Nueva Serie para ver: Vota Juan

Pocas series se han hecho en España relacionadas con la política (Señor alcalde y Moncloa, ¿dígame?), pero parece que ya nos vamos desencorsetando y probamos nuevas estructuras, nuevas tramas y nuevos estilos. Tal es el caso de Vota Juan, una comedia fresca que se centra en la historia de Juan Carrasco, un mediocre político que abandona su Logroño natal para convertirse en Ministro de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Sin embargo, él no quiere quedarse ahí, su mayor aspiración es llegar a Presidente, por eso, cuando de rebote se entera de algo que no debería saber, se prepara para presentarse a las primarias de su partido y así acercarse a su objetivo.

El personaje está magníficamente interpretado por Javier Cámara, a quien además le acompañan María Pujalte como Macarena Lombardo, su jefa de prensa (que casi le quita el protagonismo), Nuria Mencía como Carmen Müller, su jefa de gabinete y Adam Jezierski como  Víctor, su pelota asesor personal. Es este equipo de campaña quien tratará de aconsejar al desastroso y mezquino candidato así como enmendar su falta de habilidad política.

Además de un cuidado reparto, cuenta con unos diálogos ágiles y ácidos huyendo del gag y de las risas enlatadas. Ayuda en el ritmo su duración de media hora, que no deja lugar para los silencios o la redundancia. Eso sí, se recrea en los momentos incómodos y bochornosos del ministro, como su insistencia en hacer comillas con los dedos o sus ruedas de prensa donde muestra su ineptitud. La serie comienza ya con una crisis en ciernes y vamos descubriendo los protagonistas a medida que se desarrolla la acción, sin tiempo que perder en presentaciones.

No creo que haya que esperar una serie demasiado profunda y con debate político. Por el contrario pinta más a que, con la excusa de este personaje que únicamente busca su propio interés y que es capaz de cambiar sus principios según el momento, se va a presentar el lado más bochornoso de la política, todo aquello que queda entre bambalinas. Es decir, no va a ir a lo particular, sino a lo general, a las guerras políticas internas, las intrigas de partidos, las envidias y las zancadillas. Ya solo con eso, tiene bastante material. De hecho, ni siquiera hace falta que los guionistas le den mucho a la imaginación, pues el panorama político español parece de peli de Berlanga.

De hecho, han aprovechado las elecciones del 28-A para hacer su propia campaña con el lema #VotaJuan. Incluso hemos podido ver entre los tuits de la cuenta de @soyjuancarrasco cómo ha recreado los carteles del PP, PSOE, Unidas Podemos o Ciudadanos.

Una campaña de marketing muy en la línea de la que llevó Netflix con House of Cards.

De momento Vota Juan cuenta con una primera temporada de ocho capítulos que queda abierta de cara a una segunda temporada. ¿Conseguirá llegar a la Moncloa? Habrá que darle al play.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 IV: Boston: MIT y Back Bay

El día anterior habíamos ido a Harvard, pero además, en Boston destaca otro centro de estudios superiores, el Massachusetts Institute of Technology, más conocido como MIT.

Fue fundado en 1861 por William Barton Rogers en plena industrialización de los Estados Unidos. Este geólogo quería establecer un nuevo tipo de institución educativa independiente que se centrara en los avances científicos y tecnológicos que estaban aconteciendo. Inspirado por los modelos de investigación de las universidades alemanas pretendía orientar la escuela en torno a seminarios y laboratorios, donde no solo se trabajara la teoría, sino también la práctica.

Los primeros estudiantes fueron admitidos en 1865 y enseguida el MIT ganó una importante reputación en ciencias e ingeniería. Sin embargo, a principios de siglo pasaba por problemas económicos y se llegó a plantear la fusión con Harvard, que no tenía tal área. Aunque se estudió esta unión, finalmente no se consumó por las protestas de los alumnos. En 1916 se mudó de la orilla sur del río Charles a Cambridge, en la orilla norte.

Durante la época de la II Guerra Mundial y la Guerra Fría el gobierno invirtió en ciencia y tecnología, por lo que el MIT fue relevante en varios proyectos. Por ejemplo, trabajaron en ordenadores o en el radar. Desde entonces ha ido incorporando nuevas disciplinas más allá de la física e ingeniería añadiendo departamentos de biología, economía, lingüística y administración. Hoy en día la escuela de ingeniería es reconocida como la mejor en Estados Unidos y en el mundo por U.S. News & World Report, además, el MIT ha sido reconocida como la mejor universidad en el mundo durante siete años consecutivos (2012, 2013, 2014, 2015,2016, 2017 y 2018) por el QS World University Rankings.

Acceder a esta universidad no es nada sencilla (tiene una tasa de aceptación del 9%) y entre sus estudiantes y profesorado cuenta con casi un centenar de premios Nobel. Por sus aulas han pasado personajes como Kofi Annan (exsecretario general de las Naciones Unidas), Noam Chomsky (lingüista y activista político), Katie Bouman (la investigadora informática que acaba de conseguir la primera imagen real de un agujero negro) y más de un astronauta, como Russell Schweickart o David Scott.

Paseamos por el campus que parecía estar preparado para la graduación con carpas en el césped frente al Great Dome.

Incluso nos colamos en uno de los edificios, donde pudimos ver cómo tenían trabajos expuestos en los pasillos. Y aunque el estilo clásico no tiene nada que ver con un aulario típico de una universidad pública en España, por lo demás, no deja de ser un centro de estudios.

Abandonamos el campus y tomamos el Puente de Harvard de vuelta a la orilla sur. En este puente, construido entre 1887 y 1890 (y reconstruido un siglo después) podemos ver unas inscripciones que miden la longitud del recorrido. Pero no en millas o metros, sino en smoots.

Esta medida no estándar es el resultado de una broma de fraternidad (allá por 1958) a Oliver R. Smoot, de Lambda Chi Alpha. Mientras él se tumbaba en el suelo, sus compañeros usaban su altura (1.70 m) para medir la longitud total del puente. El resultado total es 364.4 smoots y más o menos una oreja, o lo que es lo mismo, 620.1 metros.

Las marcas se repintan cada año por estudiantes de la fraternidad y la medida ha sido incluida hasta en la calculadora de Google y en Google Maps. El 4 de octubre de 2008 se conmemoró el 50 aniversario como el Smoot Celebration Day con la presencia del mismo Smoot quien acabó de presidente de la Organización Internacional de Normalización (ISO).

Queríamos concluir la tarde subiendo a las alturas así que nos adentramos en el barrio Back Bay. Este vecindario en su día era una bahía entre Boston y Cambridge, de ahí su nombre. Fue a finales del siglo XIX cuando se construyó una presa y se rellenó el terreno de la laguna para crear un barrio residencial. La novedosa planificación contaba con amplias avenidas repletas de árboles a cuyos lados se disponían hileras de magníficas casas victorianas de piedra rojiza (hoy consideradas uno de los ejemplos mejor conservados del diseño urbano del siglo XIX en los Estados Unidos gracias a que desde 1966 los cambios exteriores de los edificios están regulados), así como por numerosos edificios arquitectónicamente significativos e instituciones culturales.

Hoy, junto con Beacon Hill, es uno de los más caros de Boston y figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Además, es un destino de compras de moda (sobre todo en las calles Newbury y Boylston), además de contar con algunos de los edificios de oficinas más altos de Boston y muchos hoteles importantes.

Tomamos la Commonwealth Avenue, una de esas avenidas en cuya parte central hay un bulevar arbolado, y fuimos paseando tranquilamente entre casas victorianas y algún edificio más actual, pero que aún así conserva esa estética de ladrillos rojos y miradores hacia afuera.

En este paseo además encontramos bancos, fuentes y estatuas, como esta de Domingo Sarmiento, Presidente de Argentina entre 1811 y 1888, así como diplomático, escritor y padre del sistema educativo argentino.

Un poco antes del cruce con Fairfield Street hay otro grupo escultórico, el Boston Women’s Memorial, que conmemora las vidas de Phillis Wheatley, Abigail Adams y Lucy Stone. La idea de este monumento surgió a finales del siglo pasado, debido a la poca representación femenina en las estatuas de la ciudad. Así, la Comisión de Mujeres de Boston, el Comité de la Alameda de la Avenida de la Commonwealth y la Sociedad Histórica de Massachusetts (apoyadas por Angela Menino, la esposa del alcalde de Boston) comenzaron a trabajar en el proyecto que tras un concurso ganó la escultora neoyorquina Meredith Bergmann.

Inaugurado el 25 de octubre de 2003 por el alcalde, las estatuas representan a las tres mujeres a pie de calle, en lugar de situarlas en un pedestal. Aunque sí que podemos ver estos cubos de piedra, sin embargo se usan con otro fin. Por ejemlo, Stone (1818-1893) lo emplea como escritorio, como si estuviera trabajando en el Woman’s Journal, el periódico que fundó en 1870 y en el que luchaba por los derechos de las mujeres, como el sufragio. Fue una de las primeras mujeres de Massachusetts en licenciarse en la universidad además de una ferviente abolicionista.

Abigail Adams (1744 – 1818), que se apoya sobre la piedra, fue la mujer de John Adams. También su asesora más cercana, ya que este le pedía consejo en muchos asuntos (se conservan las cartas que intercambiaban y en las que discutían sobre el gobierno y la política), por lo que a veces se la considera también parte de los Padres Fundadores de los Estados Unidos.

A pesar de que no recibió una educación formal (en parte por haber estado enferma muchas veces en su infancia, en parte por ser mujer), su madre y abuela se encargaron de que aprendiera en casa a leer, escribir y cálculos. Conoció las literaturas inglesa y francesa gracias a las bibliotecas de su padre, tío y abuelo. Llegó a ser una mujer intelectualmente avanzada para su tiempo y fue abolicionista y defensora de los derechos de las mujeres, como los derechos de propiedad de las mujeres casadas u oportunidades en el campo de la educación. Consideraba que las mujeres no deberían someterse a leyes que no fueran de su interés, ni conformarse con ser meras comparsas de sus maridos, sino que debían tener una educación y una opinión y ser respetadas por sus capacidades.

El matrimonio Adams tuvo seis hijos y Abigail además de encargarse de su crianza, asumió la responsabilidad de los asuntos financieros de la familia, gracias a lo cual hicieron una buena fortuna. Cuando John llegó a la presidencia en 1797, ella tomó un papel activo en la política, tanto que los opositores de su marido se referían a ella como “la Señora Presidenta”.

Por último, Phillis Wheatley  (1753 – 1784), fue la primera escritora afroamericana en publicar un libro en los Estados Unidos, dos años antes de que comenzara la Guerra de independencia. Nació en lo que hoy en día es Senegal, fue capturada y esclavizada con 7 años. John y Susannah Wheatley, sus compradores, la convirtieron en la fe cristiana y le dieron una buena educación, pues vieron que la niña era muy inteligente. Así, estudió latín, griego, mitología e historia. Pronto dominó el inglés y con 13 años publicó su primer poema.

Fue admirada por importantes personajes que intervendrían en la revolución, como George Washington, aunque también despertaba suspicacias, pues había quien pensaba que una mujer negra no podía ser tan inteligente como para escribir poesía. Tuvo incluso que defender su capacidad literaria en la corte, siendo examinada por varios intelectuales que finalmente concluyeron que era la autora real y le firmaron un certificado. No obstante, no consiguió vivir de ello y murió a los 31 sumida en la pobreza.

Continuamos camino del Prudential Center y nos encontramos cerca de la John Hancock Tower con la Boston Athletic Assotiation, la asociación sin ánimo de lucro encargada de promocionar el deporte y sobre todo de organizar y coordinar la maratón de Boston, uno de los más famosos eventos deportivos de la ciudad que concluye desde 1986 en la cercana Copley Square.

Su símbolo es el unicornio, por su significado en varias mitologías, siempre como un ideal, como algo que no se puede conseguir. Así, se pensó que era una buena analogía del deporte y de las luchas de cada uno contra sus limitaciones y el esfuerzo por llegar al objetivo.

Nos costó encontrar la subida al Prudential Center Skywalk Observatory, pues realmente entras al centro comercial y cuesta no perderse entre los pasillos e indicaciones. Tras abonar la entrada de $20, que ya por sí nos pareció excesiva, nos dimos cuenta de que además tenían una parte cerrada para un evento, así que no pudimos dar la vuelta 360º. Sí podíamos ver el río Charles, así como el MIT o los barrios aledaños. También la John Hankock Tower, a la que después de los atentados de las torres gemelas, ya no se puede subir.

 

No obstante Boston no es una ciudad con demasiados rascacielos, por lo que las vistas no son tan espectaculares como pueden ser en Chicago. En Boston lo que destaca es la arquitectura victoriana, y esa hay que verla a pie de calle.

No obstante, en el observatorio no todo son las vistas, ya que en sus paredes interiores hay toda una exposición sobre la historia de Boston. Podemos hacer un repaso desde sus inicios, descubriendo sus lugares históricos y conociendo a bostonianos ilustres del pasado y del presente en todas las áreas.

Además, podemos probar en el juego interactivo Who wants to be an American? estilo Quién quiere ser millonario, pero en el que el premio es conseguir la visa estadounidense. Yo he de reconocer que no estoy a la altura, pues fallé demasiadas preguntas.

Nos quedamos hasta que se hizo de noche, para ver cómo cambiaba el paisaje. El cielo estaba algo nublado, pero aún así pudimos ver cómo el azul iba pasando por tonos anaranjados y rosados hasta llegar a la oscuridad rota por la iluminación de los edificios.

Cansados y famélicos volvimos al metro de camino al apartamento. En el barrio teníamos como a unos diez minutos andando varios locales de restauración, así que echamos un ojo y nos decidimos por DaCoopas, pues no comíamos pizza desde Chicago (las congeladas de Montreal no cuentan). Pedimos un par de medianas que nos costaron $36.36.

Nos tocó esperar un rato porque nos las hicieron en el momento (desde la masa), pero mereció la pena porque la verdad es que estaban muy ricas. Se notaba que el tomate era casero, pues le daba un toque más jugoso.

Y tras la cena, a descansar, que estábamos agotados y nos quedaba mucho que ver al día siguiente.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 III: Boston: Freedom Trail II

Seguimos por la Congress Street hasta el Faneuil Hall, un edificio conocido como la Cuna de la Libertad y el Hogar de la Libertad de Expresión puesto que acogió diversos discursos patrióticos. Construido por John Smibert entre 1740 y 1742 con un estilo de mercado inglés campesino y financiado por el adinerado comerciante bostoniano Peter Faneuil, nació como centro de comercio, aunque en principio no fue muy bien acogido, ya que algunos vendedores pensaban que no les beneficiaría tener tan cerca a la competencia. Sin pretenderlo sirvió de foro abierto para el debate y sobre todo para proclamar la disidencia contra la opresión británica. Allí protestaron por ejemplo en 1764 contra la Ley del Azúcar y la Ley del Timbre. A estas reuniones les siguieron otras para quejarse sobre las Leyes de Townshend, la ocupación de los soldados británicos y la Ley del Té.

Uno de los más famosos oradores del Faneuil Hall fue Samuel Adams, quién en 1763 ya sugirió la unión de las colonias británicas americanas para su lucha contra el gobierno británico. Para recordarle, se erige una estatua suya frente a la fachada principal del edificio.

El Fanueil Hall fue ampliado a finales del siglo XVIII pues era muy visitado. De nuevo a finales del siglo XIX se realizaron nuevas reformas. Volvió a ser reformado en la década de 1970 y más recientemente en 1992.

Detrás está el Quincy Market, el primer proyecto del alcalde Quincy. En mayo de 1823, poco después de su elección, Josiah Quincy estaba mirando desde su oficina de Faneuil Hall y observó cómo el mercado se había quedado pequeño para las necesidades de la ciudad, por lo que rápidamente formó un comité para buscar una solución. Un año después tenía un nuevo proyecto que sentó las bases de este mercado gastronómico.

Fue llevado a cabo por el arquitecto e ingeniero Alexander Parris y se abrió al público el 26 de agosto de 1826 bajo el nombre de Faneuil Hall Market, aunque se hicieron sugerencias para que se renombrara en honor al alcalde. Este sin embargo rechazó tal propuesta, lo cual no ha impedido que coloquialmente se haya conocido así. De hecho, en 1989 se colocaron letreros dorados en los que se puede leer Quincy Market en el frontispicio de ambos pórticos renacentistas griegos.

Este nuevo edificio sirvió como centro comercial de productos alimenticios con varios almacenes de productos como huevos, queso y pan. Muchos de los comerciantes del Faneuil Hall se reubicaron en él, sin embargo, para 1850 había llegado al máximo de su capacidad, por lo que se llevaron a cabo planes de ampliación incorporando los mercados sur y norte a ambos lados del edificio principal.

Asimismo, la planta baja de Faneuil Hall se volvió a comercializar en 1858 para añadir más espacio. No obstante, a mediados de siglo, como consecuencia del crecimiento de Boston, la gente comenzó a comprar cerca de sus casas, por lo que el mercado pasó a ser un centro mayorista.

A principios de la década de 1970 los comerciantes se habían ido mudando a otras instalaciones más grandes y modernas, por lo que el mercado cayó en decadencia. Así pues, se decidió restaurar por completo para que volviera a ser útil. Gracias a aquellas obras, en la actualidad sigue siendo lugar de encuentro de los bostonianos, aunque ahora se ha reconvertido como mercado gastronómico en el que predominan los locales de comida rápida y restaurantes.

Cuenta con dos pisos de altura y con una superficie de 2.500 metros cuadrados. Con un exterior realizado en granito y paredes interiores de ladrillo rojo, acoge 128 locales en su planta baja dispuestos en torno a un largo pasillo en su línea central.

En la parte superior se ha dispuesto en torno a una glorieta y bajo la cúpula de cobre un espacio abierto con mesas en el que poder sentarse a comer. En esta zona se conservan además algunos elementos antiguos como los letreros de los puestos.

Esta cúpula elíptica es uno de los pocos elementos decorativos que sobreviven del diseño arquitectónico interior de Alexander Parris.

Todo el complejo fue designado Monumento Histórico Nacional e incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos en 1966. Además, su éxito llevó a la construcción de otros mercados similares por todo el país.

En las calles entre el Quincy Market y sus mercados adyacentes también podemos encontrar más puestos de comida así como vendedores ambulantes de regalos y recuerdos. También utilizan el espacio artistas callejeros. Sin duda es un lugar con mucha vida.

Y era un buen lugar para comer, pues había locales de todo tipo de comida, y era la hora, sin duda. Sin embargo, ya llevábamos en mente comer un bocadillo de langosta en Pauli’s Lobsta Roll, así que seguimos nuestro camino hasta el North End.

En la cocina en Boston, al igual que en Nueva Inglaterra, predominan los mariscos y productos lácteos. Sus platos más conocidos, son la sopa de almejas, el fish and chips, baked beans, almejas al vapor o almejas fritas y langostas.

Y precisamente el Lobsta Roll de St Pauli’s es uno de los más famosos de la ciudad, así que pedimos uno para cada uno. Acompañamos dos con patatas y otros dos con aros de cebolla.

El secreto de este bocadillo es que el pan recién horneado se unta con mantequilla y se pone en la parrilla para que quede crujiente. Después se rellena con la langosta y se rocía con un jugo de limón y mayonesa para que se quede todo unido.

Es cierto que va bien cargado de langosta, pero me decepcionó un poco. Sobre todo por el pan, que no aporta nada, salvo que se hace bola y deja un sabor empalagoso con la mantequilla. La carne de la langosta sí que estaba rica y jugosa. En cuanto a los aros y las patatas, pues muy grasientos. Además, no son baratos precisamente. Quizá deberíamos haber elegido unas ensaladas o algún plato en el que predominara más el sabor de la langosta y no quedara tapado por el pan, la mantequilla o mayonesa. Aunque como tienen una carta tan extensa es complicado elegir y al final nos fuimos a por el mítico bocadillo para no darle muchas vueltas.

Y después de comer, seguimos por Little Italy, donde no pueden faltar salumerias, trattorias, gelaterias, restaurantes y tiendas de pasta.

Y claro, era hora del postre, así que paramos en la pastelería Modern Pastry, que lleva 150 años ofreciendo dulces típicos italianos. Incluido turrón.

Elegimos unos cannoli, típicos del carnaval de Sicilia. Aunque hoy en día se comen todo el año y en toda Italia.

Estos dulces consisten en un tubo realizado con una masa que se queda crujiente. Se pueden comer tal cual, aunque lo frecuente es que estén rellenados con una base de queso ricota.

Tras el breve desvío para comer, retomamos el Freedom Trail. Nuestra siguiente parada fue la Casa de Paul Revere.

Construida alrededor de 1680, es la estructura más antigua que queda en el centro de Boston y la única casa en el Freedom Trail (algo que diferencia al recorrido del Black Heritage Trail). Fue levantada en el lugar que ocupó la Segunda Iglesia Parroquial de Boston, tras el incendio de la misma en 1676.

Levantada en madera por el rico gobertante Howard consta de tres plantas con habitaciones espaciosas. Paul Revere, la compró en 1770 y residió en ella con su madre y nueve de sus hijos de dos matrimonios. Este colono fue famoso por su famosa cabalgada la noche del 18 al 19 de abril de 1775 para avisar a los rebeldes de Lexington de la llegada de las tropas británicas.

Allí residió hasta 1800, después la casa se vendió y los bajos se usaron como tienda de dulces, fábrica de cigarros, banco y frutería. La parte superior se dividió en viviendas para inmigrantes irlandeses, judíos e italianos, así como como pensión para marineros. Durante ese siglo pasó por varios propietarios, hasta que en 1902 el bisnieto de Revere la compró  para evitar su demolición y la restauró. Desde 1908 es un museo gestionado por la por la Paul Revere Memorial Association en el que se exponen piezas y utensilios de la época, así como mobiliario y piezas realizadas en el taller de este héroe estadounidense.

Siguiendo por Hanover Street llegamos a un parque flanqueado por dos iglesias que también lleva el nombre de Revere (Park Paul Revere Mall). Y en él podemos encontrar su estatua ecuestre.

La iglesia que está frente a Revere es la St. Stephen, anteriormente conocida como Iglesia Nueva del Norte.

Construida en ladrillo rojo y coronada por un campanario blanco fue diseñada para la Nueva Sociedad Religiosa del Norte, un grupo congregacionalista a principios del siglo XIX.

De 1813 a 1849 se convirtió al Unitarismo y en 1862 como consecuencia de la afluencia de irlandeses (incluido el abuelo materno de JFK) fue vendida a la Diócesis Católica Romana de Boston, momento en que se eliminó la veleta de la cúpula y se colocó en su lugar la cruz. Además, se realizaron cambios en su interior. En 1870, con la ampliación de la calle, tuvo que ser movida para atrás. Se cerró en 1992 y ahora pertenece a la Sociedad Misionera de Santiago Apóstol.

Tomando la misma calle Hanover y adentrándonos en Battery Street encontramos un curioso rincón (incluso un poco terrorífico) repleto de imágenes de santos, el All Saints Way.

Volviendo al Parque Paul Revere, lo atravesamos, y parece que no solo está dedicado a este héroe local, sino que también hay varias placas y memoriales en recuerdo de soldados caídos en distintas guerras.

En el extremo opuesto a la iglesia St. Stephen se erige la Old North Church, considerada la iglesia más antigua de Boston.

Construida en ladrillo en 1723 en estilo georgiano está inspirada en la inspirada en St. Andrew’s by the Wardrobe de Londres. Pero esta iglesia es relevante por su papel en la Guerra de Independencia. El 18 de abril de 1775 Paul Revere acordó con Robert Newman, sacristán de la iglesia, cómo señalizar los avances de las tropas británicas a los bostonianos. La comunicación iba a ser visual, mediante faroles colgados en el campanario: “One if by land, and two if by sea”.

Este famoso campanario, el más alto de todo Boston, además alberga las primeras campanas forjadas en Estados Unidos. Ha sido derribado dos veces por los huracanes, una vez en 1804 y otra vez en 1954.

Siguiendo la calle Hull llegamos a un nuevo punto del recorrido, otro cementerio: el Copp’s Hill Burying Ground.

En 1630 cuando las flotas de John Winthrop llegaron al puerto de Boston había tres colinas que dominaban la península de lo que ellos llamaron la ciudad de Boston: Fort Hill al sur, Beacon Hill en el centro y Copp’s Hill en el norte. Esta última era más alta que en la actualidad, pues fue cortada en el siglo XIX para rellenar la zona en la que hoy se encuentra la Estación del Norte. En un primer lugar la colina se llamó Wind Mill Hill o Mill Hill porque había un molino desde 1632. Después cambió su nombre en honor a William Copp y su familia, quienes se habían mudado a la zona sobre 1635.

Es el segundo cementerio más antiguo de la ciudad. En 1659, el Cementerio Central, el de la King’s Chapel, estaba saturado. Así que, se compró este terreno para abrir uno nuevo. Comenzó en lo alto de la colina, cerca del río y de las calles Charter y Snow Hill, después, en 1711 se extendió hacia la calle Hull. En el siglo XIX se amplió otras dos veces en 1809 y 1825. Acabó convirtiéndose en el mayor cementerio colonial de la ciudad.

Al principio no tenía árboles y las tumbas se disponían en grupos familiares. En el siglo XIX los cementerios se transformaron en parques, así que muchas familias movieron a sus antepasados a nuevos camposantos como el Moint Auburn y Forest Hills. Así, en la década de 1830 el Copp’s Hill fue reorganizado en hileras, creando pasillos y caminos y levantando muros.

Cuenta con unas 1.200 tumbas, entre las que encontramos las de notables bostonianos de mediados de siglo XIX que residían en el North End, como el sacristán Newman. También se halla la de Prince Hall, un hombre negro libre que fundó el primer Black Masonic Lodge de Estados Unidos. Solicitó a la legislatura de Massachusetts que pusiera fin a la esclavitud.

Junto a su tumba se halla un emblema que lo reconoce como patriota.

El terreno del cementerio también fue usado como campo de entrenamiento por los británicos durante la Batalla de Bunker Hill en 1775, ya que está en una colina y ofrece unas buenas vistas panorámicas. De hecho, en la lápida de Daniel Malcolm, comerciante y patriota, se pueden ver las secuelas de las balas británicas.

En 1878 se encontraba muy abandonado y formaba parte de la Freedom Trail, sino que fue incorporado después.

Ya estábamos casi al final del recorrido, nos faltaban un par de paradas al otro lado del río. Para ello hay que cruzar el Charleston Bridge, un puente no apto para acrofóbicos, ya que la pasarela para peatones es tan solo una rejilla, por lo que se ve el río bajo los pies.

Desde él vemos los astilleros de Charlestown Navy Yard.

Cuando el Capitán William Bainbridge se puso al mando del Navy Yard en abril de 1812 encontró una pequeña y pantanosa tierra y nueve edificios abandonados. Con solo doce años no había un puerto lo suficientemente profundo para barcos o espacio de almacenaje adecuado para los suministros. Bainbridge intentó en repetidas ocasiones mejorar las instalaciones, pero no había fondos. En 1813 los trabajadores construyeron un nuevo almacén de ladrillo y una herrería, y en 1814 un enorme cobertizo para cubrir a los barcos mientras eran construidos. A pesar de estas mejoras, tuvieron que pasar muchos años antes de que el Navy Yard adquiriera el aspecto industrial que tiene hoy en día.

En el Centro de Visitantes se puede conocer su historia. Además, en sus alrededores hay expuestos cañones, anclas, así como paneles informativos y figuras de personajes ilustres.

Miles de civiles trabajaban en el Navy Yard, pero luego volvían a sus barrios de Boston. Sin embargo, para algunos trabajadores navales, el astillero, además de ser su lugar de trabajo, también era su hogar. Algunos vivían en la Casa del Comandante en la colina, otros sin embargo lo hacían en barracones.

Esta casa en la colina fue construida en 1805 para el comandante y su familia. Durante 170 la mansión de 14 habitaciones fue también el lugar donde se celebraban recepciones locales, nacionales e internacionales. Hoy los barracones todavía contienen elementos de la estructura original de 1810 y son los barracones más antiguos que aún se conservan en el país. Eso sí, en la actualidad son oficinas del National Park Service y US Navy.

En 1833 se construyó una hilera de cinco casas para los comerciantes. Los oficiales de guardia, así como el maestro fabricante de velas y el maestro carpintero dirigían las tiendas principales. Hoy estas casas son residencias privadas para los miembros del National Park Service y las familias de los marines.

El USS Constitution fue la primer embarcación en ubicarse en el muelle 1 del Navy Yard. Se trata del barco de guerra en activo más antiguo del país (data de 1797). Le debe su nombre a George Washington, que quiso honrar a la tan ansiada Constitución. Navegó por las Antillas, Brasil y la costa de África Occidental y participó en las Guerras de Berbería. Pero cuando realmente se ganó la fama fue durante la Guerra de 1812, cuando recibió el apodo de Old Irionsides porque su casco de roble era tan grueso que las balas de cañón lanzadas por la fragata británica HMS Guerriere acababan rebotando.

Iba a ser desguazado, sin embargo a finales del siglo XIX consiguió ser salvado y se convirtió en museo. En 1997 fue restaurado y puede navegar. De hecho, cada 4 de julio recorre el puerto, momento además en que aprovecha para cambiar su posición de amarre y que así no se

El buque se salvó del desguace gracias al poema Oliver Wendell Holmes, titulado Old Ironsides. Compuesto en 1830 el autor pidió ayuda pública para salvar el buque, dado que las reparaciones para su puesta de nuevo en servicio eran costosas. Finalmente el presupuesto fue aprobado y el barco salvado. En 1907 el USS Constitution fue convertido en museo. En 1997 sería restaurado, siendo capaz de navegar por sus propios medios. Cada 4 de julio, Día de la Independencia de los los Estados Unidos, zarpa para recorrer el puerto, cambiando además su posición de amarre con el fin proteger ambos lados del barco de la condiciones ambientales.

Invicto en 33 batallas hoy se puede visitar por dentro, así como su museo, en el que hay exhibiciones interactivas y prácticas.

También está permanentemente atracado el USS Cassin Young, un destructor de la Segunda Guerra Mundial.

Tomando la calle Tremont, nos dirigimos al último punto de la ruta, el Monumento de Bunker Hill.

En el centro del parque sobre la colina se erige un obelisco de granito, de 67 metros de altura, que conmemora la primera gran batalla de la Guerra de Independencia, la batalla de Bunker Hill (17 de junio de 1775).

El ejército británico era una de las mejores fuerzas militares de la época. Sus líderes eran oficiales de carrera. Las tropas entrenaban regularmente y estaban bien equipadas. Aún así, también reclutaban soldados en contra de su voluntad, generalmente hombres pobres y desempleados, a veces también algunos prisioneros. Por su parte, la mayoría de los colonos no entrenaban, sino que se unían voluntariamente a la milicia. Los británicos no esperaban que un grupo organizado lo hiciera tan bien como al final resultó. Aunque los americanos perdieron en esta batalla, eso les hizo fortalecerse y luchar más fuerte para conseguir su independencia. Así, aunque técnicamente los ganadores fueron los británicos, vencieron perdiendo en el camino la mitad de sus hombres y tan solo nueve meses más tarde las tropas de George Washington consiguieron expulsarles.

Tras la batalla, en la década de 1820,  el terreno de la colina se convirtió en tierra sagrada debido a un nuevo sentimiento patriótico. Los americanos querían honrar el sacrificio y servicio a la nación de sus antepasados, así que, durante dos décadas, muchos hombres y mujeres, liderados por la Bunker Hill Monument Association, trabajó para para construir un monumento que los recordara.

La primera piedra del monumento fue colocada en 1825 por el héroe Marquis De Lafayette, en el 50 aniversario de la batalla y fue concluido en 1842. El 17 de junio de 1843 Daniel Webster habló a una multitud de 100.000 personas para inaugurarlo. Hoy en día se puede subir para ver Boston desde las alturas, aunque llegamos justo cuando estaban con el último pase.

Frente al obelisco, ya fuera del parque, se encuentra el museo, en el que se puede conocer la historia de la batalla así como objetos usados en la misma.

Además, no podía faltar en el parque la estatua de William Prescott, el coronel que comandó las fuerzas patriotas en la Batalla de Bunker Hill y que se hizo conocido por la frase “No disparen hasta que vean el blanco de sus ojos”.

Aún nos quedaba tarde, así que tomamos el metro para acercarnos al campus del famoso MIT.

Nadie lo ha visto, Mari Jungstedt

Una reciente tendinitis en la rodilla me ha llevado a pasar unos días con movilidad reducida y apalancada en el sofá. Oportunidad ideal para hacer maratón de series (y justo con la vuelta de Juego de Tronos), pero también para dedicarlo a la lectura.

Últimamente me cuesta encontrar un título que me atraiga, ya que me da la sensación de que todos los libros nuevos que van saliendo tienen los mismos argumentos, así que tiré de fondo de novela nórdica y de una autora que no había tocado hasta la fecha: la periodista sueca Mari Jungstedt.

Aún tengo un par de novelas pendientes de Camilla Läckberg y de su saga de Fjällbacka, pero decidí comenzar con esta serie del inspector Anders Knutas que ya acumula 11 libros. Su primera entrega es Nadie lo ha visto (Den du inte ser) y aunque fue publicada en Suecia en 2003, llegó a España en 2009.

Según podemos leer en la sinopsis de la contraportada La temporada turística empieza en la aparentemente tranquila isla sueca de Gotland. Como cada año, Helena, que ahora reside en Estocolmo, vuelve a la isla en la que pasó los primeros años de su vida y celebra una fiesta con sus amigos de la infancia. Pero Helena bebe más de la cuenta y acaba bailando con su amigo Kristian y provocando los celos de su marido Per. Cuando ya no puede soportarlo más, Per reacciona de forma violenta y pone punto y final al buen ambiente que se respiraba. Al día siguiente, Helena está paseando por la playa reflexionando sobre lo ocurrido cuando es salvajemente atacada. Cuando se encuentra su cuerpo, cruelmente asesinado, su pareja es inmediatamente inculpada.

Pero unos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en las mismas circunstancias. La psicosis se apodera del pueblo y el inspector Anders Knutas debe acelerar las investigaciones antes de que el asesino golpee de nuevo. Para ello cuenta con la colaboración, no siempre deseada, del inquieto periodista Johan…

Cuenta con el esquema clásico de la novela negra: un asesinato, la línea de investigación de la policía, el relato de la prensa y un acontecimiento pasado que sirve como nexo entre el asesino y la/s víctima/s. Sin embargo, no está al nivel de otros libros del género. No me ha enganchado tanto. El desarrollo es prácticamente lineal y la trama sencilla y predecible hacia mitad de la novela. No hay ningún giro que genere expectación.

Los personajes por su parte quedan bastante desdibujados. Y es algo que ocurre tanto con los secundarios como con los principales, por lo que no he llegado a empatizar ni con el periodista Johan Berg, ni con Knutas y mucho menos con su compañera Karin Jacobsson. Es verdad que va soltando pinceladas del inspector, su mujer comadrona y sus gemelos, pero poco más. En muchas ocasiones he tenido la sensación de que aporta datos que no son relevantes para la historia.

Y no solo con los personajes, sino también con las descripciones tan extensas sobre los lugares en los que se va desarrollando la historia. No dudo de la belleza de la isla de Gotland y de la de Visby, su capital, que además es Patrimonio de la Humanidad, pero parece como si los detalles estuvieran metidos con calzador en un lugar inoportuno a modo de relleno y no como escenario.

También me chirría la subtrama romántica y el aspecto sentimental. Con tanto enredo queda una novela en la que la trama policíaca resulta bastante deficiente y poco sorpresiva. Apenas hay toque de suspense ya que lo que menos seguimos es la investigación.

La prosa de Jungstedt no tiene nada que ver con la de Maj Sjöwal y Per Wahlöö, que pretendían hacer crítica social en sus novelas. Tampoco con la saga Millenium, más centrada en la investigación periodística y tejemanejes empresariales. A priori puede acercarse más a Läckberg (por aquello de que parece que le interesan más las relaciones personales), pero en realidad tampoco ahonda especialmente en ello. La de Fjällbacka dota de más carácter a sus personajes y sus historias tienen mucho más trasfondo. Quizá porque en sus novelas hay dos tramas paralelas que se cruzan en determinado momento, por un lado la de la escritora Erika y por otro la del policía Patrik. Ambos protagonistas están bien conformados y cuentan con un relato propio. En Nadie lo ha visto, como decía antes, sin embargo no hay investigación. Ni la de Knutas (que parece ir únicamente de un escenario del crimen a otro pasando entre medias por algún interrogatorio), ni la de Berg (que va cubriendo las noticias de los asesinatos sin más).

Así, la novela se queda en un quiero y no puedo. Parte del patrón de la novela negra escandinava, pero no aporta nada novedoso al género ni en argumento, ni en narración, ni en personajes. Resulta entretenida, es verdad que no me ha resultado tan tediosa como Aurora Boreal de Åsa Larsson, pero sin más. Quizá se deba a que es su primera publicación y la cosa va mejorando con las entregas, así que es probable que le dé una oportunidad al siguiente libro de la saga, Nadie lo ha oído. Eso sí, antes de más experimentos retomaré los dos pendientes de la saga de Läkberg :Tormenta de nieve y aroma de almendras y La bruja.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 II: Boston: Freedom Trail

Tras recorrer el Black Heritage Trail que nos permite conocer un poco del pasado afroamericano y de la abolición de la esclavitud en sus 14 paradas, enlazamos con el Freedom Trail, un recorrido por los puntos claves de la historia de Boston y de la Revolución Americana.

Consta de 16 paradas distribuidas a lo largo de 4 kilómetros y está señalizado en el suelo por una línea de ladrillos rojos.

Fue concebido en 1951 por el periodista local William Schofield y aceptado por el alcalde John Hynes. Es gratuito, aunque también hay visitas guiadas caracterizadas que salen desde el punto de información turística en el parque Boston Common. Y aquí es donde habíamos terminado la anterior ruta y nuestro punto de partida.

Construido en 1634, este parque público de 50 hectáreas es el parque urbano más antiguo de los Estados Unidos y el más popular de la ciudad. Es el pulmón verde de la ciudad y forma parte del área conocida como Collar de Esmeraldas, que une todos los parques de Boston.

El terreno fue comprado por varios colonos puritanos al ministro anglicano William Blackstone y se usó como pasto para el ganado de la comunidad hasta 1830, cuando se prohibió dicha actividad. Fue entonces cuando se valló y nació el parque como tal. Durante la Guerra de Independencia fue un campo de batalla testigo de ejecuciones públicas.

A lo largo del siglo XX acogió diversas charlas de Martin Luther King Jr. en la lucha por los derechos civiles, también mítines contra la Guerra de Vietnam. Incluso en 1979 el Papa Juan Pablo II dio misa.

Aunque hoy es sobre todo un espacio de ocio, también se usa para manifestaciones o protestas, eventos deportivos y celebraciones.

En el centro del parque se encuentra el Freedom Trail Visitors Centre, donde facilitan información, además de ofrecer la posibilidad de contratar guías. En la plaza junto al centro de visitantes había varios camiones de comida, así como mesas y sillas para disfrutar del sol.

Paseando por el parque podemos descubrir fuentes, estatuas y monumentos que recuerdan a personajes relevantes en la historia del país. Una de las que me llamó la atención es una placa que se colocó en 2017 en honor al árbol de Nueva Escocia. Y es que, cada año, Nueva Escocia regala un árbol a la ciudad de Boston en agradecimiento a la ayuda que recibieron tras la explosión en Halifax el 6 de diciembre de 1917.

Por el camino que da a la calle Tremont vimos una curiosa iglesia (fuera de ruta), la Cathedral Church of St Paul.

Construida en 1819, fue la primera iglesia de estilo renacentista griego en Nueva Inglaterra, y desde 1970 es Monumento Histórico Nacional por su importancia arquitectónica. Los arquitectos encargados del proyecto fueron Alexander Parris (autor también del Quincy Market que veríamos más adelante) y Solomon Willard (quien diseñó el monumento de Bunker Hill, al final de la ruta).

En el momento de su fundación ya había otras dos parroquias episcopales, sin embargo, ambas pertenecían de la época anterior a la independencia, por lo que pretendían crear una iglesia totalmente estadounidense.

Volviendo a la ruta, frente al parque, y en la acera opuesta al monumento del 54º Regimiento se erige la Massachusetts State House, la sede del gobierno del Estado de Massachusetts. Alberga la corte general de Massachusetts y la Oficina del Gobernador.

Construido en 1798 en el terreno de pasto de John Hancock, destaca por su cúpula realizada en cobre y cubierta por láminas de oro de 23 quilates. Durante la II Guerra Mundial fue pintada de gris para que no destacara durante los apagones y no fuera víctima de las bombas. Corona la cúpula una piña de madera dorada, símbolo de la dependencia del estado de la tala en el siglo XVIII.

El afamado arquitecto Charles Bulfinch se basó en los diseños de varios edificios londinenses, y a su vez, la Casa del Estado ha servido de inspiración para el Capitolio de Washington y para muchos de los capitolios estatales de los Estados Unidos.

Su escalera principal de acceso a las puertas centrales del Salón Dórico solo es usada por el Presidente de los EEUU, los jefes de estado de otros países y el gobernador de Massachusetts cuando termina su legislatura.

El tercer punto se halla frente al parque, en la esquina de las calles Park y Tremont. Allí se erige The Park St. Church, una iglesia construida en 1809 por el arquitecto inglés Peter Banner, quien se inspiró en los dibujos de la iglesia londinense St. Bride. De 1810 a 1846 defendió el título de edificio más alto de Estados Unidos gracias a su campanario de 66 metros de altura que servía como referencia desde diferentes puntos de la ciudad. Perdió tal honor cuando se construyó la Iglesia de la Trinidad en Nueva York.

El lugar en que se ubica también se conoce como la “esquina del azufre”, parece que por los sermones “incendiarios” que se celebraban, aunque hay otra teoría que dice que es porque durante la Guerra de 1812 se almacenó pólvora en su sótano.

Fue sede de reuniones de carácter político, social y humanitario durante la Revolución y el lugar escogido por William Lloyd Garrison para, el 4 de julio de 1829, pronunciar su primer discurso en contra de la esclavitud. Sus palabras fueron: “Ya que la causa de la emancipación tiene mucho camino por delante y va a encontrarse con mucha oposición, ¿por qué retrasar el trabajo?”

Tras la iglesia se extiende el Granary Burying Ground, el tercer cementerio más antiguo de la ciudad y cuyo nombre le debe al granero que había donde hoy se erige la iglesia. El terreno pertenecía por aquel entonces al Boston Common. Accedemos a él por la puerta diseñada por Isaías Rogers.

Fundado en 1660 alberga varios personajes ilustres en la historia de la ciudad. Por ejemplo, en él descansan Samuel Adams, Robert Treat Pain y John Hancock, 3 de los 56 firmantes de la Declaración de la Independencia.

Al lado de la lápida de Adams se encuentran las tumbas de las cinco víctimas de la Masacre de Boston (5 de marzo de 1770) momento clave para la Guerra de la Independencia junto con el Motín del Té del 16 de diciembre de 1773.

En la parte posterior está enterrado Paul Revere y junto a su tumba encontramos una corona, pues justo el día anterior había sido el 200 aniversario de su muerte.

En el centro del cementerio se encuentra el obelisco que marca la tumba de Josiah y Abiah Franklin, los padres de Benjamin Franklin.

En total el cementerio cuenta con más de 2.300 tumbas, sin embargo, parece ser que en realidad hay unas 5.000 personas enterradas. Muchos niños no sobrevivían al primer año de vida, y algunas veces se enterraba a varios en la misma fosa. Algunos esclavos también fueron enterrados con sus dueños.

Su organización en hilera tan típica de los cementerios estadounidenses se debe a la época victoriana, pues así dejaba paso para el cortacésped.

Tras visitar el cementerio seguimos con nuestro recorrido hasta la siguiente parada. Un poco más adelante, en el cruce con la calle School, se erige la King´s Chapel,  la primera iglesia anglicana de Boston.

La iglesia original de 1689 era de madera. Pronto se quedó pequeña pues empezó a acoger a varios comerciantes prominentes y sus familias, por lo que comenzó a construirse una nueva de granito alrededor y cuando finalizaron las obras en 1754 se desmontó la originaria. La madera se reutilizó en Nueva Escocia para levantar otra iglesia anglicana.

En los planes originales se incluía un campanario, sin embargo este nunca se llevó a cabo. Su fachada tiene una peculiaridad, ya que aunque las columnas exteriores parecen de piedra, en realidad son de madera. Y es que esta parte se terminó tras la Revolución y de esta manera se abarataban los costes.

Recibe este nombre porque fue construida por orden del rey Jacobo II de Inglaterra, que quería que en los Nuevos Territorios hubiese una iglesia anglicana.

Junto a ella se extiende el King’s chapel Burying ground, el cementerio más antiguo de Boston (1630). En este no hay ningún personaje de la revolución, ya que para 1660 ya estaba completo. Se encuentran sin embargo algunos de los primeros colonos de Estados Unidos, como Mary Chilton, la primera mujer europea en desembarcar en el Nuevo Mundo tras haber cruzado el Océano Atlántico a bordo del famoso Mayflower en 1620; o personalidades como John Winthrop, primer gobernador de Massachusetts, y William Dawes, uno de los tres emisarios que alertó de la llegada del ejército británico.

Junto a la iglesia y cementerio se encuentra la Escuela Latina de Boston,  la que fuera la primera escuela pública de Estados Unidos. Podemos ver en el suelo un mosaico conmemorativo.

Establecida en 1635 por Sir Patrick Aridan Kelly, nació para formar a los niños (las niñas acudían a escuelas privadas en casas) de toda clase social. Los colonos puritanos consideraban la educación muy importante, pues era una manera de acercarse a la Biblia. Así, en 1647 se aprobó una ley por la que se establecía que en aquel pueblo en el que hubiera más de 50 familias, tenía que haber una escuela.

El edificio original fue derribado en 1745 para ampliar la King’s Chapel y, tras varios traslados, actualmente se encuentra en el barrio Fenway de Boston y desde 1972 admite también a niñas.

A esta escuela acudieron importantes personajes de la historia de la ciudad, incluso cinco firmantes de la Declaración de Independencia: Benjamin Franklin, Samuel Adams, John Hancock, Robert Treat Paine y William Hooper. El primero de ellos es honrado con una estatua en el lugar en que se ubicaba el edificio, la primera estatua dedicada a una persona erigida en Boston. Franklin, que nació en 1706 en lo que hoy es el centro de Boston, además de ser uno de los padres de la nación era poeta y científico (inventó el pararrayos).

En el patio también hay otra estatua dedicada a Josiah Quincy III, educador, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de 1805 a 1813, alcalde de Boston de 1823 a 1828 y presidente de la Universidad de Harvard de 1829 a 1845. El histórico Quincy Market (también en la ruta) en el centro de Boston recibe su nombre en su honor.

Al lado, aunque no pertenece al Freedom Trail, está el que fuera el Ayuntamiento hasta su traslado en 1969, el Old City Hall. Construido entre 1862 y 1865 en estilo Segundo Imperio Francés fue el tercer ayuntamiento que tuvo la ciudad. Hoy el edificio está ocupado por varias empresas y organizaciones desde su venta en 2017.

Frente a la fachada hay una curiosa estatua de un burro de bronce. Ante él hay dos huellas que invitan a situarse. El burro simboliza el partido demócrata y los elefantes de las huellas al republicano.

La elección de cada uno de estos animales tiene su historia. Cuando Andrew Jackson creó el Partido Demócrata en 1828 y se presentó a presidente usó el lema populista “dejad que el pueblo mande”. Esto provocó insultos y descalificaciones por parte de sus oponentes, quienes lo consideraron estúpido y lo etiquetaron como jackass (burro). Jackson sin embargo tomó el este insulto y lo convirtió en el símbolo de su campaña. Así, durante años el burro ha sido el símbolo del partido.

Por su parte, el Partido Republicano le debe el elefante a Thomas Nash, dibujante del Harper’s Weekly, quien comenzó a usarlo en 1874. Después comenzó a extenderse a medida que fueron usándolo otros artistas gráficos. Al final el partido acabó adoptándolo.

Retomamos el Freedom Trail y nos dirigimos hacia la Old Corner Book Store, un edificio que fue la casa de Anne Hutchinson, controvertida líder religiosa. Llevaba a cabo lecturas semanales de las Escrituras en su casa a las que asistían hasta 80 personas, una décima parte de la población de Boston en ese momento. Fue acusada de herejía por predicar sin licencia y excomulgada en 1638. Acabó exiliándose a Rhode Island, donde fundó la ciudad de Portsmouth.

En 1708 la casa fue comprada por Thomas Crease y tres años más tarde acabó ardiendo en el Gran Incendio.

En 1718 se levantó una nueva construcción como tienda, lo que lo convierte en el edificio comercial más antiguo de Boston. Un siglo más tarde, el padre del futuro ministro J. Freeman Clarke la compró y en 1828 la convirtió en librería. Poco después, entre 1832 y 1865, se estableció una imprenta, y fue el centro de la publicación de libros estadounidenses en una época en que Boston era la meca literaria del país. En los años posteriores sería ocupada por diversas editoriales y librerías.

En 1960 se planteó demolerla para construir un aparcamiento, sin embargo varios ciudadanos crearon una asociación para recaudar dinero, comprar la propiedad y restaurarla. En la actualidad es un restaurante de comida mexicana pero mantiene su estética.

Frente a él, en una plaza, encontramos el Irish Famine Memorial, que al igual que el que habíamos visto el día anterior, recuerda la hambruna irlandesa de mediados de siglo XIX.

El monumento cuenta con dos grupos de estatuas en las que se contrasta a dos familias. Por un lado a una que pudo emigrar a América y consiguió encontrar prosperidad y por otro una hambrienta en Irlanda.

Financiado por un fideicomiso dirigido por un magnate irlandés-estadounidense, el grupo escultórico fue inaugurado en 1998 en el 150 aniversario de la Gran Hambruna y aunque al principio fue bien recibido, también obtuvo críticas negativas por recurrir a clichés y conmemorar los logros de los irlandeses que consiguieron emigrar.

Y si leemos las placas que bordean el monumento quedan patentes esos tópicos. En una de ellas podemos leer “La conmemoración de la Gran Hambruna permite a la gente de todo el mundo conocer un terrible episodio que cambió para siempre Irlanda. Las condiciones que provocaron la hambruna (mala cosecha, terratenientes ausentes, colonialismo y débil liderazgo político) todavía existen por todo el mundo en la actualidad. Las hambrunas continúan afectando a la población. Las lecciones de la hambruna irlandesa deben ser aprendidas y aplicadas hasta que la historia deje de repetirse”. Está muy bien el mensaje, pero en realidad, efectivamente la historia sigue repitiéndose.

En otro texto se hace referencia a que hoy 44 millones de americanos con pasado irlandés son dignos merecedores de Medallas de Honor y excelencia en literatura, deportes, negocios, medicina y en el campo del entretenimiento (Boston cuenta con la población irlandesa expatriada más grande del mundo). También cómo John F. Kennedy se convirtió en el primer católico irlandés en llegar a Presidente de la nación en 1960 a pesar de que en un principio los bostonianos recibieron a los irlandeses con cierta hostilidad. Destaca que los refugiados llegaron empobrecidos y se convirtieron en trabajadores americanos de éxito. El sueño americano, vaya, pero seguro que no fue todo tan bonito y lleno de posibilidades.

Cerca de dos millones de personas dejaron Irlanda echándose a la mar en barcos tan imposibles de navegar que eran conocidos como “Barcos ataúd”. Muchos pasajeros murieron en el mar, por lo que el poeta John Boyle O’Reilly llamó al Océano Atlántico “tazón de lágrimas”. Algo que podríamos comparar hoy en día con la situación del Mediterráneo. Solo en el año 1847 unos 37.000 refugiados irlandeses llegaron a Boston al borde de la muerte y tremendamente enfermos. El historiador Thomas H O’Connor escribió “Los bostonianos podrían haber estado dispuestos a mandar dinero y comida para evitar la hambruna siempre que se quedaran en Irlanda porque no querían los irlandeses que llegaran a América”. De hecho, en abril de 1847, 15 días después de haber salido de Boston, llegó al puerto de Cork el barco USS Jamestown cargado con 800 toneladas de comida, suministros y ropa.

Frente al monumento se encuentra la Old South Meeting House, construido en 1729 como casa de reunión de los puritanos. Fue el edificio más grande del Boston colonial y escenario de algunos de los eventos más dramáticos previos a la Revolución Americana, incluida la reunión del 16 de diciembre de 1773 en la que cinco mil colonos debatieron sobre qué hacer con las más de 30 toneladas de té que habían llegado a puerto. Si descargaban la mercancía tendrían que pagar un impuesto a Inglaterra, algo a lo que no estaban dispuestos porque no recibían mucho a cambio, ni siquiera tenían representante en el gobierno británico. Samuel Adams dio la señal para el famoso Motín del Té en que 340 cajas de té fueron arrojadas al mar.

El edificio de ladrillo, coronado por un campanario de 55 metros en el que se alza una aguja octogonal está inspirado en las iglesias rurales inglesas del arquitecto Sir Christopher Wren.

Quedó parcialmente destruido en el incendio de 1872. Las llamas no avanzaron más por la llegada por casualidad de un camión de bomberos. Cuatro años más tarde fue vendido y se había programado su demolición, sin embargo, un grupo de activistas lo salvó y en 1877 se convirtió en un museo y monumento histórico.

La que vemos hoy en día es una reconstrucción llevada a cabo por la comunidad. Y además de servir como museo acoge conferencias y eventos.

Tomando la Washington Street llegamos a la Old State House, la que fuera la sede del Gobierno colonial británico de Massachusetts entre 1713 y 1776 y considerado como el edificio más antiguo de Estados Unidos.. Aún se pueden ver en su fachada oriental el león y el unicornio, símbolos de la Corona Británica.

Por su parte, en la fachada oeste, un escudo con un nativo americano y una inscripción escrita en latín rodeando el escudo recuerda la primera colonia de la bahía de Massachusetts.

Era la una de la tarde y pudimos asistir al cambio de guardia.

El edificio ha sido un emblema de la libertad en Boston durante años, pues desde su balcón se proclamó el 18 de julio de 1776 la Declaración de Independencia. Alcanzada la independencia, acogió la primera cámara legislativa de Massachusetts.

Pero antes de la independencia tuvo lugar el acontecimiento recordado como la Masacre de Boston. Podemos encontrar frente a la fachada oriental un círculo de adoquines que lo recuerda.

En 1768 las tensiones entre Boston e Inglaterra eran patentes, y el conflicto fue a más cuando fueron enviados unos 2.000 soldados británicos para controlar los disturbios y proteger a los funcionarios de aduanas (suena familiar). Por aquel entonces la población de la ciudad era de 16.000 habitantes, por lo que hubo una importante fricción que desembocó en peleas y enfrentamientos.

Uno de estos enfrentamientos ocurrió el 5 de marzo de 1770 cuando Edward Garrick, aprendiz de un fabricante de pelucas acudió a la aduana de King Street a reclamar un pago para su maestro. Al no recibirlo subió el tono de sus reclamaciones y White, un guarda de la aduana lo sacó del edificio y lo golpeó en la cara con la culata de su mosquete. Garrick, furioso, volvió con un grupo de bostonianos y rodearon a White y comenzaron a insultarle y lanzarle bolas de nieve y basura.

Ante el alboroto el Capitán Thomas Preston acudió con ocho soldados del 29º Regimiento e intentaron hacerse paso entre la hostil muchedumbre para ayudar a White. En medio del bullicio el soldado Hugh Montgomery fue golpeado y disparó a la multitud. Ante el caos, el resto de soldados comenzaron también a disparar. Cuando el humo se aclaró, cinco hombres yacían muertos o estaban al borde de la muerte. Como hemos visto, están enterrados en el cementerio al inicio del recorrido.

Mientras que los británicos hicieron referencia al suceso como unos “infelices disturbios”, Paul Revere lo calificó como “sangrienta masacre” y dio alas a los independentistas.

Hoy en día el edificio de Old State House con su arquitectura típicamente colonial y esa torre que recuerda a su pasado británico atrae a los visitantes con sus exhibiciones y actividades interactivas que ayudan a conocer el pasado revolucionario de la ciudad. Alberga objetos interesantes como el traje de terciopelo rojo que se cree que John Hancock usó cuando fue juramentado como el gobernador de Massachusetts, un frasco de té salvado del Motín del Té, una linterna colgada para señalar reuniones de los Hijos de la Libertad, plata de Paul Revere, un mosquete usado en la Batalla de Lexington, y un tambor de la Batalla de Bunker Hill.

Dos de sus plantas están destinadas a exposiciones sobre la sociedad e historia de Boston. Durante la visita incluso podemos sentarnos en la silla del gobernador real en la Sala del Consejo Real de 1764.

 

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13: Boston: Black Heritage Trail

El día amaneció despejado, por lo que tras duchas y desayuno nos pusimos en marcha para intentar aprovecharlo al máximo. Teníamos preparada una ruta cultural por la ciudad comenzando por el Black Heritage Trail, un recorrido que en sus 2,4 kilómetros nos lleva por 14 puntos relevantes de la historia de la comunidad afroamericana en Boston. Se trata de casas, escuelas, iglesias y comercios que pertenecieron a personas que lucharon contra la esclavitud y la desigualdad.

Como ya hemos visto, Boston tiene un pasado colonial, y ya en 1638 con aquellos colonos llegaron los primeros africanos como su mano de obra. Eran sus esclavos. Sin embargo, con el tiempo fueron teniendo descendientes que nacieron libres (sobre todo los que tenían madre blanca) y algunos fueron siendo liberados para convertirse en personal del servicio.

Con la Guerra de la Independencia Massachusetts abolió la esclavitud. Aunque eso era la teoría, aún quedaba mucho por llevar a la práctica y la comunidad afroamericana de Boston del siglo XIX lideró un movimiento no solo en la ciudad, sino en el país, para obtener la igualdad racial y la paridad educativa de facto. Esta comunidad estaba asentada en lo que hoy es la ladera norte de Beacon Hill. También residían en el West End al norte de Cambridge Street y en el North End. Sin embargo, poco a poco se fueron mudando más al sur y esta zona fue ocupada por los nuevos inmigrantes (sobre todo italianos).

Comenzamos el recorrido en el Museo de Historia Afroamericana (The African Meeting House).

El edificio fue construido por trabajadores negros libres en 1806 y es considerada la construcción religiosa de la comunidad negra más antigua que queda en pie del país. Sirvió no solo como centro religioso, sino que también acogía actividades sociales, educativas y políticas.

En 1832 William Lloyd Garrison fundó la New England Anti-Slavery Society y durante la Guerra Civil se convirtió en estación de reclutamiento para el 54º Regimiento de Massachusetts. A finales de siglo fue comprado por una congregación judía, quien lo reconvirtió en sinagoga. Funcionó como tal hasta 1972 cuando fue adquirido por el Museo de Historia Afroamericana.

Hoy relata la historia de la comunidad negra desde el período colonial hasta el siglo XIX.

Anexa al edificio del museo se halla la Abiel Smith School, que sirvió como colegio desde 1835 hasta 1855 cuando las escuelas públicas comenzaron a integrar a toda la sociedad independientemente de su color de piel.

A finales del siglo XVIII la comunidad afroamericana luchaba contra la desigualdad y la discriminación en las escuelas públicas. Era injusto que sus impuestos fueran empleados para la educación de niños blancos mientras que los negros no tenían escuelas. En 1798 sesenta padres se organizaron y crearon la Escuela Africana para educar a sus hijos. La sede se ubicó en la casa de Prince Hall.

En 1808 se trasladó al primer piso de la African Meeting House. Sin embargo, la comunidad seguía trabajando para conseguir una escuela pública y seguían quejándose a los organismos oficiales. En 1812 el Comité Escolar de Boston finalmente reconoció a la escuela y les asignó fondos, aunque eran escasos (tan solo $200 al año).

En 1815 Abiel Smith, un filántropo blanco, dejó unos $4.000 en su testamento para que se destinaran a la educación de niños negros. Y fue gracias a parte de ese dinero que se construyó la escuela. A su término en 1835 todos los niños negros fueron asignados a ella.

La lucha sin embargo no acabó, ya que las condiciones que tenían eran inferiores a las de las escuelas públicas de los niños blancos. Algunos reclamaban que sus hijos pudieran asistir al colegio más próximo a su hogar y que no se segregara por el color de piel. En 1849 la mayoría de los padres dejaron de llevar a sus hijos a clase para así protestar contra la educación segregada. Finalmente en 1855 se prohibió está discriminación y los niños afroamericanos comenzaron a asistir a otras escuelas públicas dejando las aulas de la Abiel Smith vacías

El edificio fue renovado en 2000 y hoy acoge las oficinas administrativas del Museo.

Muy próximas al colegio tenemos los siguientes cinco puntos de nuestra ruta. Se trata de las Smith Court Residences, cinco casas típicas de la comunidad negra en el siglo XIX.

El número 3 fue alquilada a numerosos hombres afroamericanos y sus familias. Por ejemplo, allí vivió William Cooper Nell, abolicionista y líder de la comunidad.

El 5, un edificio de tres pisos con paredes de madera de color marrón rojizo, fue construido en la primera década del siglo XIX y pasó por varios propietarios (tanto negros como blancos). Fue la residencia de George Washington, pero no el político, sino un limpiabotas, obrero y diácono de la Primera Iglesia Bautista Independiente.

Muchas de estas residencias pertenecían a Joseph Scarlett, quien en el momento de su muerte a finales del siglo XIX poseía 15 propiedades.

Quedan pocas casas de madera del siglo XIX, ya que con la llegada de inmigrantes europeos a finales de la década de 1880 se derribaron. En su lugar, entre 1885 y 1815 se construyeron apartamentos de ladrillo de cuatro o cinco pisos y con los característicos miradores de colores.

Continuamos nuestro recorrido siguiendo los carteles que nos conducen por calles, instituciones y residencias privadas. Muchos de los puntos han desaparecido y en el lugar donde se encontraba el hito hay tan solo una placa.

La siguiente parada fue la John Coburn House, la residencia de John Coburn (1811-1873), minorista de ropa y activista de la comunidad. Fue uno de los afroamericanos más ricos del siglo XIX y además de su tienda de ropa se cree que tenía una casa de juego en su casa.

También fue tesorero de la Asociación de Libertad de Nueva Inglaterra, una organización que ayudaba a los esclavos fugitivos a convertirse en personas libres. En 1851 fue arrestado por ayudar al esclavo Shadrach Minkins a escapar de la custodia federal, aunque fue juzgado y resultó absuelto.

Además, fue cofundador y capitán de la Guardia Massasoit, una compañía militar negra que fue precursora del 54 ° Regimiento.  Se llamaron así por un nativo americano que había sido especialmente amable y leal a los colonos de Massachusetts. El servicio militar se consideraba una oportunidad para demostrar la propia virilidad y reclamar los derechos de la ciudadanía estadounidense.

En la misma calle se encuentra la Lewis and Harriet Hayden House, la casa de Lewis Hayden y su esposa Harriet.

Lewis nació esclavo en 1812 en Lexington, Kentucky. Huyó a Canadá en 1844 con Harriet, su segunda mujer, de ahí se mudó a Detroit en 1845 y un año más tarde finalmente a Boston, donde dirigió una tienda de ropa y se convirtió en líder del movimiento abolicionista.

Entre 1850 y 1860 dieron ayuda y refugio en su casa a decenas de esclavos autoliberados tal y como muestran los registros del Comité de Vigilancia de Boston, del cual Lewis era miembro. Su vivienda servía como parada en el ferrocarril subterráneo.

Durante la Guerra Civil trabajó como reclutador del 54º Regimiento. Más tarde fue elegido para la Cámara de Representantes de Massachusetts y trabajó para el Secretario de Estado de Massachusetts.

Murió en 1889 y su mujer Harriet en 1893. Esta legó dinero para que se creara una beca en la Escuela de Medicina de Harvard para estudiantes afroamericanos.

Seguimos hasta el décimo punto, la Charles Street Meeting House, una casa de reuniones construida en 1807 por la Tercera Iglesia Bautista blanca de Boston. En aquel momento seguía la tradición segregacionista de Nueva Inglaterra, por lo que los negros que acudían a misa tenían que sentarse en la galería y además quedaban excluidos de otros privilegios. Un domingo de 1836 el abolicionista Timothy Gilbert invitó a varios amigos negros a su bancada, lo que provocó su expulsión de la iglesia. Gilbert se unió a otros miembros bautistas abolicionistas (también blancos) y fundó la Primera Iglesia Bautista Libre (que se convirtió en el Templo Tremont) y que era de libre acceso.

Tras la Guerra Civil la población negra de Boston aumentó y la Tercera Iglesia Bautista pasó a manos de la Primera Iglesia Metodista Episcopal Africana, quien compró el edificio en 1876 y lo usó hasta 1939.

Aunque la mayoría de los puntos apenas se puede hacer otra cosa que observar el edificio y conocer la historia de lo que allí aconteció, es un recorrido bastante visual, puesto que las calles de Bacon Hill son muy pintorescas y parece que más que en una gran ciudad como Boston nos encontramos en las afueras.

Una de las calles más fotografiadas de la zona es Acorn Street, donde nos encontramos a unos graduados haciéndose instantáneas con sus típicas togas y birretes. Parece ser que eran de odontología, a juzgar por el cepillo de dientes que llevaban.

Más que una calle es un callejón, y tiene la peculiaridad de contar con el suelo empedrado y frondosos árboles, además de contar con las típicas construcciones en ladrillo rojo con contraventanas y puertas de colores que le dan un toque particular tanto de abajo a arriba, como viceversa.

Otro lugar colorido es la Louisburg Square, un parque residencial privado que data de 1826 delimitado por hileras de casas construidas entre 1833 y 1847.

Lleva el nombre en honor a la batalla de 1745 en la que los voluntarios de Nueva Inglaterra quitaron la Isla del Cabo Bretón a los franceses.

En un lateral del parque se halla la estatua de Arístides, mientras que en el extremo opuesto está la de Colón. Ambas colocadas en 1850.

En la perpendicular encontramos el siguiente punto, la John J. Smith House. John J. Smith nació como ciudadano libre en Richmond, Virginia en 1820 y se mudó a Boston a finales de los 40. Allí abrió una barbería que sirvió también como centro de actividad abolicionista y punto de encuentro de aquellos que escapaban en el ferrocarril subterráneo. Asimismo, junto a su esposa Georgiana, trabajó en la lucha por la igualdad de derechos escolares. Su hija Elizabet se convirtió a principios de la década de 1870 en la primera persona de ascendencia africana en enseñar en las escuelas integradas de Boston.

Durante la Guerra Civil fue un oficial de reclutamiento para la 5ª Caballería, que estaba formada solamente por soldados negros. Más tarde fue elegido para la Cámara de Representantes de Massachusetts como su tercer miembro afroamericano en 1868, 1869 y 1872. En 1878 fue nombrado como el primer afroamericano en formar parte del Boston Common Council y trabajó con éxito para que el primer afroamericano fuera nombrado para la fuerza policial de Boston.

En la misma calle, aunque en el sentido opuesto, se halla The Phillips School, una de las primeras escuelas integradas de la ciudad. Aunque no nació como tal, sino que se construyó en 1824 únicamente para blancos, cuando por aquel entonces los niños negros iban a la African Meeting House y después a la Abiel Smith School.

Recibe el nombre en honor al primer alcalde de Boston, John Phillips, padre del abolicionista Wendell Phillips.

En 1863 se mudó a un nuevo edificio en Phillips Street.

Al final de la calle llegamos al penúltimo punto de la ruta, la George Middleton House, una de las viviendas más antiguas del barrio y con la típica estructura de las viviendas del siglo XVIII. Fue construida en 1787 para George Middleton, veterano de la Guerra de la Independencia, donde fue el líder de los Bucks of America, una de las tres milicias negras que lucharon contra los británicos.

Tras la guerra sirvió como tercer Gran Maestro de los Masones de Prince Hall. También se convirtió en activista y ayudó a fundar la Sociedad Africana Libre. En 1800 luchó por la igualdad de derechos escolares para los niños negros.

La última parada del recorrido es el Robert Gould Shaw and 54th Regiment Memorial, un monumento de 1897 dedicado al 54º Regimiento de Infantería Voluntaria de Massachusetts, el primero formado por ciudadanos negros. Si bien es cierto que los afroamericanos sirvieron en la Guerra de Independencia y en la de 1812, los estados del norte impidieron que fueran admitidos en la Guerra Civil. Una cláusula de Lincoln en la Proclamación de Emancipación de 1863 cambió este detalle y pudieron alistarse.

El 54º regimiento fue dirigido por Robert G. Shaw , único hijo de una familia adinerada pero abolicionista radical y a favor de la unión. Este destacamento fue famoso gracias al asalto a Fort Wagner, Carolina del Sur, el 18 de julio de 1863. Murieron unos 80 hombres (entre ellos Shaw) y otros muchos resultaron heridos. En esta batalla se galardonó por primera vez a un soldado negro con la Medalla de Honor. Fue al sargento William Carney, quien resultó herido al salvar la bandera.

En los últimos dos años de la guerra, se estima que más de 180.000 afroamericanos sirvieron en las fuerzas de la Unión y fueron decisivos para la victoria.

Y con este monumento llegamos al final de la ruta, que nos deja en el Boston Common, parque donde comienza otro recorrido histórico: el Freedom Trail.

 

Aprendiendo fotografía: El triángulo de la luz II

Después de comprender cómo funciona la apertura del diafragma, tocaba adentrarse en el segundo factor del triángulo de la luz: la velocidad de obturación. O lo que es lo mismo el tiempo durante el que el va a entrar la luz. Para darle prioridad este factor y que la cámara regule los otros dos, deberemos elegir la S (de shutter speed en inglés) en el dial. En el caso de que sea una Canon, habría que seleccionar Tv.

Así, además de poder controlar la cantidad de luz que va a entrar por el diafragma aumentando o disminuyendo su diámetro; también podemos decidir durante cuánto tiempo va a estar abierto el obturador. Cuanto más rápida sea la apertura y cierre de estas cortinillas, menos luz pasará, mientras que cuanto más lento, mayor exposición.

La velocidad de obturación se mide también en fracciones, como la apertura del diafragma. En este caso tenemos 1/ seguido de un valor. Así, 1/2000 será inferior a 1/5. Es decir, si estamos con una configuración 1/2000 el obturador se abrirá y cerrará más rápido que a 1/5 y entrará menos luz. Los tiempos van en progresión con una relación 1:2 y los más frecuentes 1 segundo, 1/2, 1/4, 1/8, 1/15, 1/30, 1/60, 1/125, 1/250, 1/500, 1/1000, 1/2000 y 1/4000 (aquí está el tope por ejemplo del objetivo 18-55mm de nuestra Nikon D5300). Aunque en algunas cámaras también hay pasos intermedios.

Como en la apertura, vamos a tener un rango que va a venir determinado por el equipo de trabajo. En este caso, hay una regla orientativa para conocer la velocidad del objetivo usando como referencia su distancia focal. Por ejemplo, si se trata de un 50mm, la velocidad mínima para evitar que la fotografía salga movida será 1/50. No obstante, si es inferior a 50, parece que no conviene bajar de 1/35. En caso de los zoom lo suyo sería tomar como referencia la mayor distancia focal. Es decir, en el 18-55, el 55.

Aún así, en realidad dependerá de muchos factores, como el pulso del fotógrafo, la estabilización de la cámara y sobre todo de la imagen que se quiera obtener. Este modo S resulta útil para la exposición de la fotografía. Por ejemplo cuando tenemos unas condiciones de oscuridad y queremos que entre más luz sin necesariamente abrir más el diafragma (a lo mejor no interesa por una cuestión de profundidad de campo). En este caso, la velocidad será inferior, aumentando el tiempo de exposición. Pero también se puede usar en el caso opuesto, cuando hay unas condiciones demasiado luminosas que hacen que se queme la fotografía (aumentando la velocidad).

Por otro lado, también se puede recurrir a este modo para fomentar la creatividad (creando halos, estelas o el famoso efecto seda del agua) usando velocidades bajas; o para un enfoque selectivo en ocasiones con sujetos en movimiento (ya sean personas, animales o medios de locomoción) con velocidades altas (por debajo de 1/60 segundos). En este caso interesará que el obturador sea más rápido y con una menor exposición para así congelar la imagen.

Ahora bien, en la teoría parece claro; sin embargo, en la práctica no es tan fácil. Además de dar con la configuración adecuada de los parámetros y no pasarse o quedarse corta (que ya es bastante); también hay que tener en cuenta el pulso, sobre todo en largas exposiciones. Aunque esto se puede solucionar (aparte de con una mejor cámara y objetivo con un buen estabilizador) con un trípode o apoyando la cámara en algún sitio. Incluso en estos casos a veces conviene usar un disparo retardado, pues el simple hecho de apretar el botón, ya mueve un poco la máquina.

También podemos usarnos a nosotros mismos como trípode apoyándonos en una pared o elemento urbano. Ya se sabe que cuando te compras una cámara automáticamente te conviertes en equilibrista y cabra montesa. Lo que sea por conseguir la foto deseada.

De momento, para la perfección queda mucho por aprender y por practicar. Aún queda por descubrir el tercer factor del triángulo.