Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 IV: Boston: MIT y Back Bay

El día anterior habíamos ido a Harvard, pero además, en Boston destaca otro centro de estudios superiores, el Massachusetts Institute of Technology, más conocido como MIT.

Fue fundado en 1861 por William Barton Rogers en plena industrialización de los Estados Unidos. Este geólogo quería establecer un nuevo tipo de institución educativa independiente que se centrara en los avances científicos y tecnológicos que estaban aconteciendo. Inspirado por los modelos de investigación de las universidades alemanas pretendía orientar la escuela en torno a seminarios y laboratorios, donde no solo se trabajara la teoría, sino también la práctica.

Los primeros estudiantes fueron admitidos en 1865 y enseguida el MIT ganó una importante reputación en ciencias e ingeniería. Sin embargo, a principios de siglo pasaba por problemas económicos y se llegó a plantear la fusión con Harvard, que no tenía tal área. Aunque se estudió esta unión, finalmente no se consumó por las protestas de los alumnos. En 1916 se mudó de la orilla sur del río Charles a Cambridge, en la orilla norte.

Durante la época de la II Guerra Mundial y la Guerra Fría el gobierno invirtió en ciencia y tecnología, por lo que el MIT fue relevante en varios proyectos. Por ejemplo, trabajaron en ordenadores o en el radar. Desde entonces ha ido incorporando nuevas disciplinas más allá de la física e ingeniería añadiendo departamentos de biología, economía, lingüística y administración. Hoy en día la escuela de ingeniería es reconocida como la mejor en Estados Unidos y en el mundo por U.S. News & World Report, además, el MIT ha sido reconocida como la mejor universidad en el mundo durante siete años consecutivos (2012, 2013, 2014, 2015,2016, 2017 y 2018) por el QS World University Rankings.

Acceder a esta universidad no es nada sencilla (tiene una tasa de aceptación del 9%) y entre sus estudiantes y profesorado cuenta con casi un centenar de premios Nobel. Por sus aulas han pasado personajes como Kofi Annan (exsecretario general de las Naciones Unidas), Noam Chomsky (lingüista y activista político), Katie Bouman (la investigadora informática que acaba de conseguir la primera imagen real de un agujero negro) y más de un astronauta, como Russell Schweickart o David Scott.

Paseamos por el campus que parecía estar preparado para la graduación con carpas en el césped frente al Great Dome.

Incluso nos colamos en uno de los edificios, donde pudimos ver cómo tenían trabajos expuestos en los pasillos. Y aunque el estilo clásico no tiene nada que ver con un aulario típico de una universidad pública en España, por lo demás, no deja de ser un centro de estudios.

Abandonamos el campus y tomamos el Puente de Harvard de vuelta a la orilla sur. En este puente, construido entre 1887 y 1890 (y reconstruido un siglo después) podemos ver unas inscripciones que miden la longitud del recorrido. Pero no en millas o metros, sino en smoots.

Esta medida no estándar es el resultado de una broma de fraternidad (allá por 1958) a Oliver R. Smoot, de Lambda Chi Alpha. Mientras él se tumbaba en el suelo, sus compañeros usaban su altura (1.70 m) para medir la longitud total del puente. El resultado total es 364.4 smoots y más o menos una oreja, o lo que es lo mismo, 620.1 metros.

Las marcas se repintan cada año por estudiantes de la fraternidad y la medida ha sido incluida hasta en la calculadora de Google y en Google Maps. El 4 de octubre de 2008 se conmemoró el 50 aniversario como el Smoot Celebration Day con la presencia del mismo Smoot quien acabó de presidente de la Organización Internacional de Normalización (ISO).

Queríamos concluir la tarde subiendo a las alturas así que nos adentramos en el barrio Back Bay. Este vecindario en su día era una bahía entre Boston y Cambridge, de ahí su nombre. Fue a finales del siglo XIX cuando se construyó una presa y se rellenó el terreno de la laguna para crear un barrio residencial. La novedosa planificación contaba con amplias avenidas repletas de árboles a cuyos lados se disponían hileras de magníficas casas victorianas de piedra rojiza (hoy consideradas uno de los ejemplos mejor conservados del diseño urbano del siglo XIX en los Estados Unidos gracias a que desde 1966 los cambios exteriores de los edificios están regulados), así como por numerosos edificios arquitectónicamente significativos e instituciones culturales.

Hoy, junto con Beacon Hill, es uno de los más caros de Boston y figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Además, es un destino de compras de moda (sobre todo en las calles Newbury y Boylston), además de contar con algunos de los edificios de oficinas más altos de Boston y muchos hoteles importantes.

Tomamos la Commonwealth Avenue, una de esas avenidas en cuya parte central hay un bulevar arbolado, y fuimos paseando tranquilamente entre casas victorianas y algún edificio más actual, pero que aún así conserva esa estética de ladrillos rojos y miradores hacia afuera.

En este paseo además encontramos bancos, fuentes y estatuas, como esta de Domingo Sarmiento, Presidente de Argentina entre 1811 y 1888, así como diplomático, escritor y padre del sistema educativo argentino.

Un poco antes del cruce con Fairfield Street hay otro grupo escultórico, el Boston Women’s Memorial, que conmemora las vidas de Phillis Wheatley, Abigail Adams y Lucy Stone. La idea de este monumento surgió a finales del siglo pasado, debido a la poca representación femenina en las estatuas de la ciudad. Así, la Comisión de Mujeres de Boston, el Comité de la Alameda de la Avenida de la Commonwealth y la Sociedad Histórica de Massachusetts (apoyadas por Angela Menino, la esposa del alcalde de Boston) comenzaron a trabajar en el proyecto que tras un concurso ganó la escultora neoyorquina Meredith Bergmann.

Inaugurado el 25 de octubre de 2003 por el alcalde, las estatuas representan a las tres mujeres a pie de calle, en lugar de situarlas en un pedestal. Aunque sí que podemos ver estos cubos de piedra, sin embargo se usan con otro fin. Por ejemlo, Stone (1818-1893) lo emplea como escritorio, como si estuviera trabajando en el Woman’s Journal, el periódico que fundó en 1870 y en el que luchaba por los derechos de las mujeres, como el sufragio. Fue una de las primeras mujeres de Massachusetts en licenciarse en la universidad además de una ferviente abolicionista.

Abigail Adams (1744 – 1818), que se apoya sobre la piedra, fue la mujer de John Adams. También su asesora más cercana, ya que este le pedía consejo en muchos asuntos (se conservan las cartas que intercambiaban y en las que discutían sobre el gobierno y la política), por lo que a veces se la considera también parte de los Padres Fundadores de los Estados Unidos.

A pesar de que no recibió una educación formal (en parte por haber estado enferma muchas veces en su infancia, en parte por ser mujer), su madre y abuela se encargaron de que aprendiera en casa a leer, escribir y cálculos. Conoció las literaturas inglesa y francesa gracias a las bibliotecas de su padre, tío y abuelo. Llegó a ser una mujer intelectualmente avanzada para su tiempo y fue abolicionista y defensora de los derechos de las mujeres, como los derechos de propiedad de las mujeres casadas u oportunidades en el campo de la educación. Consideraba que las mujeres no deberían someterse a leyes que no fueran de su interés, ni conformarse con ser meras comparsas de sus maridos, sino que debían tener una educación y una opinión y ser respetadas por sus capacidades.

El matrimonio Adams tuvo seis hijos y Abigail además de encargarse de su crianza, asumió la responsabilidad de los asuntos financieros de la familia, gracias a lo cual hicieron una buena fortuna. Cuando John llegó a la presidencia en 1797, ella tomó un papel activo en la política, tanto que los opositores de su marido se referían a ella como “la Señora Presidenta”.

Por último, Phillis Wheatley  (1753 – 1784), fue la primera escritora afroamericana en publicar un libro en los Estados Unidos, dos años antes de que comenzara la Guerra de independencia. Nació en lo que hoy en día es Senegal, fue capturada y esclavizada con 7 años. John y Susannah Wheatley, sus compradores, la convirtieron en la fe cristiana y le dieron una buena educación, pues vieron que la niña era muy inteligente. Así, estudió latín, griego, mitología e historia. Pronto dominó el inglés y con 13 años publicó su primer poema.

Fue admirada por importantes personajes que intervendrían en la revolución, como George Washington, aunque también despertaba suspicacias, pues había quien pensaba que una mujer negra no podía ser tan inteligente como para escribir poesía. Tuvo incluso que defender su capacidad literaria en la corte, siendo examinada por varios intelectuales que finalmente concluyeron que era la autora real y le firmaron un certificado. No obstante, no consiguió vivir de ello y murió a los 31 sumida en la pobreza.

Continuamos camino del Prudential Center y nos encontramos cerca de la John Hancock Tower con la Boston Athletic Assotiation, la asociación sin ánimo de lucro encargada de promocionar el deporte y sobre todo de organizar y coordinar la maratón de Boston, uno de los más famosos eventos deportivos de la ciudad que concluye desde 1986 en la cercana Copley Square.

Su símbolo es el unicornio, por su significado en varias mitologías, siempre como un ideal, como algo que no se puede conseguir. Así, se pensó que era una buena analogía del deporte y de las luchas de cada uno contra sus limitaciones y el esfuerzo por llegar al objetivo.

Nos costó encontrar la subida al Prudential Center Skywalk Observatory, pues realmente entras al centro comercial y cuesta no perderse entre los pasillos e indicaciones. Tras abonar la entrada de $20, que ya por sí nos pareció excesiva, nos dimos cuenta de que además tenían una parte cerrada para un evento, así que no pudimos dar la vuelta 360º. Sí podíamos ver el río Charles, así como el MIT o los barrios aledaños. También la John Hankock Tower, a la que después de los atentados de las torres gemelas, ya no se puede subir.

 

No obstante Boston no es una ciudad con demasiados rascacielos, por lo que las vistas no son tan espectaculares como pueden ser en Chicago. En Boston lo que destaca es la arquitectura victoriana, y esa hay que verla a pie de calle.

No obstante, en el observatorio no todo son las vistas, ya que en sus paredes interiores hay toda una exposición sobre la historia de Boston. Podemos hacer un repaso desde sus inicios, descubriendo sus lugares históricos y conociendo a bostonianos ilustres del pasado y del presente en todas las áreas.

Además, podemos probar en el juego interactivo Who wants to be an American? estilo Quién quiere ser millonario, pero en el que el premio es conseguir la visa estadounidense. Yo he de reconocer que no estoy a la altura, pues fallé demasiadas preguntas.

Nos quedamos hasta que se hizo de noche, para ver cómo cambiaba el paisaje. El cielo estaba algo nublado, pero aún así pudimos ver cómo el azul iba pasando por tonos anaranjados y rosados hasta llegar a la oscuridad rota por la iluminación de los edificios.

Cansados y famélicos volvimos al metro de camino al apartamento. En el barrio teníamos como a unos diez minutos andando varios locales de restauración, así que echamos un ojo y nos decidimos por DaCoopas, pues no comíamos pizza desde Chicago (las congeladas de Montreal no cuentan). Pedimos un par de medianas que nos costaron $36.36.

Nos tocó esperar un rato porque nos las hicieron en el momento (desde la masa), pero mereció la pena porque la verdad es que estaban muy ricas. Se notaba que el tomate era casero, pues le daba un toque más jugoso.

Y tras la cena, a descansar, que estábamos agotados y nos quedaba mucho que ver al día siguiente.

6 comentarios en “Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 13 IV: Boston: MIT y Back Bay

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