Serie Terminada: Chernobyl

No había terminado Juego de Tronos y HBO ya estaba emitiendo otra serie que ha roto todos los esquemas: Chernobyl.

Durante años, las mejores críticas del sector audiovisual se las llevaba el cine. La tele por su parte era un género menor y los actores que hacían series estaban peor considerados que los que hacían películas. Sin embargo, aquella teoría cambió con la llegada de HBO. De esta cadena son grandes ficciones televisivas como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra. Con Juego de Tronos primero, y Chernobyl después, ha vuelto a marcar el paso. Con tan solo cinco episodios, esta serie se ha convertido en la mejor valorada de todos los tiempos en la web imdb (9.6). Enseguida se corrió la voz y todo el mundo hablaba de ella. En un fin de semana nos la hemos visto en modo maratón.

Con el título es fácil hacerse a la idea de qué va este fenómeno audiovisual, al menos lo es para quienes vamos sumando años. Hagamos memoria: el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin durante una prueba de seguridad fallida se produjo una explosión. Esta detonación provocó que saltara la tapa del reactor 4 y se liberara una nube radiactiva que se extendió por media Europa y puso en alerta a medio mundo. Así, Chernobyl es la crónica de este desastre nuclear ocurrido al norte de Ucrania y casi en la frontera de Bielorrusia (a tan solo 17km). Un accidente que está considerado, junto con el de Fukushima en 2011, como el más grave de la historia (nivel 7).

Según los datos oficiales fallecieron dos empleados de la central como consecuencia de la detonación y otros 29 en los meses siguientes (la mayoría bomberos a causa del Síndrome Agudo por Radiación). Sin embargo, aún hoy, 33 años después, no conocemos el alcance total de la tragedia. La OMS estima que entre 4000 y 9000 personas sufrieron (o sufrirán) cáncer (sobre todo de tiroides por la ingesta de leche contaminada) u otras enfermedades ocasionadas por la exposición a la radiación en los años posteriores, pero es difícil de evaluar porque no se conocen las dosis a las que se vieron expuestos todos los individuos y no existen grupos de control con los que comparar. No hay estudios científicos que hayan conseguido relacionar de forma fiable el accidente nuclear con el cáncer. Sí que se pudieron relacionar sin embargo enfermedades asociadas a la salud mental (50.000 muertes asociadas con alcoholismo y depresión).

Escrita por Craig Mazin, quien venía de secuelas de Scary Movie y Resacón en las Vegas, la serie está inspirada en Voces de Chernóbil, de la Premio Nobel Svetlana Alexievich, un libro que recoge los testimonios de familias y afectados por la catástrofe de Chernóbil. El guionista se pasó dos años leyendo sobre sobre el suceso, recopilando datos, relatos de supervivientes e informes de investigadores y dando forma a este proyecto que sin duda supone un giro drástico en su trayectoria. Coproducida por EEUU y Reino Unido se rodó en 4 meses entre Ucrania y Lituania. En Vilna se recreó Pripyat y las escenas de la central de Chernóbil se grabaron en la central nuclear de Ignalina, que cesó su actividad en 2009 y era prácticamente igual.

Estructurada en cinco episodios de una hora de duración, consigue relatar los acontecimientos tras la tragedia de una forma redonda. Sabe lo que quiere contar, cómo hacerlo y cuál va a ser su cierre. Dedica los dos primeros episodios para el accidente, los dos siguientes para alcanzar el clímax de los acontecimientos y finalmente remata la historia en el último con el juicio. No pierde tiempo en relleno. No hay más que ver cómo comienza, sin introducción ni explicación detallada al espectador, sino que permite que sea él mismo quien deduzca la situación y conozca a los protagonistas a medida que se desarrolla la trama. Además, este arranque también nos suma de una cierta confusión, la misma en la que se encuentran los personajes.

Chernobyl empieza dos años y un minuto después del accidente en la cocina de Valeri Legasov, físico nuclear y miembro de la dirección de la Academia Soviética de Ciencias así como director adjunto del Instituto Kurchatov (centro de la investigación nuclear soviética) que participó en el equipo de emergencia de Chernóbil tratando de minimizar los efectos del desastre. Vemos cómo tras grabar unas cintas de casete y esconderlas, se quita la vida. A partir de ahí, volvemos al 26 de abril de 1986 para intentar reconstruir el camino.

La acción sigue la actividad de la central desde el momento del accidente. El personal reacciona con incredulidad ante lo que acaba de ocurrir. Lo acaban de ver con sus propios ojos, pero no alcanzan a imaginar la magnitud del desastre. Y luego están los mandos intermedios o superiores que directamente no quieren creérselo. Su postura es la negación: no puede haber pasado y no ha pasado. Toda una irresponsabilidad por su parte y más aún cuando el relato que transmiten a las autoridades locales está alejado de la realidad minimizando la gravedad del accidente. Se informó de que había habido una explosión en la central, pero que el reactor estaba intacto.

Ante la situación de emergencia los gobernantes ucranianos quisieron contener la información mientras intentaban poner orden. Sin embargo, en el momento en que se desplazaron al lugar y lo vieron con sus propios ojos, se dieron cuenta de que habían infravalorado el incidente. Y aún así, tardaron en asimilarlo y en reaccionar para poner a salvo a la población. De hecho, el desfile del día del Trabajador, cinco días después del accidente, se celebró con normalidad en la capital, a tan solo 180 kilómetros de Chernóbil. No obstante, la información era difícil de contener, pues pronto los suecos detectaron unos inusuales niveles de radiación y comenzaron a hacer preguntas. Pronto se extendieron las dudas por Europa y finalmente la URSS tuvo que publicar un comunicado.

Chernobyl desarrolla la línea cronológica presentando una atmósfera apocalíptica desasosegante. Potencia el miedo, pero aquí no se teme a un personaje, sino a una amenaza invisible: la radiación. Es difícil plasmar eso en pantalla para mantener al espectador en un estado de alerta constante, así que se juega con los planos y se recurre a la música (y al sonido de los dosímetros) para transmitir el pánico.

Es sin duda una serie de gran calidad técnica que, según los testigos, parece que consigue exponer la catástrofe y el posterior desarrollo de los acontecimientos de una manera bastante precisa, aunque lógicamente, con alguna licencia creativa. Además, recrea con bastante exactitud las localizaciones y la atmósfera de aquellos últimos años de la URSS. Cuenta con una fantástica puesta en escena gracias a la caracterización de personajes (maquillaje, peluquería y vestuario) y a la ambientación de los espacios con detalles como mobiliario, vehículos, cartelería, pancartas, grafitis y arte de corte soviético. Sin embargo, también cae en algunos tópicos como beber vodka como solución a todo, y sacando a coalición a la KGB a la menor ocasión.

Hay que recordar que estamos ante una serie, no un documental, y por tanto, pese a que sea hiperrealista, también cuenta con ciertas licencias para dotar de dramatismo al guion. Por ejemplo, algunos personajes están exagerados y otros tienen más presencia de la que realmente tuvieron. Parece que Legasov fue importante en la gestión del desastre, sin embargo, él no solía trabajar sobre el terreno, sino que lo hacía en el búnker. Tampoco fue testigo en el juicio, sino que declararon otros científicos. El darle este protagonismo viene motivado para centrar la trama en un personaje, al igual que se hace con Ulana Khomyuk, creada para sintetizar a todos aquellos científicos que ayudaron a Legasov.

Esta forma de dar dramatismo, unida a los mitos perpetuados con el paso del tiempo, se ve también en la inexactitud al recrear algunos momentos. Algunos ejemplos:

  • No existen pruebas que confirmen que todos los que se asomaron al puente de Prípiat fallecieran como consecuencia de la radiación. Investigadores que han trabajado sobre el terreno para trabajos periodísticos o científicos afirman haber hablado recientemente con gente que estuvo allí. Tampoco se han hallado pruebas concluyentes que demuestren que el personal del hospital o los visitantes corrieran riesgo. Así, no se podría confirmar que los nacidos tras el accidente se vieran afectados por la exposición a la radiación y más de 100.000 abortos practicados en los meses siguientes habrían sido innecesarios.
  • Aunque sí hubo algunos incendios en la planta, ninguno en el techo.
  • El helicóptero no se estrelló cuando intenta descargar plomo, boro y arena sobre el reactor;
  • Los buzos que se sumergieron debajo del reactor para abrir una válvula vestían con un traje de neopreno y la cabeza al descubierto. No es cierto como se muestra que fueran recompensados económicamente ni aplaudidos al salir. Era su trabajo, sin más. Tampoco lo es que fallecieran. Uno murió en 2005 y los otros dos aún siguen vivos.
  • No parece claro que los mineros llegaran a desnudarse.
  • Personalmente me chirrió que siempre se refirieran entre los personajes como Camarada X o Camarada Y y no recurrieran al uso del patronímico como ya habíamos visto en The Americans. Los rusos tienen su nombre, después el nombre de su padre con el sufijo – ich (masculino) / -ichna o -vna (femenino) y después el apellido familiar. Por ejemplo Legasov se llamaba Valeri Alekseyevich Legasov y en la serie siempre le llamaban Legasov y no Valeri Alekseyevich como sería habitual en contextos oficiales y conversaciones formales.

En cualquier caso, estas licencias, errores o confusiones no alteran en demasía el relato ni la calidad de la serie, pero conviene tenerlo en cuenta para no tomar la ficción como realidad.

Chernobyl nos deja en la exposición final de Legasov una reflexión sobre las mentiras y el secretismo. Pues, como hemos visto, las mentiras tienen consecuencias. El desconocimiento del fallo de diseño en los reactores puso en riesgo a mucha gente. Y esto, sumado al secretismo (ya había ocurrido en 1975 en una central en Leningrado el mismo fallo) y la falta de información sobre el accidente, hizo que el daño fuera mayor. Es cierto que hay que entender el contexto de la Guerra Fría para entender cómo se gestionó la crisis intentando que no se filtrara nada al exterior que pudiera servir para desacreditar al país, pero el problema es que no supieron tampoco cuidar de sus ciudadanos. Así, parece que el desastre nuclear de Chernóbil y esta gestión posterior influyó bastante en la desintegración de un país que vio cómo su economía quedaba afectada y cómo entre sus habitantes crecía la desconfianza en las instituciones.

Esta lectura sin embargo tiene cierto sesgo ideológico (no es raro siendo una coproducción de EEUU y Reino Unido) y parece atribuir las causas del accidente al régimen soviético y por extensión al comunismo. Va mostrando detalles que conducen a esta idea. Véase: excesiva burocratización, abaratamiento de costes, incompetencia de los altos cargos, malas decisiones tomadas anteponiendo el poder a las necesidades del pueblo, secretos y mentiras para ocultar el desastre, intervención del KGB, censura… Pero pese a que todo esto ocurrió, no se tratan de errores inherentes al modelo socioeconómico, sino que todos estos aspectos están igual de presentes en los gobiernos capitalistas. La ambición política suele anteponerse al interés popular.

Política aparte, la serie está muy bien construida. Cuenta con una buena estructura, una fotografía hiperrealista, una música que transmite el caos y el pánico y un elenco actoral a la altura de las circunstancias. Bien merecido tiene ese 9.6.

Escape Room: El estudio secreto del Sr. Fox, Fox in a box (Sarajevo)

No podía faltar un viaje sin probar una Escape Room. Valoramos diferentes opciones en las ciudades que íbamos a visitar y por cuestión de tiempo decidimos que lo mejor era dejarlo para Sarajevo. Además, era donde más barato nos salía. Volvimos a nuestros orígenes, ya que elegimos Fox in a box, la misma cadena en la que hicimos el Bunker, nuestro primer juego de escape.

Habíamos reservado para las 8 de la tarde y llegamos un cuarto de hora antes como siempre recomiendan para asistir al previo. Sin embargo, cuando subimos y entramos en el piso donde se encuentra la compañía, nos dijeron que nos fuéramos a dar un paseo porque no les constaba nuestra reserva y tenían que preparar la sala… Empezamos bien.

Volvimos a menos cinco y esta vez nos recibió la que sería nuestra Game Master. Y justo en ese momento acabó un grupo otro juego y entre los integrantes, coincidencias de la vida, estaba el australiano con el que habíamos hecho la excursión. Nos saludamos, nos deseó suerte y seguimos a nuestra Game Master a otra sala, donde nos preguntó por nuestra experiencia. Al tener ya algo de rodaje, no se entretuvo mucho y pasó directamente a explicarnos nuestra misión.

Habíamos elegido la sala de El Estudio Secreto del Sr. Fox. La temática podríamos decir que es similar a la de Tras el Espejo, pues contábamos con 60 minutos para conseguir el último paso para convertirnos en agentes secretos. Para ser reclutados tendríamos que demostrar nuestras habilidades especiales y escapar de su estudio personal.

Tras la breve explicación la chica nos condujo a la sala. Ya nos pasó con Casino, y es algo que no me gusta, pues se pierde la impresión inicial. Nos explicó dónde estaba el botón del pánico y dónde tendríamos que meter el código final. En serio, este tipo de cosas no hacen falta, y menos si te dicen que ya cuentan con experiencia. Lo único que consiguió es que mientras explicaba estas cosas nosotros mirásemos a nuestro alrededor intentando ver por dónde empezaríamos a buscar. Después de aclarar algún detalle, nos dejó solos y comenzó el juego.

Obviamente, teniendo en cuenta el nombre de la sala, nos encontramos en un estudio con su mesa, su máquina de escribir, su lámpara sus estanterías atestadas de libros, algún cuadro… En fin, buena ambientación y mucho por donde empezar. Nos dividimos y comenzamos a buscar. A diferencia de otras veces no estábamos fríos y enseguida encontramos varios objetos que nos pusieron en movimiento. Pero también dimos con algún puzle que no podíamos resolver del todo porque nos faltaba algo que lo desbloqueara y tuvimos un momento de atasco como a los 20 minutos. Así que, acabamos pidiendo una pista.

La forma de dar las pistas por medio de un buzón fue un tanto… ¿cómo decir? Peculiar. Me recordó a Polonia cuando nos pasaba los posts it por debajo de la puerta. Pero bueno, lo importante es que nos volvió a encauzar en el juego y seguimos avanzando. Aunque tuvimos que pedir una segunda pista unos diez minutos después.

Volvimos a atascarnos en determinado momento porque teníamos una parte de un puzle, pero los objetos que habíamos encontrados ya habían sido usados en algún momento. Así que parecía que algo se nos escapaba, pues habíamos preguntado expresamente si cada objeto tenía un único uso y nuestra Game Master así nos lo había confirmado. Sin embargo, todo apuntaba a que había que repetir y así lo hicimos. Y no solo acertamos, sino que de nuevo hubo que usar por segunda vez un objeto. Y su resolución nos dio finalmente el código que nos sirvió para abrir la puerta cuando aún quedaban 16 minutos. Parece que hemos superado la prueba del Sr. Fox.

La impresión inicial es buena, pues la sala está muy bien decorada en estilo retro con ese gran escritorio de varios cajones y la máquina de escribir. Además, el techo está pintado con mapas geofráficos del mundo, hay un gran reloj de péndulo y una bola del mundo. Nos pone en situación. Sin embargo, luego el desarrollo se queda algo corto. Parece algo pobre, sobre todo si la comparamos con otras salas de Fox in a box.

Los puzles y acertijos no eran demasiado complicados. Salvo un par de ellos que requieren de un poco de ingenio o matemáticas, el resto son bastante sencillos de sacar. Eso sí, no terminé de ver mucha conexión entre ellos y su resolución con la misión que nos ocupaba. No hay nada que te sorprenda especialmente. Además, eché en falta que hubiera más salas, algún pasadizo secreto o algo, pero no, todo queda concentrado en el despacho.

Quizá deberíamos haber elegido la sala del atraco al banco, pero como esa la hay en Madrid, preferimos decantarnos por una que aquí no se oferta. También puede ser que llevemos muchas salas de escape a nuestras espaldas y necesitemos arriesgar algo más. Desde luego El estudio secreto del Sr. Fox no es mala sala para principiantes, pero nos supo a poco.

Balcanes XVII. Día 5: Recorriendo Sarajevo II. Entorno del río Miljacka

Para esta primera tarde en Sarajevo no teníamos muchas pretensiones, tan solo una toma de contacto. Después de un viaje tan largo como el de aquella mañana nos vendría bien estirar un rato las piernas. Teníamos el apartamento en el barrio de Skenderija, por lo que comenzamos nuestro paseo por la orilla sur del río Miljacka. De camino nos encontramos con la Sinagoga Aškenaška, la tercera sinagoga más grande de Europa.

Construida en 1902 en estilo renacentista-morisco es la única en activo de la ciudad. 

Un poco más adelante, junto al parque arqueológico de Mejdan, encontramos la Mezquita de Bakr-Baba, que recibe el nombre del comerciante de Sarajevo Hajji Alija Bakr-Baba. La primera mezquita se construyó en 1544 y fue considerada una de las más bellas y grandes de la ciudad. Contaba con un minarete de unos 30 metros y hasta una escuela. Sin embargo, ardió en 1697, así que en 1700 se levantó una nueva. No obstante, siguió el mismo camino, por lo que tuvo que ser reconstruida de nuevo.

A mediados del siglo XVIII se construyó una Medresa en el lado este del patio y años más tarde se añadió una biblioteca, por lo que pronto se convirtió en un relevante centro educativo y cultural. Con la llegada del Imperio Austrohúngaro perdió su función convirtiéndose en almacén militar, aunque realmente ya llevaba un tiempo en estado de dejadez. Finalmente fue demolida en 1895.

Los restos arqueológicos que se ven en la actualidad son consecuencia de los trabajos de excavación llevados a cabo a principios de este siglo. En 2011 se inauguró la pequeña mezquita que vemos hoy en día, levantada sobre los cimientos de la original.

Tomamos la calle Bistrik, adentrándonos en un área que data de la época preotomana. Durante el período otomano esta vía estaba dividida en tres secciones: Šehove Dugonje, Bistrik y Pastrma. Se quedó con el nombre de Bistrik en 1878, aunque lo cambió por 6 de Noviembre en 1931 para conmemorar el día en que entró en la ciudad el Ejército Serbio en 1918. En 1993 recuperó de nuevo el nombre de Bistrik.

En esta calle se ubica el Hotel Isa begov Hamam que alberga el antiguo hamam Isa-begov,  el baño público más antiguo de Bosnia y Herzegovina. Fue construido por orden de İshakoğlu İsa Bey, general otomano al que se considera el fundador de Sarajevo.

A lo largo de la historia de la ciudad se abrieron muchos baños públicos, sin embargo, en el presente tan solo se conservan dos. Estos son uno de ellos. Construidos en 1462 y simbolizan la transición entre el gobierno del Reino de Bosnia y el Imperio Otomano.

Han sufrido muchos daños con el paso de los siglos, tanto por inundaciones como por incendios y tuvo que ser reconstruido en 1891, momento en que se aprovechó para añadir un segundo piso y dos alas en las que se ubicaron baños de vapor y bañeras. Con la guerra quedó seriamente dañado, por lo que en 2011 se aprobó un proyecto para una total renovación convirtiendo el espacio en un hotel.

Junto a los baños, se halla la Mezquita del Emperador (Careva džamija), la primera mezquita que se construyó en Sarajevo. De hecho el hamam y la mezquita se construyeron a la vez y se consideraban parte de un mismo complejo en el que también había un cementerio.

Fue erigida en 1457 también por orden de İshakoğlu İsa Bey, en honor del Sultán Mehmed II El-Faith. Quedó dañada en 1565 y 1697 y fue restaurada en 1779 y 1800.

La parte más antigua de la mezquita, que data de 1565, es la sección central, a la que se le añadieron dos alas con arcadas en 1800. En 1848 ambas alas fueron tapiadas y se conectaron con el área central de oración con una puerta. Los últimos trabajos fueron entre 1995 y 2000 para reparar los daños de la guerra.

La mezquita da a la calle Konak, que data de principios del período otomano. Recibe este nombre por la casa del gobernador de Bosnia que fue construida en la zona en 1869. En 1919 cambió su nombre por el del político serbio Nikola Pašić, pero durante la II Guerra Mundial se llamó Vojvode Slavka Katernika. Tras la guerra recuperó el de Nikola Pašić, aunque apenas unos años, ya que en 1948 fue rebautizada en honor al héroe de guerra Nurija Pozderac. En 1993 recuperó el nombre original, que se mantiene hasta el presente.

Siguiendo el margen del río llegamos al puente Šeher-Ćehajina ćuprija, construido a mediados del siglo XVI y considerado Monumento Nacional en 2005.

Junto a él vemos la pintoresca casa de estilo otomano conocida como Inat Kuca (casa del rencor).

El edificio estaba en la orilla opuesta e iba a ser derribado para construir el ayuntamiento, sin embargo, el dueño se opuso, por lo que fue desmontada piedra a piedra y movida a su ubicación actual. Ahora es un restaurante.

Cruzando el puente se llega precisamente al edificio del Ayuntamiento, aunque desde 1949 es la sede de la Biblioteca Nacional (Vijecnica). En su inauguración en 1896 era el ayuntamiento más grande de los Balcanes.

De estilo morisco español e inspirado en el Alcázar de Sevilla se convirtió en un símbolo de la ciudad. Lamentablemente durante la guerra quedó destrozada como consecuencia de los bombardeos del  25 de agosto de 1992. Durante los tres días en que estuvo activo el incendio ardió cerca del 90% de su colección.

Parece ser que el ideólogo fue Nikola Koljevic, un profesor universitario de literatura especializado en la obra de Shakespeare que además había sido usuario frecuente de la biblioteca. No obstante, el amor por los libros debió pasar a un segundo plano cuando se radicalizó convirtiéndose en la mano derecha del ultranacionalista Radovan Karadzic.

España, Austria, Quatar y la UE donaron fondos para su reconstrucción y finalmente reabrió el 9 de mayo de 2014. Además de biblioteca también funciona como salón de sesiones del ayuntamiento, espacio de recepciones oficiales, y centro de exhibición de muestras y conciertos.

Continuamos por la orilla del río. A la altura de la Mezquita del Emperador está el Careva ćuprija, o puente del Emperador.

El puente original databa del siglo XV y estaba a unos metros más abajo del actual, que se construyó en 1897. Durante el período de entreguerras fue renombrado como Puente de Bodgan Žerajić, pero recuperó el nombre actual en 1992. Desde 2009 es considerado Monumento Nacional.

El siguiente puente es el famoso Latinska ćuprija o Puente Latino, también Monumento Nacional, este desde 2004.

Construido a mediados del siglo XVI seguía el diseño en madera de los dos anteriores. Fue renovado en piedra en 1798 y recibe este nombre por estar junto al barrio en que residían los católicos. No obstante, 1918 y 1993 se llamó Principov Most, en memoria a Gavrilo Princip, el joven activista del grupo Joven Bosnia que asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria.

Y es que este puente no sería más que una pasarela de piedra más si no fuera por este suceso del 28 de junio de 1914. Este día es el Vidovdan/Видовдан o día de San Vito, festividad de suma importancia para el pueblo serbio y su identidad nacional. Se recuerda al Santo príncipe Lazar y los santos mártires serbios caídos en la épica Batalla de Kosovo en contra del Imperio Otomano un 15 de junio de 1389. Así, que el archiduque y su mujer llegaran a Sarajevo ese día tan señalado, fue tomado como una provocación. Como respuesta al atentado, Austria le declaró la guerra a Serbia un mes más tarde, lo que desembocó en la I Guerra Mundial.

No obstante, en realidad, la guerra seguramente habría estallado tarde o temprano, ya que en Europa no estaban los ánimos muy calmados. Si no hubiera sido esta gota, habría sido otra la que habría colmado el vaso.

En el puente hay un panel que recuerda el monumento al Archiduque y su mujer que fue colocado en el aniversario de sus asesinatos en 1917 y retirado en febrero de 1919.

Frente a él se halla el Muzeum Sarajevo 1878-1918 que se centra exclusivamente en esta etapa austrohúngara.

Seguimos río abajo por el barrio de Mejtaš, donde abunda precisamente la arquitectura austrohúngara. Es verdad que muchos edificios estaban un tanto deteriorados, pero aún así nos lleva a imaginar cómo era la Sarajevo de finales del siglo XIX, aquella en la que renombrados arquitectos desarrollaban sus proyectos en la ciudad antes de llevarlos a Viena.

Destaca frente a la Sinagoga de Sarajevo, el inicio de nuestra ruta, el Palata Ješue D. Saloma, un palacio construido en 1901 en estilo Secesión.

Un poco más adelante, en la esquina con la calle Kulovića, llama también la atención el Teatro Nacional (Narodno pozorište), diseñado por el arquitecto Karel Parik, quien proyectó más de 160 edificios en la ciudad.

Muy cerca de este se halla la Universidad de Sarajevo, la primera universidad del país. La institución nació en 1543 como instituto otomano de educación superior y bajo el nombre de Madrassa Otomana de Sarajevo. Era reconocida como universidad, aunque perdió esta consideración en el siglo XIX.

En 1946 se restableció ya como universidad moderna. En la actualidad es la mayor y más prestigiosa del país y una de las más grandes del mundo. Cuenta con 23 facultades y en ella se han formado varios presidentes del país.

Siguiendo con el paseo llegamos al siguiente puente, el Drvenija Most, construido en 1898 originariamente en madera y reemplazado después con uno de hormigón.

Un puente que no llama especialmente la atención y que, como tantos otros, fue restaurado después de la guerra en 1988.

Más curioso es el siguiente, el conocido Festina lente.

Diseñado por tres estudiantes de la Academia de Bellas Artes de Sarajevo, es el último en construirse (2012) entre las dos orillas del río Miljacka.

Y precisamente en uno de sus extremos se erige la Academia de Bellas Artes, uno de los edificios más imponentes de la ciudad.

Fue construido a finales del siglo XIX como lugar de culto para los evangélicos que habían llegado a la ciudad con la ocupación austrohúngara. Tras la I Guerra Mundial sin embargo habían ido abandonado Sarajevo, por lo que la iglesia perdió su función original. Acabó siendo cedida a la ciudad y se planificó darle otro uso.

A principios de los años 80 se decidió establecer la Academia de Artes Escénicas en Sarajevo porque se había detectado que había un déficit formativo en este aspecto en la población de la ciudad. Así pues, el edificio fue renovado y adaptado en 1981 con tal propósito.

Finalizamos nuestro paseo un poco más adelante, en el Puente Skenderija, también llamado Ajfel o Ajfelov ya que se cree (aunque no hay documento que lo confirme) que fue diseñado por Gustave Eiffel

El puente original se construyó en el siglo XV, este que vemos hoy en día data de 1893, aunque lógicamente ha sido renovado en el siglo XXI porque quedó destrozado con la guerra. Es peatonal y, como tantos otros puentes del mundo, está lleno de candados por culpa de Federico Moccia.

Ya apenas nos quedaban horas de luz, así que emprendimos la búsqueda de la cena. Continuamos el paseo hasta el centro comercial BBI Centar donde encontramos un supermercado Konzum, por lo que nos hicimos con algo de bebida y comida y volvimos al apartamento. Y como habíamos madrugado, tras la cena, enseguida nos fuimos a dormir, pues además para el día siguiente habíamos contratado una excursión y teníamos que estar a las 9 en el centro.