Balcanes XIV. Día 4: Recorriendo Split II

Volvimos sobre nuestros pasos por la Marmontova ulica y nos adentramos por Kraj Svete Marije hasta llegar a la Pjaca o Plaza del Pueblo. Esta plaza fue el primer lugar habitado fuera del recinto amurallado. Familias nobles como Cambj, Pavlović, Nakić, Ciprianis, Karepić contruyeron sus palacios siguiendo el estilo veneciano. Así, a partir del siglo XIV, Pjaca, de dimensiones superiores al Peristilo, se convirtió en el centro administrativo del casco antiguo de Split.

El edificio gótico del antiguo Ayuntamiento, hoy convertido en sala de exposiciones, preside la plaza. Destaca también Morpurgo, una de las librerías más antiguas del mundo y el Café Central, lugar en que se reunían los artistas e intelectuales de la ciudad. La plaza sigue manteniendo aquel espíritu de reunión y hoy abundan los cafés y restaurantes.

Esta plaza nos conduce a la Porta Occidentalis, Porta Ferrea o Puerta de Hierro, que sirve de nexo entre la ciudad veneciana y el recinto del Palacio Diocleciano.

Esta puerta, que junto con la del puerto, era la única abierta en la Edad Media, ha quedado un tanto oculta por construcciones posteriores. Sobre ella se levantó en el siglo XI la iglesia de Nuestra Señora del Campanario, en cuyo campanario románico destaca un peculiar reloj que en vez de contar con 12 números, tiene 24.

Nos perdimos por las pintorescas callejuelas hasta llegar al perímetro norte del palacio donde se hallan el campanario y la capilla que en su día pertenecieron a un convento benedictino. Es lo único que quedó en pie tras su demolición en 1945.

Esta zona junto al parque Josip Juraj Strossmayer está plagada de puestecitos de recuerdos y artesanía. No en vano, es la calle en la que se encuentra el principal acceso al recinto del palacio. Es aquí donde se encuentra la Porta Septemtrionalis, que en el siglo XVI, por influencia veneciana cambió su nombre a Porta Aurea, es decir, Puerta de Oro. Es la más importante de todas, ya que conducía a la cercana Salona, la capital de la provincia romana de Dalmacia. Sin embargo, no podía usarla cualquiera, sino que una vez que Diocleciano la cruzó por primera vez el 1 de junio de 305 cuando se mudó al palacio quedó reservada para el emperador y su familia.

Dada su relevancia, es la más ricamente decorada. En los nichos de su fachada se encontraban las esculturas de los cuatro tetrarcas (gobernantes de una región o subdivisión de una provincia romana) Diocleciano, Maximiano, Galería y Constancio Cloro.

Frente a la puerta destaca la enorme estatua de Gregorio de Nin, obra del escultor croata Ivan Meštrović. Originalmente se encontraba frente a la Catedral, en el centro del Peristilo, pero fue retirada durante la ocupación fascista en 1941. Fue en 1954 cuando se colocó aquí.

Este obispo del siglo X consiguió que se pudiera usar el croata en las celebraciones religiosas, algo que la iglesia no permitió al resto de países hasta diez siglos después.

Hoy su estatua es todo un símbolo de la ciudad y es tradición sobar el pulgar de su pie izquierdo.

De nuevo entre los muros del Palacio, nos callejeamos sin rumbo por sus callejuelas estrechas. Eran las últimas horas de la tarde y las terrazas de los restaurantes empezaban a acomodar a los comensales que se preparaban para la cena. En realidad llamarlo terraza es ser demasiado generosa, pues en muchos casos se trataban de tres o cuatro mesas para dos personas dispuestas junto a la pared del local. Y es que las calles no permitían mucho más.

Para nosotros aún era algo pronto para cenar, pero de todas formas comenzamos a valorar nuestras opciones mientras paseábamos.

Acabamos en la animada Plaza de la Fruta, que, aunque se llama oficialmente Plaza de los Hermanos Radic, recibe este nombre ya que antiguamente era el lugar donde se ponía el mercado de frutas. Era por ello una plaza muy animada, espíritu que sigue manteniendo hoy en día debido sobre todo a los restaurantes y comercios que alberga.

Destaca en el centro la estatua del escritor Marko Marulić, oriundo de Split y considerado el padre de la literatura croata. Al igual que la de Gregorio de Nin y otras de la ciudad, esta obra fue realizada por Ivan Meštrović.

Además, en esta plaza sobresale la torre veneciana octogonal, resto de un antiguo castillo erigido en el siglo XV.

Cerca de la Plaza de la Fruta es donde acabamos comprando nuestra cena. Nos hicimos con una especie de empanada y volvimos al apartamento tranquilamente. Tras una reparadora ducha, cenamos, preparamos las mochilas y nos fuimos a dormir, pues al día siguiente nos esperaba otro buen madrugón.