Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 16: Regreso a Madrid

Teníamos el vuelo a las 17:35 y el apartamento quedaba a una media hora del aeropuerto, por lo que no teníamos prisa, al menos con destino Madrid, ya que los escoceses habían madrugado bastante para llegar a su vuelo a las 07:50 de la mañana. Las maletas estaban prácticamente cerradas a falta de un par de cosas, por lo que desayunamos y nos duchamos tranquilamente, terminamos de empacar, revisamos el apartamento y a la hora límite de la reserva marchamos hacia el aeropuerto.

Dado que los vuelos de Aer Lingus se consideran domésticos, no teníamos que ir a la misma terminal del día anterior, sino a la C. Sin embargo, no es que fuera mucho más grande. Sí que tenía algo más de movimiento, pero apenas había algunos locales de comida y alguna tienda. Como aún no estaba abierto nuestro mostrador de facturación, nos buscamos un asiento y nos sentamos a esperar tranquilamente.

Tras facturar nuestras maletas destino Madrid, nos preparamos para pasar el control cuanto antes, ya que sabíamos que iba a ser tedioso por ser Estados Unidos. No obstante, a pesar de tener que desarmar el equipaje de mano y descalzarse, fue bastante rápido y enseguida estábamos en el interior.

Al otro lado sí que la terminal era mucho más grande, con zonas de ocio, restauración y espacios infantiles.

Había que andar un buen trecho para llegar a nuestra puerta de embarque, pero como no habíamos comido, aprovechamos para ir fijándonos en la oferta disponible. Acabamos cogiendo unas ensaladas y unos sándwiches, pues tampoco queríamos hincharnos mucho antes de un vuelo tan largo. Buscamos un hueco donde sentarnos con el ordenador e hicimos tiempo mientras veíamos The Amazing Race.

El vuelo duró 6 horas y transcurrió tranquilo.

Enseguida nos sirvieron los snacks, y prácticamente a continuación la cena. Esta vez el menú incluía ensalada y lasaña de verduras. De postre, fruta. Aunque la ensalada la sirven sin aliño, he de decir que la lasaña estaba bastante rica.

Además, al recoger las bandejas volvieron a ofrecernos el helado, al igual que para la ida. Después, bajaron las luces y nos dejaron descansar. Intentamos dormir, ya que llegaríamos a Madrid a las 10 de la mañana y tendríamos que aguantar todo el día en pie para evitar el jet lag e incorporarnos al trabajo al día siguiente. No fue sencillo, pero sí que alguna siesta conseguimos echar.

Una hora antes del aterrizaje nos sirvieron un ligero desayuno: una magdalena y un zumo de naranja.

Llegamos a Dublín sobre las cuatro de la mañana, un poco antes de la hora prevista. Teníamos el vuelo de conexión a las 6:15, así que perfecto para nosotros que no tendríamos que ir a la carrera con la legaña en el ojo y medio dormidos. Sin embargo, el enlace resultó más sencillo de lo que parecía, ya que el personal de tierra nos fue dirigiendo. Tras bajar del avión (en pista) nos dirigimos a la terminal y allí nos quedamos esperando a que saliera en los paneles nuestra puerta de embarque, pues aún era pronto. No obstante, tras una media hora el personal empezó a anunciar destinos y horarios y nos fueron conduciendo a los autobuses que nos trasladarían a la terminal de nuestras puertas de embarque. Una vez localizada nuestra puerta, nos sentamos a esperar y dar alguna cabezada. Ya era martes 15 y todos llevábamos buenas caras de sueño.

El segundo vuelo fue también tranquilo. Ya sabíamos que el avión iba a ser algo más pequeño, que dispondríamos de menos espacio, pero en aquel momento solo queríamos dormir. Llegamos a Madrid en hora y nuestras maletas no tardaron mucho en salir, por lo que pudimos abandonar el aeropuerto de Barajas y volver a nuestra rutina después de tantos días de desconexión. El cansancio te hace querer llegar a casa, pero sabes que eso significa que el viaje ha acabado. Eso sí, la cabeza ya estaba en la planificación de las vacaciones de verano.