Balcanes XV. Día 5: Rumbo a Sarajevo

Si el día anterior habíamos tenido que madrugar para viajar de Zagreb a Split, este día aún más. Teníamos el bus a las 7 de la mañana y un paseo hasta la estación de autobuses. Así pues, el despertador sonó pronto, desayunamos mientras fuimos recogiendo nuestros trastos y a las 6:30 íbamos camino de la terminal.

Ya habíamos visto que la estación de trenes necesitaba un poco de renovación, pero la de autobuses no se quedaba atrás. Pronto encontramos nuestro bus y con los billetes en la mano, nos dirigimos a su interior. Con las mochilas pequeñas (30 y 25 litros) no tuvimos problema, pero la de 50 no nos dejaron subirla y tuvimos que guardarla en el maletero, algo que por cierto no está incluido en el billete (1€ o 10 kunas).

Ya acomodados en nuestros asientos, nos preparamos para pasar un viaje lo más ameno posible teniendo en cuenta las circunstancias. Teníamos por delante unas 7 horas y media en un bus que podría ser de antes de la guerra fácilmente, sin baño y que nada tenía que ver con aquel que tomamos de Letonia a Lituania. Ni siquiera con el que fuimos de Vilna a Gdańsk.

Apenas una hora más tarde llegamos a Kamensko, la frontera entre Croacia y Bosnia y Herzegovina. El conductor reserva pasó por todos los asientos recopilando los documentos de identidad, bajó al puesto de control y minutos más tarde volvió a subir y mirando las fotos, comenzó a repartirlos. A nosotros nos dejó para el final porque era fácil saber cuál era nuestra documentación. El resto del pasaje llevaba DNI croata o bosnio, y nosotros pasaporte. A diferencia de en nuestro anterior viaje, aquí sí que nos llevamos sello. Y en mi caso igualaba número de países visitados con edad:36.

Arrancamos y por fin entramos en Bosnia y Herzegovina, que, al parecer, hay que usar la conjunción “y” y no el guion para así hacer énfasis en que el país se compone de dos regiones históricas. Esto no quiere decir que haya unos límites oficiales, sino que reconoce su pasado. Podríamos decir que Herzegovina ocupa el extremo sur del país, mientras que el resto se vendría a corresponder con la Bosnia histórica.

Con forma triangular, el país limita al norte, oeste y suroeste con Croacia; al este con Serbia; al sureste con Montenegro; y con el mar Adriático (solo 30 kilómetros) al sur. Ubicado en la parte occidental de la Península de los Balcanes es en su mayoría montañoso.

No parece estar muy claro de dónde proviene la palabra Bosnia. Por un lado hay datos que indican que en el siglo X el Emperador bizantino Constantino VII la escribió en un manual para hacer referencia a un “país pequeño”. Aunque hay otras teorías. Por un lado una que indica que ya apareció en un texto anterior del año 723. Provendría de Bosna, un importante río importante de la región. Por otro lado, hay quien considera que guarda relación con la raíz indoeuropea bos/bogh (agua que corre). Y no faltan hipótesis sobre otras procedencias latinas o eslavas.

Por otra parte, parece bastante claro el origen del nombre Herzegovina. En la temprana Edad Media la región era gobernada por un noble que se hacía llamar Herzog de San Sava. Añadiéndole -ovina parece que Herzegovina significa terreno del duque.

La región que hoy ocupa el país ya estuvo habitada en el siglo V a. C. por los ilirios. En el siglo III a. C. pasó a pertenecer a la provincia de Iliria, del Imperio Romano. En el siglo VII llegaron los eslavos y pasó a formar parte del Imperio Bizantino hasta que en el siglo XII finalmente se formó el reino de Bosnia que consiguió mantenerse independiente hasta 1463, cuando quedó anexionado al Imperio Otomano. La mayoría de los ciudadanos se convierten al islamismo, algo que perdura hasta la actualidad.

Entre 1718 y 1839 pasó a manos austriacas, pero enseguida volvió a quedar bajo dominio turco hasta 1878. En este período (1851) es cuando se unieron los Eyalatos de Bosnia y Herzegovina. Poco después, con el Congreso de Berlín en 1878 el Imperio Austrohúngaro recuperó el control del territorio, llegando a anexionárselo en 1908.

Tras el final de la I Guerra Mundial Bosnia y Herzegovina se integró en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que en 1929 se convertiría en Yugoslavia. Un poco más tarde, durante la II Guerra Mundial fue anexionado por el estado fascista croata y tras esta, volvió a Yugoslavia como República Socialista de Bosnia y Herzegovina hasta su independencia en 1992 tras una cruenta guerra que se saldó con 250.000 muertos y más de 2.5 millones de refugiados.

No parece estar claro cuál fue la primera víctima. Para los serbios fue un señor que fue asesinado por un bosniaco después de un enfrentamiento por besar la bandera de Serbia mientras gritaba proclamas nacionalistas en la celebración de la boda de su hijo. Esto ocurrió el 1 marzo de 1992. Sin embargo, para los bosniacos fue Suada Dilberovic, víctima de los balazos de los francotiradores serbios cuando se manifestaba contra la guerra. Fue el 5 abril de 1992, el mismo día que Europa reconocía la independencia de Bosnia y Herzegovina.

Con el ambiente tan caldeado la guerra era inevitable y Sarajevo se convirtió en el epicentro del conflicto. La ciudad sufrió un asedio que duró desde el 5 Abril de 1992 hasta el 14 diciembre 1995. Los serbios comenzaron bloqueando las carreteras dejándola aislada (está situada en un valle). Además se cortó la electricidad y el agua y se impidió el suministro de comida y medicamentos. Quedó cercada por francotiradores que se apostaron en las colinas y con un ejército que no podía defenderse pues apenas tenía armas. Pronto el grito ‘Pazite, Snajper!’ (cuidado, francotirador) se convirtió en un acto cotidiano.

Para la llegada del invierno la situación era grave, pues la gente estaba muriéndose literalmente de hambre y la situación empeoró aún más cuando el VRS (Ejército de la República Srpska) comenzó a bombardear la ciudad cargándose mezquitas, iglesias, el parlamento, la biblioteca… Los ataques a civiles eran cada vez más sangrientos, no importando si se trataba de hospitales, colegios… Muchos soldados serbios lo veían como un juego. Se pasaban el día bebiendo y apostando a ver cuántas personas podían matar con sus disparos. Los soldados que integraban este ejército eran, como suele ocurrir, hombres bastante influenciables a los que les habían vendido la idea de que la única manera de constituir la Gran Serbia era eliminar a los bosniacos antes de que estos intentaran eliminarlos a ellos. Les presentaron como fundamentalistas islámicos a unos vecinos que simplemente eran musulmanes, y ni siquiera seguían a rajatabla el Corán. La religión de por medio, como siempre.

Sin embargo esta teoría hacía aguas por todos lados, ya que ni siquiera había una clara separación étnica. En Sarajevo por ejemplo el 35% de los matrimonios eran mixtos y en una misma familia podía haber bosnios musulmanes, bosnios-serbios (ortodoxos) y bosnios-croatas (católicos) a medida que pasaban las generaciones y se iban formando más ramificaciones. La guerra fue cruenta por esto mismo, no había territorios o guettos claros, sino que las etnias estaban muy mezcladas, lo que complicaba la idea de crear un estado étnicamente puro.

La ONU intervino y consiguió el control del aeropuerto de Sarajevo, por lo que pudo llegar la ayuda humanitaria. Además, en 1993 se construyó un túnel subterráneo bajo el aeródromo, por lo que se pudo introducir alimentos, medicamentos y armas evitando el control de las carreteras. Aún así, no era tarea fácil llegar a él, puesto que los ciudadanos tenían que cruzar la peligrosa Avenida de los Francotiradores. No obstante, la opción era morir por las balas o morir de hambre, así que era la única esperanza que les quedaba.

Como era de esperar, tres años de guerra no sirvieron para solucionar nada. Al final de las exrepúblicas Yugoslavas Bosnia y Herzegovina es la más pobre como consecuencia del conflicto y el bloqueo de sus vecinos Serbia y Croacia.

Hoy en día es una república federal con una estructura descentralizada y dividida en dos entidades totalmente autónomas (cada una tiene su propio gobierno y Asamblea Nacional): la Federación de Bosnia y Herzegovina, integrada por zonas de población bosniaca-musulmana y bosnio-croatas, y la República Srpska, de población serbo-bosnios (con su alfabeto cirílico y su mayoría ortodoxa). Y aunque parece que intentan conseguir una unificación administrativa, no es tarea fácil debido a las diferencias entre los ultra-nacionalistas serbo-bosnios y los bosnio-croatas. Y mientras tanto, la incorporación a la UE queda bloqueada.

Y eso que parecen que llevan pensando en la entrada en la UE desde que cambiaron la bandera. En 1991, tras la independencia, fue elegida una que constaba de un escudo azul y franja blanca con flores de lis doradas sobre fondo blanco. El problema era que este escudo era el que habían usado en el siglo XIV los primeros reyes de Bosnia y a la comunidad croata y serbia no le hacía mucha gracia. Así pues, se inició la búsqueda de una que contentara a todos.

No fue un proceso sencillo, pues había muchas propuestas y a cada cual más horrible. Al final el Alto Comisionado de las Naciones Unidas (el parlamento bosnio no llegaba a un consenso) eligió el diseño del español Carlos Westendorp, que no hacía ningún tipo de alusión histórica al estado bosnio. Tampoco es que sea una preciosidad, la verdad sea dicha. Pero teniendo en cuenta que presentó otras dos más feas aún (esta y esta)… aceptamos barco. Eso sí, tomando otro azul que se pareciera más a la de la UE.

Las estrellas, que se suponen infinitas y por eso aparecen cortadas, hacen referencia a Europa y el azul el color de la bandera de la UE. Los picos del triángulo por su parte representan las tres naciones (croatas, serbios y bosnios) que conforman el país.

Nada más pasar la frontera el paisaje cambió, no solo por el hecho de que todo fuera cada vez más montañoso, sino porque comenzaron a aparecer algunas señales en cirílico y mezquitas en cada pueblo.

También casas aparentemente terminadas, pero que no tenían vallas en las terrazas.

Algunas daba la sensación de que estaban abandonadas o a medio construir, pero vimos muchas que daban la sensación de estar habitadas y mantenidas. Parece ser que es común construir una casa unifamiliar en la que se espera que los hijos vivan en plantas superiores. Sin embargo, se ahorran el dinero del vallado hasta que no llegue el momento en que esos pisos queden ocupados.

Salvo una parada de 20 minutos en el pueblo de Bugojno a las 10:30 de la mañana y otra a las 12:15 en Travnik, el resto del camino fue carretera y manta. Es verdad que el bus no era tan cómodo como el tren del día anterior y que la ausencia de baño no ayudó a mi pequeña vejiga; pero entre ratos de lectura, alguna cabezada y observar un paisaje tan verde, pasaron las 7 horas y media más rápido de lo que esperaba.

Nada más bajar vimos un cajero, así que allá que nos dirigimos para sacar dinero, ya que ni el Euro ni las Kunas nos iban a servir. Desde 1998 la moneda de Bosnia y Herzegovina es el marco convertible bosnio (BAM), que sustituyó al Dinar de Bosnia-Herzegovina y mantenía una tasa de cambio 1=1 con el marco alemán. Con la llegada del Euro se estableció la misma paridad que el DM, 1 EUR = 1,95583 BAM.

Al igual que el germano, se divide en 100 Pfennig. Hay monedas de 5, 10, 20 y 50 pfennig, así como de 1, 2 y 5 marcos. Los billetes que se pueden encontrar son de 10, 20, 50, 100 y 200 marcos. A excepción de este último, que tiene un diseño único, todos los demás se emiten en dos modelos: uno para la Federación de Bosnia y Herzegovina, otro para la República Srpska, aunque se pueden usar en todo el país.

No obstante, el cajero no me aceptaba ni la Revolut ni la Bnext, así que decidimos probar suerte por la tarde, cuando saliéramos a recorrer la ciudad. Esperábamos tener más suerte ya metidos de lleno en la urbe. Nos dirigimos pues al apartamento, que se encontraba a unos 15 minutos de la estación. Allí nos esperaba nuestro anfitrión, que nos enseñó brevemente el piso y se marchó. En contraste con el alojamiento del día anterior, aquí teníamos muchos más metros. Por un lado una habitación principal bastante espaciosa y un salón con un sofá chaise-longe que se hacía cama.

Además, teníamos un comedor junto a la equipada cocina y un baño de también buen tamaño. Como añadido contábamos hasta con un pequeño patio.

Nosotros tampoco nos entretuvimos mucho, dejamos las mochilas y nos fuimos en busca de un super. Teníamos uno pequeño cerca del apartamento, por lo que por suerte no tuvimos que dar mucha vuelta. Y es que eran las 3 de la tarde y ya había hambre. Compramos bebida, picoteo, desayuno, algunas latas, queso de untar, algo de fruta y un cartón de huevos. Afortunadamente la Revolut funcionó a la perfección.

Ya de vuelta en el piso preparamos una comida rápida y nos sentamos tranquilamente a comer y plantear qué queríamos hacer aquella tarde.

No obstante, nos pasó un poco como el día anterior. El madrugón y el viaje nos habían dejado cansados. Además el sol pegaba bastante, por lo que decidimos tomárnoslo con calma y echarnos un rato de siesta. Ya habría tiempo de conocer Sarajevo.

6 comentarios en “Balcanes XV. Día 5: Rumbo a Sarajevo

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