Balcanes VII. Día 2: Recorriendo Zagreb IV: Ciudad Alta

Tras comer volvimos a la plaza del mercado y, de camino, nos topamos con la estatua de Petrica Kerempuh, una figura literaria que aparece en varias obras folclóricas.

Se halla en una plaza que lleva su nombre y en donde tiene lugar el mercado de las flores. Cuando llegamos a la plaza de Dolac, ya estaba completamente recogida y desierta. Las características sombrillas rojas ya estaban plegadas. Una pena no haber pasado en pleno bullicio cuando los puestos aún están montados para haber vivido de lleno el trasiego del mayor mercado de la ciudad.

Lleva funcionando desde 1930, cuando el Ayuntamiento decidió crear un mercado de abastos entre la Ciudad Alta y la Baja. La idea llevaba rondando desde principios de siglo, pero se descartó en diversas ocasiones. Para su construcción hubo que demoler varios edificios de la zona.

Al principio era algo local, pues acudían los comerciantes de los pueblos de los alrededores, sin embargo, con el tiempo se ha ido abriendo y hoy ofrece productos de todo el país. Consta de dos plantas y un entrepiso (construido en 1997). Los puestos de la plaza al aire libre se centran sobre todo en frutas y verduras, mientras que a su alrededor hay varias cafeterías, bares, locales comerciales, tiendecitas de recuerdos y artesanía, pastelerías y puestos de flores.

Además de esta plaza, se disponen puestos de productos cárnicos y lácteos en la zona baja. Por otro lado, uno de los laterales está dedicado a la venta de pescado y cuenta con unos mostradores que los vendedores pueden llenar de hielo para exponer su mercancía. Un sistema de refrigeración incorporado cinco años después de la inauguración del mercado. También estaba recogido, pero aunque había llovido, aún olía.

Bajo la plaza, hay otro mercado, el Tržnica Dolac, un mercado de abastos tradicional.

Se encuentra junto a una escalera en cuyo peldaño superior se halla la estatua de Kumica Barica, una escultura realizada en bronce que, representada como una campesina que porta un cesto en su cabeza, simboliza a todos los comerciantes de la plaza.

Cuando bajamos las escaleras no nos dimos cuenta, pero desde abajo se ve cómo hay dibujadas varias manzanas en los peldaños y una señora que parece haberlas recogido.

Claramente está hecho para que se vea desde esa perspectiva, antes de acceder al mercado.
En el altiplano que desciende hacia el antiguo extramuros de Kaptol se halla también la Iglesia de Santa María (Crkva svete Marije), de estilo gótico.

No es una iglesia especialmente llamativa, quizá donde más se dirige la mirada es al mural de la escalera.

Desde el mercado continuamos de nuevo hacia la animada calle Tkalčića, pues nos quedaba tarde por delante y sin embargo prácticamente habíamos hecho todo el recorrido que teníamos planificado. Nos había gustado el ambiente y la estética de la calle y había un tramo que no habíamos recorrido.

En esta parte de la calle destaca en el número 70 el restaurante-pastelería Ivica y Marica (Hansel y Gretel), cuya decoración exterior imita a la casa de la bruja del cuento con el tejado cubierto de chocolatinas.

En un parque, donde confluye la calle Tkalčića con la Kožarska encontramos la estatua de Marija Jurić Zagorka, quien fuera la primera mujer periodista croata. Además, es una de las escritoras más leídas en todo el país.

En el mismo parque además llama la atención un banco con el respaldo rematado con dos corazones, el símbolo de Croacia.

De vuelta, continuamos hasta la plaza principal de la ciudad, la Trg Bana Josipa Jelačića.

Le debe su nombre al Ban Josip Jelačić, el virrey que intentó derrotar al ejército húngaro en el siglo XIX para así conseguir independizarse del imperio. Aunque llevó a las tropas a una desastrosa batalla y no consiguió su propósito, está considerados un héroe nacional por abolir la servidumbre y convocar las primeras elecciones a las Cortes Croatas.

En el centro de la plaza se erige su estatua ecuestre, como no podía ser menos.

Realizada por el escultor austriaco Anton Dominik Fernkorn, fue colocada en 1866 y se mantuvo en su puesto hasta 1947, cuando Tito ordenó su retirada por considerar a Jelačić como “servidor de intereses extranjeros” y renombró la plaza como Plaza de la República. Fue recuperada después en 1990, aunque se ha girado hacia el sur, hacia donde ha seguido creciendo la ciudad, en lugar de hacia Hungría como estaba situada en un principio.

La plaza se construyó en el siglo XVII, cuando las autoridades de la ciudad la eligieron como lugar para celebrar las ferias, aunque por aquel entonces fue bautizada como Harmica según la palabra húngara que significaba “treinta”, pues ese era el importe del impuesto aduanero. Comenzó a cobrar protagonismo en 1830, una época en que las ciudades se abrían a las calles y largas avenidas que confluían en imponentes plazas. De aquella época datan también la mayoría de los edificios, aunque no por ello hay una representación homogénea de estilos.

Desde entonces ha sido el centro neurálgico de la ciudad y sirve de escenario para diversos acontecimientos sociales y en Navidad se llena de abetos, luces y decoración navideña. De ella salen o pasan varías líneas de tranvía, por lo que es muy transitada. El reloj sirve como punto de encuentro para sus lugareños. Algo así como el oso y el madroño en Madrid.

En la parte este de la plaza se descubrió la fuente Manduševac durante las obras de 1987. No destaca especialmente y puede pasarse por alto, pero está vinculada con el origen del nombre de la ciudad que ya comentamos y parece que se localiza sobre el manantial que suministró agua a la ciudad hasta finales del siglo XIX.

Abandonamos la plaza y volvimos a la Catedral Ortodoxa, pues cerca se encuentra Oktogon, un famoso pasaje comercial que conecta la Plaza Petar Preradović con la calle Ilica a través del edificio de la antigua primera Caja de Ahorros de Croacia.

En la fachada del edificio nos sorprendió una placa con un perro. Esta:

Recuerda a Pluto, un perro que, después de acudir un día hambriento a la obra donde se estaba levantando el banco y ser alimentado por los obreros, comenzó a dormir en la zona. Se convirtió en guardián de la construcción ahuyentando a los ladrones.

Cuando las obras estaban terminando fue asesinado, así que los trabajadores decidieron dedicarle un monumento. Hasta hace poco esta placa estaba en el patio interior, pero se decidió trasladar en 2013 a la fachada para que la historia se conozca y todo el mundo pueda verla.

Pero no encontrábamos la entrada al pasaje, pues pasa desapercibido totalmente por el tipo de edificio. Pero es que además estaba lleno de andamios, por lo que no pudimos ver su mayor atracción, la cúpula octogonal que le da nombre. Nos encontramos con un pasaje lúgubre y vacío.

Y como era domingo, todos los comercios cerrados. Uno de estos comercios es una famosa tienda de corbatas Kravata-Croata, otro de los símbolos de Croacia.

El origen de la corbata data de mediados de siglo XVII, cuando miles de soldados de lo que hoy es Croacia fueron a París para apoyar a Luis XIII. Estos llevaban su traje tradicional, que incorporaba al cuello una especie de pañuelo anudado al que llamaban hrvatska. La prenda parece que gustó a los franceses y bajo el nombre de cravate la incorporaron a los atuendos de los funcionarios. Después se extendería su uso y también la vestirían los caballeros de la corte. Poco a poco fue extendiéndose en las clases altas hasta el punto de convertirse en la insignia de la aristocracia en la Revolución Francesa.
En la actualidad, además de corazones, en toda Croacia se pueden comprar corbatas y el día 18 de octubre se celebra su día en muchas ciudades del país.

Tras la visita fracasada continuamos hasta la calle Bogovićeva, en busca de una de las esculturas más populares de la ciudad: el Sol Aterrizado.

Realizado por el artista Ivan Kozaric, se trata de una bola dorada que representa al sol. Dicho así no parece gran cosa, y menos viendo la cantidad de pintadas que tiene, pero la obra es interesante porque inició la creación de todo el sistema solar en Zagreb. Tras el sol, se fueron añadiendo los planetas por toda la ciudad siguiendo una escala de 1:680 000 000. Es decir, quedaría representado todo el sistema según las proporciones reales. Intentamos buscar varios planetas según las coordenadas, pero no los encontramos. No sé si quizá los han retirado debido a actos incívicos (como con el sol) o que fuimos unos negados de la observación.

Con otra desilusión a nuestras espaldas continuamos por la calle paralela, la Teslina ulica, donde nos topamos con una gran escultura de Nikola Tesla, inventor e ingeniero mecánico de origen croata (nació en Smiljan, pero luego se nacionalizó estadounidense tras emigrar a América).

Es todo un referente para los croatas y cada día el de más gente, que diría Matías Prats. Y es que aunque fue muy relevante en el pasado, ha quedado bastante olvidado hasta entrado este siglo. Parte de la culpa la tiene Tesla Motors, que usa su nombre además de una de sus creaciones por la cara porque las patentes han caducado. Aunque también tiene mucho que ver que se han ido descubriendo que muchas ideas no eran tan descabelladas como parecían. Incluso hay quien dice que predijo internet cuando pensaba en una forma de interconectar el mundo por medio de redes.

Descubrió e inventó muchas cosas, pero no siempre se llevó el reconocimiento. Por ejemplo, hasta 1943 no se le reconoció el invento de las transmisiones por radio, algo que se le venía atribuyendo a Marconi. Al parecer, aunque tenía muchas ideas, no siempre conseguía financiar sus inventos porque no se explicaba bien y apenas aportaba planos, pues estaba todo en su cabeza.

La calle Tesla nos conduce al extremo oriental de la herradura, que comienza con el Parque Zrinjevac, un área de recreo que recibe su nombre en honor al virrey croata, Nikola Šubić Zrinski.

En el centro se halla el pabellón de música, que en verano se usa como escenario de conciertos al aire libre, una costumbre arraigada desde el siglo XIX.

Cuenta además con la primera fuente de la ciudad, la Prva Zagrebačka Fontana, colocada tras la instalación de las tuberías en la ciudad en 1878.

Además, en uno de sus extremos se ubica un pilar meteorológico realizado en mármol y que muestra la presión, la temperatura y la hora. En el extremo opuesto pueden verse varios bustos de grandes figuras de la historia de Croacia.

A este parque le sigue otro, el Josip Juraj Strossmayer, donde se erige el edificio de la Academia Croata de las Artes y las Ciencias, fundada en 1866 bajo el nombre de Academia Yugoslava de Ciencias y Artes y con el obispo Josip Juraj Strossmayer como benefactor principal.

Llegados a este punto, si continuábamos la herradura, llegaríamos a la estación y muy cerca teníamos el alojamiento. Por un lado, apenas eran las cinco de la tarde, por lo que era pronto para volver al apartamento; pero por otro al día siguiente tendríamos que madrugar bastante para coger el tren de las 7 de la mañana, con lo que tampoco nos venía mal ducharnos y cenar pronto para dormir al menos ocho horas.

Así pues, tras decidir que era hora de recogerse, estudiamos las opciones que teníamos para cenar y, después de darle varias vueltas, decidimos volver sobre nuestros pasos hasta la plaza de Dolac para comprar en una pekara que habíamos visto. Compramos un croasán enorme relleno de lechuga, jamón york, queso y huevo y una especie de pretzel aunque con otra masa y relleno de queso. Hicimos una parada también para comprar unas cervezas locales (por 10 kunas cada lata) y nos volvimos al apartamento.

Después de reposar un rato, recogimos y dejamos prácticamente cerradas las mochilas. Nos duchamos y cenamos mientras veíamos un programa de la RAI (la tele en croata no nos aportaba mucho) en que hacían un repaso musical al estilo del programa de TVE Viaje al centro de la tele, aunque de peor calidad y menos humor.

Y poco más dio de sí el día. Tocaba descansar para al día siguiente cambiar de país.

4 comentarios en “Balcanes VII. Día 2: Recorriendo Zagreb IV: Ciudad Alta

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