Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 11: Paso de frontera a Estados Unidos y llegada a Merrimack

Llegamos al día 11 de nuestro viaje. Teníamos planeado originalmente visitar el Canal Lachine, pero nuestro anfitrión nos dijo que no había mucho que ver y como teníamos muchos kilómetros por delante y además un cambio de frontera, decidimos tirar millas. Con la planificación el trayecto entre Montreal y Boston nos suponía la misma problemática que el de Chicago a Toronto: demasiados kilómetros para hacer del tirón con recogida/entrega de coche y con paso fronterizo además. Así que, al igual que al principio hicimos noche en London (ya en tierras canadienses), en este caso elegimos Merrimack, a unos kilómetros de Boston, para así asegurarnos llegar con tiempo a la oficina de Avis.

La elección de Merrimack además no fue aleatoria. En Estados Unidos cada estado tiene unos tipos impositivos diferentes, por ejemplo, Nueva York tiene un 8.49%, sin embargo, New Jersey un 6.85%. De ahí que sea frecuente en un viaje a Nueva York acercarse al famoso outlet de New Jersey. Illinois tiene un 8.64% y Massachussets un 6.25%, pero es que New Hampshire no tiene. Oregón, Montana y Delaware son los otros tres que tienen un 0%. Y en Merrimack hay un Premium Outlets, por lo que parecía una parada interesante para matar dos pájaros de un tiro. Por un lado un lugar para hacer una parada técnica y por otro echar un ojo a la ropa y calzado. Además estaba al lado del hotel.

Aún así, de Montreal a Merrimack teníamos por delante 435 kilómetros, así que madrugamos, recogimos, cargamos el coche y nos echamos a la carretera. La frontera sin embargo la teníamos a menos de 100 kilómetros, así que nos la quitamos pronto de en medio. Eso sí, el trámite no fue tan rápido como la entrada a Canadá, ni el funcionario en cuestión tan simpático. Nos pidió pasaportes, se aseguró de quién era quién y le sorprendió ver que no habíamos entrado juntos al país, por lo que hubo que explicarle que unos llegamos a Chicago vía Dublín, mientras que otros llegaron directamente a Chicago. Lo del sello en Dublín le despistó. Además, nos hizo las preguntas de rigor sobre qué habíamos hecho en Canadá, cuántos días, la relación entre nosotros, cuándo nos íbamos, qué íbamos a hacer mientras tanto en Estados Unidos y si llevábamos algo de comida o animal. Esto último era lo único que nos tenía algo preocupados, pero tan solo llevábamos zanahorias, algo de hummus y guacamole, unas bananas y bolsas de patatas, que no parecía muy peligroso por un tema de insectos, pero como ya tuvimos un incidente con unos plátanos, teníamos la incertidumbre. Y más aún cuando el señor nos devolvió los pasaportes con un gesto de la mano que no sabíamos si significaba échate ahí a un lado, o venga tira. Al final resultó que era lo segundo, por lo que en cinco minutos estábamos ya enfilando las carreteras del verde estado de Vertmont (originales los franceses, ¿no?).

Llegamos a medio día al hotel Quality Inn Nashua y decidimos aprovechar el rato de tarde que quedaba hasta el cierre del centro comercial para hacer una primera aproximación y así salir antes al día siguiente para Boston. Cerca del hotel teníamos un Walmart, y siempre hay un Subway dentro, así que no nos complicamos la vida y decidimos comer allí y de paso echar un ojo a la ropa. Ya habíamos descubierto en la Costa Oeste que Walmart tiene un buen surtido de camisetas estampadas de Marvel, DC, videojuegos y dibujos por un precio bastante asequible. Una camiseta que en España no bajaría de 20€, allí la podemos encontrar por $7.5 (en este caso además, limpios, sin impuestos añadidos). Así que, por un lado hay ahorro por la diferencia de importe, y por otra por el cambio de divisa. Además, son de buena calidad, con un algodón bastante gordito y que resiste bien los lavados. Prueba de ello son las camisetas que ya se vinieron con nosotros en 2012.

Walmart también comercializa vaqueros a $20 y con gran variedad de cortes. Suelen tener tanto Wrangler como Levis, estos últimos bajo la marca Signature, pero salen bastante bien y duran bastante. Eso sí, en mujer es más complicado encontrar, sobre todo si no buscas las modas. En hombre es algo más estándar (aunque también hay estilos más modernos con pata muy ajustada) y es más fácil hacerse con una buena pila de ropa.

Sobre las cinco de la tarde nos fuimos al outlet. Había tiendas que eran de un estilo demasiado pijo para nosotros, por lo que hicimos algo de filtro y con el plano en la mano decidimos centrarnos en unas 5 ó 6 y dejar otras tantas para el día siguiente. Yo iba sobre todo en busca de vaqueros de tiro bajo que desde hace un par de años no se venden en ningún sitio, y en un descarte en Aérospostale encontré unos por $7.99, así que me di por satisfecha. Entramos en Adidas, Reebok y alguna zapatería más sin éxito y acabamos en Columbia, donde salimos cargadísimos. Además de lo que comentaba de la diferencia de precio y del cambio de divisa, la tienda es un outlet, por lo que los precios son más bajos. Pero es que estaban de rebajas, así que había precios muy interesantes. Y si registrabas el correo electrónico te hacían un 10% de descuento adicional. Yo acabé llevándome estas zapatillas por $22.66 (marcaban $62.96) y una bolsa con el interior isotérmico para llevar la comida al trabajo por $14.36. Tenía mis botas de montaña impermeables que estrené en Escocia y otras de ese mismo invierno algo más ligeras para el día a día, pero si no, habría arrasado con la tienda porque ni en el Decathlon en rebajas habría encontrado ese precio. Había precios absurdos, como el unas que en teoría tenían una tara (que no encontramos) y que por tanto incluían un descuento adicional. De $39.96 que marcaban, al final se quedaron en $12.23.

Ya cerca de las 8, poco antes del cierre, nos fuimos al edificio en el que había varios locales de comida y pedimos en un asiático que la verdad es que era un poco mediocre. La carne estaba un poco chiclosa y las verduras insípidas. Nos costó todo $32.86.

Para terminar el día volvimos al hotel, bastante similar al de London: dos camas, escritorio con televisión, armario, nevera, microondas y cafetera. Por suerte esta vez no parecía que hubieran matado a nadie en nuestra habitación como en el de Ottawa.

Después de organizar un buen despliegue de eliminado de etiquetas y de reorganización de maletas y bolsas nos echarnos a dormir. Al final fue productivo el día.