Serie Terminada: Casual

Tras acabar con Sense8, tocaba elegir serie finalizada. Después de lo profunda que había resultado esta última, había que aligerar un poco tanto en trama como en duración, así que retomamos Casual.

El piloto se presentaba como una dramedia sobre un soltero (Alex) que acoge en su casa a su hermana recién divorciada (Valerie) y a su hija adolescente. Juntos forman una familia disfuncional en la que la más madura parece ser Laura, de 16 años, aunque no por ello deja de tener los propios problemas de su edad.

Valerie es psiquiatra y en el aspecto laboral es bastante metódica, sin embargo, su vida se ha tambaleado cuando su marido le ha sido infiel con una mujer más joven y ahora necesita encontrarse a sí misma, saber hacia dónde quiere ir. Alex por su lado es espontáneo y descuidado. Ganó mucho dinero cuando co-fundó una web de citas y vive aparentemente sin preocupaciones en una casa enorme en una zona adinerada de Los Ángeles.

A pesar de sus personalidades tan dispares, están muy unidos como consecuencia de una infancia con unos padres un tanto despegados (por así decirlo). Ella es la mayor y siempre ha cuidado de su hermano, lo que hace que ambos tengan una cierta dependencia. Alex siempre busca el apoyo y consejo de Valerie en los momentos de bajón, y ella intenta estar siempre disponible para él.

Este trío protagonista sirve de hilo conductor para reflexionar sobre el mundo de las relaciones visto desde tres puntos de vista diferente. Y aunque el título Casual hace referencia a los encuentros sexuales, también toca las de pareja, de amistad o familiares. Sobre todo familiares.

Los personajes se caracterizan por su egoísmo. Están tocados emocionalmente y buscan definirse a sí mismos a la vez que intentan ser lo más opuesto posible a sus padres. Así, Alex y Valerie intentan encontrar una estabilidad que no vieron en el matrimonio de sus progenitores, quienes tuvieron una relación abierta; mientras Laura no quiere comprometerse porque ha visto cómo el “hasta que la muerte os separe” de los suyos no ha funcionado.

Si bien es cierto que la serie parece tener un tono casual y cotidiano, con escenas un tanto ligeras y bastante alejado de lo trascendental; no tiene mucho que ver con las típicas series de familias heterogéneas en las que hay un conflicto que acaba solucionándose a final del capítulo con todos sonrientes y felices. En Casual tenemos una familia disfuncional y dependiente, que se enfada y que sufre. Los conflictos no ocurren para darle una resolución positiva, sino realista. A medida que pasan los capítulos se va desmarcando de esta premisa inicial liviana y va construyendo cada uno de los personajes y sus complejas tramas emocionales. Según va avanzando la primera temporada va tomando un cariz más dramático  y acaba estallando en los dos últimos episodios.

La primera temporada sirve para conformar a los personajes y su nueva cotidianidad. El espectador los va conociendo a medida que ellos mismos exploran su interior. En la segunda sin embargo, aunque se sigue con la dinámica de la rutina diaria, la trama da un paso más. Si en el capítulo inicial quien se sentía rota era Valerie, en la segunda tanda es Alex quien pasa por su peor momento. Sin embargo, esto le servirá para descubrir que su problema es que se boicotea a sí mismo tanto en lo personal como en lo profesional. A partir de ahí tendrá que decidir qué cambiar, pero por lo menos ya sabe cuál es su punto de partida.

Valerie por su parte ya no solo piensa en qué tipo de relación quiere en su vida, sino que va más allá y se plantea qué vida quiere vivir. Pasa por toda una crisis existencial que le lleva a buscar su propia casa y mudarse de la de su hermano.

Laura también ha pasado por lo suyo. Tras el colapso a final de la temporada anterior decide no volver a su instituto y probar con una educación algo más flexible. En el nuevo centro hará nuevas amistades y afrontará nuevas relaciones sin compromiso. Es interesante además cómo busca específicamente conectar con un chico que está enfermo y tiene los días contados. Como si de esta manera pudiera proteger sus sentimientos.

En la tercera temporada los tres personajes intentan coger las riendas de su vida. A los dos adultos la muerte de su padre les supone todo un punto reflexión, sobre todo para Valerie, que descubre que en realidad no era su padre biológico y que tiene un medio hermano en Fresno. Laura por su parte sigue intentando encontrar su camino no solo personal, sino profesional.

La cuarta arranca con un salto temporal, un recurso que se suele utilizar para no estancarse en la trama y que sin embargo aquí creo que se usa como excusa para presentar la evolución de los personajes antes de cerrar la serie. Laura regresa a Los Ángeles con su nueva novia tras dos años viajando por el mundo, Alex es un padre entregado y Valerie ha decidido dejar su consulta psiquiátrica para abrir una vinoteca. Aparentemente los tres han reflexionado sobre sus conflictos, se han enfrentado a sus carencias y han madurado. Sin embargo, a pesar de que es innegable que han dado un paso adelante, todavía les queda un último empujón.

Esta última temporada sirve para dar un buen final a unos personajes que han sufrido mucho y han ido sumando experiencias con gran carga emocional. En este viaje han aprendido a gestionar sus sentimientos, se han liberado de ataduras y han aprendido a tomar decisiones. Seguirán cometiendo errores, pero ahora sabrán cómo enmendarlos. Y sobre todo, se tendrán los unos a los otros.

Me gusta que Laura y sus problemas son tratados con la misma seriedad que los del resto de los personajes huyendo de la mirada adulta condescendiente.

El piloto me atrajo por el tono sarcástico, por unos personajes imperfectos y por unas situaciones un tanto surrealistas. Pensaba que iba a ser una serie más ligera, sin grandes ambiciones; sin embargo pronto muestra su profundidad tocando temas como el amor platónico, el sexo casual, la influencia de los padres, la infidelidad, la muerte… Y siempre con naturalidad. Su mayor virtud es cómo consigue exponer las emociones complejas en medio de las situaciones cotidianas, así como que no quiere la cosa.

Trucos Viajeros: Tarjetas Prepago o Monedero

Quien más, quien menos, cuando iba a viajar al extranjero calculaba un presupuesto y se acercaba a su banco a solicitar esa suma de la divisa en cuestión. Sobre todo antes del Euro. Con el paso del tiempo sin embargo hemos ido teniendo otras alternativas. La moneda común en Europa nos ha facilitado mucho la vida en ese aspecto, claro; pero cuando salimos fuera de la Eurozona descubrimos que era preferible pagar con tarjeta de débito o crédito antes que acudir a nuestra sucursal. En primer lugar porque el banco aplica una comisión por el cambio, pero por otro lado porque suponía llevar una importante cantidad de dinero, sobre todo si el viaje era algo más que una escapada en un puente. Por no hablar ya si necesitábamos diferentes divisas porque pisábamos varios países. También estaba el inconveniente de que si sobraba algo, después se lo tenías que vender y por ahí también perdías. Y solo en caso de billetes, ya que las monedas no las cambian.

Todo esto se solucionaba con el plástico. ¿Que necesito pagar algo? Tarjeta. No es mala opción, sin embargo, también tiene sus contras. El banco también aplica aquí una comisión que varía según la entidad (BBVA, ING o Santander cargan por ejemplo un 3%, Caixabank un 3,95%) y además una segunda en concepto de tasa de cambio.

En nuestro caso el siguiente paso fue descubrir que la mejor opción era sacar en un cajero en destino, ya que ING solo nos cobraba 2€ independientemente de la cantidad que retirásemos. El único problema es que podemos encontrarnos como al principio y cargar con una suma importante encima. Así, si el viaje era largo, alternábamos los pagos con tarjeta y los realizados con el efectivo previamente retirado en cajero.

Sin embargo, para este último Road Trip probamos una nueva alternativa: las tarjetas monedero o prepago. Como ya comenté, mi hermano se sacó un par de ellas la de Revolut y la de Monzo, y yo por mi parte elegí Revolut y Bnext. Hoy vamos a ver qué tal nos fue en la práctica con ellas. Pero antes de nada vamos a ver sus características:

MONZO

Monzo es en realidad un banco, por lo que lo primero es abrir una cuenta de toda la vida. Pordremos realizar transferencias, domiciliar recibos y pedir tarjetas. Una de ellas es la Mastercard rosa. El problema de este banco es que solo opera en Reino Unido, por lo que deberás ser residente en el país y mayor de 18 años.

La tarjeta se gestiona desde la app que además permite categorizar los gastos, fijar límites, ver estadísticas de la actividad bancaria, activar o desactivar la tarjeta o pagos contactless…

La Mastercard se puede usar en cualquier lugar del mundo sin comisiones. Permite retirada de efectivo en cajero sin coste hasta £200 al mes, a partir de ahí un 3% de comisión (en el Reino Unido son gratuitas).

REVOLUT

Es británica y su tarjeta es multidivisa, lo cual quiere decir que puedes cambiar o tener tu dinero en múltiples divisas en la misma cuenta. Para darse de alta hay que bajarse la App, completar los datos personales y solicitar la tarjeta. Para ello nos pedirá una foto del DNI y así verificarán nuestra identidad. A continuación podemos solicitar la tarjeta, pero antes habrá que recargarla, ya que su envío cuesta 6€ (te lo puedes ahorrar por este link). Eso en caso de que sea física, ya que también se puede pedir una virtual de forma gratuita.

La nueva tarjeta MasterCard Contactless tarda unos 7-10 días en llegar, aunque se puede recibir antes en caso de que se solicite la versión premium, que cuesta 8.99€ al mes.

Una vez recibida solamente hay que cargarle la cantidad deseada (para ello habrá que seleccionar una tarjeta de origen), activarla y a funcionar.

Tiene un máximo de retirada en cajeros de 200€ al mes (aunque no es natural, sino que cuenta desde que te diste de alta) y a partir de ese límite aplican el 2% de comisión. En la opción de pago el límite asciende a 400€ e incluye otras mejoras. Tiene seguro de viaje gratuito al extranjero y en caso de robo o pérdida de la tarjeta, te la mandan a cualquier lugar del mundo en que ten encuentres. También se tiene la posibilidad de contactar con el servicio técnico 24/7 y obtener tarjetas virtuales y virtuales desechables gratuitas.

La tarjeta Revolut permite realizar compras en moneda no Euro sin comisión hasta los 6.000€. Este límite es conjunto para pagos, transferencia e intercambios.

La aplicación además incorpora diversas funcionalidades, como una hucha en la que puedes configurar que te guarde los redondeos de todos tus pagos o bien unos pagos fijos por períodos de tiempo. También tiene la opción de comprar y pagar con Bitcoins. Pero es que estoy un poco pez en el asunto y no la hemos probado.

Lo que sí me resulta útil es el gráfico de los gastos y hacer un seguimiento de esas salidas de dinero por categoría (supermercados, compras, restaurantes, transporte, viajes, entretenimiento, salud, servicios, suministros, seguros, transferencias…), comercio o país. Además, puedes añadir los recibos a cada movimiento para tenerlo todo controlado.

También desde la app se puede activar y desactivar la tarjeta así como configurar el grado de seguridad que quieras darle, como por ejemplo limitar su uso en determinados países, desactivar el pago contactless o restringir determinadas compras.

Y tiene un acceso directo al conversor de moneda y cálculo de las divisas.

El único problema es que la app no funciona sin internet.

BNEXT

Pertenece a una empresa española fundada por dos extrabajadores de BBVA e ING. Es muy sencilla de tramitar. La App es muy intuitiva y va indicando los pasos para configurar la cuenta: Datos personales, foto del DNI por ambas caras (o NIE), una foto de nuestra cara, recarga inicial y solicitud de envío. Llega a casa en 24-48 horas totalmente gratuita. Si te invita un amigo, obtienes 10€ de bienvenida, y tu amigo otro tanto.

Una vez recibida, solo hay que activarla (el PIN nos llegará por SMS) y recargarla con un mínimo de 25€ para comenzar a funcionar.

El cambio oficial tanto para pagar como para sacar dinero en zonas no Euro es el que aplica VISA.

Al mes (natural) en el extranjero se pueden realizar tres retiradas de dinero en efectivo hasta un máximo de 500€ sin comisiones. A partir de dicha cantidad aplican el 1.4%. Además, en España se pueden realizar tres extracciones al mes. En cuanto a pagos en comercios internacionales (no Euro) el límite está fijado en 2.000€ al mes. En la zona Euro por su parte no hay máximo fijado. También se pueden realizar transferencias sin ningún tipo de coste adicional.

En caso de pérdida, robo o deterioro te la reponen gratuitamente una vez al año.

Me gusta que la recarga es instantánea y que la App es sencilla e intuitiva. Asimismo, son bastante resolutivos en el chat (que además es en español). Lo que sin embargo me gusta algo menos es que desglosa los cargos. Mientras que Revolut directamente te carga el importe resultante aplicando el cambio, Bnext por su parte te hace un primer cargo, y después una devolución de comisiones. El resultado es el mismo, pero a mí personalmente de un primer vistazo me resulta más sencilla la de la británica.

Cuenta con un programa de fidelización en el que cada compra realizada con la tarjeta sirve para sumar puntos que después se podrán canjear en pagos en alguno de los partners (Netflix, Amazon, Spotify, Glovo, Ticketmaster, Uber…). Además, los pagos en estos socios con la tarjeta de Bnext dan el doble de puntos.

Los puntos no caducan y no existe límite de acumulación al año, aunque sí para canjear (60.000 puntos, o lo que es lo mismo, 60€).

Como añadido, hay una suscripción Pro que permite ganar el doble de puntos con cada compra y que no tiene límite a la hora del canje.

Ninguna de las tres tarjetas tiene mantenimiento y además pueden ser bloqueadas y desbloqueadas a nuestro antojo desde la App. Además se puede traspasar dinero entre contactos, por lo que es muy útil para saldar deudas en pagos compartidos.

Ojo, porque no todas tienen el mismo tipo de cambio. Mientras que Revolut y Monzo aplican MasterCard, Bnext usa el de Visa. Normalmente el de MasterCard es algo mejor ya que usa el cambio del momento del pago, mientras que Visa aplica el del día en que se hace efectivo, por lo que puede haber unas 24-48 horas de diferencia y por tanto oscilación en el ratio de conversión de divisa. Por lo que conviene ir revisando cuál nos ofrece mejor opción en el momento concreto.

Hay que tener cuidado a la hora de retirar efectivo, ya que hay bancos que aplican comisión solo por el hecho de que la tarjeta no sea suya. En España Bnext nos devolvería este cargo, pero no en el extranjero, ya que no tienen acuerdos. De todas formas, el cajero siempre avisa, así que siempre estás a tiempo de decidir si sigues adelante con la operación, o no. Es importante además tener en cuenta que tanto a la hora de pagar como retirar dinero hay que elegir la moneda local para que así sea la tarjeta la que aplique el cambio y no el comercio (que aplicará comisión).

Así pues, teniendo en cuenta sus características, hay que llevar un control y jugar con pagos en comercio y disposición en efectivo para no pasarse. No obstante, no difiere mucho del día a día, ya que yo por ejemplo según el importe o comercio pago en efectivo o con tarjeta.

Con todo esto, ¿cuál elegir? Pues creo que tener dos diferentes va bien, ya que al no ofrecer lo mismo, permite ir jugando con los límites y cambios para obtener el mejor resultado. También por si acaso una de ellas falla o no es admitida. Y además, podemos llevar la de nuestro banco como complemento. Sobre todo la de crédito, ya que este tipo de tarjetas monedero no son aceptadas en caso de que haya que pagar fianzas. Y tampoco tiene mucho sentido tener bloqueado un importe durante varios días y que con ello lleguemos al límite. Mejor usar para eso la de crédito y dejar las monedero para el resto de pagos.

Se acabó pagar comisiones innecesarias.

Trucos Viajeros: Alquilar un vehículo

Los Road Trips tienen algo de especial, pues tienen un toque de aventura. De echarse a la carretera y vivir todo tipo de experiencias. Vale, quizá influye en nuestro imaginario haber visto demasiadas películas y series americanas en las que los protagonistas recorren punta a punta del país pasando por lugares inhóspitos. Y claro, no en todos sitios es así.

Lo que es innegable es que el coche ofrece la libertad de moverse a placer, de crear tu propio itinerario. Pero además, incluso con una ruta prefijada si en el camino hay algo que te llama la atención, puedes pararte. Esto por ejemplo no lo tenemos con el tren o el bus. Aparte de que hay lugares a los que no llega el transporte público. Además, viajar en coche puede suponer un ahorro cuando vamos en grupo, ya que los gastos del alquiler y gasolina se dividen y a veces es más barato que la suma de los billetes sencillos de tren, bus o incluso avión.

Así, nos da una gran autonomía para configurar un viaje. Nosotros decidimos la ruta, el ritmo, la música… El coche se convierte en una segunda casa y el tiempo que pasamos en él nos proporciona un gran número de anécdotas.

Puede ser que el coche sea nuestro, pero en caso de que viajemos al extranjero, lo más lógico y común es que sea de alquiler. Y hay una oferta de empresas tan amplia, que hay que tener varias consideraciones en cuenta.

En primer lugar habría que tener claro qué coche vamos a elegir. Para ello hay que saber el número de personas que van a viajar así como sus bultos, pues no es lo mismo 4 personas con dos mochilas y dos maletas de mano, que 4 personas con maleta grande y maleta de cabina. Por ejemplo, el primer caso lo vivimos en Seychelles, donde elegimos la gama más baja y cabía lo justo, llegando a tener que usar incluso la parte trasera porque el maletero era escaso.

Por otro lado, en nuestro Road Trip por Estados Unidos y Canadá, siendo las mismas personas, elegimos un modelo bien diferente porque cargábamos con mucho más equipaje y ya teníamos experiencia de un viaje similar en que habíamos ido justos… Además, un exceso de peso en el coche hace que el consumo de gasolina suba (cierto es que si subimos de categoría de vehículo, también gastará más), y que también sufran los neumáticos. Y no queremos sorpresas con reventones.

También influye el tipo de viaje y la orografía, pues no es lo mismo recorrer una isla pequeña durante un día, que Escocia con esas curvas y passing places o las carreteras de Norteamérica durante 17 días.

Las características de la conducción son importantes. No hay que olvidar que en unos países conducen por la izquierda (con el volante a la derecha) y otros por la derecha (con el volante a la izquierda), por lo que quizá sea interesante elegir uno automático cuando nos vamos a encontrar con lo opuesto a lo que estamos acostumbrados. Aunque los pedales y mandos no suelen cambiar.

Los modelos de coche no son iguales en todos los países, claro. A veces ocurre que es solo que la marca se llama diferente, como Opel en Reino Unido que es Vauxhall; pero otras es simplemente que el modelo que se lanza en un país, no se comercializa en otro. Por ejemplo los coches estadounidenses, que en muchos casos son tanques que no cabrían por calles estrechas europeas.

En cualquier caso, lo importante es definir plazas, maletero, si tiene aire acondicionado, si es manual o automático, si es diésel o gasolina… El resto de equipamiento, seguramente sea el de base, sin ningún tipo de extras estéticos.

Con la gama clara, lo siguiente es comparar por internet en diferentes empresas. Bien con agencias internacionales, con mayoristas, con buscadores o con empresas locales. Incluso las aerolíneas ofrecen opción de Vuelo + Coche porque tienen acuerdos con partners. Como norma general, las empresas de alquiler internacionales suelen tener una flota que se renueva con frecuencia, aunque sus precios quizá son un poco más elevados. Por su parte, las locales tienen menos variedad de modelos y menos rotación, pero también las tarifas son algo inferiores. Los comparadores de coches de alquiler mezclan un poco de ambas partes y puedes contrastar, aunque también puede que de esta forma no te puedas beneficiar de alguna oferta.

En nuestro caso para Seychelles, Sicilia y Escocia reservamos directamente con empresas locales. Sin embargo, en el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos lo hicimos con un buscador. En este último sin embargo fue con una empresa internacional (Avis) porque tenían una oferta con un partner (British Airways).

Lo importante es hacerlo cuanto antes, sobre todo si el viaje es en una fecha muy solicitada.

Para poder alquilar un coche vamos a necesitar el carnet de conducir en regla, lógicamente. Pero además, si se trata del extranjero, en algunas ocasiones necesitaremos el Permiso de Conducción Internacional. Según la DGT es necesario para poder conducir temporalmente por el territorio de países que no sean miembros de la Unión Europea o el Espacio Económico Europeo (que incluye Islandia, Liechtenstein y Noruega) y que no hayan adoptado el modelo de permiso previsto en los Convenios de Ginebra o Viena o no tengan un tratado internacional recíproco con España (como Andorra o Suiza).

El trámite es bastante sencillo y no merece la pena arriesgarse. Hay que pedir cita en una Jefatura de Tráfico (esto es lo más difícil de todo, pues están saturados) y acudir con el carnet de conducir, una fotografía actualizada, de 32 x 26 mm. en color, completar un formulario y pagar 10,20€. Sales con el libro ya puesto. En caso de mandar a un autorizado, este ha de acudir con un documento oficial (DNI, carnet de conducir, pasaporte, o fotocopia de alguno de ellos compulsada) además de la fotografía y el formulario. Y pagar, claro. Que por cierto, solo se puede abonar por tarjeta o previamente por la web.

Es un libro con los datos personales del titular así como los permisos que posee pero con la información repetida en diferentes idiomas (español, alemán, inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso). Tiene un año de validez desde la expedición y no se puede usar en España.

Además, la compañía de alquiler exige que el conductor tenga una tarjeta de crédito a su nombre. No vale de débito, ya que se usa como garantía en caso de que tengan que realizar un cargo posterior (por ejemplo multas o posibles daños). Por eso suelen cargar un depósito. En algunos casos es imprescindible incluso que la tarjeta tenga los números en relieve pues son más complicadas de falsificar. Normalmente el pago se realiza una vez se recoge el coche, aunque a veces puede que lo carguen en el momento de la reserva. En cualquier caso, puede haber cargos adicionales, sobre todo si se contrata algún extra, seguro o franquicia.

El seguro que suelen ofrecer en el contrato por defecto es el seguro a terceros, aunque no en todos los países es obligatorio, así que conviene leerlo bien para saber si conviene añadir uno complementario que cubra el robo, bajos y lunas, o contratar un seguro a todo riesgo (con o sin franquicia). Eso sí, todo suma, así que a veces un alquiler que a priori parece barato, puede duplicarse porque viene con lo básico. Es el tema más peliagudo y conviene dedicarle tiempo a leer todas las cláusulas bien.

La edad mínima para alquilar un coche varía. A veces es a los 18 años, pero en algunos casos a los 21. Y siempre que el conductor sea menor de 25 años, se aplicará un recargo.

Otro extra es el conductor adicional. Aunque a veces viene incluido por contrato. Por ejemplo, así fue en Escocia y también en nuestro viaje por la Costa Oeste de Estados Unidos. En el primer lugar era por la compañía, en el segundo porque lo alquilamos en California, donde no cobran por conductores adicionales. En Illinois por ejemplo puede conducir el cónyuge o compañero sin tener que pagar una tarifa adicional.

Conviene informarse antes al respecto para no tener luego problemas, ya que si hay un accidente y quien iba al volante no estaba incluido en el alquiler, el seguro quedaría invalidado. En cualquier caso, en un viaje largo llevar varios conductores autorizados es más que recomendable. No solo para poder turnarse, sino porque si al principal le ocurriera algo que le incapacitara para la conducción, no quedaría chafado el viaje.

Los conductores adicionales deberán cumplir con los mismos requisitos que el principal, es decir, tener el carnet de conducir en vigor y, en caso necesario, aportar el permiso internacional de conducción.

Es importante tener en cuenta asimismo si podemos sacar el coche del Estado o país. En Estados Unidos no tienen problema con Canadá, no ocurre lo mismo con México, que lo tienen vetado. En cualquier caso, suelen exigir que se devuelva en el país de recogida.

Por cierto, que devolver en una oficina distinta de la de recogida suele incluir recargo, pues luego tienen que mover el vehículo a la original. En California no tuvimos problema (de San Francisco a Los Ángeles), pero en este último (de Chicago a Boston) suponía un extra de $300. Casi duplicaba la tarifa.

Otros extras pueden ser el GPS (a veces hay suerte y viene integrado), cadenas o sillitas para niños.

Antes de proceder a la recogida del vehículo, el agente de la oficina de alquiler se dará una vuelta por el coche y anotará los posibles desperfectos para después comparar a la entrega. Es el momento de asegurarse de que todos los detalles constan en el parte para que luego no nos carguen nada que no nos corresponda. Incluso no cortarse y hacer fotos por si acaso.

Es también la oportunidad de hacer todas las preguntas pertinentes relacionadas con el manejo del vehículo. Podemos tener mucha experiencia a nuestras espaldas, pero con los coches modernos nunca se sabe, pues cada vez incluyen más electrónica y pueden variar con respecto a nuestro coche habitual. Asimismo conviene consultar si tienen algún folleto sobre las normas de conducción, ya que suelen cambiar de un país a otro (y en Estados Unidos en cada Estado es diferente).

No hay que olvidar tampoco enterarse de cómo se abre el depósito y qué combustible usa. Así como la política de devolución. Cada empresa tiene su método y, mientras que unas entregan el coche lleno y así esperan que se devuelva (si no se hace, cobrarán un depósito completo al precio que les parezca a la entrega); otras te entregan vacío, con lo justo para llegar a la gasolinera más próxima.

El precio de la gasolina durante nuestro viaje puede oscilar notablemente si recorremos grandes distancias. Hoy en día hay Apps para todo y se puede averiguar dónde se encuentra la próxima gasolinera y cuál nos va a salir mejor. En cualquier caso, la experiencia me dice que mejor ir llenando de poco a poco para tener siempre el depósito lleno y no quedarnos tirados, como casi nos pasó de camino a Las Vegas (mea culpa).

Para Escocia aprendí y cada mañana a la que comprábamos provisiones en el Tesco, también echábamos unos litros, aunque fueran £5-10. Y es que hay zonas donde puedes conducir kilómetros y kilómetros sin ver ni una población, cuanto menos una estación de servicio. Esto es también importante con respecto a la comida. En un viaje por carretera conviene llevar unos sándwiches, bebidas, algo de fruta, algún snack

Otro gasto en movimiento pueden ser los peajes, y a veces suponen un gran pico. Hay compañías que ofrecen un Vía T (o e-Toll). A veces cobran una tarifa plana y otras te cargan a posteriori los movimientos que hayas realizado. Lo malo es que no siempre se puede elegir y que el dispositivo quizá solo sirva para los peajes del lugar donde alquilas en coche. En nuestro último viaje solo funcionaba en Illinois, una vez fuera del Estado, nos tocó pagar.

También es verdad que a veces es preferible evitar los peajes para tomar una ruta alternativa. Sí, quizá sea más lenta, pero en ocasiones también es más interesante paisajísticamente. Incluso puede que esté menos transitada.

A la hora de devolver el vehículo conviene no apurar la entrega, no sea que nos encontremos con tráfico, lleguemos tarde y nos carguen un día más. Si no se sabe si va a ser muy justa, es mejor añadir un día más a la hora de reservar y curarse en salud. Y es que a veces sale igual, o hay muy poca diferencia. Por ejemplo suele ocurrir con alquileres de 6 días, que apenas varía con respecto a una semana.

Tampoco hay que apurar si después tenemos coger un medio de transporte, no sea que con el papeleo nos retrasen y nos quedemos en tierra. Aunque puede ocurrirnos como en LAX que el agente ni lo revisó. Tan solo anotó las millas y el estado del depósito de gasolina. Nos dio un recibo y listo… Ahí quizá pecamos de confiados, pues lo suyo habría sido pedirle que revisara, anotara y nos diera copia del parte. Y además, hacer fotos nosotros como prueba. Pero no, solo revisamos los asientos, maletero, puertas y guantera para asegurarnos de no dejarnos nada personal. Afortunadamente no nos cargaron nada a posteriori, pero podríamos habernos encontrado con un cargo en nuestra tarjeta días después y, sin pruebas, poco podríamos haber hecho para reclamar. Y más desde otro país.

En caso de tener que interponer una queja en España existen las Juntas Arbitrales de Transporte en cada Comunidad Autónoma. En Europa se puede recurrir al Centro Europeo del Consumidor (CEC), quien se encarga de dar información, asesoramiento y asistencia gratuita. Si ha ocurrido con una compañía extracomunitaria, existe una Red Internacional de Protección al Consumidor y Aplicación de la Ley, pero funciona como AESA, que solo informa, no interviene, por lo que habría que recurrir a alguna empresa privada encargada en reclamaciones.

En fin, muchas consideraciones, pero que tenemos que tener en cuenta para saber cuáles son nuestros deberes y derechos como consumidores. Y para disfrutar de nuestro viaje con el menor número de percances posibles.

Serie Terminada: Sense8

Cuando vi el piloto de Sense8 me quedé con una sensación agridulce. Por un lado me parecía un tanto estereotipada y floja en cuanto a diálogos, mientras que por otro creía que merecía una oportunidad por el argumento y el hecho de que las Wachowski estuvieran detrás. A punto estuve de no verla, pues Netflix decidió cancelarla tras la segunda temporada por su alto coste dejándola totalmente abierta. Sin embargo, la insistencia de los fans en las redes con la campaña #RenewSense8 consiguió que al menos se le diera un final. Lana Wachowski (Lilly abandonó el proyecto en la segunda) ya tenía pensada la tercera temporada (de hecho tenía pensado que la serie durara cinco) por lo que concentró en un episodio de 150 minutos todo el material para darle un cierre digno. Ante tal noticia decidí rescatarla y darle una oportunidad.

Recordemos que Sense8 se centra en la historia de ocho personas repartidas por el mundo que tras visualizar el suicidio de una misteriosa mujer comienzan a descubrir la capacidad para comunicarse entre ellos. Estos ocho personajes son:

  1. Will Gorski: policía de Chicago,
  2. Riley Blue: Dj islandesa afincada en Londres y metida en drogas,
  3. Nomi Marks: hacker y bloguera residente en San Francisco. Es transexual y comparte su vida con su novia Amanita,
  4. Capheus Onyango: conductor de autobús de Nairobi que intenta conseguir dinero para conseguir medicamentos para su madre enferma,
  5. Sun Bak: hija de un importante empresario de Seúl que no es tomada en serio en su trabajo por ser mujer,
  6. Wolfgang Bogdanow: ladrón de cajas fuertes berlinés,
  7. Kala Dandekar: científica de Bombay que está prometida con un compañero de trabajo, y
  8. Lito Rodríguez: actor mejicano con ascendencia española que siempre interpreta héroes masculinos mientras que lleva en silencio su homosexualidad y oculta a su novio Hernando.

Todos ellos han nacido un 8 de agosto y pertenecen a la especie homo sensorium, algo así como una mejora del homo sapiens que tiene la habilidad de compartir conocimientos, sentimientos, emociones, pensamientos y experiencias con los miembros de su clan. Pueden comunicarse teletransportándose físicamente donde se encuentren los otros independientemente de que se localicen a miles de kilómetros de distancia.

En la primera temporada la trama avanza lenta y rápida a la vez. Lenta porque, al igual que los personajes, no terminas de entender qué es lo que está pasando; y rápida porque a pesar de no comprender qué significan esas visiones, esas experiencias, esas conexiones con otras personas, los personajes tienen que protegerse y escapar de una misteriosa organización mundial (con el villano Whispers a la cabeza) que pretende acabar con ellos. A su favor, aparentemente, cuentan con la ayuda de Jonas, otro “sensate”.

Aunque cuesta un poco abarcar cada uno de los caracteres y sus tramas, va haciéndose más fácil a medida que van pasando los capítulos y los 8 se van interrelacionando entre ellos. De hecho, son los momentos en que uno está en problemas y otro acude a ayudarle los más divertidos. Este toque cómico sirve para aligerar la tensión dramática y poco a poco te metes en la historia y acabas enganchándote.

La segunda temporada arranca con un especial de Navidad de dos horas de duración que sirve para hacer un repaso de los dos años entre ambas tandas. Tras este episodio la trama se centra en cómo los ocho protagonistas, que ya han comprendido su realidad y han ido conectando entre ellos, unen fuerzas para acabar con Whispers y la BPO (Biological Preservation Organization), la organización donde este trabaja. Nomi y Amanita están escondidas, así como Will y Riley. Wolfgang (con nuevas amistades -y enemistades- en sus círculos mafiosos) y Sun siguen intentando sobrevivir. Kala y Van Damme consiguen prosperar en sus trabajos. Lito sin embargo ha visto cómo su carrera profesional se ha venido abajo tras salir a la luz su orientación sexual.

Mientras que la primera temporada dejaba una sensación de caos por ese desconocimiento de la trama y los personajes, en la segunda, ahora que ya sabemos de qué va la historia, Sense8 se centra en explorar el mundo de los homo sensorium. ¿Cuántos hay? ¿De qué son capaces? ¿Por qué los persiguen? Miles de preguntas que responder. La serie sube un peldaño profundizando en los personajes, sumando más sentimientos, más conexiones, más historias personales, más misterio y, sobre todo, más acción, ya que no hay capítulo sin persecuciones, peleas, explosiones…

El cierre de 150 minutos pretende resolver todo aquello que quedó en el aire en el final de la segunda. Lo vendieron como una película, pero es muy largo para ser un filme y a la vez muy corto para resumir la trama que estaba planteada para unos 10-12 episodios. Todo se vio precipitado, tanto el tener que atar todos los cabos sueltos, como reunir a todos los personajes (no solo a los 8 protagonistas, sino a los secundarios), algo que imagino que estaba pensado ya no para una tercera, sino para el final de la quinta temporada.

A la falta de tiempo se une un recorte presupuestario, lo que se nota en cómo se han resuelto algunas escenas y tramas. Aunque sigue habiendo cambio de escenario, ya no es momento de rodar en ocho localizaciones tan alejadas entre sí. A mí personalmente me faltó algo más de acción y me sobró buena parte de la media hora final con la boda en la Torre Eiffel. Me da la sensación de que lo único que se pretendía era llegar al corazón de los fans. Con todo, aún así, el capítulo final consigue cerrar la serie de una forma digna dejando el mensaje de que el amor todo lo puede, amor vincit omnia.

Sense8 me ha recordado en cierta manera a Orphan Black. Ambas son series de ciencia ficción en las que una organización misteriosa quiere hacerse con los protagonistas (sean clones o sensates) con fines supuestamente científicos y en ambas el mensaje que subyace es la importancia de la familia. Una familia que no tiene que ser necesariamente de sangre, sino aquella que se elige. Aquella en la que los kilómetros no importan cuando alguien precisa de ayuda o consejo.

Sense8 narra el viaje personal de cada uno de los protagonistas. Expone sus traumas, sus conflictos, sus dudas, sus debilidades… y si consiguen avanzar es gracias a los lazos creados con el resto de personajes. Y es a través de esta transformación personal que se sirve para poner en el centro del relato la diversidad sexual, la multiculturalidad y hablar de derechos y libertades.

Profundiza en la homofobia con la salida del armario de Lito y en la transfobia con el rechazo de la familia de Nomi (sobre todo de la madre) a aceptarla como mujer. No obstante, aunque hay algo de estereotipos, no es algo que defina a los personajes a la hora de relacionarse con el resto de protagonistas. Lito es para los demás el actor mejicano, no se le define por ser gay. Y Nomi es la hacker que les puede ayudar en la huida. Las parejas de ambos son aceptadas en el clan sin ningún tipo de pregunta o comentario. No hay prejuidios. La sexualidad (y el sexo) se tratan con naturalidad y sensibilidad. Y aquí se ve el toque de las Wachowski. Imagino que hay mucho de experiencia personal, de cómo han vivido algunas situaciones y de cómo les hubiera gustado que hubieran sido.

Del mismo modo se afrontan las diferentes razas y nacionalidades. Obviamente la cultura en la que uno crece determina mucho en cómo es ese individuo, pero no se usa como elemento discriminatorio, sino como algo que enriquece al grupo. A lo largo de la serie, cada personaje sirve para reflejar el mundo diverso en el que vivimos. Además, estas localizaciones van en armonía con cada protagonista y el entorno forma parte importante de la historia. No es lo mismo la fotografía en Bombay que en Chicago, en Islandia que en Kenia. Cada historia tiene un espectro diferente, lo que permite diferenciar claramente cada lugar.

No obstante, con tanta diversidad cultural, he echado en falta que se hubiera usado más cada uno de los idiomas locales (español, keniata, coreano, alemán o incluso islandés). Entiendo que tiene más que ver con una cuestión práctica pues los subtítulos pueden llegar a despistar de la trama, pero creo que le habría aportado un toque más personal aún. Podrían haberle sacado algo más de partido al elenco internacional.

Pero en realidad es un pequeño detalle, porque por lo demás, la verdad es que la serie me ha gustado bastante. Tanto por la trama, los personajes,  los actores, las localizaciones, la fotografía y el mensaje que subyace. Aunque terminó antes de tiempo, se ve que había unas pautas, una idea preconcebida de hacia dónde quería ir la historia. Y por lo que pude ver en los extras, muy muy cuidada en la técnica. Y es que aprovechaban los viajes de un lugar a otro para rodar. Como por ejemplo el vuelo de Londres a Reikiavik. Muy interesante también cómo aprovechaban para de una sola toma grabar a varios personajes cuando se intercambiaban.

Una pena que no consiguieran hacer las cinco temporadas para que la historia hubiera sido menos precipitada hacia el final, pero aún así, merece la pena.

Trucos Viajeros: Consejos para hacer un Road Trip

En las últimas entradas he hablado mucho sobre los lugares que hemos visitado durante el viaje, pero no sobre el Road Trip en sí, una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Sin embargo, antes de echarse sin más a la carretera, hay que tener en consideración los pros y los contras así como algunos detalles organizativos.

Entre las ventajas encontramos sin duda la libertad que nos da para poder configurar un itinerario con su hora de salida y llegada de cada día, las paradas a realizar, los desvíos improvisados que puedan surgir… A diferencia de en un viaje organizado o en bus o tren, no dependeremos de la disponibilidad del transporte, los horarios, precios o conexiones. Es decir, se puede planificar una ruta más ambiciosa.

Sin embargo, no todo son ventajas, también tiene algún inconveniente, como por ejemplo largas etapas con paisajes monótonos que hacen que la conducción sea aburrida, encontrarse con algún atasco, tener alguna avería o imprevisto, comerse alguna multa e incluso perderse. Además, una vez llegamos a destino hay que aparcar el coche, y no siempre es fácil. En según qué lugares puede llevar a la desesperación.

Aún así, que no cunda el pánico, pues la mayoría de estos contras tienen sencilla solución: la monotonía se soluciona con buena compañía y alternando entre conductores, los atascos con paciencia y buena música, las averías con un seguro y las multas siendo precavido al volante. Lo de perderse… pasa, tarde o temprano, por mucho GPS o mapa. No es difícil acabar pasándose una salida. En cuanto al parking, lo mejor es coger un alojamiento en el que se pueda aparcar y desde ahí moverse en transporte público local o a pie.

Pero empecemos por el principio, ¿qué hay que tener en cuenta antes de echarse a la carretera?

DESTINO

Parece una tontería, pero no siempre es recomendable viajar así. A veces porque se trata de demasiados kilómetros de un punto a otro por carreteras aburridas. Otras veces por las condiciones de las carreteras (ya sea desde el punto de vista meteorológico, o por el estado general del asfaltado). Hay que valorar todas las opciones de transporte disponibles y comparar.

ELECCIÓN DE VEHÍCULO

Puede que se trate del coche propio o, lo más frecuente, que lo vayamos a alquilar. La primera opción yo la recomendaría para pequeñas escapadas, puesto que meterle muchos kilómetros al vehículo particular supone un desgaste importante. Sea como fuere, convendría hacer una revisión para comprobar el estado del coche (luces, limpiaparabrisas, presión de los neumáticos, liquido de frenos y nivel del aceite).

Si se elige la segunda opción hay que tener en cuenta el tipo de viaje que queremos hacer, los integrantes, el presupuesto que tenemos… Merece entrada aparte, pues son muchas cuestiones las que hay que valorar.

DOCUMENTACIÓN Y NORMAS DE CIRCULACIÓN

Si el vehículo es propio hay que revisar que se lleva la documentación en orden (incluido el seguro de viaje). Y por supuesto, averiguar si en el país de destino se precisa del carnet de conducir internacional. Adicionalmente, conviene conocer las normas de tráfico locales tales como las velocidades máximas permitidas, el tránsito en los cruces o las particularidades del aparcamiento. Por supuesto también es importante saber si se circula por la derecha o por la izquierda.

¿PLANIFICAR LA RUTA O IMPROVISAR?

Esto es algo bastante personal. En mi caso prefiero llevar siempre una ruta planificada con un comienzo y un fin así como con paradas intermedias de interés. No obstante, eso no implica que no quede lugar para la improvisación. Hay sin embargo quien prefiere viajar sin nada cerrado e ir decidiendo cuándo dar por concluida la etapa sobre la marcha. A gusto del viajero.

En cualquier caso, no está de mal plantearse grosso modo las etapas, sobre todo si se depende de querer realizar alguna excursión o actividad o hay que acabar en un determinado lugar para tomar un vuelo de vuelta. Por ejemplo, no es recomendable dejar atracciones o lugares muy turísticos para los fines de semana, pues puede que nos lo encontremos demasiado saturados e incluso que el precio sea más caro. Así, conviene anotar una lista de cosas por hacer/visitar con sus horarios (ojo con los días de cierre) y precios (los museos suelen contar con días gratuitos), calcular las distancias y estado de las carreteras, si hay peajes, puertos o cruce de fronteras, dónde sale mejor dormir y comer… y en base a esto, planificar un itinerario con sus etapas, aunque sea orientativo y quede abierto.

Además, tener una mínima planificación sirve para hacernos una idea del presupuesto, pues podemos calcular el gasto en carburante, peajes, entradas, alojamientos, comida…

INTEGRANTES

Es algo que se decide al principio de la planificación y que influye en el tipo de vehículo que vamos a llevar, como ya decía. Es importante elegir bien los compañeros de viaje, sobre todo porque son muchas horas juntos y conviene que todo el mundo esté en la misma onda. No tiene necesariamente que significar que todo el mundo quiera hacer las mismas cosas, pero sí que haya algo de sintonía y afinidad. Tienen que estar de acuerdo en cuanto al presupuesto y a las intenciones generales del viaje (si es de playa, de montaña, de andar mucho, de visitar museos…), si no, habrá un conflicto constante. Lo mejor es llegar a un punto de confluencia al principio de toda la planificación y crear una clara hoja de ruta. También conviene aclarar varios puntos antes de meterse en un habitáculo durante horas, como por ejemplo si se fuma o no, quién gestiona la música, quién se encarga de hacer de guía, quién conduce…

Y esto es también relevante. Cuantos más conductores mejor, ya que permite repartir las horas de conducción y que no aparezca la fatiga. A no ser que haya alguien al que le guste especialmente conducir o que las etapas sean generalmente cortas.

De todas formas, como en todo trabajo en equipo, lo mejor es aprovechar las virtudes de cada integrante para cada una de las responsabilidades del viaje y así repartir las tareas y que todo el mundo sea útil durante el viaje.

GPS Y MAPA

Aunque le quita algo del espíritu aventurero, es recomendable llevar un GPS. Bueno, quien dice GPS, dice móvil con alguna app de navegación, especialmente aquellas que permiten descargarse los mapas y funcionar offline para no gastarse los datos. No obstante, en según qué viajes podemos encontrarnos con que no hay señal de nada: ni cobertura, ni datos, ni ubicación… así que por si acaso, conviene echar también el típico mapa de carretera de toda la vida (o llevar la ruta impresa en papel)

APPS Y TECNOLOGÍA

Además de llevar instalado el navegador en el móvil (o los móviles), hay que tener en cuenta otras apps que pueden ser de utilidad como las que avisan del tráfico, de la previsión meteorológica, las de comparativas de precios de gasolineras, las de reservas de alojamiento en caso de que no se hayan cerrado previamente… Hoy en día somos un poco esclavos de la tecnología, pero hay que reconocer que también nos facilita la vida en muchas ocasiones.

Por supuesto, a más uso del terminal, mayor consumo de batería, por lo que mejor no olvidarse de llevar alguna batería extra, así como cargadores. En los coches modernos ya contamos con puertos usb, pero a veces nos tendremos que conformar con el mechero, así que un adaptador no viene de más.

Cuestión aparte es la cámara de fotos y sus accesorios. Es impensable hacer un viaje de este estilo y no llevar una cámara para captar la aventura.

ENTRETENIMIENTO

Para llenar las horas en tránsito está por supuesto la conversación. Pero a veces también apetece callarse y observar el paisaje. O incluso echarse una cabezadita. También se puede aprovechar para ver alguna serie o película en la tablet, móvil u ordenador, o leer. Los que usamos el transporte público a diario sabemos lo mucho que cunde la lectura en esos trayectos diarios. En coche sin embargo hay quien se marea. En cualquier caso, llevar un libro (en papel o electrónico) nunca está de más, ya no solo para el tiempo en movimiento, sino para los momentos de relax al final de la jornada. O mientras esperas a que el resto se vaya preparando por la mañana… Sé de uno que en los 15 días del Road Trip por la Costa Oeste se leyó el primer libro de Juego de Tronos…

Obvio es que para tantas horas en coche no puede faltar la música. También hay mil apps en las que crear una lista con canciones para todos los gustos. Nosotros en este último viaje aprovechamos el mes de prueba sin anuncios y con reproducción offline de Spotify. También tiramos de podcasts. Está la radio también, claro, pero nos puede pasar como con el GPS y que en según qué lugares no captemos ni Radio María.

COMIDA Y BEBIDA

Dado que vamos a pasar muchas horas dentro del coche, a veces con etapas largas o en las que no hay nada de interés entre el punto A y B, es aconsejable llevar siempre algo de picoteo.

Nosotros intentamos llevar siempre algo dulce y algo salado. Lo típico que viene a la mente es lo menos saludable: golosinas, chocolate, patatas fritas, sándwiches de a saber qué… Es verdad que es lo más socorrido porque viene envasado y tiene bastante caducidad. Sin embargo, no está de más llevar algo de fruta o frutos secos para no acabar con dolor de tripa. Además, ojo con lo que se come, pues si da sed y hay que beber mucho, luego también hay que cambiar el agua al canario, y no siempre es factible hacer una parada.

Algo muy útil es llevar una nevera portátil. No hace falta que sea la típica rígida de camping, las hay también de tela, plegables, que se pueden llevar en la maleta y sacar cuando sea necesario. Comprando hielo en una gasolinera (o si es en EEUU gratis en cualquier hotel/motel de carretera) puedes mantener refrigerada al menos la bebida.

Eso sí, para una mayor comodidad dentro del habitáculo, mejor ser limpios y no acabar con el suelo lleno de restos de comida y los bolsillos de las puertas llenos de envases, plásticos, servilletas…

Aparte del picoteo, conviene anticipar el tipo de etapas que vamos a hacer para saber si vamos a poder parar por el camino para comer, o por el contrario habría que comprar algún plato preparado que se pudiera comer en frío en un área de descanso (ensaladas, sándwiches, hummus/guacamole, latas de conserva…). Para ello, en previsión, hay que llevar a mano cubiertos, bolsas de basura para recoger los desperdicios y servilletas o toallitas para poder limpiarnos antes y después de comer.

Si se viaja con una furgoneta camperizada o una autocaravana esto es mucho más sencillo, claro, ya que al contar con camping gaz o cocina, se tiene mucha más autonomía y se podría incluso cocinar algo más elaborado. Pero contando con un coche o suv, o paramos en algún área de servicio o población intermedia, o nos tendremos que apañar con algo frío en un apartadero de la carretera.

EQUIPAJE

A ver, que estamos añadiendo muchas cosas, y al final, como no llevemos mucho maletero, nos estamos comiendo el espacio. En cualquier caso, para reducir el peso en el coche, y con ello el consumo de combustible, conviene viajar lo más ligero posible. Hay que olvidarse de los porsiacasos y buscar prendas versátiles y cómodas. Si va a ser un viaje largo, es mejor buscar un alojamiento con lavadora o una lavandería pública que ir cargados con 15 mudas de varias personas. Además, se puede ahorrar espacio compartiendo entre varios o todos los integrantes productos como crema solar, líquido de lentillas, gel, champú, pasta de dientes… y así no llevar cada uno mil botes. Lo mismo para un botiquín, es preferible hacer una lista y preparar uno entre todos. Y aún así, al final es inevitable acabar llenando el coche hasta los topes.

Por cierto, que algo que no puede faltar en el equipaje son unas gafas de sol. Habrá veces que el sol lo llevemos a la espalda, pero en el resto de los flancos, en según qué horas del día, puede llegar a ser muy molesto. Y si conduces, más aún.

OTRAS RECOMENDACIONES

Uno de los primeros aprendizajes de nuestro primer Road Trip por Estados Unidos fue que hay que procurar llevar el depósito de carburante lleno y repostar siempre que se dé la oportunidad, ya que puedes tirarte kilómetros y kilómetros (o millas y millas) sin ver una estación de servicio.

De todas formas, aunque seamos precavidos, podemos tener otro tipo de incidencias, así que conviene llevar a mano un móvil disponible. En Europa tras la eliminación del Roaming, seguramente funcionemos con el nuestro, pero en caso de salir de estas fronteras, es mejor hacerse con una tarjeta prepago. Y no hay que pensar en lo peor, pero por precaución mejor si informamos a familia o amigos de nuestro itinerario, por si ocurriera algo.

Algo que parece una tontería es la cuestión económica. Seguramente que llevemos tarjetas y en general para el viaje nos funcione bien, pero hay pequeños gastos como los peajes o los parquímetros para los que conviene llevar algo de efectivo. Y si es calderilla, mejor.

No obstante, también es aconsejable llevar algún billete de mayor importe, porque hay veces que las máquinas de las gasolineras no aceptan tarjetas extranjeras.

Por supuesto, sobra decir que es preferible mantenerse dentro de los límites de la ley en lo que a conducción se refiere. Y además, tener en cuenta las recomendaciones generales de descanso, nada de consumo de alcohol, ni de comidas muy copiosas que causen somnolencia o medicamentos contraindicados. Nada nuevo, vaya. De todas formas, lo mejor es llevar siempre un seguro de viaje que incluya cobertura de accidentes.

Por lo demás, un Road Trip es desconexión y vivir cada momento. No solo importa dónde vas a parar, sino lo que recorres por el camino. Se puede configurar de muchas maneras (improvisado, planeado, durmiendo en hoteles, en campings, en el propio vehículo, comiendo en el coche o en restaurantes locales….), pero está claro que sea como fuere, es toda una experiencia. Y no hace falta irse a la otra punta del mundo o elegir una ruta icónica, porque al final, un Road Trip es un viaje sobre ruedas y carreteras, hay muchas y con diversas historias que contar.

Prueba de Ascendencia Genética MyHeritage

Hace tiempo que mi hermano y yo oímos hablar de las pruebas de ADN y sentíamos curiosidad por conocer nuestros orígenes étnicos. Sin embargo, en lugar de hacérnosla nosotros, pensamos que era mejor que se la hicieran nuestros padres y así poder contar con más datos. Al final, lo que les saliera a ellos nos iba a llegar en mayor o menor porcentaje a nosotros (heredamos el 50% de cada progenitor, pero cada hermano combina de una forma diferente esas dos cargas genéticas). Así pues, para reyes, les regalamos un kit a cada uno de ellos.

Elegimos la empresa MyHeritage. Hay una veintena de empresas que hoy en día se dedican a rastrear el ADN, unas más sencillas, otras más complejas que además ofrecen información salud genética, posibles enfermedades (o predisposición a patologías), farmacogenética, cuidado de la piel, deporte y nutrigenética. La nuestra es de las sencillas y solamente revela los orígenes étnicos pudiendo categorizar hasta 42 regiones (incluidas 7 regiones de Asia oriental).

El kit incluye las instrucciones, un par de bastoncillos y un par de botecitos. Además cuenta con un sobre de burbujas para el envío de las muestras (no está franqueado). El procedimiento es muy simple: hay que frotar cada uno de los bastoncillos en el interior de la mejilla durante un minuto (a lo CSI) y después cortarlos e introducirlos en sendos botecitos. Estos se guardan protegidos en una bolsa y finalmente en el sobre para su posterior envío. En otras pruebas en vez de con el hisopo hay que llenar un bote con saliva… algo un tanto menos cómodo.

Cada caja lleva un código único. Tras registrarlo en la web, permite realizar seguimiento de la muestra y la posterior consulta de los resultados. En nuestro caso, como teníamos dos pruebas, mi hermano creó un árbol genealógico familiar.

El envío a Texas tardó unos 10 días y a partir de ahí recibimos alertas de todo el proceso: de la recepción en la empresa, del inicio del análisis y finalmente de los resultados. En total desde que los mandamos pasaron como unas 8-10 semanas. En teoría tardan unas 4 semanas, pero parece que estaban cambiando la metodología del análisis en laboratorio y por eso se retrasó un poco más.

Y, ¿qué pasó con los resultados? Pues se constató que nuestra familia no parece haberse movido mucho en las últimas generaciones (abarca entre 8 y 10), aunque alguna sorpresa sí que encontramos. Los resultados nos indicaron que la rama materna es 84,4% Ibérica y un 15,6% Europea del Noroeste (que incluye las regiones de Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania y Dinamarca).

La etnicidad ibérica incluye la península y recoge la influencia de todas las civilizaciones que han pasado por aquí a lo largo de la historia. Esto quiere decir que hay rasgos étnicos de tribus íberas, de celtas, de judíos y norafricanos. En este aspecto, nada de sorpresa, ni por la etnicidad, ni por el porcentaje.

Por su parte, el 15% restante podría indicar que hay un/a bisabuelo/a de nuestra madre que llegó a España desde el norte. Estaríamos hablando de mediados del siglo XIX, momento en que tuvo lugar la Revolución de 1848, un movimiento que recorrió toda Europa. Así que, quizá algún francés acabó estos lares… Quién sabe.

Los análisis permiten además ver si hay coincidencias con otros usuarios de la base de datos de la empresa. En este había alguna coincidencia lejana que la web marca como posibles primos terceros de parte de abuelos, bisabuelos e incluso tatarabuelos, por lo que nada concluyente. Pero casualmente en una de estas coincidencias el cuarto apellido de nuestro abuelo, un apellido no muy común, aparece en su árbol, con lo que no parece muy descabellado que efectivamente haya un pariente común si echamos la vista atrás unas pocas generaciones. Además, estamos hablando de la misma provincia en la que nacieron nuestros abuelos…

Por la rama paterna salió un poco más repartida la cosa. Nuestro padre tiene un 88,1% de Europeo del Sur (67,3% Ibérico, 19,4% Italiano y 1,4% griego) y un 2,5% de Balcánico. Pero además, un 8,2% de Norafricano y un 1,2% de Nigeriano. Muy curioso el asunto.

De nuevo el dato ibérico no nos sorprendió, pero el resto de etnias europeas sí. Sobre todo porque suman un 23,3%, y es un porcentaje bastante alto. De nuevo nos pusimos a elucubrar y llegamos a la conclusión de que esos datos tendrían que venir por la parte materna, ya que nuestra abuela de segundo apellido tiene el nombre de una ciudad italiana. Normalmente estos apellidos con base toponímica hacían referencia al lugar de procedencia de los individuos (muy frecuente su adopción en movimientos migratorios) y su madre además tenía nombre italiano. Además, siempre nos ha llamado la atención que fuera rubia, de ojos azules y con la piel muy clara. Ese 19% de etnia italiana quizá venga de algún antepasado de la época de Amadeo de Saboya… Son especulaciones, desde luego, pero ahí se ha quedado la espinita por saber más.

El 9% africano es curioso también (sobre todo el nigeriano, pues norafricano es más evidente), pero es más residual y además podría de venir de ambas ramas, tanto de nuestra abuela, como nuestro abuelo. Aunque apostamos por este último.

También en esta ocasión encontramos varias posibles coincidencias de familiares lejanos, pero nada significativo.

En cualquier caso, es un experimento interesante que permite averiguar de dónde venimos y porqué tenemos los rasgos que tenemos. Quizá incluso sigamos investigando la rama de nuestros abuelos para tener más datos.

Conclusiones del Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá

Y tras concluir el viaje toca volver la vista atrás y hacer un repaso no solo para recordar lo bueno, sino también para tomar nota de lo que se puede mejorar en futuras planificaciones. No era nuestra primera vez haciendo este tipo de viaje por Norteamérica, pero cada una de ellas es diferente. Sí que es cierto que la experiencia de 2012 nos facilitó la organización en cuanto a la hora de contratar seguro, de reservar un coche (teníamos una idea de qué tipo de vehículo necesitábamos para cuatro personas – y su equipaje-), de elegir alojamiento (muy a favor de las habitaciones cuádruples) o de saber cómo organizarnos con las compras o comidas; sin embargo, esta vez teníamos algunas novedades, como el paso de la frontera (dos veces). No obstante, al final fue todo más o menos rodado desde principio a fin.

Nos salió bien la elección de vuelo, pues nos ahorró bastante tiempo a la llegada. Ya que haces escala, mejor que sea productiva y poder pasar el preclearance. Además, no se forman tantas colas en el control de inmigración como directamente en suelo estadounidense (físicamente hablando).

En cuanto al vehículo, habíamos pedido un Ford Edge, y sin embargo nos dieron un Explorer, que es un poco más grande. Cuando nos lo entregaron en Chicago nos parecía enorme y pensábamos que iba a ser demasiado, puesto que quedaba bastante espacio libre de maletero. Sin embargo, a medida que avanzaba nuestro viaje e íbamos separando ropa sucia de limpia y comprando comida o ropa, se fue llenando y llegamos a Boston con cada hueco ocupado, por lo que al final agradecimos el cambio.

Cierto es que a mayor vehículo, mayor consumo, porque otra cosa no, pero en Estados Unidos los coches consumen una barbaridad (el nuestro estaba en una media de 16,8 millas por galón – unos 14 litros a los 100 -). También es verdad que el combustible es algo más barato (unos $3 por galón – a Euro el litro), pero con la tontería vas sumando.

Nosotros acabamos haciendo 1820 millas (unos 2930 kilómetros), que no es moco de pavo, sobre todo si tenemos en cuenta lo aburridas que son las carreteras por aquellos lares (salvo si es entrada o salida de una gran ciudad, que se vuelve algo más estresante). Algo que ya habíamos vivido en el viaje anterior es que las normas de tráfico en Estados Unidos son un tanto diferentes con respecto a nuestro país. Cierto es que podemos conducir con nuestro carnet internacional, pero nos encontraremos con normativas que difieren así como señales que son desconocidas para nosotros (lo cual no nos exime de su cumplimiento). No obstante, en general tanto la normativa como los paneles informativos y el sistema de carreteras siguen una lógica bastante sencilla. No hay que olvidar que estamos en un país en el que usan coches automáticos. Por cierto, conviene recordar a qué corresponde cada letra: P (parking) para aparcar, R (reverse) para marcha atrás, N (neutral) es punto muerto y D (drive) para conducir.

Así, las carreteras están organizadas de la siguiente manera: mientras que las impares discurren de norte a sur (desde la I-5 que va a lo largo de la costa del Pacífico hasta la I-95 en la costa del Atlántico), las pares atraviesan el país de este a oeste o viceversa (comenzando en la I-8 cerca de la frontera con México hasta la I-94 cerca de Canadá).

Pero además, para saber si nos estamos incorporando en el sentido correcto, se indica el punto cardinal. Mucho más sencillo que si apareciera únicamente el nombre de una ciudad que no sabemos ni ubicar en un mapa.

Y es que aunque hay señales con simbología, en Estados Unidos predominan los carteles con escritura. Es común encontrarse con paneles de Right lane must turn rightExit only, Yield, No passing zone, One Way o U Turn, así como ver la normativa escrita cuando cambiamos de un estado a otro para recordar el uso del cinturón, la prohibición de conducir bajo los efectos del alcohol o las velocidades máximas.

Hay que recordar que no en todos los estados tienen los mismos límites de velocidad. Suele oscilar entre las 65, 70 o 75 millas por hora. Y tampoco es igual para todos los tipos de vehículos.

En ciudades baja a 25 mph y en zona residencial a 15. Eso sí, los radares fijos no son comunes, suelen ser móviles, o lo que viene a ser lo mismo un coche de la Highway Patrol o State Patrol escondido entre los arbustos. Por suerte no nos pararon, aunque sí que vimos alguno en nuestro viaje.

No obstante, conducir por autopistas en general no tiene mayor complicación. Las carreteras están bien peraltadas, suelen tener pocas curvas y los carriles son bastante amplios. Puede sorprendernos ver megacamiones adelantando a otros megacamiones o coches que remolcan a otros. En ocasiones son pickups o furgonetas las que tiran, pero hemos llegado a ver vehículos más pequeños, como un simple sedán.

En ciudad la cosa cambia algo más con respecto a nuestro país. Al igual que en carretera es más fácil orientarse, ya que en las grandes avenidas se le añade el punto cardinal. Pero es que además los letreros están bien visibles antes de girar (cerca de un semáforo o señal), con lo que puedes seguir las indicaciones del GPS aunque no conozcas los nombres de las calles.

Además, los semáforos también se hacen notar, quedando ubicados al otro lado del cruce en que nos paramos.

De esta forma no solo quedan visibles para los que lo tienen en su sentido de marcha, sino para los que también están en los laterales, ya que en Estados Unidos está permitido girar a derecha o izquierda cuando tu semáforo está en rojo, pero está en verde para la dirección a la que te quieres incorporar. Siempre que no te vayas a estampar con nadie y que no haya una señal expresa de No turn on red, claro. En Europa para regular este tipo de movimientos recurrimos a las rotondas, pero allí no triunfan mucho. De hecho, la única vez que nos encontramos un flujo circular se había montado un buen atasco porque no parecían saber incorporarse e incluso se paraban dentro de la glorieta para dejar pasar a los demás. Tienen otro estilo de conducción sin duda. En el viaje anterior llegamos incluso a incorporarnos a la autopista por semáforos intermitentes que daban paso a cada uno de los tres carriles alternativamente. Una forma de hacer cremallera, pero totalmente regulada.

Cuando no hay semáforo también están permitidos este tipo de giros y, en caso de que haya un stop y lleguen varios vehículos a la vez, todos hacen su parada reglamentaria y después continúan la marcha según el orden de llegada. Y aquí no vale picaresca, por lo que hemos visto, lo cumplen. Un FIFO en toda regla. Si hay duda, tiene prioridad el de la derecha.

Para el tema del aparcamiento hay que leer también, ya que suele haber bastantes señales de prohibido estacionar según los días o las estaciones del año (sobre todo por la nieve, que debe pasar el camión de limpieza). Y ojo con los parquímetros. Conviene llevar monedas de 25 centavos a mano (los famosos quarters), que es con lo que funcionan, aunque ya hay ciudades como Boston que se han adaptado a las nuevas tecnologías.

En Canadá el asunto cambia un poco. Para empezar, nada más cruzar la frontera nos encontramos con que volvemos a los km/h y a la gasolina por litros y no por galones, lo cual es de agradecer. Las señales tampoco son iguales. Las que más llaman la atención son las coronadas. Al igual que las estadounidenses suelen indicar el punto cardinal y, en zonas fronterizas entre provincias anglófonas y francófonas (o la capital) están en bilingüe.

También comparten con el país vecino las señales con escritura, aunque vimos algo más de simbología.

Canadá cuenta con más de 5.500 km de carreteras en línea recta de este a oeste y 4.600 km de norte a sur. Su vía principal es la Transcanadiense (Trans-Canada Highway / Route Transcanadienne), una autopista que atraviesa todo el país de forma similar a la Ruta 66 estadounidense. En sus dos rutas (norte y sur) enlaza las diez provincias. Cada una de las ellas cuenta con sus propias normal locales, por lo que los límites de velocidad pueden variar (generalmente entre los 100 y 110 km/h en las autopistas, 90 km/h en las carreteras nacionales y 50 en ciudad). Además, es un país con bastantes radares y una estricta legislación en cuanto al consumo de alcohol (nunca superior a 0.08%).

También cuenta con una normativa concreta sobre el uso de neumáticos en los meses de invierno. Lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta las temperaturas que suelen tener con nevadas sobre nevadas. Pero por lo que pudimos transitar, las carreteras canadienses estaban en mejor estado que en los tramos de Chicago a la frontera y desde Quebec a Boston. Y es que Estados Unidos una vez que sales de las grandes ciudades, el resto está un poco olvidado.

En el ámbito urbano, la señalización y normativa es similar en ambos países y tenemos tanto los letreros como los semáforos bien visibles.

Del mismo modo hay que leer detenidamente a la hora de aparcar, sobre todo en Montreal, donde los carteles son una auténtica locura porque no solo está prohibido o permitido según el día, sino también por franja horaria. Y claro, los parquímetros también tienen su aquel.

No obstante, nosotros recurríamos al coche para movernos de una ciudad a otra. Una vez que llegábamos a nuestra parada, intentábamos dejarlo estacionado en el alojamiento y recurrir al transporte público.

En Chicago se agradece, ya que es una ciudad que aunque el centro se articula en torno al Loop, lo cierto es que hay también barrios por ver fuera de esa zona, y más si tienes el alojamiento algo apartado. Nosotros nos sacamos la Ventra Card, que se puede recargar con billetes, pases o con dinero. Puede incluir hasta 7 personas, así que con una estábamos cubiertos los 4. La emisión cuesta $5, pero son integrados en el saldo al registrarla en la web. Es muy fácil conseguirla:

Aunque nos hubiéramos movido poco en transporte público, lo cierto es que casi con el trayecto desde el aeropuerto hasta el apartamento nos habría salido rentable. Pero en cualquier caso, quedó bien amortizada pues tomamos tanto metro como buses.

Además, Chicago se puede descubrir a dos ruedas, ya que tiene un sistema de préstamo de bicicletas de un llamativo color azul.

En Toronto, a pesar de que es la metrópolis más grande de Canadá, recorrimos casi todo a pie. También es verdad que recurrimos al metro para lugares más alejados como Casa Loma y en una ocasión para el tranvía. Para estos casos sacamos billetes sencillos, que funcionan con unas pequeñas fichas de aluminio, los tokens.

Se venden en múltiplos de tres (algo muy peculiar) por $9 y no tienen fecha de vencimiento. En lugar de pasar por los tornos, has de pasar al lado de la ventanilla, ya que es ahí donde tienen una especie urna de metracrilato y donde hay que depositarlos.

La línea amarilla de metro es quizá la más útil para el visitante, ya que conecta el norte de la ciudad con el centro con paradas en la mayoría de los puntos de interés de la ciudad: CN Tower, el Rogers Centre y el Ripley’s Aquarium, el St. Lawrence Market y el Hockey Hall of Fame, Dundas Square, CF Toronto Eaton Centre, City Hall y Nathan Phillips Square, el Royal Ontario Museum o, como decía, la Casa Loma.

Y si Chicago tiene su préstamo de bicicletas, una ciudad tan verde como Toronto no podía ser menos.

Ottawa es tan pequeña que no hay ninguna duda al respecto. Nuestro Explorer se quedó en el hotel de CSI y nosotros caminamos tanto a la zona del Parlamento como al animado barrio del Byward Market.

En Montreal tuvimos claro que nos moveríamos en transporte público por los complejos criterios de aparcamiento. Ya nos encontramos con el problema nada más llegar a la zona olímpica. Así que como lo demás quedaba en un área más o menos asequible a pie, no volvimos a mover el coche. Para lo que nos quedaba más alejado: metro o bus.

Su red de metro (prácticamente subterránea en su totalidad por una cuestión climatológica) cuenta con 68 estaciones, cada una de ellas convertida en galería de arte gracias a que fueron diseñadas por arquitectos distintos, que intentaron reflejar el espíritu del barrio en que se localiza.

Además en la Plaza Victoria podemos encontrar uno de los pórticos originales del arquitecto francés Héctor Guimard.

Para usar el transporte público nos hicimos con unas tarjetas contactless conocidas como VIVE y que pueden ser pases diarios, semanales o por franjas horarias, como el Unlimited Evening.

Y sí, Montreal también tiene bicicletas de alquiler.

En Quebec se repitió prácticamente la situación de Ottawa, solo que incluso es más favorable al peatón, ya que su origen europeo se ve reflejado en calles estrechas y adoquinadas por las que no pasan coches, o tan solo residentes.

Aunque si hay un medio de transporte que caracteriza a la ciudad es el histórico funicular de 1879 que une la ciudad alta con la baja.

En Boston ya no nos quedaba otra, pues al igual que en Chicago, no teníamos coche. Algo totalmente premeditado, pues para conocer una ciudad con tanta relevancia histórica, hay que patearla a fondo. Prueba de ello son el Black Heritage Trail y el Freedom Trail. No obstante, dado que teníamos el apartamento fuera del centro y que también fuera de la ciudad se encuentra Harvard, sabíamos que íbamos a acabar echando mano del transporte público, sobre todo del metro.

No tiene el reconocimiento artístico como el de Montreal, sin embargo sus estaciones destacan por contar con imágenes de la historia de la ciudad relacionadas con cada parada.

Echamos cuentas de los viajes que preveíamos que íbamos a hacer y concluimos que la mejor opción era sacarnos las CharlieCards, que se pueden recargar tanto con saldo (y el metro (o el bus) lo descuenta en función del trayecto) como con pases (ya sean diarios, semanales o mensuales).

Aunque su metro es uno de los que más volumen de pasajeros mueve en todo Estados Unidos, Boston es apodada con frecuencia como “The Walking City”, ya que en comparación con otras ciudades del país, su población se mueve bastante a pie. En ello influye claramente el factor estudiantil y su centro compacto. Y por supuesto, en una ciudad con tanto centro académico sería impensable que no hubiera también sistema de préstamo de bicicletas.

Así, el coche quedaba como medio de transporte entre una ciudad y otra. De esta forma teníamos la movilidad de poder configurar un itinerario a nuestro antojo. Y es que además de tener que superar importantes distancias entre un núcleo urbano y otro, la mayoría de los ciudadanos de Norteamérica usan el automóvil como su principal medio de transporte. Es decir, moverse en tren o bus es realmente complicado. Por la experiencia anterior sabíamos que teníamos que intentar planificar etapas no muy largas de conducción para que no fuera tedioso. Así, intentamos que cada día hiciéramos como mucho unas 4 horas de carretera, lo que supuso que hubiera un par de días de parada técnica en medio de la nada, por así decirlo. Y fue precisamente esos días en los que los que recurrimos a hoteles.

Nuestra idea original en cuanto a alojamientos era buscar habitaciones cuádruples en hoteles, pero en las grandes ciudades fue realmente complicado encontrar algo que se adaptara a nuestro presupuesto, por lo que tuvimos que elegir apartamentos. Así, acabamos alternando hoteles con apartamentos en función del precio y la disponibilidad. Los hoteles se quedaron para las etapas de tránsito, como London, Ottawa o Merrimack. En general eran cómodos, limpios y estaban bien situados. Además, incluían desayuno. Sí que es verdad que no eran muy variados, pero solían tener algo salado, algo dulce (esas máquinas de gofres) y algo (poco de fruta) además de las bebidas calientes y los zumos o yogures. Por lo que es una comida menos de la que te tienes que preocupar.

La única pega de las habitaciones cuádruples es que hay que ser organizados con el equipaje para que la estancia no se convierta en un caos, así como establecer turnos para la ducha. Pero funcionó bastante bien.

El único que quizá desentonó fue el de Ottawa, que parecía un motel en el que grabar un capítulo de CSI. Pero bueno, solo era una noche y nos lo tomamos como una anécdota que recordar. Tampoco es que la ciudad nos marcara mucho.

Los apartamentos eran todos tal y como se mostraba en las fotos de los anuncios. En la mayoría no conocimos a nuestros anfitriones, sino que teníamos o códigos para abrir la puerta o bien algún candado en el que encontrábamos la llave. Afortunadamente no tuvimos ninguna incidencia reseñable (salvo en Montreal con la cisterna). También es verdad que no pasamos mucho tiempo en ellos, por lo que aunque algunos tenían cocina pequeña (Chicago) o falta de salón (Toronto), cumplieron con su función.

Y es que a lo que íbamos era a estar en la calle, a palpar el ritmo de las ciudades. Porque a diferencia del viaje por la Costa Este, en esta ocasión era casi todo el itinerario de estilo urbanita. Tan solo se salvaba la parada en las Cataratas del Niágara, y quizá fue la más corta de todas, pues la climatología nos trastocó los planes. No obstante, a pesar de tener que reajustar e improvisar en algunas ocasiones, en general podemos decir que cumplimos con nuestras intenciones. Aunque he de reconocer que en algunos casos fuimos algo a la carrera. Normalmente tenemos un ritmo bastante bueno y es fácil que en un día pateando la ciudad nos hagamos unos 21 kilómetros; sin embargo, el llevar la cámara reflex conlleva alguna parada más y un ritmo algo más pausado y observador. Además, los días acaban pesando, y no es lo mismo un viaje de cinco días que tienes la energía al máximo, que cuando ya vas por los diez u once. Así que, es algo a tener en cuenta para la próxima vez que hagamos un viaje similar (parece que apunta a 2023).

Otro aprendizaje que nos llevamos es el de paso de frontera, que no fue tan complicado como pensábamos. Yo me imaginaba un control fronterizo en el que tuviéramos que aparcar el coche y dejarle las llaves al funcionario de turno para que lo revisara y/o vaciara. Sin embargo, fue mucho más sencillo sin tener que rellenar ningún tipo de documentación. Tanto a la entrada de Canadá, como a la de Estados Unidos, solamente tuvimos que responder preguntas rutinarias similares a las del aeropuerto. Quizá es porque nuestra piel es lo suficiente blanca y más o menos nos defendemos con inglés. Imagino que si no sabes responder o tu aspecto les parece “sospechoso”, el asunto irá más lento y exhaustivo. En nuestro caso ni siquiera obtuvimos el sello de Canadá en nuestro pasaporte.

Aunque supongo que es lo mejor que nos puede pasar en un paso de fronteras, que resultemos tan insignificantes. Afortunadamente tampoco tuvimos ningún percance en carretera y no tuvimos que recurrir al seguro de viaje. No obstante, mejor no escatimar en este aspecto para evitar enfrentarse después a la sanidad norteamericana. En Estados Unidos el traslado en ambulancia puede rondar los $500, pero además te cobran la gasolina y si te han tenido que poner oxígeno o algún medicamento. Si además precisas de hospitalización la factura sube y sube. Y eso con un simple accidente o intoxicación. Si ya nos vamos a una intervención como una apendicitis el importe puede ascender a los 40.000 dólares.

Así, un buen número de estadounidenses no pueden permitirse acudir al médico, mucho menos pedir una ambulancia. Ni siquiera pueden pagarse un seguro que puede llegar a una mensualidad de $300. Y eso en caso de que las compañías les acepten como asegurados, ya que con los niveles de obesidad del país (aproximadamente un tercio de la población adulta es obesa y otro tercio tiene sobrepeso), muchos son rechazados porque son vistos como potenciales enfermos. En el 2010 la reforma conocida como Obamacare impuso cambios en el sistema, no obstante, con la llegada de Trump todos los avances se han revertido.

Por su parte, la sanidad en Canadá se rige por los principios de que sea administrado por entidades públicas sin interés particular; de que sea accesible para todos los ciudadanos; de que cubra a todos aquellos que médicamente lo necesiten; de que sea universal para todos los ciudadanos canadienses, por el mero hecho de serlo; y la de la garantía de que serán atendidos en otra provincia que no sea la de origen. Este sistema quizá nos hace pensar que se asemeja al español por aquello de público, gratuito y universal; sin embargo, en realidad la sanidad canadiense está reservada únicamente a los residentes legales que además cumplan determinados criterios.

Así pues, como visitante no tenemos derecho a la misma atención y nos tocaría pagar por todo. Por ejemplo, simplemente acudir a consulta puede salir por unos $150. Si vamos a urgencias siendo no residentes el inicio puede estar en los $1.000. Ojo: solo por la atención, después del diagnóstico la factura sube. Pero es que si los traslados de Estados Unidos nos parecían una barbaridad, hay que tener en cuenta las distancias en Canadá (y la época del año en que viajemos), así como que puede que estemos en una población en la que no haya hospital. En casos así es probable que el trayecto tenga que ser hecho en avioneta, lo cual puede hacer que la factura alcance los $60.000. Por lo que, como decía unas líneas arriba, mejor viajar con una buena cobertura médica.

En nuestra planificación también habíamos previsto la necesidad de llevar una tarjeta de teléfono. No fue especialmente barata, ya que nos costó 40€ para 15 días (ni siquiera para todos los días del viaje), pero era la mejor opción de todas las que barajamos y nos incluía llamadas y SMS ilimitados además de datos ilimitados en EEUU y 5Gb de Roaming en Canadá.

El único problema que nos encontramos fue un tema de terminales, ya que una vez que llegamos a la Costa Este el único teléfono que nos servía fue uno americano (que había comprado mi hermano un par de años antes en un viaje a Nueva York porque le había ocurrido algo similar). Así que algo más que tendremos en cuenta para un futuro es comprobar las bandas de frecuencia del lugar al que viajamos y de las que dispone nuestro teléfono. Si no, habrá que hacerse con un móvil básico para estas ocasiones.

Por otro lado, acertamos con las tarjetas monedero, aunque nos dieron algunos problemas puntuales. El primero en la frente, de hecho. Cuando fuimos a comprar la ventra no nos quedó otra que usar la American Express porque no aceptaba ni la Revolut, ni la Bnext ni la de Monzo. Debía ser un tema de la máquina, porque por lo demás, pagamos en gasolineras, en supermercados, en tiendas más pequeñas, sacamos efectivo…  y sin incidencia.

Fueron todo un descubrimiento y se han convertido en imprescindibles en nuestros viajes. Merecen un post aparte.

Y, para concluir, quiero acabar con un resumen de gastos por persona:

Así pues, dejando fuera los gastos individuales en ropa, calzado o recuerdos, la suma hace un total de 1.773,01€, una cifra prácticamente calcada (44€ de diferencia) a los 1.817,11€ que gastamos en nuestro viaje a la Costa Este. Pensé que se nos iba a disparar un poco más por el cambio de los Dólares con respecto al Euro, menos favorable que en 2012. Además, el coche también nos salía algo más caro y esta vez no nos íbamos a alojar en casa de familiares. Sin embargo, parece que hemos hecho buenas elecciones y nos hemos sabido ajustar al presupuesto. Aunque en realidad tiene más que ver con la inercia y la costumbre que con andar contando los céntimos.

Es verdad que nos han fallado un par de atracciones (menos mal que no sacamos las entradas por internet esta vez) y eso que nos hemos ahorrado, pero mucho tiene que ver el gasto en comida. Son países en los que, en general, sirven demasiada cantidad por menú, aunque también hemos hecho compra en supermercados aprovechando los envases de tamaño familiar (tanto para lo sano, como para lo que no).

Después de un largo día visitando una ciudad, acompañábamos la cena con una cerveza bien fresca. De esta forma no había problema en tener que coger el coche o el transporte público de vuelta a casa.

Y con este resumen nos despedimos de Norteamérica, aunque, como ya digo, ya nos ronda para 2023, año en que los puentes de mayo vuelven a ser rentables.