Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 6 II: Recorriendo Toronto: Steam Whistle Brewing y Museo del Ferrocarril

Tras recorrer Kensington Martet, Chinatown y acercarnos al H T O Park, nos dirigimos hacia el Entertainment District donde se encuentra la CN Tower, el Rogers Centre, el acuario y nuestra siguiente visita, la Steam Whistle Brewing.

Esta cervecería se ubica en un edificio conocido como John Street Roundhouse, que fue construido en 1929 como almacén para la reparación de locomotoras de vapor del Canadian Pacific Railway y que funcionó como tal hasta 1986 cuando fue donado a la ciudad. La construcción está designada hoy en día como Sitio Histórico Nacional.

Enfrente se encontraba otro edificio similar, el CNR Spadina Roundhouse que fue derribado para construir la torre, el estadio y el acuario.

La historia de cómo ha llegado una cervecería a este edificio la podemos conocer en el tour guiado de unos 30 minutos ($12).

No es la visita a la Heineken, pero la historia de la marca tiene su punto anecdótico y merece la pena. Cuando la Upper Canada Brewing Company fue vendida a Sleeman’s, Greg Taylor, Cam Heaps y Greg Cromwell, tres compañeros que fueron despedidos, decidieron, tras un par de años de acá para allá, volver al mundo de la cerveza fundando una nueva cervecería a la que pensaron llamar Three Fired Guys Brewing Company (la cervecería de los tres tíos despedidos).

Sin embargo, se lo pensaron mejor y finalmente eligieron Steam Whistle Brewing como referencia al silbato que marca el final de la jornada en las fábricas. Y así lo pusieron en su logo. No obstante, el nombre inicial se les quedó en la mente y no pudieron resistirse a dejarlo de alguna forma reflejado. Hay que buscarlo, pero en el culo de las botellas está en relieve la marca 3FG (también aparece en las latas).

Tras un tiempo buscando entre edificios históricos vacíos de la ciudad para montar la fábrica, finalmente se hicieron con este viejo espacio que llevaba un tiempo desocupado. Lo desmantelaron y reconstruyeron para adaptarlo al nuevo propósito. Aunque moderno, el edificio conserva un cierto aire a siglo pasado, con los ladrillos vistos y el techo de madera que conserva vigas originales.

Con los auriculares puestos para oír bien a nuestra guía y nuestra cerveza fresca en la mano, comenzamos el recorrido por la fábrica. Primero nos contó la historia de los tres fundadores y pudimos ver máquinas vintage así como fotos de los antiguos vehículos.

Y después pasamos a la zona donde se lleva a cabo el proceso de elaboración para conocer más detalles de esta cervecería y de su producto estrella. Aunque la fábrica estaba vacía pues justo habían abierto otra y estaban reorganizándose.

Steam Whistle solo produce un tipo de cerveza. Ese es su lema: Haz una cosa muy, muy bien. Se trata de una Lager de baja fermentación promocionada como cerveza de calidad superior. Y lo de Premium no lo dicen porque sí. Es de las pocas Pilsner el mundo que sigue los estándares de la Ley de Pureza de Baviera de 1516. Así, es elaborada solo con cuatro ingredientes naturales: agua pura de manantial (de Caledon, Ontario), cebada malteada (una específica de dos filas), lúpulo (de la República Checa y Alemania) y levadura (de Hungría). Este último ingrediente no se incluyó en la Ley de Pureza hasta finales del siglo XIX, cuando Pasteur lo descubrió en 1880, aunque ya se venía usando de alguna manera, a pesar de no saber cómo funcionaba.

La ley quedó abolida en 1986 al sustituirse por la normativa europea, pero digamos que da caché y algunas cervezas siguen este precepto. El caso es que la Steam Whistle no tiene ningún añadido más: ni el famoso jarabe de maíz tan frecuente en el vecino Estados Unidos, ni potenciadores de espuma o conservantes. Y aunque la ley canadiense no exige que las bebidas alcohólicas indiquen sus ingredientes, están tan orgullosos de ello que la detallan en su etiqueta.

Pero no solo se toma una receta de hace más de 500 años, sino que también siguen  métodos de elaboración de siglos pasados. Por tanto, parte de la mezcla se hierve a altas temperaturas para deshacer los azúcares de la cebada y así conseguir un rico sabor a malta.

Todo está cuidado al detalle en la fábrica de la Steam Whistle para producir el menor impacto medioambiental. Desde el método de elaboración hasta el envasado, pasando por el empaquetado o los residuos que deja a su paso todo el proceso. Así, sus botellas verdes retornables de 341 mililitros son también medioambientablemente verdes. Su composición cuenta con un 30% más de cristal de lo habitual, lo que favorece que puedan ser lavadas, inspeccionadas y rellenadas más de 45 veces (el triple que la industria de botellas marrones). Además, el logo, al estar pirograbado y no impreso en papel hace que se ahorre tinta, barniz, pegamento, que se talen menos árboles y evita que se contamine el agua al lavar las botellas.

Cada elemento usado en el empaquetado es reciclado: cartón, cristal, tapones de las botellas, latas de aluminio…Todo. Incluso el grano que sobra de la cocción se envía a granjas para alimentar a los animales.

Además, la energía empleada en todo el proceso proviene al 100% de energías renovables. Por ejemplo, el sistema de refrigeración de la fábrica en lugar de colocar un sistema de aire acondicionado, el ambiente se refresca por el método DWSC o Deep water source cooling, que consiste en enfriar el aire por medio de bombear agua profunda (de lagos, océanos, acuíferos o ríos) a unos 4-10ºC haciendo que se disipe el calor. Con el Lago Ontario tan cerca resulta muy práctico. Esta agua fría también se usa para refrigerar la propia cerveza durante su proceso. Gracias a este sistema de refrigeración evitan generar las 79 toneladas de dióxido de carbono al año que conllevaría el aire acondicionado. Y por supuesto les reduce la factura de la electricidad.

Por su parte, el vapor es la forma más eficiente de calor y es lo que usan en Steam Whistle para calentar el agua con el que elaboran la cerveza. También como sistema de calefacción. En lugar de tener su propia caldera de gas natural funcionando 24 horas al día, los 7 días de la semana; obtienen el vapor de la Central de Enwave, sacando solo lo que necesitan en el momento en que se necesita. Además, es ese mismo vapor el que se emplea para emitir el silbato de vapor que tiene lugar cada hora desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde.

Desde 2008 emplean además una nueva sala de cocción de última generación que reduce en un tercio la producción de aguar residual con respecto a la anterior. El propio vapor que expulsan los recipientes de preparación es condensado y de la energía térmica resultante son capaces de cubrir sus necesidades de agua caliente en la fábrica.

Por supuesto las lámparas y bombillas de bajo consumo han ido sustituyendo a las antiguas y procuran tener las luces apagadas siempre que la luz natural ilumine lo suficiente el interior del edificio. Además, instalaron sensores de movimiento. También han tomado medidas similares con respecto al consumo del agua cambiando grifos con temporizador y concienciando al personal de no malgastarla (tienen duchas para que así los empleados que acudan en bici a su puesto de trabajo se puedan duchar si lo desean). Están continuamente revisando sus instalaciones y métodos para ser energéticamente eficientes (imagino que con las nuevas instalaciones seguirán esta política).

Incluso sus camiones usan B20 Bio Diesel, procedente de soja y aceites reciclados. Cuentan en su flota con coches híbridos y a los vehículos vintage les han ido cambiando los motores para que dejen un menor impacto en el medio ambiente.

Todas estas medidas les han hecho ganar varios premios a lo largo de su corta vida. Por ejemplo, en 2010 recibieron el premio de Empresa Más Verde de todo Canadá, reconociendo la cultura de cuidado por el medio ambiente y sus iniciativas.

Tras una década vendiendo la Steam Whistle en botellas, en julio de 2010 lanzaron las latas de 335 ml. Para ello hubo que instalar una nueva máquina de llenado. Su rendimiento era de 13.500 latas por hora, algo exagerado en aquel momento, pero que enseguida se quedó corto. La marca se ha ido expandiendo a otros lugares de Canadá y como cada vez se llevan más las cervezas locales, artesanas, pues está triunfando bastante. A mí desde luego, aparte de su filosofía, la cerveza me gustó bastante. Nuestra guía y la visita también.

Tras el tour, nos sirvieron una caña.

Y ya que estábamos, aprovechando que era medio día, nos pedimos unos pretzels y otras cervezas ($16,9) y nos sentamos a descansar un poco. Tienen espacio interior, pero nosotros huyendo del tiempo nos refugiamos en el interior.

El espacio del bar no solo se usa como zona para consumir, sino que la cervecería también acoge varios eventos. Aquellos días había una exposición de arte con algunos cuadros muy chulos, pero también sirve como escenario de conciertos y fiestas.

Y aquí también tienen una buena filosofía. La comida que sobra se la donan a una organización que sirve más de 1.300 comidas al día. El resto de desperdicios orgánicos o sobras de los clientes se usan como compostaje. Todo esto, unido a que el grano también se lo daban a granjas hace que reduzcan un 98% los desperdicios.

La verdad es que me impresionó bastante esta cervecería. Su historia, su filosofía… y la cerveza además estaba rica.

Eso sí, el merchandising es algo caro. Así que los recuerdos nos los llevamos en nuestras memorias y paladares.

Antes de dirigirnos al centro hicimos dimos un paseo por la exposición al aire libre del Museo del Ferrocarril. Es totalmente gratuita y se pueden ver varias locomotoras y vagones. Algunos vacíos, pero otros decorados en su interior con elementos de la época.

El museo comparte espacio, además de con la cervecería, con el complejo de entretenimiento Rec Room de Cineplex. Juntos conforman un área de 6,9 hectáreas conocido como Roundhouse Park, inaugurado en 2010.

El museo ocupa tres partes del edificio John St. Roundhouse y consta de una instalación interior, un simulador de cabina de diésel de tamaño real, la exhibición al aire libre y el pueblo ferroviario restaurado, que incluye la Estación Don, la caseta del vigilante, la torre del agua y la del carbón.

El Roundhouse formó parte en su día de un vasto complejo ferroviario que se extendía desde Strachan Avenue hasta Yonge Street. Cuando el tren llegó a Toronto en la década de 1850 no había suficiente terreno para sus instalaciones, así que crearon un espacio rellenando la parte sur del puerto desde Front Street. Proceso que continuó hasta la década de 1920 cuando el puerto adquirió su configuración actual. En los 60 este tipo de construcciones se trasladaron a las afueras, aunque esta en concreto siguió dando servicio a pasajeros hasta los 80, momento en que VIA Rail se mudó a Mimico, seis millas al oeste.

Estas instalaciones de John Street eran una de las más grandes dedicadas al mantenimiento de vagones de pasajeros en todo el sistema del Canadian Pacific Railway. El terreno podía albergar 450 coches, cada uno de ellos de unos 25 metros. Acoplados juntos podían formar un tren de más de 11 kilómetros. Cuando abrió en 1929 había un montón de tipos diferentes de vagones: estaban los dedicados al equipaje, los de emigrantes, los de primera clase, los coches cama (generalmente solo para primera clase), los restaurante, los de ver el paisaje (contaban con porches traseros donde sentarse a observar el paisaje)…

La Estación Don fue construida en 1896 y en realidad se ubicaba en el sur de Queen Street en el lado oeste del río Don. Cuando se abrió Union Station el número de pasajeros bajó drásticamente y finalmente fue cerrada en 1967. En 1969 fue trasladada a Todmorden Mills, donde permaneció tapiada y cerrada al público durante cuarenta años. Fue restaurada cuando se trasladó al parque en 2008 y ahora sirve como taquillas para el Roundhouse Park Miniature Railway. Choca bastante ver estas reliquias en pleno centro de la ciudad, al aire libre y con los rascacielos de fondo.

La caseta del vigilante era una típica construcción para los operarios que tenían que controlar los cruces e intersecciones. En una época en la que todo era analógico, estos trabajadores tenían que bajar a mano las puertas o barreras cuando se acercaba un tren para que los vehículos de ruedas o los peatones no cruzaran las vías. Normalmente desempeñaban esta función trabajadores ferroviarios que habían sido amonestados en otras labores y recolocados como una especie de castigo.

El edificio John Street Roundhouse era la típica construcción circular que servía para inspeccionar, limpiar y reparar las locomotoras de vapor después de cada ciclo operativo y de su puesta a punto antes del próximo viaje. Hubo un momento en el que en toda Norteamérica había más de 3.000 edificios de este tipo, hoy se conservan algo menos de 200.

El primero que se construyó en este lugar fue en 1897, después se levantó uno más moderno en 1929 para poder dar servicio a la recién estrenada Union Station. Dado que la central de vapor se encontraba en York Street, este se bombeaba directamente en los motores de las locomotoras sin tener que hacer fuego en las calderas, por lo que se reducía la polución. A medida que las máquinas a vapor se fueron retirando en la década de los 60, el edificio pasó a ser usado únicamente para las de diésel a excepción de los años 70 cuando se empleó para restaurar tres locomotoras.

En su día podía mantener 32 locomotoras a la vez gracias a las puertas que conforman la fachada redondeada y que da acceso a una plataforma giratoria (la más grande usada por la Canadian Pacific Railway Company).

Entre las máquinas expuestas se pueden ver varias locomotoras, tres vagones de carga, dos de pasajeros y una unidad múltiple diésel.

Tras este recorrido entre trenes del siglo pasado, continuamos nuestro paseo hacia Front Street.

4 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 6 II: Recorriendo Toronto: Steam Whistle Brewing y Museo del Ferrocarril

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