Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 14: Boston: Waterfront y Back Bay

Las previsiones apuntaban a que la lluvia persistente sería a partir de las 11-12 de la mañana, por lo que nos pusimos el despertador pronto para intentar aprovechar las primeras horas del día y resguardarnos cuando el agua fuera incómoda para pasear y hacer fotos. Dado que los días anteriores habíamos reajustado nuestra planificación, teníamos una jornada algo más despejada de lo que habíamos pensado en un principio sobre el papel.

Comenzamos el día en el Seaport District, uno de los barrios más en desarrollo de la ciudad. Situado en el paseo marítimo de Boston, justo frente al centro de la ciudad, queda delimitado por Fort Point, Fan Pier, el Centro de Convenciones y el Parque Industrial Marino.

El Fish Pier abrió en 1914 como un puerto para descargar, procesar y almacenar el pescado. Los comercios llegaron más tarde, en la década de los 30, cuando pasaban por el puerto 136 millones de kilos al año. Hoy en día la recogida, procesamiento y venta siguen siendo una parte importante de la economía de Boston y el negocio del pescado supone unos 600 millones de dólares anuales.

Comenzamos por el Exchange Conference Center, un espacio con techos altos y magníficas vistas del puerto (en un día despejado) que hoy acoge todo tipo de eventos sociales y corporativos.

Un poco más adelante encontramos el Seaport World Trace Center, un espacio de exhibiciones y oficinas que ocupa parte del centenario Commonwealth Pier.

A principios del siglo XX los barcos de vapor ya se habían convertido en el principal método de transporte de personas y mercancías en todo el mundo. Era tal el número de embarcaciones que fueron saturando los muelles de los puertos cercanos, por lo que se vio la necesidad de construir un nuevo puerto más amplio donde pudieran atracar. Así nació en 1912 el proyecto del Commonwealth Pier el puerto más grande y avanzado de la época, capaz de acoger al barco más largo del mundo del momento, así como el más largo que se esperaba construir en los siguientes 20 años.

Diseñada por los arquitectos Derby, Robinson y Shepard, la estructura de cemento contaba con un espacio de más de 52.000 metros cuadrados distribuido en dos plantas. En la superior había acomodaciones para pasajeros, mientras que en la interior estaba dispuesta para la carga y descarga de embarcaciones. Para facilitar las maniobras de transporte de mercancías los camiones y el ferrocarril llegaban directamente al puerto. También había una carretera que conducía el tráfico de Congress Street al puerto.

En el muelle, junto al edificio, podemos ver el Spirit of Boston, un barco que ofrece un crucero turístico, histórico y gastronómico.

Todo el distrito en el que nos encontrábamos era hace más de 150 años una zona pantanosa. Como ya hemos visto, al igual que otros puertos en el país, pronto se convirtió en un importante centro comercial a principios del siglo XIX gracias a la construcción de nuevas fábricas en el área y la llegada posterior de los barcos de vapor.

Sin embargo, este desarrollo se vio frenado un siglo después cuando las fábricas cerraron o se trasladaron. El puerto quedó entonces abandonado hasta que por 1968 el alcalde Kevin White se propuso reurbanizarlo. Fue sin embargo el alcalde Menino quien llevó a cabo el proyecto apodando al barrio como Distrito de la Innovación. Presionó para que tanto el Centro de Convenciones y Exposiciones de Boston como el Instituto de Arte Contemporáneo se instalaran allí e incluso llegó a plantearse trasladar el Ayuntamiento.

Fundado como Museo de Arte Moderno de Boston en 1936, el Instituto de Arte Contemporáneo ha cambiado de nombre muchas veces con el paso del tiempo. De la misma manera ha ido trasladando su galería de un lado a otro de la ciudad.

Desde 2006 se encuentra en la ubicación actual. Su diseño y localización sobre el mar ofrecen un buen escenario para los conciertos en la época estival. En 1940 expuso temporalmente el Guernica con motivo de la exhibición itinerante “Picasso, cuarenta años de su arte”.

A finales de la década de 1990 el distrito se revitalizó aún más con la llegada de los Juzgados John Joseph Moakley. Este edificio  que alberga un tribunal federal para el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos llama la atención por su pared de vidrio de 26 metros que le ha hecho ganar varios premios de diseño.

Recibe el nombre del congresista Joe Moakley y en sus once plantas (diez más sótano) además de servir como tribunal también cuenta con una biblioteca, oficinas para los abogados, salas para los jueces, instalaciones de apoyo para los Marshals e incluso una guardería.

Poco después de la construcción de este edificio, el puerto quedó conectado con el centro de la ciudad gracias a la I-93 y la I-90, lo que facilitó las conexiones y ocasionó el traslado de oficinas, espacios de trabajo, restaurantes y tiendas desde otras zonas más caras como Cambridge. También atrajo a nuevos residentes. Se reacondicionaron antiguos almacenes como lofts industriales y se construyeron edificios de lujo.

En la actualidad se ha convertido en el distrito de moda gracias a su mezcla ecléctica y a su animada vida social. En él podemos encontrar galerías de arte, tiendas minoristas, bulliciosos bares y muchos restaurantes especializados sobre todo en pescados, ostras y marisco frescos. También hay un par de cervecerías.

El puerto se ha revitalizado desde que en 1989 se realizaron las tareas de recuperación y se instaló un nuevo sistema de tratamiento de las aguas residuales. Hoy presume de ser uno de los programas más avanzados en la gestión de la polución de todo el país. El agua está limpia y las marsopas y las focas han vuelto; los mejillones y los erizos de mar están recolonizando las zonas rocosas y las enfermedades del marisco han disminuido. Incluso hay gente que se anima a nadar.

Continuamos por el Harbor Walk hasta el Children’s Wharf Park, donde se encuentra el Boston Children’s Museum, un museo dedicado a la educación de los niños. Se mudó a la ubicación actual (un antiguo almacén de lana) en 1979 y tras recientes renovaciones y ampliaciones ha ganado varios premios.

Cuenta con varias exhibiciones permanentes así como talleres de arte y construcción. Es sobre todo un lugar donde los niños pueden investigar, tocar y experimentar con varios espacios para actividades deportivas y artes escénicas.

Siguiendo el Congress Bridge cruzamos a la otra orilla, donde se encuentra el Boston Tea Party Ships & Museum.

Ubicado en el mismo lugar en que aconteció el histórico Motín del Té de 1773, este museo permite al visitante empaparse de lleno sobre este suceso durante aproximadamente una hora. Los guías caracterizados acompañan durante el recorrido e incluso involucran a los participantes para que vivan de lleno el motín. Para darle más veracidad se puede abordar el Beaver, una réplica bastante precisa de uno de los tres barcos que fueron invadidos en el motín, e incluso tirar el té al agua.

En el interior del museo se sigue la historia por medio de exposiciones y un cortometraje. También se puede echar un vistazo a uno de los dos cofres de té originales. Finalmente la visita termina con la Sala del Té de Abigail Adams.

Nosotros en principio con la lluvia amenazando no contábamos con mucho tiempo, por lo que seguimos adelante.

Cerca del Parque Rose Kennedy, en el 408 de la Atlantic Avenue se erige el edificio de los Guardacostas, en el que podemos leer una placa en honor de John Foster Williams, un nativo bostoniano que sirvió al país. Se echó al mar a la edad de 15 y con 22 estaba dirigiendo buques mercantiles.

Durante la Guerra de la Independencia comandó varios barcos, incluido el Hazard, que fue capturado por los británicos como premio de guerra. Enviado a Inglaterra en un barco-prisión, escapó y volvió a América para seguir luchando. Después fue elegido por el Presidente George Washington para dirigir en 1791 el Massachusetts, el primer Revenue Cutter, predecesor de los Guardacostas de hoy en día.

Un poco más adelante se encuentra el Boston Harbor Hotel, un lujoso hotel con vistas al puerto.

De hecho ofrece una mejor perspectiva desde los juzgados, pues se ve la magnitud del edificio, así como la cúpula sobre la arcada.

Las dos torres blancas de estilo brutalista junto al hotel son las Harbor Towers, un complejo de dos edificios residenciales de 40 pisos (pretendía contar con una torre más) que fue completado en 1971 siguiendo el diseño de Henry N. Cobb, quien también se encargó de la Torre John Hancock.

Para finalizar el paseo por la zona del puerto llegamos al New England Aquarium, uno de los mejores acuarios del país. Abrió al público en 1969 y un año más tarde inauguró su tanque oceánico gigante, que en aquel momento era el más grande del mundo.

Además del edificio principal del acuario, las atracciones incluyen el Simons IMAX Theatre y el New England Aquarium Whale Watch, para ver ballenas, aunque solo funciona de abril a noviembre.

Allí tomamos el metro y volvimos a Back Bay, pues el día anterior se nos había hecho de noche y nos habían quedado cosas por ver.

El día anterior habíamos paseado por el bulevar Commonwealth Avenue de Back Bay y después callejeamos hasta subir el Prudential Center, pero nos quedó por ver una de las plazas principales del barrio, la Copley Square. Así que, nos bajamos en la parada de metro que lleva su nombre y recorrimos los aledaños, pues hay varios edificios importantes en sus alrededores.

Nada más salir del metro en Copley en la calle Boylston nos encontramos con la Biblioteca pública de Boston, fundada en 1848 y establecida oficialmente en 1852. Al principio, para albergar la colección se usó una antigua escuela en la calle Mason. Aunque se abrió al público el 20 de marzo de 1854, el servicio de préstamo no comenzó hasta mayo.

La colección inicial de 16.000 volúmenes enseguida creció, así que a finales de año se autorizó el traslado a un nuevo edificio en Boylston Street. Esta nueva construcción en estilo renacentista italiano fue diseñada para albergar 240.000 volúmenes, pero de nuevo, enseguida se quedó pequeña, por lo que en 1880 se decidió otro traslado, esta vez a la actual Copley Square.

Es la mayor biblioteca municipal de los Estados Unidos y fue la primera biblioteca pública municipal del país, la primera gran biblioteca abierta al público en el país y la primera biblioteca pública que permitió el préstamo de sus fondos para llevárselos a casa. Tiene más de 15 millones de libros y es la tercera más grande de los Estados Unidos tras la Biblioteca del Congreso y la de la Universidad de Harvard. Sus colecciones incluyen además 600.000 fotografías, obras de Rembrandt, Durero, Goya, Daumier, Toulouse-Lautrec y 350.000 mapas antiguos.

Al otro lado de la calle Boylston se erige la Vieja iglesia del sur, la sede de una de las comunidades religiosas más viejas en los Estados Unidos, organizada por disidentes de la Primera Iglesia de Boston en 1669. Entre sus fieles han estado personalidades como Benjamin Franklin, Phillis Wheatley o Samuel Adams. Y precisamente en ella fue donde en 1773 este último dio el pistoletazo de salida para el Motín del té.

El actual edificio fue completado en 1873 y ampliado entre 1935 y 1937. Es de estilo veneciano del renacimiento gótico. Fue designado Monumento Histórico Nacional en 1970 por su importancia arquitectónica como una de las mejores iglesias góticas de la Alta Victoria en Nueva Inglaterra. Su torre de 246 metros es su elemento más distintivo, sin embargo no es la original, ya que no tenía bien los cimientos y tuvo que ser desmontada. Esta data de la década de 1930.

Conserva este buen estado ya que en 1984 se llevaron a cabo tareas de restauración siguiendo fotografías antiguas y grabados.

Frente a la biblioteca se extiende la Plaza Copley, en la que destaca la Iglesia de la Trinidad.

Fue construida en 1877 siguiendo el diseño de Henry Hobson Richardson. Es de estilo románico richardsoniano, de hecho, es donde nace este estilo en el que predomina el techo de archilla, arcos pesados, policromía y una enorme torre.

Como bien se veía desde las alturas, tiene planta de cruz griega modificada con cuatro brazos que se extienden desde la torre central de 64 metros de altura.

Frente a ella podemos ver varias estatuas. Por un lado la de John Singleton Copley, el pintor que da nombre a la plaza.

Fue famoso por sus retratos de personajes importantes de la Nueva Inglaterra colonial en los que intentaba representarlos con información sobre sus vidas. En 1774 se trasladó a Europa y pintó en Londres, París, Génova y Roma.

El otro grupo escultórico es el de La Liebre y la Tortuga de Nancy Schön, inaugurado en 1996 para celebrar el centenario de la maratón.

Para la artista la maratón ha sido parte de su vida desde siempre, ya de pequeña se colocaba con su familia en el recorrido con vasos de agua y gajos de naranja para hidratar a los corredores y después de mayor ella misma comenzó a participar en carreras. En 1991 quiso hacer una obra para honrar la carrera más antigua de los Estados Unidos, pero era complicado reflejar a todos los tipos de personas que corren. Así, en lugar de representar a una persona, pensó que era mejor recurrir a los animales de la fábula de Esopo, pues así no se dejaba fuera a nadie por razón de género, raza o incluso discapacidad.

La liebre y la tortuga son una metáfora perfecta de la gran variedad de personas que participan en la maratón. Algunos compiten terminando con buenas marcas como la primera, otros simplemente corren por ser parte de uno de los eventos deportivos más importantes del país como la segunda.

También del centenario de la maratón data el memorial hecho con adoquines, pues es en esta plaza donde finaliza la carrera desde 1986.

Fue cerca de la línea de meta donde el 15 de abril de 2013 tuvo lugar un doble atentado que acabó con la vida de tres personas y dejó heridas al menos a 264. La gente ocupó la plaza entera con zapatillas, pancartas, velas y mensajes a los afectados. Hoy estos recuerdos han sido retirados, y el memorial en el suelo queda rodeado tan solo por varios postes en los que se detallan fechas importantes y con la representación de corredores.

En el lateral de la plaza con Saint James Avenue destacan dos edificios. Por un lado el Fairmont Copley Plaza Hotel, de piedra caliza y ladrillo en estilo Beaux-Arts y por otro lado la Torre John Hancock, mucho más alta y moderna cubierta de vidrio.

El Fairmont Copley Plaza Hotel fue inaugurado en 1912 con una recepción presidida por el alcalde John F. Fitzgerald, abuelo del Presidente Kennedy. Esta inauguración marcó una nueva era en el hospedaje de lujo no solo en la ciudad, sino en el país. Fue tan popular que las habitaciones se habían reservado con incluso 16 meses de antelación.

Por sus instalaciones han pasado tantas personalidades que el vestíbulo es conocido como el “Paseo de los Pavos Reales”.

Fue innovador para la época, ya que fue el primer hotel de la ciudad en estar completamente climatizado, el primer hotel internacional con un sistema de reservas, y el primero en aceptar tarjetas de crédito. Aunque ha pasado por varias reformas, se han mantenido gran parte de sus características arquitectónicas así como su decoración.

La Torre John Hancock es el edificio más alto de Nueva Inglaterra y durante más de 30 años lo fue también de Boston. Fue construida en los años 70 para la compañía de seguros John Hancock Insurance en un estilo moderno y minimalista en el que predominan las grandes cristaleras. Cuenta con 60 plantas distribuidas en sus 241 metros.

El proyecto inicial tuvo que ser modificado tras recibir quejas de que la torre iba a proyectar su sombra sobre la Iglesia de la Trinidad. Además, la construcción pasó por varios problemas desde los inicios. Cuando se terminó el edificio, los paneles de cristal de 227 kg se desprendían y caían a la calle, suponiendo un importante riesgo, por lo que cuando había vientos superiores a 72 km/h la policía tenía que cerrar las calles. En 1973 los 10.344 ventanales fueron sustituidos por otro tipo de cristal que aguantaba más.

La torre cuenta con una plataforma de observación, sin embargo fue cerrada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, por eso subimos el día anterior a la Torre Prudential. Hoy se alquila para eventos privados y ha sido reutilizada como espacio de oficinas.

La lluvia seguía haciendo acto de presencia, por lo que decidimos comprar la comida y volvernos al apartamento. En lugar de tomar la misma boca de metro en Copley, continuamos hasta Arlington, próxima al Boston Public Garden, un parque de 97.000 metros cuadrados que fue el primer jardín botánico público en América.

De camino nos encontramos con un par de iglesias. Por un lado la Church of the Covenant, construida entre 1865 y 1867 y por otro la Emmanuel Episcopal Church, que data de 1861.

La Church of the Covenant es de estilo neogótico y cuenta con un campanario de 73 metros que supera el monumento de Bunker Hill.

En su interior tanto sus vidrieras, como los mosaicos y una lámpara son de Tiffany Glass and Decorating Co., esto le hizo ganar en 2012 el título de Monumento Histórico Nacional en 2012.

La Emmanuel Episcopal Church no es especialmente llamativa, pero tiene el honor de haber sido el primer edificio terminado en Newbury Street cuando comenzó a desarrollarse Back Bay.

Pero dejando a un lado estas dos iglesias, en el trayecto desde la plaza Copley hasta el parque lo que predominan son imponentes hoteles, selectos locales de belleza, exclusivos centros de deporte y tiendas de marcas de lujo como Chanel, Tiffany’s o Burberry.

Nosotros, con un presupuesto bastante más ajustado, regresamos a nuestro barrio, donde paramos en Carlo’s, un típico Diner de esos de los asientos de escay y recortes de periódico en las paredes. Allí pedimos para llevar unos bocadillos enormes, una ensalada, unos espaguetis y nos los llevamos al apartamento.

Pasamos la tarde tranquilamente como el día anterior y de repente nos sorprendió un pavo real en nuestro patio. Y descubrimos que vuelan, pues saltó la valla y siguió su camino entre las casas de los vecinos.

Ya de noche salimos a por la cena. Habíamos visto una taquería en la misma calle de la pizzería del día anterior, así que allá que nos fuimos. Mientras esperábamos a nuestro pedido no parecía que estuviéramos en Boston: la gente hablaba español en las mesas y de hilo musical tenían a Rocío Dúrcal.

Pedimos una quesadilla de pollo, un taco de pollo y un chimichanga, todo ello por $31.02. Como a mí no me sienta bien la comida mejicana, me comí la pizza que había sobrado el día anterior y un poco de espaguetis del medio día.

Y con la cena dimos por concluido el día y casi el viaje. Ya solo nos quedaba un día en Boston antes de volver a casa.