Marruecos IV. Día 2 II: Ait Ben Haddou – Ouarzazate – Valle del Dades

Cuando regresamos al restaurante tras la visita al Ksar, a Mustapha no se le había pasado el enfado. Seguía con el runrún porque íbamos retrasados. Desde luego este hombre no parecía marroquí. Aunque lo cierto es que no protestamos mucho, pues teníamos hambre y sed. Otra cosa diferente era qué elegir, pues teníamos una gran variedad de menús donde elegir. Los precios oscilaban entre los 110 y 120 DH, un precio muy europeo.

Nosotros, que somos unos catacaldos, pedimos cuatro diferentes para así probar de todos y descubrir la gastronomía marroquí. Elegimos ensalada marroquí de primero, porque no nos apetecía sopa con el calor que habíamos pasado en el Ksar, y de segundo tortilla bereber (era una tortilla francesa rellena con una especie de pisto), pinchos, pollo y pizza. Las albóndigas (kefta) tenían muy buena pinta, y nos quedamos con las ganas de probarlas, así como el tajin. Pero ya habría tiempo.

Estaba todo muy rico, pero los platos eran muy abundantes y no pudimos con todo.

Tras la visita y la comida volvimos a la furgoneta para continuar con nuestro viaje. Pasamos por Ouarzazate, ciudad en la que se encuentran los estudios cinematográfico Atlas, los más importantes de Marruecos. No obstante, no paramos, ya que pasaríamos también de vuelta y parecía mejor opción detenerse entonces, ya que el viaje sería más pesado. Bueno, en realidad sí que hicimos una breve parada, ya que Mustapha nos preguntó si queríamos comprar unas cervezas para llevarnos al desierto, que él conocía un sitio que nos pillaba de paso, así que nos dejamos aconsejar. Nos paró en una tiendecita que para ser un país musulmán tenía bastante más gente de la que me esperaba. Nosotros pensamos que para el día siguiente al desierto las cervezas iban a llegar ya calientes, pero que para esa noche no estaría mal probar una local, así que compramos unas Casablanca, la cerveza real (de la Casa Real).

Con las cervezas en el maletero, seguimos del tirón hasta la Garganta del Dades, donde teníamos el alojamiento. El paisaje iba cambiando a cada kilómetro alternando pequeñas poblaciones, kasbahs y palmerales. La pena es que comenzó a atardecer y nos quedaba camino por recorrer, por lo que Mustapha se lamentaba por el hecho de que nos fuéramos a perder las vistas.

Con el sol casi oculto llegamos al Dades Xaluca Hotel, un alojamiento de cuatro estrellas y empezamos a flipar, pero aún no era el nuestro. Parece ser que no todos habíamos contratado el mismo tipo de excursión. Y es que había dos opciones: por un lado una más económica en alojamiento de 3 estrellas el primer día y haima con baño compartido el segundo; y por otro lado una superior con alojamiento de 4 estrellas y haima con baño privado. Esto último es lo que había contratado la pareja sevillana, así que esta parada era para dejarlos a ellos. Fueron recibidos con música y baile tradicional y todo. El resto tendríamos que esperar hasta llegar a nuestro alojamiento algo más modesto.

Emprendimos un camino de curvas a oscuras que cada vez era más largo. Incluso bromeamos con Mustapha sobre dónde nos llevaba. Pero él mantuvo la intriga. Finalmente nos descargó a nosotros cuatro primero en el Hotel Babylon Dades. No nos recibieron con música y tambores, pero tampoco nos hacía falta. Nos despedimos de Mustapha y de los madrileños y entramos al hotel, donde nos recibieron en una salita con (cómo no) un té y unas pastas. Mientras tanto, tuvimos que rellenar el libro de registro. El personal, muy atento y amable, nos facilitó la clave de la wifi y nos comentó los horarios de cena y desayuno (en español). Además, nos consultó si alguno teníamos intolerancias, alergias o era vegetariano/vegano. Estaban en todo.

Cuando finalizamos los trámites, subimos a nuestras habitaciones para acomodarnos, pues aún quedaba un rato para la cena. Nos habían alojado arriba del todo, por lo que tuvimos que recorrer prácticamente todo el hotel. Esto nos permitió maravillarnos con la preciosa decoración, sobre todo de noche con los faroles en las escaleras. No sería un cuatro estrellas, pero desde luego estábamos encantados con él. Lo poco que habíamos visto nos había sorprendido gratamente.

Y más aún cuando llegamos a nuestros dormitorios, que resulta que nos habían asignado en dos cuádruples, así que teníamos unas habitaciones enormes con tres camas, una doble y dos sencillas. Teníamos además la bomba de calor puesta, lo cual era de agradecer, pues la temperatura por la noche había bajado considerablemente.

Las habitaciones tenían su propio baño integrado. Bastante amplio y con la ducha abierta. Incluso nos habían dejado champú y gel en formato familiar.

Nos acomodamos y duchamos y matamos el tiempo tomándonos las Casablanca y comentando las experiencias que habíamos vivido en apenas 24 horas. También aprovechamos la wifi para contactar con la familia y enviar algunas fotos de lo que habíamos visto a lo largo del día.

Sobre las 9 bajamos al comedor a cenar, donde nos esperaba una fantástica cena. Para empezar tuvimos una sopa (que aunque la llamen sopa, era más una crema) de calabacín, de segundo una ensalada de tomate queso y lechuga con un aliño espectacular, de tercero pato con patatas y verduras acompañado de una salsa de nata y finalmente de postre plátano y manzana con yogur.

Los platos no eran muy abundantes, pero, al tratarse de cuatro, acabamos saciados. Estaba todo muy rico y nuestro camarero fue muy simpático y amable. Cuando traía o se llevaba un plato siempre nos comentaba lo que era o nos pedía nuestra opinión sobre lo que habíamos comido. Aprovechó para practicar su español con nosotros preguntándonos alguna palabra o la concordancia de género. Y es que el personal se comunicó en todo momento con nosotros en español, algo que me sorprendió, la verdad.

Después de la cena hubo un espectáculo bereber bastante ameno, sin embargo, no tardamos mucho en retirarnos a dormir, pues habíamos tenido un día muy completo y nos esperaba otro aún más intenso según nos había comentado Mustapha.

Eso sí, antes estuvimos unos minutos en el balcón que había frente a nuestras habitaciones intentando averiguar dónde estábamos. Había una absoluta tranquilidad y tan solo se veían las estrellas (muchas) y se oía de fondo agua, por lo que intuíamos que estábamos cerca del río. Habría que esperar al amanecer para descubrir dónde nos había dejado nuestro conductor.

El día había sido completo:

6 comentarios en “Marruecos IV. Día 2 II: Ait Ben Haddou – Ouarzazate – Valle del Dades

  1. Pingback: Preparativos de nuestro viaje a Marrakech | Una cosa te voy a decir
  2. Pingback: Marruecos I. Día 1: Vuelo y llegada a Marrakech | Una cosa te voy a decir
  3. Pingback: Marruecos III. Día 2: Marrakech – Tizi n’Tichka – Ait Ben Haddou | Una cosa te voy a decir
  4. Pingback: Marruecos V. Día 3: De la Garganta del Dades a las Gargantas del Todra | Una cosa te voy a decir
  5. Pingback: Marruecos VII. Día 4: Merzouga, Valle del Draa y vuelta a Marrakech | Una cosa te voy a decir
  6. Pingback: Conclusiones de nuestro viaje a Marrakech | Una cosa te voy a decir

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.