Serie Terminada: Casual

Tras acabar con Sense8, tocaba elegir serie finalizada. Después de lo profunda que había resultado esta última, había que aligerar un poco tanto en trama como en duración, así que retomamos Casual.

El piloto se presentaba como una dramedia sobre un soltero (Alex) que acoge en su casa a su hermana recién divorciada (Valerie) y a su hija adolescente. Juntos forman una familia disfuncional en la que la más madura parece ser Laura, de 16 años, aunque no por ello deja de tener los propios problemas de su edad.

Valerie es psiquiatra y en el aspecto laboral es bastante metódica, sin embargo, su vida se ha tambaleado cuando su marido le ha sido infiel con una mujer más joven y ahora necesita encontrarse a sí misma, saber hacia dónde quiere ir. Alex por su lado es espontáneo y descuidado. Ganó mucho dinero cuando co-fundó una web de citas y vive aparentemente sin preocupaciones en una casa enorme en una zona adinerada de Los Ángeles.

A pesar de sus personalidades tan dispares, están muy unidos como consecuencia de una infancia con unos padres un tanto despegados (por así decirlo). Ella es la mayor y siempre ha cuidado de su hermano, lo que hace que ambos tengan una cierta dependencia. Alex siempre busca el apoyo y consejo de Valerie en los momentos de bajón, y ella intenta estar siempre disponible para él.

Este trío protagonista sirve de hilo conductor para reflexionar sobre el mundo de las relaciones visto desde tres puntos de vista diferente. Y aunque el título Casual hace referencia a los encuentros sexuales, también toca las de pareja, de amistad o familiares. Sobre todo familiares.

Los personajes se caracterizan por su egoísmo. Están tocados emocionalmente y buscan definirse a sí mismos a la vez que intentan ser lo más opuesto posible a sus padres. Así, Alex y Valerie intentan encontrar una estabilidad que no vieron en el matrimonio de sus progenitores, quienes tuvieron una relación abierta; mientras Laura no quiere comprometerse porque ha visto cómo el “hasta que la muerte os separe” de los suyos no ha funcionado.

Si bien es cierto que la serie parece tener un tono casual y cotidiano, con escenas un tanto ligeras y bastante alejado de lo trascendental; no tiene mucho que ver con las típicas series de familias heterogéneas en las que hay un conflicto que acaba solucionándose a final del capítulo con todos sonrientes y felices. En Casual tenemos una familia disfuncional y dependiente, que se enfada y que sufre. Los conflictos no ocurren para darle una resolución positiva, sino realista. A medida que pasan los capítulos se va desmarcando de esta premisa inicial liviana y va construyendo cada uno de los personajes y sus complejas tramas emocionales. Según va avanzando la primera temporada va tomando un cariz más dramático  y acaba estallando en los dos últimos episodios.

La primera temporada sirve para conformar a los personajes y su nueva cotidianidad. El espectador los va conociendo a medida que ellos mismos exploran su interior. En la segunda sin embargo, aunque se sigue con la dinámica de la rutina diaria, la trama da un paso más. Si en el capítulo inicial quien se sentía rota era Valerie, en la segunda tanda es Alex quien pasa por su peor momento. Sin embargo, esto le servirá para descubrir que su problema es que se boicotea a sí mismo tanto en lo personal como en lo profesional. A partir de ahí tendrá que decidir qué cambiar, pero por lo menos ya sabe cuál es su punto de partida.

Valerie por su parte ya no solo piensa en qué tipo de relación quiere en su vida, sino que va más allá y se plantea qué vida quiere vivir. Pasa por toda una crisis existencial que le lleva a buscar su propia casa y mudarse de la de su hermano.

Laura también ha pasado por lo suyo. Tras el colapso a final de la temporada anterior decide no volver a su instituto y probar con una educación algo más flexible. En el nuevo centro hará nuevas amistades y afrontará nuevas relaciones sin compromiso. Es interesante además cómo busca específicamente conectar con un chico que está enfermo y tiene los días contados. Como si de esta manera pudiera proteger sus sentimientos.

En la tercera temporada los tres personajes intentan coger las riendas de su vida. A los dos adultos la muerte de su padre les supone todo un punto reflexión, sobre todo para Valerie, que descubre que en realidad no era su padre biológico y que tiene un medio hermano en Fresno. Laura por su parte sigue intentando encontrar su camino no solo personal, sino profesional.

La cuarta arranca con un salto temporal, un recurso que se suele utilizar para no estancarse en la trama y que sin embargo aquí creo que se usa como excusa para presentar la evolución de los personajes antes de cerrar la serie. Laura regresa a Los Ángeles con su nueva novia tras dos años viajando por el mundo, Alex es un padre entregado y Valerie ha decidido dejar su consulta psiquiátrica para abrir una vinoteca. Aparentemente los tres han reflexionado sobre sus conflictos, se han enfrentado a sus carencias y han madurado. Sin embargo, a pesar de que es innegable que han dado un paso adelante, todavía les queda un último empujón.

Esta última temporada sirve para dar un buen final a unos personajes que han sufrido mucho y han ido sumando experiencias con gran carga emocional. En este viaje han aprendido a gestionar sus sentimientos, se han liberado de ataduras y han aprendido a tomar decisiones. Seguirán cometiendo errores, pero ahora sabrán cómo enmendarlos. Y sobre todo, se tendrán los unos a los otros.

Me gusta que Laura y sus problemas son tratados con la misma seriedad que los del resto de los personajes huyendo de la mirada adulta condescendiente.

El piloto me atrajo por el tono sarcástico, por unos personajes imperfectos y por unas situaciones un tanto surrealistas. Pensaba que iba a ser una serie más ligera, sin grandes ambiciones; sin embargo pronto muestra su profundidad tocando temas como el amor platónico, el sexo casual, la influencia de los padres, la infidelidad, la muerte… Y siempre con naturalidad. Su mayor virtud es cómo consigue exponer las emociones complejas en medio de las situaciones cotidianas, así como que no quiere la cosa.

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