Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 6 III: Recorriendo Toronto: Union Station, Air Canada Centre e Islas de Toronto

Dejando atrás el John Street Roundhouse seguimos hasta Front Street, donde destacan dos imponentes edificios de finales de los años 20 del siglo pasado. Por un lado está el hotel The Fairmont Royal York y enfrente la Union Station.

El hotel The Fairmont Royal York, con su estilo château, fue el edificio más alto de Toronto cuando se construyó en 1929 y está considerado como edificio histórico de la ciudad además de ser la residencia elegida por la Reina Isabel II cuando visita la ciudad.

Para la época era muy vanguardista. Contaba por ejemplo con diez ascensores que comunicaban las 28 plantas. Además todas sus habitaciones contaban con radios, duchas y bañeras privadas. En sus instalaciones albergaba un banco, un campo de golf e incluso una sala de conciertos. Entre 1930 y 1936 acogió también una estación de radio desde el hotel, la CPRY (Canadian Pacific Royal York), que emitía desde la Imperial Room.​ Este espacio también se usaba como club nocturno, llegando a acoger a importantes artistas como Marlene Dietrich, Tony Bennett, Peggy Lee, Ray Charles o Tina Turner.

Amplió sus habitaciones pasando de 1048 a 1600 entre 1956 y 1957 al construir el ala este. En las décadas posteriores ha pasado por varias renovaciones. Una a principios de los 70 para actualizarlo; otra desde 1988 hasta 1993 en la que se añadió un gimnasio, una piscina olímpica, varios restaurantes  y el primer American Express Travel Service Centre y una tercera en 2014 para reorganizar sus espacios.

Union Station es la principal estación ferroviaria de la ciudad. Es cabecera de 6 líneas en superficie (dos de tranvía y cuatro de autobús), aunque no están conectadas con la estación de metro o con la de trenes.

Fue construida entre 1913 y 1927 e inaugurada por el Príncipe Eduardo, Príncipe de Gales. Se estructura en tres partes que en total llegan a alcanzar los 229 metros de extensión cuya fachada de piedra caliza cuenta con una hilera de 22 columnas toscanas romanas. Aunque en general su diseño es el de prácticamente una mole de líneas rectas.

La puerta de entrada se abre al Gran Salón, que recorre toda la sección principal. Mide 76 metros de largo por 27 de alto y destacan materiales de gran calidad como la piedra caliza, el mármol, azulejos, vidrio y bronce.

Bajo la cornisa que rodea el Gran Salón están tallados los nombres de todos los destinos de Canadá, del este al oeste. En el lado izquierdo además ondean las banderas de las provincias canadienses y al final la del país.

En este área también se encuentran los mostradores de información y taquillas de Via Rail.

En la pared opuesta hay varias tiendas y restaurantes además del panel de salidas. Eran más de las dos de la tarde, así que buscamos un sitio donde comer. En la calle Front encontramos el restaurante mejicano Chipotle y mientras que ellos se pidieron unos burritos, yo que decanté por una ensalada que parecía ser lo único que no picaba. Pero al final me tuve que dejar la mitad porque los labios empezaban palpitar. No es mi tipo de comida.

Los tres burritos, la ensalada y dos bebidas (como tienen refill cogimos dos tipos diferentes de refresco y compartimos) nos costaron $49,27.

La Union Station conecta también con el Air Canada Centre, sede de los partidos de hockey de los Maple Leafs y de baloncesto de los Raptors.

Las obras comenzaron en 1997 y fue inaugurado dos años más tarde y, aunque se pensó para hockey sobre hielo y para baloncesto, ha acogido infinidad de eventos, espectáculos y conciertos de música como por ejemplo los de Justin Bieber, Spice Girls, Avril Lavigne, Christina Aguilera, Madonna, Britney Spears, Hilary Duff, Selena Gomez, Lady Gaga, Kiss, Aerosmith, Bon Jovi, Guns N’ Roses, Depeche Mode, David Bowie, Coldplay, U2, Paul McCartney, Radiohead, The Rolling Stones, Elton John, Oasis, Metallica, Iron Maiden, Red Hot Chili Peppers, Kylie Minogue, o Shawn Mendes.

Está construido en el lugar que anteriormente ocupaba el Canada Post Delivery Building , un edificio de correos. Los muros este y sur de estilo Art Decó aún se conservan y se han integrado en la estructura del pabellón actual. Se restauró la piedra, los bajorrelieves y los perfiles históricos de las ventanas y, gracias a fotos y varios paneles informativos, se puede conocer la historia de aquel edificio.

El edificio de correos fue construido entre 1939 y 1941 en estilo Art Decó usando cemento y acero y con decoraciones de granito rosa enmarcando las ventanas. Asimismo, quedaba ornamentado con esculturas que representaban temas como la comunicación o el transporte. Además, incorporaba símbolos de Canadá realizados en bronce. No podían faltar la hoja de arce, castores o alces.

Durante la década de los 30 Toronto experimentó un importante aumento de la población, por tanto hubo que incrementar el servicio postal para cubrir la demanda. Esta construcción sin embargo no fue concebida como oficina, sino como almacén. La planta principal servía para descargar las furgonetas y los vagones de tren, que entraban por la parte este de la fachada y salían por la oeste. El correo recibido se subía a la planta de arriba, donde se clasificaba clasificada por tamaño y destino para finalmente volver a bajar a la planta principal y ser cargada en el vehículo de reparto correspondiente.

En 1988 Canada Post decidió no actualizar el edificio y en su lugar mudarse a otro almacén más moderno.  Poco a poco fue deteriorándose y no parecía haber interés en darle un nuevo uso. En diciembre de 1994 los Toronto Raptors se interesaron por él  y tras un acuerdo de conservación de los dos muros mencionados, se contruyó el estadio en su lugar.

Parece que había partido, pues se estaban preparando los arcos detectores de metales en las puertas y había cierto movimiento del personal. No nos entretuvimos mucho, la verdad, echamos un vistazo a la tienda oficial ver qué tal las rebajas, pero aún así los precios eran demasiado altos para nuestros bolsillos teniendo además en cuenta que son deportes que ni siquiera seguimos (o entendemos).

El estado cambió su nombre el 1 de Julio de 2018 y ahora se llama Scotiabank Arena después de que dicho banco firmara un contrato por 20 años y $800 millones. Ahí es nada.

En uno de los laterales del estadio hay un monumento que representa a varios jugadores de hockey sobre hielo, un deporte surgió en 1850 y que es todo un estilo de vida en Canadá.

Comenzó a levantarse un aire bastante fuerte, pero aún no llovía, por lo que, sin más dilación, nos dirigimos al puerto para coger el ferry que nos llevaría a las islas antes de que se nos echaran encima las nubes. Estas islas en su día estaban conectadas con la costa, pero una gran tormenta ocurrida en 1858 se cargó la conexión creando en su lugar un canal que en invierno se congela y sobre el que se puede caminar.

De camino pasamos por un edificio histórico, el Toronto Harbour Commision.

Fue construido en 1917 para la Comisión del Puerto y hoy en día sigue perteneciendo a la autoridad portuaria de Toronto, PortsToronto. Antes estaba en el paseo “marítimo”, hoy como se ha ido ganando terreno al lago, ha quedado entre la carretera y los grandes rascacielos.

Para cuando quisimos llegar al puerto había un aviso en las taquillas indicando que nos ferris no salían porque con el viento, el mar estaba bastante picado (otro barco fallido). Aunque el caso es que sí que vimos alguno navegando, quizá era el último y a partir de ahí vieron que la cosa se complicaba.

De todas formas, no nos podíamos arriesgar a poder ir y no volver, pues nos tendríamos que quedar a hacer noche allí, así que, con media tarde por delante y un tiempo un tanto revuelto decidimos que una buena opción era recorrer el Path, al que aún no habíamos accedido.

El Path es un camino subterráneo de 30 kilómetros concebido para recorrer la ciudad sin salir a la superficie cuando el tiempo no acompaña (bien porque hace mucho calor o porque está todo nevado. O porque el viento te lleva volando, como era nuestro caso). Suena mucho más exótico de lo que es, en realidad, pues hoy en día vemos este tipo de pasajes en muchas conexiones de transporte en grandes ciudades. Claro, que quizá no son tan largos, pero el concepto es el mismo. Y después de haber estado en Japón, menos sorpresa aún.

Accedimos por un edificio de oficinas en el que habían deshabilitado las puertas giratorias después que una de ellas se rompiera por el efecto del viento. No lo había visto en mi vida, pero da una idea de la fuerza del aire.

El Path comunica no solo grandes estaciones de transporte, sino hoteles, cines, restaurantes, centros comerciales, tiendas, locales y edificios de oficinas como este y, aunque hay mapas e indicaciones, resulta todo un laberinto. Sobre todo cuando no te conoces la ciudad y no te orientas. Tiene un sistema por el que cada letra tiene un color que se corresponde con los puntos cardenales. La referencia es P (rojo para el sur), A (naranja para el oeste), T (azul para el norte) y H (amarillo para el este)

Esta red de pasadizos comenzó a construirse en 1900 cuando los grandes almacenes de Eaton construyeron un túnel para que los clientes pudieran circular entre la tienda principal y la anexa. Por otro lado, en 1927 se trazó otro para conectar Union Station con el Royal York Hotel.

No fue, sin embargo, hasta la década de los 60 cuando se empezó a expandir realmente. Las aceras estaban muy transitadas y las torres de oficinas no ayudaban, ya que generaban más tránsito, sobre todo en las horas en torno a la entrada y salida del trabajo. Los primeros en incluir pasajes comerciales subterráneos fueron los diseñadores del Toronto-Dominion Center, algo que tuvo sus detractores, pues había ciudadanos que consideraban que se iba a perder vida activa en la calle, algo que influiría en gran medida a los pequeños comerciantes favoreciendo a los grandes centros comerciales. Sin embargo, el sistema siguió creciendo y cada vez que se proyectaba un nuevo edificio se pensaba en cómo unirlo al Path.

Realmente atractivo turístico no tiene, es más una peculiaridad de la vida de la ciudad. Al final, no deja de ser una especie de centro comercial subterráneo.

Salimos en la Nathan Philips Square, que esta vez sí que tenía las fuentes encendidas.

Sin embargo, el aire era tan incómodo, que no nos quedamos mucho tiempo parados. Los golosos querían merendar, así que hicimos una parada en Fugo Desserts.

Este local tiene donuts y helados artesanos, de hecho, se puede ver cómo fríen las rosquillas en una peculiar máquina que les da la vuelta y todo.

Mucho nombre y mucho colorido, pero a mí la verdad es que no me entraron por los ojos, me producían cierta saturación al ver tanto aceite. Por el contrario, los helados no tenían mala pinta. Eso sí, eran demasiado grandes, por lo que yo no me atreví. Ellos sí: dos cookie monster y un s’mores on s’mores, los tres por $31,92.

Ya eran las seis de la tarde y decidimos que era hora de volver al apartamento, ya que al día siguiente salíamos para Ottawa y teníamos que hacer las maletas y medio recoger nuestros trastos. Así pues, tomamos la Queen Street de vuelta a nuestro barrio.

Y esta fue nuestra última parte de la etapa:

Paramos en una licorería a comprar unas cervezas, ya que el alcohol no se vende en cualquier sitio y después entramos en el supermercado Loblaws. Por la mañana, mientras estábamos recorriendo la ciudad nos habíamos encontrado con un chico que repartía tortillas mejicanas. En un principio no las íbamos a coger, pero después pensamos que quizá nos podría medio apañar la cena. Así que con las tortillas en mente (en las mochilas, en realidad), buscamos entre los lineales algo que nos pudiera servir.

Como siempre, todo tenía un tamaño familiar (de familia de 8 miembos), pero encontramos un pack de falafel que traía unas 8-10 bolas que, si lo mezclábamos con lechuga y alguna salsa, nos podía funcionar. Y la verdad es que acabamos haciendo una compra bastante saludable por $27,73.

Ya en el apartamento dejamos todo más o menos recogido para no perder mucho tiempo en la salida al día siguiente y, mientras revisamos nuestra ruta, nos tomamos unas cervezas. En los tres días que estuvimos en Toronto fuimos probando diferentes marcas: Hopsta la Vista (Indian Pale Ale), Steam Whistle (Pilsner), Rockwell (Pilsner), Losr Crat (Ale), Downhill (Pale Ale), Cruiser all day (Pale Ale), Muskoka cream (Ale), Muskoka (Craft Lager), Ace Hill (Light Lager), Mill St White Space (Wheat), Ace Hill (Pilsner) y Sweetgrass Golden (Ale). Parece que las que más gustaron fueron las Lager y las que menos las Pilsner.

Concluimos el día con la cena tan rica que nos habíamos montado despidiéndonos así de Toronto.

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