Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 15: Boston: Fenway Park, South End y Chinatown

Nos quedaban poco más de 24 horas en la ciudad (y en el país), así que durante el desayuno mi hermano se conectó para hacer el checkin online de sus vuelos. Sin embargo, parecía haber un problema con sus billetes y no le dejaba. Como el aeropuerto estaba en nuestra línea de metro a tan solo un par de paradas, decidimos que lo mejor era acercarnos al mostrador y preguntar directamente.

La terminal D (el aeropuerto de Boston cuenta con cuatro terminales: A, B, C y D) es desde donde salen los vuelos internacionales, así que allí que nos dirigimos.

Y vaya sorpresa, me esperaba una terminal inmensa, y sin embargo nos encontramos casi con la T2 de Barajas. No había mostradores y apenas algún local de restauración. Prácticamente lo único que encontramos fue la cinta de recogida de equipaje. Fuimos al punto de información a ver si es que nos habíamos saltado algo, pero no, el señor se limitó a darnos un folleto con los números de las compañías y gracias.

Así que no quedó más remedio que llamar al servicio de atención al cliente de British Airways, que ni siquiera es el local, sino que conectan con el general (en la India). Y tenían muy poca idea, como ya pasó en la llamada inicial. Y es que los billetes fueron comprados por teléfono porque eran un canje de puntos de la compañía, pero el operador parece que no se enteró muy bien del proceso y no cargó el importe ni descontó los avios, de ahí que no se pudiera hacer el check-in.

Tras una llamada eterna en la que hicieron mil preguntas y comprobaron los datos personales y del billete, el nuevo operador quedó en hacerle llegar a mi hermano un correo electrónico con la tarjeta de embarque, así que con el tema aclarado (o eso pensábamos) nos pusimos rumbo a Fenway Park, nuestra primera parada.

Fenway Park es el nombre que recibe el estadio de béisbol de los Red Sox. Esta disciplina es considerada como el deporte nacional desde finales del siglo XIX, por delante del fútbol americano, el baloncesto y el hockey sobre hielo.

Construido en 1912, este estadio es el más antiguo del país. El primer partido tuvo lugar el 20 de abril, con el lanzamiento inaugural protagonizado por el alcalde John F. Fitzgerald y la victoria del equipo local sobre los New York Highlanders (los Yankees).

A partir de la década de los años 30 ha ido renovándose para adaptarse poco a poco a los nuevos tiempos. Así, actualizó los marcadores, amplió los asientos para tener más capacidad, incorporó las luces, añadió pantallas de vídeos y en los últimos años se ha creado más espacio de asientos y se ha reformado los accesos para un mejor flujo de los asistentes. Sin embargo, mantiene las medidas originales, lo que lo convierte en uno de los terrenos de juego más pequeños de la liga. Y como curiosidad, desde 1976 hasta 2002 tuvo las distancias métricas pintadas en su campo, ya que se pensaba que EEUU iba a adoptar el sistema métrico decimal.

En 1999 se planteó demoler el estadio y reconstruirlo de nuevo, sin embargo, la propuesta finalmente no se llevó a cabo porque se estimaba que esa remodelación no iba a ser muy duradera. Recientemente se optó por reformarlo y parece que se mantendrá en su ubicación hasta 2061.

No entramos dentro, pero sí que visitamos su tienda oficial, a ver qué tal las rebajas. Pero los precios eran aún así demasiado altos para equipación de un deporte que ni siquiera nos gusta. Así que tal y como entramos, nos fuimos.

Desde allí nos dirigimos al James P Kelleher Rose Garden, un amplio parque abierto al público adyacente al Jardín Botánico en el que pudimos ver cómo la floración ya estaba llegando a los árboles y varias familias de patos paseando con sus crías. Por lo demás, estaba bastante tranquilo.

Atravesándolo llegamos al campus de la Northeastern University, una universidad privada que nació en 1898 como instituto de clases nocturnas del YMCA de Boston. Es conocida por su programa de prácticas que promueve que los estudiantes compaginen semestres de estudio con períodos de trabajo a tiempo completo gracias a acuerdos con bufetes de abogados, bancos y multinacionales como Microsoft o Disney.

Cerca del campus se encuentra el Museum of Fine Arts, el Museo de Bellas Artes, el quinto museo más grande de los Estados Unidos. Fundado en 1870, nació con la mayor parte de su colección inicial tomada de la Galería de Arte Boston Athenæum. Originalmente ocupaba el edificio neogótico en el que hoy se emplaza el Hotel Copley Plaza, pero se mudó a su ubicación actual en 1909 a una construcción de granito de estilo neoclásico.

Con los años se ha ido ampliando y hoy en día destaca sobre todo por el ala dedicada al arte americano de los siglos XVIII y XIX, aunque también cuenta con esculturas, sarcófagos y joyas de Egipto, exponentes de la pintura holandesa de la Edad de Oro y obras impresionistas y postimpresionistas francesas de artistas como Gauguin, Monet, Manet, Van Gogh, Renoir, Degas o Cézanne.

En su fachada destaca la estatua ecuestre Appeal to the Great Spirit, realizada en 1909 por Cyrus Dallin dentro de una serie de cuatro piezas conocida como The Epic of the Indian.

El artista proviene de Utah, donde se relacionó desde su infancia con nativos americanos, por lo que con el paso del tiempo ha adquirido conocimientos sobre su cultura y quería honrarlos de alguna manera.

Tomamos el tranvía hasta la parada Symphony y desde allí nos dirigimos al South End, uno de los barrios más pintorescos de Boston gracias a sus calles con casas de estilo victoriano.

Construido en 1849 en las marismas para aliviar el hacinamiento en el centro de Boston y Beacon Hill, limita con Back Bay, Chinatown y Roxbury. Fue diseñado por el arquitecto Charles Bulfinch (el responsable de la Massachusetts State House, del Boston Common y de  gran parte del Capitolio de los EE. UU.), cuyo plan era crear un barrio que siguiera el modelo inglés del siglo XVIII con bloques de viviendas adosadas en torno a unos pequeños parques privados con forma elíptica que, además de embellecer la zona residencial, proporcionasen una sensación de comunidad. Muchos de ellos cuentan con una fuente central y están vallados.

Así, la mayoría de las construcciones datan de esta década, de mediados del siglo XIX. Y aunque hay una mezcla de estilos arquitectónicos (sobre todo renacentista, Segundo Imperio y Reina Ana), hay cierta uniformidad en las viviendas de cinco pisos gracias a sus molduras de granito, barandillas de hierro fundido, cristaleras salientes o los materiales utilizados en sus fachadas.

Pronto se mudó al nuevo barrio una floreciente clase media, sobre todo dueños de negocios, banqueros, industriales e incluso dos alcaldes. No obstante, South End no ha sido nunca un vecindario homogéneo. A estas familias adineradas les siguieron a finales de siglo irlandesas, libanesas, judías, afroamericanas y griegas. En la década de 1930 llegaron canadienses y tras la II Guerra Mundial un buen número de homosexuales gracias a las casas de huéspedes de un solo sexo que les proporcionaban cobertura social. En los 40 comenzó a establecerse una creciente población hispana, sobre todo puertorriqueña en torno a la calle San Juan.

South End vivió un período de decadencia a principios de los 60 como consecuencia de la delincuencia, sin embargo, volvió a renacer a finales de la década de los 70 gracias principalmente a la llegada de hombres homosexuales de clase media. Hoy el vecindario sigue siendo diverso y en él conviven personas de casi todas las razas, edades, orígenes y creencias, además de ser muy popular entre la comunidad gay y lesbiana de Boston. También es heterogéneo en el aspecto económico, ya que aunque la mayoría de las viviendas alcanzan las siete cifras, hay construcciones algo más asequibles (dentro de lo que es el precio/m2 en Boston).

Pero el South End no es solo residencial, sino que también es comercial. Y no viene de los últimos años. Ya en el siglo XIX se convirtió en centro de referencia de fábrica de muebles y pianos de la ciudad. La proximidad a los ferrocarriles y a las instalaciones portuarias había atraído a muchas empresas que trasladaron a la zona sus fábricas y almacenes. Las principales vías comerciales son Columbus Avenue, Tremont Street y Washington Street. En esta última se encuentra la Cathedral of the Holy Cross, la iglesia más grande de Nueva Inglaterra.

Construida en 1875 en caliza gris sigue un estilo renacentista gótico. Recibe su nombre por una reliquia que supuestamente es un pequeño fragmento de la cruz de la crucifixión de Jesús. Hasta 2010 el objeto se exhibía, pero fue robado y desde que se recuperó, tan solo se muestra en ocasiones puntuales.

El edificio mide 111 metros de longitud por 27 metros de ancho, dando capacidad para unas 2.000 personas. Aunque se proyectó una aguja sobre la torre, nunca se completó, por lo que se quedó con una altura de 37 metros.

Aunque los residentes del barrio en que se ubica son en su mayoría clase media protestante, tiene su razón de ser en que en la fecha en que se construyó predominaban los irlandeses, de tradición católica.

Hoy en día South End tiene una creciente presencia minorista, sobre todo enfocada a la clase media alta. En los bajos de las casas victorianas se pueden ver pequeños locales de alimentos bio o veganos, de ropa de jóvenes diseñadores locales, de muebles, de artesanía, salones de belleza y spas (tanto para personas como para animales) y espacios de trabajo para artistas o galerías.

El centro social y comercial del distrito es la parte entre Massachusetts Avenue y East Berkeley, y la parte más animada del barrio queda entre Tremont con Clarendon y Union Park (en el subdistrito de Shawmut), pues es donde abundan los bares, restaurantes y cafeterías.

Continuamos paseando por el barrio de Sahwmut hasta llegar al Theatre District, ubicado al este de Back Bay y próximo al Boston Common. El primer teatro de la ciudad se inauguró en 1793, pues anteriormente las obras de teatro habían sido prohibidas por los puritanos. Para 1900 ya había 31 teatros en el distrito y para la década de los 40 superaba los 50. Durante las últimas décadas se han restaurado y actualizado los antiguos teatros. Entre ellos destacan el Boch Center, la Opera House, el Cutler Majestic Theatre, el Teatro Orpheum, el Teatro Paramount o el Teatro Wilbur.

El Boch Center – Wang Theatre se ubica en la calle Tremont (como la mayoría de ellos) en el edificio en que originalmente ocupaba el Metropolitan Theatre y más tarde el Music Hall. Construido en 1925, a mediados de los 70 sus instalaciones se quedaron obsoletas y no podía acoger a las grandes compañías por tener un escenario demasiado pequeño. En 1980 se convirtió en un centro sin ánimo de lucro y volvió a atraer representaciones.

En 1983 nació el Centro Wang gracias a la donación del Dr. An Wang y durante los años 90 se renovó la estructura y decoración del teatro para recuperar su esencia de los años 20. Ahora tiene capacidad para más de 3.600 personas.

Enfrente se erige el Shubert Theatre, inaugurado el 24 de enero de 1910. Algo más pequeño que el anterior (puede albergar a aproximadamente 1.600 personas), también pertenece al Boch Center.

Junto al Wang Theatre se encuentra el Wilbur Theatre, que data de 1913, aunque se inauguró un año después. Con una capacidad para 1.093 espectadores cuenta con la particularidad de que en su planta principal se pueden retirar los asientos para otro tipo de eventos.

Tras cruzar la calle Stuart, en la acera opuesta encontramos el siguiente teatro, el Cutler Majestic Theatre, construido en estilo Beaux Arts en 1903. Fue reformado en los años 20 para las representaciones de vodevil. Más tarde, en la década de los 50 se convirtió en sala de cine, renovando para ello el vestíbulo y cubriendo parte de la arquitectura original.

En la década de los años 80 se quedó algo anticuado y fue vendido a Emerson College, quien lo restauró recuperando su aspecto original.

Ya en Chinatown (los límites entre el Distrito de los Teatros y el Barrio Chino son un tanto difusos) se halla la Boston Opera House. Inaugurada el 29 de octubre de 1928, servía tanto para la exhibición de películas como para el vodevil en directo. Un año más tarde se había quedado solo como cine y así se mantuvo hasta la década de los 50.

En 1965 la compañía Sack Theatre adquirió el edificio y lo renombró como Teatro Savoy. Además se le añadió un segundo cine más pequeño en el lugar que ocupaba el escenario del teatro, separando la zona de butacas con una pared.

En 1980 cerró y se convirtió en la sede de la Opera Company of Boston, por lo que fue renombrado como la Boston Opera House. Una década más tarde la compañía quebró y el teatro se cerró. El abandono conllevó que se fuera deteriorando y que el agua se filtrara y dañara la estructura, el sistema eléctrico y la parte del auditorio que era de yeso.

En 1996 el edificio fue cedido y Clear Channel Company se encargó de renovarlo. Fue reabierto el 16 de julio de 2004 con la obra de Broadway de El Rey León. Actualmente sirve como sede del Boston Ballet y también presenta espectáculos de Broadway.

Se encuentra muy próximo a Downtown Crossing, por lo que volvimos sobre nuestros pasos para perdernos por Chinatown, uno de los barrios chinos más grandes de América y donde se concentra la mayor parte de la población asiática de la ciudad. De hecho, es uno de los distritos más densamente poblados de Boston.

Parte del barrio se ubica en un espacio ganado al mar donde se asentaron los anglobostonianos. Estos fueron sustituidos por primero por irlandeses, después por judíos, luego por italianos y antes de que llegaran los chinos, por los sirios. Todos ellos llegaban buscando vivienda barata y posibilidad de encontrar trabajo o montar sus negocios.

Los primeros chinos en llegar al estado fueron traídos en 1870 desde San Francisco para romper una huelga de la empresa Sampson Shoe Factory en North Adams, Massachusetts. Cuatro años más tarde muchos de ellos se mudaron al área de Boston y abrieron lavanderías por la zona de Harrison Avenue.

Tras las lavanderías, en 1875 llegó el primer restaurante. Sin embargo, con la Ley de Exclusión de China de 1882, la inmigración china se detuvo y la población de Chinatown se estancó con una clara predominancia masculina. A principios de siglo la cosa no fue mejor, ya que había un movimiento xenófobo antichino por el que se arrestó a 234 personas y se deportó a 45.

La Ley de Exclusión se eliminó en 1943 y en la década de los 50 Chinatown volvió a crecer en número de residentes.

Hoy nos da la bienvenida al barrio la Chinatown Gate.

Ubicada en la intersección de Beach Street y Surface Road, es la típica puerta de entrada a un barrio chino.

Fue donada por el gobierno taiwanés en 1982 y además de tener un león a cada lado, está grabada con dos escritos en chino: “Tian Xia Wei Gong”, que viene a significar “Todo lo que está bajo el cielo es para la gente”, y Humildad, Integridad, Justicia y Urbanidad.

El barrio en sí tampoco es que llamara mucho la atención desde el punto de vista turístico. Obviamente, no pueden faltar restaurantes y comercios asiáticos. Pero aparte de la puerta, poco más. Lo más interesante quizá era ver a los viejecitos echando sus partidas de cartas o fichas.

Se acercaba la hora de comer, así que nos dirigimos al cercano Downtown Crossing, una de las principales áreas comerciales de la ciudad. El tramo de Washington Street entre las Temple y Bromfield es peatonal, por lo que se puede caminar tranquilamente. Vendría a ser algo similar a Preciados en Madrid.

En la zona se hallan grandes almacenes como Macy’s, Saks e incluso un enorme Primark (no podía faltar en una ciudad con tanto irlandés). También cuenta con restaurantes, comercios de recuerdos, y vendedores ambulantes.

Justo enfrente se encuentra The Corner Mall, un pequeño centro comercial con locales de restauración y un área común con mesas y sillas. La mayoría eran pequeñas cadenas o locales no franquiciados. Elegimos un arroz salteado con verduras y unos fideos con gambas en un puesto de comida asiática que la verdad es que no eran nada del otro mundo.

Después de comer seguimos por la calle peatonal hasta la Old South Meeting House, donde giramos a la derecha en Milk Street para dirigirnos al Financial District, que queda más o menos delimitado por las vías Atlantic Avenue, State Street y Devonshire Street.

En este distrito tienen sede corredurías de seguros, bancos, empresas contables, consultorías y bufetes de abogados. Además en él se erigen hoteles como el Langham o el Hilton. No obstante, a pesar de tener un buen número de rascacielos, no es para nada comparable a otras ciudades de Norteamérica como ya habíamos visto al subir a las alturas.

El área incluye las Plazas Exchange e International, así como la emblemática Custom House Tower y la Post Office Square, una plaza que está ocupada casi por completo por el parque privado (aunque de acceso público) Norman B. Leventhal Park, llamado así por el administrador y diseñador del edificio de Boston que lo diseñó.

Antes del gran incendio de 1872 el área era un distrito residencial, en su posterior reconstrucción se ensancharon las calles y se creó una plaza en la que se levantó la Oficina de Correos y de ahí que tomara el nombre de Post Office Square.

En el número uno de la plaza se erige el undécimo edificio más alto de Boston, con una altura de 160 metros y que queda conectado con el The Langham Hotel gracias a un pasillo privado en la planta inferior.

En el centro de la plaza hay una columna dedicada a George Thorndike Angell, un abogado y filántropo que defendía un trato más humano de los animales. Fundó en 1868 la Massachusetts Society for the Prevention of Cruelty to Animals y se convirtió en editor de Our Dumb Animals, un periódico centrado también en la defensa de los animales. En el 89 fundó también la American Humane Education Society.

Se erige donde una vez se ubicaba un abrevadero para caballos. El agua salía de las cabezas de los leones en la base y caía en un recipiente. La columna queda rematada por un águila dorada.

Cerca de la columna se construyó en 1992 la Angell Memorial Fountain, una fuente también en su nombre y que simula un estanque pequeño en el que flotan hojas de lirios, aves y ranas.

Además, en el suelo de la plaza podemos ver placas con el dibujo de varios animales.

Aún nos quedaba algo de tarde, por lo que volvimos al puente sobre el río para hacer fotos del Skyline de Boston.

Tras el paseo de ida y vuelta por el río, volvimos al Boston Common para buscar un sitio donde comprar la cena y el último desayuno. Al ser domingo tan solo encontramos abierto un Seven Eleven, y tampoco tenía muchas opciones en realidad. Al final acabamos llevándonos unos bocadillos de ensalada de huevo y atún y unos bollos. Teníamos algo de picoteo y había que hacer limpia, así que no nos hacía falta mucho más. Todo por $19,17.

Siendo todavía media tarde, regresamos al apartamento a terminar de preparar las maletas y a llamar de nuevo a British Airways, porque mi hermano seguía sin recibir noticias. De hecho, cenamos y tras una hora al teléfono pasando la mayoría del tiempo en espera con la insoportable musiquita, cuando parecía que iban a solucionar el tema, se cortó la comunicación. Eso sí, recibió el cargo en la tarjeta dos minutos después, por lo que al final consiguieron sus billetes de embarque.

Ya respirando más tranquilos por tener la incidencia solucionada, nos fuimos a despedirnos de Boston con una sala de escape.