Escape Room: The Clock Tower, Escape The Room Boston

No podía faltar una sala de escape en nuestro viaje. Y además no nos conformamos con cualquiera, sino que elegimos la que mejor comentarios tenía y que parecía bastante complicada. Ya vamos a por todas.

La novedad es que la sala era para hasta 10 personas y nosotros solo 4, de forma que si quedan plazas, puede acoplarse más gente, aunque no te conozcas de nada. Ya sabíamos que esto se hacía en alguna sala en Madrid, pero no es lo común. El caso es que hasta un par de horas antes estábamos solo apuntados los 4 para una sala a priori difícil y para muchos participantes. Pero a última hora parece que se apuntaron dos personas más, así que no sabíamos qué nos íbamos a encontrar.

Llegamos al local y en recepción nos dio la bienvenida un chico que simulaba la voz de un señor mayor… Ya para empezar nos desconcertó un poco esta acogida. Nos indicó que íbamos a jugar con una pareja que estaba sentada en la sala de espera, pero que ni siquiera nos saludó ni hizo por presentarse… Ni siquiera levantaron las cabezas de sus móviles. Pues vale.

Tras unos minutos de espera se nos presentó nuestro Game Master, un chaval que podría haber rodado el anuncio de “Si no son Micromachines no son los auténticos“. Se sabía tan de memoria la introducción que la repitió de carrerilla y sin apenas respirar. Nos preguntó si habíamos hecho alguna sala de escape con anterioridad así como trámite, porque a pesar de que los dos acoplados eran novatos, no dio ningún tipo de recomendación, consejo o pauta. Simplemente abrió la puerta y ¡Hala, para dentro!

Y allí estábamos, nosotros 4, que nos conocíamos y contábamos con algo de experiencia, hablando entre nosotros en una lengua ajena para integrar a dos personas que no conocíamos de nada, con los que no habíamos mediado ni una palabra y que además era su primera vez en un escape. Pero bueno, sabíamos que podía pasar, que podrían meternos con más gente, y obviamente, que sería en inglés. Pero claro, un poco de participación no habría venido mal.

Nada más empezar comentamos nuestra metodología: decir en alto lo que vamos encontrando, dejar todo lo que fuéramos encontrando en un sitio y apartar lo que fuéramos usando. Y la chica pareció comprenderlo bien y comenzó a integrarse, pero él… Él iba a su rollo parado frente a un reloj que proyectaba diferentes imágenes en modo aleatorio.

Pero empecemos por el principio, que he entrado de lleno sin hablar de la temática de la sala. Habíamos elegido The Clock Tower (La Torre del Reloj) y nuestra misión era sacar al profesor del túnel del tiempo en el que se ha quedado atrapado. Para ello contábamos con 60 minutos.

Empezamos como pollos sin cabeza. Porque claro, cuando conoces al resto de integrantes, más o menos das por válido cuando uno registra una zona, pero al participar con gente que no conoces y que es su primera vez, pues no sabes muy bien a qué atenerte. Además, de que cada uno tiene un proceso mental diferente, y cuando tienes a tu lado a familia o amigos, sabes las fortalezas y debilidades de cada integrante, pero de esta pareja… ni idea.

Todo estaba lleno de relojes, tanto digitales como analógicos. Además, había una mesa con varios mecanismos que requerían de imaginación para lograr hacerlos funcionar. Poco a poco, a medida que cada uno de nosotros fue centrándose, comenzamos a resolver los puzles y enigmas.

Prácticamente todo era a base de lógica y mecánica, había poca llave o candado (un par de cada, quizá), así que requería no solo de observación sino más bien de concentración para la resolución de cada una de las pruebas.

Por fin pasamos a la segunda sala habiendo empleado una sola pista. Y porque el Game Master vio que nos estábamos liando con el orden de unas letras. Teníamos el concepto, pero al jugar en un idioma extranjero el cerebro tarda un poco más en visualizar las palabras y nos estábamos atascando.

En la nueva estancia de nuevo una ambientación muy cuidada, con más aparatejos, instrumentos y mecanismos que poner en funcionamiento. Y relojes, claro. De nuevo comenzamos a revisar cada rincón, cada objeto… aunque no tan bien como deberíamos, pues a lo largo del juego fueron apareciendo piezas del puzle que tendrían que haber estado ya sobre la mesa.

Cuando parecía que estábamos metidos en el juego tras haber empezado algo fríos, de nuevo volvimos a empezar: había que buscar pistas y centrarse como equipo, pero cada uno iba por un lado y nuestros compañeros americanos no compartían lo que iban encontrando. Sin embargo, al ser tantos y dispersarnos, al final fuimos resolviendo los enigmas y conseguimos pasar a la tercera sala cuando apenas quedaban unos 10 – 12 minutos.

La recta final fue muy caótica. Ya no sabíamos ni qué idioma hablábamos entre nosotros, había una prueba de lógica que nos costó sacar porque no encontrábamos un detalle que nos serviría como punto de partida y nos atascamos con un mecanismo. Cuando quedaban 7 minutos yo ya pensaba que no íbamos a salir. Pero tras un par de indicaciones del Game Master, así como un poco de ensayo-error con el enigma de lógica conseguimos salir con el contador marcando los 55:14. ¡Qué estrés!

Tras salir, nos hicimos la foto de rigor y prácticamente nos echaron. Estamos acostumbrados a que el Game Master de turno haga comentarios sobre cómo lo hemos hecho, dónde nos hemos atascado, que nos explique algún mecanismo o enigma… Sin embargo, aquí nos preguntó si la experiencia se asemejaba a las salas de España y apenas se quedó a escuchar nuestra respuesta porque se tenía que marchar a preparar de nuevo la sala. Venga, que tengáis buena estancia en Boston.

Yo salí un poco desanimada, la verdad. No lo disfruté. No por la sala en sí, sino por los dos desconocidos con los que participamos. En un juego de escape la confianza, la compenetración y la comunicación son muy importantes. Y ahí flaqueamos.

En general es una buena sala con una temática muy trabajada, una ambientación preparada al detalle con originalidad y pruebas que no habíamos visto hasta la fecha. Requería de observación, concentración y  asociación de ideas, así que cuantos más integrantes mejor. Eso sí, creo que 10 quizá es un número muy alto y en algún momento puedes estorbar o quedarte mirando sin nada que hacer. Nosotros fuimos 6 y funcionó bien en cuanto a espacio y dinámica de movimiento, aunque fallara la cohesión del grupo.

El Game Master también supo cuándo intervenir, de forma sutil e incluso dando pistas en forma de acertijos. Guiaba, no nos lo daba resuelto. Aunque la comunicación era por medio de pantalla y estaba en la primera sala, con lo que había que pegarse carreras para leer las indicaciones o ver el tiempo. Eso sí, para este escape conviene tener un cierto conocimiento del inglés, pues además de la comunicación con el Game Master hay pistas textuales y audiovisuales a las que prestar atención.

Yo se lo recomendaría a grupos numerosos que prefieran jugar sin candados y que busquen una sala más activa en la que todo se puede tocar, mover o accionar (aunque fallan en no señalizar lo que no forma parte del juego y luego una se obceca con un candado y la búsqueda de un código).

En definitiva: buena sala, mala compañía.

2 comentarios en “Escape Room: The Clock Tower, Escape The Room Boston

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