Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 12: Compras en Merrimack y Rumbo a Boston

Comenzamos nuestro decimosegundo día de viaje con desayuno en el hotel. Aunque estaban en obras, por lo que habían movido el comedor a una habitación y había poco sitio. Aún así, modelo estadounidense estándar: algo de fruta (sin excesos), zumos, bebidas calientes, cereales, yogures, máquina de gofres, bollería, pan y tostadora. Además de bagels y queso de untar.

Tras desayunar tranquilamente, cargamos el coche y nos dirigimos al Walmart, que abría antes que el outlet. La idea era llevarnos la compra para ir tirando el resto de días en Boston y así no tener que ir cargados desde un super ya sin tener coche. Además, como no sabíamos qué tal se nos daría el día en la carretera, preferíamos prevenir y llevar comida en el maletero. Así que compramos algo de fruta, unas ensaladas, cervezas y algo de picoteo. Pero no todo fue comida. Con algo más de calma que el día anterior, y con un inventario, volvimos a la sección de ropa, donde acabamos llenando el carro, sobre todo con prendas de los chicos. He de reconocer que yo encontré dos camisetas a $3 y unas mallas de deporte Avia por $8. Pero nada de vaqueros…

A las 10 ya estábamos en el outlet y nos habíamos marcado las dos de la tarde como límite para salir. Aunque la verdad es que ya habíamos avanzado bastante el día anterior. Nos quedaba por mirar Nike, Converse, gafas de sol y alguna marca local que no conocíamos.

En Nike es una de las marcas en donde más se nota la diferencia de precio. Mientras que unas zapatillas pueden llegar a costar 200€ en España, en el outlet las podíamos encontrar a $50. Mi señor marido cargó con un par. Unas Jordan Eclipse por $27.97 y unas Air Jordan por $31.97.

Yo en cambio arrasé en Converse. Y es que en primavera y otoño es lo que uso en el día a día. En el fondo soy muy básica: vaqueros, camiseta lisa y zapatillas sin brillos ni extravagancias. Y ocurre algo similar a Nike. En España estas zapatillas tienen un precio medio de 60€, y eso las básicas, porque hay modelos que ni siquiera se comercializan aquí. Sin embargo, en Nueva Jersey recuerdo comprarme las primeras por $18. En 2012 me compré otras dos por un poco más, $20 cada una. Y esta vez acabé con cuatro.

Entramos en la tienda y la parte delantera tenía solo ropa de mujer, así que nosotras nos quedamos en los burros mirando sudaderas y camisetas a ver si había algo que mereciera la pena y ellos se fueron a la parte de calzado, que es unisex. Mi hermano vio unas azules anchas en mi número y automáticamente supo que me iban a gustar. Me llamó desde la otra punta y allá que fui. ¡$12.49!, cómo no me las iba a llevar. Miré a ver qué más tenían del 6 y me encontré con que me gustaban cuatro. No pensaba llevarme todas, pero al final, si tenemos en cuenta que el pie no me va a crecer, que es lo que uso a diario y que la suma de las cuatro no llegaba ni a 55€ al cambio… no había mucho más que pensar.

Tras alguna compra menor, cargamos como pudimos el coche. Y es que aunque iba bastante holgado en Chicago, para aquel día ya no… No solo nosotros habíamos sacado la maleta pequeña de la mediana, sino que llevábamos la compra de comida y la de ropa… Pero solo nos quedaban 90 kilómetros a Boston. Una vez allí nos reorganizaríamos.

Era la una de la tarde, así que habíamos cumplido de sobra con la hora límite para salir. Sin embargo, decidimos que perderíamos menos tiempo si comíamos directamente allí y luego hacíamos del tirón el camino a Boston, que andar parando en un área de servicio. Como no nos había ido bien con el asiático la noche anterior, esta vez elegimos Green Leaf’s, un local en el que te puedes configurar tu ensalada, wrap o bocadillo. Pedimos un sándwich de pesto, otro margarita y un tercero de pavo chipotle, además de un wrap de pavo y tres bebidas. Nos costó $39.49. Esta vez sí que acertamos.

Tras coger el postre, con el coche cargado y la tripa llena pusimos rumbo a Boston, la capital de Massachussetts y la ciudad más poblada.

Además es una de las más antiguas del país, pues fue fundada en 1630 por puritanos británicos. Estos peregrinos esperaban crear una nueva vida sin las decepciones y problemas del viejo mundo. Pronto se asentaron y fueron estructurando la nueva sociedad, inaugurando solo 5 años más tarde la primera escuela pública de los Estados Unidos, la Boston Latin School. Sin embargo, la población se vio reducida notablemente entre el año siguiente y el fin de siglo como consecuencia de seis importantes epidemias de viruela.

Boston se convirtió en un punto importante de la historia de Estados Unidos en la segunda parte del siglo XVIII, pues la ciudad se levantó contra los abusivos impuestos que exigía Reino Unido a las colonias. Dos acontecimientos especialmente relevantes fueron la Masacre de Boston y el Motín del té.

En mayo de 1773 el Parlamento Británico autorizó a la Compañía de las Indias del Este a encarar la bancarrota como consecuencia de la corrupción gracias a la exportación de medio millón de libras de té a las colonias americanas sin las tarifas habituales y también permitiendo a la compañía a nombrar a sus propios responsables para recibir y vender el té y excluir a los otros proveedores coloniales. Con estos privilegios especiales, la compañía podía vender su producto a un precio tan bajo que copó el mercado.

Desde la perspectiva colonial, el Acta del Té fue una medida descaradamente injusta y peligrosa, pues garantizaba los derechos en exclusiva a unos pocos y premiaba a los corruptos. No solo esta acción creó una competencia más injusta a los comerciantes de las colonias, sino que demostró ser la chispa que avivó las pasiones americanas en el asunto de los impuestos sin representación.

Y es que antes del Acta del Té ya hubo otros impuestos abusivos. Por ejemplo, el Acta del Timbre en 1965 que requería que un papel sellado producido en Inglaterra se usara para imprimir periódicos, panfletos, almanaques, anuncios y documentos legales, así como escrituras, testamentos y licencias. También los productos de juegos como cartas y los dados tenían su tasa. Dos años más tarde se aprobaron las Leyes Townshend, que gravaban el papel, plomo, cristal y té (productos que no eran manufacturados en las colonias y que solo se permitía que llegarán vía Inglaterra).

Así pues, los colonos estaban bastante enfadados, por estar pagando impuestos pero a cambio no tener representantes que fueran al Parlamento. Sin estos miembros no tenían manera de saber en qué se gastaban todas aquellas tasas.

Gracias a la tradición marinera, tras la Revolución se convirtió en uno de los puertos internacionales más prósperos. Se exportaban sobre todo pescado, sal, ron y tabaco. No obstante, la actividad portuaria se vio afectada con la Ley de Embargo de 1807 y para cuando se solucionó el conflicto los comerciantes ya habían encontrado otras alternativas. Durante el siglo XIX el sector que creció mientras tanto fue la industria manufacturera, sobre todo en la producción de prendas y artículos de cuero. Y fue a más con la llegada del ferrocarril, ya que facilitaba el comercio en la región.

En 1822 Boston pasó de ser “Town of Boston” a “City of Boston”, alcanzando la categoría de ciudad. En esa década la población creció considerablemente, en parte gracias a la llegada de una primera oleada de inmigrantes europeos, sobre todo irlandeses, que se asentaron en el North End. Poco a poco la ciudad fue ganando terreno al mar rellenando pantanos, marismas y lagunas. Así nacieron el South End, el West End, el distrito financiero y Chinatown.

A mediados de siglo Boston se convirtió en ciudad de referencia cultural y epicentro del movimiento abolicionista. Además la población siguió creciendo con la llegada de más inmigrantes. No solo llegaron irlandeses, también alemanes, italianos, libaneses, sirios, francocanadienses o judíos procedentes de Rusia y Polonia.​ Los barrios de Boston quedaban divididos por grupos étnicos o nacionalidades. En el West End se asentaron rusos y polacos. Los italianos se mudaron al North End convirtiéndolo en Little Italy y trasladando a los irlandeses al sur y Charlestown. También al sur se movieron los judíos así como los polacos y lituanos católicos. Hoy en día los católicos son la comunidad religiosa más importante de la ciudad debido a la llegada de irlandeses, italianos, portugueses o polacos.

Estos barrios barrios de inmigrantes solían ser pobres y apenas se hablaba inglés. Para tener una conexión con el viejo mundo, pronto crecieron iglesias, mezquitas y sinagogas.

Entre 1820 y la década de 1920 cerca de 37 millones de personas llegaron a Boston. Desarrollaron los barrios y las fábricas, construyeron una nueva ciudad con esperanza, sudor y lágrimas. Porque la idea que llegaba al viejo mundo era que América era un lugar de oportunidades, donde tendrían trabajo y un sitio en que vivir desahogadamente. Lo que nadie les explicaba es que antes tenían que levantarlo.

Al igual que Chicago, Boston también pasó por un importante incendio. A las 7:22 del 9 de noviembre de 1872 un almacén próximo a Summer Street se incendió y pronto todo el centro de Boston estaba ardiendo. El resultado fue un desastre de épicas proporciones. Murieron 20 personas, 9 de ellos bomberos, en un incendio que duró 12 horas. Acabaron destrozados más de 775 edificios y los negocios del barrio perdieron prácticamente todo. Los daños totales se estimaron en unos 75 millones de dólares (el equivalente a mil millones hoy en día).

Los edificios de Boston eran altamente inflamables, puesto que a pesar de que los exteriores fueran de ladrillo y granito, sus tejados y escaleras internas eran de madera. Además, muchos almacenes contenían productos inflamables, como telas. La cosa se complicó más incluso porque los bomberos, además de luchar contra el fuego, se encontraron con una presión baja del agua, líneas complicadas de gas, muy pocas bocas de riego y un poco de mala suerte (muchos de los caballos que se necesitaban para transportar el equipo de los bomberos estaban enfermos aquella noche).

Sin embargo, el desastre no pilló por sorpresa a todos, puesto que ya el jefe de bomberos John Damrell había avisado a los oficiales en repetidas ocasiones de que la ciudad era muy vulnerable al fuego. Incluso en 1866 había pedido (y le fue denegado) que se actualizaran las normas de construcción y se dotara de mejor equipamiento al departamento.

A comienzos del XX Boston declinó como consecuencia de la decadencia de las fábricas, que se habían quedado obsoletas y había provocado la marcha de varias empresas. No se comenzó a recuperar hasta la década de 1970, momento en que se empezaron a construir numerosos rascacielos en el distrito financiero y en Back Bay.

Desde finales del siglo XX la ciudad se ha encarecido notablemente y es una de las ciudades más caras de los Estados Unidos, algo que pudimos comprobar a la hora de buscar alojamiento. Los precios eran prohibitivos y al final acabamos ampliando la búsqueda y reservando en la parte este de la ciudad, cerca del aeropuerto. El problema es que el coche había que devolverlo en el centro, así que nos tocó comernos el atasco de entrada de hora punta.

De ahí la importancia de haber hecho algunas compras el día anterior, porque así no iríamos con la hora tan pegada. Llegamos al apartamento y por unos metros no podemos aparcar para descargar. El coche que iba delante de nosotros de repente rompió el eje y se le quedó la rueda delantera atravesada, colapsando la calle. Una calle donde las casitas tienen un estilo muy pintoresco. Me recordaban en cierto modo a las de San Francisco por los colores, las tablas horizontales, los miradores…

El apartamento era bastante amplio, más grande de lo que parecía en las fotos. Tenía una distribución un tanto extraña, intuyo que porque es la partición del adosado entero en varias viviendas. Además, había un escalón en la mitad, pero la verdad es que estaba muy bien para nosotros, sobre todo por contar con espacio para reorganizarnos y preparar las maletas antes de marcharnos.

Contábamos con dos habitaciones (una bastante más grande que la otra), una zona de estar, un comedor, una amplia cocina y un baño.

Además, nuestro anfitrión nos había dejado algo de agua, zumos, tes y café. Luego nos escribió para decirnos que se le había olvidado la leche y nos la acercaría, pero no tomamos, así que no nos preocupó. La verdad es que pensó en todo, incluso tenía un bote de tapones, ya que de vez en cuando se oían los aviones, aunque no era muy molesto. Al menos para una estancia corta.

Sin entretenernos mucho, volvimos al coche tras comprobar que no nos dejábamos nada y nos dirigimos al centro. Rellenamos el depósito para entregarlo lleno y buscamos la oficina de Avis donde apenas revisaron nada. Pero bueno, nosotros teníamos un vídeo de cómo estaba en recogida y en entrega por si hubiera que reclamar. En total habíamos hecho 1.820 millas.

En la planificación no teníamos nada previsto para la tarde. Sin embargo, en vista de que en los próximos días nos iba a llover, nos tocó reajustar como en Toronto. Nos quedaban un par de horas de luz, así que nos pareció buena idea acercarnos a Cambridge donde se encuentra h, ya que al ser un campus queda todo bastante recogido.

De momento lo dejamos aquí.

6 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 12: Compras en Merrimack y Rumbo a Boston

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