Balcanes XI. Día 3: Recorriendo Liubliana III

Seguimos caminando por la ribera del río valorando las opciones para comer. Como no queríamos perder mucho tiempo, pensamos que la mejor opción era buscar una panadería/pastelería. Encontramos un pequeño supermercado en que tenían una zona con bocadillos y este tipo de bollos de hojaldre tan típicos de la zona. Así que nos hicimos con un surtido, algo de beber y nos fuimos al Parque Zveza (Parque Estrella).

El alargado llevaba carne y estaba un poco especiado, con un toque picante. El de en medio sabía a pizza, pues llevaba una salsa de tomate con orégano (además de pollo) y el redondo era como una tartaleta de queso. Ricos y contundentes por unos 5€. De postre, acabamos las moras que nos habían quedado de media mañana, antes de que se nos pusieran malas.

Tras comer y descansar un rato las piernas, continuamos nuestra ruta, no sin antes dar una vuelta al parque.

En realidad el parque forma parte de la Plaza del Congreso (Kongresni trg), un lugar en el que han tenido lugar momentos importantes de la historia del país, como por ejemplo la proclamación de la independencia del gobierno austriaco-húngaro y el establecimiento del Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios en octubre de 1918, el discurso de Tito tras la II Guerra Mundial o la manifestación del 22 de junio de 1988 por la liberación de cuatro periodistas eslovenos que habían sido encarcelados por el ejército yugoslavo que marcó el inicio de la primavera eslovena y condujo a la declaración de la independencia de Eslovenia el 25 de junio de 1991.

La plaza fue construida en 1821 sobre las ruinas de un monasterio medieval capuchino. En ella se estableció el Congreso, de ahí su nombre, aunque lo cambió por Plaza de la Revolución (Revolucije Trg) durante el período comunista. En el lugar que se ubicaba el Congreso de 1902 a 1918, ahora se halla el edificio de la Universidad de Liubliana, la mayor y más antigua universidad eslovena (de hecho hasta la década de los 80 del siglo pasado que se inauguró la de Maribor, era la única).

Fue fundada tras la caída del Imperio Austrohúngaro ante la necesidad de crear una institución en la que se enseñase en esloveno. Hasta el momento los estudiantes tenían que desplazarse a universidades cercanas como Zagreb o Viena.

En el extremo opuesto se encuentra el edificio neoclásico Kazina, usado durante siglos como centro de la vida social de la clase alta de los habitantes de la ciudad.

A él se acudía para relacionarse, así como para ponerse al día con los acontecimientos del mundo político y literario. Contaba con cafetería, dos salas de juego para no fumadores, salas de lectura, sala de billar, un salón para 400 personas, cocina y dos comedores. A finales de siglo XIX se convirtió en el centro de la vida social de los alemanes que residían a la ciudad y fue su lugar de reunión hasta 1921, cuando el edificio fue tomado por el Partido Demócrata Yugoslavo Liberal. Pasó entonces a ser el punto de encuentro de la burguesía liberal eslovena.

Durante la II Guerra Mundial fue ocupado por soldados italianos y se convirtió en la sede de la provincia. Tras la contienda albergó una escuela de danza y acogió varias secciones de instituciones como los Archivos de la República de Eslovenia o el Instituto de Historia Reciente.

En 1954, cuando la distribución del Territorio Libre de Trieste finalmente dio a Eslovenia una salida al mar, se colocó frente al edificio un ancla de un barco italiano que fue hundido durante la guerra.

Al sur de la plaza, cerca del antiguo edificio del Congreso destaca el de la Orquesta Filarmónica Eslovena (Slovenska filharmonija).

Como consta en su fachada, tiene su origen en 1701 cuando se creó la Academia Philharmonicorum. Hacia finales de siglo sería sucedida por la Sociedad Filarmónica, en la que participaban Beethoven, Haydn o Brahms. El edificio, diseñado por Adolf Wagner en estilo neo-renacentista, es posterior. Data de 1891y se asienta sobre los cimientos del antiguo Teatro Estate (Stanovsko gledališče) que acabó destruido en 1887.

En la parte superior del parque nos topamos con más restos de las murallas de la ciudad de Emona. Y es que en la época romana la plaza era el lugar en que se encontraba el cementerio.

Frente a las ruinas se erige la Iglesia Ursulina de la Santísima Trinidad, un templo barroco que data de 1726.

En su diseño intenta aludir continuamente al simbolismo de la trinidad, haciendo un uso continuo del número 3. Así, la parte central de su fachada cuenta con tres hileras de ventanas, con dos grupos de tres columnas y el tejado hace tres aguas.

En 1927 siguiendo los planos de Plečnik para la replanificación de la plaza frente a la iglesia se colocó una copia de la Columna de la Santísima Trinidad (supuestamente creada por Francesco Robba en 1722). La original se conserva en el Museo de la Ciudad.

Y de la Plaza del Congreso nos dirigimos a otra plaza importante, la de la República (Trg republike), que se encuentra justo detrás. Es la plaza más grande de la ciudad y no es que destaque precisamente por su belleza, pero es el centro político, cultural y de negocios de Liubliana. Además, tiene un importante valor histórico y simbólico, ya que es donde se declaró la independencia del país en junio de 1991. Bautizada al principio como Plaza de la Revolución, fue proyectada en 1960 por el arquitecto Edvard Ravnikar en un espacio que había pertenecido a los jardines del Monasterio Ursulino.

Queda rodeada por las dos torres del Banco de Ljubljana y del edificio de oficinas TR3, el Centro Cultural y de Congresos (Cankarjev Dom) el centro comercial Maximarket y la Asamblea Nacional de la República Eslovena.

Además, en un lateral de la plaza hay varios grupos escultóricos. El Monumento a la Revolución del escultor Drago Tršar (Spomenik Revolucije) fue inaugurado en 1975 y según el autor representa un conjunto de encuentros, luchas y victorias revolucionarias.

Intentó contrastar el movimiento de masas frente a la opresión. Así, mientras el lado izquierdo simboliza la opresión de la nación a lo largo de su historia; por contra, en el derecho,como reacción a dicha opresión, el pueblo despierta y comienza la revolución. Aunque no es realista en su representación, sino que es abstracta, es una escultura socialista en su concepción, ya que en lugar de centrarse en el individuo lo hace el espíritu colectivo, en la fraternidad y unidad del pueblo representando a una sociedad con el puño en alto.

Cruzamos hacia el parlamento, junto al que se extiende un parque en el que se halla el sepulcro de los héroes nacionales.

En el mismo parque también podemos encontrar varias estatuas, así como el Museo Nacional de Eslovenia, en un palacio renacentista construido entre 1883 y 1885.

Nada más salir del parque llama la atención el edificio de la Ópera de Liubliana, construido entre 1890 y 1892 en estilo neo-renacentista y que alberga el Teatro Nacional, la Ópera y el Ballet de Liubliana.

A su inauguración se convirtió en un importante centro de la cultura nacional. Pero además de obras de teatro y ópera en esloveno, también acogió actuaciones en alemán hasta 1911 que se construyó el Teatro Drama. Durante la I Guerra Mundial cesó el programa de representaciones teatrales y tan solo se proyectaron películas. Fue después de ella, en 1919, cuando se recuperó el edificio para su función original convirtiéndose en la sede nacional de la ópera y el ballet.

Hoy cuenta con un amplio repertorio de óperas, ballets y conciertos. Además, acoge eventos sociales como recepciones o cenas de gala.

En su fachada destaca la entrada principal, adornada por un frontón triangular que descansa sobre columnas jónicas. En dicho frontón se pueden ver diferentes figuras relacionadas con el arte dramático, como querubines portando instrumentos musicales. Por otro lado, en los nichos de las fachadas laterales destacan las esculturas alegóricas de la Comedia y de la Tragedia, que quedan enmarcadas por cuatro medallones que simbolizan la épica, la tragedia, la ópera y la opereta.

Desde la ópera enfilamos la calle Cankarjeva, que era parte del paseo que conectaba el castillo con el parque Tivoli. Hoy es una de las principales arterias comerciales de Liubliana.

La calle nos llevó de vuelta a la plaza Prešeren, animada como siempre. Habíamos vuelto prácticamente al inicio de la ruta, pero aún nos quedaba alguna cosa por ver. Tomando el Puente Triple cruzamos el río hasta la Ribji Trg, una pequeña plaza en la que entre el siglo XVI y el XIX tenía lugar el mercado de pescado. Es aquí donde se encuentra la casa más antigua de Liubliana, la Polževa hiša, que fue construida en 1528. Sobre su entrada se conserva el escudo de armas de su propietario, Volbenko Posch, un rico comerciante que llegó a ser alcalde.

En el centro de la plaza hay una pequeña fuente de segunda mitad del siglo XIX. Aunque fue colocada en esta ubicación en 1981 desde un jardín cercano al castillo de Tivoli.

Volvimos sobre nuestros pasos para recorrer la margen del río tranquilamente descubriendo rincones que nos pudiéramos haber dejado durante la mañana y más que lugares, lo que nos sorprendió fue encontrar a un señor paseando una cría de avestruz. ¡DE AVESTRUZ!

Aún en shock continuamos paseando y cruzamos al Mercado Central, que nos lo habíamos saltado.

En sus aledaños ya no había tanto movimiento como por la mañana cuando lo pasamos de largo de camino al castillo, pero aún quedaban algunos puestos, sobre todo de artesanía, ropa y souvenirs, así que nos dimos un paseo tranquilo buscando qué llevarnos de recuerdo. Aunque parecía obvio que tenía que tener un dragón.

Teníamos los trenes de vuelta a Zagreb a las 14:45 (ya lo habíamos dado por perdido), a las 18:32 y a las 21:05. Como este último nos parecía muy tardío porque llegaba al destino casi a media noche, nos pusimos de límite las 6 de la tarde para estar en la estación. Aún eran poco más de las cuatro, pero nos quedaba por ver Metelkova mesto cerca de las vías, así que emprendimos el regreso tranquilamente para que nos diera tiempo y aún así llegáramos con soltura para recoger las mochilas antes de tomar el tren.

Pero antes de continuar, hicimos una parada en el parque Hrvatski trg, próximo a la iglesia católica de San Pedro (Cerkev Sv. Petra). No eran aún las cuatro de la tarde y el sol pegaba con fuerza. Dado que no llevábamos prisa, decidimos que era un buen lugar para sentarnos un rato.

Esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad, pues parece que existe desde mediados del siglo XIII. No obstante, fue derribada y sustituida en 1733 por una nueva que mezclaba estilos barroco y neoclásico tardío y reconstruida en neo-barroco tras el terremoto de 1895. Sin embargo, este nuevo estilo no gustó, por lo que volvió a ser renovada entre 1938 y 1940 por el arquitecto esloveno Ivan Vurnik, siendo su mujer Helena la encargada de la decoración interior.

Tras la parada, seguimos nuestro camino hacia Metelkova, encontrándonos con la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ordenada construir en 1882 por orden de los lazaristas. De estilo neogótico, destaca su fachada de ladrillo rojo y su torre con el tejado verde.

Queda a tan solo unos pasos de la Ciudad Metelkova, un centro de creación artística un tanto peculiar.

Se ubica en un antiguo complejo militar austrohúngaro construido a finales del siglo XIX y empleado hasta 1911. Después, en 1945 quedó en manos del Ejército Popular de Yugoslavia, quien lo usó hasta la independencia en 1991. Un año antes se había formado la Red de Metelkova, un conjunto de más de 200 organizaciones asociadas en el Movimiento por la Cultura de la Paz y la No Violencia que pretendía que los cuarteles se emplearan con una finalidad creativa y pacífica. Y aunque el municipio en un principio valoró positivamente la propuesta e hizo algunas promesas, en la práctica no había un movimiento real y no parecía que se fuera a llevar a cabo. Más bien al contrario, pues iba a ser derruido. Así, cansados de esperar, la noche del 10 de septiembre de 1993 unas 200 personas pasaron a la acción y ocuparon el antiguo cuartel para evitar su demolición. Hay una placa incluso que lo recuerda. Desde 1995 el recinto se ha organizado de forma autogestionada y desde 2005 ha sido registrado como patrimonio cultural nacional.

Cuando accedimos al recinto nos encontramos con una pista de baloncesto y varios edificios llenos de pintadas y parece que no había más, pero supongo que tenía que ver más con las horas que eran, pues estaba todo cerrado.

Sin embargo, este centro cultural independiente alberga diversas actividades relacionadas con la música, el teatro, la escultura, la pintura, los cómics… Por ejemplo, acoge conciertos, actuaciones de DJs, representaciones, conferencias y otros eventos en los que actúan artistas de todo el mundo.

No obstante, pese a su reconocimiento no solo nacional, sino también internacional, Metelkova Mesto está continuamente amenazada porque se han construido algunos edificios de forma ilegal, por lo que hay continuas inspecciones y algún derribo que interrumpen eventos culturales. Además de los actos que puede haber por el día (y que nosotros no vimos), por la noche parece que se transforma en el alma underground de Liubliana.

Una pena no haber encontrado más ambiente que el color de los grafitis y extrañas obras de arte en nuestro paseo. Aún así, mereció la pena visitar este pequeño centro de producción cultural independiente que ha cambiado la rigidez de un cuartel por el colorido y la creatividad.

Seguía siendo pronto para volver a la estación, así que nos acercamos a un Aldi (que en Eslovenia parece llamarse Hofer) y compramos unos sándwiches y ensaladas para cenar, algo de beber, desayuno y provisiones para el día siguiente, pues tomaríamos un tren a Split a las 7 de la mañana y no llegaríamos hasta la hora de comer.

Con poco más que hacer y algo cansados, volvimos a la estación.

El edificio de la estación no es tan imponente como el de Zagreb, pero tuvo gran relevancia cuando fue construido en 1849 y el ferrocarril llegó a la ciudad uniéndola con Viena y Trieste.

Fue renovada en 1980 y ampliada entre 2008 y 2010, cuando se construyó un complejo de oficinas, comercios, un hotel y la nueva estación de autobuses. En el hall de entrada hay un mosaico en el suelo que representa el escudo de la ciudad con el castillo y el dragón y las palabras latinas Sigillvm Labici.

Recogimos las mochilas y cuando faltaba una media hora nos movimos de la sala de espera a nuestro andén, que estaba en la otra punta. Sin embargo, nos tocaría esperar bastante más, ya que parece que nuestro tren tuvo alguna incidencia y llegó con retraso. Con más de una hora y media.

Se nos hizo de noche, tuvimos que sacar las sudaderas para no quedarnos frías y abrimos una bolsa de patatas para que la espera se hiciera más llevadera. Cuando llegó el tren no continuó su recorrido, sino que la gente que venía en él tuvo que montar en uno que nos habían habilitado y abierto unos minutos antes. Por suerte nosotros nos pudimos sentar juntos en un compartimento antes que subiera la marabunta. Eso sí, este tren no era tan cómodo como el de la ida, se parecía más bien a los polacos que habíamos tomado el año anterior. Compartimos espacio con una señora que iba cargada como si estuviera de mudanza y llevaba un par de maletas grandes que debían pesar como un muerto. Ella no pudo subirlas al maletero y el chico que la ayudó casi acaba sepultado.

De nuevo, en la frontera tuvimos que enseñar dos veces el pasaporte, aunque esta vez el croata al ver la lectura que había hecho el esloveno, ni siquiera nos lo pidió, supongo que su comprobación electrónica le sirvió. Esta vez era tan de noche que no pudimos observar el paisaje y acabamos cenando en el trayecto, pues con el retraso la hora de llegada a Zagreb rondaría las once de la noche, y además teníamos que buscar el nuevo alojamiento.

Por suerte la llegada al nuevo piso era con código, por lo que nuestro anfitrión no nos tuvo que esperar. El apartamento tenía una distribución un tanto extraña con un baño partido en dos: por un lado el inodoro con un mini lavabo y por otro la ducha con otro mini lavabo. La cocina era pequeña y contaba con una nevera pequeña (y un cuadro de toros). Pero bueno, solo era para ducharnos y dormir, así que nos servía.

Guardamos la comida en la nevera, nos duchamos, preparamos la ropa y mochilas para el día siguiente y nos echamos a dormir, que tendríamos que madrugar para tomar el tren a Split.

4 comentarios en “Balcanes XI. Día 3: Recorriendo Liubliana III

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