Serie Terminada: Catastrophe

Cuando hace unos tres años vi el piloto de Catastrophe enseguida me enganché. Los escasos 23 minutos que duró el capítulo me supieron a poco y ahora que ya he visto la serie completa (los 24 capítulos) he de decir que sigue quedándose corta.

Recordemos que Catastrophe comenzaba con un embarazo inesperado como consecuencia de unos encuentros causales en Londres entre Rob, un ejecutivo de Boston y Sharon una profesora irlandesa. Cuando deciden seguir adelante con el bebé, el estadounidense se muda a la capital inglesa para formar una familia.

Dinamita así ya de inicio todos los parámetros y estereotipos de las comedias románticas que estiran cual chicle una tensión sexual no resuelta que acaba resolviéndose como conclusión de la trama. Lo que podría haber sido el “y fueron felices” de cualquier otra ficción, aquí es el inicio de un viaje por la vida real. De conocer a los amigos y familia del otro, de descubrir manías y defectos… pero también de enamorarse poco a poco.

Porque sí, los protagonistas se enamoran. No lo hacen a primera vista, ni con fuegos artificiales, sino de una manera natural y cotidiana. Porque el amor no es como lo venden en la ficción (sea película, serie, novela o cuento de hadas). Por el contrario una relación de pareja (como cualquier otra) tiene sus altibajos, sus influjos externos, sus malentendidos… y ha de basarse en la amistad y el respeto.

Catastrophe refleja las dificultades de la vida real y deja fuera el idealismo. Construye un relato auténtico sobre las relaciones humanas, la familia, el amor y el matrimonio que va evolucionando a lo largo de las cuatro temporadas como lo hacen los personajes. En la primera tanda de episodios se centra en presentarnos a los protagonistas, sus entornos y su reciente relación. Con un toque cómodo vemos cómo construyen la pareja a la vez que asimilan su futura paternidad. En la segunda temporada damos un salto temporal para ver la llegada de una segunda criatura. En la tercera vivimos tiempos de crisis y un tono mucho más fatalista y triste con la recaída de Rob en el alcohol. Finalmente en la cuarta tenemos un afianzamiento de la familia. Rob y Sharon siguen teniendo sus problemas y sus debilidades, pero funcionan bien cuando colaboran juntos para solucionar cualquier obstáculo. Es una temporada muy emotiva que vuelve al humor de sus orígenes y supone un perfecto broche final con un nuevo embarazo y la proposición de Sharon de mudarse a Boston.

El éxito de la serie es su naturalidad para tratar cualquier tema, su tono atrevido y directo, las referencias culturales y los ácidos diálogos. Juega con el equilibro entre la comedia y el drama y a veces te lleva de la risa al dolor en un instante. Y viceversa, porque incluso en los momentos más tristes consigue arrancar una sonrisa (o incluso carcajada), como en el funeral del padre de Sharon o en el de la madre de Rob.

Pero si algo destaca por encima de todo son los personajes (también los secundarios) y la química que hay entre la pareja protagonista. Horgan y  Delaney han sabido llevar a la pantalla esa conexión que descubrieron un día hablando en twitter y le han dado forma aportando experiencias personales. Logran que el espectador empatice con Sharon y Rob.

Catastrophe tiene algo que engancha con ese humor cínico y ese reflejo de la cotidianidad y los defectos del ser humano. Sin duda todo un acierto y una pena que haya durado tan poco. Los británicos y esas manías suyas de unas temporadas tan cortas. Quedará en nuestro recuerdo.