Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 III: Boston: Freedom Trail II

Seguimos por la Congress Street hasta el Faneuil Hall, un edificio conocido como la Cuna de la Libertad y el Hogar de la Libertad de Expresión puesto que acogió diversos discursos patrióticos. Construido por John Smibert entre 1740 y 1742 con un estilo de mercado inglés campesino y financiado por el adinerado comerciante bostoniano Peter Faneuil, nació como centro de comercio, aunque en principio no fue muy bien acogido, ya que algunos vendedores pensaban que no les beneficiaría tener tan cerca a la competencia. Sin pretenderlo sirvió de foro abierto para el debate y sobre todo para proclamar la disidencia contra la opresión británica. Allí protestaron por ejemplo en 1764 contra la Ley del Azúcar y la Ley del Timbre. A estas reuniones les siguieron otras para quejarse sobre las Leyes de Townshend, la ocupación de los soldados británicos y la Ley del Té.

Uno de los más famosos oradores del Faneuil Hall fue Samuel Adams, quién en 1763 ya sugirió la unión de las colonias británicas americanas para su lucha contra el gobierno británico. Para recordarle, se erige una estatua suya frente a la fachada principal del edificio.

El Fanueil Hall fue ampliado a finales del siglo XVIII pues era muy visitado. De nuevo a finales del siglo XIX se realizaron nuevas reformas. Volvió a ser reformado en la década de 1970 y más recientemente en 1992.

Detrás está el Quincy Market, el primer proyecto del alcalde Quincy. En mayo de 1823, poco después de su elección, Josiah Quincy estaba mirando desde su oficina de Faneuil Hall y observó cómo el mercado se había quedado pequeño para las necesidades de la ciudad, por lo que rápidamente formó un comité para buscar una solución. Un año después tenía un nuevo proyecto que sentó las bases de este mercado gastronómico.

Fue llevado a cabo por el arquitecto e ingeniero Alexander Parris y se abrió al público el 26 de agosto de 1826 bajo el nombre de Faneuil Hall Market, aunque se hicieron sugerencias para que se renombrara en honor al alcalde. Este sin embargo rechazó tal propuesta, lo cual no ha impedido que coloquialmente se haya conocido así. De hecho, en 1989 se colocaron letreros dorados en los que se puede leer Quincy Market en el frontispicio de ambos pórticos renacentistas griegos.

Este nuevo edificio sirvió como centro comercial de productos alimenticios con varios almacenes de productos como huevos, queso y pan. Muchos de los comerciantes del Faneuil Hall se reubicaron en él, sin embargo, para 1850 había llegado al máximo de su capacidad, por lo que se llevaron a cabo planes de ampliación incorporando los mercados sur y norte a ambos lados del edificio principal.

Asimismo, la planta baja de Faneuil Hall se volvió a comercializar en 1858 para añadir más espacio. No obstante, a mediados de siglo, como consecuencia del crecimiento de Boston, la gente comenzó a comprar cerca de sus casas, por lo que el mercado pasó a ser un centro mayorista.

A principios de la década de 1970 los comerciantes se habían ido mudando a otras instalaciones más grandes y modernas, por lo que el mercado cayó en decadencia. Así pues, se decidió restaurar por completo para que volviera a ser útil. Gracias a aquellas obras, en la actualidad sigue siendo lugar de encuentro de los bostonianos, aunque ahora se ha reconvertido como mercado gastronómico en el que predominan los locales de comida rápida y restaurantes.

Cuenta con dos pisos de altura y con una superficie de 2.500 metros cuadrados. Con un exterior realizado en granito y paredes interiores de ladrillo rojo, acoge 128 locales en su planta baja dispuestos en torno a un largo pasillo en su línea central.

En la parte superior se ha dispuesto en torno a una glorieta y bajo la cúpula de cobre un espacio abierto con mesas en el que poder sentarse a comer. En esta zona se conservan además algunos elementos antiguos como los letreros de los puestos.

Esta cúpula elíptica es uno de los pocos elementos decorativos que sobreviven del diseño arquitectónico interior de Alexander Parris.

Todo el complejo fue designado Monumento Histórico Nacional e incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos en 1966. Además, su éxito llevó a la construcción de otros mercados similares por todo el país.

En las calles entre el Quincy Market y sus mercados adyacentes también podemos encontrar más puestos de comida así como vendedores ambulantes de regalos y recuerdos. También utilizan el espacio artistas callejeros. Sin duda es un lugar con mucha vida.

Y era un buen lugar para comer, pues había locales de todo tipo de comida, y era la hora, sin duda. Sin embargo, ya llevábamos en mente comer un bocadillo de langosta en Pauli’s Lobsta Roll, así que seguimos nuestro camino hasta el North End.

En la cocina en Boston, al igual que en Nueva Inglaterra, predominan los mariscos y productos lácteos. Sus platos más conocidos, son la sopa de almejas, el fish and chips, baked beans, almejas al vapor o almejas fritas y langostas.

Y precisamente el Lobsta Roll de St Pauli’s es uno de los más famosos de la ciudad, así que pedimos uno para cada uno. Acompañamos dos con patatas y otros dos con aros de cebolla.

El secreto de este bocadillo es que el pan recién horneado se unta con mantequilla y se pone en la parrilla para que quede crujiente. Después se rellena con la langosta y se rocía con un jugo de limón y mayonesa para que se quede todo unido.

Es cierto que va bien cargado de langosta, pero me decepcionó un poco. Sobre todo por el pan, que no aporta nada, salvo que se hace bola y deja un sabor empalagoso con la mantequilla. La carne de la langosta sí que estaba rica y jugosa. En cuanto a los aros y las patatas, pues muy grasientos. Además, no son baratos precisamente. Quizá deberíamos haber elegido unas ensaladas o algún plato en el que predominara más el sabor de la langosta y no quedara tapado por el pan, la mantequilla o mayonesa. Aunque como tienen una carta tan extensa es complicado elegir y al final nos fuimos a por el mítico bocadillo para no darle muchas vueltas.

Y después de comer, seguimos por Little Italy, donde no pueden faltar salumerias, trattorias, gelaterias, restaurantes y tiendas de pasta.

Y claro, era hora del postre, así que paramos en la pastelería Modern Pastry, que lleva 150 años ofreciendo dulces típicos italianos. Incluido turrón.

Elegimos unos cannoli, típicos del carnaval de Sicilia. Aunque hoy en día se comen todo el año y en toda Italia.

Estos dulces consisten en un tubo realizado con una masa que se queda crujiente. Se pueden comer tal cual, aunque lo frecuente es que estén rellenados con una base de queso ricota.

Tras el breve desvío para comer, retomamos el Freedom Trail. Nuestra siguiente parada fue la Casa de Paul Revere.

Construida alrededor de 1680, es la estructura más antigua que queda en el centro de Boston y la única casa en el Freedom Trail (algo que diferencia al recorrido del Black Heritage Trail). Fue levantada en el lugar que ocupó la Segunda Iglesia Parroquial de Boston, tras el incendio de la misma en 1676.

Levantada en madera por el rico gobertante Howard consta de tres plantas con habitaciones espaciosas. Paul Revere, la compró en 1770 y residió en ella con su madre y nueve de sus hijos de dos matrimonios. Este colono fue famoso por su famosa cabalgada la noche del 18 al 19 de abril de 1775 para avisar a los rebeldes de Lexington de la llegada de las tropas británicas.

Allí residió hasta 1800, después la casa se vendió y los bajos se usaron como tienda de dulces, fábrica de cigarros, banco y frutería. La parte superior se dividió en viviendas para inmigrantes irlandeses, judíos e italianos, así como como pensión para marineros. Durante ese siglo pasó por varios propietarios, hasta que en 1902 el bisnieto de Revere la compró  para evitar su demolición y la restauró. Desde 1908 es un museo gestionado por la por la Paul Revere Memorial Association en el que se exponen piezas y utensilios de la época, así como mobiliario y piezas realizadas en el taller de este héroe estadounidense.

Siguiendo por Hanover Street llegamos a un parque flanqueado por dos iglesias que también lleva el nombre de Revere (Park Paul Revere Mall). Y en él podemos encontrar su estatua ecuestre.

La iglesia que está frente a Revere es la St. Stephen, anteriormente conocida como Iglesia Nueva del Norte.

Construida en ladrillo rojo y coronada por un campanario blanco fue diseñada para la Nueva Sociedad Religiosa del Norte, un grupo congregacionalista a principios del siglo XIX.

De 1813 a 1849 se convirtió al Unitarismo y en 1862 como consecuencia de la afluencia de irlandeses (incluido el abuelo materno de JFK) fue vendida a la Diócesis Católica Romana de Boston, momento en que se eliminó la veleta de la cúpula y se colocó en su lugar la cruz. Además, se realizaron cambios en su interior. En 1870, con la ampliación de la calle, tuvo que ser movida para atrás. Se cerró en 1992 y ahora pertenece a la Sociedad Misionera de Santiago Apóstol.

Tomando la misma calle Hanover y adentrándonos en Battery Street encontramos un curioso rincón (incluso un poco terrorífico) repleto de imágenes de santos, el All Saints Way.

Volviendo al Parque Paul Revere, lo atravesamos, y parece que no solo está dedicado a este héroe local, sino que también hay varias placas y memoriales en recuerdo de soldados caídos en distintas guerras.

En el extremo opuesto a la iglesia St. Stephen se erige la Old North Church, considerada la iglesia más antigua de Boston.

Construida en ladrillo en 1723 en estilo georgiano está inspirada en la inspirada en St. Andrew’s by the Wardrobe de Londres. Pero esta iglesia es relevante por su papel en la Guerra de Independencia. El 18 de abril de 1775 Paul Revere acordó con Robert Newman, sacristán de la iglesia, cómo señalizar los avances de las tropas británicas a los bostonianos. La comunicación iba a ser visual, mediante faroles colgados en el campanario: “One if by land, and two if by sea”.

Este famoso campanario, el más alto de todo Boston, además alberga las primeras campanas forjadas en Estados Unidos. Ha sido derribado dos veces por los huracanes, una vez en 1804 y otra vez en 1954.

Siguiendo la calle Hull llegamos a un nuevo punto del recorrido, otro cementerio: el Copp’s Hill Burying Ground.

En 1630 cuando las flotas de John Winthrop llegaron al puerto de Boston había tres colinas que dominaban la península de lo que ellos llamaron la ciudad de Boston: Fort Hill al sur, Beacon Hill en el centro y Copp’s Hill en el norte. Esta última era más alta que en la actualidad, pues fue cortada en el siglo XIX para rellenar la zona en la que hoy se encuentra la Estación del Norte. En un primer lugar la colina se llamó Wind Mill Hill o Mill Hill porque había un molino desde 1632. Después cambió su nombre en honor a William Copp y su familia, quienes se habían mudado a la zona sobre 1635.

Es el segundo cementerio más antiguo de la ciudad. En 1659, el Cementerio Central, el de la King’s Chapel, estaba saturado. Así que, se compró este terreno para abrir uno nuevo. Comenzó en lo alto de la colina, cerca del río y de las calles Charter y Snow Hill, después, en 1711 se extendió hacia la calle Hull. En el siglo XIX se amplió otras dos veces en 1809 y 1825. Acabó convirtiéndose en el mayor cementerio colonial de la ciudad.

Al principio no tenía árboles y las tumbas se disponían en grupos familiares. En el siglo XIX los cementerios se transformaron en parques, así que muchas familias movieron a sus antepasados a nuevos camposantos como el Moint Auburn y Forest Hills. Así, en la década de 1830 el Copp’s Hill fue reorganizado en hileras, creando pasillos y caminos y levantando muros.

Cuenta con unas 1.200 tumbas, entre las que encontramos las de notables bostonianos de mediados de siglo XIX que residían en el North End, como el sacristán Newman. También se halla la de Prince Hall, un hombre negro libre que fundó el primer Black Masonic Lodge de Estados Unidos. Solicitó a la legislatura de Massachusetts que pusiera fin a la esclavitud.

Junto a su tumba se halla un emblema que lo reconoce como patriota.

El terreno del cementerio también fue usado como campo de entrenamiento por los británicos durante la Batalla de Bunker Hill en 1775, ya que está en una colina y ofrece unas buenas vistas panorámicas. De hecho, en la lápida de Daniel Malcolm, comerciante y patriota, se pueden ver las secuelas de las balas británicas.

En 1878 se encontraba muy abandonado y formaba parte de la Freedom Trail, sino que fue incorporado después.

Ya estábamos casi al final del recorrido, nos faltaban un par de paradas al otro lado del río. Para ello hay que cruzar el Charleston Bridge, un puente no apto para acrofóbicos, ya que la pasarela para peatones es tan solo una rejilla, por lo que se ve el río bajo los pies.

Desde él vemos los astilleros de Charlestown Navy Yard.

Cuando el Capitán William Bainbridge se puso al mando del Navy Yard en abril de 1812 encontró una pequeña y pantanosa tierra y nueve edificios abandonados. Con solo doce años no había un puerto lo suficientemente profundo para barcos o espacio de almacenaje adecuado para los suministros. Bainbridge intentó en repetidas ocasiones mejorar las instalaciones, pero no había fondos. En 1813 los trabajadores construyeron un nuevo almacén de ladrillo y una herrería, y en 1814 un enorme cobertizo para cubrir a los barcos mientras eran construidos. A pesar de estas mejoras, tuvieron que pasar muchos años antes de que el Navy Yard adquiriera el aspecto industrial que tiene hoy en día.

En el Centro de Visitantes se puede conocer su historia. Además, en sus alrededores hay expuestos cañones, anclas, así como paneles informativos y figuras de personajes ilustres.

Miles de civiles trabajaban en el Navy Yard, pero luego volvían a sus barrios de Boston. Sin embargo, para algunos trabajadores navales, el astillero, además de ser su lugar de trabajo, también era su hogar. Algunos vivían en la Casa del Comandante en la colina, otros sin embargo lo hacían en barracones.

Esta casa en la colina fue construida en 1805 para el comandante y su familia. Durante 170 la mansión de 14 habitaciones fue también el lugar donde se celebraban recepciones locales, nacionales e internacionales. Hoy los barracones todavía contienen elementos de la estructura original de 1810 y son los barracones más antiguos que aún se conservan en el país. Eso sí, en la actualidad son oficinas del National Park Service y US Navy.

En 1833 se construyó una hilera de cinco casas para los comerciantes. Los oficiales de guardia, así como el maestro fabricante de velas y el maestro carpintero dirigían las tiendas principales. Hoy estas casas son residencias privadas para los miembros del National Park Service y las familias de los marines.

El USS Constitution fue la primer embarcación en ubicarse en el muelle 1 del Navy Yard. Se trata del barco de guerra en activo más antiguo del país (data de 1797). Le debe su nombre a George Washington, que quiso honrar a la tan ansiada Constitución. Navegó por las Antillas, Brasil y la costa de África Occidental y participó en las Guerras de Berbería. Pero cuando realmente se ganó la fama fue durante la Guerra de 1812, cuando recibió el apodo de Old Irionsides porque su casco de roble era tan grueso que las balas de cañón lanzadas por la fragata británica HMS Guerriere acababan rebotando.

Iba a ser desguazado, sin embargo a finales del siglo XIX consiguió ser salvado y se convirtió en museo. En 1997 fue restaurado y puede navegar. De hecho, cada 4 de julio recorre el puerto, momento además en que aprovecha para cambiar su posición de amarre y que así no se

El buque se salvó del desguace gracias al poema Oliver Wendell Holmes, titulado Old Ironsides. Compuesto en 1830 el autor pidió ayuda pública para salvar el buque, dado que las reparaciones para su puesta de nuevo en servicio eran costosas. Finalmente el presupuesto fue aprobado y el barco salvado. En 1907 el USS Constitution fue convertido en museo. En 1997 sería restaurado, siendo capaz de navegar por sus propios medios. Cada 4 de julio, Día de la Independencia de los los Estados Unidos, zarpa para recorrer el puerto, cambiando además su posición de amarre con el fin proteger ambos lados del barco de la condiciones ambientales.

Invicto en 33 batallas hoy se puede visitar por dentro, así como su museo, en el que hay exhibiciones interactivas y prácticas.

También está permanentemente atracado el USS Cassin Young, un destructor de la Segunda Guerra Mundial.

Tomando la calle Tremont, nos dirigimos al último punto de la ruta, el Monumento de Bunker Hill.

En el centro del parque sobre la colina se erige un obelisco de granito, de 67 metros de altura, que conmemora la primera gran batalla de la Guerra de Independencia, la batalla de Bunker Hill (17 de junio de 1775).

El ejército británico era una de las mejores fuerzas militares de la época. Sus líderes eran oficiales de carrera. Las tropas entrenaban regularmente y estaban bien equipadas. Aún así, también reclutaban soldados en contra de su voluntad, generalmente hombres pobres y desempleados, a veces también algunos prisioneros. Por su parte, la mayoría de los colonos no entrenaban, sino que se unían voluntariamente a la milicia. Los británicos no esperaban que un grupo organizado lo hiciera tan bien como al final resultó. Aunque los americanos perdieron en esta batalla, eso les hizo fortalecerse y luchar más fuerte para conseguir su independencia. Así, aunque técnicamente los ganadores fueron los británicos, vencieron perdiendo en el camino la mitad de sus hombres y tan solo nueve meses más tarde las tropas de George Washington consiguieron expulsarles.

Tras la batalla, en la década de 1820,  el terreno de la colina se convirtió en tierra sagrada debido a un nuevo sentimiento patriótico. Los americanos querían honrar el sacrificio y servicio a la nación de sus antepasados, así que, durante dos décadas, muchos hombres y mujeres, liderados por la Bunker Hill Monument Association, trabajó para para construir un monumento que los recordara.

La primera piedra del monumento fue colocada en 1825 por el héroe Marquis De Lafayette, en el 50 aniversario de la batalla y fue concluido en 1842. El 17 de junio de 1843 Daniel Webster habló a una multitud de 100.000 personas para inaugurarlo. Hoy en día se puede subir para ver Boston desde las alturas, aunque llegamos justo cuando estaban con el último pase.

Frente al obelisco, ya fuera del parque, se encuentra el museo, en el que se puede conocer la historia de la batalla así como objetos usados en la misma.

Además, no podía faltar en el parque la estatua de William Prescott, el coronel que comandó las fuerzas patriotas en la Batalla de Bunker Hill y que se hizo conocido por la frase “No disparen hasta que vean el blanco de sus ojos”.

Aún nos quedaba tarde, así que tomamos el metro para acercarnos al campus del famoso MIT.

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