Balcanes VI. Día 2: Recorriendo Zagreb III: Ciudad Alta

Desde la Plaza de San Marcos tomamos la calle Kamenita, que termina en la Puerta de Piedra (Kamenita vrata), la antigua entrada a la ciudad medieval de Gradec. Lamentablemente estaba en obras y tuvimos que verla desde la distancia.

En sí la puerta no es muy espectacular, pero se ha convertido en un lugar de culto y peregrinación (algo así como la Puerta de la Aurora en Vilna) porque en el interior hay una virgen que fue encontrada el 31 de mayo de 1731, un día después de que ocurriera un gran incendio que causó daños a la puerta. Desde entonces es la patrona de la ciudad y se conmemora el 31 de mayo.

Dado que no podíamos atravesarla sin llenarnos de barro hasta las orejas, continuamos por la calle Opatička hasta el Palača Rauch.

La manzana formada desde esta calle hasta la Demetrova (incluyendo Basaričekova y Mletačka) muestra el pasado medieval de la ciudad con casas señoriales, palacios y museos.

Pasado el museo de la ciudad, en la parte superior de la calle Opatija , se encuentra la Torre Popov, lo único que se conserva hoy en día del fuerte de Gracec. El sistema erigido fue construido a mediados del siglo XIII y la torre se incorporó en la primera mitad del XVI para proteger la puerta norte de la ciudad. El nombre coloquial se lo debe a que era propiedad del obispo. A mediados del XVII se convirtió en colegio.

En la primera mitad del siglo XIX se construyó el segundo piso y en 1903 se inauguró un observatorio en la cúpula.

Frente a la torre hay una pequeña plaza en la que hay una pequeña capilla hexagonal amurallada.

Se acercaba la hora de comer, por lo que tomando el callejón Felbingerove nos dirigimos a Kaptol, donde hay varias calles en las que abundan los restaurantes, sobre todo en la Tkalčića y en la Kaptol Ulica.

Fuimos echando un ojo a los menús y la oferta gastronómica. Parecía haber un claro favorito: el Ćevapi, un plato que consiste una especie de salchichas condimentadas acompañadas de cebolla picada y un pan parecido al del kebab llamado somum. En algunas variantes es sustituido por arroz blanco. Al parecer fueron los otomanos quienes introdujeron esta receta en la Península Balcánica tras habérsela copiado a los persas, por lo que no es raro que recuerde a los platos turcos.

Frente al Parque Opatovina encontramos una escultura de bronce de una mujer asomada a una ventana. Es de la artista croata Vera Dajht-Kralj y simboliza a las prostitutas que esperaban a los clientes en sus ventanas muy cerca de donde se encuentra.

Bordeando el parque llegamos al complejo de San Francisco de Asís, que incluye iglesia y monasterio.

La Iglesia de San Francisco (Crkva Svetog Franjo) fue construida en el siglo XIII, aunque parece que con anterioridad los franciscanos ya tenían una residencia en el lugar. Tanto la iglesia como el monasterio se vieron afectados por el terremoto de 1880, por lo que tuvieron que ser restaurados. Se intentó conservar el carácter gótico del edificio, aunque se aprovechó para añadir un nuevo campanario y una capilla.

Seguimos por la calle Kaptol echando un ojo a los restaurantes y opciones hasta llegar a la Catedral de Zagreb, dedicada a la Asunción de la Virgen María, aunque también es conocida como San Esteban, su segundo patrón.

Es otro de los símbolos de la ciudad, junto con la de San Marcos. Construida en el siglo XIII en estilo neogótico, es el templo más importante de Zagreb y el mayor edificio de este estilo en todo el país. Con una superficie de 1617 metros cuadrados puede acoger a más de 5.000 fieles.

La catedral se encontraba protegida por una fortificación medieval que fue ordenada por el obispo Thuz para que quedara protegida de los ataques otomanos. Sin embargo, la torre que había justo frente a la fachada fue demolida en 1906, tras la última restauración de la catedral y hoy se extiende una plaza en la que se erige una columna coronada por una figura dorada de la virgen.

En su base, sobre una fuente están las cuatro esculturas, también doradas, de los cuatro arcángeles.

Sin embargo, sí que se conservan las dos torres de sus flancos. Una junto al Palacio Arzobispal, y la otra en el flanco opuesto junto a los restos de la muralla.

En la muralla podemos ver además el antiguo reloj de la catedral, que marca las 7:03:03, el momento en que se paró el 9 de Noviembre de 1880 cuando un terremoto sacudió la ciudad.

Los temblores dañaron gravemente el templo, por lo que tuvo que ser restaurada. Fue entonces cuando se renovaron los campanarios neogóticos de 105 metros de altura y cuando la catedral adquirió el diseño actual, algo diferente del barroco renacentista original.

Frente al reloj contrastan dos columnas. Tras el terremoto, unos 150 albañiles trabajaron en la reconstrucción de la catedral, algo que se extendió hasta 1901. No obstante, se usó piedra de poca calidad de dos canteras cercanas debido al escaso presupuesto. La columna de la izquierda es una de aquellas “nuevas” y, como se puede ver, con el paso del tiempo, las condiciones atmosféricas fueron erosionando la piedra, que perdió sus detalles. La falta de fondos y el poco interés del comunismo en mantener edificios religiosos hicieron que no se restauraran y fueran deteriorándose más y más.
En 1990 se inició una nueva etapa de restauración en la que se fue sustituyendo cada una de las columnas deterioradas por una nueva como la de la derecha. Desde entonces, la catedral sigue pasando por constantes etapas de renovación, como se puede ver en los andamios, en que la fachada está demasiado limpia y en que faltan algunas figuras.

La catedral alberga un tesoro con importantes objetos históricos que van desde los siglos XI y XIX. Asimismo, acoge las tumbas de diversos héroes y mártires croatas. Las tres principales atracciones dentro de la iglesia son: el altar principal y su relieve plateado de la Sagrada Familia; la tumba de JosipJelačić y la lápida moderna de Alojzije Stepinac.

A mí sin embargo lo que más me llamó la atención fue la pared con un tipo de escritura que no había visto hasta la fecha (es lo que tiene ser filóloga).

Después, durante nuestro viaje, descubriríamos en las tiendas de recuerdos que se trata del alfabeto glagolítico, inventado por San Cirilo y San Metodio en el siglo IX. Estos dos hermanos eran de padre griego y madre búlgara, por lo que parece que se basaron en el alfabeto griego para la creación de este nuevo código que usarían para traducir textos religiosos al idioma de la región de la Gran Moravia. Desde entonces fue usado para el lenguaje litúrgico de la iglesia rusa hasta el siglo XII. En el siglo XIV nació el eslavo eclesiástico, una versión moderna que incluso hoy en día se utiliza en la iglesia ortodoxa rusa.

Y aquí está la pieza que siempre he sabido que me faltaba. Tras haber estudiado griego siempre he visto una clara similitud en algunos caracteres del alfabeto cirílico (su G (г) es claramente una Gamma, la P (п) una Pi, la R (р) una Ro, la F (ф) una Fi y la J (х) una Ji. Incluso se parece la D (д) a la Delta echándole algo de imaginación) y esto es porque claramente uno influyó en el otro. Bueno, realmente los hermanos Cirilio y Metodio, pues su discípulo búlgaro Kliment Ohridski fue quien inventó el alfabeto cirílico en el siglo X basándose en el glagolítico.

Tras salir de la catedral pusimos rumbo a Dolac, el bullicioso mercado de la ciudad que sin embargo estaba ya recogiendo, pues eran casi las dos. De lunes a sábado abre de 6.30 a las 3 de la tarde, pero los domingos cierra a la 1.

Así que, siguiendo las recomendaciones de mi hermano y mi prima, que habían estado hace unos años en la ciudad cuando hicieron el interrail, antes de continuar con la tarde, fuimos en busca de la Trattoria Leonardo, un restaurante en el que se comía bien, abundante y barato. A pesar de que nos sentamos por equivocación el la terraza del restaurante de al lado, no comimos nada mal.

Pedimos, como no podía ser menos, el famoso ćevapi, una ensalada griega y una pizza pequeña(que parece que también es un plato muy popular en la zona)

El servicio fue algo lento, lo cual nos permitió hacer una búsqueda de alojamiento para la noche del lunes al martes. Teníamos la duda de si elegir apartamento u hotel por la cuestión del equipaje. Y es que dado que íbamos a pasar el día a Liubliana, necesitábamos dejar el apartamento actual libre, pero a la vez no podríamos hacer la entrada en otro tan pronto (el tren era a las 7 de la mañana). Así pues, en ese sentido quizá buscar un hotel era la mejor alternativa ya que, aunque no tienes la habitación, sí que te guardan las pertenencias (como hicimos en Gdańsk). No obstante, al tratarse de una reserva de última hora los precios se disparaban. Por el contrario, los apartamentos costaban más o menos lo mismo que unos meses antes, así que la solución que encontramos fue dejar las mochilas en las taquillas de la estación de Zagreb y recogerlas a la vuelta.

Volviendo a la comida, las raciones estaban bien de tamaño, estaba rico y fue barato. Eso sí, el cévapi no me pareció para tanto. Estaba bien de sabor, sí, pero si lo valoramos como originalidad gastronómica, no deja de ser un rollo de carne sazonado. Pero bueno, quizá es cosa mía que no soy muy carnívora.

Y con esto concluimos la mañana de nuestro primer día.