No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, Corinne Maier

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a los ensayos. Normalmente prefiero la novela, pero a veces, entre un libro y otro necesito leer algo diferente para desconectar la mente y no mezclar personajes o historias. Así, hace poco leí No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, de la ensayista francesa Corinne Maier.

Aunque cada vez son más las mujeres que escriben sobre el tema y no se avergüenzan o lamentan de no querer pasar por la maternidad, en concreto este libro me llamó la atención porque la autora es madre, y sí que es menos frecuente que se atrevan a compartir que preferirían no haberlo sido. Y es curioso, pues cuando dices que no quieres tener hijos te hacen numerosas preguntas o directamente afirmaciones como que te vas a arrepentir o que te vas a perder algo maravilloso y,sin embargo, cuando alguien comunica la llegada de una criatura al mundo en su entorno nadie les cuestiona si se lo han pensado dos veces o son conscientes de la responsabilidad de la crianza y lo que ello conlleva, como por ejemplo también perderse cosas en la vida. Porque sí, toda decisión en nuestra vida significa dejar otras cosas de lado y que en un futuro podamos arrepentirnos de haber tomado un camino y no otro.

Y precisamente así comienza Maier su introducción, asegurando que se arrepiente de ser madre y que si volviera atrás seguramente no tendría hijos porque, analizándolo, le ve más cosas negativas que positivas. Y no pasa nada, no es un monstruo por ello, no creo que tenga que ver con que odie a su descendencia, sino que preferiría haber tomado otro rumbo en su vida. Como si te vas de alquiler y con los años volviendo la vista atrás piensas que quizá tendrías que haberte comprado una casa o viceversa. La autora rompe con el tabú de la maternidad idealizada y desgrana sus 40 razones para que aquellos que estén pensando en ser padres, se lo piensen bien antes. No es que descubra nada nuevo con su lista, quizá lo novedoso es el tono un tanto provocador que usa al exponerla. Pero en cualquier caso, la mayoría son verdades como puños.

Acierta al destacar la presión social que existe para tener hijos. Parece como si una pareja no fuera bien si no diera el paso de criar un par de retoños. Aquello de un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores… Quienes se atreven a no seguir ese camino son continuamente juzgados por no seguir el camino. Y mientras, hay tantos otros que dan el paso porque es lo que toca. No hay motivo detrás, sino simplemente porque es lo que se espera a cierta edad.

Y después viene el golpe de realidad, cuando descubren que el embarazo no era tan bonito, que el parto es doloroso, que la recuperación está lejos de ser como las de las famosas, que los meses de lactancia son esclavos y se duerme poco y que a partir de ahí todo gira en relación a esa persona dependiente, que no es algo que puedas posponer porque hoy no te apetezca o no tengas ánimos o fuerzas. Es una responsabilidad, una vida humana y estás a su servicio. Esto no quiere decir que la circunstancia sea mala, sino que hay que ser consciente de lo que conlleva. Un claro ejemplo son las campañas sobre las mascotas en las que se recalca la necesidad de una reflexión previa antes de su adquisición para evitar maltratos o abandonos.

Con la llegada al mundo de la criatura la vida de los progenitores cambia. Y, como dice la autora, la educación requiere que los progenitores estén siempre disponibles, atentos y dispuestos a sacrificar otros aspectos de su vida. Empiezan a vivir el tiempo de otra persona y pasan a segundo plano la pareja, las amistades, el tiempo de ocio o la vida laboral. Es cierto que se pueden seguir haciendo muchas cosas, pero está claro que hay que hacer reajustes porque los horarios cambian. No se tiene la misma maniobrabilidad para improvisar planes y hay muchos que no son aptos para críos. Aparte de que se tiene menos tiempo libre: llevar a los niños a la guardería/colegio, trabajo, recogerlos, meriendas, parque, extraescolares, deberes, duchas, mantener al día la casa, preparar cenas, comidas, la ropa del día siguiente… La crianza es agotadora, y más aún cuando el reparto de tareas no es equitativo.

Y es que como bien indica Maier, el coste de tener hijos no es el mismo para la madre que para el padre, pues la maternidad se ha convertido en una trampa para las mujeres. Es cierto que las cosas van cambiando y ahora los padres se involucran algo más y saben cambiar pañales, dar el biberón o llevan al niño al parque. Pero aún así siguen recayendo sobre las madres la mayoría de las tareas, y sobre todo el peso de la carga mental. Aquellas pequeñas cosas que no son tan visibles como que los niños crecen y hay que comprarles ropa nueva o estar pendientes del calendario de vacunaciones. La realidad es que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, pero el hombre no lo ha hecho en igual medida en el doméstico y familiar. Así, esto crea una desigualdad en ambos ámbitos dando lugar a un círculo vicioso: si los hombres no asumen por igual sus tareas en casa, en las empresas se da por hecho que la mujer sale menos rentable y la balanza se inclina hacia el lado de ellos. Y puesto que la parcialidad y los sueldos inferiores recaen sobre ellas, ellos tienen más oportunidad de seguir desarrollando su carrera profesional. Así, con frecuencia se ve que mientras que un hombre en un alto cargo puede ser que sea padre o no, en el caso de ellas generalmente se trata de mujeres sin hijos. Las madres se han ido quedando por el camino.

Por tanto, en la actualidad ser madre supone tener que aceptar empleos peor remunerados pero que dejen tiempo libre para cuidar de la familia, porque claro, alguien tiene que hacerlo… Y al final supone una doble pérdida económica ya que por un lado se ingresa menos dinero por la actividad laboral (con lo que supone para la cotización e independencia económica) y por otro se echa otra jornada tan duradera y agotadora (o más) que no está remunerada. Así pues, la madre de hoy en día se encuentra cansada, con falta de tiempo y cierta dependencia económica. Al final va a ser verdad como dicen algunas amigas mías con hijos que nos engañaron con lo de la mujer liberada que se incorpora a la vida laboral y que vivían mejor las amas de casa. Al menos ellas no estaban pluriempleadas.

Aunque en esto siempre digo que hay evidencias previas: si tu pareja hombre antes de que haya hijos de por medio y con ambos trabajando fuera de casa no asume responsabilidades dentro, seguramente no lo haga después. Es preferible trabajar para conseguir una dinámica que funcione a nivel pareja antes de embarcarse en aumentar la familia. Y si no se llega a un acuerdo, mejor romper cuanto antes y cada uno por su lado antes de que todo se complique con custodias y demás.

Volviendo al libro de Corinne Maier, la autora reflexiona también sobre lo caro que sale tener hijos. Y eso que no entra en la concepción artificial, cada vez más frecuente. A los hijos hay que alimentarlos, vestirlos, ponerles ortodoncias, gafas, comprarles libros, pagarles las actividades extraescolares, la educación no obligatoria… Cualquiera quiere lo mejor para sus hijos, así que ¿cómo les vas a privar de las clases de natación para bebés, los idiomas o las clases de música? Como bien dice en su razón número 15: el hijo es un aliado objetivo del capitalismo. Los niños, además de consumir, hacen que los progenitores consuman. Aparte de los pañales, ropa y productos de aseo, hay una lista interminables de trastos que solo usan durante pocos meses pero que parecen imprescindibles: que si la cuna de colecho, la de viaje, la cuna grande, el capazo, la silla para el coche, la de paseo, la mochila portabebés, la hamaca, el parque, el calientabiberones, el esterilizador de biberones, el escurridor de biberones, los walkies vigilabebés… Y eso es solo el principio, porque luego se unen los juguetes, los libros, las tablets, móviles y ordenadores, los instrumentos u objetos de las actividades extraescolares… En muchos casos además la llegada de los hijos supone el tener que (o querer) cambiar de coche e incluso de casa, con lo que ello supone económicamente.

Como conclusión, la autora defiende que la solución es dejar de tener hijos. Sobre todo en los países desarrollados. Y es que aunque los países menos desarrollados tienen una mayor población, el problema es la supercontaminación de los más ricos y su consumismo voraz. Va más allá: ¿Qué sentido tiene traer hijos al mundo cuando se les va a dejar un planeta condenado al desastre ecológico?

No creo que el libro vaya a hacer cambiar la opinión de nadie, pero está muy bien que se hable cada vez más de la no maternidad como opción sin que ello suscite reprobación. Al fin y al cabo, no tener hijos es una elección como otra cualquiera y tan válida como sí tenerlos. De hecho debería ponerse más en duda la capacidad y madurez de algunos para ser padres que de quienes deciden no serlo.

Serie Terminada: Big Little Lies

Cuando escribí sobre el piloto de esta serie comentaba que me había costado entrar un poco en la dinámica porque era un tanto lento y tenía un relato fragmentado. Sin embargo, he de reconocer, que a medida que va avanzando, engancha la historia y el misterio de esta elitista comunidad de Monterrey. Big Little Lies arrancaba con dos sucesos en sendas líneas narrativas. Por un lado nos encontramos en el presente, donde, durante un evento escolar, ha ocurrido un asesinato y se están llevando a cabo los interrogatorios para resolverlo; y por otro lado nos trasladamos al pasado, al primer día de curso, cuando el niño nuevo es acusado de haber querido estrangular a una niña y se desata una guerra de padres. A partir de ahí la trama se irá desarrollando de forma que finalmente estos dos acontecimientos se unan.

El ataque en el colegio nos sirve para ir descubriendo a los personajes principales de la trama. Conocemos así a Renata, la madre de la niña atacada, una mujer que siente que continuamente es juzgada por tener éxito laboral y no dedicarse únicamente a su hija. En el otro bando se halla Madeline, una especie de abeja reina que al contrario que la anterior no trabaja y se dedica únicamente a su familia (y a colaborar con actividades escolares). No se soportan, por lo que Madeline, cuya hija es compañera de la de Renata, enseguida se pone de lado de Jane (la recién llegada) y su hijo, acogiéndoles bajo su ala.

La cuarta mujer en escena es Celeste, la mejor amiga de Madeline, cuyos gemelos comparten curso con los niños de las anteriores. Al igual que Renata tenía éxito laboral, ya que era una reputada abogada, sin embargo, lo dejó para dedicarse a los niños.

Por último no podemos olvidarnos de Bonnie, la nueva mujer de el exmarido de Madeline, que también tiene una hija que va a la misma clase.

A lo largo de los siete episodios de la temporada vamos adentrándonos en las vidas de estas cinco mujeres y sus familias y descubrimos que no todo es tan idílico como parece. Big Little Lies nos retrata una sociedad en la que nadie sabe nada de nadie, pues lo que cada persona muestra es falso. Viven de las apariencias, de sonreír y mostrar un mundo feliz de puertas para fuera mientras ocultan sus miserias. Renata transmite su estrés a su hija; Madeline no consigue superar la relación con su ex, se distancia de su hija mayor y es infiel a su marido; Jane intenta superar una violación y Celeste vive en una relación abusiva y de maltrato de la que no es totalmente consciente.

Big Little Lies habla de prejuicios, de hipocresía, de presión social, de envidia, de las expectativas, del éxito y el fracaso, de la maternidad, de las relaciones con los hijos, del sentimiento de culpa de la madre trabajadora, de la fragilidad de la pareja, de relaciones tóxicas, de sentimientos reprimidos, de bullying y violencia machista… Pero sobre todo habla de secretos y mentiras. Y a medida que las verdades comienzan a salir a la luz, la atmósfera se va tensando y marcando el camino hacia el fatídico desenlace: el asesinato.

Un asesinato que en realidad tampoco es tan relevante. Big Little Lies no va de la resolución de un crimen como parece indicar en su primer episodio. Aquí lo importante son ellas, el relato de estas mujeres. Y aunque al principio parece que todo gira en torno a Madeline, que es ella el nexo de conexión con el resto de personajes (madre, mujer, exmujer, mejor amiga, archienemiga, nueva amiga, amante, integrada en el AMPA…), poco a poco va ganando más peso la trama de Celeste, convirtiéndose en el centro de la historia. En un mundo en que todo se queda en lo superficial nadie se ha percatado de la situación que vive en casa. De hecho, ni ella misma se llega a identificar como víctima. El maltrato al que se ve sometida se trata de una forma exquisita tanto en el contenido (desmitificando aquello de que la violencia machista se da en parejas de bajo estatus socioeconómico o en mujeres sin formación académica) como visualmente (con escenas apenas sin sonido que producen una tremenda tensión). Se muestra perfectamente el ciclo del abuso (desde los comentarios “así te tendré toda para mí” hasta los golpes), el síndrome de Estocolmo, el cómo influye en los hijos y sobre todo la ocultación.

Sin embargo su liberación es justamente que este maltrato salga a la luz. Es entonces cuando se olvidan las rencillas, los bandos y las enemistades y nace la sororidad. Y no solo hacia Celeste, sino también hacia Jane. La rivalidad entre mujeres es sustituida por una red de apoyo y cuidado. Es verdad que el asesinato es una solución radical, pero muestra que si se hubiera abierto a sus amigas, al menos a Madeline, quizá podría haber salido antes de esa relación tóxica, que no iba a ser juzgada.

Concebida como miniserie de siete episodios (pues está basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty), el cierre de la temporada resultaba un broche perfecto con las protagonistas y sus hijos en la playa siguiendo con sus vidas, unidas, más fuertes y mirando al futuro; sin embargo, gracias a la buena acogida que tuvo, HBO la renovó por una segunda a la que se incorporaría Meryl Streep en el papel de suegra de Celeste.

Esta nueva tanda no tenía la novela detrás (sí que tuvo la colaboración de la autora para que los personajes tuvieran cierta coherencia), por lo que había que abrir nuevo arco argumental. Mientras que en la primera el misterio era resolver el asesinato de Perry; en esta segunda la tensión gira en torno al secreto que guardan las cinco de Monterrey y si alguna de ellas acabará confesando superada por la presión. Abandona un poco el toque de thriller con que comenzó y toma un cariz más dramático y personal. Se mantiene sin embargo la estructura con saltos temporales con los interrogatorios. Aunque en esta ocasión no se trata de las entrevistas a los vecinos, sino a las protagonistas.

De nuevo arranca la temporada con el primer día de colegio. Pero esta vez no hay bandos, sino que todas van a una. O al menos lo intentan, ya que Bonnie está consumida por la culpa al haber sido ella quien empujó escaleras abajo a Perry. Ella que era el personaje con el carácter más afable y zen de la serie en la primera temporada, aquí es el más oscuro y triste. No es capaz ni de hablar con su marido e hija.

Se ha cambiado las tornas con Jane, quien ahora se ha liberado en cierta medida de ese pasado que le producía pesadillas e intenta comportarse como cualquier joven de su edad, saliendo y relacionándose. Aunque aún tiene alguna cadena que romper.

Celeste por el contrario no ha encontrado esa liberación, sino que está librando una batalla entre los buenos y malos recuerdos de su marido. Por un lado tiene pesadillas con las agresiones, mientras que por otro intenta aferrarse a los momentos agradables, sobre todo aquellos en los que pasaban con los niños, pues quiere que estos crezcan teniendo buena imagen de su padre. La llegada de su suegra intentando recuperar la cara más amable de este tampoco ayuda.

Renata tampoco está pasando por su mejor momento. Cuando está en la cresta de la ola porque le han comunicado que le van a dar la portada de la revista femenina más vendida del país, descubre que lo va a perder todo porque su marido ha cometido fraude fiscal. De un momento para otro se desmorona su castillo de naipes y todo su mundo, sustentado en las cosas y en el dinero, se viene abajo. Y para más inri, por si fuera poco quedarse sin nada por los errores de su marido y que esto le salpique también a su valorada vida profesional, sale a la luz que este le fue infiel con la niñera.

Y si hablamos de infidelidades, no nos podemos olvidar de Madeline, quien intenta recuperar su relación después de que su marido se enterara de su aventura. Después de un matrimonio fallido, ella que no estudió y se quedó en casa para ejercer como madre, no sabe qué será de su vida si tuviera que enfrentarse a otra separación. Y mientras en casa está a la espera del perdón, comienza una nueva andadura como agente inmobiliaria y sigue siendo el mejor apoyo de Celeste.

Esta nueva temporada profundiza en las vidas de las familias de estas mujeres centrándose menos en el thriller y el misterio, como comentaba más arriba, y más en temas como el matrimonio y sus crisis, la amistad y la maternidad. Podríamos decir que paralelamente al conflicto principal se trata de seguir el viaje de cada una de ellas enfrentándose a sus retos particulares. Parece como si fuera un epílogo de los primeros 7 episodios, un “qué fue de los personajes”, sin embargo, no todas las historias cobran la misma relevancia y da la sensación de que se han metido como relleno en torno a la trama principal. Véanse por ejemplo las de Renata o de Bonnie. En el caso de esta última además no era necesario traer a escena a una madre maltratadora para justificar que fuera capaz de ver el lenguaje no verbal y captara de lejos que Perry abusaba de su mujer.

Así, Celeste se erige de nuevo en la protagonista absoluta con su disputa por la custodia de sus hijos. La llegada de Mary Louise genera una atmósfera diferente, nunca sabes por dónde va a salir esta mujer que juega a ser la adorable abuela con anécdotas divertidas y una impecable educación mientras que a la vez hurga en los cajones y se asoma tras las puertas.

Es la villana de la temporada, un personaje que aunque parece que llega para ayudar a Celeste con los niños, en realidad pronto averiguamos que lo que realmente quiere es averiguar qué es lo que realmente le pasó a su hijo (aparte de querer quedarse con la custodia de los gemelos). Viene en busca de respuestas en una comunidad llena de grandes pequeños secretos y añade presión a las protagonistas. Por si no fueran ya una olla a presión.

Sin embargo, cuando empieza a husmear, Mary Louise se encontrará con revelaciones difíciles de asimilar, como que su hijo maltrataba a su mujer o que tiene un tercer nieto fruto de una violación. Aquí no hay atisbo de sororidad alguna, sino que saca su lado más cruel culpando a las víctimas de haber provocado de alguna manera a Perry. La palabra de la mujer siempre puesta en duda, al igual que su reputación. Así, la batalla por la custodia se sustenta en que Celeste es inestable y promiscua obviando que su inestabilidad se deriva precisamente de esa relación tóxica y abusiva y que ser madre no está reñido con tener vida sexual.

La temporada se cierra con Celeste resurgiendo cual ave fénix. Tras los ataques del abogado de su suegra acusándola de no estar capacitada para cuidar de los niños, pide interrogar a Mary Louise para demostrar que precisamente ella no se puede poner como ejemplo de perfección. No vemos entonces a una víctima, sino a una mujer que ha recuperado su seguridad y muestra sus aptitudes como abogada, un trabajo que adoraba pero que dejó a petición de su marido. La escena entre ambas es un espectáculo, aunque hay que reconocer que es un poco efectista sacándose el vídeo de la manga en el último momento.

El resto de personajes también tiene su cierre. Así, mientras Renata y Bonnie dejan a sus maridos (esta además se libera de la relación con su madre), Jane da una oportunidad a Cory y Madeline renueva sus votos matrimoniales. Pero aún así, les queda una última espina, esa mentira que les carcome, así que juntas acuden a comisaría, intuimos que para confesar. Y al igual que todas arropaban a Celeste (y Jane) en la playa, aquí toca hacer piña en torno a Bonnie, quien ha permanecido toda la temporada aislada del resto luchando contra sus propios fantasmas.

Y aunque es un cierre redondo, en realidad si miramos el conjunto, podemos llegar a la conclusión de que esta segunda temporada no era necesaria. Sí, hay momentos memorables, sobre todo aquellos en los que Mary Louise y Madeline muestran su agresivo-pasividad; pero queda una temporada un tanto desdibujada con respecto a la primera (los niños apenas tienen protagonismo, por ejemplo). La serie podría haber acabado con tras la escena de la playa y nos habríamos quedado tan felices.

Aún así, Big Little Lies deja una buena reflexión sobre las mentiras, las apariencias, la presión social, las relaciones y la maternidad. Rompe con la imagen de la mujer perfecta y nos ha mostrado unos personajes complejos cargados de contradicciones, dudas, errores y miedos. Mujeres que son madres, pero que no es eso lo que les define, incluso que se atreven a verbalizar que esa faceta de su vida no les realiza, algo totalmente tabú. No es que no disfruten de ser madres, sino que tienen mucho más que ofrecer. Eso sí, espero que no quieran renovarla de nuevo y darle una tercera temporada, porque ahora ya sí que perdería el rumbo. Dejémoslo como está y pasemos a la siguiente.

Trucos viajeros: Accesorios

En otras ocasiones ya he comentado que con el tiempo he ido reduciendo mi equipaje. De hecho, por eso cada vez usamos más mochila que maleta. Sin embargo, aunque sí que soy capaz de ajustar cada vez más en cuanto a la ropa y no llevar los famosos porsiacasos, por el contrario hay otras áreas que cada vez crecen más. Como por ejemplo ocurre con la electrónica y los accesorios.

En un primer bulto solemos llevar ropa, calzado, neceser, un pequeño botiquín, kit de costura y ese tipo de cosas, pero en el segundo, que siempre va con nosotros, no pueden fallar una serie de imprescindibles:

Documentación: Esto sin duda es lo más importante, ya que es lo que va a permitir que podamos viajar. Suelo llevar una carpeta de plástico de tamaño cuartilla en la que van los pasaportes, una libreta y un boli (importante cuando tienes que rellenar el papelito de aduanas), el seguro, visado en caso de que sea necesario y el itinerario o billetes de avión. Además, en el monedero no pueden faltar las tarjetas de débito/prepago y al menos una de crédito, la tarjeta sanitaria europea (si corresponde) y el carnet de conducir (a veces se requiere el internacional).

Móvil: Sin duda hoy en día ya no es que sea imprescindible para viajar, sino en nuestro día a día. No solo es teléfono sino cámara, GPS, linterna, despertador, calculadora, y además nos da acceso a internet y por tanto a múltiples apps que nos facilitan la vida (algunas funcionan offline) como traductor, pronóstico del tiempo o cambio de divisa entre muchas otras.

Tras la eliminación del Roaming en Europa lo tenemos más fácil para poder navegar en el extranjero, pero para cuando no hay, además valoraríamos llevar una SIM local.

Batería externa: Dado que seguramente estemos todo el día de acá para allá y tirando de mapas, cámara y demás aplicaciones, llevar una batería externa es otro de nuestros imprescindibles. Hace años nos compramos una normalita, pero como los móviles van exigiendo cada vez más carga y además rápida, nos hicimos con una segunda mucho más potente (22.400mAh). Eso sí, también pesa más.

Es recomendable que sea mínimo de 10.000mAh y que tenga varios puertos usb tanto para cargarla como para alimentar a varios dispositivos a la vez. La potencia también es importante. Lo suyo es que de salida fuera mínimo de 5V 2.4A.

Cables usb: Antes los móviles venían con un cargador completo, hoy sin embargo, según el modelo, puede que traiga un cargador en dos (cabeza y cable) o únicamente el cable. Obviamente lo vamos a necesitar para cargar nuestro dispositivo, por lo que no nos puede faltar en nuestro equipaje. Eso sí, me gusta llevarlos de al menos un metro, porque no siempre sabes lo cerca que vas a tener el enchufe.

Cargador puertos usb: El blanco sobre estas líneas es perfecto para cargar varios dispositivos a la vez, o uno que necesite varios puertos, como la batería. Es compacto y su potencia es de XX.

Adaptador de corriente universal: Tremendamente importante. Ya no solo por el adaptador en sí, sino porque el nuestro incorpora también un par de puertos usb, por lo que podemos cargar 3 objetos a la vez. Perfecto para la noche, o para un vuelo largo. Cuenta con las configuraciones de enchufes más comunes, por lo que se puede usar tanto en Reino Unido (tipo G) como en EEUU, Japón o Australia (tipo I). En la Europa continental predomina el C (Francia usa el E, que tiene un pitorro que sobresale), por lo que no suele haber problema, y con llevar el anterior tendríamos suficiente.

Para llevar todos los cables, cargadores y accesorios localizados, recogidos y organizados, compramos hace poco una especie de maletín con compartimentos.

En la parte que sirve de tapa lleva unas gomas donde se pueden enganchar auriculares, cables y ese tipo de objetos; mientras que en la parte más grande podemos distribuir el espacio al gusto gracias a unos separadores acolchados con velcro en sus extremos. Muy pero que muy práctico.

Ordenador: antes no pensaba que fuera necesario, pero al hacer tantas fotos, acaba siendo uno de los imprescindibles para hacer copias de seguridad, sobre todo en viajes largos. No se vino con nosotros ni a Balcanes, ni a Marruecos ni a Berlín, por ejemplo, porque era añadir un peso innecesario.

En ocasiones también llevo conmigo un disco duro externo de 2.5″ para hacer copias de seguridad, sin embargo, últimamente tiendo a subirlas a la nube. Ahorramos espacio, reducimos peso y evitamos posibles daños por el movimiento.

Cámara de fotos y accesorios: Antes nos llevábamos la cámara compacta con sus tarjetas y baterías, quizá el trípode moldeable y poco más. Ahora llevamos la Nikon D5300 con sus tarjetas, cargador y batería, el zoom 18-55 (de momento el 50mm no le he dado mucho uso), los filtros, el trípode pequeño, el trípode grande y según la ocasión, la funda estanca.

También llevamos el palo selfie, práctico para cuando no tienes a nadie que te haga una foto o no te apetece andar montando el trípode. Fácil y rápido.

Entretenimiento: No puede faltar en mi bolso o mochila de mano el kindle (larga vida desde 2012), música y auriculares, sobre todo para viajes largos en los que de vez en cuando apetece sentarse a descansar y leer un rato. También para largos trayectos en bus, tren o avión, claro.

Aislamiento: También puede ocurrir que queramos echar una cabezadita en estos viajes largos, sobre todo si viajamos en dirección este. Sin embargo, no siempre es fácil dormir en un asiento estrecho, con ruido y luz. Por eso conviene llevar a mano tapones, antifaz y almohada.

Un nuevo descubrimiento es la Almohada Trtl, mucho más ergonómica que las típicas con forma de U. Consta de una parte dura que sujeta la cabeza y una segunda parte que se enrolla en el cuello a modo de bufanda, pesa apenas 140g y su funda es lavable.

Seguridad: Generalmente forramos con film transparente las maletas, para que no se dañe con los roces y golpes en su transporte, pero además, para nuestro último viaje a EEUU compramos un par de candados TSA. Este tipo de candados que a priori no tienen mucha historia (un candado con código sin más) están homologados por la Transportation Security Administration, por lo que si quieren comprobar tu equipaje no te destrozarán el cierre, ya que tienen una clave maestra.

Añadir la correa una vez que ya lleva el candado no tiene mucho sentido, pero sí cuando la maleta va un poco llena y te interesa que quede bien compacta, o para identificarla, si es muy del montón.

Otros accesorios: Además, no puedo viajar sin una mochila o bolso más pequeño. Es decir, por un lado está el equipaje, pero luego para el día a día conviene llevar algo más ligero donde llevar una botella de agua, algo de picoteo, la funda de la cámara de fotos, la documentación, dinero, llaves, un pequeño neceser para un aseo rápido, bolsas de tela por si haces alguna compra…

Así listado parece mucho, pero en realidad se trata de objetos que llevaríamos en nuestro día a día como documentación, dinero, móvil… solo que añadiendo ordenador, cámara de fotos y cables. En realidad todo cabe en una mochila de 30L, que como digo, va siempre con nosotros bien localizada.

Escape Room: La Farmacia, Yaebi

Después de un par de meses de sequía (desde que hiciéramos El Asesino del Zodiaco), la semana pasada recuperamos la costumbre de organizar una quedada para hacer una sala de escape. En esta ocasión reservamos para La Farmacia, en Yaebi, que se encuentra en Vallecas. No conocíamos la empresa, pero sí que parecía tener buenas críticas. Además, la temática nos llamaba la atención.

Llegamos con tiempo de sobra y nos quedamos de charla en la puerta, ya que se nos había indicado expresamente que no llamáramos hasta que no estuviera todo el equipo reunido y fuera la hora de nuestra cita. Un par de minutos antes nos acercamos y vimos que teníamos que rellenar el documento de protección de datos, por lo que aquello prometía ser intenso desde el principio.

Nada más entrar al interior nos vemos trasladados al Londres de 1885, un momento en que la sociedad londinense está conmocionada por una oleada de crímenes. En los últimos meses han sido hallados por la ciudad restos de mujeres y Scotland Yard sospecha de Henry H. Holmes, un asesino huido desde Chicago. Sin embargo, ante las prisas por cerrar el caso y tranquilizar a la población, comete el error de detener a Sherlock Holmes. Y aquí es donde entramos nosotros. Maggie, una de las irregulares del famoso detective, nos pide ayuda para esclarecer los hechos, demostrar su inocencia y ayudar a detener al verdadero culpable. Parece que la clave está en una farmacia que abrió recientemente, ya que los asesinatos comenzaron a ocurrir al poco de su apertura, por lo que nos acompaña hasta el callejón y nos desea buena suerte.

Había nervios y tensión y en cuanto se puso en marcha el tiempo comenzamos a buscar pistas. La verdad es que no sabíamos muy bien dónde mirar y aunque fuimos encontrando detalles, no terminábamos de arrancar. Cuando parecía que habíamos encontrado una prueba por la que empezar a desenmarañar aquel lío, resultó que aún estábamos pasando cosas por alto. Después de varios intentos frustrados, nuestra Game Master nos echó una mano para que nos centráramos.

A partir de ahí el juego fue más rodado y nos metimos de lleno en la historia funcionando como equipo tal y como viene siendo habitual. Enseguida empezamos a encontrar pistas y objetos y nos pusimos en movimiento trabajando en subgrupos, ya que al no tratarse de una sala lineal permite estar paralelamente a varias cosas. Esta parte del juego se nos dio bastante bien y no tardamos mucho en dar con la mayoría de las soluciones. Me gustó que aunque había algún candado numérico, en general predominaban los mecanismos y puzles. No obstante, cuando ya casi teníamos hecha la sala nos volvimos a atrancar en una prueba que dependía mucho de la percepción de cada cual. Nuestra Game Master nos tuvo que echar una mano porque no terminábamos de resolver el enigma.

La recta final, aunque nos habíamos ido repartiendo las tareas y habíamos llevado buen ritmo, fue de infarto y con alguna sorpresilla. Eso sí, finalmente conseguimos demostrar la inocencia de Sherlock tras 68:40 minutos (hay que recalcar que esta sala es de 75).

La Farmacia es una muy buena sala de escape. No la pondría al nivel de La Entrevista, porque esa es incomparable, pero está muy cerca. La inmersión es total desde el minuto uno gracias a la introducción y se mantiene en todo momento gracias a la ambientación. Tanto los decorados (exteriores e interiores) como los muebles o los objetos guardan relación con la historia y sirven para resolver los enigmas. Nada desentona, ni siquiera el sistema de pistas o el control del tiempo, integrados dentro del juego. Además, la distribución de las salas está hecha de una forma natural y se puede tocar todo, por lo que pierdes totalmente la noción de que estás en un local haciendo una actividad.

Nosotros fuimos seis participantes y me parece un buen número. De hecho, creo que menos de cuatro conllevaría estar todo el rato corriendo de un lado para otro. Es una sala con espacio de sobra y con un buen número de pruebas por hacer. Es verdad que había una fórmula para resolver enigmas que se repetía dos o tres veces a lo largo del juego, pero en general había un poco de todo: mecanismos, candados, lógica, matemáticas… Así pues, por su variedad, estilo de pruebas y número de ellas, La Farmacia es un juego de escape de dificultad media-alta. Conviene haber jugado con anterioridad para coger un poco de dinámica más allá de las salas lineales y de candados. Para aquellos que deseen añadir un toque extra, existe además la opción de elegir una versión miedo.

Antes de despedirnos de nuestra Game Master estuvimos charlando un rato con ella y nos recomendó más salas, así que ahora nos toca elegir para el próximo encuentro que no se hará esperar tanto.

Trucos viajeros: Elegir Mochila

Nuestro tipo de viaje suele ser bastante itinerante tomando buses, trenes, metro, moviéndonos por las ciudades o la naturaleza y por eso cada vez usamos más la mochila. En los últimos 8 viajes solo hemos llevado maleta al crucero y al Road Trip. En el primer caso elegimos esta opción por el tipo de prendas que íbamos a llevar, que necesitaba de mejor espacio para no arrugarse, mientras que en el segundo porque necesitábamos más espacio para la ropa de 15 días y lo que pudiéramos comprar. Además, en este último la maleta nos daba una mejor accesibilidad a la ropa cuando cambiábamos cada 2-3 días de alojamiento.

Otro motivo es que en ambos casos apenas tendríamos que cargar con el equipaje (prácticamente solo el día de llegada y el de vuelta).

Pero en el resto de viajes (los otros seis) bien por el destino, por la movilidad, por ahorrar la facturación o porque la duración era inferior a una semana, hemos recurrido a la mochila. O mochilas, pues tenemos varias de diferentes tamaños y calidades (con el tiempo vas descubriendo qué es lo que te va mejor=. Las dos principales que sirven para ver los pros y los contras son una de 30L y otra de 50L, ambas de decathlon que ya están descatalogadas, pues tienen cerca de 20 años. Aunque ahí resisten como el primer día.

La que más amortizada está es esta de 30L. Es una mochila sencilla pero muy completa. Tiene un tamaño que hace que sirva tanto para el día a día como para una ruta de treking o como equipaje de mano para una escapada de unos días.

No tiene muchos bolsillos, pero tiene uno interior que ocupa toda la parte trasera y que viene muy bien para guardar documentos (o el portátil). En su parte exterior, en el frontal, hay otro bolsillo más accesible gracias a una cremallera vertical. Es práctico, pero lógicamente esta accesibilidad lo hace poco seguro. En cualquier caso es útil para llevar otros objetos de menor valor pero que necesitaremos en el viaje (pañuelos, auriculares de repuesto, un boli, bolsas de tela…). Además, cuenta con una salida para los cables de los auriculares (de la época en que se llevaba el reproductor de música dentro de la mochila), dos bolsillos laterales enrejados, una goma para sujetar una botella y un gancho muy práctico para que cuando te cuelgas una bolsa al hombro no se escurra.

La tela es resistente (lleva mucha tralla a sus espaldas y ahí sigue) y cuenta con una funda impermeable que se pliega en la parte baja de la mochila y que nos ha salvado el día en más de una ocasión (sin ir más lejos Utrecht o Génova).

La espalda está acolchada y tiene un sistema de transpiración, importante cuando la vas a llevar mucho tiempo encima. También están reforzadas las tiras y el cinturón, que además lleva unos bolsillitos en los que no cabe mucho, pero que tampoco vienen mal.

En definitiva, sus características la convierten en una mochila bastante completa. Aún así, a mí me viene algo grande, sobre todo porque es unisex y no se ajusta a mi anatomía correctamente. Para una postura correcta el cinturón debería quedar en la cadera, no dejando que la mochila caiga más de esa posición. Sin embargo, si me la ajusto así, me sobresale del cuello. En cambio, para alguien de más de 1.65 sí que se adapta bien. En mochilas más grandes sí que hay variedad anatómica y se pueden encontrar mochilas de hombre y mochilas de mujer. Estas últimas por ejemplo suelen tener una espalda más estrecha y corta, un cinturón que se adapta a las caderas y unas cintas superiores que tienen en cuenta el pecho. No obstante, pese a lo que diga la teoría, como cada persona es diferente, lo mejor es probarse varias para saber cuál se nos adapta mejor a nuestra fisionomía y a nuestro uso.

Otra consideración a tener en cuenta es la recomendación de que el peso total de la carga de la mochila no supere el 15-20% del peso corporal. Así, para mujeres lo óptimo sería oscilar entre 45 y 60L y en el de los hombres de 60 a 80 L. En mi caso, en mis días de acampada, me compré una de 50L, algo en teoría dentro del rango. Sin embargo, hoy, si tuviera que comprarme otra, no pasaría de los 40-45, porque esta resulta enorme. Al menos cuando no llevo el saco, claro, pues mi saco de -10º ocupa bastante.

Esta segunda mochila la usamos cuando nos vamos de interrail (o similar) y vamos a estar moviéndonos bastante. Es decir, cuando sabemos que empezaremos el día en una ciudad y acabaremos en otra, y que por tanto tenemos que llevar con nosotros nuestras pertenencias. Resulta muy práctica pues nos sirve para la ropa, el calzado y los productos de higiene de dos personas para una semana dejando la de 30L para la electrónica y documentación.

El material de la mochila es resistente, con sus costuras reforzadas y sus cremalleras fuertes. Aunque no tiene la funda impermeable, me gusta de esta mochila que se abre tanto por arriba como por abajo. La parte inferior parece estar indicada para meter el saco de dormir, pero es muy práctica también para meter las botas y la ropa sucia. En su interior, hay una separación mediante un trozo de tela con un agujero y un cordón que lo cierra, con lo que se puede guardar el equipaje considerándolo como dos partes o como una única.

Además, una cosa que me gusta mucho de esta mochila es que tiene una cremallera principal con forma de U invertida, por lo que se puede abrir casi por completo y permite ver su interior. Así, es fácil localizar lo que se está buscando. En sus laterales tiene redes muy útiles para guardar una botella o el paraguas y en la parte frontal una goma entrelazada que la verdad es que creo que hemos usado poco.

La espalda, el cinturón y las tiras están acolchadas, sin embargo no transpira mucho. Cuenta también con bolsillos en el cinturón y mejor aún, en los laterales del cuerpo. Son enormes y resultan muy útiles para guardar el botiquín o la bolsa de aseo con los botes de pie. Cuando estás en continuo movimiento, necesitas acceso a las cosas que usas todos los días, y sin duda, poder tener los productos de higiene a mano, es un plus. Además, así no se mezclan con la ropa y si hay un accidente, no acaba todo perdido.

En la parte superior, en la tapa, tiene además otro bolsillo bastante grande, que viene bien para aquellos objetos que queremos tener a mano pero no demasiado a la vista. Además, se le puede enganchar un aislante gracias a las cintas.

Esta mochila permite repartir el peso gracias a su distribución. Así, guardando el calzado en la parte inferior para que quede estabilizada, encima podemos colocar la ropa de mayor peso (generalmente los pantalones y sudaderas) para que quede lo más cerca posible de nuestro centro de gravedad. Sobre esto ya iría lo demás (camisetas y ropa interior). Los bolsillos quedarían para aquello que se va a usar más, ya que además de tener en cuenta la distribución del peso para que su transporte sea lo más cómodo posible, no nos podemos olvidar de nuestras necesidades.

Y por eso, aunque hay consideraciones básicas como las calidades, lo mejor es comparar varias mochilas, simular cómo nos encontramos con ellas a nuestra espalda y valorar cuál es la que mejor se ajusta a nuestra forma de viajar. No es un proceso fácil, pero mejor dedicarle tiempo antes de comprar la primera que veamos y luego arrepentirnos.

Trucos viajeros: ¿Viajar con mochila o maleta?

Hace años asociaba la mochila con el interrail o ir de camping. Para todo lo demás, maleta. Sin embargo, con el tiempo y los viajes, la percepción ha variado y cada vez soy más de mochila. Aunque lógicamente sigue habiendo situaciones y situaciones. Como todo, tanto una opción como otra tienen sus ventajas e inconvenientes.

Ventajas de viajar con mochila:

Comodidad y facilidad de movimiento: A priori no puede parecerlo porque hay que cargar con ella, pero se adapta al cuerpo y el peso queda repartido. Además, hay en muchos destinos en los que es más fácil moverse con mochila en la espalda que arrastrando una maleta de ruedas. Por ejemplo, da más libertad de movimiento ante escaleras, cuestas empinadas o terrenos desiguales como calles empedradas. Es más fácil correr para no perder un tren o un bus con una mochila a cuestas que tirando de una maleta mientras intentas no atropellar a nadie. Y además deja las manos libres.

Ligereza: No solo las mochilas pesan menos, sino que como hay que cargarla (desde el punto de vista de la salud se recomienda que no supere el 15-20% del peso corporal), somos un poco más selectivos a la hora de llenarla. No hay espacio para los porsiacasos. Aunque hay que reconocer que este aspecto también es algo que tiene mucho que ver con la práctica.

Se puede evitar la facturación: Se puede viajar con una mochila como equipaje de mano si se sabe empacar bien. Sí, sí, cabe más de lo que parece. De esta moda se elimina el factor riesgo de que te pierdan el equipaje, pues va contigo. Volviendo de Bombay a Mahé con Air Seychelles aprendimos que la combinación bolso (incluso grande) + mochila canta menos que mochila + maleta. Los dos que llevaban una maleta de cabina además de su objeto personal, tuvieron que facturarla.

Flexibilidad: Como suelen ser de tela, son más fáciles de adaptar bajo un asiento, en un compartimento superior o en una taquilla. De hecho, en ocasiones, cuando el vuelo va muy lleno, suelen dejar pasar primero a los que llevan mochila porque como la pueden meter debajo del asiento delantero, no obstaculizan el pasillo ni llenan los compartimentos superiores. Nos pasó en la ida a Riga.

Para los que no llegamos a los maleteros de los aviones es además una ventaja, pues te evitas tener que pedir ayuda para subir el equipaje y, mejor aún, para bajarlo, que sale todo el mundo por patas.

Adaptabilidad: No solo se adapta al cuerpo, sino que lo hace a las necesidades. Una mochila se puede compactar más si va más vacía o extender si va más llena. Además, como suele llevar compartimentos y bolsillos, amplía la capacidad.

Sencillas de reparar: Dado que suelen ser de tela, si tiene un enganchón o un roto se puede solucionar con un parche. De la misma manera, tanto las cremalleras como los amarres pueden ser sustituidos. Aunque esto último quizá no podamos hacerlo nosotros mismos y haya que llevárselo a alguna costurera o servicio de reparación. Pero en cualquier caso, tiene una solución sencilla.

Desventajas de viajar con mochila:

No son para todo el mundo: Por ejemplo, no son recomendables para personas con dolencias de espalda.

Tampoco para todo tipo de viajes: Depende del contenido del equipaje y del tipo de prendas que necesitemos para el viaje (por ejemplo de negocios o en que se requiera llevar traje/vestidos).

Protección: Al ser flexibles el contenido puede verse dañado al no ir igual de protegido.

Accesibilidad: Si solo tienen cremallera superior, es más incómoda a la hora de buscar lo que necesitamos. Aunque esto se puede solucionar con una mejor planificación poniendo abajo del todo lo de menos uso y arriba lo más frecuente. Pero no siempre es posible porque ha de primar el equilibrio del peso.

Compra: Una buena mochila no se encuentra en cualquier sitio, sino que hay que buscar en una tienda un poco especializada.

Ventajas de viajar con maleta:

Facilidad de empaque: Al ver el espacio de un solo vistazo, es más sencillo empacar. Meter y cerrar.

Interior maleta

Protección: al ser más duras y constar de una estructura más sólida, el interior queda mejor protegido.

Menos arrugas: Aunque ya está muy extendida la costumbre de enrollar la ropa para aprovechar mejor el espacio, hay prendas como una americana o un vestido que necesitan ir estiradas. En este caso, la mejor opción es la maleta.

Se puede arrastrar/empujar: No hay que llevar nada encima, sino que se puede arrastrar. En caso de que además las ruedas giren 360º (recomendable), se pueden empujar, que es mucho más cómodo.

Maleta Blanca

Accesible: Al igual que a la hora de empacar, abriéndola se tiene todo a la vista y se encuentra mejor lo que se busca.

Precio y disponibilidad: Son fáciles de encontrar y hay ofertas incluso en los supermercados.

Desventajas de viajar con maleta:

Peso: Como llevan estructura ya de por sí, vacías, pueden llegar a pesar un par de kilos. A nada que la cargues, te plantas fácilmente en los 15-20. Y como además no se llevan encima, acabamos echando más de lo que necesitamos.

Movimiento limitado: Resulta incómodo moverse con una maleta por un territorio irregular como calles empedradas, con arena o barro, o subirla a pulso al tren… Además de que obliga a llevar al menos una mano ocupada.

Complicadas de reparar: Si sufren un golpe y se parte una rueda, o no funciona el asa extraíble prácticamente tendrás que buscar una nueva porque será una odisea moverse con ella.

Dimensiones fijas: el hecho de ser de un material rígido hace que no siempre entren en un compartimento o taquilla (o los cajones de prueba de las aerolíneas). Por muy vacía que vaya, sus dimensiones son las que son.

Hay un término medio que es el de las mochilas de ruedas, algo similar a las escolares, pero en formato viaje. Se pueden tanto arrastrar como llevar a la espalda. Aunque realmente este último uso queda limitado a momentos puntuales, ya que al llevar la estructura acaba haciendo daño. Además, no son ergonómicas y no están optimizadas para que el peso quede repartido y se pueda cerrar bien en torno al pecho y cintura. Yo no les veo mucho sentido. Y me quedaría con maleta o mochila según la ocasión.

La elección entre una opción u otra es algo muy personal y depende de cómo cada uno se sienta cómodo. Pero aún así, lo ideal sería elegir una maleta cuando los traslados van a ser sencillos (tanto por las infraestructuras o el medio de transporte como por el entorno), cuando se necesita llevar un equipaje especial (negocios o eventos con cierta etiqueta) o cuando no se puede o quiere cargar peso en la espalda. La mochila por su parte es perfecta cuando el viaje está abierto a la improvisación, cuando se viaja en transporte local con bastantes desplazamientos (buses, trenes, tuk-tuks…) o cuando se está en continuo movimiento no regresando a un alojamiento fijo y conviene llevar el equipaje a cuestas. Pero sobre todo, hay que olvidar los prejuicios y abrir la mente.

Aprendiendo fotografía: Encontrar el encuadre

Aunque hacer una foto es una acción que lleva tan solo unos segundos, en realidad, antes de apretar el botón hay que tomar muchas decisiones. Ya habíamos descubierto que había que tener en consideración la apertura del diafragma para determinar cuánta luz queríamos, la velocidad de obturación para indicar el tiempo que ha de pasar esa luz y la ISO para equilibrar la exposición; sin embargo, aún nos queda un aspecto importante que también va relacionado con el triángulo de la luz: encontrar el enfoque y el encuadre.

El rango de apertura del diafragma nos permite jugar con el enfoque y delimita la profundidad de campo. Por ejemplo, con una mayor apertura (f/pequeño) la imagen resultará más nítida en un primer plano, pero se irá difuminando en la lejanía; mientras que si queremos enfocar a una mayor distancia, entonces tendremos que disminuir la apertura (f/grande) consiguiendo así que tanto lo más cercano como lo más alejado esté nítido. Nuestra cámara tiene un enfoque automático AF con 39 puntos, 9 de ellos en forma de cruz situados en la zona central y dado que normalmente hago fotos de paisajes o edificios, no recurro al manual. Son demasiados años con una compacta simplemente apuntando y presionando el botón y reconozco que me queda mucho por aprender en cuanto a jugar con la composición. Y es que para hacer una fotografía con enfoque manual hay que tener claro qué es lo que se quiere fotografiar, cuál va a ser la composición.

Hay quien tiene una mente muy creativa y enseguida lo tiene claro. Otros necesitamos tiempo y esfuerzo para desarrollarla, tanto viendo muchas fotografías y entrenando nuestra percepción, como en la práctica haciendo fotos y consiguiendo nuestro propio estilo. Y ahí estamos. Intentando encontrar ese punto.

Para empezar los expertos recomiendan evitar colocar el objeto principal de la fotografía en el centro, ya que el resultado será una imagen un tanto aburrida y estática. En su lugar, resulta más interesante practicar con la regla de los tercios, dividiendo la imagen en tres partes (tanto vertical como horizontalmente) situando el objeto en alguna de las intersecciones de estas líneas.

Este método en sencillo de aplicar y es muy útil para ubicar el horizonte/cielo (horizontalmente) o un edificio/persona (verticalmente), no obstante, a veces deja el resto de la imagen demasiado vacía y hay que encontrar otra perspectiva. Es un punto de partida para entrenar el ojo y poco a poco ir descubriendo detalles que sirven como guías, como puede ser el caso de una carretera, una vía férrea, un río, unas escaleras o un paseo.

En este aspecto también resulta visualmente atractivo el uso de la simetría y patrones. Por ejemplo, los grupos impares parece que atraen al cerebro, sobre todo funciona bien el 3, ya que no es excesivo.

El uso del color también es importante y se puede emplear bien destacando un objeto sobre los demás, creando armonía con colores similares o próximos en el círculo cromático, o por el contrario generando contraste eligiendo los opuestos.

Todos estos aspectos aunque se entrenan, en general me da la sensación de que los tenemos ya más interiorizados, es decir, que vemos atraídos de forma natural por un objeto más colorido, un edificio más alto, un patrón, seguimos las líneas… Así que, en ese aspecto es fácil localizar lo que queremos fotografiar. Sin embargo, me pasa muchas veces que lo que en un principio me ha parecido atractivo y he querido plasmar, queda totalmente soso y plano en pantalla. En muchos casos el problema se debe a la perspectiva. Tradicionalmente solemos hacer fotos de pie desde la altura de nuestros ojos, pero casi siempre la imagen mejora considerablemente subiéndonos a algo o agachándonos. De hecho, una de las primeras cosas que aprendes cuando empiezas a practicar es el hacer la cabra montesa o doblarte como un contorsionista para encontrar el ángulo perfecto. También influye el tener un objetivo limitado, claro.

Por otro lado, cuando se trata de un retrato en primer plano habría que posicionarse al mismo nivel que el sujeto y con sus ojos en uno de los puntos de convergencia de la regla de los tres tercios, para que así sea más llamativo. Otra cosa sería que nos sirviéramos de una persona para conducir la mirada del espectador. Así, el plano habría de quedar abierto hacia donde nos dirija su lenguaje corporal, ya sea con la postura o con la mirada.

Esta composición serviría igualmente para objetos no estáticos. Dejando espacio hacia donde se dirige se consigue una mayor profundidad y esa sensación de movimiento.

Otro aspecto en el que suelo dudar es si elegir orientación horizontal o vertical. La teoría dice que el horizontal es más apropiado para los paisajes ya que permite mostrar tanto el cielo como la tierra y el vertical para retratos, destacar un objeto en un primer plano o dar profundidad. Sin embargo, en la práctica, dependerá del punto de vista que queramos dar. Y volvemos a lo de que hay a quien le sale natural, y por el contrario quien necesita probar en ambas posiciones para decidir qué le convence más, como es mi caso. Por suerte hoy en día tenemos cámaras digitales en las que podemos previsualizar las fotos y echar tantas como queramos sin estar limitados por el número finito del carrete (las tarjetas también tienen limitación, pero contamos con mucho más espacio).

Sin duda hacer fotos no es tan fácil como puede parecer incluso cuando estamos acostumbrados a llevar una cámara en el móvil. Pero aún con todo lo dicho, pese a que podamos aprender la teoría de múltiples reglas, en realidad cualquier técnica vale siempre que se transmita algo. Al final es de lo que se trata la fotografía: de plasmar un momento, transmitir sentimientos y contar una historia.