Balcanes XIX. Día 6: Recorriendo Sarajevo. De Baščaršija a Mejtaš

Después de la primera toma de contacto de la tarde anterior por las márgenes del río y de la excursión de por la mañana en que habíamos aprendido un poco sobre el asedio de la ciudad, ahora tocaba conocer el casco histórico, el barrio turco de Baščaršija.

El nombre se deriva de las locuciones turcas Baş, que significa principal, y çarşı, bazar o mercado. Y es que ya durante la Edad Media, en este lugar en que después se asentarían los otomanos, ya había un pequeño mercado. Después, en 1460, Isa-Beg Isaković mandó construir uno nuevo que alcanzaría su punto álgido en el siglo XVI recibiendo mercaderes que llegaban de otros puntos del Mediterráneo. Siguiendo la costumbre otomana, el mercado estaba organizado por sectores en función de los oficios de los comerciantes.

En el siglo XVII resultó dañado por un terremoto y un par de incendios, pero lo peor llegó a finales de siglo cuando Eugenio de Saboya conquistó Sarajevo y ordenó saquearla y quemarla. En 1857 se volvió a construir el mercado, aunque bastante más pequeño que el original, puesto que la ciudad se estaba desarrollando siguiendo otros planes urbanísticos.

Hoy, el reducto que queda nos traslada a otros bazares o mercados árabes, a otra época. Podemos encontrar mezquitas, puestos de ropa o alfombras, tiendas artesanales, de recuerdos, locales donde comprar especias, fruta o frutos secos, pequeños restaurantes en los que se puede fumar en cachimba, degustar té moruno, café al más estilo turco, baklavas, burek o el famoso čevapčiči que ya habíamos probado en Zagreb.

Como cualquier otro barrio turco, las calles son estrechas y es muy fácil perderse, sobre todo si eres como yo que tienes nula orientación y te abrumas con tantas tiendas donde mirar.

Vimos un local que vendía Kürtőskalács y nos pareció una buena opción para merendar, así que compramos uno para compartir.

Este dulce húngaro que ya habíamos probado en Budapest se cocina sobre un cilindro que gira sobre el fuego, de forma que la masa se queda crujiente por fuera y esponjosa por dentro. Después se puede completar con diferentes aderezos. Es original de Transilvania, aunque se ha extendido por otros países europeos, como en los Balcanes.

En el área de Baščaršija se concentran varios edificios históricos importantes, en la plaza principal se erige por ejemplo la mezquita Havadža Durak. También conocida como la mezquita Baščaršija, se cree que fue construida en torno a 1530. Cuenta con una cúpula principal y un pórtico abierto con otras más pequeñas, pero nos la encontramos en obras y tapada con una gran tela, por lo que apenas se veía el edificio.

En las proximidades, compitiendo con el minarete de la mezquita, se halla el Sahat-Kula, una torre de reloj de 30 metros de altura que parece que fue erigida en el siglo XVI en honor a un oficial otomano de alto rango. El mecanismo actual fue traído desde Londres en 1875 por unos comerciantes. Cuenta con la particularidad de ser el único reloj público del mundo que mantiene la hora lunar para indicar las horas de las oraciones diarias. Así, el día comenzaría al atardecer, y es por eso que mientras que nuestros relojes marcaban las siete menos cuarto, en este podíamos leer las doce menos veinticinco.

El problema es que como no todos los días atardece a la misma hora, hay que ajustarlo manualmente cada semana. Así pues, hay un señor (Mensur Zlatar) que lleva 50 años (incluso durante la guerra) subiendo los 76 escalones de la torre para ajustar las manecillas y así mantener la precisión horaria. Dado que el relojero ya tiene 72 años, está enseñando a un joven la labor, aunque no se sabe si será su sucesor, ya que esto lo decidirá la Fundación Gazi Husrev-beg.

En la misma plaza se encuentra también la Fuente Sebilj, uno de los iconos de la ciudad.

Esta fuente pública realizada en madera y piedra en estilo pseudomorisco data de 1753. Con forma de kiosco supone un punto de encuentro para los sarajevitas y lugar donde los visitantes se sientan a reposar y observar el trajín de la zona. Además, según la leyenda, si se bebe de ella, se volverá a la ciudad.

Abandonamos la transitada plaza y tomamos la calle Sarači, la más larga del barrio. En 1928 se conectó con la calle Ferhadija y se renombró como Prijestolonasljednika Petra, sin embargo recuperó su nombre original en 1941 y se ha mantenido hasta la fecha. En ella se encuentra la Mezquita Gazi Husrev-beg, la más relevante de la ciudad (y eso que no hay pocas) y uno de los mejores ejemplos de arquitectura islámica en Bosnia y Herzegovina.

Construida en el siglo XVI, lleva el nombre del gobernador otomano que la encargó. Aunque fue Isa-beg Ishakovic quien fundó Sarajevo, Ghazi Husrev-bey contribuyó a que la ciudad ganara su relevancia entre Oriente y Occidente y se convirtiera en un importante centro artesano, comercial y cultural gracias a la construcción de edificios como baños, mercados, posadas, fuentes, mercados y, por supuesto, mezquitas. Sus años de gobierno fueron los más prósperos de Sarajevo.

El espacio central de la mezquita, que mide 13 metros de ancho por 13 de largo, cuenta con una cúpula abovedada de 26 metros de altura. Se extiende a ambos lados por sendos cuadrados de 6.5 metros de ancho y largo, cada uno con su propia entrada. La parte frontal del edificio está dominada por pilares de mármol que soportan los arcos del pórtico de la mezquita. Cuenta además con un minarete de 45 metros de altura desde el que el resuena el muecín cinco veces al día.

En el patio destaca la fuente en la que los creyentes pueden llevar a cabo la ablución o calmar la sed. Fue construida en 1530, pero tuvo que ser restaurada en 1772 porque las temperaturas invernales de Sarajevo hacían que el agua se congelara.

En 1893 fue sustituida por una nueva, hecha de mármol de la isla de Brač, y que ya estaba conectada al sistema de canalización de agua de la ciudad. La última reconstrucción data de 2002.

En la entrada occidental del recinto de la mezquita, la que da a la calle Mudželiti Veliki, se encuentran tres de los chorros de agua de la fuente original.

En la entrada este hay dos mausoleos que mandó construir Gazi Husrev-Beg. El mayor de ellos acoge su propia tumba, y el otro la de su amigo y comandante Murad-beg Tardić.

Esta mezquita ha sido reconstruida varias veces a lo largo de su historia, pues ha pasado por varios incendios. También sufrió desperfectos en la guerra, cuando recibió más de 100 proyectiles. Junto a ella se construyó una madrasa en 1538 en honor a la madre de Ghazi Husrev-bey, una biblioteca y una universidad islámica. Es en ese espacio donde también se encuentra el museo.

Un poco más adelante entramos ya en la calle Ferhadija, una amplia avenida comercial que une el barrio otomano con la parte nueva. Aquí predominan edificios de corte austrohúngaro y podemos encontrar cafeterías y restaurantes, tiendas de ropa internacionales, hoteles, bancos… Hay una marca en el suelo que nos marca el límite de ambos mundos y que nos recuerda que Sarajevo es una ciudad en la que conviven diferentes culturas.

Al principio de la calle, en la esquina con la Vladislava Skarića, se encuentra la mezquita Ferhadija, construida a mediados del siglo XVI en estilo clásico otomano. Ante su entrada hay un pequeño cementerio con una veintena de lápidas.

Un poco más adelante se erige la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús, construida en 1889 en estilo neogótico.

El arquitecto húngaro Josip Vancaš, encargado de su diseño, se inspiró en las catedrales de Notre Dame en Dijon (Francia) y de San Teyn en Praga.

Frente a ella podemos ver una estatua dedicada a Juan Pablo II.

También el resto de una rosa roja.

Estas marcas en el suelo recuerdan a las enormes manchas de sangre que dejaron los muertos como consecuencia de los impactos de mortero lanzados por el ejército serbio entre 1992 y 1995. Rellenadas con una resina roja, podemos encontrar bastantes por todo Sarajevo (aunque muchas han ido desapareciendo con la reconstrucción de la ciudad), algunas un tanto borradas como esta, pero otras bastante más evidentes.

La plaza de la catedral muestra claramente este estilo arquitectónico austrohúngaro y nos retrotrae a cualquier otra ciudad centroeuropea dejando de lado las calles estrechas, los pequeños comercios y el olor a especias y té de la parte otomana.

Continuamos el paseo hasta el Markale, el mercado de la ciudad.

Construido en 1895 también por el arquitecto Josip Vancaš siguiendo el diseño neorrenacentista de August Butsch, recibía el nombre en alemán de Markthalle für Sarajevo. Fue el primer edificio de la ciudad en tener el techo con vigas de acero. Es tristemente conocido por dos masacres que tuvieron lugar durante la guerra. La primera de ellas ocurrió entre las 12:10 y las 12:20 de la mañana del 5 de febrero del 94 cuando los serbios lanzaron en el edificio un proyectil de mortero de 120 mm. Fueron asesinadas 68 personas y 144 resultaron heridas. Un año más tarde, el 28 de agosto del 9, a las 11 de la mañana cinco granadas causaron la muerte de 43 personas y dejaron otras 84 heridas.

En la parte posterior del edificio hay una placa que rememora a estos civiles asesinados. Tan solo un par de días antes había sido el aniversario, por lo que junto a la pared encontramos coronas y ramos en recuerdo a las víctimas.

Hoy sigue siendo un bullicioso mercado en el que se puede encontrar todo tipo de víveres así como souvenirs.

En el tramo final de la calle Ferhadija abundan comercios y restaurantes y nos recuerda a una típica calle Preciados.

En el último tramo de la calle, justo donde se une con la avenida Maršala Tito, encontramos el edificio del antiguo Gran Hotel, diseñado por Karlo Pardžik y Josip Vancaš en estilo renacentista. Abrió sus puertas en 1895 convirtiéndose en el segundo más grande después del Europa Hotel.

Hoy en una de sus fachadas acoge la llama eterna (Vječna vatra), un monumento dedicado a los caídos en la II Guerra Mundial. Diseñado por el arquitecto Juraj Neidhardt, fue inaugurado el 6 de abril de 1946, en el primer aniversario de la liberación de Sarajevo.

Consiste en una pared con un texto tallado en los colores de la antigua bandera de Yugoslavia: azul, blanco y rojo. Delante se halla el fuego en una especie de pebetero con forma de corona de laurel. La llama permanece siempre encendida, como dice su nombre. Tan solo se apagó durante el asedio de la ciudad, ya que no había combustible.

Acabamos la tarde aquí, puesto que a habíamos reservado una sala de escape a las 8 de la tarde. Como aún nos quedaba algo de tiempo, nos volvimos al apartamento para ducharnos y así ahorrar tiempo por la noche.

2 comentarios en “Balcanes XIX. Día 6: Recorriendo Sarajevo. De Baščaršija a Mejtaš

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