Serie Terminada: The Big Bang Theory

Tras 12 temporadas y 277 episodios, hace mes y medio The Big Bang Theory ponía el broche final a las historias de Sheldon, Leonard, Howard, Raj, Penny, Bernadette y Amy. Y ya era hora.

La serie comenzó como una de tantas series cómicas basadas en amigos, con la particularidad de que los protagonistas eran unos científicos un tanto frikis a los que les gustaba pasar tiempo jugando a juegos de rol, hablando de cómics, de películas como Star Wars y Star Trek y, por supuesto, de ciencias. Estos amigos son Sheldon Cooper y Leonard Hofstader, doctores en física, que comparten piso y trabajan en la Universidad de Pasadena; Howard Wolowitz, ingeniero, y Rajesh Koothrappali, astrofísico. Completa el reparto Penny, que se muda al otro lado del rellano de Sheldon y Leonard.

No tenía mal planteamiento y resultaba entretenida. Cojeaba un poco al centrarse demasiado en Sheldon Cooper y en cómo se relacionaban los demás con él para no ofenderle. Y es que Sheldon, a pesar de ser un físico con una mente brillante para la ciencia, es nulo en lo que a relaciones personales se refiere. Tampoco hay que olvidar que se basaba en muchos clichés y que había demasiadas referencias científicas y del mundo de los juegos de rol, videojuegos o cómics que a veces hacía que una pudiera perderse. Pero bueno, pese a todo, tenía un cierto punto.

Sin embargo, estos males fueron a más a medida que avanzaban las temporadas. Sheldon cada vez era más insoportable y cada vez me creía menos que alguien pudiera mantener como amigo a una persona como él, tan egocéntrica y ególatra. Por otro lado, los personajes se iban caricaturizando cada vez más y en la tercera temporada llegó el típico giro de este tipo de series: emparejar a los personajes. Así, Leonard y Penny empezaron a salir y se incorporaron al reparto Bernadette y Amy, ambas científicas, quienes se convertirían en las novias de Howard y Sheldon respectivamente. Y The Big Bang Theory dejó de ser una serie de científicos frikis y se convirtió en otra serie más de parejas con gags repetitivos, chistes que no acompañan y unos personajes planos que apenas evolucionan, salvo para casarse y tener hijos.

Hace ya unas temporadas que me interesaba cada vez menos y he estado a punto de dejarla, pero el anuncio de que finalizaría con la 12ª temporada me llevó a verla hasta el final. Hay que darle las gracias a Jim Parsons por anunciar que quería dejar la serie porque ya no había más de donde rascar.

Quizá con el cierre en mente, los guionistas han sido capaces de recuperar un poco el tono inicial de la serie. Aún así, la temporada ha girado demasiado en torno a Sheldon y la nominación al Nobel de Física por una investigación conjunta con Amy. Sí que hay que reconocer que entre tanto Raj también ha tenido su parte de protagonismo desistiendo en su empeño de buscar pareja y poniéndose en manos de su padre, pero el resto de protagonistas han aparecido como comparsas a lo largo de estos últimos 24 episodios.

Como era de esperar Amy y Sheldon consiguen el Nobel, lo que lleva al colapso a Sheldon, quien lleva mal los cambios. Sin embargo, la reflexión que nos deja el final es que todo seguirá igual: el grupo seguirá con sus investigaciones, con sus charlas frikis, con sus quedadas, con sus cenas en el salón de Leonard y Penny, Raj seguirá buscando el amor… El único cambio es que por fin han arreglado el ascensor y que Leonard y Penny van a ser padres.

Y esto último me ha molestado especialmente. Ya no el hecho de que los personajes hayan seguido las típicas pautas de las sitcoms que mencionaba anteriormente, sino porque durante toda la temporada se estaba mostrando un camino diferente. Era una buena oportunidad para mostrar que no pasa nada si un personaje (o una pareja) decide no tener hijos. Penny parece tenerlo claro, no se ve como madre, no necesita esa “evolución”, es feliz como está. Sin embargo, la presión de Leonard (¡que incluso llama al padre de Penny para que le apoye!) y de sus amigos hace que ella se replantee si no estaba equivocada. ¿Por qué nunca se plantea al revés? ¿Por qué nunca se reflexiona sobre si los personajes quieren o están realmente preparados para ser padres?

De hecho es tremendamente insultante cuando no solo se incide en esta pareja, sino que unos capítulos antes ya Amy comienza a manipular a Sheldon para que este vaya enfocando el tema y un día le surja de repente que quiere tener hijos. Es más, en el episodio final rechina el momento cambio radical de la científica con el corte de pelo y cambio de estilismo. Sobre todo porque es un personaje que hasta el momento había pasado de los cánones de belleza. Acaba de ganar un Nobel pero parece que lo único importante para que evolucione es centrarse en su físico… Y no, todo esto no se arregla con el discurso feminista en la entrega de premios. Es lo que ocurre cuando metes un relato con calzador y no porque realmente creas en él.

No obstante, pese a los fallos de la serie, hay que reconocer que han sabido cerrarla bien, haciendo que no pase nada, pero que a la vez Sheldon reconozca la importancia de todos los que le rodean y le consienten tanta “peculiaridad”. Tanta paz lleve.

Balcanes VII. Día 2: Recorriendo Zagreb IV: Ciudad Alta

Tras comer volvimos a la plaza del mercado y, de camino, nos topamos con la estatua de Petrica Kerempuh, una figura literaria que aparece en varias obras folclóricas.

Se halla en una plaza que lleva su nombre y en donde tiene lugar el mercado de las flores. Cuando llegamos a la plaza de Dolac, ya estaba completamente recogida y desierta. Las características sombrillas rojas ya estaban plegadas. Una pena no haber pasado en pleno bullicio cuando los puestos aún están montados para haber vivido de lleno el trasiego del mayor mercado de la ciudad.

Lleva funcionando desde 1930, cuando el Ayuntamiento decidió crear un mercado de abastos entre la Ciudad Alta y la Baja. La idea llevaba rondando desde principios de siglo, pero se descartó en diversas ocasiones. Para su construcción hubo que demoler varios edificios de la zona.

Al principio era algo local, pues acudían los comerciantes de los pueblos de los alrededores, sin embargo, con el tiempo se ha ido abriendo y hoy ofrece productos de todo el país. Consta de dos plantas y un entrepiso (construido en 1997). Los puestos de la plaza al aire libre se centran sobre todo en frutas y verduras, mientras que a su alrededor hay varias cafeterías, bares, locales comerciales, tiendecitas de recuerdos y artesanía, pastelerías y puestos de flores.

Además de esta plaza, se disponen puestos de productos cárnicos y lácteos en la zona baja. Por otro lado, uno de los laterales está dedicado a la venta de pescado y cuenta con unos mostradores que los vendedores pueden llenar de hielo para exponer su mercancía. Un sistema de refrigeración incorporado cinco años después de la inauguración del mercado. También estaba recogido, pero aunque había llovido, aún olía.

Bajo la plaza, hay otro mercado, el Tržnica Dolac, un mercado de abastos tradicional.

Se encuentra junto a una escalera en cuyo peldaño superior se halla la estatua de Kumica Barica, una escultura realizada en bronce que, representada como una campesina que porta un cesto en su cabeza, simboliza a todos los comerciantes de la plaza.

Cuando bajamos las escaleras no nos dimos cuenta, pero desde abajo se ve cómo hay dibujadas varias manzanas en los peldaños y una señora que parece haberlas recogido.

Claramente está hecho para que se vea desde esa perspectiva, antes de acceder al mercado.
En el altiplano que desciende hacia el antiguo extramuros de Kaptol se halla también la Iglesia de Santa María (Crkva svete Marije), de estilo gótico.

No es una iglesia especialmente llamativa, quizá donde más se dirige la mirada es al mural de la escalera.

Desde el mercado continuamos de nuevo hacia la animada calle Tkalčića, pues nos quedaba tarde por delante y sin embargo prácticamente habíamos hecho todo el recorrido que teníamos planificado. Nos había gustado el ambiente y la estética de la calle y había un tramo que no habíamos recorrido.

En esta parte de la calle destaca en el número 70 el restaurante-pastelería Ivica y Marica (Hansel y Gretel), cuya decoración exterior imita a la casa de la bruja del cuento con el tejado cubierto de chocolatinas.

En un parque, donde confluye la calle Tkalčića con la Kožarska encontramos la estatua de Marija Jurić Zagorka, quien fuera la primera mujer periodista croata. Además, es una de las escritoras más leídas en todo el país.

En el mismo parque además llama la atención un banco con el respaldo rematado con dos corazones, el símbolo de Croacia.

De vuelta, continuamos hasta la plaza principal de la ciudad, la Trg Bana Josipa Jelačića.

Le debe su nombre al Ban Josip Jelačić, el virrey que intentó derrotar al ejército húngaro en el siglo XIX para así conseguir independizarse del imperio. Aunque llevó a las tropas a una desastrosa batalla y no consiguió su propósito, está considerados un héroe nacional por abolir la servidumbre y convocar las primeras elecciones a las Cortes Croatas.

En el centro de la plaza se erige su estatua ecuestre, como no podía ser menos.

Realizada por el escultor austriaco Anton Dominik Fernkorn, fue colocada en 1866 y se mantuvo en su puesto hasta 1947, cuando Tito ordenó su retirada por considerar a Jelačić como “servidor de intereses extranjeros” y renombró la plaza como Plaza de la República. Fue recuperada después en 1990, aunque se ha girado hacia el sur, hacia donde ha seguido creciendo la ciudad, en lugar de hacia Hungría como estaba situada en un principio.

La plaza se construyó en el siglo XVII, cuando las autoridades de la ciudad la eligieron como lugar para celebrar las ferias, aunque por aquel entonces fue bautizada como Harmica según la palabra húngara que significaba “treinta”, pues ese era el importe del impuesto aduanero. Comenzó a cobrar protagonismo en 1830, una época en que las ciudades se abrían a las calles y largas avenidas que confluían en imponentes plazas. De aquella época datan también la mayoría de los edificios, aunque no por ello hay una representación homogénea de estilos.

Desde entonces ha sido el centro neurálgico de la ciudad y sirve de escenario para diversos acontecimientos sociales y en Navidad se llena de abetos, luces y decoración navideña. De ella salen o pasan varías líneas de tranvía, por lo que es muy transitada. El reloj sirve como punto de encuentro para sus lugareños. Algo así como el oso y el madroño en Madrid.

En la parte este de la plaza se descubrió la fuente Manduševac durante las obras de 1987. No destaca especialmente y puede pasarse por alto, pero está vinculada con el origen del nombre de la ciudad que ya comentamos y parece que se localiza sobre el manantial que suministró agua a la ciudad hasta finales del siglo XIX.

Abandonamos la plaza y volvimos a la Catedral Ortodoxa, pues cerca se encuentra Oktogon, un famoso pasaje comercial que conecta la Plaza Petar Preradović con la calle Ilica a través del edificio de la antigua primera Caja de Ahorros de Croacia.

En la fachada del edificio nos sorprendió una placa con un perro. Esta:

Recuerda a Pluto, un perro que, después de acudir un día hambriento a la obra donde se estaba levantando el banco y ser alimentado por los obreros, comenzó a dormir en la zona. Se convirtió en guardián de la construcción ahuyentando a los ladrones.

Cuando las obras estaban terminando fue asesinado, así que los trabajadores decidieron dedicarle un monumento. Hasta hace poco esta placa estaba en el patio interior, pero se decidió trasladar en 2013 a la fachada para que la historia se conozca y todo el mundo pueda verla.

Pero no encontrábamos la entrada al pasaje, pues pasa desapercibido totalmente por el tipo de edificio. Pero es que además estaba lleno de andamios, por lo que no pudimos ver su mayor atracción, la cúpula octogonal que le da nombre. Nos encontramos con un pasaje lúgubre y vacío.

Y como era domingo, todos los comercios cerrados. Uno de estos comercios es una famosa tienda de corbatas Kravata-Croata, otro de los símbolos de Croacia.

El origen de la corbata data de mediados de siglo XVII, cuando miles de soldados de lo que hoy es Croacia fueron a París para apoyar a Luis XIII. Estos llevaban su traje tradicional, que incorporaba al cuello una especie de pañuelo anudado al que llamaban hrvatska. La prenda parece que gustó a los franceses y bajo el nombre de cravate la incorporaron a los atuendos de los funcionarios. Después se extendería su uso y también la vestirían los caballeros de la corte. Poco a poco fue extendiéndose en las clases altas hasta el punto de convertirse en la insignia de la aristocracia en la Revolución Francesa.
En la actualidad, además de corazones, en toda Croacia se pueden comprar corbatas y el día 18 de octubre se celebra su día en muchas ciudades del país.

Tras la visita fracasada continuamos hasta la calle Bogovićeva, en busca de una de las esculturas más populares de la ciudad: el Sol Aterrizado.

Realizado por el artista Ivan Kozaric, se trata de una bola dorada que representa al sol. Dicho así no parece gran cosa, y menos viendo la cantidad de pintadas que tiene, pero la obra es interesante porque inició la creación de todo el sistema solar en Zagreb. Tras el sol, se fueron añadiendo los planetas por toda la ciudad siguiendo una escala de 1:680 000 000. Es decir, quedaría representado todo el sistema según las proporciones reales. Intentamos buscar varios planetas según las coordenadas, pero no los encontramos. No sé si quizá los han retirado debido a actos incívicos (como con el sol) o que fuimos unos negados de la observación.

Con otra desilusión a nuestras espaldas continuamos por la calle paralela, la Teslina ulica, donde nos topamos con una gran escultura de Nikola Tesla, inventor e ingeniero mecánico de origen croata (nació en Smiljan, pero luego se nacionalizó estadounidense tras emigrar a América).

Es todo un referente para los croatas y cada día el de más gente, que diría Matías Prats. Y es que aunque fue muy relevante en el pasado, ha quedado bastante olvidado hasta entrado este siglo. Parte de la culpa la tiene Tesla Motors, que usa su nombre además de una de sus creaciones por la cara porque las patentes han caducado. Aunque también tiene mucho que ver que se han ido descubriendo que muchas ideas no eran tan descabelladas como parecían. Incluso hay quien dice que predijo internet cuando pensaba en una forma de interconectar el mundo por medio de redes.

Descubrió e inventó muchas cosas, pero no siempre se llevó el reconocimiento. Por ejemplo, hasta 1943 no se le reconoció el invento de las transmisiones por radio, algo que se le venía atribuyendo a Marconi. Al parecer, aunque tenía muchas ideas, no siempre conseguía financiar sus inventos porque no se explicaba bien y apenas aportaba planos, pues estaba todo en su cabeza.

La calle Tesla nos conduce al extremo oriental de la herradura, que comienza con el Parque Zrinjevac, un área de recreo que recibe su nombre en honor al virrey croata, Nikola Šubić Zrinski.

En el centro se halla el pabellón de música, que en verano se usa como escenario de conciertos al aire libre, una costumbre arraigada desde el siglo XIX.

Cuenta además con la primera fuente de la ciudad, la Prva Zagrebačka Fontana, colocada tras la instalación de las tuberías en la ciudad en 1878.

Además, en uno de sus extremos se ubica un pilar meteorológico realizado en mármol y que muestra la presión, la temperatura y la hora. En el extremo opuesto pueden verse varios bustos de grandes figuras de la historia de Croacia.

A este parque le sigue otro, el Josip Juraj Strossmayer, donde se erige el edificio de la Academia Croata de las Artes y las Ciencias, fundada en 1866 bajo el nombre de Academia Yugoslava de Ciencias y Artes y con el obispo Josip Juraj Strossmayer como benefactor principal.

Llegados a este punto, si continuábamos la herradura, llegaríamos a la estación y muy cerca teníamos el alojamiento. Por un lado, apenas eran las cinco de la tarde, por lo que era pronto para volver al apartamento; pero por otro al día siguiente tendríamos que madrugar bastante para coger el tren de las 7 de la mañana, con lo que tampoco nos venía mal ducharnos y cenar pronto para dormir al menos ocho horas.

Así pues, tras decidir que era hora de recogerse, estudiamos las opciones que teníamos para cenar y, después de darle varias vueltas, decidimos volver sobre nuestros pasos hasta la plaza de Dolac para comprar en una pekara que habíamos visto. Compramos un croasán enorme relleno de lechuga, jamón york, queso y huevo y una especie de pretzel aunque con otra masa y relleno de queso. Hicimos una parada también para comprar unas cervezas locales (por 10 kunas cada lata) y nos volvimos al apartamento.

Después de reposar un rato, recogimos y dejamos prácticamente cerradas las mochilas. Nos duchamos y cenamos mientras veíamos un programa de la RAI (la tele en croata no nos aportaba mucho) en que hacían un repaso musical al estilo del programa de TVE Viaje al centro de la tele, aunque de peor calidad y menos humor.

Y poco más dio de sí el día. Tocaba descansar para al día siguiente cambiar de país.

Balcanes VI. Día 2: Recorriendo Zagreb III: Ciudad Alta

Desde la Plaza de San Marcos tomamos la calle Kamenita, que termina en la Puerta de Piedra (Kamenita vrata), la antigua entrada a la ciudad medieval de Gradec. Lamentablemente estaba en obras y tuvimos que verla desde la distancia.

En sí la puerta no es muy espectacular, pero se ha convertido en un lugar de culto y peregrinación (algo así como la Puerta de la Aurora en Vilna) porque en el interior hay una virgen que fue encontrada el 31 de mayo de 1731, un día después de que ocurriera un gran incendio que causó daños a la puerta. Desde entonces es la patrona de la ciudad y se conmemora el 31 de mayo.

Dado que no podíamos atravesarla sin llenarnos de barro hasta las orejas, continuamos por la calle Opatička hasta el Palača Rauch.

La manzana formada desde esta calle hasta la Demetrova (incluyendo Basaričekova y Mletačka) muestra el pasado medieval de la ciudad con casas señoriales, palacios y museos.

Pasado el museo de la ciudad, en la parte superior de la calle Opatija , se encuentra la Torre Popov, lo único que se conserva hoy en día del fuerte de Gracec. El sistema erigido fue construido a mediados del siglo XIII y la torre se incorporó en la primera mitad del XVI para proteger la puerta norte de la ciudad. El nombre coloquial se lo debe a que era propiedad del obispo. A mediados del XVII se convirtió en colegio.

En la primera mitad del siglo XIX se construyó el segundo piso y en 1903 se inauguró un observatorio en la cúpula.

Frente a la torre hay una pequeña plaza en la que hay una pequeña capilla hexagonal amurallada.

Se acercaba la hora de comer, por lo que tomando el callejón Felbingerove nos dirigimos a Kaptol, donde hay varias calles en las que abundan los restaurantes, sobre todo en la Tkalčića y en la Kaptol Ulica.

Fuimos echando un ojo a los menús y la oferta gastronómica. Parecía haber un claro favorito: el Ćevapi, un plato que consiste una especie de salchichas condimentadas acompañadas de cebolla picada y un pan parecido al del kebab llamado somum. En algunas variantes es sustituido por arroz blanco. Al parecer fueron los otomanos quienes introdujeron esta receta en la Península Balcánica tras habérsela copiado a los persas, por lo que no es raro que recuerde a los platos turcos.

Frente al Parque Opatovina encontramos una escultura de bronce de una mujer asomada a una ventana. Es de la artista croata Vera Dajht-Kralj y simboliza a las prostitutas que esperaban a los clientes en sus ventanas muy cerca de donde se encuentra.

Bordeando el parque llegamos al complejo de San Francisco de Asís, que incluye iglesia y monasterio.

La Iglesia de San Francisco (Crkva Svetog Franjo) fue construida en el siglo XIII, aunque parece que con anterioridad los franciscanos ya tenían una residencia en el lugar. Tanto la iglesia como el monasterio se vieron afectados por el terremoto de 1880, por lo que tuvieron que ser restaurados. Se intentó conservar el carácter gótico del edificio, aunque se aprovechó para añadir un nuevo campanario y una capilla.

Seguimos por la calle Kaptol echando un ojo a los restaurantes y opciones hasta llegar a la Catedral de Zagreb, dedicada a la Asunción de la Virgen María, aunque también es conocida como San Esteban, su segundo patrón.

Es otro de los símbolos de la ciudad, junto con la de San Marcos. Construida en el siglo XIII en estilo neogótico, es el templo más importante de Zagreb y el mayor edificio de este estilo en todo el país. Con una superficie de 1617 metros cuadrados puede acoger a más de 5.000 fieles.

La catedral se encontraba protegida por una fortificación medieval que fue ordenada por el obispo Thuz para que quedara protegida de los ataques otomanos. Sin embargo, la torre que había justo frente a la fachada fue demolida en 1906, tras la última restauración de la catedral y hoy se extiende una plaza en la que se erige una columna coronada por una figura dorada de la virgen.

En su base, sobre una fuente están las cuatro esculturas, también doradas, de los cuatro arcángeles.

Sin embargo, sí que se conservan las dos torres de sus flancos. Una junto al Palacio Arzobispal, y la otra en el flanco opuesto junto a los restos de la muralla.

En la muralla podemos ver además el antiguo reloj de la catedral, que marca las 7:03:03, el momento en que se paró el 9 de Noviembre de 1880 cuando un terremoto sacudió la ciudad.

Los temblores dañaron gravemente el templo, por lo que tuvo que ser restaurada. Fue entonces cuando se renovaron los campanarios neogóticos de 105 metros de altura y cuando la catedral adquirió el diseño actual, algo diferente del barroco renacentista original.

Frente al reloj contrastan dos columnas. Tras el terremoto, unos 150 albañiles trabajaron en la reconstrucción de la catedral, algo que se extendió hasta 1901. No obstante, se usó piedra de poca calidad de dos canteras cercanas debido al escaso presupuesto. La columna de la izquierda es una de aquellas “nuevas” y, como se puede ver, con el paso del tiempo, las condiciones atmosféricas fueron erosionando la piedra, que perdió sus detalles. La falta de fondos y el poco interés del comunismo en mantener edificios religiosos hicieron que no se restauraran y fueran deteriorándose más y más.
En 1990 se inició una nueva etapa de restauración en la que se fue sustituyendo cada una de las columnas deterioradas por una nueva como la de la derecha. Desde entonces, la catedral sigue pasando por constantes etapas de renovación, como se puede ver en los andamios, en que la fachada está demasiado limpia y en que faltan algunas figuras.

La catedral alberga un tesoro con importantes objetos históricos que van desde los siglos XI y XIX. Asimismo, acoge las tumbas de diversos héroes y mártires croatas. Las tres principales atracciones dentro de la iglesia son: el altar principal y su relieve plateado de la Sagrada Familia; la tumba de JosipJelačić y la lápida moderna de Alojzije Stepinac.

A mí sin embargo lo que más me llamó la atención fue la pared con un tipo de escritura que no había visto hasta la fecha (es lo que tiene ser filóloga).

Después, durante nuestro viaje, descubriríamos en las tiendas de recuerdos que se trata del alfabeto glagolítico, inventado por San Cirilo y San Metodio en el siglo IX. Estos dos hermanos eran de padre griego y madre búlgara, por lo que parece que se basaron en el alfabeto griego para la creación de este nuevo código que usarían para traducir textos religiosos al idioma de la región de la Gran Moravia. Desde entonces fue usado para el lenguaje litúrgico de la iglesia rusa hasta el siglo XII. En el siglo XIV nació el eslavo eclesiástico, una versión moderna que incluso hoy en día se utiliza en la iglesia ortodoxa rusa.

Y aquí está la pieza que siempre he sabido que me faltaba. Tras haber estudiado griego siempre he visto una clara similitud en algunos caracteres del alfabeto cirílico (su G (г) es claramente una Gamma, la P (п) una Pi, la R (р) una Ro, la F (ф) una Fi y la J (х) una Ji. Incluso se parece la D (д) a la Delta echándole algo de imaginación) y esto es porque claramente uno influyó en el otro. Bueno, realmente los hermanos Cirilio y Metodio, pues su discípulo búlgaro Kliment Ohridski fue quien inventó el alfabeto cirílico en el siglo X basándose en el glagolítico.

Tras salir de la catedral pusimos rumbo a Dolac, el bullicioso mercado de la ciudad que sin embargo estaba ya recogiendo, pues eran casi las dos. De lunes a sábado abre de 6.30 a las 3 de la tarde, pero los domingos cierra a la 1.

Así que, siguiendo las recomendaciones de mi hermano y mi prima, que habían estado hace unos años en la ciudad cuando hicieron el interrail, antes de continuar con la tarde, fuimos en busca de la Trattoria Leonardo, un restaurante en el que se comía bien, abundante y barato. A pesar de que nos sentamos por equivocación el la terraza del restaurante de al lado, no comimos nada mal.

Pedimos, como no podía ser menos, el famoso ćevapi, una ensalada griega y una pizza pequeña(que parece que también es un plato muy popular en la zona)

El servicio fue algo lento, lo cual nos permitió hacer una búsqueda de alojamiento para la noche del lunes al martes. Teníamos la duda de si elegir apartamento u hotel por la cuestión del equipaje. Y es que dado que íbamos a pasar el día a Liubliana, necesitábamos dejar el apartamento actual libre, pero a la vez no podríamos hacer la entrada en otro tan pronto (el tren era a las 7 de la mañana). Así pues, en ese sentido quizá buscar un hotel era la mejor alternativa ya que, aunque no tienes la habitación, sí que te guardan las pertenencias (como hicimos en Gdańsk). No obstante, al tratarse de una reserva de última hora los precios se disparaban. Por el contrario, los apartamentos costaban más o menos lo mismo que unos meses antes, así que la solución que encontramos fue dejar las mochilas en las taquillas de la estación de Zagreb y recogerlas a la vuelta.

Volviendo a la comida, las raciones estaban bien de tamaño, estaba rico y fue barato. Eso sí, el cévapi no me pareció para tanto. Estaba bien de sabor, sí, pero si lo valoramos como originalidad gastronómica, no deja de ser un rollo de carne sazonado. Pero bueno, quizá es cosa mía que no soy muy carnívora.

Y con esto concluimos la mañana de nuestro primer día.

Serie Terminada: Juego de Tronos

Hace un mes que acabara Juego de Tronos y creo que ya es el momento en que se puede hablar de ella tras haber reflexionado sobre su final. Y también ha dado tiempo a aquellos rezagados para ponerse al día. De todas formas, por si acaso, a partir de aquí, puede haber SPOILERS.

Antes de nada he de confesar que no me senté a ver el piloto con mucha emoción. Mi pareja había empezado la saga literaria Canción de Hielo y Fuego hacía un tiempo recomendado por un amigo y, cuando salió la serie, propuso que viéramos el piloto como hacemos con tantas otras cada temporada. Sabiendo que era de corte fantástica y que no es una temática que me apasione especialmente ni en literatura ni en cine o televisión, pues ya iba en modo negación. El capítulo ya empezaba con los caminantes blancos y aquello no me despertaba especial ilusión, pero parece que el aspecto fantástico iba a ser bastante limitado al principio e iba a ir aumentando a medida que avanzara la historia, así que tenía esperanza de que el resto de la trama me enganchara para que lo demás pasara a un segundo plano. Para cuando quise darme cuenta me había encariñado de algún personaje y no podía creerme que Ned Stark hubiera sido decapitado.

Y sí, con aquello la serie despertó mi curiosidad al romper totalmente los esquemas y como era de esperar, acabé viéndola. Y ocho temporadas después, el final también me descolocó y he necesitado tiempo para tomar perspectiva y reflexionar si ha sido un buen final o no.

Para empezar, vuelvo a remarcar que yo no me he leído los libros, por lo que obviamente mi universo es bastante más reducido que el de un fan de la saga literaria. Como suele ocurrir, en la serie faltan muchos detalles, se han caído personajes y hay tramas que se han reorganizado, suprimido o reinventado, pero al final es lo frecuente en las adaptaciones y por lo que los lectores nos solemos quedar con las novelas (la única vez que no me ha ocurrido fue en The Handmaid’s Tale). Hay que aceptarlo como lo que es: una “serie basada en”. Por supuesto, entiendo que hay quien esperaba mucho más, pero hay que ser realistas y comprender que es difícil que una obra tan coral que se traduzca de un lenguaje literario a uno cinematográfico al 100%. El problema de la serie sin embargo creo que llegó cuando la serie superó a la trama ya escrita en la sexta temporada.

Y esto es algo evidente aunque una no se haya leído los libros. Llegó un momento en que la serie decayó. Y es que aunque el autor dio unas directrices sobre los puntos claves que tenían que ocurrir para llegar al final, el resto fue relleno de los productores. Aquí se notó que no había tanta coherencia, tantas horas de reflexión de la trama. No es lo mismo contar con 3000 páginas y reducirlas a un guion de una temporada de 10 episodios, que escribir desde cero. Todo se precipitó, parecía que lo único interesante era cerrar tramas y dirigirlo todo a un final. Por ejemplo, esto se veía claramente en los desplazamientos de los personajes. Así, mientras que en las primeras temporadas los viajes de los protagonistas servían para contarnos algo además del viaje en sí, en las últimas lo único que importaba era el destino.

Parece que Martin quería que se lo tomaran con más calma mientras él terminaba la saga, aduciendo que tenían material de sobra para seguir con la serie. Sin embargo, los responsables debieron pensar que el escritor iba demasiado lento (habrá que ver si no hace un Larsson) y que debían seguir su propio camino. HBO propuso a David Benioff y Dan Weiss cerrarla en 10 temporadas, pero ellos decidieron que mejor 8. Viendo que además redujeron los capítulos de las últimas temporadas (aunque con metraje más largo) me da que pensar que no querían alargar tanto tiempo la serie en gran medida porque querían cambiar de proyecto. Aunque también puede que tuviera que ver el aspecto económico. No es solo toda la producción que necesitaba en cuanto a lugares de rodaje, la cantidad de personal de grabación y postproducción que requería, sino que había que mantener a unos protagonistas principales que imagino que cada temporada querrían cobrar más dada la repercusión de la serie. Por no hablar de que los críos crecen, se convierten en adolescentes, adultos… y si alargas mucho el chicle, un personaje que se supone que tenía 15 años en la serie, acaba siendo interpretado por un actor de 40. No obstante, creo que el planteamiento de HBO era bueno. Con 10 temporadas de 10 capítulos cada una se habría cerrado todo con algo más de dignidad, sin tanta precipitación ni cabos sueltos.

Porque sí, llegamos a la última temporada y se convierte en una montaña rusa. Es verdad que Juego de Tronos fue siempre una serie (y unos libros) en la que parecía que iba a desatarse una gran guerra, pero que luego quedaba en pequeñas batallas en las que caían algunos personajes relevantes, como por ejemplo en la Boda Roja; sin embargo, creo que todos nos quedamos algo chafados con el capítulo 3 y la batalla contra los caminantes blancos. Tanto que el invierno iba a llegar, que si la gran amenaza de los muertos… y luego nos lo ventilamos en 80 minutos. No digo que no fuera un buen capítulo (yo no lo vi tan oscuro como otros se quejaron), pero me supo a poco. Entiendo que el primer episodio de la temporada fuera para reunir a todos los personajes, para poner las cartas sobre la mesa y hacer recuento de las tramas. También que el segundo fuera de preparación ante una gran batalla, de despedidas por si acaso no salen de ella; sin embargo, creo que la gran batalla podría haberse dividido en un par de episodios (al menos) manteniendo más aún la tensión.

De hecho, creo que de la temporada 6 y 7 se podrían haber sacado 3 temporadas, que la 9 podría haber tenido un arco centrado en la llegada de los caminantes, y finalmente la 10 para la batalla de los vivos. Por que sí, un capítulo para arrasar con Desembarco del Rey sabe a poco. Se echan de menos las conversaciones sobre tácticas de guerra, los tejemanejes, los engaños, las puñaladas por la espalda (metafóricas y literales) de las primeras temporadas. Porque sí, de eso iba Canción de Hielo y Fuego, de ambición, traición, violencia, sangre derramada, fuego que lo arrasa todo… De poder. ¿Y quién acaba siendo Rey? El más poderoso de todos, el que todo lo ve… Un Bran Stark del que nos habíamos olvidado mientras hacíamos quinielas entre Jon, Daeneys, Tyrion, Sansa o incluso Arya.

Nos habíamos despistado con otros personajes. Llegamos a la octava temporada con una Daenerys que a medida que ve más cerca el trono, se va volviendo más ciega de poder. Hay quien no quedó con esta progresión del personaje, sin embargo, tenía todo el sentido. Era de esperar esta evolución de la madre de dragones, pero no por su genética o ser hija del Rey Loco, sino por su obsesión por recuperar aquello que considera suyo. Desde pequeña le han contado historias sobre el Trono de Hierro arrebatado a su familia y ella tiene un objetivo claro: sentarse en él. El problema es que hemos empatizado con ella y su sufrimiento (vendida por su hermano, violada por Drogo, a punto de morir a mano de los Dothrakis… ) y que nos la creemos cuando se nombra a sí misma como rompedora de cadenas y emancipadora de los pueblos reprimidos. Pero si lo pensamos fríamente, realmente nadie se podría haber opuesto a ella. O sí, pero habría acabado calcinado, como los Tarly. Más que una libertadora es una conquistadora que cree que el fin justifica los medios, y por eso arrasa con Desembarco del Rey, no porque se haya vuelto loca. También contribuye mucho a que nos choque que se comporte así el hecho de que la temporada sea tan rápida.

Por otro lado, habíamos descubierto en la temporada anterior que Jon Snow en realidad no era un bastardo, sino Aegon Targaryen Stark, por lo que en realidad él sería el legítimo heredero al trono. Así, estaba bastante arriba en las apuestas. Sin embargo, volviendo la vista atrás, realmente es un personaje que tampoco ha hecho tanto. Por mucho que haya liderado a la Guardia de la Noche, a los Salvajes y haya convencido a todos de que había que unirse para luchar contra los caminantes blancos… lo cierto es que siempre ha ido a caballo de las acciones de otros personajes. No termina de llevar nunca la iniciativa. Y lo mismo le ocurre en esta última temporada. Sabe quién es, pero no quiere liderar. Es verdad que lo venden como que es por lealtad a su amada, que él no ansía el puesto y que ella es y siempre será su reina; pero en el fondo, sabe que Daenerys no está siendo lo justa que debería ser. Y no hace nada… pone cara triste y mira para otro lado. Y si no es por el empujón de Tyrion, él no hubiera acabado con la Khaleesi. Al final acaba exiliado en el muro (que no sé para qué hay Guardia si ya no hay caminantes) y viajando al norte con su amigo Tormund y el resto de salvajes.

Un cierre insulso para un personaje que se nos había vendido como un supuesto héroe. Tanto misterio sobre sus orígenes para luego no jugar la carta Targaryen y acabar como empezó. Jon Snow se me ha ido desdibujando con las temporadas, aunque creo que mucho tienen que ver las cualidades interpretativas de Kit Harington, que han desdibujado bastante a este supuesto héroe.

El final de Ayra que me pareció un poco simplón al acabar el último capítulo, ahora me parece que sí tiene coherencia. La pequeña Stark tenía claras sus prioridades desde pequeña, ella quería luchar, no jugar a las princesas como su hermana Sansa. Quería ser dueña de su vida, de sus batallas y no ser una consorte. Y lo consigue. Desde que ve cómo decapitan a su padre y huye, se forja a sí misma. Es un Hércules que ha de superar una serie de pruebas para volver a casa y acabar con el Rey de la Noche. No nos lo esperábamos, y sin embargo tiene todo el sentido que fuera ella quien le atestara la última puñalada.

Pero después de ese golpe de efecto, yo me esperaba algo más de acción en los últimos episodios, como por ejemplo que también hubiera acabado con Cersei, uno de los miembros de honor de su lista. Sin embargo, esta acaba muriendo sepultada bajo los escombros abrazada a su hermano Jaime en una escena un tanto simplona. Ambos personajes merecían una muerte más épica. Había otra oportunidad para Ayra en el último capítulo cuando ve en qué se ha convertido Daenerys, y más sabiendo quién es Jon. Pero aquí tampoco debieron considerar que era su momento. Entiendo que decidieron que le tocaba a Jon, pero la relevancia de Ayra se fue apagando y creo que merecía mucho más un personaje que ha hecho un recorrido tan largo. Por lo demás, entiendo que se vaya a ver mundo, va con su carácter aventurero. Ella nunca será una dama.

Quien no sólo es una dama, sino que se convierte en reina es Sansa, quizá uno de los personajes que más ha evolucionado en la serie. Comenzó como una niña que soñaba con cuentos de princesas y acabó siendo una mujer con un par de ovarios que ha defendido su casa y exigido su independencia.

Poco queda de aquella Sansa inocente que abandonó todo por un príncipe rubio de cuento de hadas que resultó ser un tirano, de aquella niña asustadiza que fue casada con el hermano odiado, de aquella adolescente que fue de nuevo casada con un perturbado y después acosada por un señor mayor que ya tenía obsesión con su madre…

Sansa comenzó siendo el claro estereotipo de la niña frágil, dócil, ingenua y guapa que se va a convertir en consorte. Lo único que se espera de ella es un matrimonio de conveniencia, que se comporte como una mujer florero y para muchos críos que perpetúen esa unión. Sin embargo, en determinado momento se adueña de su propio relato harta ya de la humillación, los golpes y la violación (tanto de su cuerpo como de su intimidad).

Creo que mucho tiene que ver la influencia de Cersei, una mujer que quería estar en el trono pero que por ser mujer, quedó relegada también a consorte siendo también ninguneada por su padre y marido. Sin embargo, supo encontrar su hueco y hacerse con el puesto. Sansa aprende de ese coraje y esa determinación porque no le queda otra. Así, pese a lo que sufre, deja atrás el victimismo y se erige como una gran estadista que se propone regresar a su casa y recuperar su reino. Y no cede ni ante Daenerys ni ante el consejo. Ella es la Reina en el Norte. Y sin haber masacrado a nadie (lo del Bolton no cuenta).

La evolución de Tyrion también es interesante. En su familia nadie le quiere ni le toma en serio (a excepción de Jaime), así que decide pasar de todo y decide vivir sus días en prostíbulos y bebiendo vino.

Pero llega un momento en que cambia y decide tomar las riendas y elegir bando en esta lucha por el poder. No obstante, llega a la temporada final dudando de si ha elegido correctamente a quién rendir lealtad e intenta darle la vuelta a la tortilla empujando a Jon a que mueva ficha. Sin duda también es un gran estadista, y así lo demuestra como mano de la reina (aunque también se equivoque en sus predicciones) y finalmente en la cumbre cuando propone a Bran como rey sentando así las bases de una nueva monarquía en la que el heredero no lo será por sangre sino elegido entre y por los nobles. Como decía más arriba, esto no lo habíamos visto venir y se nos quedó la misma cara que a Sansa. ¿Bran rey?

Pero ahí está Tyrion para exponer todo un alegato a su favor con una reflexión sobre la importancia de las historias. Y es que al final, quien cuenta la historia tiene el poder, ya que elige qué y cómo lo cuenta. Quien posee el relato de los sucesos, posee el poder. Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿Bran Stark ya sabía que iba a ser rey? ¿Lo ha orquestado todo manejando al resto de personajes como si de marionetas se tratara? Recordemos que es quien le da la espada a Arya, quien insiste a Sam de que le cuente a Jon quién es, quien al final acaba descubriendo los orígenes Targaryen de este a sus hermanas… ¿Es por eso por lo que dice que no le corresponde ser Lord Stark? Porque luego ante la proposición de Tyrion bien que dice “por eso estoy aquí”. Hablaríamos entonces del mayor villano de todos.

En fin, muchas preguntas sin resolver, muchos cabos sueltos que se han quedado sin respuesta. Por ejemplo, ¿es en realidad Tyrion un Targaryen? ¿Quién era el rey de la noche? ¿Por qué no ardió? ¿Quién es la víctima de ojos verdes de Arya de la profecía de Melisandre? ¿Qué ha pasado con las cartas de Varys? ¿Sirvieron para algo? ¿Cómo puede ser que los Dothraki y los Inmaculados se vayan sin más? ¿Por qué nadie más reivindica su independencia cuando lo hace Sansa?

Supongo que nunca lo sabremos, porque aunque Martin acabe la saga, a saber los caminos que toma. Toca despedirse de este Juego de Tronos tras 73 capítulos con una moraleja bastante simplona. Mucho hablar de romper la rueda, pero en realidad acaba como empieza, con los nobles en el poder tomando las mismas decisiones. Y seguramente con conflictos dinásticos en el horizonte que conducirán de nuevo a una guerra de sucesión. Nada nuevo bajo el sol.

Balcanes V. Recorriendo Zagreb II: Día 2: De la Ciudad Baja a la Ciudad Alta

Dejando atrás la herradura, continuamos por la calle Masarykova, donde enseguida nos topamos con la Casa Museo de Viktor Kovačić, el apartamento en que residió el famoso arquitecto croata. Fue su mujer quien decidió dejarlo intacto a la muerte de este para acercar a generaciones futuras al trabajo de su marido y al estilo de vida de aquella época. Pertenece al Museo de la ciudad desde 1980 y fue abierta al público en 1994.

El edificio fue diseñado en 1906 para Antun Orsic y Regina Divkovic y Kovačić, en lugar de recibir compensación económica por su trabajo, a cambio pudo construirse un apartamento en la buhardilla.

Seguimos hacia el centro, donde en la calle Varšavska, aunque buscábamos otra escultura, nos encontramos con una estatua en honor al poeta Tin Ujević, representado como un transeúnte más, con su abrigo y sombrero.

En la plaza anexa, la Petar Preradovic, se erige la Catedral Ortodoxa de Zagreb (también conocida como Catedral de la Transfiguración del Señor), construida entre 1865 y 1866 según los diseños del arquitecto Franjo Klein.

Donde se erige hoy la Catedral ya había una iglesia católica dedicada a Santa Margarita allá por el siglo XIV. Sin embargo, al ser de madera, no sobrevivió a un incendio.

En su fachada, bastante austera, destacan dos imágenes que recuerdan que es de estilo ortodoxo.

La plaza en la que se encuentra recibe el nombre de un general y poeta croata, aunque también es conocida como la plaza de las flores pues es en ella donde se montan numerosos puestos. Nosotros no encontramos ningún mercado de flores, sino que con la lluvia la gente se resguardaba bajo los toldos de las terrazas de los restaurantes.

Giramos a la izquierda por la calle Ilica, una de las calles más largas de la ciudad con unos seis kilómetros de longitud. Es la calle más comercial de Zagreb, y en ella se encuentran las más populares firmas de ropa, también algunas de las más exclusivas.

No obstante, a nosotros no nos interesaban mucho las compras, sino llegar hasta el cruce con la calle Mesnička, donde se encuentra la estatua de Andrija Kačić, un monje franciscano croata que además fue poeta.

Esta calle nos conduce hasta el inicio de los túneles. Y es que bajo Zagreb hay una red de túneles secretos que se cree que incluso llegan hasta las montañas de Medvednica a unos 40 km de la ciudad o que conectan con el palacio del Parlamento en la Plaza de San Marcos. El único tramo que no es secreto es túnel de Grić.

Fue construido en 1943, durante la II Guerra Mundial, con la finalidad de ser usado como refugio antiaéreo. Tras la guerra sufrió daños ocasionados por filtraciones de agua, así que en 1947 fue asegurado. Dos años más tarde comenzó a ser empleado como almacén por una empresa dedicada a la alimentación. Sin embargo, con el tiempo acabó sirviendo como refugio para gente sin hogar y drogadictos.

En 1993 sirvió para la celebración de la Under City Rave, una de las primeras raves en Croacia, con DJs de Alemania y del Reino Unido. A la vez, durante los años de la Guerra de la Independencia de Croacia volvió a servir como refugio antiaéreo.

Fue remodelado en 2016 y se abrió al público como atracción turística. Aún se conservan algunas señalizaciones originales, aunque la restauración ha sido parcial y no se leen completamente.

Abre de 9 de la mañana a 9 de la noche y su acceso es gratuito. No es para nada lúgubre ni da claustrofobia, eso sí, si quieres ubicarte, más te vale seguir las señales o la orientación, porque el GPS pierde cobertura.

Consta de una sala central desde la que salen pasillos que conectan la calle Mesnička en el oeste y la calle Stjepan Radić al este, además de cuatro pasajes hacia el sur. Nosotros accedimos por Strossmayerovo šetalište y salimos por la calle Ilica 8, a un patio trasero en el que había un curioso bar, el Caffe Bar Vespa.

Además de tener una vespa en lo alto del tejado, nos llamó la atención por sus vaqueros colocados a lo largo de su terraza (también en la vespa) a modo de medio cuerpo.

Imagino que es uno de esos locales hipsters tan de moda…

Salimos a la Radićeva ulica, una calle empedrada con casas coloridas de un par de plantas que me recordó al barrio de Praga en que nos alojamos. Eso sí, estaba algo más tranquila. Imagino que en parte por la lluvia intermitente y en parte porque era media mañana y muchos de los locales en sus bajos eran restaurantes. Destaca la popular Krabata Zagreb, la marca más antigua de venta de corbatas.

No obstante, esta calle nos desviaba de nuestro propósito, por lo que nos metimos por Zakmardijeve stube, un curioso callejón que parecía tener una alfombra en todo su recorrido. Una pena que las firmas de las paredes le quitaran algo de encanto.

Al otro lado encontramos unas escaleras que nos condujeron a una terraza que permite obtener una buena panorámica de la ciudad. Por suerte las nubes parecían haber descargado (o estar por Liubliana) y lo único que impedía las vistas eran los frondosos árboles.

Parece que no es solo un lugar desde donde contemplar Zagreb, sino que también es el elegido para que los enamorados declaren su amor. O al menos eso piensan los amigos de los candados. Al menos esta vez no se trata de un puente…

Bajo esta terraza hay otra en la que encontramos un par de enormes murales, uno de ellos dedicado a Tesla.

Volviendo al piso superior nos encontramos con el lateral de la Iglesia de Santa Catalina de Alejandría (Sveta Katarina Aleksandrijska),  una austera iglesia construida de 1620 a 1632 por los jesuitas que cuenta con una nave, seis capillas laterales y santuario.

Su fachada da a la plaza Katarinin Trg, flanqueada por una galería de arte, el Palača Dverce y el Museo de las Relaciones Rotas.

El Museo de las Relaciones Rotas es uno de los más curiosos que me he encontrado en mi vida. En 2003 Olinka Vištica (productora de cine) y Dražen Grubisic (escultor) terminaron su relación y crearon una colección de objetos personales a la que fueron añadiendo de sus amigos. Tres años más tarde montaron una exposición en Zagreb.

Tuvo tanto éxito que entre 2006 y 2010 la llevaron a recorrer mundo (Argentina, Bosnia y Herzegovina, Alemania, Macedonia, Filipinas, Serbia, Singapur, Eslovenia, Sudáfrica, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos), donde fue aumentando de forma espontánea gracias a las donaciones anónimas. Tras esta gira volvieron a casa y alquilaron el palacio barroco de Kulmer de 300 metros cuadrados donde se encuentra hoy en día. Aún así, cuenta con una exposición itinerante que sigue viajando internacionalmente y recogiendo nuevas aportaciones.

Parece que es uno de los museos más visitados de la ciudad (también es verdad que abre todos los días de la semana) y sigue llamando la atención por su peculiaridad. La contrapartida es que esta fama hace que no dejen de recibir nuevos objetos, por lo que cada vez cuentan con menos espacio. Pero han encontrado una interesante solución: crear una sala virtual que se puede ver online.

Aunque reconozco su originalidad, no nos llamaba especialmente la atención ver memorabilia de gente desconocida, por lo que continuamos nuestro camino hasta la Torre de Lotrščak, la que fuera en su día la torre principal del sistema defensivo de la ciudad.

Construida en el siglo XIII, según algunos dibujos antiguos, parece que tenía dos plantas y un tejado a cuatro aguas. Se entraba por el norte y contaba con una escalera exterior que conducía al piso superior. Cuando a finales del siglo XVI la amenaza turca disminuyó, la torre perdió la función defensiva y con el paso de los siglos se llevaron a cabo cambios que modificaron su aspecto.

Recibe el nombre por su campana interior, la campana latrunculorum (campana de los ladrones en latín), que en la Edad Media sonaba cada noche antes de que se cerraran las puertas de la ciudad. En 1857 se añadieron dos plantas más y se modificó la comunicación interior entre los diferentes pisos. Además, se colocó un cañón en la parte superior que desde 1877 marca el mediodía. Nosotros, sin habérnoslo propuesto, llegamos justo a tiempo de vivirlo en persona.

Esperábamos algo así como el del castillo de Edimburgo, sin embargo, nos llevamos un buen susto (de ahí el movimiento de la cámara), pues el volumen de sonido del cañón de Grič es de 130 dB.

Desde la terraza junto a la torre tenemos también otra perspectiva de los tejados de la ciudad.

Con la sorpresa en el cuerpo volvimos sobre nuestros pies de nuevo hasta el Museo de las Relaciones Rotas, donde tomamos la calle Ćirilometodska, donde se encuentra la Concatedral de San Cirilio y San Metodio (Sveti Ćiril i Metod).

Construida en 1886, se ubica en el lugar en que antes se encontraba la Iglesia de San Basilio, a la que acudían los griegos católicos. A cada lado del rosetón tiene las imágenes de los dos santos que le dan nombre.

Está pared con pared con el en el palacio de Raffay, que data del siglo XVIII y en el que se ubica el Museo Croata de Arte Naif.

A estas alturas de la calle ya casi alcanzamos a ver por completo la Iglesia de San Marcos (Crkva Svetog Marka), sin duda, uno de los símbolos de la ciudad.

Se erige en el centro de la Plaza San Marcos y destaca por su colorido tejado en el que se representan los escudos medievales del Reino de Croacia, Eslavonia y Dalmacia a la izquierda y el de la Zagreb a la derecha. No obstante, estas tejas vidriadas son un añadido de la restauración neogótica llevada a cabo entre 1876 y 1882, no estaba en la construcción original en el siglo XIII.

De hecho, de su construcción románica solo quedan las tres naves, puesto que las bóvedas y el santuario se incorporaron en la segunda mitad del siglo XIV, cuando también se añadió el portal gótico de 15 estatuas.

El interior fue reconstruido entre 1936 y 1938 por el escultor Ivan Meštrović y el pintor Jozo Kljaković, quien pintó unos frescos que representan escenas del Antiguo y del Viejo Testamento.

La iglesia se encuentra flanqueada por dos edificios gubernamentales: el Banski dvori y el sabor.

El Banski dvori fue desde 1809 hasta 1918 la residencia oficial de los virreyes croatas, más tarde, durante la II Guerra Mundial y el Estado Independiente de Croacia sirvió como la oficina de Poglavnik Ante Pavelić, por lo que fue conocido como Corte de Poglavnik. Entre 1945 y 1991 fue la residencia oficial de la Presidencia de la República Socialista de Croacia, sin embargo, unos bombardeos el 7 de octubre de 1991 que pretendían atentar contra la vida del presidente croata Franjo Tuđman hicieron que la residencia presidencial se trasladara al palacio presidencial, antes conocido como Villa Zagorje. En 1995 fue reconstruido para borrar los restos de los ataques. Entre 2001 y 2002 se realizaron trabajos en los patios y en 2008 se restauró toda la fachada, dos salas de reuniones y el vestíbulo entre otras reparaciones. En 2017 se cambiaron los suelos, los sistemas de ventilación y se renovaron los sistemas de iluminación, instalaciones y grabaciones de TV, traducción de sonido y simultánea, sistemas de información para adecuarse al siglo XXI.

El Sabor, en el otro extremo de la plaza, es el Parlamento de Croacia, construido en 1908 en estilo neoclásico.

Es la única cámara del país. desde 2001 y está compuesto por 151 miembros que se renuevan cada cuatro años (140 elegidos en circunscripciones con varios escaños, 8 de las minorías y 3 de la diáspora croata).

En la parte posterior de la iglesia se halla el Tribunal Constitucional.

Estábamos justo en el meollo de la Ciudad Alta. Ahora nos tocaba callejear y perdernos por las calles empedradas llenas de palacios y museos.

Balcanes IV. Día 2: Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

Aunque son las ciudades costeras las que más visitantes reciben, Zagreb no se queda atrás y es uno de los destinos más importantes del país. En parte gracias a ser la capital. Se extiende por las laderas de la montaña de Medvednica y las orillas del río Sava, una posición geográfica que favorece la conexión entre Europa Central y el Mar Adriático. Gracias a ello es un relevante centro comercial y eje del transporte con importantes conexiones terrestres, ferroviarias y aéreas no solo del país sino del continente.

Según una de las leyendas, la región donde se asienta Zagreb era muy seca. Sin embargo, en una ocasión el virrey, para dar de beber a sus hombres y a los caballos, clavó la espada en la tierra y de repente brotó agua. A lo que exclamó: “Zagrabite!” (¡Tomad!). Y de ahí nació el nombre de la ciudad. La fuente Manduševac aún se puede ver en la plaza principal de la ciudad.

Hay constancia de que la zona viene siendo habitada ya desde la época neolítica. Las primeras referencias que se tienen datan del siglo XI, de cuando el rey de Hungría Ladislao I fundó una diócesis en el monte Kaptol. A su vez, en colina vecina de Gradec existía otra comunidad independiente. Ambas localidades fueron invadidas por los mongoles en 1242 y cuando estos se marcharon el rey Bela IV convirtió Gradec en ciudad del reino para atraer artesanos forestales. Durante los siglos XIV y XV ambas ciudades mantuvieron una constante competición tanto a nivel político como al económico. Tan solo colaboraban en el aspecto comercial. Era tal la rivalidad que tuvieron importantes disputas, como cuando Kaptol incomunicó Gradec (estaban separadas por un río que hoy ocupa la calle Tkalciceva) y esta respondió incendiando a la primera.

No fue hasta 1851 cuando se unieron formando Zagreb, lo que hoy conocemos como ciudad antigua. De esa época datan los palacios y edificios que fueron construidos durante la época austrohúngara (cuando Zagreb se llamaba Agram), lo que hace que sea conocida como “la pequeña Viena”. A partir de ahí fue creciendo, sobre todo cuando en 1860 se construyó el ferrocarril. Entonces empezaron a surgir barrios obreros entre la vía del tren y el río Sava.

En el siglo XX, durante el período de entreguerras nacerían zonas residenciales ya en torno al sur del Medvednica. Tras la II Guerra Mundial se levantaron nuevas construcciones entre la vía del tren y el río Sava y poco después nació la Nueva Zagreb al sur del río Sava. La ciudad ha seguido expandiéndose en los últimos años hacia el este y oeste incorporando comunidades periféricas. No obstante, el principal atractivo turístico lo comprenden la Ciudad Alta (Gornji Grad), la Ciudad Baja (Donji Grad) y Kapol.

Nuestro alojamiento no se encontraba muy lejos, así que podríamos llegar a pie. Y decidimos comenzar por la estación de tren, ya que queríamos comprar el billete a Liubliana para el día siguiente. Tal y como indicaban las previsiones, el día amaneció lluvioso, aunque era tolerable con los impermeables y el calzado adecuado (y paraguas para que no se mojara la cámara). Esta vez sí que encontramos la oficina abierta y pudimos comprar los billetes, aunque tuvimos un problema con el pago. Primero porque la máquina rechazó la Revolut, y después porque el señor me había entendido 2 pasajeros en vez de 3. Así pues, primero sacó la calculadora y se puso a jugar al Simon para sumar la recaudación del día y ver si efectivamente se había cargado (menos mal que era primera hora) y después refunfuñó en croata mientras nos anulaba el primer billete y nos emitía uno nuevo.

Con el asunto zanjado compramos el desayuno en una especie de pastelería (Pekara) que había en la misma estación. Se estilan los pequeños comercios similares a los de Bulgaria con una gran variedad de bollos, pasteles y hojaldres tanto dulces como salados. Nos costó elegir entre las múltiples opciones, pero finalmente nos decantamos por un croasán relleno de chocolate y un burek.

Este delicioso bollo es una especie de hojaldre enrollado con forma de espiral. Sin embargo, no tiene la textura del típico rollo de canela, sino que el hojaldre se queda crujiente y no empalaga tanto porque es algo más ligero. Sin duda habíamos acertado.

Mientras desayunábamos, escribí a nuestra anfitriona para ver si podíamos alargar la estancia un día más, pero lamentablemente me comentó que tenía ocupado el apartamento, así que tendríamos que buscar otra opción. Pero lo dejaríamos para más adelante, ahora tocaba comenzar nuestra ruta.

Y lo hicimos cruzando a una plaza que durante el Imperio Austrohúngaro (desde 1895) recibía el nombre de Franz Joseph I y que con la caída de este se renombró como Plaza del Rey Tomislav.

En el centro se erige la estatua ecuestre del Rey Tomislav, quien reinó entre 910 y 928. Es recordado por haber defendido a los croatas de los ataques húngaros y unir por primera vez a todas las regiones en un país. Fue, por tanto, el primer monarca croata.

A pesar de que el escultor Robert Frangeš Mihanović la finalizó en 1938 no fue colocada en la plaza hasta 1947 por varias polémicas y la irrupción de la II Guerra Mundial.

En cada uno de los laterales de la base del monumento hay un bajorrelieve que representa a sendos grupos de siete personas. Además, en la parte delantera se puede ver el nombre y el escudo. Tanto los relieves como el escudo de armas fueron añadidos en 1991.

La figura del monarca a lomos de su caballo está mirando al edificio de la estación, una construcción imponente de estilo historicista proyectada por el ingeniero húngaro especialista en estaciones Ferenc Pfaff.

El primer tren en llegar a la ciudad lo hizo en 1862, cuando Zagreb contaba con 40.000 habitantes, sin embargo, la estación no se construiría hasta treinta años después. Pronto se convirtió en una importante parada en medio de Europa, pues formaba parte del recorrido del famoso Orient Express y ha estado estrechamente ligada a otras ciudades centroeuropeas como Viena o Budapest.

Fue renovada entre 1986 y 1987 y recientemente en 2006.

Volviendo a girar sobre nuestros pies, el edificio amarillo que destaca tras la estatua del rey Tomislav es el Pabellón del Arte (Umjetnicki paviljon).

De estilo Art Nouveau fue el pabellón de Croacia durante la EXPO de 1896, celebrada en Budapest. Su esqueleto se realizó en metal, por lo que tras la exposición fue desmontado en la capital húngara y trasladado en tren a Zagreb, donde volvió a ser armado. Se inauguró en 1898 con una gran exhibición de artistas de la época, convirtiéndose en el primer espacio de exposiciones construido para tal fin. Más de un siglo después, sigue acogiendo muestras temporales de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Frente a él en invierno se monta una pista de hielo donde locales y visitantes pueden disfrutar patinando. Al ser verano encontramos una plaza muy bien conservada en la que destacan los parterres de diferentes tipos de flores en torno a la Fontana kralj Tomislav, inaugurada en 1895.

En los lados este y oeste de la plaza se erigen palacios que fueron construidos por los mejores arquitectos de Zagreb.

La plaza forma parte de la Herradura Verde, un área en forma de U alrededor la Ciudad Baja que abarca unos 3 kilómetros que refleja la Zagreb del Imperio Austrohúngaro. Diseñada por el arquitecto Milan Lenuci en 1895, sigue un plan urbanístico similar al Ring de Viena combinando plazas, parques, jardines y senderos entre los que se suceden imponentes edificios clasicistas e historicistas entre los que predominan las fachadas amarillas.

La herradura se extiende desde la Plaza de Ban Jelačić hasta la estación del tren y a lo largo de su recorrido se encuentran la mayoría las instituciones de la ciudad (ministerios, juzgados), así como un buen número de los edificios representativos de la cultura (teatros, museos, galerías de arte, facultades, academias…), los palacios más importantes, hoteles y la estación central.

Nosotros comenzábamos precisamente por la estación, así que tras dar una vuelta a la Plaza Tomislav, retomamos nuestro camino para evocar aquella época. Muy cerca, en la calle Trg Ante Starčevića, destaca la Casa de Starčević (Starcevicev dom), construida gracias a donaciones y que hoy alberga la Biblioteca de la Ciudad de Zagreb.

Las grandes avenidas y los edificios que vamos encontrando a continuación, son una muestra clara de este pasado asutrohúngaro que comentaba.

Un poco más adelante, en la acera opuesta y ya en un tramo de la calle Ul. Antuna Mihanovića se erige el Hotel Esplanade.

Este histórico hotel de estilo Art Déco se construyó en 1925 concebido para alojar a los grandes viajeros que atravesaban Europa desde París hasta Estambul en el Orient Express. De ahí su ubicación junto a la estación. En la década de los años 20 fue el centro de la vida social de Zagreb y desde entonces ha alojado a todo tipo de personalidades, desde reyes y políticos hasta artistas, deportistas de élite o periodistas y ha organizado importantes acontecimientos sociales.

Durante la II Guerra Mundial sirvió como cuartel general de la Gestapo y la Wehrmacht.

En 2002 cerró para realizar una reforma importante y abrió dos años más tarde con cambio de nombre: The Regent Esplanade Zagreb. Aunque en 2012 abandonó la cadena Regent y ahora funciona como independiente.

Eso sí, no es el hotel más antiguo de la ciudad. Este título lo ostenta el Palace, una elegante mansión de época secesionista que fue construido en 1891.

Frente al Esplanade, mucho más imponente incluso que el hotel destaca la sede de los ferrocarriles croatas, un edificio que de nuevo nos sitúa claramente en Viena o Budapest.

Siguiendo nuestro camino a mano izquierda nos quedaba el Jardín Botánico (Botanički), que conecta las dos partes de la Herradura Verde. Creado en 1890 en sus aproximadamente 50.000 m² cuenta con 10.000 especies de plantas de todo el mundo. No pasamos, pero desde la verja se veía gran parte de los caminos así como aloes de diferentes tipos y tamaños.

Seguimos hasta la Plaza Marulić, donde se encuentra el Archivo y Biblioteca Estatal Croata. De estilo secesionista, fue concluido en 1913 siguiendo el diseño del arquitecto Rudolf Lubynski.

Destacan en el tejado los cuatro búhos que, bordeando la cúpula de la sala principal de lectura, sujetan sendos globos terráqueos.

En la plaza frente al edificio se rinde homenaje a Marko Marulić, poeta croata y defensor del humanismo cristiano. Aunque sobre todo es reconocido como el padre de la literatura croata.

En el suelo, entre el edificio y la estatua hay una placa que recoge un fragmento  del canto sexto de su obra más conocida, Judita.

Trudna toga plova ovdi jidra kala
plavca moja nova. Bogu budi hvala
Ki nebesa skova i svaka ostala. 

Como no íbamos a entrar en el edificio, seguimos por la calle Ul. Izidora Kršnjavog para girar después a la derecha en Rooseveltov trg, donde se erige el Museo Mimara (Muzej Mimara).

El nombre completo en realidad es Museo de Colección de obras de arte de Ante y Wiltrud Topić Mimara, en honor al coleccionista y benefactor croata que atesoraba obras de artistas de renombre como Tiziano, Velázquez, Leonardo, Goya, Raffaello, Caravaggio, Murillo, Delacroix , Manet, Renoir, Degas… Mimara no triunfó como pintor, sin embargo, tenía talento como restaurador y era capaz de calcular el valor de cualquier obra. Era tan reconocido en su trabajo que tras la II Guerra Mundial el gobierno yugoslavo le pidió asesoramiento para recuperar las obras de arte confiscadas por los nazis durante la ocupación.

Tras años viviendo en el extranjero regresó a Zagreb en la última etapa de su vida. Fue entonces cuando donó su colección a la ciudad para que se expusiera en un museo. Abierto desde 1987, se ubica en un palacio de estilo neorrenacentista de finales del siglo XIX que en su día fue un instituto y en la actualidad es uno de los museos más importantes de Europa Central. Cuenta con más de 3.700 obras de arte de diferentes culturas y civilizaciones. No solo posee unas 450 pinturas y dibujos de artistas de diferentes escuelas, sino que también alberga alrededor de 200 esculturas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, objetos arqueológicos del antiguo Egipto y Grecia, una extensa biblioteca de más de 5.400 títulos y una colección de cristal. Aún así, hay quien parece que duda de la autenticidad de algunas de las obras y considera que son muy buenas reproducciones del mismo Mimara.

Frente al museo, al otro lado de la plaza se encuentra la Cámara de Economía Croata (Hrvatska gospodarska komora).

Muy cerca llegamos al extremo occidental de la Herradura Verde, a la Trg Republike Hrvatske, en cuyo centro se erige el Teatro Nacional de Croacia (Hrvatsko narodno kazalište u Zagrebu).

Este impresionante edificio neobarroco en tono amarillo fue diseñado por los arquitectos vieneses Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, encargados también del Pabellón de Arte de Zagreb y el Akademietheater de Viena.

Fue inaugurado en 1895 por el emperador austrohúngaro Franz Joseph I y se ha convertido en un centro cultural de renombre internacional por el que durante algo más de un siglo han pasado artistas de la talla de Franz Liszt o Richard Strauss. Además, a su escenario se han subido muchos de los cantantes de ópera más famosos del mundo así como los mejores profesionales de ballet.

En la actualidad también acoge congresos, reuniones y eventos.

Frente a él tenemos otro edificio amarillo, el Museo de Artes y Oficios (Muzej za umjetnost i obrt), un museo diseñado para preservar los valores de la artesanía popular. Fundado el 17 de febrero de 1880 por iniciativa de la Sociedad de Arte es una de las primeras instituciones de este tipo en Europa.

En sus 2.000 m² distribuidos en 14 salas se exponen más de 100.000 objetos que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Posee colecciones de arquitectura, escultura, pintura, diseño, gráficos, fotografía, impresión, metal, cerámica, vidrio, marfil, textiles, muebles, instrumentos musicales, relojes y pieles pintadas.

Contrasta a su lado el modernista edificio de la Academia de Música de la Universidad de Zagreb en el que predomina el acero y el cristal y que data de 2014.

Es la escuela de música más antigua y grande del país y se remonta a 1829, cuando se estableció la escuela de la Sociedad Musical de Zagreb en un momento en que Croacia era parte del Imperio Austrohúngaro. Tras la disolución del imperio y el establecimiento del Reino de Yugoslavia se convirtió en el Real Conservatorio, para un año más tarde pasar a ser conocida como la Real Academia de Música. En 1940 fue reconocida oficialmente como facultad universitaria.

Tras la II Guerra Mundial se dividió en la Escuela de música primaria y secundaria y la Academia de Música de Zagreb. Esta última se incorporó a la Universidad en 1979 y hoy en día es una de las tres academias afiliadas junto con la de Arte Dramático y la de Bellas Artes.

Al concluir en el extremo de la herradura nos dirigíamos hacia la Ciudad Alta, que merece entrada aparte.

Figuras Ocultas

Que nos faltan referentes femeninos está claro. Y no es cosa de un único ámbito de la vida, sino que ocurre en todas las esferas, ya sea literatura, filosofía, arte, música, televisión, cine, política, economía o ciencia. Bueno, no, en todas no, porque en la enseñanza o cuidados sí que hay numerosas mujeres. Esta ausencia se suele justificar con que no han sido relevantes. Bien porque en el pasado no tenían hueco fuera del entorno doméstico, bien porque más adelante no han sido lo suficiente buenas. Ya se sabe, para destacar siendo mujer, hay que ser mejor que el resto de los hombres, si no, simplemente se es mediocre.

No obstante, ha habido y hay mujeres que han hecho cosas. Y generalmente desafiando las leyes y a todos aquellos que les ponían zancadillas, incluso sin contar con una habitación propia. Cada vez que digo que me voy de viaje, no falta quien me dice que soy como Phileas/Willy Fogg, recordando al personaje de ficción de Julio Verne; sin embargo, nadie parece conocer a Nelly Bly, que dio la vuelta al mundo en 72 días (en realidad en 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos). Lo mismo ocurre con la pintura, que ni siquiera las más prestigiosas pinacotecas dan espacio a las obras de mujeres; con los libros de texto que nos omiten autoras como las Sin sombrero, pertenecientes a la Generación del 27; con las politólogas, abogadas o juezas que lucharon por tener un espacio en la política o carrera judicial…

Y claro, también ha pasado en la ciencia. Sí, estudiamos a Marie Skłodowska-Curie, pero por ejemplo no recuerdo haber sabido nada de Hedy Lamarr, la inventora de las conexiones inalámbricas, hasta hace relativamente poco. Y tampoco habría imaginado que en los años 60 del siglo pasado hubiera mujeres científicas en la NASA. ¿Por qué? Porque no se nos cuenta. Y de lo que no se habla no existe.  Así que ha llegado el momento de recuperar a todas esas mujeres en la sombra de las que no hemos oído hablar, de contar las historias de esas figuras ocultas.

Y eso es lo que pretende precisamente la película Hidden Figures (Figuras Ocultas): dar a conocer la historia de la matemática afroamericana Katherine Johnson y sus dos compañeras y amigas, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, quienes trabajaban en la NASA durante la Guerra Fría cuando EEUU estaba en plena carrera espacial contra la URSS. Basada en el libro homónimo de Margot Lee Shetterly, el título juega con el doble sentido de la palabra inglesa figure, que puede significar tanto persona como cifra.

La cinta cuenta la historia de estas tres mujeres cuyo trabajo ha pasado inadvertido a pesar de que jugaron un papel crucial en la misión que llevó al astronauta John Glenn a finalizar con éxito la primera órbita completa alrededor de la Tierra y más tarde al Apolo 11 a la Luna. Reivindica el valor de las mentes brillantes independientemente de su género o su color de piel.

Daba igual lo portentosas que fueran, puesto que solo por el hecho de ser mujeres quedaban relegadas a un segundo plano, como aquellas periodistas que nos mostraba Good Girls Revolt que nunca podían firmar sus trabajos, pese a que ellas habían llevado todo el peso de la investigación y documentación. En este caso los hombres son quienes desarrollan las teorías, quienes hacen las pruebas… sin embargo, todo el cálculo que hay detrás lo hacían ellas. Pero además de encontrarse con este techo de cristal, estas científicas tenían una segunda traba: que eran negras. Y eso, en una sociedad racista como lo era la estadounidense a principios de los 60, significaba que la segregación racial era algo natural. Había movimientos que reivindicaban derechos civiles, pero aún los negros se tenían que sentar atrás en el autobús, acudir a bibliotecas o escuelas solo para ellos y quedaban relegados a otro edificio en sus lugares de trabajo. Así pues, por ser mujeres quedaban relegadas a los cálculos, y por ser afroamericanas, desplazadas en un sótano oscuro en el ala oeste de la NASA, lejos de donde se encontraba el movimiento.

Y mientras EEUU no estaba aprovechando todos sus recursos humanos por el machismo y el racismo de su sociedad, la URSS, tras mandar al espacio a Yuri Gagarin en 1961, decidió que también tenían que mandar a una mujer. Valentina Tereshkova, una obrera que trabajaba en una fábrica textil y paracaidista aficionada fue la seleccionada entre más de cuatrocientas candidatas, y tras unos meses de pruebas y entrenamientos, fue enviada al espacio en 1963 convirtiéndose en la primera astronauta y a la vez la primera civil en hacerlo. Estados Unidos mandaría a la primera mujer (Sally Ride) en 1983, un año después de que la URSS enviara a Svetlana Savítskaya. Este año parece que EEUU iba a haber una salida espacial con dos mujeres, sin embargo, en el último momento tuvo que ser mixta porque la NASA solo tenía un traje de la talla M, justo la talla que compartían las dos astronautas…

Volviendo a la película, cuenta con un magnífico reparto. Las tres protagonistas brillan por sí solas y pero también funcionan bien juntas gracias a la buena química entre ellas. No hay enemistad, sino sororidad, y se agradece ver cómo se apoyan. Es verdad que destaca un poco más el personaje de Johnson sirviendo de hilo conductor, pero cada una de ellas tiene su hueco.

Así, conocemos también la historia de Dorothy Vaughan que lucha por convertirse en supervisora (ya lo es en funciones) y que cuando descubre que la llegada de los ordenadores puede dejar a todo su departamento en la calle, decide adelantarse y formar a las calculadoras que tiene a cargo para que cuando se instauren las máquinas, sean imprescindibles como hasta ese momento.

La tercera mujer es Mary Jackson, que quiere ser ingeniera espacial pero que no puede ejercer como tal porque le falta formación a la que no puede acceder por ser negra. La pescadilla que se muerde la cola. Pese a que tiene en contra a su marido, a su entorno laboral y a la sociedad racista, no se frena y va a los tribunales para solicitar que le dejen realizar el curso.

Este equilibrio de luchas de las tres protagonistas favorece el ritmo de la trama y hace que el espectador no se pierda entre tanta cifra y cálculo matemático.

La prepotencia masculina queda reflejada en el personaje de Jim Parsons, un tipo tan repelente y odioso como el Sheldon Cooper que le llevó a la fama. No entiende que Katherine vaya a revisar sus datos, pues no concibe que una mujer negra vaya a ser más inteligente que él o el resto de sus compañeros ingenieros, y le pone todas las trabas posibles. Representa el machismo y racismo combinado con la envidia profesional.

Figuras ocultas resulta entretenida. Es verdad que es una película amable, de propaganda cultural que se queda en la superficie y no profundiza en demasía. Esto se ve claramente en la forma edulcorada de tratar la discriminación huyendo del drama. No se ahonda en la culpabilidad de los blancos que miran para otro lado y que solo con no intervenir ante una situación de injusticia ya están perpetuando ese sistema racista al que le echan la culpa. Solo hay un atisbo de rebeldía cuando el jefe de Katherine arrasa con el letrero del baño de negras. Y tengo mis dudas sobre sus razones. Me da la sensación de que la motivación tenía más que ver con el tiempo que pierde su empleada y que hace que el trabajo sea más lento, y no tanto con la defensa de los derechos civiles. En cualquier caso, parece que este suceso no ocurrió en la realidad, sino que es una licencia cinematográfica. La Katherine original simplemente usaba el de blancas que tenía cerca.

Sin embargo, pese a la simplicidad o las licencias, hay que reconocer que cumple con el cometido de dar a conocer a estas tres científicas, de despertar la curiosidad y admiración del espectador hacia su figura y sus logros.

Katherine Johnson, aquella niña que comenzó el instituto con 10 años y acabó la carrera con 18, tras los sucesos que podemos ver en la película, siguió trabajando en la NASA hasta su jubilación. En 2015 Obama le concedió la Medalla de la Libertad, el mayor reconocimiento civil del país.

Dorothy Vaughan por su parte acabó siendo una de las mejores programadoras del país y la primera mujer afroamericana en contar con un puesto de dirección en la historia de la NASA. Falleció en 2008.

Mary Jackson consiguió continuar con sus estudios y se convirtió en la primera ingeniera aeronáutica. Se especializó en el procesamiento de datos obtenidos en los vuelos y los túneles de viento y tras 34 años en su puesto, pasó a formar parte de la Oficina de Igualdad de Oportunidades de la NASA. Incluso acogió en su casa a las nuevas reclutas que necesitaran ayuda o consejo para su adaptación. Falleció en 2005.

Tres brillantes mujeres que no solo se abrieron camino, sino que lo hicieron para todas aquellas que vinieron después.