Marruecos I. Día 1: Vuelo y llegada a Marrakech

Prácticamente cuando la gente ya estaba pensando en volver de puente, comenzamos nosotros nuestro viaje a Marrakech. Salíamos el sábado a las 11:35, y como no íbamos a facturar y ya llevábamos nuestras tarjetas de embarque, llegamos al aeropuerto una hora antes. Pasamos los controles pertinentes, tomamos el trenecito que lleva a la satélite de la T4 y para cuando quisimos llegar a nuestra puerta ya era casi hora de embarcar. Nos dio tiempo a pasar al baño y poco más, pues salimos muy puntuales rumbo a Marruecos, nuestro primer país de África (que no del suelo africano, pues las Seychelles también cuentan). Y, ¿qué conocíamos de nuestro país vecino? Pues poca cosa, la verdad, pero lo solucionamos en un momento.

Aparte de limitar al norte con España, lo hace al este con Argelia (aunque la frontera se encuentra cerrada desde 1994), al suroeste con el Sáhara Occidental y al sur con Mauritania. Además, tiene una línea costera de 1835 kilómetros sumando la parte mediterránea al norte y la atlántica al oeste. Destaca por sus llanuras (más extensas que las de Argelia o Túnez) y por la gran altitud de sus montañas (el pico más alto de Marruecos y de toda África del Norte está en el Alto Atlas). Cuenta con cuatro cordilleras: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Anti-Atlas.

El área hoy ocupada por Marruecos parece haber estado habitado desde el año 8000 a. C. Mucho más tarde se asentaron los bereberes, los fenicios, los romanos, vándalos, visigodos y bizantinos. Aún así, a pesar del cambio de manos, las montañas siguieron bajo dominio bereber. A finales del siglo VII con la llegada del Islam, se produjo una modernización del país convirtiéndose en centro cultural y la mayor potencia regional. Creció aún más cuando varias dinastías bereberes sustituyeron a los idrisíes árabes. Primero llegaron los almorávides y después los almohades (quienes dominaron no sólo Marruecos, sino también gran parte del noroeste del continente y territorios de la Península Ibérica). Acabarían cayendo como consecuencia de varias guerras civiles.

Los siglos XV y XVI estuvieron dominados por la política colonialista de África por parte de Portugal. Al igual que hicieron en la India, construyeron fortificaciones, sin embargo, poco a poco tuvieron que ir abandonando sus posiciones ante los ataques musulmanes. La Corona española también hizo sus movimientos y en 1497 conquistó Melilla. Además, cuando Felipe II fue coronado en 1580 rey de Portugal, las posesiones que aún seguían perteneciendo a los lusos se incorporaron al Imperio Español. Cuando en 1640 Portugal recuperó su independencia, Ceuta sin embargo se quedó integrada en el territorio español. Además, cedieron Tánger a Inglaterra en 1661 como parte de la dote de Catalina de Braganza al casarse con el rey Carlos II.

En 1666 llegó la dinastía alauíta, que consiguió unificar un país dividido y mantener una estabilidad ante constantes ataques españoles y otomanos. Además, en 1684, tras persistentes presiones, consiguieron que los ingleses abandonaran Tánger.

En 1777 Marruecos fue uno de los primeros países en reconocer a los EEUU como nación independiente y en 1783 firmaron un Tratado de Amistad con John Adams y Thomas Jefferson que es el más antiguo de todos los que tiene el país americano.

Durante el siglo XVIII Europa estaba en plena Revolución Industrial y miraba con interés hacia África como fuente de riqueza además de como objetivo estratégico. Francia y España se centraron en Marruecos. España declaró la guerra en 1860 por Ceuta que acabó ganando y además en 1884 creó un protectorado frente a las Islas Canarias.

A principios del siglo XX tanto Francia como España establecieron zonas de influencia en el país y tras una crisis y una posterior conferencia en Algeciras, se permitió tanto a Francia como a España controlar la política de Marruecos. Más tarde, en 1912, con el Tratado de Fez, Marruecos se convirtió en un protectorado de Francia, mientras que Ceuta, Melilla y los territorios del sur fronterizos con el Sáhara Español quedaron bajo el protectorado de España.

En teoría Marruecos sería un Estado autónomo protegido por ambos países pero bajo la soberanía de un sultán. Sin embargo, en la realidad, tanto Francia como España controlaban la Hacienda, el Ejército y la Política Exterior.

Tánger, en 1923, obtuvo carácter de ciudad internacional. Como era de esperar, gran parte de la población marroquí se oponía a esta ocupación colonial y se produjeron varias revueltas llegando incluso a proclamarse la Repíblica del Rif, que ocupó entre 1921 y 1927 la parte norte del actual Marruecos. Sin embargo, españoles y franceses se unieron para declararles la guerra y recuperar el territorio.

Durante el protectorado galo cerca de medio millón de franceses llegaron a Marruecos y se hicieron con las mejores tierras de cultivo obligando a minifundistas marroquíes a vendérselas. También explotaron minas de hierro, cobre, manganeso, plomo, zinc y, sobre todo, los fosfatos de Juribga y Yusufía. Por otro lado, los franceses construyeron carreteras, puertos, ferrocarriles, redes de telefonía y mejoraron la conexiones aéreas. No se preocuparon sin embargo de invertir en vivienda o educación y muchos locales se vieron en la ruina al perder sus fuentes de ingreso tradicionales, sobre todo agricultores o artesanos.

Frente a este abusivo protectorado, aparecieron varios partidos nacionalistas (entre ellos el Partido Istiqlal) que luchaban por una independencia. Ya en la Carta Atlántica elaborada durante la Segunda Guerra Mundial elaborada entre EEUU y el Reino Unido quedaba reflejado que la población tenía derecho a elegir su forma de gobierno.

Durante los años 50 el nacionalismo siguió su expansión llegando a Casablanca, Rabat, Fez, Tetuán y Tánger. Primero comenzaron a apoyarlo la burguesía urbana, pero pronto se unieron también los campesinos. El Partido Istiqlal contaba con el apoyo de Mohammed V y de la Liga Árabe y en 1952 la situación acabó llevándose a la ONU. Francia pronto respondió y un año más tarde mandó al exilio a Mohammed V y colocó al sultán Mohammed Ben Aarafa, lo que provocó un mayor malestar si cabe en la población. Francia no solo gozaba de buena reputación en Marruecos, sino que no consiguió respaldo exterior.

La situación siguió escalando y durante el verano de 1955 en Marruecos se produjo una serie de atentados terroristas contra franceses lo que desembocó en una fuerte represión policial. Sin embargo, cuando en el otoño Aarafa abdicó, Francia, que estaba a la vez luchando una batalla en Argelia y tenía demasiados frentes abiertos, permitió el regreso de Mohammed V y un año más tarde comenzaron las negociaciones por la independencia, que será proclamada el 2 de marzo de 1956 provocando que un mes después Francia abandonara el país. En los dos años siguientes Marruecos recuperó territorios que habían estado controlados por España.

El 3 de marzo de 1961 Hassan II se proclamó Rey de Marruecos y el país se constituyó como una monarquía constitucional y de derecho divino al mismo tiempo. Ahí es nada. Un año más tarde, el 7 de diciembre, se aprobó la Constitución, aunque supuso un distanciamiento entre el rey y los partidos políticos, pues parece que Hassan II no era muy partidario de la democracia (y es que Monarquía y Democracia no terminan de casar bien).

En 1963 estalló una breve guerra con Argelia por sus fronteras conocida como la Guerra de las Arenas. Marruecos exigía el control de Béchar y Tinduf que, durante el protectorado galo, Francia había anexionado a Argelia, que por aquel entonces era su colonia. Durante esta década las tierras pertenecientes a los colonos europeos volvieron a terratenientes marroquíes.

En 1965 tuvo lugar una revuelta en Casablanca, lo que sirvió de excusa perfecta para el monarca para proclamar el Estado de Excepción y suspender la Constitución hasta 1970, cuando se proclamó una nueva. Eso sí, esta ya iba a medida del rey, lo que provocó la oposición de varios partidos políticos. Finalmente acabó aprobándose una tercera dos años más tarde. Durante esos años Hassan II sufrió tres intentos de asesinato por parte del ejército. Parece que no era muy querido.

En 1974 España anunció que iba a dejar el Sáhara y organizar para el año siguiente un referéndum de autodeterminación. Marruecos, que llevaba reclamando el territorio desde su independencia, se opuso a dicha consulta y pidió a la Corte Internacional de Justicia que se pronunciara al respecto. Esta respondió reconociendo que si bien el Sáhara Occidental tenía lazos legales de lealtad con Marruecos antes de la llegada de los españoles; esto no implicaba su soberanía y por tanto reconocía el derecho del Sáhara sobre su autodeterminación. Aún así, en noviembre del 75 Hassan II promovió una marcha civil y pacífica conocida como marcha verde para recuperar el territorio. No obstante, esta ocupación no está reconocida por la ONU y el Sáhara Occidental está considerado legalmente como un territorio no autónomo (aún no descolonizado) sin autoridad administrativa.

En la década de los 80 Marruecos entró en crisis económica, lo que provocó varias revueltas a lo largo del país. Se privatizaron varios sectores, el paro subió, el dirham cayó, hubo fuga de capitales, se recortaron subvenciones a productos de primera necesidad, se recortó en sanidad, educación, se pararon las contrataciones de funcionarios… La situación era crítica y hubo diversas huelgas y manifestaciones.

En los 90 se produjeron varios avances. En 1991 se llevó a cabo una reforma política y entre 1994 y 1996 se realizaron amnistías de presos políticos. En 1995 se reconoció la enseñanza en bereber y en 1996 se volvió a reformar la Constitución. Esta vez todo el Parlamento se elegía por sufragio universal y se creó una Cámara de Consejeros (algo similar a nuestro Senado). Un año más tarde hubo elecciones, aunque con el parlamento muy dividido.

Cuando en 1999 murió Hassan II, ascendió al trono Mohammed VI, quien al poco de suceder a su padre reformó el código jurídico de la mujer. Y más tarde, en 2004 introdujo importantes cambios en el código de la familia (al menos en la teoría). Por ejemplo pasó de 15 a 18 la edad mínima para casarse, quedaron abolidas la poligamia y la tutela del padre o hermano mayor sobre la mujer adulta no casada, las mujeres podrían elegir marido e incluso pedir el divorcio en igualdad de condiciones con respecto a la custodia de los hijos. No obstante, paralelamente también hubo retroceso de las libertades civiles. Cuando en 2003 Casablanca sufrió un atentado terrorista se amplió la prisión preventiva, se aprobó que la policía pudiera entrar en viviendas particulares sin orden judicial, interceptar el correo, las llamadas telefónicas y las cuentas corrientes.

En 2011, como consecuencia de las revueltas de la Primavera Árabe, se promulgó una nueva Constitución que fue respaldada por la mayoría de la población. En este último texto, entre otras medidas, se redujo el poder del rey a favor del Presidente del Gobierno, se garantizó que la Justicia sería un poder independiente y que los ministros serián elegidos en las urnas. Además, había un mayor reconocimiento de los derechos fundamentales y libertades básicas como igualdad de sexos, libertad de creación, expresión y opinión así como de acceso a información pública, de reunión, de manifestación, asociación y afiliación sindical y política; prohibición de la tortura, derecho a no ser detenido arbitrariamente, a presunción de inocencia, a no declarar, a la asistencia jurídica, a juicio justo, a la inviolabilidad del domicilio, a una educación pública, a la propiedad, al matrimonio…

Económicamente el país se ha estabilizado en las últimas décadas. Tiene una importante industria automovilística, siendo el país que más coches fabrica en todo el continente (por delante de Suráfrica). Dado que políticamente también ha estado bastante tranquilo con respecto a otros del continente, el turismo ha seguido creciendo en los últimos años llegando en 2013 a los 10 millones de visitantes. Los principales destinos son Rabat, Casablanca, Tánger, Fez y Marrakech, precisamente nuestro destino.

El vuelo fue muy tranquilo y en algo menos de dos horas estábamos aterrizando. A medida que el avión iba perdiendo altura pudimos ver cómo el paisaje árido y marrón pasaba a ser más verdoso, algo que me sorprendió bastante, la verdad.

El desembarque lo hicimos directamente por escalera a la pista y dado que no teníamos maleta facturada nos fuimos directamente a la salida. Aunque previamente teníamos que pasar por el control de pasaporte. Había varios puestos y aunque parece que los funcionarios no eran especialmente céleres, en unos veinte minutos habíamos pasado el trámite.

En el vuelo la tripulación nos había adelantado una tarjeta de inmigración en la que había que rellenar los datos personales, profesión y dirección durante nuestra estancia en el país. Una vez en la garita hubo que entregárselo al policía para que verificara los datos con el pasaporte. Además, nos hicieron una foto para registrar la entrada. A algunos nos preguntó si era nuestra primera vez en el país, a otros simplemente les realizó las comprobaciones rutinarias y, tras sellar el pasaporte y anotarnos el número de entrada, nos dejó continuar.

Un poco más adelante había otro agente que comprobaba que efectivamente teníamos el sello antes de salir de la terminal. Pero además, antes de salir a la calle había un mini escáner por el que tuvimos que pasar el equipaje. Marrakech se estaba haciendo de rogar.

5 comentarios en “Marruecos I. Día 1: Vuelo y llegada a Marrakech

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