lugar rebosante de creatividad que sin duda es uno de los imprescindibles en Toronto.

No eran ni siquiera las 5 de la tarde, pero decidimos dar por concluido el día. Tomamos el tranvía 514 que justo tiene la cabecera en el distrito y volvimos al apartamento, donde repasamos lo que nos quedaba por ver para el día siguiente, salvamos fotos, reorganizamos maletas y descansamos.

Salimos a comprar la cena a una pizzería próxima al apartamento y después de cenar, nos fuimos a descansar sin saber muy bien si al día siguiente la lluvia nos daría una tregua.

2 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 5 II: Recorriendo Toronto: Yonge-Dundas Square, St. Lawrence Market y The Distillery District

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