Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 8 II: Rumbo a Montreal

Dejamos atrás nuestro hotel de CSIabandonamos Ottawa continuando nuestra ruta hacia el oeste. Para este día teníamos un viaje corto, unos 200 kilómetros hasta llegar a Montreal, la ciudad más poblada de Quebec.

Esta provincia al este de Canadá, la segunda más extensa (detrás de Nuvanut), limita al noroeste y norte con la bahía de Hudson y el estrecho de Hudson, al noreste con Terranova y Labrador, al este con el golfo de San Lorenzo y Nuevo Brunswick, al sureste con el río San Lorenzo y al sur y suroeste con Ontario. Además, comparte frontera terrestre con los estados de Maine, Nuevo Hampshire, Nueva York y Vermont en Estados Unidos.

Es la segunda entidad más poblada (por detrás de Ontario) y la mayoría de sus habitantes son católicos, como consecuencia de la época colonial, en la que solo podían establecerse en la Nueva Francia. Ya desde aquel entonces se ha diferenciado del resto del territorio canadiense en sus instituciones, su cultura y su idioma. El francés es lengua cooficial del país junto al inglés desde 1968. Sin embargo, desde que en 1976 ganó las elecciones el nacionalista Partido Quebequés, el francés es la única lengua oficial de Quebec por la Ley 101. Y no solo eso, sino que además este idioma tiene protección legal con sus inspectores lingüísticos que revisan y controlan su uso.

Antes de la llegada de los franceses, Quebec estaba habitado por diferentes pueblos aborígenes, entre los cuales destacan los inuits (antiguos esquimales), los hurones, los algonquinos, los mohawks, los cree y los innus. El primer explorador francés en Quebec fue Jacques Cartier, que en 1534 estableció en Gaspé una gran cruz de madera con tres flores de lis, tomando posesión de aquellas tierras en nombre de Francia.

Cartier descubrió el río San Lorenzo y en 1535 llegó a la Isla de Montreal tras haber oído rumores de que allí había oro. Sin embargo, cuando llegó a la aldea iroquesa a los pies del Monte Royal no tardó en descubrir que aquello no pasaba de cuarzo o pirita.

En 1608 Samuel de Champlain creó un asentamiento en la orilla norte del río San Lorenzo, en un lugar que los indios llamaban “kebek” (estrecho). Ahí nació Quebec y Nueva Francia convirtiéndose en el punto de partida de las exploraciones francesas en el continente. Después de 1627, el rey de Francia Luis XIII concedió el monopolio de la colonización a los católicos. Aunque Nueva Francia no se convertiría colonia real hasta 1663, ya bajo el reinado de Luis XIV.

Un siglo más tarde, con el Tratado de París, Reino Unido se hizo con Nueva Francia. El rey Luis XV de Francia no lo consideraba un territorio muy importante y prefirió conservar Guadalupe, que le daba azúcar. Así pues, la mayoría de los aristócratas, sin nada que hacer al otro lado del Atlántico, volvieron a Francia.

En 1774 se aprobó la Ley de Quebec, mediante la cual Londres daba reconocimiento oficial al pueblo francés para que conservara su lengua, su religión y el uso del Derecho Romano en lugar del Jurisprudencial anglosajón.

A pesar de que los francófonos tenían su reconocimiento oficial desde el siglo XVIII, la realidad es que estaban excluidos económicamente. En 1960 el primer ministro Jean Lesage llevó a cabo varias reformas conocidas como la Revolución Tranquila. El gobierno puso interés en la economía de la provincia creando empresas y bancas nacionales y consiguiendo así cierta autonomía par ala provincia. Asimismo unió todas las empresas privadas de energía en una: Hydro-Québec. Cuando su partido fue reelegido fue más allá y esta se nacionalizó. Esta revolución transformó Quebec y sus relaciones con el resto de Canadá y el mundo. Sus diferencias se potenciaron más que nunca.

En este contexto, en 1967 el General Charles de Gaulle, que respaldaba este sentimiento nacionalista, realizó una visita la Exposición Universal de Montreal. Pero no fue directo, sino que antes hizo un recorrido por la provincia por todo lo alto. Desembarcó en la ciudad de Quebec en un barco de guerra, fue recibido con honores de héroe y viajó 300 kilómetros hasta Montreal. Allí, ante una multitud entusiasmada frente al ayuntamiento pronunció “Viva Quebec Libre”. Y la lió, claro.

En las décadas siguientes el movimiento independentista fue en aumento. René Lévesque abandonó el Partido Liberal de Quebec y en 1968 fundó el Parti Québécois. Pierre Elliott Trudeau, el líder del Partido Liberal de Canadá, llegó a Primer Ministro ese mismo año y se convirtió en su adversario implacable.

Poco tiempo después de tomar el poder, el Parti Québécois cambió la placa de las matrículas sustituyendo La belle province por Je me souviens (Me acuerdo) haciendo referencia a que no olvidan su pasado, su linaje, sus tradiciones.

Desde la década de los 80 Quebec lleva intentando independizarse de Canadá. Probó por primera vez en 1980, pero el resultado del referéndum fue negativo (60 % de votos en contra).

Una segunda consulta el 30 de octubre de 1995 volvió de nuevo a arrojar el mismo resultado, aunque el No tan solo obtuvo 34.434 votos más. A día de hoy sigue habiendo un movimiento independentista importante.

El 27 de noviembre de 2006, el parlamento canadiense reconoció a los quebequeses como “nación dentro de un Canadá unido”, una fórmula para intentar calmar los ánimos de los partidos secesionistas, aunque no deja de ser un reconocimiento cultural (que ya tenían) y legalmente sirve de poco.

Nuestra parada en la provincia iba a ser en Montreal. Y aunque íbamos a visitar también la ciudad de Quebec, lo haríamos en el día volviendo a dormir al apartamento de Montreal.

Montreal se halla en la isla del mismo nombre entre el río San Lorenzo y la Rivière des Prairies. El nombre de la ciudad lo toma del Monte Real, aunque conserva la versión Real del francés antiguo y no el Royal que se usaría en la actualidad. Fundada en 1642, Montreal fue una de las primeras ciudades de Canadá. Desde entonces, y hasta la década de 1960, fue el principal centro financiero e industrial de Canadá, así como la mayor ciudad del país. Era considerada la capital económica del país y una de las ciudades más importantes del mundo, sin embargo, durante la década de 1970, la anglófona Toronto le arrebató el puesto de capital financiera e industrial del país.

Su bandera mezcla símbolos de Francia, de Inglaterra, Escocia e Irlanda para representar su procedencia. Así, cuenta con la flor de lis de la Casa de Borbón, la rosa de la Casa de Lancaster, el cardo escocés y el trébol irlandés. Además, desde septiembre de 2017 incluye en el centro, sobre la cruz roja un pino blanco, un árbol de paz muy representativo para las Primeras Naciones.

El lugar donde se asienta la ciudad de Montreal estuvo habitado por nativos algonquinos, hurones e iroqueses durante miles de años antes de la llegada de los primeros europeos. Los ríos y lagos de la región además de ser una importante fuente de alimentos, eran eficientes rutas de transporte. Un siglo después de la llegada de Cartier, en 1642, los franceses enviaron a un grupo de 50 misioneros cristianos para evangelizar a los nativos. Al llegar construyeron un fuerte, estableciendo la Villa María de Montreal (Ville Marie de Montréal). Los iroqueses, que intentaban acabar con el comercio de pieles de los franceses con los algonquinos y hurones, atacaron en numerosas ocasiones dicho fuerte. Sin embargo, Montreal siguió prosperando.

A comienzos del siglo XVIII fue cuando la pequeña Ville-Marie pasó a ser llamada Montreal. Tenía por aquel entonces una población de aproximadamente 3.500 habitantes. En 1763 pasó a manos británicas y en 1776 fue ocupada brevemente durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

Para principios del XIX Montreal contaba con 9.000 habitantes, pero pronto llegaron inmigrantes escoceses que comenzaron a instalarse en la ciudad. Estos nuevos residentes, aunque eran pocos, fueron relevantes en la construcción del Canal de Lachine en 1825, que permitió la navegación de grandes barcos por el río y convirtió a Montreal en uno de los principales puertos de América del Norte. También construyeron el primer puente que conectaba la isla al continente, el primer centro comercial de la ciudad, vías férreas y el Banco de Montreal, el primer banco de Canadá.

Entre 1844 y 1849 fue la capital de la provincia colonial del Canadá y adquirió relevancia económica. Esto atrajo a nuevos inmigrantes, primero de lengua inglesa (que incluso comenzaron a ser mayoría) y después franceses. En apenas 25 años la ciudad pasó de tener 16.000 habitantes a 50.000 y a finales de la década de los 60 ya contaba con 100.000. Esta mezcla de orígenes en su población hizo poco a poco cada vez más patente la división entre clase, cultura e idioma.

Montreal siguió prosperando aún más cuando se construyó la primera vía férrea transcontinental, que la enlazaba con Vancouver y otras ciudades importantes en el interior. A finales de siglo había alcanzado los 270.000 habitantes.

En la I Guerra Mundial Canadá se incorporó al bando de la Triple Entente y Estados Unidos. El alistamiento obligado dividió a la población y condujo a varias revueltas entre los francófonos, que no estaban a favor de entrar en guerra, y los anglófonos, que apoyaban al gobierno.

Tras la Guerra, cuando se prohibieron las bebidas alcohólicas en Estados Unidos, Montreal se convirtió en un paraíso para los ciudadanos estadounidenses en busca de alcohol. Se la llegó a conocer como Sin City (Ciudad del Pecado) debido a su desinhibida vida nocturna.

Para mediados de siglo alcanzó el millón de habitantes y en 1967, en el centenario de la independencia, se convirtió en sede de la Exposición Universal (Cuando de Gaulle se vino arriba). Además, en aquellos años se comenzó a construir el metro, se expandió la bahía portuaria y se inauguró el canal navegable del río San Lorenzo. La ciudad estaba prosperando a buen ritmo y cada vez se levantaban más edificios de oficinas en el centro de Montreal.

En 1976 fue sede de los Juegos Olímpicos y desde ahí la ciudad cayó en picado. Los juegos la endeudaron profundamente, como suele ocurrir, como consecuencia de la corrupción. Los gastos se dispararon y tuvo que asumir una deuda tan alta que no consiguió saldar hasta 2006.

Pero los juegos no fueron el único lastre. Como en la década de los 60 Montreal estaba experimentando tal auge económico acogiendo importantes eventos internacionales y se esperaban las Olimpiadas, el gobierno federal de Canadá exigió que la ciudad sirviera como base de conexión para los vuelos transatlánticos con Europa, puesto que dada la baja autonomía de combustible de los aviones por aquella época venía bien una ciudad tan al este del continente. El aeropuerto de Dorval (hoy Montreal Pierre Elliot Trudeau) estaba experimentando un crecimiento de pasajeros entre un 15 y un 20% anual, así que echaron la cuenta de la lechera y planificaron un aeropuerto mastodóntico para asumir todo el tráfico que esperaban recibir. Parece que lo de construir aeropuertos como si no hubiera mañana no lo hemos inventado en España…

El proyecto del nuevo aeropuerto Mirabel abarcaba más de 39.600 hectáreas (como referencia, el Charles de Gaulle de París con lo inmenso que es ocupa sólo 3.200 hectáreas), más de la extensión de la propia Montreal (36.500 hectáreas). Una auténtica locura. Pretendían construir siete terminales y seis pistas que dieran servicio a 40 millones de pasajeros al año. La realidad fue que en el mejor de los años solo recibieron 3. Se inauguró en 1975 y comenzó a funcionar a pleno rendimiento para los Juegos Olímpicos, pero ya comenzaron a verse los primeros fallos. Mirabel quedó como aeropuerto internacional y Dorval para los vuelos de Canadá y Estados Unidos (durante 22 años quedó prohibido que operaran vuelos internacionales). En la teoría suena muy bien, pero era poco práctico, ya que suponía que quien quisiera usarlo como escala para unirlo con un vuelo nacional (o al revés), tenía que cambiar de aeropuerto y la comunicación entre ambos era horrible. También lo era con el centro de la ciudad, pues aunque se planificó un ferrocarril de alta velocidad que salvara los 50 kilómetros de distancia, al final no se llevó a cabo.

Se había elegido esta ubicación para evitar estar cerca de zonas residenciales por la contaminación acústica. Pero la tecnología avanza a pasos agigantados y pronto los aviones no solo fueron menos ruidosos sino que además tenían más autonomía de combustible, por lo que los transatlánticos no necesitaban hacer escala en Montreal si el destino final era la costa oeste del país. Así, fue perdiendo poco a poco tráfico en favor de Toronto y el aeropuerto de referencia de Montreal volvió a ser Dorval, mucho más céntrico. En 2004 tuvo lugar el último vuelo de pasajeros desde Mirabel y hoy está dedicado a transporte de carga, servicio médico y circuito de carreras de coches. La terminal de pasajeros está abandonada y se usa para rodajes. Allí se grabó la mayor parte de la película La Terminal, protagonizada por Tom Hanks.

El error de cálculo fue grave y fantasioso. Era imposible que el crecimiento de los 50 y 60 fuera a continuar durante mucho tiempo. Además se juntó con un contexto en el que Francia perdió poder y lo ganó Estados Unidos. En aquel momento Nueva York se convirtió en la referencia económica mundial y Detroit destacaba como capital mundial del automóvil. En este sentido Toronto quedaba mucho mejor comunicada con ambas, además de con Chicago. También Vancouver fue ganando cada vez más peso. A todo ello hay que sumarle el clima gélido y la estructura de la propia Montreal, cuyo centro histórico había que preservar y que por tanto impedía la creación de un distrito financiero tal y como se desarrollaba en otras grandes urbes norteamericanas.

Pero aún hay un aspecto más: el nacionalismo. La aprobación de la Ley 101 en 1977 en Quebec que exigía a cualquier establecimiento y empresa con más de 50 empleados a mantener el francés en el área de trabajo, además de que fuera la lengua vehicular en política y medios de comunicación provocó que muchas empresas se trasladaran a Toronto y que llegaran menos inmigrantes.

Así, en la actualidad ha quedado relegada a un segundo puesto en términos generales. Sigue estando entre los principales centros financieros de América, aunque sobre todo para compañías francesas que quieren trabajar en el continente. Se ha convertido en el segundo centro económico de lengua francesa en el mundo. Montreal cuenta con varias refinerías de petróleo y es centro de la industria farmacéutica, textil y de alta tecnología. Y, aunque su aeropuerto es el tercero del país en importancia, Montreal sigue siendo un importante nudo de comunicaciones, tanto vial como ferroviaria como portuaria.

Turísticamente también queda por detrás de Vancouver y Toronto, pero en varias ocasiones ha sido considerada como la Capital Cultural del país gracias a una interesante escena artística y numerosos museos.

Entre Ottawa y Montreal apenas hay 200 kilómetros y como habíamos salido a las 11 de la mañana, llegamos demasiado pronto para entrar en el apartamento. Por tanto, decidimos hacer tiempo visitando el Parque OIímpico, que queda algo alejado del centro.

Toca descubrir Montreal.

10 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 8 II: Rumbo a Montreal

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