Balcanes XVIII. Día 6: Recorriendo Sarajevo. El asedio de Sarajevo

Tras desayunar, nos dirigimos a la oficina de Sarajevo Funky Tours, con quienes habíamos contratado la excursión de 4 horas sobre el Asedio de Sarajevo. Consistía en un recorrido en furgoneta por lugares como la Avenida de los Francotiradores, el Museo del Túnel de la Guerra, Sarajevo Oriental (República Srpska), la montaña olímpica de Trebević, las antiguas pistas de Bobsleigh de las Olimpiadas de Invierno de 1984 o el cementerio judío.

Normalmente solemos visitar las ciudades por libre, informándonos previamente sobre la historia del lugar, los puntos de interés, los sitios más turísticos, los más pintorescos… Sin embargo, en este caso nos encontramos con que había puntos que estaban alejados del centro y a los que no era tan fácil llegar con transporte público o a pie. Además, para “entender” la guerra, nos parecía interesante no quedarnos en la superficie con los datos que podemos leer en los libros o la prensa de aquel momento, sino ir más allá y conocer la realidad que vivieron muchos bosnios.

Cuando llegamos a la oficina de la agencia ya estaban otras dos personas que también habían contratado el tour, un australiano que estaba de visita en la ciudad porque había venido a tocar el violín con su orquesta, y una austriaca que estaba de vacaciones como nosotros. En principio se nos iban a unir otras dos personas, pero no aparecieron, así que al final salimos los cinco visitantes, el guía y el conductor.

Nos dirigimos hacia nuestra primera parada y por el camino nuestro guía fue poniéndonos en situación relatándonos los acontecimientos históricos que llevaron a la guerra. Recordemos que cuando en febrero de 1992 la República Socialista de Bosnia y Herzegovina aprobó en referéndum la independencia de la República Federal Socialista de Yugoslavia, Serbia se armó para impedir que se llevara a cabo tal secesión. La comunidad serbia en Bosnia formó el Ejército de la República Srpska (VRS) y junto con el Ejército Popular Yugoslavo (JNA) tomó posiciones en las colinas de la ciudad, comenzando así el largo asedio de Sarajevo que duraría 1.425 días.

El 5 de abril del 92, día de la declaración de independencia, mientras una gran multitud se manifestaba, los francotiradores serbios comenzaron a disparar. Y de allí no se movieron, ya que desde las colinas tenían un amplio rango de disparo sin obstáculos entre su posición y las de las víctimas. Recorrimos con la furgoneta el bulevar Mese Selimovica, una de las principales arterias de Sarajevo, e incluso hoy en día con la construcción de nuevos edificios, se puede una imaginar porqué era conocida como la Avenida de los Francotiradores (Snajperska aleja). Los transeúntes arriesgaban diariamente sus vidas cuando tenían que caminar por ella o por las calles cercanas. Se convertían en blancos fáciles para unos francotiradores que no discriminaban. Apuntaban a cualquier cuerpo en movimiento, fuera civil o no.

En la avenida se colocaron decenas de carteles con la alerta “Pazi – Snajper!” (“¡Peligro, Francotiradores!”) después de las primeras muertes, pero aún así había gente que tenía que cruzarla para llegar a sus casas, a sus trabajos o centros de estudio.

Tras pasar el aeropuerto llegamos al Túnel D-B, también conocido como Túnel de la Esperanza, pues durante aquel asedio permitía a los habitantes de la ciudad llegar a los pocos suministros que llegaban a Sarajevo. Por él entraban alimentos, armas, combustible, medicamentos, cigarrillos, ropa…

Su excavación comenzó en 1993 y conectaba el centro de la ciudad, que estaba sitiado, con las afueras. Se eligió la casa de la señora Sida Kolar por estar próxima al aeropuerto (cuyo control había recuperado la ONU poco antes) y constituía una vía de supervivencia (y de escape en algunos casos) para los ciudadanos. Sin embargo, no estaba libre de peligro, pues antes había que llegar a su entrada, atravesando seguramente medio Sarajevo exponiéndose a los francotiradores. Y después, con la carga hacer el camino inverso esquivando balas y mortero.

El pequeño tramo que aún queda abierto se convirtió en museo y en él podemos conocer la historia de la guerra mediante paneles explicativos con fotos de la época, la del túnel gracias a un vídeo, visitar una reconstrucción de los campos minados y una exposición de diversos objetos cotidianos, así como uniformes de guerra o munición recogida tras la contienda.

Allí se conserva la bomba que fue lanzada en el atiborrado Mercado de Markale el 5 de febrero de 1994 y que acabó con la vida de 68 personas y dejó heridas a 144.

También se pueden recorrer los últimos 25 metros rehabilitados de los 900 que tuvo en su día e imaginar la claustrofobia que debían sentir los sarajevitas cuando lo recorrían. Yo apenas paso del metro cincuenta y tenía que ir un tanto encorvada, así que para una persona más alta y además con carga extra, debía suponer un gran esfuerzo recorrerlo.

Aún así, se estima que lo cruzaron unos tres millones de personas desde su construcción hasta el fin de la guerra.

Tras la visita al museo, dura, pero necesaria, volvimos a la furgoneta y retomamos la ruta. De camino a la montaña Trebević pasamos por el límite entre Sarajevo y Sarajevo Oriental. No hay una frontera como tal, pero se percibe en las señales y carteles cuando el alfabeto latino va convirtiéndose en cirílico. Nos comentó nuestro guía que el idioma que hablan a un lado y a otro de la frontera es el mismo (con localismos como puede haber entre cualquier población) y que la diferencia viene dada por la escritura. Al parecer durante los años de primaria tenía que hacer los deberes una semana escribiendo en cirílico y otra en latino, para así dominar los dos.

Paramos en el barrio de Kovačić, en la ladera de la montaña, donde se halla el Antiguo Cementerio judío.

Fundado en 1630, es uno de los cementerios sefardíes más famosos del mundo y el segundo más grande de Europa por detrás del de Praga. Alberga más de 3.850 tumbas en un área de 31.160 metros cuadrados y entre ellas aún se conservan algunas de los descendientes sefardíes españoles que huyeron de la limpieza étnica de los Reyes Católicos. Prácticamente a la entrada podemos leer en una lápida algo parecido al español.

No había ese antisemitismo en el Imperio Otomano, sino que se valoraba a la comunidad por sus conocimientos mercantiles y financieros. Tanto, que el sultán Bayezid II envió barcos a los puertos españoles para recoger a los refugiados. E incluso recibía personalmente a los individuos más ilustres. “Aquellos que les mandan, pierden, yo gano”, parece que dijo el sultán otomano.

Los sefarditas se asentaron en la ciudad y construyeron a mediados del siglo XVI su primera sinagoga, ubicada en una zona a la que llamaron El Cortijo. Este barrio quedó reducido a cenizas a finales del XIX y apenas se conservan sus sinagogas, por eso este cementerio es tan importante para la comunidad, pues sirve de testigo del pasado.

Los judíos españoles no solo se mudaron con sus costumbres y su idioma, sino que además se llevaron una reliquia, la hoy conocida como Hagadá de Sarajevo, un manuscrito sobre pergamino blanqueado e iluminado con cobre y oro. Data de 1350 y parece que fue elaborado en Barcelona por los judíos de la Corona de Aragón. Cuenta con 109 páginas, 34 de ellas ricamente ilustradas con pasajes religiosos.

Hoy se expone en una sala especial del Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina, aunque ha estado a punto de perderse a lo largo de su historia. Para empezar, los nazis lo buscaron con ahínco cuando ocuparon Sarajevo en 1941, pero, según nos contó nuestro guía, el bibliotecario jefe del museo, Derviš Korkut, se las ingenió para protegerlo llevándoselo a un imán del pueblo de Zenica, quien lo ocultó en su mezquita. En 1945, tras la II Guerra Mundial, misteriosamente la Hagadá volvió a aparecer en el museo.

En 1992 las autoridades la encontraron en el suelo del museo durante la investigación de un robo. Fue entonces llevada a una cámara acorazada de un banco donde se guardó hasta 1995. Tras la guerra fue restaurada y es expuesta desde diciembre de 2002.

También fueron enterrados en el cementerio judíos ashkenazis, quienes habían llegado huyendo de las persecuciones en el centro de Europa durante el XVII. Al igual que los sefardíes consiguieron prosperar en Sarajevo.

El siglo XX y el Holocausto acabó con cerca del 85% de la población judía de Sarajevo. La mayoría de los pocos supervivientes de la II Guerra Mundial se marcharon al recién creado Estado de Israel. Y la reducida comunidad aún menguó más con la llegada de la guerra en 1992. Actualmente parece que los judíos en Sarajevo no llegan ni a 1.000.

El cementerio jugó un papel relevante durante la guerra de Bosnia, pues al estar en la primera línea de batalla era utilizado para disparar sobre la ciudad. Así, quedó lleno de minas y restos de munición. Tuvo que ser minuciosamente limpiado y reparado tras la contienda, aunque aún se pueden ver los agujeros. Hoy destaca por sus lápidas de piedra con inscripciones en hebreo.

Tras la breve parada en que nuestro guía nos invitó a dar un paseo por el cementerio, nos acercamos al precipicio a observar el panorama. Es verdad que los árboles impedían la visión limpia, pero nos podíamos hacer una idea de la posición privilegiada que tenían los serbios.

Destacan claramente los edificios de este siglo, de acero y vidrio. Y contrastan con la iglesia que marca el límite con la tristemente conocida como Avenida de los Francotiradores. La visión es directa. Imagino que más aún con una mira.

Desde las alturas también se alcanza a ver, sobre todo por su llamativo color amarillo, el Hotel Europe Group.

Durante la guerra este hotel era el Holiday Inn y alojaba a los periodistas extranjeros que estaban cubriendo el conflicto. Literalmente estaban en la zona 0. Había sido construido el año antes de los Juegos Olímpicos de invierno del 84 y rápidamente se convirtió en un icono de la ciudad gracias a su singular arquitectura.

Tras la breve parada volvimos a la furgoneta para seguir subiendo. Hicimos un segundo alto en un edificio en ruinas desde el que se puede comprender aún más la visibilidad que daba la montaña y lo difícil que lo tenían los bosnios para sobrevivir.

De un simple vistazo se abarca todo Sarajevo.

Por último nos dirigimos a la zona olímpica de Trebević. Con las consecuencias de la guerra en nuestra retina, cuesta imaginar el Sarajevo de 1984 que acogió los Juegos Olímpicos de Invierno (cuando aún era parte de la Yugoslavia de Tito). Poco ha llegado a nuestros días de aquella época, pero sí que se conservan los restos de las pistas de bobsleigh construidas ex profeso de estos juegos.

El Bobsleigh es esa disciplina en la que los deportistas se sitúan en lo alto de una montaña cubierta de hielo con un trineo, después empiezan a correr empujándolo y finalmente se meten dentro y descienden a más de 150 km/h. Es de vital importancia conseguir la mayor velocidad posible en esos metros iniciales, pues una vez sentados en el habitáculo, poco pueden hacer (salvo frenar en la línea de meta). Así, la diferencia entre los equipos es mínima, generalmente de centésimas, ni siquiera décimas.

En 1984 las medallas de oro y plata fueron para la RDA, tanto la versión de dos (3:25:56 y 3:26.04), como la de cuatro (3:20:22 y 3:20.78), mientras que las de bronce fueron para la URSS (3:26.16) en el caso de dúo y para Suiza en el cuarteto (3:21.39). Nuestro guía nos dijo que España no había participado, algo que para nada nos pilló por sorpresa, ya que es un deporte que se practica en pocos países, básicamente en el centro y norte de Europa, EEUU o Canadá… No es solo que sea un deporte de invierno y se precise de un determinado clima, sino que se depende de unas instalaciones que escasean.

Estas se siguieron usando para las competiciones de la Copa del Mundo hasta 1991, hasta que cesaron los acontecimientos deportivos por la guerra. Entonces fueron ocupadas por las fuerzas serbias y quedaron seriamente dañadas.

Hoy, a los daños de la guerra, se suman los graffitis y, aunque han perdido su función, según nos comentó nuestro guía, parece que acuden ciclistas de pista para entrenar, y también novios para hacerse fotos para el álbum de boda.

De nuevo el guía nos dejó en la parte alta y nos dijo que las recorriéramos tranquilamente mientras ellos se iban con la furgoneta a la parte baja, donde nos recogerían. Así que así hicimos. Y con esta visita concluimos nuestra excursión volviendo a la oficina de la agencia.

Como eran las 2 de la tarde y hacía calor, repetimos la rutina de los días anteriores y nos volvimos al apartamento a comer y a echarnos un rato con intención de visitar el centro histórico ya a media tarde.

5 comentarios en “Balcanes XVIII. Día 6: Recorriendo Sarajevo. El asedio de Sarajevo

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