8M

Aunque sigue habiendo reticencias en una buena parte de la sociedad a decir “soy feminista” y se recurre al típico “ni machismo, ni feminismo, igualdad” ( o el “ni machista, ni feminista, persona” de Bustamante), aún así parece que el capitalismo ha pensado aquello de “si no puedes con tu enemigo, únete a él” y ha empezado su propia estrategia de marketing y lavado de imagen.

Un claro ejemplo es el feminismo de Ana Botín. No niego que como mujer haya experimentado situaciones de desigualdad, sin embargo, el feminismo no es únicamente reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, sino que también tiene un componente de clase. Es por eso que feminismo de derechas (o feminismo liberal como proclama ahora Ciudadanos) es un término contradictorio.

Se ve claro cuando critican las cuotas argumentando que es injusto para los hombres y que lo que tendría que ocurrir es que los puestos fueran ocupados por los mejores. Estamos de acuerdo en que sí, en un mundo ideal se habría de elegir a la persona más preparada para desempeñar la función; no obstante, en el mundo que vivimos, hay mucho inepto que únicamente está en ese puesto por ser hombre. Porque una mujer, por el simple hecho de serlo, ha de demostrar mil veces más que está al nivel. Cuando hay una mujer entre muchos hombres se dice aquello de “es que esta es buena, fíjate cómo será de buena que ha superado a tropecientos hombres”.

En esto de las cuotas además hay un segundo factor, y es que solo rechina cuando se pide que haya una mínima participación de mujeres porque se dice que discrimina. Sin embargo, no se está teniendo en cuenta que se parte de por sí de una situación discriminatoria. Por tanto, de lo que se trata es de equiparar la balanza. Es la misma metodología que para las becas. Pongamos por ejemplo el caso de dos estudiantes que quieren cursar la misma carrera. Ambos tienen la misma capacidad intelectual, sin embargo uno de ellos se puede pagar los estudios mientras que otro no. Con una beca al de menor nivel adquisitivo le damos la posibilidad de igualar sus oportunidades. Y no solo será bueno para ambos, sino para la sociedad porque estaremos ganando la aportación de dos personas. Y es que nos han vendido mucho aquello de la meritocracia, pero no todos tenemos las mismas oportunidades y por eso, mientras no surja natural, hay que poner medidas que compensen estas desigualdades.

Botín se cree que porque ella haya llegado a su puesto directivo, cualquiera con empeño puede hacerlo. Pero el feminismo no es que unas pocas puedan romper el techo de cristal, sino que se trata de un movimiento que busca la colectividad. Porque el machismo no afecta a unas pocas, todo lo contrario. Afecta a toda la sociedad (también a los hombres) y es un problema mundial, no local. Y ahí es donde falla el feminismo neoliberal, que es individualista y burgués. Por tanto, no es feminismo.

Tampoco lo es el de Ciudadanos, que a pesar de que en 2015 llevaba en su programa electoral modificar la ley de Violencia de Género, que decía que el aborto no debía ser un derecho porque era un fracaso,  que el matrimonio homosexual podía crear tensiones innecesarias, o que el año pasado no apoyaría el 8M por cuestiones ideológicas; de repente este año saca un decálogo en el que reivindica que el feminismo no es patrimonio de nadie, sino que todo el mundo que esté comprometido con la igualdad entre hombres y mujeres ya es feminista.

No es que de un día para otro se hayan deconstruido y de repente se declaren feministas, es que están en campaña electoral (las mujeres son el 51% de la población y el 65% de indecisos). Pero no se puede ser feminista y querer mercantilizar el cuerpo de la mujer con propuestas como la de la legalización de la prostitución o la de los vientres de alquiler. Se escudan en su argumento liberal de que cada mujer (o niña) es libre de decidir qué quiere hacer con su cuerpo. Sin embargo, no tienen en cuenta de que cuando hay una situación de pobreza, las decisiones no son libres. Y no lo tienen en cuenta porque son sus políticas neoliberales las que contribuyen en gran medida a las desigualdades.

Ellos defienden que buscan la libertad para todo el mundo. Así en abstracto. Como en abstracto ya está reflejado en las leyes. El problema es que en la práctica, esta teoría choca con el capitalismo y las desigualdades sociales, económicas y culturales que este crea. Por tanto, al final defienden al que ya es privilegiado.

Así pues, un discurso contradictorio de todo punto. Da la sensación de que quieren ganar unos pocos votos diciendo que reivindican la igualdad, pero maquillado de tal forma que no enfaden a su votante tradicional, ese hombre blanco, heterosexual y acomodado. Como ya hicieran con las banderas LGTBI en Colón, buscan sacar rédito de cualquier lado mientras sorben y soplan a la vez.

Más consecuente es el PP, que ha decidido no sumarse directamente a la huelga. Claro, que usa el discurso de Ciudadanos del año pasado de que el 8M se ha politizado. El año que viene dirán que han sido ellos quienes organizaron todos los actos, como andan proclamando con la LVG. No obstante, con sus políticas de recortes, propuestas de volver a la ley del aborto del 85 y otras sandeces no es que se le esperase.

En cualquier caso, si en 2018 se sobrepasaron todas las expectativas con respecto a la huelga y movilización, este año no puede ser menos. Es verdad que parece que se habla más de feminismo, pero hemos avanzado poco o nada en 365 días e incluso vemos peligrar los derechos adquiridos con estos aires a Gilead.