No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, Corinne Maier

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a los ensayos. Normalmente prefiero la novela, pero a veces, entre un libro y otro necesito leer algo diferente para desconectar la mente y no mezclar personajes o historias. Así, hace poco leí No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, de la ensayista francesa Corinne Maier.

Aunque cada vez son más las mujeres que escriben sobre el tema y no se avergüenzan o lamentan de no querer pasar por la maternidad, en concreto este libro me llamó la atención porque la autora es madre, y sí que es menos frecuente que se atrevan a compartir que preferirían no haberlo sido. Y es curioso, pues cuando dices que no quieres tener hijos te hacen numerosas preguntas o directamente afirmaciones como que te vas a arrepentir o que te vas a perder algo maravilloso y,sin embargo, cuando alguien comunica la llegada de una criatura al mundo en su entorno nadie les cuestiona si se lo han pensado dos veces o son conscientes de la responsabilidad de la crianza y lo que ello conlleva, como por ejemplo también perderse cosas en la vida. Porque sí, toda decisión en nuestra vida significa dejar otras cosas de lado y que en un futuro podamos arrepentirnos de haber tomado un camino y no otro.

Y precisamente así comienza Maier su introducción, asegurando que se arrepiente de ser madre y que si volviera atrás seguramente no tendría hijos porque, analizándolo, le ve más cosas negativas que positivas. Y no pasa nada, no es un monstruo por ello, no creo que tenga que ver con que odie a su descendencia, sino que preferiría haber tomado otro rumbo en su vida. Como si te vas de alquiler y con los años volviendo la vista atrás piensas que quizá tendrías que haberte comprado una casa o viceversa. La autora rompe con el tabú de la maternidad idealizada y desgrana sus 40 razones para que aquellos que estén pensando en ser padres, se lo piensen bien antes. No es que descubra nada nuevo con su lista, quizá lo novedoso es el tono un tanto provocador que usa al exponerla. Pero en cualquier caso, la mayoría son verdades como puños.

Acierta al destacar la presión social que existe para tener hijos. Parece como si una pareja no fuera bien si no diera el paso de criar un par de retoños. Aquello de un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores… Quienes se atreven a no seguir ese camino son continuamente juzgados por no seguir el camino. Y mientras, hay tantos otros que dan el paso porque es lo que toca. No hay motivo detrás, sino simplemente porque es lo que se espera a cierta edad.

Y después viene el golpe de realidad, cuando descubren que el embarazo no era tan bonito, que el parto es doloroso, que la recuperación está lejos de ser como las de las famosas, que los meses de lactancia son esclavos y se duerme poco y que a partir de ahí todo gira en relación a esa persona dependiente, que no es algo que puedas posponer porque hoy no te apetezca o no tengas ánimos o fuerzas. Es una responsabilidad, una vida humana y estás a su servicio. Esto no quiere decir que la circunstancia sea mala, sino que hay que ser consciente de lo que conlleva. Un claro ejemplo son las campañas sobre las mascotas en las que se recalca la necesidad de una reflexión previa antes de su adquisición para evitar maltratos o abandonos.

Con la llegada al mundo de la criatura la vida de los progenitores cambia. Y, como dice la autora, la educación requiere que los progenitores estén siempre disponibles, atentos y dispuestos a sacrificar otros aspectos de su vida. Empiezan a vivir el tiempo de otra persona y pasan a segundo plano la pareja, las amistades, el tiempo de ocio o la vida laboral. Es cierto que se pueden seguir haciendo muchas cosas, pero está claro que hay que hacer reajustes porque los horarios cambian. No se tiene la misma maniobrabilidad para improvisar planes y hay muchos que no son aptos para críos. Aparte de que se tiene menos tiempo libre: llevar a los niños a la guardería/colegio, trabajo, recogerlos, meriendas, parque, extraescolares, deberes, duchas, mantener al día la casa, preparar cenas, comidas, la ropa del día siguiente… La crianza es agotadora, y más aún cuando el reparto de tareas no es equitativo.

Y es que como bien indica Maier, el coste de tener hijos no es el mismo para la madre que para el padre, pues la maternidad se ha convertido en una trampa para las mujeres. Es cierto que las cosas van cambiando y ahora los padres se involucran algo más y saben cambiar pañales, dar el biberón o llevan al niño al parque. Pero aún así siguen recayendo sobre las madres la mayoría de las tareas, y sobre todo el peso de la carga mental. Aquellas pequeñas cosas que no son tan visibles como que los niños crecen y hay que comprarles ropa nueva o estar pendientes del calendario de vacunaciones. La realidad es que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, pero el hombre no lo ha hecho en igual medida en el doméstico y familiar. Así, esto crea una desigualdad en ambos ámbitos dando lugar a un círculo vicioso: si los hombres no asumen por igual sus tareas en casa, en las empresas se da por hecho que la mujer sale menos rentable y la balanza se inclina hacia el lado de ellos. Y puesto que la parcialidad y los sueldos inferiores recaen sobre ellas, ellos tienen más oportunidad de seguir desarrollando su carrera profesional. Así, con frecuencia se ve que mientras que un hombre en un alto cargo puede ser que sea padre o no, en el caso de ellas generalmente se trata de mujeres sin hijos. Las madres se han ido quedando por el camino.

Por tanto, en la actualidad ser madre supone tener que aceptar empleos peor remunerados pero que dejen tiempo libre para cuidar de la familia, porque claro, alguien tiene que hacerlo… Y al final supone una doble pérdida económica ya que por un lado se ingresa menos dinero por la actividad laboral (con lo que supone para la cotización e independencia económica) y por otro se echa otra jornada tan duradera y agotadora (o más) que no está remunerada. Así pues, la madre de hoy en día se encuentra cansada, con falta de tiempo y cierta dependencia económica. Al final va a ser verdad como dicen algunas amigas mías con hijos que nos engañaron con lo de la mujer liberada que se incorpora a la vida laboral y que vivían mejor las amas de casa. Al menos ellas no estaban pluriempleadas.

Aunque en esto siempre digo que hay evidencias previas: si tu pareja hombre antes de que haya hijos de por medio y con ambos trabajando fuera de casa no asume responsabilidades dentro, seguramente no lo haga después. Es preferible trabajar para conseguir una dinámica que funcione a nivel pareja antes de embarcarse en aumentar la familia. Y si no se llega a un acuerdo, mejor romper cuanto antes y cada uno por su lado antes de que todo se complique con custodias y demás.

Volviendo al libro de Corinne Maier, la autora reflexiona también sobre lo caro que sale tener hijos. Y eso que no entra en la concepción artificial, cada vez más frecuente. A los hijos hay que alimentarlos, vestirlos, ponerles ortodoncias, gafas, comprarles libros, pagarles las actividades extraescolares, la educación no obligatoria… Cualquiera quiere lo mejor para sus hijos, así que ¿cómo les vas a privar de las clases de natación para bebés, los idiomas o las clases de música? Como bien dice en su razón número 15: el hijo es un aliado objetivo del capitalismo. Los niños, además de consumir, hacen que los progenitores consuman. Aparte de los pañales, ropa y productos de aseo, hay una lista interminables de trastos que solo usan durante pocos meses pero que parecen imprescindibles: que si la cuna de colecho, la de viaje, la cuna grande, el capazo, la silla para el coche, la de paseo, la mochila portabebés, la hamaca, el parque, el calientabiberones, el esterilizador de biberones, el escurridor de biberones, los walkies vigilabebés… Y eso es solo el principio, porque luego se unen los juguetes, los libros, las tablets, móviles y ordenadores, los instrumentos u objetos de las actividades extraescolares… En muchos casos además la llegada de los hijos supone el tener que (o querer) cambiar de coche e incluso de casa, con lo que ello supone económicamente.

Como conclusión, la autora defiende que la solución es dejar de tener hijos. Sobre todo en los países desarrollados. Y es que aunque los países menos desarrollados tienen una mayor población, el problema es la supercontaminación de los más ricos y su consumismo voraz. Va más allá: ¿Qué sentido tiene traer hijos al mundo cuando se les va a dejar un planeta condenado al desastre ecológico?

No creo que el libro vaya a hacer cambiar la opinión de nadie, pero está muy bien que se hable cada vez más de la no maternidad como opción sin que ello suscite reprobación. Al fin y al cabo, no tener hijos es una elección como otra cualquiera y tan válida como sí tenerlos. De hecho debería ponerse más en duda la capacidad y madurez de algunos para ser padres que de quienes deciden no serlo.

Serie Terminada: Big Little Lies

Cuando escribí sobre el piloto de esta serie comentaba que me había costado entrar un poco en la dinámica porque era un tanto lento y tenía un relato fragmentado. Sin embargo, he de reconocer, que a medida que va avanzando, engancha la historia y el misterio de esta elitista comunidad de Monterrey. Big Little Lies arrancaba con dos sucesos en sendas líneas narrativas. Por un lado nos encontramos en el presente, donde, durante un evento escolar, ha ocurrido un asesinato y se están llevando a cabo los interrogatorios para resolverlo; y por otro lado nos trasladamos al pasado, al primer día de curso, cuando el niño nuevo es acusado de haber querido estrangular a una niña y se desata una guerra de padres. A partir de ahí la trama se irá desarrollando de forma que finalmente estos dos acontecimientos se unan.

El ataque en el colegio nos sirve para ir descubriendo a los personajes principales de la trama. Conocemos así a Renata, la madre de la niña atacada, una mujer que siente que continuamente es juzgada por tener éxito laboral y no dedicarse únicamente a su hija. En el otro bando se halla Madeline, una especie de abeja reina que al contrario que la anterior no trabaja y se dedica únicamente a su familia (y a colaborar con actividades escolares). No se soportan, por lo que Madeline, cuya hija es compañera de la de Renata, enseguida se pone de lado de Jane (la recién llegada) y su hijo, acogiéndoles bajo su ala.

La cuarta mujer en escena es Celeste, la mejor amiga de Madeline, cuyos gemelos comparten curso con los niños de las anteriores. Al igual que Renata tenía éxito laboral, ya que era una reputada abogada, sin embargo, lo dejó para dedicarse a los niños.

Por último no podemos olvidarnos de Bonnie, la nueva mujer de el exmarido de Madeline, que también tiene una hija que va a la misma clase.

A lo largo de los siete episodios de la temporada vamos adentrándonos en las vidas de estas cinco mujeres y sus familias y descubrimos que no todo es tan idílico como parece. Big Little Lies nos retrata una sociedad en la que nadie sabe nada de nadie, pues lo que cada persona muestra es falso. Viven de las apariencias, de sonreír y mostrar un mundo feliz de puertas para fuera mientras ocultan sus miserias. Renata transmite su estrés a su hija; Madeline no consigue superar la relación con su ex, se distancia de su hija mayor y es infiel a su marido; Jane intenta superar una violación y Celeste vive en una relación abusiva y de maltrato de la que no es totalmente consciente.

Big Little Lies habla de prejuicios, de hipocresía, de presión social, de envidia, de las expectativas, del éxito y el fracaso, de la maternidad, de las relaciones con los hijos, del sentimiento de culpa de la madre trabajadora, de la fragilidad de la pareja, de relaciones tóxicas, de sentimientos reprimidos, de bullying y violencia machista… Pero sobre todo habla de secretos y mentiras. Y a medida que las verdades comienzan a salir a la luz, la atmósfera se va tensando y marcando el camino hacia el fatídico desenlace: el asesinato.

Un asesinato que en realidad tampoco es tan relevante. Big Little Lies no va de la resolución de un crimen como parece indicar en su primer episodio. Aquí lo importante son ellas, el relato de estas mujeres. Y aunque al principio parece que todo gira en torno a Madeline, que es ella el nexo de conexión con el resto de personajes (madre, mujer, exmujer, mejor amiga, archienemiga, nueva amiga, amante, integrada en el AMPA…), poco a poco va ganando más peso la trama de Celeste, convirtiéndose en el centro de la historia. En un mundo en que todo se queda en lo superficial nadie se ha percatado de la situación que vive en casa. De hecho, ni ella misma se llega a identificar como víctima. El maltrato al que se ve sometida se trata de una forma exquisita tanto en el contenido (desmitificando aquello de que la violencia machista se da en parejas de bajo estatus socioeconómico o en mujeres sin formación académica) como visualmente (con escenas apenas sin sonido que producen una tremenda tensión). Se muestra perfectamente el ciclo del abuso (desde los comentarios “así te tendré toda para mí” hasta los golpes), el síndrome de Estocolmo, el cómo influye en los hijos y sobre todo la ocultación.

Sin embargo su liberación es justamente que este maltrato salga a la luz. Es entonces cuando se olvidan las rencillas, los bandos y las enemistades y nace la sororidad. Y no solo hacia Celeste, sino también hacia Jane. La rivalidad entre mujeres es sustituida por una red de apoyo y cuidado. Es verdad que el asesinato es una solución radical, pero muestra que si se hubiera abierto a sus amigas, al menos a Madeline, quizá podría haber salido antes de esa relación tóxica, que no iba a ser juzgada.

Concebida como miniserie de siete episodios (pues está basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty), el cierre de la temporada resultaba un broche perfecto con las protagonistas y sus hijos en la playa siguiendo con sus vidas, unidas, más fuertes y mirando al futuro; sin embargo, gracias a la buena acogida que tuvo, HBO la renovó por una segunda a la que se incorporaría Meryl Streep en el papel de suegra de Celeste.

Esta nueva tanda no tenía la novela detrás (sí que tuvo la colaboración de la autora para que los personajes tuvieran cierta coherencia), por lo que había que abrir nuevo arco argumental. Mientras que en la primera el misterio era resolver el asesinato de Perry; en esta segunda la tensión gira en torno al secreto que guardan las cinco de Monterrey y si alguna de ellas acabará confesando superada por la presión. Abandona un poco el toque de thriller con que comenzó y toma un cariz más dramático y personal. Se mantiene sin embargo la estructura con saltos temporales con los interrogatorios. Aunque en esta ocasión no se trata de las entrevistas a los vecinos, sino a las protagonistas.

De nuevo arranca la temporada con el primer día de colegio. Pero esta vez no hay bandos, sino que todas van a una. O al menos lo intentan, ya que Bonnie está consumida por la culpa al haber sido ella quien empujó escaleras abajo a Perry. Ella que era el personaje con el carácter más afable y zen de la serie en la primera temporada, aquí es el más oscuro y triste. No es capaz ni de hablar con su marido e hija.

Se ha cambiado las tornas con Jane, quien ahora se ha liberado en cierta medida de ese pasado que le producía pesadillas e intenta comportarse como cualquier joven de su edad, saliendo y relacionándose. Aunque aún tiene alguna cadena que romper.

Celeste por el contrario no ha encontrado esa liberación, sino que está librando una batalla entre los buenos y malos recuerdos de su marido. Por un lado tiene pesadillas con las agresiones, mientras que por otro intenta aferrarse a los momentos agradables, sobre todo aquellos en los que pasaban con los niños, pues quiere que estos crezcan teniendo buena imagen de su padre. La llegada de su suegra intentando recuperar la cara más amable de este tampoco ayuda.

Renata tampoco está pasando por su mejor momento. Cuando está en la cresta de la ola porque le han comunicado que le van a dar la portada de la revista femenina más vendida del país, descubre que lo va a perder todo porque su marido ha cometido fraude fiscal. De un momento para otro se desmorona su castillo de naipes y todo su mundo, sustentado en las cosas y en el dinero, se viene abajo. Y para más inri, por si fuera poco quedarse sin nada por los errores de su marido y que esto le salpique también a su valorada vida profesional, sale a la luz que este le fue infiel con la niñera.

Y si hablamos de infidelidades, no nos podemos olvidar de Madeline, quien intenta recuperar su relación después de que su marido se enterara de su aventura. Después de un matrimonio fallido, ella que no estudió y se quedó en casa para ejercer como madre, no sabe qué será de su vida si tuviera que enfrentarse a otra separación. Y mientras en casa está a la espera del perdón, comienza una nueva andadura como agente inmobiliaria y sigue siendo el mejor apoyo de Celeste.

Esta nueva temporada profundiza en las vidas de las familias de estas mujeres centrándose menos en el thriller y el misterio, como comentaba más arriba, y más en temas como el matrimonio y sus crisis, la amistad y la maternidad. Podríamos decir que paralelamente al conflicto principal se trata de seguir el viaje de cada una de ellas enfrentándose a sus retos particulares. Parece como si fuera un epílogo de los primeros 7 episodios, un “qué fue de los personajes”, sin embargo, no todas las historias cobran la misma relevancia y da la sensación de que se han metido como relleno en torno a la trama principal. Véanse por ejemplo las de Renata o de Bonnie. En el caso de esta última además no era necesario traer a escena a una madre maltratadora para justificar que fuera capaz de ver el lenguaje no verbal y captara de lejos que Perry abusaba de su mujer.

Así, Celeste se erige de nuevo en la protagonista absoluta con su disputa por la custodia de sus hijos. La llegada de Mary Louise genera una atmósfera diferente, nunca sabes por dónde va a salir esta mujer que juega a ser la adorable abuela con anécdotas divertidas y una impecable educación mientras que a la vez hurga en los cajones y se asoma tras las puertas.

Es la villana de la temporada, un personaje que aunque parece que llega para ayudar a Celeste con los niños, en realidad pronto averiguamos que lo que realmente quiere es averiguar qué es lo que realmente le pasó a su hijo (aparte de querer quedarse con la custodia de los gemelos). Viene en busca de respuestas en una comunidad llena de grandes pequeños secretos y añade presión a las protagonistas. Por si no fueran ya una olla a presión.

Sin embargo, cuando empieza a husmear, Mary Louise se encontrará con revelaciones difíciles de asimilar, como que su hijo maltrataba a su mujer o que tiene un tercer nieto fruto de una violación. Aquí no hay atisbo de sororidad alguna, sino que saca su lado más cruel culpando a las víctimas de haber provocado de alguna manera a Perry. La palabra de la mujer siempre puesta en duda, al igual que su reputación. Así, la batalla por la custodia se sustenta en que Celeste es inestable y promiscua obviando que su inestabilidad se deriva precisamente de esa relación tóxica y abusiva y que ser madre no está reñido con tener vida sexual.

La temporada se cierra con Celeste resurgiendo cual ave fénix. Tras los ataques del abogado de su suegra acusándola de no estar capacitada para cuidar de los niños, pide interrogar a Mary Louise para demostrar que precisamente ella no se puede poner como ejemplo de perfección. No vemos entonces a una víctima, sino a una mujer que ha recuperado su seguridad y muestra sus aptitudes como abogada, un trabajo que adoraba pero que dejó a petición de su marido. La escena entre ambas es un espectáculo, aunque hay que reconocer que es un poco efectista sacándose el vídeo de la manga en el último momento.

El resto de personajes también tiene su cierre. Así, mientras Renata y Bonnie dejan a sus maridos (esta además se libera de la relación con su madre), Jane da una oportunidad a Cory y Madeline renueva sus votos matrimoniales. Pero aún así, les queda una última espina, esa mentira que les carcome, así que juntas acuden a comisaría, intuimos que para confesar. Y al igual que todas arropaban a Celeste (y Jane) en la playa, aquí toca hacer piña en torno a Bonnie, quien ha permanecido toda la temporada aislada del resto luchando contra sus propios fantasmas.

Y aunque es un cierre redondo, en realidad si miramos el conjunto, podemos llegar a la conclusión de que esta segunda temporada no era necesaria. Sí, hay momentos memorables, sobre todo aquellos en los que Mary Louise y Madeline muestran su agresivo-pasividad; pero queda una temporada un tanto desdibujada con respecto a la primera (los niños apenas tienen protagonismo, por ejemplo). La serie podría haber acabado con tras la escena de la playa y nos habríamos quedado tan felices.

Aún así, Big Little Lies deja una buena reflexión sobre las mentiras, las apariencias, la presión social, las relaciones y la maternidad. Rompe con la imagen de la mujer perfecta y nos ha mostrado unos personajes complejos cargados de contradicciones, dudas, errores y miedos. Mujeres que son madres, pero que no es eso lo que les define, incluso que se atreven a verbalizar que esa faceta de su vida no les realiza, algo totalmente tabú. No es que no disfruten de ser madres, sino que tienen mucho más que ofrecer. Eso sí, espero que no quieran renovarla de nuevo y darle una tercera temporada, porque ahora ya sí que perdería el rumbo. Dejémoslo como está y pasemos a la siguiente.

Trucos viajeros: Accesorios

En otras ocasiones ya he comentado que con el tiempo he ido reduciendo mi equipaje. De hecho, por eso cada vez usamos más mochila que maleta. Sin embargo, aunque sí que soy capaz de ajustar cada vez más en cuanto a la ropa y no llevar los famosos porsiacasos, por el contrario hay otras áreas que cada vez crecen más. Como por ejemplo ocurre con la electrónica y los accesorios.

En un primer bulto solemos llevar ropa, calzado, neceser, un pequeño botiquín, kit de costura y ese tipo de cosas, pero en el segundo, que siempre va con nosotros, no pueden fallar una serie de imprescindibles:

Documentación: Esto sin duda es lo más importante, ya que es lo que va a permitir que podamos viajar. Suelo llevar una carpeta de plástico de tamaño cuartilla en la que van los pasaportes, una libreta y un boli (importante cuando tienes que rellenar el papelito de aduanas), el seguro, visado en caso de que sea necesario y el itinerario o billetes de avión. Además, en el monedero no pueden faltar las tarjetas de débito/prepago y al menos una de crédito, la tarjeta sanitaria europea (si corresponde) y el carnet de conducir (a veces se requiere el internacional).

Móvil: Sin duda hoy en día ya no es que sea imprescindible para viajar, sino en nuestro día a día. No solo es teléfono sino cámara, GPS, linterna, despertador, calculadora, y además nos da acceso a internet y por tanto a múltiples apps que nos facilitan la vida (algunas funcionan offline) como traductor, pronóstico del tiempo o cambio de divisa entre muchas otras.

Tras la eliminación del Roaming en Europa lo tenemos más fácil para poder navegar en el extranjero, pero para cuando no hay, además valoraríamos llevar una SIM local.

Batería externa: Dado que seguramente estemos todo el día de acá para allá y tirando de mapas, cámara y demás aplicaciones, llevar una batería externa es otro de nuestros imprescindibles. Hace años nos compramos una normalita, pero como los móviles van exigiendo cada vez más carga y además rápida, nos hicimos con una segunda mucho más potente (22.400mAh). Eso sí, también pesa más.

Es recomendable que sea mínimo de 10.000mAh y que tenga varios puertos usb tanto para cargarla como para alimentar a varios dispositivos a la vez. La potencia también es importante. Lo suyo es que de salida fuera mínimo de 5V 2.4A.

Cables usb: Antes los móviles venían con un cargador completo, hoy sin embargo, según el modelo, puede que traiga un cargador en dos (cabeza y cable) o únicamente el cable. Obviamente lo vamos a necesitar para cargar nuestro dispositivo, por lo que no nos puede faltar en nuestro equipaje. Eso sí, me gusta llevarlos de al menos un metro, porque no siempre sabes lo cerca que vas a tener el enchufe.

Cargador puertos usb: El blanco sobre estas líneas es perfecto para cargar varios dispositivos a la vez, o uno que necesite varios puertos, como la batería. Es compacto y su potencia es de XX.

Adaptador de corriente universal: Tremendamente importante. Ya no solo por el adaptador en sí, sino porque el nuestro incorpora también un par de puertos usb, por lo que podemos cargar 3 objetos a la vez. Perfecto para la noche, o para un vuelo largo. Cuenta con las configuraciones de enchufes más comunes, por lo que se puede usar tanto en Reino Unido (tipo G) como en EEUU, Japón o Australia (tipo I). En la Europa continental predomina el C (Francia usa el E, que tiene un pitorro que sobresale), por lo que no suele haber problema, y con llevar el anterior tendríamos suficiente.

Para llevar todos los cables, cargadores y accesorios localizados, recogidos y organizados, compramos hace poco una especie de maletín con compartimentos.

En la parte que sirve de tapa lleva unas gomas donde se pueden enganchar auriculares, cables y ese tipo de objetos; mientras que en la parte más grande podemos distribuir el espacio al gusto gracias a unos separadores acolchados con velcro en sus extremos. Muy pero que muy práctico.

Ordenador: antes no pensaba que fuera necesario, pero al hacer tantas fotos, acaba siendo uno de los imprescindibles para hacer copias de seguridad, sobre todo en viajes largos. No se vino con nosotros ni a Balcanes, ni a Marruecos ni a Berlín, por ejemplo, porque era añadir un peso innecesario.

En ocasiones también llevo conmigo un disco duro externo de 2.5″ para hacer copias de seguridad, sin embargo, últimamente tiendo a subirlas a la nube. Ahorramos espacio, reducimos peso y evitamos posibles daños por el movimiento.

Cámara de fotos y accesorios: Antes nos llevábamos la cámara compacta con sus tarjetas y baterías, quizá el trípode moldeable y poco más. Ahora llevamos la Nikon D5300 con sus tarjetas, cargador y batería, el zoom 18-55 (de momento el 50mm no le he dado mucho uso), los filtros, el trípode pequeño, el trípode grande y según la ocasión, la funda estanca.

También llevamos el palo selfie, práctico para cuando no tienes a nadie que te haga una foto o no te apetece andar montando el trípode. Fácil y rápido.

Entretenimiento: No puede faltar en mi bolso o mochila de mano el kindle (larga vida desde 2012), música y auriculares, sobre todo para viajes largos en los que de vez en cuando apetece sentarse a descansar y leer un rato. También para largos trayectos en bus, tren o avión, claro.

Aislamiento: También puede ocurrir que queramos echar una cabezadita en estos viajes largos, sobre todo si viajamos en dirección este. Sin embargo, no siempre es fácil dormir en un asiento estrecho, con ruido y luz. Por eso conviene llevar a mano tapones, antifaz y almohada.

Un nuevo descubrimiento es la Almohada Trtl, mucho más ergonómica que las típicas con forma de U. Consta de una parte dura que sujeta la cabeza y una segunda parte que se enrolla en el cuello a modo de bufanda, pesa apenas 140g y su funda es lavable.

Seguridad: Generalmente forramos con film transparente las maletas, para que no se dañe con los roces y golpes en su transporte, pero además, para nuestro último viaje a EEUU compramos un par de candados TSA. Este tipo de candados que a priori no tienen mucha historia (un candado con código sin más) están homologados por la Transportation Security Administration, por lo que si quieren comprobar tu equipaje no te destrozarán el cierre, ya que tienen una clave maestra.

Añadir la correa una vez que ya lleva el candado no tiene mucho sentido, pero sí cuando la maleta va un poco llena y te interesa que quede bien compacta, o para identificarla, si es muy del montón.

Otros accesorios: Además, no puedo viajar sin una mochila o bolso más pequeño. Es decir, por un lado está el equipaje, pero luego para el día a día conviene llevar algo más ligero donde llevar una botella de agua, algo de picoteo, la funda de la cámara de fotos, la documentación, dinero, llaves, un pequeño neceser para un aseo rápido, bolsas de tela por si haces alguna compra…

Así listado parece mucho, pero en realidad se trata de objetos que llevaríamos en nuestro día a día como documentación, dinero, móvil… solo que añadiendo ordenador, cámara de fotos y cables. En realidad todo cabe en una mochila de 30L, que como digo, va siempre con nosotros bien localizada.

Escape Room: La Farmacia, Yaebi

Después de un par de meses de sequía (desde que hiciéramos El Asesino del Zodiaco), la semana pasada recuperamos la costumbre de organizar una quedada para hacer una sala de escape. En esta ocasión reservamos para La Farmacia, en Yaebi, que se encuentra en Vallecas. No conocíamos la empresa, pero sí que parecía tener buenas críticas. Además, la temática nos llamaba la atención.

Llegamos con tiempo de sobra y nos quedamos de charla en la puerta, ya que se nos había indicado expresamente que no llamáramos hasta que no estuviera todo el equipo reunido y fuera la hora de nuestra cita. Un par de minutos antes nos acercamos y vimos que teníamos que rellenar el documento de protección de datos, por lo que aquello prometía ser intenso desde el principio.

Nada más entrar al interior nos vemos trasladados al Londres de 1885, un momento en que la sociedad londinense está conmocionada por una oleada de crímenes. En los últimos meses han sido hallados por la ciudad restos de mujeres y Scotland Yard sospecha de Henry H. Holmes, un asesino huido desde Chicago. Sin embargo, ante las prisas por cerrar el caso y tranquilizar a la población, comete el error de detener a Sherlock Holmes. Y aquí es donde entramos nosotros. Maggie, una de las irregulares del famoso detective, nos pide ayuda para esclarecer los hechos, demostrar su inocencia y ayudar a detener al verdadero culpable. Parece que la clave está en una farmacia que abrió recientemente, ya que los asesinatos comenzaron a ocurrir al poco de su apertura, por lo que nos acompaña hasta el callejón y nos desea buena suerte.

Había nervios y tensión y en cuanto se puso en marcha el tiempo comenzamos a buscar pistas. La verdad es que no sabíamos muy bien dónde mirar y aunque fuimos encontrando detalles, no terminábamos de arrancar. Cuando parecía que habíamos encontrado una prueba por la que empezar a desenmarañar aquel lío, resultó que aún estábamos pasando cosas por alto. Después de varios intentos frustrados, nuestra Game Master nos echó una mano para que nos centráramos.

A partir de ahí el juego fue más rodado y nos metimos de lleno en la historia funcionando como equipo tal y como viene siendo habitual. Enseguida empezamos a encontrar pistas y objetos y nos pusimos en movimiento trabajando en subgrupos, ya que al no tratarse de una sala lineal permite estar paralelamente a varias cosas. Esta parte del juego se nos dio bastante bien y no tardamos mucho en dar con la mayoría de las soluciones. Me gustó que aunque había algún candado numérico, en general predominaban los mecanismos y puzles. No obstante, cuando ya casi teníamos hecha la sala nos volvimos a atrancar en una prueba que dependía mucho de la percepción de cada cual. Nuestra Game Master nos tuvo que echar una mano porque no terminábamos de resolver el enigma.

La recta final, aunque nos habíamos ido repartiendo las tareas y habíamos llevado buen ritmo, fue de infarto y con alguna sorpresilla. Eso sí, finalmente conseguimos demostrar la inocencia de Sherlock tras 68:40 minutos (hay que recalcar que esta sala es de 75).

La Farmacia es una muy buena sala de escape. No la pondría al nivel de La Entrevista, porque esa es incomparable, pero está muy cerca. La inmersión es total desde el minuto uno gracias a la introducción y se mantiene en todo momento gracias a la ambientación. Tanto los decorados (exteriores e interiores) como los muebles o los objetos guardan relación con la historia y sirven para resolver los enigmas. Nada desentona, ni siquiera el sistema de pistas o el control del tiempo, integrados dentro del juego. Además, la distribución de las salas está hecha de una forma natural y se puede tocar todo, por lo que pierdes totalmente la noción de que estás en un local haciendo una actividad.

Nosotros fuimos seis participantes y me parece un buen número. De hecho, creo que menos de cuatro conllevaría estar todo el rato corriendo de un lado para otro. Es una sala con espacio de sobra y con un buen número de pruebas por hacer. Es verdad que había una fórmula para resolver enigmas que se repetía dos o tres veces a lo largo del juego, pero en general había un poco de todo: mecanismos, candados, lógica, matemáticas… Así pues, por su variedad, estilo de pruebas y número de ellas, La Farmacia es un juego de escape de dificultad media-alta. Conviene haber jugado con anterioridad para coger un poco de dinámica más allá de las salas lineales y de candados. Para aquellos que deseen añadir un toque extra, existe además la opción de elegir una versión miedo.

Antes de despedirnos de nuestra Game Master estuvimos charlando un rato con ella y nos recomendó más salas, así que ahora nos toca elegir para el próximo encuentro que no se hará esperar tanto.

Trucos viajeros: Elegir Mochila

Nuestro tipo de viaje suele ser bastante itinerante tomando buses, trenes, metro, moviéndonos por las ciudades o la naturaleza y por eso cada vez usamos más la mochila. En los últimos 8 viajes solo hemos llevado maleta al crucero y al Road Trip. En el primer caso elegimos esta opción por el tipo de prendas que íbamos a llevar, que necesitaba de mejor espacio para no arrugarse, mientras que en el segundo porque necesitábamos más espacio para la ropa de 15 días y lo que pudiéramos comprar. Además, en este último la maleta nos daba una mejor accesibilidad a la ropa cuando cambiábamos cada 2-3 días de alojamiento.

Otro motivo es que en ambos casos apenas tendríamos que cargar con el equipaje (prácticamente solo el día de llegada y el de vuelta).

Pero en el resto de viajes (los otros seis) bien por el destino, por la movilidad, por ahorrar la facturación o porque la duración era inferior a una semana, hemos recurrido a la mochila. O mochilas, pues tenemos varias de diferentes tamaños y calidades (con el tiempo vas descubriendo qué es lo que te va mejor=. Las dos principales que sirven para ver los pros y los contras son una de 30L y otra de 50L, ambas de decathlon que ya están descatalogadas, pues tienen cerca de 20 años. Aunque ahí resisten como el primer día.

La que más amortizada está es esta de 30L. Es una mochila sencilla pero muy completa. Tiene un tamaño que hace que sirva tanto para el día a día como para una ruta de treking o como equipaje de mano para una escapada de unos días.

No tiene muchos bolsillos, pero tiene uno interior que ocupa toda la parte trasera y que viene muy bien para guardar documentos (o el portátil). En su parte exterior, en el frontal, hay otro bolsillo más accesible gracias a una cremallera vertical. Es práctico, pero lógicamente esta accesibilidad lo hace poco seguro. En cualquier caso es útil para llevar otros objetos de menor valor pero que necesitaremos en el viaje (pañuelos, auriculares de repuesto, un boli, bolsas de tela…). Además, cuenta con una salida para los cables de los auriculares (de la época en que se llevaba el reproductor de música dentro de la mochila), dos bolsillos laterales enrejados, una goma para sujetar una botella y un gancho muy práctico para que cuando te cuelgas una bolsa al hombro no se escurra.

La tela es resistente (lleva mucha tralla a sus espaldas y ahí sigue) y cuenta con una funda impermeable que se pliega en la parte baja de la mochila y que nos ha salvado el día en más de una ocasión (sin ir más lejos Utrecht o Génova).

La espalda está acolchada y tiene un sistema de transpiración, importante cuando la vas a llevar mucho tiempo encima. También están reforzadas las tiras y el cinturón, que además lleva unos bolsillitos en los que no cabe mucho, pero que tampoco vienen mal.

En definitiva, sus características la convierten en una mochila bastante completa. Aún así, a mí me viene algo grande, sobre todo porque es unisex y no se ajusta a mi anatomía correctamente. Para una postura correcta el cinturón debería quedar en la cadera, no dejando que la mochila caiga más de esa posición. Sin embargo, si me la ajusto así, me sobresale del cuello. En cambio, para alguien de más de 1.65 sí que se adapta bien. En mochilas más grandes sí que hay variedad anatómica y se pueden encontrar mochilas de hombre y mochilas de mujer. Estas últimas por ejemplo suelen tener una espalda más estrecha y corta, un cinturón que se adapta a las caderas y unas cintas superiores que tienen en cuenta el pecho. No obstante, pese a lo que diga la teoría, como cada persona es diferente, lo mejor es probarse varias para saber cuál se nos adapta mejor a nuestra fisionomía y a nuestro uso.

Otra consideración a tener en cuenta es la recomendación de que el peso total de la carga de la mochila no supere el 15-20% del peso corporal. Así, para mujeres lo óptimo sería oscilar entre 45 y 60L y en el de los hombres de 60 a 80 L. En mi caso, en mis días de acampada, me compré una de 50L, algo en teoría dentro del rango. Sin embargo, hoy, si tuviera que comprarme otra, no pasaría de los 40-45, porque esta resulta enorme. Al menos cuando no llevo el saco, claro, pues mi saco de -10º ocupa bastante.

Esta segunda mochila la usamos cuando nos vamos de interrail (o similar) y vamos a estar moviéndonos bastante. Es decir, cuando sabemos que empezaremos el día en una ciudad y acabaremos en otra, y que por tanto tenemos que llevar con nosotros nuestras pertenencias. Resulta muy práctica pues nos sirve para la ropa, el calzado y los productos de higiene de dos personas para una semana dejando la de 30L para la electrónica y documentación.

El material de la mochila es resistente, con sus costuras reforzadas y sus cremalleras fuertes. Aunque no tiene la funda impermeable, me gusta de esta mochila que se abre tanto por arriba como por abajo. La parte inferior parece estar indicada para meter el saco de dormir, pero es muy práctica también para meter las botas y la ropa sucia. En su interior, hay una separación mediante un trozo de tela con un agujero y un cordón que lo cierra, con lo que se puede guardar el equipaje considerándolo como dos partes o como una única.

Además, una cosa que me gusta mucho de esta mochila es que tiene una cremallera principal con forma de U invertida, por lo que se puede abrir casi por completo y permite ver su interior. Así, es fácil localizar lo que se está buscando. En sus laterales tiene redes muy útiles para guardar una botella o el paraguas y en la parte frontal una goma entrelazada que la verdad es que creo que hemos usado poco.

La espalda, el cinturón y las tiras están acolchadas, sin embargo no transpira mucho. Cuenta también con bolsillos en el cinturón y mejor aún, en los laterales del cuerpo. Son enormes y resultan muy útiles para guardar el botiquín o la bolsa de aseo con los botes de pie. Cuando estás en continuo movimiento, necesitas acceso a las cosas que usas todos los días, y sin duda, poder tener los productos de higiene a mano, es un plus. Además, así no se mezclan con la ropa y si hay un accidente, no acaba todo perdido.

En la parte superior, en la tapa, tiene además otro bolsillo bastante grande, que viene bien para aquellos objetos que queremos tener a mano pero no demasiado a la vista. Además, se le puede enganchar un aislante gracias a las cintas.

Esta mochila permite repartir el peso gracias a su distribución. Así, guardando el calzado en la parte inferior para que quede estabilizada, encima podemos colocar la ropa de mayor peso (generalmente los pantalones y sudaderas) para que quede lo más cerca posible de nuestro centro de gravedad. Sobre esto ya iría lo demás (camisetas y ropa interior). Los bolsillos quedarían para aquello que se va a usar más, ya que además de tener en cuenta la distribución del peso para que su transporte sea lo más cómodo posible, no nos podemos olvidar de nuestras necesidades.

Y por eso, aunque hay consideraciones básicas como las calidades, lo mejor es comparar varias mochilas, simular cómo nos encontramos con ellas a nuestra espalda y valorar cuál es la que mejor se ajusta a nuestra forma de viajar. No es un proceso fácil, pero mejor dedicarle tiempo antes de comprar la primera que veamos y luego arrepentirnos.

Trucos viajeros: ¿Viajar con mochila o maleta?

Hace años asociaba la mochila con el interrail o ir de camping. Para todo lo demás, maleta. Sin embargo, con el tiempo y los viajes, la percepción ha variado y cada vez soy más de mochila. Aunque lógicamente sigue habiendo situaciones y situaciones. Como todo, tanto una opción como otra tienen sus ventajas e inconvenientes.

Ventajas de viajar con mochila:

Comodidad y facilidad de movimiento: A priori no puede parecerlo porque hay que cargar con ella, pero se adapta al cuerpo y el peso queda repartido. Además, hay en muchos destinos en los que es más fácil moverse con mochila en la espalda que arrastrando una maleta de ruedas. Por ejemplo, da más libertad de movimiento ante escaleras, cuestas empinadas o terrenos desiguales como calles empedradas. Es más fácil correr para no perder un tren o un bus con una mochila a cuestas que tirando de una maleta mientras intentas no atropellar a nadie. Y además deja las manos libres.

Ligereza: No solo las mochilas pesan menos, sino que como hay que cargarla (desde el punto de vista de la salud se recomienda que no supere el 15-20% del peso corporal), somos un poco más selectivos a la hora de llenarla. No hay espacio para los porsiacasos. Aunque hay que reconocer que este aspecto también es algo que tiene mucho que ver con la práctica.

Se puede evitar la facturación: Se puede viajar con una mochila como equipaje de mano si se sabe empacar bien. Sí, sí, cabe más de lo que parece. De esta moda se elimina el factor riesgo de que te pierdan el equipaje, pues va contigo. Volviendo de Bombay a Mahé con Air Seychelles aprendimos que la combinación bolso (incluso grande) + mochila canta menos que mochila + maleta. Los dos que llevaban una maleta de cabina además de su objeto personal, tuvieron que facturarla.

Flexibilidad: Como suelen ser de tela, son más fáciles de adaptar bajo un asiento, en un compartimento superior o en una taquilla. De hecho, en ocasiones, cuando el vuelo va muy lleno, suelen dejar pasar primero a los que llevan mochila porque como la pueden meter debajo del asiento delantero, no obstaculizan el pasillo ni llenan los compartimentos superiores. Nos pasó en la ida a Riga.

Para los que no llegamos a los maleteros de los aviones es además una ventaja, pues te evitas tener que pedir ayuda para subir el equipaje y, mejor aún, para bajarlo, que sale todo el mundo por patas.

Adaptabilidad: No solo se adapta al cuerpo, sino que lo hace a las necesidades. Una mochila se puede compactar más si va más vacía o extender si va más llena. Además, como suele llevar compartimentos y bolsillos, amplía la capacidad.

Sencillas de reparar: Dado que suelen ser de tela, si tiene un enganchón o un roto se puede solucionar con un parche. De la misma manera, tanto las cremalleras como los amarres pueden ser sustituidos. Aunque esto último quizá no podamos hacerlo nosotros mismos y haya que llevárselo a alguna costurera o servicio de reparación. Pero en cualquier caso, tiene una solución sencilla.

Desventajas de viajar con mochila:

No son para todo el mundo: Por ejemplo, no son recomendables para personas con dolencias de espalda.

Tampoco para todo tipo de viajes: Depende del contenido del equipaje y del tipo de prendas que necesitemos para el viaje (por ejemplo de negocios o en que se requiera llevar traje/vestidos).

Protección: Al ser flexibles el contenido puede verse dañado al no ir igual de protegido.

Accesibilidad: Si solo tienen cremallera superior, es más incómoda a la hora de buscar lo que necesitamos. Aunque esto se puede solucionar con una mejor planificación poniendo abajo del todo lo de menos uso y arriba lo más frecuente. Pero no siempre es posible porque ha de primar el equilibrio del peso.

Compra: Una buena mochila no se encuentra en cualquier sitio, sino que hay que buscar en una tienda un poco especializada.

Ventajas de viajar con maleta:

Facilidad de empaque: Al ver el espacio de un solo vistazo, es más sencillo empacar. Meter y cerrar.

Interior maleta

Protección: al ser más duras y constar de una estructura más sólida, el interior queda mejor protegido.

Menos arrugas: Aunque ya está muy extendida la costumbre de enrollar la ropa para aprovechar mejor el espacio, hay prendas como una americana o un vestido que necesitan ir estiradas. En este caso, la mejor opción es la maleta.

Se puede arrastrar/empujar: No hay que llevar nada encima, sino que se puede arrastrar. En caso de que además las ruedas giren 360º (recomendable), se pueden empujar, que es mucho más cómodo.

Maleta Blanca

Accesible: Al igual que a la hora de empacar, abriéndola se tiene todo a la vista y se encuentra mejor lo que se busca.

Precio y disponibilidad: Son fáciles de encontrar y hay ofertas incluso en los supermercados.

Desventajas de viajar con maleta:

Peso: Como llevan estructura ya de por sí, vacías, pueden llegar a pesar un par de kilos. A nada que la cargues, te plantas fácilmente en los 15-20. Y como además no se llevan encima, acabamos echando más de lo que necesitamos.

Movimiento limitado: Resulta incómodo moverse con una maleta por un territorio irregular como calles empedradas, con arena o barro, o subirla a pulso al tren… Además de que obliga a llevar al menos una mano ocupada.

Complicadas de reparar: Si sufren un golpe y se parte una rueda, o no funciona el asa extraíble prácticamente tendrás que buscar una nueva porque será una odisea moverse con ella.

Dimensiones fijas: el hecho de ser de un material rígido hace que no siempre entren en un compartimento o taquilla (o los cajones de prueba de las aerolíneas). Por muy vacía que vaya, sus dimensiones son las que son.

Hay un término medio que es el de las mochilas de ruedas, algo similar a las escolares, pero en formato viaje. Se pueden tanto arrastrar como llevar a la espalda. Aunque realmente este último uso queda limitado a momentos puntuales, ya que al llevar la estructura acaba haciendo daño. Además, no son ergonómicas y no están optimizadas para que el peso quede repartido y se pueda cerrar bien en torno al pecho y cintura. Yo no les veo mucho sentido. Y me quedaría con maleta o mochila según la ocasión.

La elección entre una opción u otra es algo muy personal y depende de cómo cada uno se sienta cómodo. Pero aún así, lo ideal sería elegir una maleta cuando los traslados van a ser sencillos (tanto por las infraestructuras o el medio de transporte como por el entorno), cuando se necesita llevar un equipaje especial (negocios o eventos con cierta etiqueta) o cuando no se puede o quiere cargar peso en la espalda. La mochila por su parte es perfecta cuando el viaje está abierto a la improvisación, cuando se viaja en transporte local con bastantes desplazamientos (buses, trenes, tuk-tuks…) o cuando se está en continuo movimiento no regresando a un alojamiento fijo y conviene llevar el equipaje a cuestas. Pero sobre todo, hay que olvidar los prejuicios y abrir la mente.

Aprendiendo fotografía: Encontrar el encuadre

Aunque hacer una foto es una acción que lleva tan solo unos segundos, en realidad, antes de apretar el botón hay que tomar muchas decisiones. Ya habíamos descubierto que había que tener en consideración la apertura del diafragma para determinar cuánta luz queríamos, la velocidad de obturación para indicar el tiempo que ha de pasar esa luz y la ISO para equilibrar la exposición; sin embargo, aún nos queda un aspecto importante que también va relacionado con el triángulo de la luz: encontrar el enfoque y el encuadre.

El rango de apertura del diafragma nos permite jugar con el enfoque y delimita la profundidad de campo. Por ejemplo, con una mayor apertura (f/pequeño) la imagen resultará más nítida en un primer plano, pero se irá difuminando en la lejanía; mientras que si queremos enfocar a una mayor distancia, entonces tendremos que disminuir la apertura (f/grande) consiguiendo así que tanto lo más cercano como lo más alejado esté nítido. Nuestra cámara tiene un enfoque automático AF con 39 puntos, 9 de ellos en forma de cruz situados en la zona central y dado que normalmente hago fotos de paisajes o edificios, no recurro al manual. Son demasiados años con una compacta simplemente apuntando y presionando el botón y reconozco que me queda mucho por aprender en cuanto a jugar con la composición. Y es que para hacer una fotografía con enfoque manual hay que tener claro qué es lo que se quiere fotografiar, cuál va a ser la composición.

Hay quien tiene una mente muy creativa y enseguida lo tiene claro. Otros necesitamos tiempo y esfuerzo para desarrollarla, tanto viendo muchas fotografías y entrenando nuestra percepción, como en la práctica haciendo fotos y consiguiendo nuestro propio estilo. Y ahí estamos. Intentando encontrar ese punto.

Para empezar los expertos recomiendan evitar colocar el objeto principal de la fotografía en el centro, ya que el resultado será una imagen un tanto aburrida y estática. En su lugar, resulta más interesante practicar con la regla de los tercios, dividiendo la imagen en tres partes (tanto vertical como horizontalmente) situando el objeto en alguna de las intersecciones de estas líneas.

Este método en sencillo de aplicar y es muy útil para ubicar el horizonte/cielo (horizontalmente) o un edificio/persona (verticalmente), no obstante, a veces deja el resto de la imagen demasiado vacía y hay que encontrar otra perspectiva. Es un punto de partida para entrenar el ojo y poco a poco ir descubriendo detalles que sirven como guías, como puede ser el caso de una carretera, una vía férrea, un río, unas escaleras o un paseo.

En este aspecto también resulta visualmente atractivo el uso de la simetría y patrones. Por ejemplo, los grupos impares parece que atraen al cerebro, sobre todo funciona bien el 3, ya que no es excesivo.

El uso del color también es importante y se puede emplear bien destacando un objeto sobre los demás, creando armonía con colores similares o próximos en el círculo cromático, o por el contrario generando contraste eligiendo los opuestos.

Todos estos aspectos aunque se entrenan, en general me da la sensación de que los tenemos ya más interiorizados, es decir, que vemos atraídos de forma natural por un objeto más colorido, un edificio más alto, un patrón, seguimos las líneas… Así que, en ese aspecto es fácil localizar lo que queremos fotografiar. Sin embargo, me pasa muchas veces que lo que en un principio me ha parecido atractivo y he querido plasmar, queda totalmente soso y plano en pantalla. En muchos casos el problema se debe a la perspectiva. Tradicionalmente solemos hacer fotos de pie desde la altura de nuestros ojos, pero casi siempre la imagen mejora considerablemente subiéndonos a algo o agachándonos. De hecho, una de las primeras cosas que aprendes cuando empiezas a practicar es el hacer la cabra montesa o doblarte como un contorsionista para encontrar el ángulo perfecto. También influye el tener un objetivo limitado, claro.

Por otro lado, cuando se trata de un retrato en primer plano habría que posicionarse al mismo nivel que el sujeto y con sus ojos en uno de los puntos de convergencia de la regla de los tres tercios, para que así sea más llamativo. Otra cosa sería que nos sirviéramos de una persona para conducir la mirada del espectador. Así, el plano habría de quedar abierto hacia donde nos dirija su lenguaje corporal, ya sea con la postura o con la mirada.

Esta composición serviría igualmente para objetos no estáticos. Dejando espacio hacia donde se dirige se consigue una mayor profundidad y esa sensación de movimiento.

Otro aspecto en el que suelo dudar es si elegir orientación horizontal o vertical. La teoría dice que el horizontal es más apropiado para los paisajes ya que permite mostrar tanto el cielo como la tierra y el vertical para retratos, destacar un objeto en un primer plano o dar profundidad. Sin embargo, en la práctica, dependerá del punto de vista que queramos dar. Y volvemos a lo de que hay a quien le sale natural, y por el contrario quien necesita probar en ambas posiciones para decidir qué le convence más, como es mi caso. Por suerte hoy en día tenemos cámaras digitales en las que podemos previsualizar las fotos y echar tantas como queramos sin estar limitados por el número finito del carrete (las tarjetas también tienen limitación, pero contamos con mucho más espacio).

Sin duda hacer fotos no es tan fácil como puede parecer incluso cuando estamos acostumbrados a llevar una cámara en el móvil. Pero aún con todo lo dicho, pese a que podamos aprender la teoría de múltiples reglas, en realidad cualquier técnica vale siempre que se transmita algo. Al final es de lo que se trata la fotografía: de plasmar un momento, transmitir sentimientos y contar una historia.

Conclusiones de nuestro viaje a Marrakech

Marrakech llevaba en nuestra lista de futuribles para una escapada, sin embargo, siempre se quedaba pendiente. Pero por fin llegó su momento. Y no defraudó. Nuestro viaje a Marrakech (y Marruecos) fue breve pero intenso. Obviamente no nos dio tiempo suficiente para descubrir todo lo que tiene para ofrecer, pero sin duda, no nos dejó indiferentes.

Era la primera vez que viajábamos los cuatro juntos y la verdad es que nos ajustamos a la perfección. Es verdad que la confianza es un grado y el ser familia hacía que nos conociéramos, pero sobre todo ayudó el que coincidiéramos en mentalidad e intenciones. Así, no nos fue complicado concretar la ruta ni reservar alojamientos.

Nada más cerrar las fechas del viaje surgió la idea de hacer una excursión al desierto y en base a ella configuramos el resto de nuestros días. Nos quedaría la tarde del día que llegábamos, la mañana del que nos íbamos y otro día entero para Marrakech. Es poco tiempo, sí, pero dado que queríamos centrarnos básicamente en la Medina, parecía suficiente para un primer viaje.

A pesar del imposible trazado, podríamos ir de un sitio a otro a pie. Y, en realidad, lo que iba a marcarnos el paso iban a ser los horarios de visitas de los monumentos. Así, agrupamos el Palacio Bahía, el Palacio Badii y las Tumbas Saudíes en un mismo día y dejamos el Jardín Majorelle, que está en la parte nueva, para el día que nos volvíamos.

Fue una decisión acertada y realizamos las visitas de forma relajada. Es verdad que obviamos dos museos, el Musée de Marrakech o el Museo Dar Si Saïd.

El primero de ellos, ubicado en un palacio del siglo XIX, se creó a finales de los años 90 para establecer una colección permanente de arte marroquí. Además, acoge exposiciones y otros eventos culturales. El Dar Si Saïd, también establecido en una mansión del finales del siglo XIX, es el más antiguo de la ciudad y el que mayor número de obras exhibe. Alberga el Museo de Artesanía Marroquí. Seguramente son ambos muy interesantes, pero preferimos dejarlo para otra ocasión.

Omitimos asimismo los Jardines de la Menara, proyectados en el siglo XII por la dinastía almohade.

También quedó fuera de nuestras visitas la Madrassa Ben Youssef, aunque en este caso fue más por causas ajenas a nosotros, ya que se encontraba cerrada por renovación. Tampoco pudimos entrar en las mezquitas por no ser musulmanes.

Así pues, entre lo que se tenía que quedar fuera por factores externos y que en el resto estábamos bastante de acuerdo, no hubo problema a la hora de cuadrarlo todo.

Tampoco hubo mucha duda con el alojamiento. Teníamos claro que queríamos dormir en un riad dentro de la medina y no en un hotel de estilo occidental en la parte moderna de la ciudad. Había suficientes donde elegir y además tenían precios asequibles y que entraban dentro de nuestro presupuesto. El único inconveniente que encontramos fue que al querer hacer la excursión en la mitad del viaje, no encontrábamos un riad que tuviera disponibilidad para los días de antes y después, así que elegimos dos diferentes. Pasamos una noche en el Riad White Flowers y dos en el Riad Origins Magi y no podemos poner pegas al respecto.

Es verdad que con una estancia tan breve tampoco tenemos mucho que valorar. Pero el poco tiempo que pasamos en ellos el trato fue amable y cercano. Tanto las zonas comunes como las habitaciones estaban limpias y cuidaron cada detalle. Desde la recepción con el té de bienvenida, hasta los deliciosos desayunos.

Los riad son remansos de paz en medio del caos de la medina. No tienen ventanas al exterior, sino que las habitaciones dan siempre a un patio en el que suele haber un claro predominio de plantas o árboles frutales. En algunos casos cuentan con fuente o incluso con piscina. El contraste de ruido y de temperatura con el exterior es claramente notable. Como además son alojamientos pequeños, son bastante tranquilos.

En el Riad White Flowers en vez de una habitación cuádruple tuvimos dos dobles, una a cada lado del patio. Eran prácticamente iguales, tan solo cambiaba la distribución del baño y los colores de la decoración. Nos recibieron a la entrada de la medina y nos acompañaron al riad. Allí nos esperaba un té y nos dieron indicaciones de cómo movernos y qué ver. Una pena que por la incidencia con el conductor-secuestrador no pudiéramos desayunar tranquilamente,  porque se lo estaban currando bastante en cocina.

Y si el este nos había gustado, más aún cuando llegamos al Riad Origins Magi. La habitación esta vez sí que era cuádruple, y, aunque no era muy grande, estaba muy bien equipada. El baño era impresionante, tanto de grande como decorativamente hablando.

Y el patio no se quedaba atrás, contaba con mesas de madera bajo la sombra de un naranjo. Además, había un sofá en un lateral y una fuente. En este espacio fue donde disfrutamos de nuestra improvisada cena el día que llegamos y de los desayunos. Una buena forma de empezar el día con el frescor matutino y los pájaros de fondo.

Los alojamientos de la excursión nos vinieron ya dados, y nos encantó el Hotel Babylon Dades. La localización, el trato, el alojamiento en sí, la comida… Todo perfecto.

Dormir en las haimas lógicamente no fue tan cómodo como en un hotel, pero bien merece la experiencia solamente por el hecho de estar allí en medio del desierto bajo las estrellas. Aunque hubiera sido mejor dormir dormir a la intemperie en las dunas, pero era noviembre y hacía demasiado frío.

La cuestión es que para llegar hasta allí hay que hacerlo en dromedario, y una hora y pico de paseo llegó a ser un tanto tedioso en determinado momento por el movimiento del animal. Hubiera estado bien haber hecho una parada a ver atardecer, como sí que hicimos al amanecer, pero supongo que influyó el hecho de que el ocaso lo veíamos de frente y en un lateral, mientras que la salida del sol nos quedaba a la espalda. Además, haber parado a la ida habría supuesto continuar luego en una oscuridad total.

En general fue un tanto cansado, pues además dormimos poco. Nos hubiera gustado pasar más tiempo entre las dunas a plena luz, para captar bien el momento, pero no pudo ser. Sabíamos que iba a ser un viaje exprés.

Aún así, fue un gran acierto vivir la experiencia de adentrarse en tierras marroquíes descubriendo una gran variedad de paisajes y acercándonos a tierra bereber, donde más de 12 siglos después de la islamización, aún mantienen su cultura, idioma y costumbres ancestrales. Abandonar Marrakech y recorrer el Atlas es toda una experiencia, así como lo es atravesar las gargantas del Todra y del Draa o ver kilómetros y kilómetros de palmerales.

Pasear entre las callejuelas de la Kashba de Ait Ben Haddou nos trasportó a otro siglo, a una sociedad que vive a un ritmo mucho más relajado que el nuestro.

Nuestro guía nos recordó que la mayoría de los que conquistaron Hispania en 711 eran bereberes (o imazighen como les gusta ser llamados) y no árabes (ni musulmanes). Por ejemplo, así lo eran los almorávides, los amohades y los gobernantes de los reinos de taifas de Toledo, Badajoz, Málaga y Granada. También una buena parte de los habitantes de las Islas Canarias se consideran descendientes de esta etnia. Así, no es de extrañar que esta civilización no nos resulte del todo ajena. Además de recibir una importante influencia en la agricultura, en la construcción y arquitectura, en el comercio, en la gastronomía y en el uso de especias; nos quedamos con muchos préstamos lingüísticos que servían para nombrar el nuevo día a día.

Los bereberes son el 40% de la población de Marruecos pero hasta 2001 no han tenido reconocimiento de su lengua amazigh como idioma oficial perdiéndose parte de ese patrimonio étnico-cultural. Y es que tras la independencia de Francia se llevó a cabo una política de arabización intentando recuperar la identidad lingüística, religiosa y cultural. Se recuperó el árabe para los medios de comunicación, la educación y en general la vida pública.

El francés ya no es oficial, pero sigue predominando en las instituciones y en la educación superior. Algo así como una marca de clase. Quien domina el francés es porque ha podido permitirse una educación privada o porque ha terminado estudios superiores. El rey cuando quiere que un discurso llegue a todo el mundo lo da en árabe y francés. Y los medios de comunicación marroquíes emiten en árabe, francés y español. Además, en gran parte de la zona norte del país se pueden sintonizar canales españoles de radio y televisión.

La verdad es que nosotros no encontramos ningún problema de comunicación. Enseguida se dirigían a nosotros en español. No sé si porque se nos ve en la cara, porque van probando o porque hay mucho turismo español y les sale por inercia como primer idioma extranjero. Tanto en los hoteles, como en los restaurantes, como en el zoco… El único que no hablaba español creo que fue el falso Brahim, aunque no sé si nos habríamos entendido hablando el mismo idioma. Después, nuestro verdadero conductor, Mustapha, hablaba muy bien el castellano, ya que había vivido en Canarias y había trabajado de camionero viajando continuamente de Marruecos a España.

En general durante todo el viaje tuvimos una estancia muy agradable y sin incidencias. No tuvimos la sensación en ningún momento de inseguridad. Es verdad que en nuestros paseos por la Medina sí que nos dijeron en varias ocasiones algunos tenderos que no nos guardáramos el móvil en el bolsillo del pantalón, que quedaba muy a la vista. También una mujer se nos acercó a decirnos que cuidado con las pertenencias porque estaba viendo a unos chavales que iban detrás de nosotros y debió pensar que éramos su blanco. Pero bueno, nada que no sea tomar las precauciones básicas en lugares muy concurridos. Es verdad que el ritmo de la ciudad y la persuasión de los comerciantes puede llegar a abrumar y producir incomodidad, pero siempre se acercaban a nosotros con una sonrisa. Además, forma parte de la idiosincrasia local y es algo inevitable.

Pero sin duda, una de las mejores maneras de aproximarse a una cultura es mediante la gastronomía. Y siendo cuatro catacaldos, lógicamente no podíamos hacer otra cosa que probar los diferentes platos que nos ofrece la cocina marroquí. Englobada dentro de la dieta mediterránea con importante presencia de legumbres y verduras, lógicamente bebe de la cocina árabe y bereber e incorpora alguna influencia de la judía (sobre todo en aporte de especias y condimentos). En realidad para los españoles no resulta tan exótica, pues hemos heredado muchas de sus costumbres y los sabores nos resultan familiares.

Los desayunos, por lo que pudimos ver en los alojamientos, son contundentes (aunque no sé si en casa desayunarán así). En la mesa no nos faltó nunca el zumo natural de naranja, fruta de temporada, bollería, yogur, huevos, queso, miel, mantequilla y mermeladas así como aceite de oliva.

También pudimos degustar el pan árabe sin miga que luego vimos en muchas panaderías y puestos ambulantes por la medina de Marrakech. Suele tener forma de hogaza y tradicionalmente está elaborado con trigo y sémola fina. No obstante, según las zonas del país podemos encontrar también pan de maíz (ligeramente dulce), pan de cebada y trigo o pan Tafarnout (horneado sobre piedras calientes de forma tradicional).

Para el resto de comidas del día, veamos algunos platos:

  • Harira: Sopa tradicional elaborada con tomates, garbanzos, lentejas, cordero y aderezada con especias. Se suele tomar durante el Ramadán.
  • Pastela: son unos pasteles de hojaldre que pueden comerse tanto de entrante como de plato principal. Combina lo salado y lo dulce y suele estar espolvoreada con canela.
  • Tortilla bereber: Es muy parecida a lo que nosotros llamaríamos tortilla francesa, solo que se parpara en el tajin. Es un plato vegetariano en el que se pueden incorporar diferentes hortalizas y verduras aderezadas con especias. Además de los huevos, claro, no suelen faltar el tomate ni el ajo, pero el resto dependerá de la zona y de quién lo cocine.

  • Cuscús: Uno de los platos más tradicionales. Es semilla de sémola de trigo que se cocina al vapor y se sirve acompañada de un caldo picante acompañado de verduras, cordero/ternera/pollo y que también puede incorporar pasas, legumbres… Es tradicional comerlo los viernes, el día libre de los musulmanes.
  • Tajín: Otro de los imprescindibles. Es un guiso que toma el nombre del recipiente de barro con tapa de forma cónica en que se cocina a fuego lento. Los más comunes son el de cordero con legumbres, ciruelas y almendras y el de pollo con limón y aceitunas.

  • Kefta: Son similares a nuestras albóndigas. Bolas de carne picada aderezada con ajo, perejil, cebolla, pimentón, comino, aceite y piñones y que suele ir acompañada de una salsa de tomate. Deliciosas.

  • Pinchos: Poco hay que explicar aquí, ya que nosotros los hemos incorporado a nuestra gastronomía. Obviamente no usan cerdo, pero por lo demás, es carne sazonada con diferentes especias y después hecho a la barbacoa.
  • Touajen: Estofado de carne de cordero o pollo.
  • Hout: Estofado de pescado.
  • Djaja Mahamara: Pollo estofado con pasas y almendras
  • Briouats: Son unos pequeños pasteles triangulares de masa filo rellenos de carne, pescado, verduras…). Hay una versión dulce empapada en miel y que se rellena con cacahuetes.

  • Dulces: En la cocina árabe los dulces son contundentes. Suelen estar hechos con frutos secos como ingrediente principal (pistacho, nueces, almendras, cacahuetes…) y normalmente se le añade también fruta desecada (pasas, dátiles…). Predomina el uso de la pasta filo u hojaldres que se después se fríen. Como en el resto de sus platos, no faltan elementos aromatizantes como el comino, el anís, el agua de rosas o de azahar, la vainilla o la canela. Además, para rematar, a menudo se bañan en miel.

Nosotros sobre todo comimos sopa/crema, tortilla bereber, pinchos y tajine de pollo. Parecía que eran los básicos en cualquier menú. Y nos sorprendió encontrar menos cuscús del que imaginábamos. En cualquier caso, comimos muy bien.

Otro rasgo característico marroquí es el carácter comerciante. Así, para conocer los usos y costumbres, no puede faltar un paseo por sus zocos. Ya no digo comprar, pues eso depende de los gustos, el bolsillo, las ganas y la paciencia que uno tenga para regatear. Pero el ambiente hay que vivirlo.

Abren a las 9 de la mañana y cierran a media tarde pero no sabría decir si es mejor acudir a una hora u otra, pues parece que siempre hay gente. Para comprar, quizá a primeras horas el comerciante esté más fresco y la negociación sea más dura que a la tarde cuando ya está pensando en dar por concluido el día, pero realmente no hay reglas escritas. Al final todo depende de muchas circunstancias y el objetivo del comprador ha de ser marcarse el importe límite que esté dispuesto a pagar por el objeto. Pues desde luego, el vendedor ya tendrá bien pensado de cuánto no va a bajar para cerrar un buen negocio.

En los zocos se puede encontrar de todo, quizá lo más típico que busca cualquier viajero son babuchas, juegos de té, marroquinería, aceite de argán, kohl y especias. Mustapha, el conductor de nuestra excursión, nos comentó que el aceite de argán mejor comprarlo en una cooperativa para saber que no está rebajado con otros aceites. También que el kohl si no es bueno te puede causar una buena conjuntivitis. Así que, como todo, te puedes arriesgar a que si no entiendes, te den gato por libre y que no sea oro todo lo que reluzca.

Yo iba con muchas ideas en la cabeza sobre qué podría encontrar y qué me gustaría traerme del viaje, pero al final, salvo las especias, no compré nada más.

Con todo, este es el resumen de los gastos de nuestro viaje:

  • Vuelo: 81€
  • Seguro: 14.18€
  • Traslado aeropuerto: 3.5€
  • Alojamientos: 53.62€
  • Excursión al desierto: 180€
  • Efectivo: El uso de tarjeta no está muy extendido, por lo que sabíamos que deberíamos llevar efectivo. Una de las primas cambió en el banco 140€ y le dieron 1300 MAD. Nosotros por nuestra parte sacamos un par de veces con la Bnext y otra con la Revolut (un total de 422.39€) y el cambio era claramente mejor. Por ejemplo, en una ocasión retiramos 1522 MAD y nos cargaron 142.25€. De ahí pagamos los gastos del día a día: comida, entradas (los monumentos suelen tener tarifa estándar para extranjero de 70 Dirhams), las pocas compras que hicimos, las tasas de alojamiento y el traslado al aeropuerto desde el riad. Así queda el desglose por día (4 personas):
    • Día 1: 550 MAD
      • Comida: 60 MAD
      • Bebida Terraza: 80 MAD
      • Cena: 300 MAD
      • Tasas Riad: 110 MAD
    • Día 2: 632 MAD
      • Comida: 525 MAD
      • Cervezas y agua: 72 MAD
      • Bebida cena: 35 MAD
    • Día 3: 400 MAD
      • Comida: 400 MAD
    • Día 4: 590 MAD
      • Especias: 130 MAD
      • Comida: 400 MAD
      • Cena: 60 MAD
    • Día 5: 1846 MAD
      • Tasas Riad + Viaje aeropuerto: 485 MAD
      • Comida: 220 MAD
      • Cena: 301 MAD
      • Entradas: 840 MAD
    • Día 6: 506 MAD
      • Entrada Jardín Majorelle: 280 MAD
      • Comida 226 MAD

Es decir, al final, nos gastamos unos 450€ de media por persona (y digo de media porque hay cierta variación dependiendo de las compras de cada uno). Y realmente el grosso del presupuesto se fue en Vuelo + Alojamiento + Excursión, cuya suma ya suponía unos 315€.

Un viaje bueno, bonito y barato cargado de un sinfín de experiencias nuevas.

Nueva serie a la lista “para ver”: Sex Education

A principios de año Netflix estrenó Sex Education, una serie que sigue la historia de Otis Milburn, un adolescente de 16 años, que monta junto con Eric (su mejor amigo) y Maeve (la chica rebelde) una asesoría sexual en el instituto. Otis no es de los más populares en su centro, ni siquiera tiene experiencia sexual, pero cuando Maeve descubre que su madre es terapeuta sexual y que a lo largo de los años ha adquirido gran conocimiento sobre el tema, ve la oportunidad de negocio.

Con este punto de partida puede inducir a error y llevar a pensar de que se trata de una típica comedia de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Sin embargo, lo importante no es el qué sino el cómo. Es decir, hay jóvenes y sexo, sí, pero la novedad es que intenta huir de los manidos clichés. Así, en lugar de mostrar a las pandillas de chicos retándose para ver quién “consigue” antes a la chica, o recurrir a la cosificación y la humillación; en Sex Education el sexo se presenta desde una óptica positiva, como un aspecto más de la vida que afecta por igual tanto a unos como a otras. No hay quien no tenga dudas o sienta inseguridad, miedo o presión. Y menos a esa edad. Y aunque hay sexo explícito y los diálogos son frescos y sin pelos en la lengua, no hay escenas forzadas o conversaciones que parezcan metidas con calzador. Tampoco resulta obsceno.

Creo que lo que funciona, al menos si nos basamos en este primer episodio, es que no se centra en el aspecto físico, sino que ahonda en los sentimientos. Parece que la asesoría de Otis va a ir más enfocada a las inseguridades y la vulnerabilidad de sus compañeros que a recomendar técnicas o posturas. Aunque habrá que ver el resto de la temporada para confirmar (cuenta con 8 capítulos y ya está renovada para una segunda).

Sin embargo, no todo son luces, también hay alguna sombra. Y es que hay algunos personajes un tanto estereotipados, como esa chica rebelde que viste de una forma un tanto llamativa y se esconde para fumar, el chico gay marginado, la chica que se deja mangonear por el grupo de populares, o el hijo del director que además es el típico abusón. No obstante, parece que el elenco está bastante bien elegido, desde el protagonista hasta los secundarios, sin olvidar a Gillian Anderson.

Otra cosa que me descolocó un poco fue la ambientación. A pesar de tratarse de una serie británica y tener su característico tono y diversidad racial de los personajes; los estudiantes no visten de uniforme (como sí ocurre en Reino Unido) y el instituto parece más el típico estadounidense de tantas otras series de adolescentes (Awkward, Veronica Mars, Suburgatory, Buffy…). Adicionalmente parece que está centrada en el presente por el enfoque y la tecnología, pero tiene cierto aura noventero, sobre todo si nos fijamos en la vestimenta de los protagonistas. O a lo mejor es que la moda británica es diferente.

Aún así, con todo, me ha parecido entretenida, divertida, diferente y que tiene bastante que aportar, así que la añadimos a la infinita lista de series “para ver“.

Marruecos XI. Día 6: Jardín Majorelle y vuelta a Madrid

Para nuestro último día en Marrakech habíamos dejado la Ville Nouvelle, la parte de la ciudad que se extiende más allá de la Medina. Como no es una zona muy turística, nos levantamos tranquilamente como el día anterior para desayunar a las 8:30. La oferta era muy parecida a la de la primera mañana en el riad, solo que había cambiado el tipo de bollo, en lugar de crepes teníamos tortitas y huevos cocidos en vez de tortilla francesa.

Desayunamos tranquilamente disfrutando de la paz del riad bajo los naranjos y después recogimos el equipaje y devolvimos la llave. Quedamos en volver después de comer para el traslado al aeropuerto y nos echamos a la calle. En principio pensamos tomar un taxi, pero al final, como era pronto y el sol todavía no pegaba con fuerza, nos fuimos dando un paseo.

Una vez salimos de la Medina se ve claramente otro tipo de planificación urbanística. Son unos diez minutos de paseo que de repente nos hacen avanzar 500 años de golpe. Aquí encontramos grandes avenidas arboladas construidas en la década de los años 30 del siglo pasado donde predominan grandes hoteles, cadenas de restaurantes occidentales, tiendas, locales de fiesta… El gobierno colonial francés optó por salir de la ciudad árabe y construyó una ciudad nueva a la que más tarde se han ido mudando marroquíes que aspiraban a mejorar su calidad de vida. Las calles quedan adornadas con vallas publicitarias y hay un tráfico caótico.

El centro de esta ciudad nueva es el barrio de Guéliz y nuestro destino era el Jardín Majorelle, que nació en los años veinte del siglo pasado cuando el pintor francés Jacques Majorelle, atraído por la luz y el color de Marrakech, compró una finca de palmeras en la que mandó construir una casa estilo Art Déco inspirada en la arquitectura de Le Corbusier. Allí instaló su taller, cuyo edificio pintó de un vibrante azul inspirado en el color de las casas bereberes y que hoy lleva su apellido. Alrededor creó un extenso jardín. Aunque iba a ser un espacio privado, de inspiración y creación para el artista, en 1947 se abrieron al público en general.

En 1962 el pintor tuvo un accidente de coche y volvió a su país natal, quedando la propiedad abandonada hasta 1980, cuando la compraron el estilista francés Yves Saint Laurent y su entonces pareja Pierre Bergé, de ahí que también sean conocidos como los Jardines Saint Laurent y atraigan a muchos seguidores del modisto. Sus cenizas fueron esparcidas aquí tras su muerte en 2008. Hay también un memorial en su honor.

En esta nueva etapa la propiedad pasó por unas importantes reformas: se erigió una villa, se convirtió el antiguo taller de Majorelle en una exposición permanente de arte islámico (alberga joyas tradicionales, antiguas piezas de madera tallada, bordados, manuscritos y litografías de Majorelle del Atlas), se optimizó el sistema de riego del jardín y se amplió el número de especies.

Cuenta con palmeras, aloes, cactus, bambús, nenúfares, naranjos, plataneros, cocoteros rosales y otras mil plantas y árboles que proceden de los cinco continentes.

En el recinto además abundan los estanques y riachuelos, en los que viven carpas, tortugas y ranitas.

Podría parecer extraño encontrar tal oasis en una ciudad como Marrakech, que suena a árida, sin embargo, la ciudad ha contado con importantes sistemas de canalización y riego ya desde el siglo XI, con la llegada de los almorávides. Recordemos la importancia del agua en la arquitectura árabe.

Estos jardines suponen un remanso de paz que contrasta con el caos de la Medina. Se respira tranquilidad y el ambiente es algo más fresco que entre los muros de la ciudad vieja. Yo no soy muy aficionada a las plantas, pero merece la pena darse un paseo entre un sinfín de plantas y árboles, sentarse en un banco bajo la sombra de una palmera y oír el agua correr y los pájaros cantar.

Es toda una maravilla para la vista con el contraste del verde de la vegetación frente al azul Majorelle y el amarillo que predominan en las construcciones.

Eso sí, mejor acudir a primera hora, pues se forman importantes colas.

Tras un par de horas en el jardín emprendimos el regreso a la Medina. El bus 19 lleva a la plaza Jamma, aunque también podíamos tomar un taxi. Sin embargo, como teníamos tiempo de sobra, volvimos también dando un paseo, aunque esta vez el sol sí que quemaba. Recorrimos un tramo próximo a la muralla, construida en el siglo XII por orden del almorávide Ali Ben Yusuf, de la dinastía de los almorávides, ante la necesidad de proteger Marrakech, que por aquel entonces era un campamento militar y mercado.

Se erigió entonces una Kasbah. En los siglos posteriores la ciudad fue creciendo y el trazado de la muralla tuvo que ser modificado y ampliado varias veces. Sin embargo, con el paso del tiempo acabó resultando ineficaz para contener a los atacantes y hoy queda con una mera función ornamental. Ha sido adaptada para el tráfico rodado, pero se mantiene casi intacta.

Con casi 20 kilómetros de largo y unas 600 hectáreas es la más extensa de todo Marruecos. Sus muros realizados en arcilla roja (la piedra es muy escasa en la región) que cambian de tonalidad según cómo el sol incida en ellos miden entre 8 y 10 metros de altura y entre 1,60 y 2 metros de anchura. Cuenta con 202 torres cuadradas y 22 puertas principales de acceso que comunican la medina con los barrios de Guéliz e Hivernage.

Las puertas más antiguas son Bab er Robb y Bab Agnaou. La primera de ellas era la puerta sur original de la ciudad, mientras que Bab Agnaou forma parte de los restos de la antigua Kasbah y está decorada con piedra verde de Guéliz. De hecho, es la única de piedra. Otras puertas importantes son Bab Doukkala, que con la planificación urbanística del siglo pasado ha quedado fuera de los muros; Bab El Khemis, la más decorada, que se halla al norte; Bab el Jadid;  o Bab el Debbagh.

Para resguardarnos del penetrante sol nos metimos en el Cyber Park, también conocido como Arsat Moulay Abdeslam Cyber ​​Park. Me recordó al Pherozeshah Mehta Gardens de Bombay por sus caminos de arena rojiza, aunque este parque estaba mucho mejor cuidado y era más frondoso.

Creado en el siglo XVIII, fue un regalo del sultán Sidi Mohammed Ben Abdellah a su hijo el príncipe Moulay Abdeslam con motivo de boda. Con el tiempo fue deteriorándose, pero en 2005 Maroc Telecom y la Fundación Mohammed VI para la protección del Medio Ambiente se encargaron de reformarlo y renovarlo, por lo que hoy en día ha recuperado su esplendor y es uno de los parques preferidos de los lugareños para escapar del ruido de la ciudad.

Aunque en su renovación se han incorporado un cibercafé (Maroc Telecom negoció poder obtener ingresos mediante la explotación de algunos espacios), acoge exposiciones culturales espectáculos y en general se ha modernizado (toda la iluminación es solar); también se intenta mantener el estilo y el ambiente original.

Además del Cibercafé, en una de las entradas Maroc Telecom ha instalado una pequeña exposición sobre telefonía donde podemos ver antiguas operadoras, teléfonos de cabina, de rueda, móviles de varias generaciones, módems…

Lleva unos 10 minutos visitarla, pero supone un viaje al pasado y nos lleva a reflexionar lo rápido que evoluciona la tecnología.

Era la una de la tarde y volvimos dando un paseo a la Medina, donde callejeamos en busca de un sitio donde comer. Sin embargo, al final acabamos en el restaurante de la noche anterior, pues sabíamos que era tranquilo, fresco y nos quedaba cerca del riad. Esta vez no elegimos platos para compartir, pues ya habíamos probado los platos locales. Nos decidimos por unos pinchos, una pizza y dos platos de espaguetis (unos a la boloñesa y otros a la marinera).

Comimos tranquilamente y, como aún había tiempo, fuimos en busca de una patisserie para que las primas comieran el postre. Y no sabían muy bien qué elegir, pues había demasiadas opciones. Al final se decidieron por una milhojas y una napolitana de chocolate. Por tan solo 10 Dirhams…

Volvimos al riad, donde esperamos un rato hasta que llegó a por nosotros un empleado que nos cargó el equipaje hasta salir de la Medina. Allí nos nos recogió el conductor que nos llevaría al aeropuerto. En el riad nos habían recomendado que estuviéramos unas 3 horas antes en el aeropuerto, algo que en un principio nos pareció demasiado. Y más teniendo en cuenta que no íbamos a facturar. Pero nos fiamos de su consejo. Y la verdad es que tenía razón, pues llegamos al aeropuerto a las 16:10 y nos encontramos con que había cola antes de entrar en la terminal.

No era excesivamente larga y en apenas cinco minutos habíamos pasado, supongo que no habría muchos vuelos a esas horas. Sin embargo, esto solo era para entrar en el aeropuerto en sí (un escáner de equipaje), dentro hay más escollos.

En Madrid llevábamos nuestra tarjeta de embarque en el móvil, con el código QR, sin embargo, para la vuelta al hacer el checkin online solo pudimos sacar el formato pdf, por lo que nos tocó pasar por mostrador para que nos imprimieran la tarjeta. Segunda cola del día. Eso sí, tampoco nos llevó más de diez minutos, a pesar de que el azafato estaba un poco empanado.

Siguiente paso. Ahora llegaba el turno del control de seguridad, donde sí que había algo más de gente.

Tras pasar por seguridad finalmente quedaba pasaportes. Eran las 17:08 cuando nos pusimos a la cola y había un buen recorrido por las cintas hasta llegar a las casetas de los funcionarios. Había gente que intentaba que le dejaran pasar sin esperar porque su vuelo salía ya, pero la policía les decía que a la cola pepsicola.

La verdad es que tiene su riesgo este último control, pues tampoco puedes hacer mucho para estar antes. Es decir, la puerta de embarque la cierran media hora antes de la hora prevista del vuelo, pero si necesitas pasar por mostrador para recoger la tarjeta, de nada te sirve estar 4 horas antes si no abren hasta que no quedan 2. Quizá para estar el primero en la cola y poder salir pitando para el siguiente control.

En nuestro caso pasó una hora hasta que finalmente nos sellaron el pasaporte. Y después de nuevo otro señor al que enseñarle que efectivamente nos lo habían sellado y no nos habían colado. Y ya por fin llegamos a la zona de tiendas y restauración. Nos habían sobrado unos 300 dirhams, y no merecía la pena cambiarlos, así que dimos una vuelta para comprar algún detalle a la familia. Aunque no nos pudimos entretener mucho, pues veinte minutos después ya habían abierto la puerta. A las 18:40 estábamos embarcando con el sol ya casi ocultándose y dejamos tierra a las 19:09.

El vuelo fue bastante tranquilo hasta que llegamos (intuyo) al estrecho, que tuvimos turbulencias. Pero por lo demás, se me hizo bastante corto, más incluso que a la ida. Eso sí, esto no impidió que algunos se echaran alguna cabezadita.

Aterrizamos en Madrid poco antes de las 9 de la noche, donde nos recibió un clima bastante más fresco que el de Marrakech. Comenzaba la cuenta atrás para el próximo viaje a Berlín en diciembre.