Nueva serie “para ver”: Instinct

El verano es buen momento para una revisión de pilotos entre serie y serie. Recientemente llegó el turno de Instinct, el enésimo procedimental en que la policía colabora con un experto para solucionar un caso y esa relación se convierte en algo más permanente. No es nada nuevo, hemos visto este tipo de colaboraciones en Psych, iZombie, El Mentalista, Castle, Einstein o Bones.

Basada en la novela Murder Games de James Patterson, la ficción se centra en Dylan Reinhart, un ex agente de la CIA y ahora profesor de universidad que comienza a colaborar con la policía cuando su libro aparece relacionado con un asesinato. Y aunque ese es el hilo conductor, como procedimental al uso que es tiene un caso semanal y la trama personal de los personajes no influye excesivamente en el desarrollo de la temporada. Sin embargo, a pesar de seguir el esquema clásico de este tipo de series, introduce una novedad, y es que por primera vez en abierto el protagonista es gay (algo que ya ocurre en la novela), y no uno lleno de clichés, no, sino un personaje cuya sexualidad no le define. Parece una tontería, pero es un gran avance, sobre todo para una cadena como la CBS con un espectador cuya edad ronda los 60 años y un género tradicionalmente copado por hombres muy heterosexuales.

Reinhart está protagonizado por el actor Alan Cumming, a quien ya conocíamos de The Good Wife, y sin duda es perfecto para el papel con ese porte británico que tiene. Sabe plasmar la imagen de académico repeinado y que viste chaleco, excéntrico y con una mente brillante. Le acompaña Bojana Novakovic como la detective Lizzie Needham, la típica solitaria que ha perdido a su pareja y no consigue encajar con ningún compañero. No hay mucha novedad en este personaje, al menos así de primeras. Lo bueno es que sabemos que no van a meter un giro de guion que no se sostiene para emparejar a los dos protagonistas incluso cuando no hay química entre ellos, como ocurriera con El Mentalista o Castle. Completan el reparto Whoopi Goldberg como la editora de su futuro libro y Naveen Andrews como su amigo y excompañero en la CIA.

Instinct no es una serie que sorprenda, tampoco es la mayor revelación de la temporada, pero tiene un tono ligero y toques de sarcasmo. Si te gusta el género policíaco, cumple con su objetivo de entretener.

Cuenta con una primera temporada de 13 episodios y este verano se está emitiendo la segunda de otros tantos.

Trucos Viajeros: Consejos para hacer un Interrail (o viajar en tren)

Aunque este último viaje no ha sido realmente un Interrail, en realidad bebe de su esencia. De echarse la mochila a la espalda y recorrer Europa. Pero empecemos por el principio, ¿Qué es el Interrail?

Se trata de un billete que funciona a modo de abono y que permite viajar en tren por un país o varios de Europa durante un período de tiempo determinado (en los ferrocarriles nacionales, no en las compañías privadas). Nació en 1972 para incentivar el movimiento de los jóvenes menores de 21 años por el continente y a lo largo de sus casi 50 años de historia ha ido sufriendo modificaciones. Por ejemplo, ya no es solo para jóvenes, ni tampoco para europeos, sino que está abierta a cualquier ciudadano independientemente de su edad o nacionalidad. El requisito es contar con pasaporte de cualquiera de los países participantes en el Interrail, además de Albania, Andorra, Bielorrusia, Chipre, Estonia, Islas Feroe, Gibraltar, Islandia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Malta, Moldavia, Mónaco, Rusia, San Marino o Ucrania; O justificando una residencia mínima de seis meses en cualquiera de los países que forman parte de la oferta. Para el caso de quienes vivan en otro continente o no lleguen a ese mínimo de tiempo residiendo en alguno de los países, pueden elegir la modalidad Eurorail.

El Interrail también ha cambiado en cuanto a su estructura, ya que antes se dividía por zonas: Mediterránea, Norte, Centroeuropa, Europa del Este… y en la actualidad va en función del país y duración del viaje. Así, hoy en día hay dos tipos de billetes:

Si queremos viajar a dos países, lo más seguro es que salga rentable comprar dos One Country, pero siempre hay que echar cuentas para ver a partir de qué momento compensa decantarse por el Global. Aunque también existen algunos pases singulares como el Interrail Premium Pass (disponible para viajar por Italia y por España en la opción de hasta 8 días en un mes y que permite la reserva anticipada de asientos de forma gratuita) o el de Benelux, que no incluye un país, sino tres.

Y aquí ocurre algo interesante, porque aunque el de Benelux también existe en Eurail, en esta opción de billete para no europeos existe también el combinado de Escandinavia (Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia) con el que puedes visitar cuatro países por el precio de uno (aunque las conexiones ferroviarias en Noruega son como son).

Pero no solo eso, sino que hay una opción muy interesante que es la del Eurail Select Pass, en el cual se pueden elegir hasta tres países limítrofes. Así se podría jugar con diferentes combinaciones como Alemania-Italia-Suiza, Austria-Alemania-Italia, Austria-Alemania-Suiza, Austria-República Checa-Alemania, Austria-República Checa-Hungría, Benelux – República Checa – Alemania, República Checa-Francia-Alemania, Francia – Benelux – Italia… Además, en la web RailEurope se puede encontrar el Balkan FlexiPass, el European East Pass (que lo compramos para Capitales Imperiales en 2015 siendo europeos, y es que solo ponía que no servía para los residentes en los países que incluía ) o el Central Europe Triangle Pass.

Eso sí, cabe señalar que Eurail no tiene One Country Passes para Serbia, Suiza ni Turquía además de Bosnia y Montenegro.

Una vez que hemos decidido el tipo de billete, tenemos que escoger la duración:

En el caso del One Country se puede elegir entre 3, 4, 6 u 8 días de viaje en tren dentro del plazo de un mes. En cada día elegido se pueden realizar viajes ilimitados. Sin embargo, si elegimos el Global Pass, tenemos bastantes más opciones:

  • 3, 5 o 7 días en un mes (consecutivos o no)
  • 10 o 15 días en dos meses (consecutivos o no)
  • 15 o 22 días (continuos)
  • Un mes, dos o tres meses (consecutivos o no)

En este paso hay que hacerse alguna pregunta como ¿Cuántos días me voy a mover en realidad? ¿Cuánto cuestan los billetes individuales? Porque puede ocurrir que salgan más rentables que el Interrail. O que si nos vamos a mover 6 veces, interese comprar el de 5 días y pagar aparte el más barato de los trayectos.

En cualquier caso, es muy importante escribir la fecha del día que se viaja antes de montar el tren. Esto es lo que valida el billete y que comprobará el revisor.

Ojo: Un día de viaje empieza a las 00:01h y termina a las 00:00h.

Para finalizar hay un par de aspectos más que influyen en el precio: la edad y la clase.

Según la edad hay tarifa:

  • Infantil: de 4 a 11 años. Los niños menores de 4 años viajan gratis si van acompañados de adultos (que lo lógico es que no viajen solos…).
  • Joven: menos de 25 años
  • Adulto: A partir de 26
  • Adulto mayor: A partir de 60

Y según la clase:

  • 1ª clase: Con más servicios (por ejemplo acceso a salas VIP de las estaciones), mayor comodidad (vagones menos llenos, más espacio para piernas y equipajes, asientos ergonómicos) y, por supuesto, más cara.
  • 2ª clase: la más económica y frecuente. Y en la mayoría de los casos suficiente, pues los trenes de Europa en general son cómodos y modernos (sobre todo en Centroeuropa).

El número es claramente visible en en tren a la hora de subir.

Normalmente todos los trenes “normales” están incluidos en el Interrail, pero hay algunos casos en los que no. Sin embargo, en ocasiones se puede pagar un suplemento y saldría más barato que comprar el billete individualmente. El billete de Interrail además ofrece descuento en otros tipos de transportes, como el ferry y accesos a museos, actividades o incluso alojamientos.

Una vez aclarados los diferentes tipos de billetes, empezamos decidiendo el destino y el itinerario. Para quienes disfrutamos de los preparativos tanto como del propio viaje, esta etapa es muy entretenida. Sin embargo también puede ser un quebradero de cabeza. En primer lugar habría que ver ciudad de entrada y de salida, marcar en un mapa los puntos de interés por los que se quiere pasar y después intentar unirlos siguiendo las conexiones y horarios disponibles. En la web se puede descargar el mapa de conexiones y además es muy útil la web alemana de Deutsche Bahn. En algunos países es fácil, sobre todo en Centroeuropa; si nos movemos a la Europa del Este, el tema es algo más complicado, como ya hemos visto en nuestros varios intentos de recorrer los Balcanes. Hay que intentar ser realista y aceptar que seguramente no dará tiempo a pasar por todos los lugares marcados en la idea inicial y que es muy probable que muchos se caigan a medida que avancemos en la planificación.

Y por esto considero que es importante planificar la ruta, aunque luego se deje abierta a la improvisación. Contar con la información sobre distancias, conexiones y horarios nos puede ayudar a gestionar mejor el tiempo eligiendo el mejor trayecto o evitando esperas innecesarias en estaciones semiabandonadas. A mí me gusta llevar las etapas más o menos claras porque así puedo organizar mejor mis visitas. Hay veces que quieres realizar una excursión o actividad y necesitas saber cuándo se da o si hay algún día que es gratis (como la entrada a algunos museos). O al revés, evitar un evento que no te interesa y que va a saturar la ciudad, lo que puede complicar la cuestión del hospedaje.

Cabe recordar que el Interrail solo es un billete de tren, por lo que habría que buscar el alojamiento por otro lado. Tradicionalmente se ha asociado a dormir en trenes nocturnos, estaciones o albergues, pero no tiene que ser así. Y supongo que en el inicio era así, cuando había limitación de edad y solo lo hacían jóvenes veinteañeros. Sin embargo, dado que el Interrail solo determina que has de viajar el tren, el resto lo puedes organizar como quieras. Y yo, personalmente, si voy a estar todo el día de acá para allá, quiero llegar por la tarde noche y darme una ducha y poder descansar bien para el día siguiente estar otra vez al pie del cañón. Pero al final depende de cada persona. Lo bueno de este tipo de viaje es que es totalmente flexible y se adapta al presupuesto y a la mentalidad de cada uno. Y la oferta en Europa es tan amplia que hay mucho donde elegir entre dormir en una estación y un hotel. Están el couchsourfing los hostales, los albergues, los apartamentos…

Una vez que hemos decidido cómo queremos viajar, adónde y cuánto tiempo tan solo nos queda preparar la mochila. La recomendación básica es llevar lo mínimo posible. Aunque hoy en día cada vez es más frecuente encontrar grandes y buenas taquillas en las estaciones para dejar el equipaje (o incluso en el alojamiento), a veces no es posible y hay que cargar con él, por lo que es de sentido común que lo mejor es que pese poco. Es decir, la recomendación básica para cualquier viaje: olvidarse de los porsiacasos y buscar prendas versátiles y cómodas.

Cuando es verano es sencillo, pues la ropa es bastante más ligera y ocupa menos. El problema es que también se suda más. No obstante, si el viaje va a ser superior a una semana (o en invierno) y se prevé que se va a necesitar de más mudas, quizá sea planteable buscar una lavandería o un alojamiento con lavadora. En cualquier caso es recomendable revisar la típica lista: un chubasquero (sí, en verano te puede llover en agosto fuera de España), una gorra, gafas de sol, protector solar, una toalla de secado rápido y unas chanclas, un pequeño botiquín y dos pares de zapatillas diferentes por si unas se mojaran, rompieran o nos produjeran algún tipo de roce, herida o molestia. Si es invierno cambiaríamos chubasquero por una chaqueta impermeable, la gorra por un gorro además de guantes y en el calzado al menos uno de los pares debería ser resistente al agua.

A mano conviene llevar la documentación y todo aquello que tenga algo de valor o necesitemos un acceso rápido (móvil, libro electrónico, auriculares, cámara, portátil si se llevara, cables, cargadores, adaptador universal, batería de respaldo, candado/s…). En realidad para viajar por Europa tan solo es necesario el DNI, pero yo personalmente soy partidaria de llevar el pasaporte cada vez que salgo del país. Sobre todo porque es más fácilmente identificable y porque puede que te lleves sello (como en Bosnia).

El cambio de un país a otro no suele ser mucho problema, simplemente se monta la policía de fronteras y piden documentación. Nosotros hemos observado que generalmente al enseñar el pasaporte europeo casi ni nos miran.

Por otro lado habría que pedir antes de partir la Tarjeta Sanitaria Europea y valorar si conviene llevar también un seguro de viaje, ya que esta en algunos casos no sirve (como Bosnia precisamente) y porque normalmente cubre lo mismo que a un local y la sanidad europea a veces es de copago. Puede que compense pagar un seguro de unos 50€ y curarse en salud, nunca mejor dicho.

Por supuesto, no nos podemos olvidar del dinero, puesto que aunque gran parte de Europa es zona Euro, recordemos que hay países que conservan su propia moneda. Como siempre, yo recomiendo sacar en destino antes que cambiar, y desde que he descubierto la Revolut y la Bnext, ni me lo pienso.

Y si la moneda única y las tarjetas prepago nos facilitan la vida, las aplicaciones en nuestro teléfono no se quedan atrás. Son unas herramientas muy útiles que nos pueden sacar de más de un aprieto. Algunas interesantes son:

  • La propia app de Interrail Rail Planner, que permite buscar horarios de los trenes o realizar reservas de asientos de forma anticipada entre otras funcionalidades. En algunas ocasiones es necesario reservar con antelación. Tal es el caso por ejemplo de los de alta velocidad, panorámicos y la mayoría de los nocturnos, aunque también en temporada alta.
  • Aplicaciones para organizar la visita a la ciudad como Triposo o Tripwolf.
  • Aplicaciones meteorológicas como ElTiempo para anticiparse a las inclemencias del tiempo.
  • Aplicaciones de mapas como el propio Google Maps, CityMapper,  Maps.me, CityMaps2GO o Moovit.
  • Aplicaciones financieras como la de nuestro banco para comprobar lo que nos cargan mientras estamos fuera del país,  Splitwise para cuando los gastos del viaje son compartidos o XE para saber a cómo está el cambio de divisas cuando estamos en país que no es Euro.
  • Algún traductor como el de GoogleWord Lens TranslatorCamDictionary.
  • Y otras de música, podcasts ( iVoox) o juegos para entretenernos en trayectos largos y monótonos.

Y desde que se eliminó el Roaming, navegar por internet es un problema menos, aunque tampoco está de mal recurrir a la opción sin conexión siempre que sea posible. Y de todas formas, hay lugares, como los Países Bajos, en cuyas estaciones y trenes hay WiFi gratuito.

Recorrer Europa en tren es una experiencia que hay que probar alguna vez en la vida. No es imprescindible un billete Interrail, sobre todo para estancias cortas; pero si se va a hacer un viaje de más de una semana y además cambiando varias veces de país, sin duda es recomendable. Hay que desterrar la idea de que es solo para jóvenes y adaptarlo a nuestro bolsillo, nuestros gustos, nuestra edad y nuestras ganas. Al final es como cualquier otro viaje, solo cambia el medio de transporte.

Conclusiones de nuestro viaje a los Balcanes

Después del intento fallido en el 2017, finalmente en el 2018 pudimos visitar los Balcanes, o al menos una parte de ellos, ya que las infraestructuras no lo ponen fácil a la hora de moverse entre los diferentes países. Decidimos ser realistas y centrarnos en Zagreb, Liubliana, Split y Sarajevo.

Habíamos planeado un día para Zagreb, otro para Liubliana, dos para Sarajevo y dos tardes para Split y nos salió bien, pues no tengo la sensación de que fuéramos a la carrera en ninguna de las ciudades. Sin embargo, quizá habría tenido más sentido dejar Sarajevo para otro viaje y centrarnos más en Croacia. Esto nos habría ahorrado los dos días que empleamos en la capital bosnia y otros dos de ida y vuelta, es decir, la mitad de las vacaciones. Esos cuatro días se podrían haber destinado para ver algo más de Eslovenia y ciudades costeras croatas como Pula o Zadar, o incluso alguna isla. Pero entonces habría sido otro tipo de viaje, más de sol y playa, más puramente veraniego. No digo que la costa de 1777 km de Croacia y sus más de mil islas no sean interesantes, solo que no era lo que buscábamos. Además, seguiríamos dejando Sarajevo para otro momento con el mismo problema de su aislamiento. Desde luego no es que el trayecto en bus fuera una maravilla, pero es lo que había. Y al menos el paisaje era interesante.

Sabíamos que iba a ser un golpe de realidad por la carencia de las infraestructuras y por la geografía de los Balcanes. Sí, seguimos en Europa, pero está claro que esta Europa no tiene nada que ver con por ejemplo Benelux, que cuenta con unas estupendas conexiones, una magnífica frecuencia y unos modernos trenes.

De hecho, moverse por Bosnia y Herzegovina (e imagino que Serbia, Montenegro…) no tiene nada que ver con otros países balcánicos como Croacia o Eslovenia. El tren en Croacia sí que era cómodo. Es verdad que también nos llevó una mañana viajar de Zagreb a Split, pero es que hablamos de más de 400 kilómetros y de un país muy verde en el que las carreteras y las vías ferroviarias van esquivando 8 parques nacionales, 11 parques naturales y 447 espacios protegidos.

Mucho más rápido es recorrer los 150 kilómetros que separan las capitales croata y eslovena. En un par de horas nos plantamos en la ciudad de los dragones. Eso sí, más complicado lo tuvimos para volver por un tren averiado.

Por lo demás, en esta ocasión no hemos hecho uso del transporte público nada más que para los trayectos desde y hasta los aeropuertos. Y es que las cuatro ciudades que hemos visitado son muy asequibles a pie. Tan solo en Sarajevo se nos quedaban puntos de interés en las afueras, pero lo solucionamos contratando una excursión.

En Zagreb el interior de la ciudad cuenta con una red de tranvías herencia de la época austrohúngara, y más allá, en la parte más externa, predominan los autobuses. Pero como lo que nos interesaba era conocer la ciudad, la pateamos. Incluso con una lluvia intermitente que nos acompañó durante todo el día.

No resulta complicado orientarse en la ciudad, pues se halla dividida en dos zonas: por un lado la Ciudad Alta, donde nació Zagreb, y por otro lado la Ciudad Baja, hacia donde se desarrolló la urbe entre el siglo XIX y principios del XX. El mercado de Dolac y la céntrica plaza de Trg Josipa Jelačića sirven como límite fronterizo entre ambos núcleos.

La Ciudad Alta, situada en una colina, es el casco histórico, donde nació la ciudad tras la unificación de las dos poblaciones enfrentadas de Gradec y Kaptol. No obstante, aunque se han unido, cada una de ellas sigue guardando su carácter. Mientras que Gradec destaca como centro administrativo y político y acoge imponentes edificios del siglo XIX, museos y galerías; por su parte Kaptol es el centro religioso por excelencia con la catedral como máximo exponente.

La Ciudad Baja, por su parte, presume de edificios de aire imperial, museos y vida cultural. Aquí no hay calles peatonales empedradas y un aire medieval, sino que tiene un trazado más regular, con espaciosas avenidas y numerosos parques que sirven de pulmón a la capital.

Situada entre la Europa Central y la costa adriática, ubicada a los pies del monte Medvednica y bañada por el río Sava, Zagreb combina la Croacia continental y la mediterránea. Tiene ese aire austrohúngaro, de gran ciudad, con espacios verdes y llena de vida artística y cultural; pero a la vez un carácter de ciudad pequeña en la que el ritmo es relajado y en la que se disfruta de lo tradicional.

Y si Zagreb nos parecía una ciudad en la que todo quedaba bastante cerca, en Liubliana aún más. A pesar de ser una capital, tiene unas dimensiones reducidas, eso sí, esto no significa que tenga poco interés. Al contrario, es una ciudad con mucho por descubrir, desde grandes plazas en las que predominan monumentales edificios, numerosos puentes sobre el río Ljubljanica, hasta estrechas callejuelas medievales pasando por restos romanos y un castillo en una colina que permite otear la urbe desde arriba. Podíamos haber subido andando, pero tomamos el funicular.

A los pies de la fortificación se halla la ciudad antigua, compuesta por dos barrios. Por un lado el del Ayuntamiento estructurado en tres plazas: Municipal (Mestni trg), Vieja (Stari trg) y Superior (Gornji trg); y por otro del de los Caballeros de la Cruz, al otro lado del río en torno a la Plaza del Congreso y la de la República.

Aunque varios terremotos han devastado Liubliana a lo largo de la historia, ha conseguido conservar las huellas de su pasado desde la ocupación de sus primeros pobladores hasta el día de hoy. Tras el seísmo de 1511, la ciudad fue reconstruida en estilo renacentista y barroco y, más tarde, después del de 1895, se siguieron los cánones del Art Nouveau, el Art Decó y el estilo Secesión vienés. Así pues, en la actualidad Liubliana tiene una riqueza arquitectónica de valor incalculable. La verdad es que nos sorprendió su aire a ciudad de los Habsburgo, casi me atrevería a decir que tenía más de austrohúngara que Zagreb.

Entre 1930 y 1960, durante el período yugoslavo, llegarían los rascacielos basados en modelos americanos, plazas abiertas poco ornamentales y moles de cemento como la Plaza de la República.

Nada que ver este tipo de plazas con las que habíamos visto en el casco histórico o con la Plaza Prešeren.

Liubliana fue sin duda la sorpresa del viaje con su carácter mestizo. No esperábamos encontrarnos restos romanos, un castillo, calles con trazado medieval en las que destacan edificios barrocos y renacentistas, huellas del imperio de los Habsburgo, arquitectura socialista e incluso un antiguo cuartel convertido en barrio alternativo.

Descubrimos una ciudad viva, joven, en la que la gente hacía vida en las plazas, en la calle, en los espacios verdes, en las terrazas junto al río… Quizá haya que volver a Eslovenia y ver qué más esconde.

Y si en Zagreb y Liubliana no habíamos necesitado más que nuestros pies para recorrerlas (y un funicular), en Split era todo mucho más sencillo, pues aunque es la segunda ciudad más grande del país, su casco histórico queda delimitado por las antiguas murallas del Palacio de Diocleciano.

Es verdad que la urbe se ha ido extendiendo más allá de sus muros, pero la parte moderna no tiene gran interés.

La mejor manera de descubrir cómo este palacio se fue convirtiendo en una ciudad fortificada es perderse por sus laberínticas calles llenas de ambiente. Además, al estar prohibido el paso de vehículos, el paseo es más agradable. Eso sí, no evita que haya que esquivar a gente en estrechas callejuelas.

Poco queda del palacio en sí, salvo los muros, algunos elementos originales de las construcciones romanas y restos arquitectónicos de períodos posteriores, pero quizá ahí radica parte de su encanto, en ver cómo es hoy en día y cómo fue hace siglos. Por ejemplo, se perdieron los templos de Cibeles y Venus, mientras que el de Júpiter, el único que ha llegado a nuestros días, lo ha hecho transformado en baptisterio de la catedral.

Split esconde mucha historia, y nos llamó la atención porque no se parecía a ninguna ciudad que hubiéramos visto antes. Aunque también cabe señalar que en algunas plazas y callejuelas tenía la sensación de estar en Dubrovnik.


Es cierto que apenas pasamos un par de tardes en ella y solo nos quedamos en la superficie, pero desde luego captó nuestra atención.

Sarajevo tampoco se quedó atrás en cuanto a atención, aunque era quizá la ciudad en que más expectativas teníamos. Tan tristemente conocida por la guerra al ser el epicentro del conflicto, es una ciudad muy interesante no solo históricamente, sino también en el aspecto cultural y gastronómico.

Encontramos cinco ciudades diferentes. Por un lado el Sarajevo turco en el barrio de Baščaršija, por otro el Sarajevo austrohúngaro, en tercer lugar el Sarajevo soviético, en cuarto el Sarajevo de la guerra y, finalmente, el Sarajevo del siglo XXI. Así, en un mismo paseo podemos sentirnos en los bazares de Turquía, en las calles de Viena o Budapest o en las grandes avenidas de Varsovia o San Petersburgo.

Ubicada en un valle y rodeada por colinas, sirve de conexión entre las culturas de oriente y occidente. Y esto se refleja en sus calles, en sus gentes. Es precisamente esta situación geográfica lo que hace que la ciudad quede compactada. Esto fue un contra en la guerra, pues era un objetivo claro desde las montañas. Sin embargo, como visitante, favorece el recorrido.

La autopista transeuropea conecta Sarajevo con Budapest al norte y con Ploče al sur, sin embargo, la falta de aparcamientos lleva a una mayor convivencia de peatones, bicicletas y favorece el uso de tranvía, trolebús y autobuses en el centro de la ciudad. En Stari Grad se puede pasear tranquilamente sin vehículos. El laberíntico barrio turco consta de calles estrechas adoquinadas e invita a perderse entre sus callejuelas, plazas y patios. La arquitectura, la gente, los bazares y mercados, las tiendas de artesanía distribuidas por gremios, el aroma a café hecho en un cazo de latón, a especias o a platos de la gastronomía bosnia, el olor a té moruno y cachimba, las delicias como los baklavás… todo recuerda a Oriente.

A medida que avanzamos por la calle Ferhadija nos adentramos en el Sarajevo austrohúngaro, con una palpable presencia de edificios de estilo imperial. Y no solo las construcciones, sino el diseño de las calles, más amplias.

Para ver aires del Sarajevo soviético hay que alejarse un poco más aún del centro. Aún se ven las grandes avenidas, como aquella que se convirtió en el punto de mira de los francotiradores serbios y algún edificio al más puro estilo brutalista.

Cerca de estas construcciones se ve el Sarajevo moderno, el que ha ido llegando tras la reconstrucción de la ciudad después del conflicto bélico. Han ido apareciendo rascacielos de vidrio y acero que destacan en el perfil urbano.

¿Y qué queda del Sarajevo de la guerra? Pues aunque cerca de un 80% de la ciudad ya se ha reconstruido, aún quedan visibles las marcas de la metralla en los edificios, se pueden encontrar agujeros en el pavimento y quedan para el recuerdo parques reconvertidos en cementerios en cuyas rápidas se repiten las fechas de fallecimiento.

Y más allá de lo material, en la memoria de sus habitantes quedan heridas que no cicatrizarán nunca. Porque aunque la ciudad se está recuperando y se ha convertido en el centro económico y cultural del país, ya no es lo que era hace 40 años. La Sarajevo del presente ha perdido el equilibrio entre nacionalidades y culturas y encontramos una clara predominancia musulmana que la aleja de aquel apelativo de Jerusalén de Europa. Las heridas están abiertas, pues las soluciones de la guerra no fueron más que parches que no zanjaron nada y Sarajevo está más dividida que antes. De hecho, a un paso tenemos Sarajevo Oriental, perteneciente a la Republica de Srpska con sus banderas de Serbia y sus carteles en cirílico.

La excursión que elegimos fue muy interesante. No solo por poder desplazarnos hasta el Museo del Túnel o a las pistas de bobleigh, sino por la conversación con nuestro guía que vivió la guerra en primera persona siendo un niño. Oír sus recuerdos humanizó el recorrido, aportando un punto de vista más cercano y situándonos en el contexto de los lugares en los que íbamos parando. En cada rincón de Sarajevo hay una lección de historia y recorrer la ciudad de este modo es un duro baño de realidad, pero te involucra más en el viaje. La verdad es que aunque estuvimos toda una mañana de acá para allá, se me hizo bastante corta.

Con respecto a los alojamientos, parece que también elegimos bien. Es verdad que el primero de Split era bastante justo, pero cuando valoramos las opciones, era el que mejor salía sopesando la proximidad al centro, a la estación y precio. Además, solo íbamos a estar una tarde.

El primero en Zagreb sin embargo sí que era bien espacioso. Contábamos con un par de habitaciones y un salón y cocina bastante amplios. También estaba bien ubicado, pues se encontraba a unos 15 minutos de la estación y no muy lejos del centro.

Una pena que nos confundiéramos a la hora de seleccionar las fechas y lo reserváramos solo para dos noches en lugar de tres. Pero afortunadamente no tuvimos problema a la hora de encontrar un techo con apenas 24 horas de adelanto. Aunque como solo lo íbamos a usar para dormir y ducharnos, es verdad que las exigencias eran inferiores. El apartamento tenía una distribución peculiar con un baño separado y minúsculo y una cocina con lo básico. Pero al menos tenía una habitación de buen tamaño con una cama doble y una individual y un salón comedor también bastante cómodo para tres.

Pero para espacioso el de Sarajevo. Teníamos solo una habitación, sin embargo, el chaise-longe del salón nos sirvió como segunda cama. La cocina era bastante grande y estaba perfectamente equipada. Además, contábamos con un comedor junto a ella que daba salida a un patio. Estuvimos bastante cómodos y además a un corto paseo del barrio turco.

Para nuestra última parada en Split antes de volver a casa elegimos de nuevo un piso de una habitación. Y es que los sofás-cama son muy socorridos en estos casos. No era un apartamento muy nuevo, de hecho se notaba en el baño, pero sí que tenía alguna reforma, como la apertura de la cocina, que sin duda favorecía un mejor aprovechamiento del espacio y daba una menor sensación de claustrofobia.

La idea de decantarnos por apartamentos en lugar de por hoteles vino motivada en parte por ser tres, ya que un piso nos daría más espacio que una habitación de hotel. Pero sobre todo porque nos daría la ventaja de contar con zonas comunes y cocina. No es que cocináramos mucho luego durante el viaje, de hecho, solo lo hicimos un par de días (pasta fresca en Split y huevos en Sarajevo), pero tener a mano utensilios facilitaba bastante la cosa.

Además de ese par de ocasiones, también comimos un día fuera en Zagreb, para probar el famoso ćevapi, que en realidad nos decepcionó un poco porque no era tan exótico como creíamos.

Y por lo demás, básicamente funcionamos a base de compra en supermercados y en las pekaras (panaderías). En los tres países había una gastronomía similar y podíamos encontrar puestos, quioscos y panaderías donde comprar los deliciosos burek, dulces, pizzas, empanadas y otros productos realizados con hojaldre o masa filo. Lo mismo solucionábamos un picoteo de media mañana que una cena o un picnic en un parque.

Aunque para picoteos nunca viene mal aprovechar los mercados y la fruta fresca y de temporada.

También probamos cervezas locales. Por parte de Croacia dos: Ožusjko (lager) y Karlovačko (de un sabor más amargo).

También la eslovena Laško, una cerveza suave, aunque con un regusto tostado.

En general el viaje salió según lo programado y el único incidente fue la confusión con la reserva del alojamiento de Zagreb que nos obligó a buscar algo de última hora. Visitamos todo lo que teníamos en mente, hicimos una excursión para empaparnos bien de la historia e incluso dejamos tiempo para la distensión con un Escape Room. Es verdad que tuvimos que hacer ajustes por la lluvia y mover la excursión a Liubliana de un día para otro, pero nada importante.

Para concluir, este fue nuestro resumen de gastos por persona:

  • Vuelo: 401€
  • Alojamientos: 132.39€
  • Seguro: 8.70€
  • Transporte: 80.54€
  • Excursión Sarajevo: 20.57€
  • Escape Room: 36€
  • Comida y algún recuerdo: 83.26€

Lo que hace un total de 738.46€. Sin duda no es un viaje caro, y menos como nosotros nos lo planteamos en plan mochilero. Aunque es verdad que en nuestro caso se nos subió un poco el hecho de ser en agosto y de comprar los billetes de avión tan solo tres meses antes siendo Croacia un destino tan turístico.

Con esto cerramos nuestro viaje a los Balcanes y ponemos la vista en el siguiente: Marruecos.

Balcanes XXII. Día 8: Regreso a Madrid

Nuestro vuelo de vuelta a Madrid era a las 11:35 de la mañana por lo que calculábamos que teníamos que estar en el aeropuerto a las 9:30 de la mañana para llegar con tiempo de facturar la mochila grande. Así pues, algo había que madrugar. No obstante, ya habíamos dejado prácticamente todo recogido por la noche, por lo que fue desayunar, prepararnos y salir.

Teníamos dos opciones de autobús: por un lado la línea 37 y por otro una de la empresa Pleso Prijevoz. La primera opción es una línea regular y por tanto era más barata (17 Kunas), pero también tardaba más (50 minutos), ya que realizaba más paradas. La segunda tenía menos frecuencia (uno a la hora en lugar de dos) y además costaba casi el doble (30 Kunas), sin embargo, tardaba apenas media hora en el trayecto. Teníamos nuestras dudas sobre cuál nos convenía más, así que, después de valorar pros y contras, nos decidimos por la segunda opción, ya que nos cuadraba mejor el horario y la cabecera (en la estación de autobuses). Yo pensé que por la hora y el día que era no íbamos a tener mucho problema, pero menos mal que habíamos salido con tiempo del apartamento, pues el bus se acabó llenando. De hecho, una pareja fue de pie todo el trayecto.

Cuando llegamos al aeropuerto nos encontramos junto a la parada una carpa para hacer la facturación. Fue muy extraño, porque por fuera se veía una terminal bastante moderna y lo último que te esperarías es que tuvieran varios mostradores en el exterior.

Nos pusimos a la cola de uno de ellos (era indiferente con quién volaras y cuál fuera tu destino) y a esperar.

Tras facturar la mochila grande y obtener nuestras tarjetas de embarque nos dirigimos a la terminal propiamente dicha. Y ahí lo entendimos. El aeropuerto es realmente pequeño, por lo que en temporada alta no puede albergar a tantos viajeros y evitan colapsar montando las carpas temporales. Tampoco teníamos mucho que hacer, la verdad, era absurdo dar paseos por donde no hay espacio, así que pronto pasamos el control y buscamos nuestra puerta de embarque.

Y si la parte de mostradores era limitada, la zona de embarque no se quedaba atrás. Además hacía un calor infernal.

Está claro que el aeropuerto de Split se ha quedado muy pequeño. Al menos, como digo, en verano. No había asientos suficientes y te encontrabas a gente por los suelos, encima de radiadores, sentados en maletas… o de pie esperando. Por suerte, nuestro vuelo no salió con retraso y no tuvimos que esperar allí más de lo necesario.

Con nuestra llegada a Madrid se acabó oficialmente nuestro verano. Tan solo nos quedaba contar los días para el próximo viaje: Marrakech.

Serie Terminada: iZombie

Tras cinco temporadas las aventuras de Liv en iZombie llegaron a su fin. Y aunque la serie terminó muy diferente a cómo empezó, creo que los creadores han sabido cuándo cerrarla.

Recordemos que iZombie no es una serie de zombies al uso, sino que escapa del género de terror y tiene un toque más de procedimental aunque con el Leitmotiv de los no-muertos como hilo conductor. Olivia Moore, estudiante de medicina, sale una noche de fiesta y descubre a la mañana siguiente que tiene una necesidad imperiosa de comer cerebros. Contagiada por culpa de un arañazo, decide que no puede seguir con su vida como siempre y, para proteger a sus seres queridos, toma distancia (llega incluso a romper con su prometido) y cambia su especialidad médica por la morgue.

En el depósito no solo se asegura que no dañará a sus pacientes, sino que además tiene a su disposición barra libre de cerebros. Pero su secreto pronto es descubierto, y su jefe, Ravi, se convierte en su amigo y confidente. Además, fascinado por su contagio, intentará investigar qué pasó la noche en que Liv fue contagiada así como encontrar una cura.

Mientras tanto, Liv sigue con su “vida y, dado que descubre que cuando come un cerebro tiene visiones de el fallecido, decide hacer algo bueno y ayudar a la policía como supuesta vidente. Así, comenzará a trabajar con el inspector Babineaux.

Durante prácticamente toda la primera temporada vamos conociendo a los personajes, cómo funciona este tipo de zombies y además se van resolviendo los casos criminales autoconclusivos. Sin embargo, a pesar de una premisa a priori simple, la serie engancha. Y lo hace gracias al ritmo, los personajes, los diálogos, las referencias pop, la fotografía, la música o el mensaje.

Es una serie fresca y dinámica con elementos policíacos, pero además tiene mucho de sátira y parodia, lo cual aligera el ritmo y la temática que se trata, en la que hay continuas referencias a asesinatos, muertes, decapitaciones… Aboga por el entretenimiento y la comedia con un poco de humor negro para equilibrar lo dramático.

En cuanto a los personajes, si bien es cierto que al principio conocemos sobre todo a Liv, Ravi, Babineux y el villano Blaine, a medida que avanza la trama y pasan las temporadas también van ganando peso el exprometido Major Lilywhite y Peyton, la amiga y compañera de piso. Juntos forman un grupo de lo más heterogéneo que sin embargo casa muy bien. Y aunque el secreto de Liv le da algo de chispa a la trama, funciona incluso mejor cuando su círculo más cercano lo descubre. La serie se va volviendo más coral a medida que avanza.

Rose McIver está espectacular en cada capítulo. En cada uno de ellos ha de seguir siendo Liv, pero a la vez combinar su personaje con el de aquel cuyo cerebro se haya comido esta. Este juego le permite lucirse en una cantidad de roles impresionante y el resultado es siempre disparatado, incluso cuando está bajo la influencia de alguien odioso. Es verdad que los caracteres están siempre algo exagerados y estereotipados, pero es que iZombie tiene ese tono.

Todo ello además teniendo en cuenta que es neozelandesa y actúa con acento estadounidense.

A la carta bien jugada de introducir un elemento nuevo en cada capítulo gracias a las personalidades de los cerebros se une el elegante despliegue gastronómico. Una cosa es que seas una zombie, hayas perdido el sentido del gusto y solo paladees el picante y otra cosa que tengas que alimentarte de cerebros humanos crudos (que también). Así, Liv se curra cada día una receta, desde los clásicos fideos de bote hasta un estofado pasando por batidos, sopas, ensaladas, huevos revueltos, sushi, pizza o hamburguesa. No es que los cerebros estén muy logrados (no creo que lo pretendieran), pues se ve claramente que parecen gelatina, pero despierta el interés de ver qué receta se van a sacar de la manga.

También está muy cuidada la estructura de cada capítulo con una cortinilla a modo de cómic. De hecho, están dibujados por Mike Allred, quien ilustra la mayoría de los números y portadas del cómic original de iZombie en que se basa la serie.

Otro de los atractivos de la ficción es que no se toma en serio a sí misma y está pegada a la actualidad gracias a sus referencias a la cultura popular. No solo se mencionan series, libros, artistas, canciones o películas, sino que los protagonistas se ven envueltos en una partida de rol o acuden a la grabación de una serie juvenil sobre zombies. Rob Thomas es muy aficionado a este tipo de alusiones, de hecho, incluso hace humor consigo mismo introduciendo a un cantante que se llama igual que él y es mencionado en varias ocasiones como “el único Rob Thomas”. Y claro, no podían faltar las referencias a Veronica Mars.

Dejando de lado que ambas series son similares en cuanto al estilo juvenil pero no adolescente, en los caracteres, en la estructura de los episodios y temporadas, en la voz en off que acompaña a la protagonista, o en el toque irónico y sarcástico de los diálogos; Thomas no deja escapar ni un sólo juego de palabras y ha unido ambas con alusiones sutiles como ese “A long time ago, we used to be friends”, en boca de Liv que nos lleva a tararear la canción de Dandy Warhols que servía de cabecera en la serie de Neptune.

Y no solo eso, sino que aparece medio elenco de Veronica Mars (incluso la propia Kristen Bell vía audiolibro). Y no hablamos solo de cameos, es que Jason Dohring (Logan) tiene un papel recurrente durante 15 episodios.

No es un problema para mí, de hecho esa similitud entre las series es lo que me atrajo de ella en un primer lugar. Aunque cabe recalcar que iZombie sabe seguir su propio camino y es mucho más de lo que parece a primera vista. Rompe con los esquemas típicos de series de zombies reinventando el género y convirtiéndolo en una ficción sobre la vida, la muerte, la amistad y el respeto al diferente. Ahora que se ha acabado, tendremos que retomar Veronica Mars, que ha vuelto inesperadamente con una cuarta temporada.

Balcanes XXI. Día 7: Vuelta a Split

El sábado amaneció muy temprano, pues teníamos el bus a Split a las 6 de la mañana y una media hora de camino hasta la estación. Ya el día anterior habíamos dejado las mochilas preparadas a falta del pijama y la bolsa de aseo, por lo que desayunamos, terminamos de recoger y salimos a la noche de Sarajevo. Llegamos con unos diez minutos de adelanto, por lo que nos sentamos en un banco a esperar poder cargar el equipaje y subir a ocupar nuestros asientos. La mochila grande de nuevo tuvimos que dejarla abajo, el resto de nuestros bultos pudimos subirlos.

Teníamos un rato largo hasta la frontera y aún no había amanecido, por lo que fuimos echando cabezadas durante el primer tramo del viaje. Al igual que en la ida fuimos haciendo varias paradas puntuales en las que iba subiendo y bajando gente. También pudimos estirar las piernas un par de veces: la primera de ellas en Travnik a las 8 de la mañana (de apenas unos diez minutos) y una segunda a las 11 en Livno. Ahí ya íbamos algo más despiertos disfrutando del paisaje tan frondoso, aunque también con ganas de llegar ya a Split.

Sin embargo, aún nos quedaba pasar la frontera, y no fue tan rápido como para la ida hacia Bosnia y Herzegovina. En este caso, parece que la entrada en un país de la UE lleva un mayor control y tuvimos que bajarnos del bus. Esta vez no nos tomaron las identificaciones y ya, sino que tuvimos que ir desfilando con el pasaporte por la garita de Kamensko. Primero hicimos cola para el control bosnio y después entrar a la sala donde hacían el croata. Es un poco tedioso, pero fue bastante fluido. Creo que había una chica con pasaporte británico, pero por lo demás, salvo nosotros tres, el resto eran bosnios o croatas. Lógicamente, al ser ciudadanos de la UE, no tuvimos ningún problema al presentar nuestra documentación. No nos hicieron ninguna pregunta o comentario. Bueno, a la policía que nos selló el pasaporte parece que le hizo gracia el pelo rizado de mi prima, pues se lo señaló sonriendo mientras hacía un gesto circular con el dedo. Nos sorprendió aquello, pero luego pensando, lo cierto es que no habíamos visto mucha gente con el pelo rizado en nuestro viaje. Quizá no es tan frecuente (y menos tan rizado como ella lo tiene) en los Balcanes. O a lo mejor simplemente es que le hizo gracia a la mujer. Quién sabe, porque fue todo comunicación no verbal.

Subimos los últimos en el bus y parece que íbamos tarde, pues nos preguntaron si íbamos a Split o a alguna parada intermedia para así parar o directamente tirar hasta destino. Sin embargo, después cumplimos con la ruta y llegamos cumpliendo el programa, a las 13:30. Ya que estábamos en la estación y que aún nos faltaba hora y media para poder entrar al apartamento, nos acercamos a información para preguntar por los horarios de los buses que iban al aeropuerto, ya que al día siguiente también teníamos que madrugar y cuanto más dejáramos atado, mejor.

De camino al apartamento pasamos por una panadería-pastelería y aprovechamos para comprar unos bocadillos y hojaldres para comer. Y aún así, aún nos sobró algo de tiempo antes de poder subir, por lo que estuvimos esperando tranquilamente en el portal a la sombra.

A la hora acordada bajó nuestra anfitriona a recogernos, quien nos pidió disculpas por no habernos dejado subir antes, pero estaba limpiando. En realidad no había nada que perdonar, puesto que estaba así indicado en la reserva. Nos enseñó el piso, que constaba de una habitación principal, un salón-cocina con un sofá cama y un baño.

Perfecto para nosotros tres.

Rellenamos el papeleo del alquiler turístico, nos explicó el funcionamiento del aire acondicionado, de la televisión, de la caldera, nos habló un poco de la ciudad y de cómo podíamos movernos, así como recomendaciones de cómo ir al aeropuerto y nos dejó solos. Cansados del viaje, lo único que queríamos era comer y dormir un rato, así que descargamos las mochilas, sacamos la compra y nos echamos la siesta.

Ya a media tarde, cuando el sol había bajado un poco y nosotros habíamos descansado, salimos a dar una vuelta por Split. Esta vez mucho más relajados y sin objetivo claro, puesto que los puntos turísticos ya los habíamos cubierto en la parada anterior. En esta ocasión nos perdimos por las callejuelas de la ciudad y nos sentamos un rato en el Peristilo a ver pasar a la gente.

También echamos un ojo a las tiendecitas y puestos en busca de algún recuerdo que llevarnos a casa. Así, volvimos a la zona próxima a la Puerta Aúrea, a la Riva y a los pasajes subterráneos.

Dimos un paseo por el puerto y cuando comenzó a atardecer nos sentamos en el muelle a disfrutar de la brisa marina y ver atardecer con un helado en la mano. Fue una tarde puramente de relax, disfrutando las últimas horas de vacaciones que nos quedaban antes de tomar un avión de vuelta a Madrid al día siguiente.

Cuando se hizo de noche, como aún era pronto para finalizar el día, volvimos a callejear por la ciudad para verla iluminada, y la verdad es que estaba incluso más animada que por el día, sobre todo el Peristilo. La gente se había engalanado para salir a cenar y tomar algo. No en vano era sábado y además, día 1, con lo que había mucho turista recién llegado dispuesto a disfrutar de la noche.

Sobre las 10 cogimos en un local de la Riva unos tallarines y nos los llevamos al apartamento para dar por concluido el día y nuestro viaje por los Balcanes.

Balcanes XX. Día 6: Recorriendo Sarajevo. Novi Grad

Era nuestro último día en Sarajevo y aún nos quedaban cosas por ver. Comenzamos cruzando el Puente Latino y en la calle Zelenih beretki nos encontramos con unas ruinas que salieron a la luz durante la construcción del Hotel Europa.

Se trata de los restos arqueológicos del Tašlihan, uno de los más importantes khans (hostales) de los cincuenta que había en la ciudad allá por 1878. Fue construido entre 1540 y 1543 para acomodar a los comerciantes, así como sus mercancías y caballos. Junto a la entrada había dos escaleras que conducían desde el patio a la primera planta, donde estaban las habitaciones. El Tašlihan sobrevivió a varios incendios hasta que en 1879 uno de ellos lo arrasó.

Estaba conectado con el Bezistan de Ghazi Husrev-bey, que se construyó a la vez.

Este mercado realizado en piedras y cubierto con seis cúpulas contaba con dos entradas y en él se vendían principalmente productos textiles, sobre todo la tela que producía el Gran Visir de Solimán el Magnífico en Bursa. Quedó seriamente dañado en la guerra, y hoy, tras su reconstrucción, en él se pueden encontrar tiendas de artesanía y recuerdos.

De nuevo en el exterior callejeamos por el barrio otomano y salimos a la calle Mula Mustafe Bašeskije, donde nos encontramos con el Museo de la Antigua Iglesia Ortodoxa. Fundado en 1889, está clasificado entre los cinco museos ortodoxos más importantes del mundo. En su colección alberga pinturas antiguas, grabados hechos a mano, manuscritos y libros impresos (el más importante es el Códice de Sarajevo, que fue escrito en pergamino en el siglo XIV), tapices y textiles, artículos de metal como cruces adornadas de los siglos XVII y XVIII y objetos litúrgicos, dinero antiguo emitido por Turquía, Venecia y la República de Dubrovnik, reliquias, armas…

Siguiendo la misma calle vimos otro museo religioso, esta vez dedicado a los judíos: el Museo de los Judíos de Bosnia y Herzegovina.

El edificio fue construido como sinagoga al final del siglo XVI en la parte de la ciudad entonces conocida como Sijavus-pasha han, un pequeño barrio en Baščaršija donde vivían los judíos provenientes de España y Portugal. Se convirtió en museo en 1966, tras la reconstrucción llevada a cabo una década después de la II Guerra Mundial. Los nazis habían demolido la sinagoga en el 41, aunque durante su historia ya había resultado arrasada varias veces como consecuencia de incendios. Los peores fueron en 1697 y en 1788. En este último el fuego se extendió incluso hasta el barrio judío y el techo de la sinagoga acabó cediendo. Fue reconstruida en 1813, y esta es la apariencia que se recuperó en 1957.

Continuamos el paseo por la gran avenida. Y un poco más adelante de la catedral, justo frente a la parte trasera del Markale, vimos otro mercado, el Pijaca Markale.

Este mercado al aire libre (aunque techado) parecía ser de frutas y verduras sobre todo. Sin embargo, no sé si por las horas, pero el caso es que no había mucho trajín.

Una manzana más allá la calle se convierte en la Maršala Tita y llegamos al monumento de la llama eterna, donde habíamos acabado el día anterior. Tanto en el tramo anterior como en este en el que nos adentramos, predominan cada vez más los edificios altos, algunos recuerdan al pasado austrohúngaro, otros a la Yugoslavia comunista. Y aunque se ha trabajado mucho para reconstruir la ciudad, muchos aún tienen las marcas de los proyectiles.

Recorrimos la calle hasta el BBI Centar, buscando de paso algún sitio donde comer, pues se acercaba la hora. Ya habíamos visitado la zona de noche, momento en que llaman mucho más la atención las grandes torres de acero y vidrio, sin embargo, lo que se nos escapó con tan poca luz fue la placa que recordaba los Juegos Olímpicos del 84.

Frente a esta plaza se halla el Parque Memorial de los Niños, que recuerda a los 521 niños que fueron asesinados durante el asedio de la ciudad.

En los alrededores se hallan varios edificios gubernamentales, como por ejemplo el Predsjedništvo Bosne i Hercegovine, la Presidencia de Bosnia y Herzegovina.

La historia de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina comienza en 1974, cuando la Constitución de la entonces República Socialista de Bosnia y Herzegovina, dentro de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, estableció una nueva institución en el sistema sociopolítico. En aquel sistema, la Presidencia contaba con nueve miembros. La primera reunión de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina se eligió en septiembre de 1996 mediante votación directa en la Federación de Bosnia y Herzegovina y la República Srpska.

Un poco más adelante se halla la mole de un edificio ministerial claramente de corte soviético.

En él aún podemos ver los daños de la guerra.

Su diseño contrasta con el edificio que tiene al otro lado de la calle, el de la Mezquita Ali Pasha (Alipašina džamija).

Esta mezquita es parte del legado de Hadim Ali Pasha, nacido en Sarajevo, criado y educado en Estambul y que después sirvió para el Ejército Otomano. Se cree que fue construida en 1560 o 1561 y está considerada como una de las mejor proporcionadas y más bellas construidas en estilo clásico otomano en el país. Fue el foco central del barrio residencial y, junto con el harem, ocupaba un gran área hasta que se construyeron las carreteras y la vía del tranvía, momento en que el barrio fue demolido y el harem de la mezquita se vio reducido en un espacio junto a la calle Maršala Tita que más tarde se convertiría en un parque.

El cementerio que rodea la mezquita es más antiguo que el edificio. En él está enterrado desde 1557 Ali Pasha, así como otros destacados bosnios.

Bordeamos la mezquita y tomamos la calle paralela a la Maršala Tita para tomar rumbo al centro de vuelta. De camino nos encontramos con más oficinas de la administración, enormes edificios de corte austrohúngaro.

Claramente han sido reconstruidos, porque se ven en muy buen estado, no así como otros edificios de viviendas, que parece que lo más que han hecho ha sido reparar los daños de la guerra desde el punto de vista estructural, pero no estético. Cuestión de dinero y de establecer prioridades.

Poco antes de llegar a la calle Kulovića nos encontramos con otras ruinas, estas pertenecientes a la mezquita de Kalin hadži-Alija, construida en 1535 y destruida en 1947.

Las excavaciones arqueológicas comenzaron en septiembre de 2017 por la Sociedad de Arqueólogos en colaboración con profesores y estudiantes de arqueología de la Universidad de Sarajevo. Durante la investigación hallaron numerosos objetos realizados en metal así como vajillas del período otomano.

Asimismo se encontraron los cimientos de todo el complejo de la mezquita y un cementerio con unas 40 tumbas entre las que se encuentra la de la hija de Kalin hadži-Ali.

Justo al otro lado de la calle está el Teatro Nacional, que ya habíamos visto el primer día desde el río.

Continuamos por la Branilaca Sarajeva hasta llegar a otro de los relevantes edificios religiosos de la ciudad, la Catedral de la Natividad de la Madre de Dios.

Construida en 1868 con la colaboración del sultán Abdul Aziz, es la iglesia ortodoxa más grande de los Balcanes. Fue consagrada en 1872, el mismo año en que fue terminada la torre barroca. De estilo neoclásico, cuenta con una planta en forma de cruz y cinco cúpulas neobizantinas. Su iconostasio, realizado por un artesano ruso en 1869, fue donado por la familia imperial rusa.

Se erige en un parque en el que encontramos a varios grupos de hombres jugando al ajedrez gigante, un juego que parece que es muy popular no solo en la ciudad, sino en el país.

Alrededor de ellos se arremolinan amigos, curiosos y aficionados para seguir la partida.

En el parque también se halla una curiosa estatua de un hombre intentando formar un globo terráqueo. En su pedestal reza la frase en italiano y bosnio”El hombre multicultural construirá el mundo”

Inaugurada el 14 de julio de 1997, refleja muy bien el espíritu de una ciudad en la que durante siglos convivieron diferentes credos y nacionalidades.

Con esta última parada de nuevo nos adentramos de nuevo en Baščaršija, donde nos perdimos entre sus calles y bazares en busca de algún recuerdo. En Sarajevo se pueden encontrar desde tapices o textiles hasta juegos de té y objetos realizados en distintos metales pasando por los típicos imanes que representan los símbolos de la ciudad o la mascota de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984.

Pero sin duda lo que más llama la atención son aquellos objetos realizados con balas de la guerra. Aunque lo cierto es que no sé si aún les quedarán balas o estas que se venden hoy en día provienen de otro lugar.

Tras hacer alguna compra, y ya con el atardecer, nos dirigimos al centro comercial para cenar allí. Íbamos con la intención de comer en un japonés, pero no nos quedaba tanto dinero y no pensábamos sacar más para las horas que nos quedaban en el país, así que dimos una vuelta y nos decidimos por un local en el que tenían una especie de platos combinados.

Después de cenar y comprar unos baklavás de postre, volvimos al apartamento para preparar las mochilas, ducharnos, cenar y acostarnos pronto, pues al día siguiente teníamos un viaje duro por delante de vuelta a Split.