Balcanes IV. Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

Aunque son las ciudades costeras las que más visitantes reciben, Zagreb no se queda atrás y es uno de los destinos más importantes del país. En parte gracias a ser la capital. Se extiende por las laderas de la montaña de Medvednica y las orillas del río Sava, una posición geográfica que favorece la conexión entre Europa Central y el Mar Adriático. Gracias a ello es un relevante centro comercial y eje del transporte con importantes conexiones terrestres, ferroviarias y aéreas no solo del país sino del continente.

Según una de las leyendas, la región donde se asienta Zagreb era muy seca. Sin embargo, en una ocasión el virrey, para dar de beber a sus hombres y a los caballos, clavó la espada en la tierra y de repente brotó agua. A lo que exclamó: “Zagrabite!” (¡Tomad!). Y de ahí nació el nombre de la ciudad. La fuente Manduševac aún se puede ver en la plaza principal de la ciudad.

Hay constancia de que la zona viene siendo habitada ya desde la época neolítica. Las primeras referencias que se tienen datan del siglo XI, de cuando el rey de Hungría Ladislao I fundó una diócesis en el monte Kaptol. A su vez, en colina vecina de Gradec existía otra comunidad independiente. Ambas localidades fueron invadidas por los mongoles en 1242 y cuando estos se marcharon el rey Bela IV convirtió Gradec en ciudad del reino para atraer artesanos forestales. Durante los siglos XIV y XV ambas ciudades mantuvieron una constante competición tanto a nivel político como al económico. Tan solo colaboraban en el aspecto comercial. Era tal la rivalidad que tuvieron importantes disputas, como cuando Kaptol incomunicó Gradec (estaban separadas por un río que hoy ocupa la calle Tkalciceva) y esta respondió incendiando a la primera.

No fue hasta 1851 cuando se unieron formando Zagreb, lo que hoy conocemos como ciudad antigua. De esa época datan los palacios y edificios que fueron construidos durante la época austrohúngara (cuando Zagreb se llamaba Agram), lo que hace que sea conocida como “la pequeña Viena”. A partir de ahí fue creciendo, sobre todo cuando en 1860 se construyó el ferrocarril. Entonces empezaron a surgir barrios obreros entre la vía del tren y el río Sava.

En el siglo XX, durante el período de entreguerras nacerían zonas residenciales ya en torno al sur del Medvednica. Tras la II Guerra Mundial se levantaron nuevas construcciones entre la vía del tren y el río Sava y poco después nació la Nueva Zagreb al sur del río Sava. La ciudad ha seguido expandiéndose en los últimos años hacia el este y oeste incorporando comunidades periféricas. No obstante, el principal atractivo turístico lo comprenden la Ciudad Alta (Gornji Grad), la Ciudad Baja (Donji Grad) y Kapol.

Nuestro alojamiento no se encontraba muy lejos, así que podríamos llegar a pie. Y decidimos comenzar por la estación de tren, ya que queríamos comprar el billete a Liubliana para el día siguiente. Tal y como indicaban las previsiones, el día amaneció lluvioso, aunque era tolerable con los impermeables y el calzado adecuado (y paraguas para que no se mojara la cámara). Esta vez sí que encontramos la oficina abierta y pudimos comprar los billetes, aunque tuvimos un problema con el pago. Primero porque la máquina rechazó la Revolut, y después porque el señor me había entendido 2 pasajeros en vez de 3. Así pues, primero sacó la calculadora y se puso a jugar al Simon para sumar la recaudación del día y ver si efectivamente se había cargado (menos mal que era primera hora) y después refunfuñó en croata mientras nos anulaba el primer billete y nos emitía uno nuevo.

Con el asunto zanjado compramos el desayuno en una especie de pastelería (Pekara) que había en la misma estación. Se estilan los pequeños comercios similares a los de Bulgaria con una gran variedad de bollos, pasteles y hojaldres tanto dulces como salados. Nos costó elegir entre las múltiples opciones, pero finalmente nos decantamos por un croasán relleno de chocolate y un burek.

Este delicioso bollo es una especie de hojaldre enrollado con forma de espiral. Sin embargo, no tiene la textura del típico rollo de canela, sino que el hojaldre se queda crujiente y no empalaga tanto porque es algo más ligero. Sin duda habíamos acertado.

Mientras desayunábamos, escribí a nuestra anfitriona para ver si podíamos alargar la estancia un día más, pero lamentablemente me comentó que tenía ocupado el apartamento, así que tendríamos que buscar otra opción. Pero lo dejaríamos para más adelante, ahora tocaba comenzar nuestra ruta.

Y lo hicimos cruzando a una plaza que durante el Imperio Austrohúngaro (desde 1895) recibía el nombre de Franz Joseph I y que con la caída de este se renombró como Plaza del Rey Tomislav.

En el centro se erige la estatua ecuestre del Rey Tomislav, quien reinó entre 910 y 928. Es recordado por haber defendido a los croatas de los ataques húngaros y unir por primera vez a todas las regiones en un país. Fue, por tanto, el primer monarca croata.

A pesar de que el escultor Robert Frangeš Mihanović la finalizó en 1938 no fue colocada en la plaza hasta 1947 por varias polémicas y la irrupción de la II Guerra Mundial.

En cada uno de los laterales de la base del monumento hay un bajorrelieve que representa a sendos grupos de siete personas. Además, en la parte delantera se puede ver el nombre y el escudo. Tanto los relieves como el escudo de armas fueron añadidos en 1991.

La figura del monarca a lomos de su caballo está mirando al edificio de la estación, una construcción imponente de estilo historicista proyectada por el ingeniero húngaro especialista en estaciones Ferenc Pfaff.

El primer tren en llegar a la ciudad lo hizo en 1862, cuando Zagreb contaba con 40.000 habitantes, sin embargo, la estación no se construiría hasta treinta años después. Pronto se convirtió en una importante parada en medio de Europa, pues formaba parte del recorrido del famoso Orient Express y ha estado estrechamente ligada a otras ciudades centroeuropeas como Viena o Budapest.

Fue renovada entre 1986 y 1987 y recientemente en 2006.

Volviendo a girar sobre nuestros pies, el edificio amarillo que destaca tras la estatua del rey Tomislav es el Pabellón del Arte (Umjetnicki paviljon).

De estilo Art Nouveau fue el pabellón de Croacia durante la EXPO de 1896, celebrada en Budapest. Su esqueleto se realizó en metal, por lo que tras la exposición fue desmontado en la capital húngara y trasladado en tren a Zagreb, donde volvió a ser armado. Se inauguró en 1898 con una gran exhibición de artistas de la época, convirtiéndose en el primer espacio de exposiciones construido para tal fin. Más de un siglo después, sigue acogiendo muestras temporales de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Frente a él en invierno se monta una pista de hielo donde locales y visitantes pueden disfrutar patinando. Al ser verano encontramos una plaza muy bien conservada en la que destacan los parterres de diferentes tipos de flores en torno a la Fontana kralj Tomislav, inaugurada en 1895.

En los lados este y oeste de la plaza se erigen palacios que fueron construidos por los mejores arquitectos de Zagreb.

La plaza forma parte de la Herradura Verde, un área en forma de U alrededor la Ciudad Baja que abarca unos 3 kilómetros que refleja la Zagreb del Imperio Austrohúngaro. Diseñada por el arquitecto Milan Lenuci en 1895, sigue un plan urbanístico similar al Ring de Viena combinando plazas, parques, jardines y senderos entre los que se suceden imponentes edificios clasicistas e historicistas entre los que predominan las fachadas amarillas.

La herradura se extiende desde la Plaza de Ban Jelačić hasta la estación del tren y a lo largo de su recorrido se encuentran la mayoría las instituciones de la ciudad (ministerios, juzgados), así como un buen número de los edificios representativos de la cultura (teatros, museos, galerías de arte, facultades, academias…), los palacios más importantes, hoteles y la estación central.

Nosotros comenzábamos precisamente por la estación, así que tras dar una vuelta a la Plaza Tomislav, retomamos nuestro camino para evocar aquella época. Muy cerca, en la calle Trg Ante Starčevića, destaca la Casa de Starčević (Starcevicev dom), construida gracias a donaciones y que hoy alberga la Biblioteca de la Ciudad de Zagreb.

Las grandes avenidas y los edificios que vamos encontrando a continuación, son una muestra clara de este pasado asutrohúngaro que comentaba.

Un poco más adelante, en la acera opuesta y ya en un tramo de la calle Ul. Antuna Mihanovića se erige el Hotel Esplanade.

Este histórico hotel de estilo Art Déco se construyó en 1925 concebido para alojar a los grandes viajeros que atravesaban Europa desde París hasta Estambul en el Orient Express. De ahí su ubicación junto a la estación. En la década de los años 20 fue el centro de la vida social de Zagreb y desde entonces ha alojado a todo tipo de personalidades, desde reyes y políticos hasta artistas, deportistas de élite o periodistas y ha organizado importantes acontecimientos sociales.

Durante la II Guerra Mundial sirvió como cuartel general de la Gestapo y la Wehrmacht.

En 2002 cerró para realizar una reforma importante y abrió dos años más tarde con cambio de nombre: The Regent Esplanade Zagreb. Aunque en 2012 abandonó la cadena Regent y ahora funciona como independiente.

Eso sí, no es el hotel más antiguo de la ciudad. Este título lo ostenta el Palace, una elegante mansión de época secesionista que fue construido en 1891.

Frente al Esplanade, mucho más imponente incluso que el hotel destaca la sede de los ferrocarriles croatas, un edificio que de nuevo nos sitúa claramente en Viena o Budapest.

Siguiendo nuestro camino a mano izquierda nos quedaba el Jardín Botánico (Botanički), que conecta las dos partes de la Herradura Verde. Creado en 1890 en sus aproximadamente 50.000 m² cuenta con 10.000 especies de plantas de todo el mundo. No pasamos, pero desde la verja se veía gran parte de los caminos así como aloes de diferentes tipos y tamaños.

Seguimos hasta la Plaza Marulić, donde se encuentra el Archivo y Biblioteca Estatal Croata. De estilo secesionista, fue concluido en 1913 siguiendo el diseño del arquitecto Rudolf Lubynski.

Destacan en el tejado los cuatro búhos que, bordeando la cúpula de la sala principal de lectura, sujetan sendos globos terráqueos.

En la plaza frente al edificio se rinde homenaje a Marko Marulić, poeta croata y defensor del humanismo cristiano. Aunque sobre todo es reconocido como el padre de la literatura croata.

En el suelo, entre el edificio y la estatua hay una placa que recoge un fragmento  del canto sexto de su obra más conocida, Judita.

Trudna toga plova ovdi jidra kala
plavca moja nova. Bogu budi hvala
Ki nebesa skova i svaka ostala. 

Como no íbamos a entrar en el edificio, seguimos por la calle Ul. Izidora Kršnjavog para girar después a la derecha en Rooseveltov trg, donde se erige el Museo Mimara (Muzej Mimara).

El nombre completo en realidad es Museo de Colección de obras de arte de Ante y Wiltrud Topić Mimara, en honor al coleccionista y benefactor croata que atesoraba obras de artistas de renombre como Tiziano, Velázquez, Leonardo, Goya, Raffaello, Caravaggio, Murillo, Delacroix , Manet, Renoir, Degas… Mimara no triunfó como pintor, sin embargo, tenía talento como restaurador y era capaz de calcular el valor de cualquier obra. Era tan reconocido en su trabajo que tras la II Guerra Mundial el gobierno yugoslavo le pidió asesoramiento para recuperar las obras de arte confiscadas por los nazis durante la ocupación.

Tras años viviendo en el extranjero regresó a Zagreb en la última etapa de su vida. Fue entonces cuando donó su colección a la ciudad para que se expusiera en un museo. Abierto desde 1987, se ubica en un palacio de estilo neorrenacentista de finales del siglo XIX que en su día fue un instituto y en la actualidad es uno de los museos más importantes de Europa Central. Cuenta con más de 3.700 obras de arte de diferentes culturas y civilizaciones. No solo posee unas 450 pinturas y dibujos de artistas de diferentes escuelas, sino que también alberga alrededor de 200 esculturas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, objetos arqueológicos del antiguo Egipto y Grecia, una extensa biblioteca de más de 5.400 títulos y una colección de cristal. Aún así, hay quien parece que duda de la autenticidad de algunas de las obras y considera que son muy buenas reproducciones del mismo Mimara.

Frente al museo, al otro lado de la plaza se encuentra la Cámara de Economía Croata (Hrvatska gospodarska komora).

Muy cerca llegamos al extremo occidental de la Herradura Verde, a la Trg Republike Hrvatske, en cuyo centro se erige el Teatro Nacional de Croacia (Hrvatsko narodno kazalište u Zagrebu).

Este impresionante edificio neobarroco en tono amarillo fue diseñado por los arquitectos vieneses Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, encargados también del Pabellón de Arte de Zagreb y el Akademietheater de Viena.

Fue inaugurado en 1895 por el emperador austrohúngaro Franz Joseph I y se ha convertido en un centro cultural de renombre internacional por el que durante algo más de un siglo han pasado artistas de la talla de Franz Liszt o Richard Strauss. Además, a su escenario se han subido muchos de los cantantes de ópera más famosos del mundo así como los mejores profesionales de ballet.

En la actualidad también acoge congresos, reuniones y eventos.

Frente a él tenemos otro edificio amarillo, el Museo de Artes y Oficios (Muzej za umjetnost i obrt), un museo diseñado para preservar los valores de la artesanía popular. Fundado el 17 de febrero de 1880 por iniciativa de la Sociedad de Arte es una de las primeras instituciones de este tipo en Europa.

En sus 2.000 m² distribuidos en 14 salas se exponen más de 100.000 objetos que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Posee colecciones de arquitectura, escultura, pintura, diseño, gráficos, fotografía, impresión, metal, cerámica, vidrio, marfil, textiles, muebles, instrumentos musicales, relojes y pieles pintadas.

Contrasta a su lado el modernista edificio de la Academia de Música de la Universidad de Zagreb en el que predomina el acero y el cristal y que data de 2014.

Es la escuela de música más antigua y grande del país y se remonta a 1829, cuando se estableció la escuela de la Sociedad Musical de Zagreb en un momento en que Croacia era parte del Imperio Austrohúngaro. Tras la disolución del imperio y el establecimiento del Reino de Yugoslavia se convirtió en el Real Conservatorio, para un año más tarde pasar a ser conocida como la Real Academia de Música. En 1940 fue reconocida oficialmente como facultad universitaria.

Tras la II Guerra Mundial se dividió en la Escuela de música primaria y secundaria y la Academia de Música de Zagreb. Esta última se incorporó a la Universidad en 1979 y hoy en día es una de las tres academias afiliadas junto con la de Arte Dramático y la de Bellas Artes.

Al concluir en el extremo de la herradura nos dirigíamos hacia la Ciudad Alta, que merece entrada aparte.

5 comentarios en “Balcanes IV. Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

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