Balcanes XXII. Día 8: Regreso a Madrid

Nuestro vuelo de vuelta a Madrid era a las 11:35 de la mañana por lo que calculábamos que teníamos que estar en el aeropuerto a las 9:30 de la mañana para llegar con tiempo de facturar la mochila grande. Así pues, algo había que madrugar. No obstante, ya habíamos dejado prácticamente todo recogido por la noche, por lo que fue desayunar, prepararnos y salir.

Teníamos dos opciones de autobús: por un lado la línea 37 y por otro una de la empresa Pleso Prijevoz. La primera opción es una línea regular y por tanto era más barata (17 Kunas), pero también tardaba más (50 minutos), ya que realizaba más paradas. La segunda tenía menos frecuencia (uno a la hora en lugar de dos) y además costaba casi el doble (30 Kunas), sin embargo, tardaba apenas media hora en el trayecto. Teníamos nuestras dudas sobre cuál nos convenía más, así que, después de valorar pros y contras, nos decidimos por la segunda opción, ya que nos cuadraba mejor el horario y la cabecera (en la estación de autobuses). Yo pensé que por la hora y el día que era no íbamos a tener mucho problema, pero menos mal que habíamos salido con tiempo del apartamento, pues el bus se acabó llenando. De hecho, una pareja fue de pie todo el trayecto.

Cuando llegamos al aeropuerto nos encontramos junto a la parada una carpa para hacer la facturación. Fue muy extraño, porque por fuera se veía una terminal bastante moderna y lo último que te esperarías es que tuvieran varios mostradores en el exterior.

Nos pusimos a la cola de uno de ellos (era indiferente con quién volaras y cuál fuera tu destino) y a esperar.

Tras facturar la mochila grande y obtener nuestras tarjetas de embarque nos dirigimos a la terminal propiamente dicha. Y ahí lo entendimos. El aeropuerto es realmente pequeño, por lo que en temporada alta no puede albergar a tantos viajeros y evitan colapsar montando las carpas temporales. Tampoco teníamos mucho que hacer, la verdad, era absurdo dar paseos por donde no hay espacio, así que pronto pasamos el control y buscamos nuestra puerta de embarque.

Y si la parte de mostradores era limitada, la zona de embarque no se quedaba atrás. Además hacía un calor infernal.

Está claro que el aeropuerto de Split se ha quedado muy pequeño. Al menos, como digo, en verano. No había asientos suficientes y te encontrabas a gente por los suelos, encima de radiadores, sentados en maletas… o de pie esperando. Por suerte, nuestro vuelo no salió con retraso y no tuvimos que esperar allí más de lo necesario.

Con nuestra llegada a Madrid se acabó oficialmente nuestro verano. Tan solo nos quedaba contar los días para el próximo viaje: Marrakech.

3 comentarios en “Balcanes XXII. Día 8: Regreso a Madrid

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