Aprendiendo fotografía: El triángulo de la luz III

Tras asimilar los dos primeros factores del triángulo de la luz (apertura del diafragma y velocidad de obturación), toca concluir con el tercero: la ISO, que no es otra cosa que el valor que indica cuánta luz es necesaria para poder sacar una buena foto. Y es que de eso va la fotografía: de captar la luz.

ISO se corresponde con las siglas International Organization for Standardization y viene de la unión de la escala ASA (American Standard Asociation) y de la DIN (Deutsches Institut für Normung). No deja de ser un valor estandarizado mundialmente que hemos heredado de la fotografía analógica. Ahora con la digital las cosas han cambiado bastante y se puede regular con la cámara gracias a las fotocélulas del sensor de la cámara, pero en las analógicas tan solo se podía jugar con la apertura y la velocidad. La ISO venía determinada por la cantidad de haluros de plata con la que estaba fabricada la película, así que había que elegir el valor del carrete en función del tipo de fotografía que se quisiera hacer. Algo que no debía ser nada práctico para los fotógrafos profesionales, que imagino que intentarían hacer las sesiones lo más rápido posible para aprovechar las mismas condiciones lumínicas y así no tener que cambiar de carrete. A nivel usuario de a pie, pues supongo que pasaba como en mi casa, que se ponía un carrete de 24 y servía para las fotos del verano, festivales escolares y cumpleaños. Daba igual que fueran fotografías de interior o exterior, que fuera de día o media tarde, retratos o paisajes. Y así pasaba, que siempre había que descartar alguna foto por borrosa u oscura. Hoy con las cámaras digitales ahorramos en el aspecto económico y también resulta mucho más práctico.

Para elegir este modo semiautomático habría que girar el dial a la letra P.

La ISO se mide en una escala en la que cada valor es el doble que el anterior. Así, suele comenzar en 100 y después pasa a 200, 400, 800 y así sucesivamente hasta la sensibilidad máxima que permita el sensor de la cámara. En algunos modelos permite tercios de valor (125, 160…)

Ahora bien, ¿cómo regular este valor? Pues la sensibilidad es inversamente proporcional a la cantidad de luz del momento. Es decir, cuanta más luz haya, menor será la ISO. Por lo que si nos encontramos en una situación en que la luz no es la más adecuada, podemos amplificarla subiendo la ISO. Eso sí, hay que encontrar un punto óptimo en el que no aparezca el maldito ruido.

Y lo mismo por abajo, ya que aunque lo ideal sería elegir una ISO lo más baja posible, hay que tener cuidado con la subexposición. No se trata tanto de seleccionar el más bajo que permita la cámara sino de lo que permitan las circunstancias.

Y aquí es donde volvemos al triángulo y a la correlación de los tres factores, ya que para conseguir más luz sin obtener ruido, es recomendable, en vez de recurrir a la ISO directamente, probar primero a abrir más el diafragma y después disminuir la velocidad de obturación. Y es que con estos dos parámetros lo que se consigue es que pase más luz, mientras que la ISO lo que hace es amplificar digitalmente. Es como falsear la realidad, por así decirlo. No obstante, aumentar la sensibilidad será imprescindible en algunas ocasiones, como cuando hay demasiada oscuridad (por ejemplo en una noche estrellada), cuando se quiere ganar una mayor profundidad de campo o cuando se quiere congelar una imagen pero ya se ha abierto el diafragma al máximo.

Otra opción para mejorar las condiciones, claro está, es la de añadir alguna fuente lumínica extra. No obstante, siempre habrá casos en los que el ruido no se pueda evitar. A veces algo se podrá reducir en la edición (tras haber disparado en RAW), aunque tampoco siempre.

Una vez entendida la teoría de los tres factores del triángulo de la luz lo que toda es practicar, practicar y practicar para asimilar cómo se afectan entre sí y algún día pasar al modo manual.