Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 9: Quebec City: Ciudad Alta

Nos levantamos pronto, desayunamos y nos preparamos para los 250 kilómetros que separan Montreal de Quebec. Eso sí, es un paisaje en el que predominan los bosques y prados, nada que ver con los tramos de Chicago a Toronto o de Toronto a Ottawa.

Quebec es la capital de la provincia homónima y como esta es mayoritariamente francófona. Lejos queda la época en que el 40% de los residentes de la ciudad era de habla inglesa. Hoy no llegan ni al 2%. Asimismo, siguiendo la tradición francesa, más del 90% de la población es católica y el resto se lo reparten entre musulmanes, judíos y protestantes.

La ciudad de Quebec es uno de los asentamientos europeos más antiguos del país. Champlain, fundador de la ciudad, la conoció por el nombre iroqués Kebec (donde se estrecha el río) y la bautizó como Ludovica en honor a Luis XIII.

Los franceses se hicieron con la ciudad hasta 1629 que llegaron los británicos. Pero la recuperaron en 1632 convirtiéndola en el centro de Nueva Francia. Y aunque algo más de un siglo después la recuperaron de nuevo, volvieron a perderla definitivamente en la Guerra de los Siete Años. En 1763 pasó a manos británicas.

A lo largo de su historia ha sido capital de varios territorios. En un primer período entre 1608 y 1627 y un segundo entre 1632 y 1763 lo fue de Nueva Francia; entre 1763 y 1791 de la provincia de Quebec; entre 1791 y 1841 del Bajo Canadá; y de 1852 a 1856 y desde 1859 hasta 1866 fue la capital de la Provincia Unida de Canadá (después fue sustituida por Kingston, Montreal y finalmente Ottawa con la creación del Dominio de Canadá en 1867). Hoy sigue siendo la capital la provincia de Quebec.

Como capital provincial se convierte en centro regional de administración pública, defensa, servicios, comercio, transporte y turismo. Miles de turistas llegan al año en crucero, y es que su puerto, a orillas del río San Lorenzo se ha convertido en una importante escala de los que recorren toda la costa este de Canadá.

Además, es un importante nudo de conexión tanto con el país como con Estados Unidos gracias a la red de carreteras.

Llegamos a media mañana y lo primero que teníamos que encontrar era un lugar donde aparcar. Al tratarse de una ciudad amurallada, resulta bastante complicado no solo encontrar un hueco, sino que además sea gratuito. Así que, después de una vuelta, para no entretenernos más, acabamos dejándolo en un aparcamiento subterráneo. Y claro, llevábamos un coche tan grande, que por poco no dábamos con las vigas del techo. De hecho, tuvimos que quitar la antena de la radio. Pero ahí se quedó.

Quebec se divide en dos partes, por un lado la Ciudad Vieja (Vieux Québec), que es Patrimonio de la Humanidad desde 1985, y por otro lado la Ciudad Nueva, mucho más moderna y residencial. El resultado es una combinación de arquitectura afrancesada con rascacielos de cristal. La Ciudad Vieja se encuentra rodeada por un perímetro amurallado de 5 kilómetros, lo que la convierte en la única ciudad amurallada de toda Norteamérica. Así, el casco histórico queda bastante recogido dentro de estos muros y se puede recorrer fácilmente a pie.

En 1950 la zona estaba prácticamente vacía. La mayoría de los edificios estaban en ruinas y era inseguro vivir allí. Tras reubicar a los pocos habitantes, se reconstruyó totalmente incluso reutilizando piedras de las viejas construcciones para que así quedara lo más auténtica posible.

La Ciudad Vieja se divide a su vez en Haute Ville (Ciudad Alta) y Basse Ville (Ciudad Baja), conectadas por un funicular y unas escaleras. La parte alta destaca por las fortificaciones y la ciudadela, donde predominan las casitas bajas. Por otro lado, la parte baja se articula en torno al barrio Petite Champlain y puerto.

Nosotros habíamos aparcado junto al edificio del Parlamento, una construcción moderna en la que destaca la bandera azul que recuerda su pasado francés. Muy cerca se encuentra el Fresco de la Capital Nacional de Quebec. En él se hace un repaso a cuatro siglos de historia política de la capital a modo de trampantojo.

En la ventana superior izquierda quedan representados Jean Antoine Panet y Guy Carleton, mientras que en la derecha está solo Augustin de Saffray. En el centro de ambas ventanas destacan las estatuas de Robert Bourassa y René Lévesque.

Bajo ellos, en un kiosco de la terraza Dufferin se hallan Édouard Fisher, Eugène Étienne Taché, Elzéar Bédard, Ezechiel Hart, Louis Joseph Papineau, John Neilson, Simon Napoléon Parent y Louis Aleixandre Taschereau. A su derecha, asoma a la ventana Marie-Claire Kirkland-Casgrain.

En la parte inferior izquierda están representados manifestantes por la democracia en diferentes épocas y junto a la ventana Ludger Bastien, Nicolas Vincent Tsawenhohi y Louis D’Ailleboust. En la parte central vemos a Pierre Joseph Olivier Chauveau y a su derecha a Thérèse Casgrain. El grupo en el extremos simboliza a los quebequeses del futuro.

Continuamos a la Plaza George V, que queda flanqueada por el Musée des Voltigeurs de Quebec y en la que encontramos varias estatuas, como la de Confucio o Camille Laurin, el padre de la carta de la Lengua Francesa.

Los Voltigeurs son una unidad de reserva que se creó en 1862, lo que la convierte en el regimiento francocanadiense más antiguo del país. Sirvieron en varios conflictos durante el siglo XX, incluidas las dos guerras mundiales y la de Corea.

La armería construida entre 1885 y 1887 quedó dañada en un importante incendio en el 2008, por lo que tuvo que ser reconstruida. Además de seguir siendo su sede, alberga un museo y las oficinas desde el regimiento. Eso sí, ya no sirve como lugar de entrenamiento, ya que para ello se han desplazado a las afueras de la ciudad, con el 22º regimiento.

De estilo château, el edificio de la armería copia la forma de otros fuertes europeos. En el centro de la fachada destacan dos torres gemelas con techos cónicos.

En la plaza además, hay un monumento dedicado a los caídos en las guerras.

Cerca queda el Museo de las Llanuras de Abraham, que expone los restos que se encontraron en el parque que tuvo lugar la batalla. Queda completado con la explicación de las costumbres y una exhibición de la indumentaria de la la época.

Fue en esta batalla de apenas media hora cuando las tropas francesas fueron derrotadas y Gran Bretaña se hizo con Quebec tras sitiarla.

Hoy los antiguos terrenos militares que iban desde Grande Allée hasta el acantilado que domina el río San Lorenzo se ha convertido en parque público, el Battlefields Park (aunque sigue siendo conocido por los locales como Llanuras de Abraham).

Inspirado en Central Park, abarca 103 hectáreas y sirve, no solo como espacio de relajación y recreo, sino que en verano acoge importantes eventos. En invierno por su parte se puede practicar esquí de fondo.

Desde allí nos dirigimos a la ciudadela. Cuando los británicos se hicieron con Quebec, temían que Francia quisiera volver a recuperar el territorio. Sin embargo, el verdadero peligro estaba en los Estados Unidos, quien en 1775 y 1812 atacó Canadá, en ambos casos sin éxito. Aún así, pensaban que toda la colonia podría perderse si los invasores se hicieran con la ciudad, así que parecía esencial protegerla con una fortaleza capaz de resistir un asedio y así se transmitió a las autoridades competentes. En 1820 Londres autorizó la construcción de una ciudadela permanente a pesar de los altos costes que conllevaba.

Al mismo tiempo, la Ciudad Alta ya estaba protegida por todos los lados, especialmente por el oeste, con un bastión y cuatro torres. Además, el acantilado del Cabo Diamante estaba protegido por un alto muro que impedía su escalada. Con la construcción de la ciudadela Quebec se convirtió, por un tiempo, en territorio prácticamente inexpugnable. Dickens en sus American Notes se refirió a ella como la Gibraltar de América.

Consiste en un cuerpo principal en forma de estrella compuesto de cuatro bastiones triangulares y de muros que protege los edificios interiores; un foso que previene que el enemigo penetre directamente; y una pendiente libre de vegetación para tener una visión clara de los movimientos de los atacantes. Domina la ciudad y sus alrededores, y con sus 50 cañones podría defenderse por todos los flancos.

En su interior está organizada como una ciudad con sus cuarteles, hangares, arsenales, depósitos de pólvora, almacenes para comida y equipamiento, cisternas para el agua, un hospital y una armería. Desde 1920 es una base militar en activo ocupada por el Regimiento número 22, el único formado por canadienses de habla francesa. No obstante, alberga las dependencias administrativas solo. La base militar en sí está a 60 kilómetros de Quebec.

A pesar de ser construida con fines defensivos, nunca fue atacada. Algo similar a Fort George.

No la visitamos por dentro, ya que queríamos aprovechar al máximo el día para recorrer la ciudad. No hay que olvidar que volveríamos a dormir a Montreal. Así que, continuamos nuestro recorrido hacia el casco histórico, para lo que tendríamos que cruzar las murallas. Se puede entrar por la puerta de San Luis, por la de Kent o por la de San Juan. Nosotros lo hicimos por la primera de ellas.

Esta puerta fue construida en 1693, aunque fue demolida y reconstruida en el estado actual en el siglo XIX y nos da una idea de cómo eran las fortificaciones en su día.

Tras cruzarla llegamos al Parque de la Explanada, donde encontramos varias estatuas, como la de Gandhi.

También destaca el monumento conmemorativo de las conferencias entre el Primer Ministro británico Winston Churchill y el Presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt en 1943 y 1944. Con el Primer Ministro de Canadá, William Lyon Mackenzie King como anfitrión (pero sin participar), la primera de ellas (de nombre en clave QUADRANT) se llevó a cabo en la Ciudadela y en el Château Frontenac. También fue invitado Stalin, pero no asistió por razones militares.

En ella acordaron invadir Francia, las operaciones para agotar a Japón, las estrategias sobre cómo eliminar a Italia del Eje. Aunque esto último no fue necesario porque en esos días se firmó un armisticio e Italia quedó fuera de la guerra. Además, debatieron sobre cómo coordinarse entre Gran Bretaña, Estados Unidos y Canadá. Y los dos primeros firmaron un acuerdo por el cual se comprometían a no usar la tecnología nuclear contra el otro.

La segunda conferencia de Quebec (OCTAGON) volvió a reunir a Churchill y a Roosevelt. King de nuevo ejerció como anfitrión, pero sin asistir a las reuniones. En este encuentro planificaron cómo desmilitarizar Alemania y cómo lanzar la bomba atómica a Japón.

Enfilamos la calle San Luis que, junto con la San Juan, es una de las calles más transitadas del viejo Quebec. En ella abundan las tiendas y restaurantes. Y más que a Francia, me recordaron a Escocia, con esos edificios de piedra y puertas y ventanas coloridas. Pero también es verdad que he visitado más tierras escocesas que francesas.

Destaca la colorida Maison François-Jacquet-Dit-Langevin, construida a finales del siglo XVII, lo que la convierte en una de las residencias más antiguas de todo Quebec. Es un valioso ejemplo de arquitectura residencial durante el régimen francés.

Fue construida en un terreno que pertenecía a las monjas ursulinas y al maestro techador François Jacquet y Langevin, de ahí su nombre. A finales del siglo XVII esta zona de la Ciudad Alta estaba reservada a comunidades religiosas y autoridades civiles y militares, sin embargo, la falta de espacio en la Ciudad Baja provocó que la gente se mudara. En un principio se levantó una casa de madera, y hacia 1690 se reconstruyó en piedra. Era una casa pequeña y fácil de calentar gracias a las paredes gruesas. Además, tenía un sótano para almacenar verduras durante el invierno y un ático para granos y legumbres. Contaba con un patio que incluía establo, leñera, huerto, letrinas e incluso pozo, algo importante ya que el río quedaba lejos.

A finales del siglo XVIII se quedó pequeña para las necesidades de los dueños, por lo que añadieron una extensión con una cocina. Además, unos años más tarde incorporaron una segunda construcción de piso y medio, como la casa original, pero poco después se subió uno más. Y con ese aspecto es como ha llegado a nuestros días, hoy ocupada por un restaurante, pero manteniendo esa tradición francesa.

La Rue des Jardins, que sale a mano izquierda, nos conduce a la Place des Tourangelles, donde se erige el Monasterio de las Ursulinas.

En 1639 llegaron de Francia tres monjas Ursulinas y promovieron la construcción de un monasterio. También crearon una escuela para niñas jóvenes. En un principio esta institución acogía a niñas aborígenes, pero luego también se abrió a estudiantes de origen francés llegando a ser las únicas alumnas treinta años más tarde.

El complejo se construyó en fases desde el siglo XVII al XX. Las alas principales se articularon en torno a un patio, siguiendo el modelo de los conventos franceses del siglo XVII. También los edificios se construyeron en piedra con techos de zinc y ventanas de paneles pequeños tal y como se hacía en Francia. El monasterio quedó parcialmente destruido por los bombardeos del asedio de Quebec en 1759. Y cuando la ciudad se rindió, sirvió temporalmente para acoger a los oficiales y soldados británicos, ya que los hospitales estaban llenos. A cambio pudieron reanudar las clases.

En el siglo XIX la institución creció y ganó reconocimiento por su método de enseñanza en el que fomentaban la comprensión y no tanto el repetir la lección como loros. No solo enseñaban religión, sino también gramática, literatura francesa e inglesa, aritmética, geografía, historia, ciencia y arte (música, dibujo, pintura y bordado). La mayoría de las alumnas eran internas y llevaban un estilo similar al de las monjas de clausura con un estricto horario diario. Esto fue cambiando progresivamente en el siglo XX. Hoy admite incluso a niños.

En el centro de la plaza hay un monumento dedicado a las comunidades religiosas docentes, a todas aquellas mujeres que desde el anonimato han formado parte de las escuelas y han hecho de la enseñanza su vocación.

La misma Rue des Jardins nos conduce a la Catedral de la Santísima Trinidad, la primera catedral anglicana construida fuera de las Islas Británicas.

Fue erigida en el lugar en que había un monasterio recoleto que acabó incendiado en 1796 con la finalidad de contrarrestar el monopolio de la Iglesia Católica entre la mayoría de la población francocanadiense. De estilo austero, como suele ser común en la arquitectura protestante, cuenta con un frontón triangular sostenido por cuatro columnas que enmarcan tres arcos, cada uno con una puerta coronada por una ventana. En el centro queda coronada por una torre que alberga ocho campanas inglesas.

Un poco más adelante, en la acera opuesta, se alza el Ayuntamiento, el Hôtel de Ville.

Construido en piedra entre 1895 y 1896 y designado Sitio Histórico Nacional de Canadá en 1984, el ayuntamiento de Quebec es de estilo ecléctico. Con planta en forma de H y a varias alturas, se trasladó de la calla San Luis con Santa Úrsula a la localización en la que se encontraba el Colegio de los Jesuitas, derruido en 1878.

Tomando la calle Sainte Familie llegamos a la Universidad Laval. En realidad se trata de la zona originaria, ya que el centro se trasladó al distrito de Sainte-Foy. Ahora la única facultad que queda en el recinto es la de Arquitectura.

En 1852 el Séminaire de Quebec fundó la primera institución de enseñanza superior en lengua francesa de América del Norte. Hasta aquel momento los jóvenes francófonos que querían una educación universitaria tenían que elegir entre dos instituciones inglesas: McGill en Montreal o Bishop’s en Sherbrooke.

La institución se abrió en 1854  y durante muchos años Laval fue la universidad de referencia en lengua francesa en toda Norteamérica. Durante varios años tuvo también una sede en Montreal. Los primeros edificios en construirse fueron el principal, la Escuela de Medicina y la Residencia.

Al principio la educación impartida se basaba en el modelo francés con cuatro facultades: Teología, Artes, Derecho y Medicina. En el siglo XX se añadieron otras áreas de estudio y llegaron más estudiantes. Ahí fue cuando la Universidad necesitó un nuevo campus.

Bordeando el edificio vemos el patio del Séminaire de Québec, la comunidad de sacerdotes diocesanos que fue fundada el 26 de marzo de 1663 por François de Laval (que se convertiría en el primer obispo de Quebec) y que promovió la construcción de la Universidad. La institución nació con el propósito de formar sacerdotes, evangelizar a los aborígenes y administrar las parroquias de la colonia.

Siguiendo el deseo de Luis XIV abrieron el Petit Séminaire, concebido como una escuela para niños. Sin embargo, durante sus primeros 100 años de andadura fue un internado para futuros sacerdotes que estudiaron en el Colegio de los Jesuitas (que, como hemos visto, se encontraba donde hoy se erige el ayuntamiento). Cuando los británicos conquistaron Nueva Francia y convirtieron el Colegio Jesuita en un cuartel, el Séminaire se adaptó a las nuevas circunstancias y se centró en una educación basada en el currículum básico de la época.

Los estudiantes del Petit Séminaire se formaban en francés, griego y latín y estudiaban a los grandes filósofos y escritores europeos. El propósito era educar a la élite religiosa y cultural de la ciudad. A él acudieron intelectuales quebequenses como el famoso político Louis-Joseph Papineau y el primer ministro de Québec, Jean Lesage. Dejó de funcionar como tal en 1987.

Frente a este conjunto de edificios se encuentra el Parc Montmorency, donde parece que han expuesto todos los cañones que tenía la ciudad.

También tiene un monumento en memoria de Louis Hébert y su esposa Marie Rollet, y es que el parque ocupa una sección de la primera granja de este matrimonio.

Fue inaugurado en 1918 para homenajear a los pioneros de Nueva Francia. Hébert era boticario parisino e hizo su primer viaje a América en 1606-1607. Volvió de nuevo en 1610 con su mujer, pero los problemas en la colonia le hicieron regresar a Francia tres años más tarde. En 1617 Champlain reclutó de nuevo al matrimonio y se los llevó a Quebec (esta vez además con los tres hijos). Allí se convirtieron en la primera familia en establecer su residencia de forma permanente en Nueva Francia. La granja cubría los sitios ocupados hoy por la Catedral de Notre-Dame y el Petit Séminaire. Louis Hébert cultivaba granos, verduras, plantas medicinales y manzanos de Normandía. También cuidaba a los enfermos, entre ellos los nativos, con quienes tenía lazos amistosos.

Marie Rollet por su parte ayudó a trabajar la tierra, a cuidar a los enfermos y a predicar el evangelio a la población aborigen. En 1627, después de que su marido se resbalara con el hielo y muriera, se casó con Guillaume Hubou. Murió en 1649. Su yerno Guillaume Couillard también se halla en el monumento.

Otro monumento que podemos encontrar es el de George-Étienne Cartier, uno de los padres canadienses de la Confederación. Se halla en la ubicación exacta donde se erigía el Parlamento de la Provincia Unida de Canadá antes de ser consumido por las llamas. Fue en ese edificio donde se redactó en 1864 la primera versión de la Ley Británica de América del Norte, el documento fundador de la actual Canadá.

Junto al parque se encuentra la oficina de correos y frente a ella el obispo François Laval.

Frente a él se erige la Catedral Notre-Dame-de-Québec, que fue levantada en el lugar en que Samuel de Champlain construyó una capilla en 1633. Cuando este primer edificio se quemó, los jesuitas construyeron una nueva iglesia, esta vez de piedra, en 1647. En 1674, cuando François de Laval se convirtió en el jefe de la Diócesis de Quebec, eligió la pequeña iglesia como catedral, convirtiéndola en la sede del Iglesia Católica en América del Norte. El rey Luis XIV financió el primer proyecto de expansión a fines del siglo XVII. Sin embargo, no sirvió de mucho, ya que fue destruida por un incendio como resultado de un bombardeo previo al asedio de Quebec en 1759.

Tras la conquista británica se intentó reconstruir intentando replicar la primera iglesia, solo que añadiendo un campanario en la parte sur. Los planes de dos campanarios idénticos no se pudieron llevar a cabo, porque los cimientos no lo habrían soportado, así que se volvió a la idea de una única torre, sin campanas, en el lado norte.

A finales del siglo XIX se llevaron a cabo una serie de mejoras, pero el 22 de diciembre de 1922 el edificio se quemó hasta los cimientos. Durante siete años se intentaron reunir las piedras para erigirla de nuevo siguiendo fotografías antiguas.

En la década de 1990 se añadió una capilla funeraria a la basílica para acoger los restos de François de Laval, beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1980. Alberga además más de 900 tumbas en la cripta, incluidas las de los obispos y arzobispos de Quebec y cuatro gobernadores de Nueva Francia. Se cree que la de Champlain está en el sitio de la primera capilla.

Enfrente, en la Rue de Buade vimos un Subway, y como era la hora de comer y no queríamos perder mucho tiempo en decidir qué comer o buscar un sitio donde sentarnos y que tardaran en servirnos, hicimos la parada para comer. No tenían mucho surtido de panes, debía haber mucho movimiento en la ciudad por los cruceros y habían arrasado. Así que nos apañamos con lo que tenían, comimos y seguimos con la ruta.

6 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 9: Quebec City: Ciudad Alta

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