Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 7 II: Recorriendo Ottawa

Apenas tardamos nada en llegar desde el museo hasta nuestro hotel, el Econo Lodge, un típico motel de carretera de las películas. Tan típico que al abrir la habitación parecía que estábamos en un capítulo de CSI. Pero bueno, era para una noche, mejor no pensar en cadáveres. Lo cierto es que no había sido muy sencillo encontrar hotel en la ciudad, pues o eran muy caros, o los de gama media eran de menor calidad que en otras ciudades. Sin duda el de London estaba bastante mejor.

Teníamos el aparcamiento prácticamente para nosotros, por lo que pudimos descargar cómodamente, algo que además fue mucho más sencillo al tratarse también de una planta baja.

Como en London habíamos cogido una habitación cuádruple en la que además contábamos con nevera, microondas y escritorio. Lo bueno es que tenía un armario estilo vestidor que nos permitía dejar guardadas las maletas y trastos.

Como ya digo, nos rugía el estómago, así que sin entretenernos mucho, decidimos comer justo enfrente del alojamiento en el japonés/coreano GO GI YA. Pedimos de entrante unas edadame y unas Kyoza.

Como plato principal yo recuerdo coger unos fideos de boniato con vegetales fritos (abajo a la izquierda) que estaban muy ricos. Sin embargo, a los cinco minutos estaba saturadísima del sabor tan tan tan dulce. Quizá debería llevar más verduras y menos fideos para que no resulte tan cargante. Bueno, y que el bol era bastante grande. Al final mi plato acabaron repartiéndoselo.

Con el estómago lleno y la tarde cayendo, nos pusimos en marcha para intentar ver al menos una parte de la ciudad antes de que se hiciera de noche. Nos dirigimos hacia el Byward Market, una zona muy animada llena de mercados, tiendas y restaurantes. Nosotros acabábamos de comer, pero se respiraba ambiente de tomarse algo en una terracita. Aunque mucha gente parecía ya preparada directamente para cenar. Era sábado, así que había bastante ambiente.

Las calles más animadas son Clarence, York y las perpendiculares que las cruzan.

En realidad, el mercado que le da nombre a la zona es un edificio de color rojo en cuyo interior alberga puestos de comida internacional y algunas tiendas. En su exterior, alrededor de su perímetro, hay varios puestos donde se pueden encontrar productos típicos así como artesanía.

Ideado por John By e inaugurado en 1826, es uno de los más grandes del país.

Continuamos por la calle York donde nos encontramos con las letras de OTTAWA. Es complicado sacar una foto sin gente en la era de instagram…

Tras ellas vimos una pequeña fuente, la Fuente del Milenio.

A mediados del siglo XIX era complicado obtener agua potable en Ottawa y la gente tenía que desplazarse para conseguirla. Como la demanda fue creciendo, el ayuntamiento colocó varias fuentes públicas en la ciudad, tanto para animales como para personas. Se diseñaron en hierro o piedra y se integraron en la decoración de la ciudad.

En 1874 el agua potable comenzó a llegar a los edificios y también se instalaron bocas de riego por toda la ciudad, así que poco a poco fueron perdiendo relevancia y muchas se fueron retirando. Algunas sin embargo se dejaron para los caballos.

Esta fue construida inspirada en una que hubo hasta finales del siglo XIX en el cruce de las calles George y Sussex.

Seguimos hasta la Basílica Catedral de Notre Dame, la iglesia católica más famosa de la ciudad.

De estilo gótico y torres plateadas, se erige en el mismo lugar en que se hallaba la iglesia de madera de St. Jacques, construida en 1832. Este pequeño templo fue derrumbado en 1841 para levantar uno más grande. Fue terminada en 1846 y un año más tarde designada como Catedral de Bytown. Hoy ofrece sus servicios en edición bilingüe.

Frente a ella se encuentra el National Gallery of Canada, uno de los museos más importantes de la ciudad. Alberga una variada colección de punturas, dibujos, esculturas y fotografía. Sobre todo está centrado en arte canadiense, pero también cuenta con otras secciones como arte europeo o asiático y un área de arte contemporáneo internacional.

Entre su colección nacional se pueden encontrar desde obras muy antiguas de los indígenas hasta otras de los años 70 del siglo pasado.

El primer edificio que acogió el museo fue el del Tribunal Supremo en Parliament Hill en 1882. En 1911 se trasladó al Victoria Memorial Museum y cinco décadas más tarde, en 1962, se volvió a mover, esta vez a un edificio de oficinas en la calle Elgin. Finalmente ocupó la actual ubicación en 1988.

Su exterior destaca por su estructura de cristal y por la escultura de su fachada. Esta araña de bronce, acero inoxidable y mármol fue realizada por la artista Louise Bourgeois. Mide casi 10 metros de alto y se llama Maman, el nombre coloquial para mamá en francés. Al parecer esta obra es en honor a su madre, una mujer que reparaba tapices en un taller de París y que murió cuando ella tenía 21 años. Ha realizado nueve esculturas de arácnidos y están repartidas a lo largo del mundo. Por ejemplo, se pueden encontrar en la Tate Gallery de Londres,  en el Museo Guggenheim de Bilbao, en el Samsung Museum of Art de Seúl o en el MoriArtCenter de Tokio.

Entre St. Patrick Street y Murray Street, en el centro de la intersección donde se encuentran con Mackenzie Avenue y Sussex Drive se halla Reconciliación, un monumento que conmemora el papel de Canadá en el mantenimiento de la paz internacional y honra a los soldados que han participado y participan actualmente, tanto vivos como muertos.

Representa a tres soldados (dos hombres y una mujer) de pie entre los restos de la guerra simbolizando la resolución que trae el mantenimiento de la paz. O eso pretendía el artista.

En los muros inferiores se pueden leer los nombres de varios batallones o intervenciones.

En 1995 se emitió una edición especial de las monedas de $1 y llevaban una representación del monumento.

En una glorieta próxima llama la atención la escultura Los tres vigilantes.

Realizada en bronce representa a unas figuras que suelen colocarse en lo alto de los totems delante de las casas en las aldeas de Haida en Haida Gwaii. Se cree que así protegen al pueblo y avisan en caso de que llegue una amenaza.

Se nos estaba haciendo de noche y queríamos ver cómo caía el atardecer, así que cruzamos al Major´s Hill Park, frente a la galería. Es uno de los parques más antiguos de la ciudad y estaba muy animado lleno de gente disfrutando de la fresca tarde-noche.

Este parque ofrece unas buenas vistas del Río Ottawa, del hotel Fairmont Chateau Laurier y de los edificios del Parlamento. Además, al fondo, se llega a ver bien Gatineau, al otro lado del río. Hay muchas estatuas de soldados alrededor del Parque.

Este parque ocupa el lugar en que se asentaron los constructores del canal y se pueden ver varias placas conmemorativas de aquel momento, así como una estatua del teniente coronel Major Bolton y sus diferentes sucesores.

También hay una estatua de un Anishinaabe.

Volvimos a cruzar hasta la galería, pues a los pies del puente Alexandra hay un mirador. En el centro se erige la estatua de Samuel de Champlain, el padre de Nueva Francia.

Ayudó a colonizar Acadia y, en 1608, fundó un asentamiento en Quebec que se convirtió en el centro de la colonia. Forjó importantes alianzas con los aborígenes y expandió la espera de influencia francesa viajando por el Río Ottawa hasta los Grandes Lagos. Exploró y realizó mapas de grandes áreas del continente y en sus diarios de viaje dejó reflejados datos valiosísimos de su era para las siguientes generaciones.

El mirador ofrece aún mejores vistas que desde el parque, la pena es que el sol se oculta por el lado de Gatineau y no por el del Parlamento, lo que mejoraría mucho más la panorámica.

Nos quedamos un rato observando el atardecer viendo cómo el cielo alternaba entre amarillos, naranjas y morados por detrás del Museo Canadiense de Historia.

Cuando el sol terminó de ocultarse y las farolas iluminaban nuestro camino, volvimos al hotel. La verdad es que nos encontramos una ciudad muy decadente, con mucha mendicidad y desde luego que no tenía ese aire de capital.

Ya en el hotel picoteamos algo de los restos que aún nos quedaban de salsas y nos fuimos a dormir, que al día siguiente queríamos madrugar para ver lo que aún nos quedaba de Ottawa antes de salir para Montreal.