Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 12 II: Boston: Harvard

Tras dejar el coche, nuestro plan para la tarde era visitar Harvard, que se encuentra en Cambrigde. Para llegar allí teníamos que tomar el metro, también conocido como “the T”.

Consta de cuatro líneas: roja, azul, verde y naranja y funciona entre las 5:30 y las 00:30 de domingo a jueves, y hasta las 2:00 los viernes y sábados por la noche.

Es fácil ubicarse, ya que los carteles de las estaciones, así como los vagones, siguen el código de color de la línea a la que pertenecen.

Además, en cada parada las paredes suelen estar decoradas con dibujos que hacen referencia a cómo era aquel lugar en el pasado o si ocurrió algún acontecimiento relevante.

El billete sencillo cuesta unos $2.75, aunque existen unas tarjetas conocidas como CharlieCard, que funcionan similar a la Ventra de Chicago o la Oyster de Londres y hacen que baje a $2.25. Se pueden recargar tanto con saldo (y el metro (o el bus) lo descuenta en función del trayecto) como con pases (ya sean diarios, semanales o mensuales).

Para decidir qué nos salía mejor valoramos nuestra situación. Por un lado había que tener en cuenta que Boston es una ciudad con mucho que ver, con lo que usar de vez en cuando el transporte público, nos ahorraría tiempo. Por otro lado, nuestro apartamento estaba alejado, así que al menos dos veces al día tendríamos que coger el metro. Y por último íbamos a estar tres días en la ciudad además de esa tarde y la mañana en que nos íbamos, por lo que había que multiplicar los movimientos por cada día. Sin duda lo más rentable era un pase con viajes ilimitados tanto en bus como en metro. El diario costaba $12 mientras que el semanal ascendía $21.25, así que no había duda, este último era nuestra opción.

Se pueden comprar en las máquinas, pero también en algunas estaciones que cuentan con oficinas de MBTA.

Como estábamos en el centro y la estación tenía oficina, no nos complicamos mucho y las pedimos en ventanilla.

Y con las tarjetas en nuestro poder tomamos la línea roja dirección Harvard, que está en Cambridge, no en Aravaca. Esta ciudad a lo largo de la orilla norte del río Charles fue la elegida para albergar la Universidad General de Justicia. En mayo de 1638, debido a que la institución había ido ganando prestigio académico, se le cambió el nombre por el actual en honor a la Universidad de Cambridge en Inglaterra.

Aunque está cerca de Boston, a tan solo 5 kilómetros, es una ciudad totalmente independiente y se nutre básicamente de la Universidad de Harvard y del MIT. Así cuenta con una importante vida estudiantil, artística, cultural y festiva.

La Universidad de Harvard es la institución de educación superior más antigua de los Estados Unidos. Nació en 1636, aunque por aquel entonces lo hizo como New College. Fue en 1939 cuando se renombró como Harvard College en memoria de John Harvard, quien donó su biblioteca de 400 libros y 779 libras (lo que suponía la mitad de su patrimonio). En la segunda mitad del siglo XIX se convirtió en un importante centro de investigación moderno gracias a los cambios que introdujo el presidente Charles William Eliot. Durante su mandato se incluyeron cursos electivos, pequeñas clases y exámenes. Por ella han pasado 8 presidentes de Estados Unidos y 75 premios Nobel, bien como alumnos, bien como profesores.

En el par de horas que nos quedaban de luz teníamos previsto dar un paseo por el campus para ver sus edificios, ya que poco más se puede hacer puesto que no se puede visitar ninguno por dentro.

La parada del metro está en la Harvard Square, conocida también como “The Square”, la plaza con más vida del campus. En ella predominan locales comerciales, restaurantes y tiendas.  La avenida Massachusetts nos lleva a la General MacArthur Square, en la que se erige la estatua de Charles Sumner, profesor universitario, político y estadista que fue líder de las fuerzas antiesclavistas y trabajó en estrecha colaboración con Abraham Lincoln.

A su izquierda (según miramos la de frente) está la Primera Parroquia de Cambridge, que tiene más de 400 años de historia.

En el siglo XVII era de tradición calvinista, sin embargo en el siglo XVIII se movió a una doctrina más liberal. En 1826 el reverendo Holmes intentó romper relaciones con los liberales, pero la parroquia votó para expulsarle y se convirtió en unitaria. Desde entonces sea quien sea el reverendo, está obligado a seguir la religión liberal.

A la derecha de la estatua de Sumner y frente a la iglesia se encuentra la Johnston Gate.

Esta puerta de diseño renacentista georgiano fue finalizada en 1889 y da la bienvenida al Harvard Yard, el foco central e histórico del campus. En el área de unas 10 hectáreas cubiertas de césped se hallan vetustos edificios de ladrillo rojo ocupados por bibliotecas, aulas, oficinas administrativas y residencias estudiantiles.

Nada más cruzar las puertas a la izquierda se halla el Harvard Hall, aunque no es el primero que se levanta en el lugar, ya que existió una construcción anterior que se quemó el 24 de enero de 1764. Tuvo que ser reconstruido y la financiación fue asumida por el Tribunal General de Massachusetts, ya que se encontraba reunido allí cuando el incendio tuvo lugar.

En el incidente se perdieron 4.500 de los 5.000 libros de la Biblioteca de la Universidad, así como otras colecciones científicas. Sin embargo, tras la reconstrucción, el tamaño de la biblioteca se aumentó considerablemente. Además, se adquirió una extensa colección de instrumentos científicos y equipos de demostración eléctrica que sustituyera la que se había perdido en el incendio. Benjamin Franklin colaboró en la selección de estos utensilios que se pasarían a formar parte más tarde de la Colección de Harvard de Instrumentos Científicos Históricos que ahora se exhibe en el Centro de Ciencias de Harvard.

A la derecha de las puertas de acceso y frente al Harvard Hall se erige el Massachusetts Hall, el edificio más antiguo que queda en el Harvard College. Construido entre 1718 y 1720 como residencia estudiantil en él han vivido incluso Padres Fundadores como John Adams, John Hancock, Samuel Adams, Elbridge Gerry y James Otis.

Ha tenido sin embargo otras funciones con el paso del tiempo. Desde 1722 acoge un observatorio gracias a la donación de un cuadrante y un telescopio de Thomas Hollis. Hoy alberga las oficinas del Presidente de la Universidad, el Provost, el Tesorero y los Vicepresidentes en las dos primeras plantas y en la mitad de la tercera. Mientras que el cuarto piso está ocupado por estudiantes de primer año.

Dejando las puertas a nuestras espaldas, el sendero nos conduce a la John Harvard Statue, una estatua que en realidad esconde tres mentiras. En primer lugar es que aunque lo ponga no es John Harvard, sino el estudiante Sherman Hoar. Tampoco es su fundador como indica, sino un benefactor.

Por otro lado, aunque también lo marque la placa, la universidad no fue fundada en 1638, sino en 1636. En 1638 fue cuando adquirió este nombre.

Y finalmente, no es cierto que los estudiantes tuvieran la costumbre de tocarle el pie izquierdo (como el derecho de Hume en Edimburgo), sino que fue una invención de un guía que se ha convertido en moda.

La estatua se erige frente el University Hall, un edificio de granito blanco construido entre 1813-1815 que es considerado Monumento Histórico Nacional desde 1970.

Hasta 1849 albergó en su primer piso el comedor. En las plantas superiores acogía una biblioteca y una capilla. En 1849 el comedor se eliminó y la planta se dividió en aulas.

Tras el edificio se encuentra la Memorial Church, la iglesia de la universidad.

No es la primera que ha tenido, pues ya en 1744 se levantó la Golden Chapel. Esta estuvo en pie hasta 1766, cuando fue reemplazada por una capilla en el Harvard Hall. En 1814 se abrió otra capilla en el University Hall y finalmente en 1858 se levantó la Appleton Chapel en el mismo lugar en que se encuentra The Memorial Church.

Desde la construcción de Appleton Chapel la asistencia al rezo matutino era obligatoria, por lo que, con el tiempo, se quedó pequeña para albergar a tantos estudiantes. Sin embargo, cuando la asistencia pasó a ser voluntaria en 1886, el nuevo edificio quedaba demasiado grande para el día a día. Aunque sí que resultaba demasiado pequeño para los servicios dominicales. Tras la I Guerra Mundial se pensó en construir un monumento en honor a los caídos, y dado que se llevaba tiempo planteando el proyecto de una nueva iglesia que se ajustase más a las necesidades, en 1931 se decidió derribar la Appleton Chapel y erigir la que vemos hoy en día.

En ella se grabaron los nombres de los 373 alumnos fallecidos en la Gran Guerra. Después, se añadieron los muertos en las siguientes guerras.

Frente a la iglesia encontramos la Widener Library, inaugurada en 1915. Se trata de una magnífica biblioteca que cuenta con más de 15 millones de volúmenes.

Fue construida para albergar la colección de Harry Elkins Widener, un graduado de la universidad que murió en el hundimiento del Titanic en 1912. Widener, que provenía de dos de las familias más ricas de América, había dejado escrito en su testamento que quería donar su colección a la universidad, siempre que esta la fuera a conservar adecuadamente. Su madre fue la encargada de que así fuera. Y como el Gore Hall no cumplía con las expectativas de su hijo, se planificó la construcción de este nuevo edificio en estilo Beaux Arts.

Esta compilación es una de las más completas del mundo en el área de Humanidades y Ciencias Sociales e incluye obras en más de cien idiomas. Los libros ocupan 92 kilómetros de estanterías repartidas en 8 kilómetros de pasillos en diez niveles. Debe ser absolutamente impresionante.

En el frente del edificio se ubica la sala de lectura principal, y en la parte central se encuentran las Widener Memorial Rooms, unos espacios dedicados a la memoria de Widener, así como su valiosa colección de libros raros. Además, la biblioteca cuenta con oficinas administrativas, otras salas con colecciones especiales y seminarios.

En el tercer flanco de la plaza se erige el Sever Hall, construido entre 1878 y 1880 en estilo románico de Richardson, aunque incluye una variación, ya que en su fachada se ha usado ladrillo rojo en lugar de piedra. Imagino que para guardar cierta homogeneidad con el campus.

Su puerta de entrada tiene un arco con una peculiar característica. Si se susurra en un lado del arco, se puede oír en la otra parte del mismo.

Diseñado como edificio para aulas, salas de conferencias y de profesores, hoy además en el tercer piso alberga una biblioteca y en el cuarto oficinas.

Seguimos el camino entre la iglesia y el Sever Hall, lo que nos conduce al Robinson Hall, un edificio que desde 2016 está reacondicionado como espacio para el trabajo colaborativo, sobre todo en el ámbito digital.

Salimos del recinto con césped por el Emerson Hall para acercarnos al Carpenter Center, un edificio de Le Corbusier finalizado en 1963 que lleva el nombre de la familia que aportó los fondos para su construcción (como suele ocurrir en Estados Unidos).

Se trata del único edificio que el arquitecto construyó en Estados Unidos y no llegó a verlo terminado, ya que no acudió a su inauguración por problemas de salud. Sirve como centro de estudios visuales y también acoge el extenso archivo cinematográfico de la universidad.

Al lado se encuentran los Harvard Art Museums. Por un lado el Museo Fogg, por otro el Museo Arthur M. Sackler y por último el Museo Busch-Reisinger (el único museo en América del Norte dedicado al estudio del arte de los países de habla alemana).

Además, esta fusión incluye cuatro centros de investigación: los Archivos de Museos de Arte de Harvard, el Straus Center for Conservation and Technical Studies, la Exploración Arqueológica de Sardis y el más reciente Centro para el Estudio Técnico de Arte Moderno.

Los museos albergan unos 250.000 objetos procedentes de Europa, América del Norte, África del Norte, Oriente Medio, Asia del Sur, Asia Oriental y el Sudeste Asiático, de diferentes áreas de interés y que abarcan períodos desde la Antigüedad hasta la actualidad.

Siguiendo la Quincy Street llegamos al Memorial Hall, un imponente y colorido edificio gótico victoriano construido en un antiguo campo de juego en honor a los hombres de Harvard que habían defendido la Unión en la Guerra Civil Estadounidense. Alberga en su interior el Teatro Sanders, el Annenberg Hall y el Memorial Transept.

El Teatro Sanders, inaugurado en 1876 es el espacio de reunión más grande de la universidad, gracias a sus 1166 asientos.

Por su parte, el Annenberg Hall se diseñó como salón formal, aunque enseguida se convirtió en comedor y esa fue su función durante 50 años. Sin embargo, cerró en 1925 porque la vida universitaria se había ido moviendo hacia el sur y dejó de tener tanta afluencia. Entonces se recuperó la idea original y se empleó para celebrar banquetes, ceremonias, bailes y exámenes.

En la renovación de 1996 se volvió a convertir en comedor de estudiantes, esta vez para los de primer año.

El Memorial Transept consta de una bóveda gótica construida en honor a los 136 hombres de Harvard que murieron defendiendo la Unión. Sirve como vestíbulo del Teatro Sanders.

Nos adentramos en una parte más moderna del campus tomando Oxford Street. En este área se concentran varios museos como el Semitic Museum o el Harvard Museum of Natural History, un museo especializado en historia como bien dice su nombre y que acoge una particular colección de flores de cristal soplado a mano. Realizadas entre finales del siglo XIX y principios del XX, recrean casi mil especies distintas con gran fidelidad.

El Harvard Museum of Natural History comparte edificio con el Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, uno de los más antiguos y reconocidos especializados en esta área. Sobre todo por su material procedente de yacimientos arqueológicos de Mesoamérica. También exhibe textos y muestras relacionadas a la historia de los pueblos indígenas de América del Norte y objetos de las islas del Pacífico.

Desde allí nos dirigimos al Austin Hall, un aulario que pertenece a la Facultad de Derecho de Harvard. Fue el primer edificio que se construyó expresamente para una Escuela de Derecho en Estados Unidos.

Erigido entre 1882 y 1884 fue diseñado por HH Richardson en estilo renacentista románico. En el primer piso se ubican tres grandes aulas concebidas para dar cabida a la metodología socrática del nuevo plan de estudios. Dado que el plan se copió en otras facultades de derecho de Estados Unidos, también se ha imitado el diseño de las aulas, muy prácticas para los debates de este método.

En la segunda planta se halla el Ames Courtroom, que simula un juzgado. En él los estudiantes defienden sus casos como si se tratara de un tribunal real. Incluso un juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos suele presidir la ronda final. En The Good Wife ya vimos que es algo habitual en las universidades estadounidenses.

Cruzando Massachusetts Avenue llegamos al Parque Cambridge Common, un lugar en el que los estudiantes suelen jugar al softbol, ​​fútbol (americano, claro), kickball y frisbee. Pero además, es un parque que conmemora varias etapas históricas de la ciudad. Por ejemplo, en él podemos encontrar el monumento a la Guerra Civil Americana. Cuenta en la base con una estatua de Abraham Lincoln bajo un pórtico y está coronado por otra estatua, esta vez de un soldado.

Además hay una placa (parece una lápida más bien) que recuerda el lugar en que el general George Washington reunió a las tropas durante la guerra.

Cerca hay un trío de cañones de bronce y otra placa/lápida que recuerda que fueron abandonados por las tropas británicas en Castle William cuando se marcharon de la ciudad el 17 de marzo de 1776.

Junto a ellos hay una placa para Henry Knox (militar del Ejército Continental)  y otra para Tadeusz Kościuszko (ingeniero y líder militar polaco que se convirtió en héroe nacional en Polonia, Bielorrusia y en los Estados Unidos, donde participó en la guerra de Independencia).

Además hay un monumento dedicado a los irlandeses que llegaron a Boston huyendo de la hambruna en su país: el Irish Famine Memorial.

Fue realizada por el escultor irlandés Maurice Harron e inaugurado el 23 de julio de 1997. Se dedicó a la por aquel entonces presidenta de Irlanda, Mary Robinson.

Para finalizar la visita, antes de dirigirnos al metro, nos desviamos un poco para ver la fachada de la Harvard Lampoon, una revista satírica fundada en 1876 por siete estudiantes universitarios siguiendo la inspiración de publicaciones similares como Britain’s Punch. Contaba además con competidores como The Harvard Advocate y The Harvard Crimson.

En la sede se exhiben materiales originales y digitalizados de la revista.

Ya con la oscuridad cerniéndose sobre nosotros volvimos al metro de vuelta al apartamento.

Para la cena aprovechamos la compra que habíamos hecho en el Walmart, ya que al final habíamos comido en el outlet. Teníamos un enorme bocadillo que partimos en cuatro trozos, la ensalada y además aún nos quedaban zanahorias, nachos y salsas, por lo que montamos una cena de picoteo en un momento.

Y con esto dimos por concluida la jornada. Ya el día siguiente lo tendríamos completo para Boston. A ver cómo amanecía el tiempo.

8 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 12 II: Boston: Harvard

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