Transform:20

Llevaba tiempo alternando PiYo con Core de Force y ya echaba de menos cambiar de ejercicios. Así que tras el regreso de las vacaciones, busqué nuevas opciones. Y encontré Transform:20.

Tras dos años de planificación y desarrollo, Shaun T presenta este nuevo programa en el sigue reduciendo la duración de sus rutinas. Si en Insanity Max:30 concentró Insanity en 30 minutos y después lanzó Focus T25, de 25 minutos, ahora tenemos una rutina de solo 20 (más un breve enfriamiento después). Eso sí, que sea corto no quiere decir que sea un paseo de rosas. Ya conocemos a Shaun T: ejercicios de alta intensidad y poco tiempo de relleno. Además, esta vez incorpora un elemento nuevo: el step. No obstante, no pensemos que se trata de aquellos programas de aerobic de los años 90. Nada que ver. Se usa como un elemento que añade mayor esfuerzo (tiene varios alzadores además), aunque no es imprescindible, ya que hay una versión modificada en la que todo se hace a nivel de suelo.

Transform:20 tiene una duración de seis semanas estructuradas en tres capítulos: Commit, Climb y Conquer. A medida que se va avanzando, los movimientos se van volviendo más complicados y exigentes.

  • COMMIT – COMPROMÉTETE: Las dos primeras semanas son para adquirir un hábito. Sirven para desarrollar una base, aprender los movimientos y ganar algo de coordinación, flexibilidad y fondo físico.
  • CLIMB – ASCIENDE: Durante la tercera y la cuarta semana los movimientos cambian subiendo un peldaño de intensidad.
  • CONQUER – CONQUIST: Las últimas dos semanas de nuevo se cambia de movimientos y se vuelven aún más difíciles.

El calendario marca seis días a la semana y solo uno de descanso.

  • Día 1: BURN: Cardio puro. Enfocado a sudar y quemar grasa, como indica su título.
  • Día 2: FASTER: De nuevo cardio, pero más rápido, añadiendo ejercicios que requieren de mayor agilidad.
  • Día 3: STRONGER: Se trata de una rutina de cuerpo total. Algo más lenta que las anteriores, pero igualmente intensa.
  • Día 4: POWERFUL: Combina ejercicios pliométricos y de resistencia. Se usa únicamente el peso del propio cuerpo para ganar músculo.
  • Día 5: CUT: Centrado en las repeticiones para mejorar la resistencia. Cardio de alta intensidad.
  • Día 6: BALANCED: Estiramiento que ayuda a recuperar después de una semana completa.

Además, cuenta con 12 ejercicios extra que pueden añadirse a cualquier día o incluso incorporarlos en el día libre. Por un lado tenemos 3 rutinas de abdominales, una de cardio, una de recuperación y otra de glúteos. Y por otro, los 6 restantes que incluyen mancuernas (estos pueden añadirse a cualquier día o para sustituir Cut o Stronger).

Todos los vídeos (tanto los 6 básicos, como los extra) cuentan con tres Transformers, unos retos de un minuto en los que hay que hacer tantas repeticiones como sea posible de un determinado movimiento. Anotando el dato se toma como referencia para ver la evolución a lo largo de las semanas.

Y por supuesto, como suele ser habitual en estos vídeos, hay una persona que realiza una versión modificada de cada movimiento. Esto no es solo útil para cuando no se cuenta con la forma física apta para poder seguir al monitor, sino también para momentos puntuales en los que el cansancio puede hacer que no se adopte la postura adecuada y surja una posible lesión. Es mejor bajar el pistón y seguir esta versión antes que parar o hacerlo mal. No obstante, resulta complicado en ocasiones saber cómo está modificando los ejercicios, pues no se la ve. Aunque hay que reconocer por otra parte que generalmente hace el mismo movimiento sin step. Poca variación más.

Transform:20 incluye además una guía nutricional muy similar a la de 21 day Fix con los contenedores como medida de proteínas, hidratos, fruta, grasa… A mí me cuesta más esta metodología tan de andar contando. Ya lo he dicho alguna vez, me da la sensación de que está enfocado a un público estadounidense acostumbrado a los refill y los menús de tamaño descomunal. Creo que si pensamos con lógica y volvemos a la dieta mediterránea (basada sobre todo en verdura, cereales, legumbres y fruta) eliminando los ultraprocesados y las bebidas azucaradas, ya se notan resultados.

A pesar de ser solo 20 minutos, o quizás por eso, es más exigente que T25. Entra directamente de lleno en los ejercicios, sin calentamiento previo (el breve enfriamiento queda fuera de tiempo). Dio igual que viniera de alternar ejercicios de MMA con otros de pilates o yoga, sentía que iba desfondada. Cuando fui a pasar a la segunda fase (tercera semana), sentí que no estaba preparada para tal ritmo, por lo que decidí volver a realizar la primera una vez más. Así no solo gané más fondo sino que conseguí alargar un poco más el programa. Además, lo he estado combinando con PiYo, por lo que no lo he hecho en seis semanas, sino que se ha alargado algo más.

Con Transform:20 he sudado, mejorado mi forma física, he perdido algo de grasa y ganado músculo. Incluso sin poner todo el esfuerzo que quizá se requiere. En cualquier caso, los resultados son notables, al menos para alguien que busca una rutina para ganar algo de fondo y desentumecer los músculos después de horas sentada como es mi caso. Imagino que si se sigue más al pie de la letra, los cambios serán mayores.

Quizá se quede corto para quien busque mayor definición, aunque siempre se pueden combinar los ejercicios básicos con los extra y así llegar casi a la hora. O incluso alternándolo con otro programa creando así un calendario híbrido. Por el contrario, para principiantes puede ser excesivo, incluso siguiendo la versión modificada. Shaun T no se anda con tonterías.

Berlín VII. Día 2 V: Visita al DDR Museum – Museo de la RDA

Quedaba mucha tarde por delante, pero dado que no había ya luz, nos metimos en el DDR Museum, un museo interactivo dedicado a la vida cotidiana de la antigua RDA. Abierto en 2006, es uno de los más visitados de Berlín.

La entrada nos costó 9.80€ y la visita fácilmente puede llevar un par de horas, pues el museo cuenta con 35 áreas temáticas distribuidas en más de 1.000 m². Cada uno de estos espacios está salpicada de contenido multimedia y paneles informativos que sirven de explicación de los objetos expuestos, por lo que no es solo observar, sino que se puede (y debe) tocar y experimentar para sumergirse en el pasado socialista de la RDA.

El recorrido consta de tres partes: Vida pública, Partido y Estado y la vida en un bloque de viviendas. El siguiente mapa nos sirve para orientarnos:

Iniciamos la visita por la zona de Vida Pública. Antes de nada se nos recuerda la historia de la DDR y encontramos una maqueta de un tramo de muro con la vida a ambos lados y en el centro la torre de vigilancia. Justo detrás se halla uno de los mayores reclamos de toda la exposición: el famoso Trabant.

El Trabant, que habíamos visto ya en un mural de la East Side Gallery, era de fabricación propia y se exportaba a otros países comunistas. Era, por así decirlo, el 600 de la RDA, el coche más popular y el único al que podía aspirar la clase obrera.

Pudimos montarnos y hacer un viaje por las antiguas calles de la RDA gracias a un simulador.

En 1954 el gobierno dio la orden de comenzar a producir un coche de pequeño tamaño que compitiera con el escarabajo de la RFA. Las directrices eran que tenía que ser robusto, pequeño y barato. Llamado Trabant P50, comenzó a producirse en masa en 1958 en la fábrica VEB Sachsenring AutoMobilweke Zwickau. Aunque tenía varios defectos técnicos, y costaba repararlo (no solo económicamente, sino a la hora de encontrar las piezas), el Trabi enseguida se convirtió en todo un éxito.

Es cierto que comprarlo no era un proceso muy rápido, pues primero había que solicitar un permiso a la unión sindical y después, con dicho permiso concedido, había que encargarlo y esperar unos años a su entrega (a veces llevaba más de una década); pero esto estaba motivado, entre otros factores, a una cuestión de prioridades. Simplemente no se consideraba importante tener coche particular, ya que la planificación urbanística giraba en torno a los centros de trabajo y las viviendas se encontraban relativamente próximas. Para los movimientos en el tiempo de ocio el gobierno prefería fomentar el transporte público.

Junto al Trabant, expuesto en una columna, vemos precisamente el dispensador de tickets del transporte público municipal que se introdujo en la RDA a principios de los años 60. De este modo ya no había que pagar al conductor, sino que cada viajero tendría que sacar el billete en la máquina. Aunque el sencillo costaba 20 Pfennigs, en realidad el papel era expedido sin necesidad de pagar, pues se confiaba en honestidad de la gente.

Este método, que así de primeras puede parecer muy inocente (sobre todo en España que no pagaría nadie), no dista mucho del que sigue presente aún hoy en día. En el metro y tren no hay tornos y en el tranvía y bus se puede entrar por cualquier puerta y comprar el billete una vez dentro de los vehículos. Se da por hecho que la gente es legal y que va a pagar el viaje (o lleva abono).

Siguiendo con el recorrido, nos adentramos en el área de la Educación. El plan educativo, público y gratuito,  estaba centralizado y era igual en todo el estado desde la guardería. Tras diez años en la Oberschule los estudiantes pasaban a ocupar un puesto de aprendiz. Muy pocos continuaban con la formación y hacían la selectividad. En el curriculum educativo eran valoradas además las actividades sociales, una forma de dar puntos y de que los hijos de los obreros pudieran acceder a la universidad.

En la universidad las clases eran pequeñas, con un máximo de 25 alumnos por aula, por lo que facilitaba la familiaridad. Cada estudiante, independientemente de cuál fuera su elección, debía asistir a cursos de Marxismo Leninismo. Además, tenían que acudir a actividades deportivas  semanalmente y participar en un campamento militar de cuatro semanas (los hombres como oficiales de reserva y las mujeres como defensa civil). En 1981 el gobierno comenzó a pagar 200 Marcos mensuales a cada estudiante, lo que permitía un buen estilo de vida. Además, los buenos resultados académicos se premiaban con un bonus mensual de 150 Marcos.

Otro aspecto interesante es el de las Vacaciones. Los destinos más famosos dentro de la RDA eran las ciudades costeras (al Báltico), Thüringen y el Macizo del Harz, incluso las familias más grandes se lo podían permitir.

En el Báltico las playas nudistas se volvieron muy populares, ya que la cultura del nudismo estaba muy extendida entre la sociedad. Se veía la desnudez como una forma de mostrar la igualdad entre las personas, despojadas de cualquier bien material.

Aquellos que quisieran viajar al extranjero, podían elegir entre diferentes países hermanos, como Polonia, Checoslovaquia o Hungría.

Aunque también había una pequeña parte de la población que podía viajar al Oeste. Básicamente se trataba de funcionarios, académicos, artistas o deportistas de élite.

En el siguiente espacio encontramos la representación de un pequeño economato y varios paneles donde podemos cotillear los productos de consumo diario.

Igualmente interesante es pasear la mirada por el resto de objetos cotidianos que solemos tener por casa: una cafetera, un molinillo de café, la vajilla, los termos, los relojes, un ventilador, una cámara, una radio, la típica linterna de pila de petaca, las bombillas, un radiador, el secador, los rulos… La mayoría de los objetos sin obsolescencia programada y con gran durabilidad.

Lo cierto es que no tendrían gran variedad de marcas y opciones en el mercado, pero no distan mucho del tipo de productos que se podían comprar en España en los 60 o 70. Desde luego Moulinex hacía las mismas cafeteras, molinillos, secadores o tostadores, por poner algún ejemplo. Y por supuesto, no pueden faltar los objetos infantiles, ya no solo los juguetes (un triciclo, peluches, muñecas, construcciones, trenes de madera…), sino cuna, bañera, chupete, sacaleches y productos de higiene.

Y hablando de niños, en la siguiente zona podemos incluso conocer cómo era una guardería, los libros, juguetes y juegos educativos que se usaban en la RDA. No le faltaba detalle a la recreación.

Y hay un detalle que me pareció muy curioso. Los niños aprendían en la guardería a usar el orinal de una forma peculiar. No solo aprendían a controlar sus esfínteres, sino que también asimilaban el significado de colectividad. Y esto es porque había una especie de bancos con varios orinales (el Töfchenbank) donde se sentaban los niños a la vez y no podían levantarse hasta que todos hubieran terminado.

Dado que las mujeres representaban prácticamente el 50% de la población activa, las plazas de guardería fueron creciendo progresivamente. Así, mientras que en 1950 había unas 130 plazas por cada 1000 niños, en los 70 ascendió a 291 y para 1986 llegó a las 811 por cada 1000.

Continuamos al siguiente espacio de la exposición, el del Trabajo. En la RDA no había paro, especialmente para aquellos que se dedicaran a la producción o manufacturas. El museo cuenta con una pared que simula la costumbre de las empresas de elogiar y premiar a sus mejores trabajadores. También podemos ver la típica taquilla con el equipo básico de cualquier obrero.

Y por supuesto, no puede faltar la celebración del 1 de Mayo, el día del Trabajador.

Casi llegando a la final de esta primera parte de la exhibición, tenemos un pequeño rincón dedicado a los Medios de Comunicación. Había 39 periódicos, dos canales de televisión y dos de radio, pero todos tenían el mensaje oficial. Los miércoles los jefes de redacción de los diferentes medios tenían una reunión con el Zentralkomitee para recibir instrucciones. Además, el SED tenía un periódico propio, el Neues Deutschland.

Podemos sentarnos en la sala a ver la tele o incluso oír algún programa de radio. Eso sí, en alemán.

A continuación pasamos al último espacio de la Vida Pública, dedicado al deporte, a la cultura y al ocio. Podemos echar un futbolín o aprender los pasos del Lipsi, el baile que pretendía competir con el rock o el twist.

El deporte era muy importante en el socialismo. Había un lema: “Todo el mundo en todos sitios, ha de hacer ejercicio varias veces a la semana” y la Liga Alemana de Gimnasia y Deporte (DTSB) llegó a tener a mediados de los 80 unos 3.5 millones de miembros y aglutinaba diferentes grupos y asociaciones deportivas cuyas actividades eran, en la mayoría de los casos, gratuitas.

Entramos entonces en el área marcada en rosa en el plano, la dedicada a Partido y Estado. Esta zona, abierta en 2010 explica el funcionamiento del SED (Sozialistischen Einheitspartei Deutschland), el Partido Socialista Unificado de Alemania y podemos sentarnos en el despacho de un miembro de las altas esferas, donde, por supuesto, no puede faltar la simbología comunista.

 

Una parte importante del servicio al Estado era el Wehrdienst (la mili), y también tiene cabida en la exposición, donde encontramos desde el documento oficial hasta la vestimenta y objetos del soldado pasando por numerosos paneles. De hecho, esta parte del museo es algo más aburrida porque es todo lectura sobre guerra, defensa, paz armada. Mucho de política, poco de social.

En la última parte, antes de cambiar a la tercera sección, podemos comprobar cómo funcionaba la Stasi, incluso hay una recreación de una sala de interrogatorios y de un calabozo.

Aparcado delante se halla un segundo coche, pero este no era el de la clase trabajadora, sino el de los grandes cargos. Se trata de un Volvo.

Y por último llegamos a la tercera parte del museo, la dedicada a la Vivienda, a la que se accede por medio de un portal/ascensor.

Aunque estos típicos pisos de altos bloques se convirtieron en un paradigma de la RDA, en realidad se construyeron menos de dos millones de viviendas entre 1971 y 1988. Al igual que ocurría con los coches, acceder a un piso suponía mucha burocracia y podía llevar su tiempo. Eso sí, las parejas casadas y familias con niños (o a punto de tenerlos) tenían preferencia y los trámites podían agilizarse.

El piso piloto en el que nos encontramos es similar al de la imagen sobre estas líneas, y consta de un salón, cocina, baño y dos dormitorios. No le falta detalle: tiene el papel pintado típico de los años 70, el interfono, la decoración (ese póster de Modern Talking)… Y es que la mayoría de los muebles y objetos han sido donados por antiguos ciudadanos de la RDA.

Siguiendo con el estilo del museo podemos tocar, abrir armarios, sentarnos en el sofá, en la cama…, incluso probarnos la ropa por medio de un simulador digital.

En realidad, al igual que en la primera parte de la exhibición, no parece que la sociedad de la RDA difiriera mucho de la española de la época. No hay más que ver Cuéntame (cuando empezó). Mismo tipo de muebles de melanina, sofás de escay, líneas rectas… Y lo mismo en el baño. ¿Quién no conoce el mueble sobre lavabo de tres puertas de espejo o las cisternas de cadena?

Cambian los productos y marcas que usaban, poco más.

La cocina también nos traslada a esas cocinas de butano con ollas y cazuelas de colores chillones o con flores estampadas… Falta el aparador o la mesa y sillas de color azul verdoso… Por supuesto, de nuevo podemos tocar, abrir nevera, armarios, cotillear en las alacenas, tocar la vajilla…

Y con esto finalizamos nuestra visita al museo, una visita muy interesante y amena que nos acercó al contexto social, político y económico de la RDA. Gracias a su interactividad e innovador diseño pudimos experimentar de primera mano la vida cotidiana de la Alemania Oriental. Y aunque quizá no esté entre los museos imprescindibles si lo comparamos con el resto de pinacotecas de la ciudad, sin duda es uno de los más relevantes en cuanto a historia de Berlín y del país se refiere. Quizá la única pega que le pondría es que mucho contenido está escrito en alemán (obvio) e inglés, por lo que es necesario conocer alguno de los dos idiomas para completar el sentido de lo que estamos viendo en la exposición. Sería interesante la opción de contar con audioguía en más idiomas, sobre todo cuando es uno de los museos más visitados y valorados por los extranjeros.

Tras echar un ojo a la tienda, salimos de nuevo a la fría tarde berlinesa. A pesar de que ya era noche cerrada, tan solo eran las 6, por lo que decidimos aprovechar algo más el día antes de volver al apartamento. Y dado que teníamos buena combinación en S-Bahn desde Alexanderplatz, nos fuimos caminando hasta allí. El mercadillo navideño junto a la Marienkirche estaba en su máximo esplendor (se notaba que era viernes), así que nos dimos un paseo por los puestos y nos compramos un cucurucho de patatas de merienda. Estaban recién hechas y el calor nos sentó bien.

De vuelta en nuestro barrio hicimos una parada en el supermercado REWE para cargar para toda nuestra estancia. Compramos para desayunar, bebida, sopa y fideos de sobre y algún que otro plato preparado para poder solucionar las cenas tras todo el día fuera.

Y con una ducha y una cena dimos por concluido el día, que había sido bastante completito.

Berlín VI. Día 2 IV: De la Berliner Dom a la Gendarmenmarkt

Tras la visita a los patios continuamos nuestro paseo hacia la Isla de los Museos. Tomamos la calle Vera Brittain-Uber, que sigue el curso del Spree y permite ver parte de dicha isla. A la altura de la catedral nos encontramos el conjunto de esculturas de Wilfried Fitzenreiter conocido como Drei Mädchen und ein Knabe (3 muchachas y un muchacho).

Estas esculturas de bronce se colocaron en 1988 frente al Hotel Palast, sin embargo en 2007 fueron movidas a esta ubicación a orillas del Spree, junto a las escaleras que llevan al Museo de la DDR.

Nos dirigimos al Friedrichsbrücke para cruzar a la Museuminseln, donde se encuentran los cinco museos más importantes de la ciudad. Este puente, que sustituye al Pomerantzenbrücke que separaba en su día las poblaciones de Berlín y Cölln, nos da una buena vista del lateral de la catedral.

En el otro extremo del puente, además de con este templo, vamos viendo cómo aparecen ante nosotros los diferentes museos.

El primero de ellos en ser inaugurado fue el Altes Museum (el Museo Antiguo), en 1830, lo cual supuso que el arte ya no solo fuera accesible a las clases altas. Después le siguió el Neues Museum (el Museo Nuevo), conocido en su inauguración como Museo Real Prusiano.

En 1876 abrió las puertas la Nationalgalerie  – hoy Alte Nationalgalerie – (la Antigua Galería Nacional) y finalmente a principios del siglo XX lo hicieron el Museo del Emperador Federico (hoy Bode-Museum) y el Pergamonmuseum (el Museo de Pérgamo), cuya apertura coincidió con el centenario de la inauguración del primero.

Con la II Guerra Mundial quedaron en ruinas y aunque fueron parcialmente renovados en la época de la RDA, la mayor restauración se llevó a cabo a partir de 1999, cuando se llevó a cabo un plan en el que todos los museos quedaran conectados bajo tierra a través del Paseo Arqueológico.

Junto al Lustgarten, y a un lateral del Altes Museum, se erige la Berliner Dom, la catedral de Berlín, cuya cúpula es fácilmente divisible desde varios puntos de la ciudad.

El edificio se halla donde anteriormente se encontraba una catedral barroca de 1747 que fue renovada en 1822 en estilo neoclásico. Sin embargo, el diseño de Karl Friedrich Schinkel le pareció muy sencillo al emperador Guillermo II y ordenó que se demoliera y se construyera una más majestuosa que mostrara el poderío de los Hohenzollern. Ansiaba una nueva más grande y ostentosa que hiciera sombra a la Catedral de San Pedro en Roma y a la de San Pablo en Londres.

Así, entre 1895 y 1905, se levantó una en estilo neobarroco diseñada por Julius Raschdorff con unas dimensiones de 114 metros de largo, 73 de ancho y 116 de alto y que se ha convertido en el edificio religioso más importante de Berlín. Y lo curioso es que, a pesar de su nombre, nunca ha sido realmente una catedral, pues no ha alojado a ningún obispo católico, sino que es de culto protestante.

Quedo severamente dañada con la II Guerra Mundial como consecuencia de una bomba que cayó sobre su cúpula en 1944. La RDA sin embargo no se dio prisa en restaurarla, ya que había otras prioridades en cuanto a presupuestos se refiere. Así pues, se colocó un techo provisional para protegerla y los trabajos de recuperación se llevaron a cabo entre 1975 y 1993. Recientemente, en 2008, se inauguró la nueva cruz que corona la cúpula. De hecho, en las fotos de nuestro último viaje se ve cómo aún estaba cubierta.

En este caso nos encontramos con que estaban restaurando una de las torres.

En el interior destaca el altar (construido con mármol blanco y ónix amarillo), la cúpula de 85 metros de altura, sus capillas y la cripta – la Hohenzollerngruft – que alberga las tumbas de los miembros de la dinastía de los Hohenzollern fallecidos desde finales del siglo XVI hasta principios del siglo XX.

Además, 270 escalones llevan a la monumental cúpula, desde donde se obtiene una magnífica panorámica 360º de la ciudad.

Frente a la catedral se ubica el Berliner Stadtschloss, el Palacio Imperial, que se encontraba aún en reconstrucción.

Este palacio fue el edificio más importante de la administración prusiana y la principal residencia de los Hohenzollern desde el siglo XVIII hasta la caída del Imperio Alemán, al final de la I Guerra Mundial. Se construyó para unir a Berlín y Cölln y se convirtió en el centro de la nueva ciudad. Fue en 1701 con la coronación de Federico I de Prusia cuando pasó a ser residencia real.

Quedó gravemente dañado en la II Guerra Mundial, y fue reducido a un solar en 1950, ya que para la RDA simbolizaba el absolutismo prusiano. En una parte del terreno se erigió entonces el Palacio de la República, un edificio moderno que fue sede del Parlamento de la RDA además de darle otros usos administrativos y culturales.

Esta construcción fue demolida en 2006 y en su lugar se ha proyectado el Humboldt Forum, que recupera el edificio original además de incorporar una biblioteca, salas para exposiciones temporales de los museos de Berlín e incluso una estación de metro en su interior. Esta parte más moderna, la que vemos en la foto superior, había sido abierta en agosto. Para el resto del edificio habría que esperar al 14 de Septiembre de 2019, el 250 aniversario del nacimiento de Alexander von Humboldt.

Dado que pretendíamos visitar los museos por las tardes, cuando ya no hubiera luz, dejamos atrás la Isla de los Museos y seguimos con nuestro paseo hacia la avenida Unter den Linden, una de las principales arterias de la ciudad.

En ella se encuentra la Neue Wache, un monumento conmemorativo de las víctimas de la guerra y de la tiranía. En su puerta encontramos una placa que reza:

“Conmemoramos a los pueblos que sufrieron por la guerra. Conmemoramos a sus ciudadanos que fueron perseguidos y perdieron la vida. Conmemoramos a los caídos de las guerras mundiales. Conmemoramos a los inocentes que perdieron la vida a causa de la guerra y de las consecuencias de la guerra en la patria, en el cautiverio y en el destierro. 

Conmemoramos a los millones de judíos asesinados. Conmemoramos a los Sinti y Toma asesinados. Conmemoramos a todos aquellos que fueron asesinados por su origen, por su homosexualidad, por estar enfermos o ser débiles. Conmemoramos a todas las víctimas a las que se le negó el derecho a la vida.

Conmemoramos a todos los seres humanos que tuvieron que morir a causa de las convicciones religiosas o políticas. Conmemoramos a todos los que fueron víctimas de la tiranía y murieron siendo inocentes.

Conmemoramos a las mujeres y los hombres que sacrificaron su vida en la resistencia contra la tiranía. Rendimos homenaje a todos los que eligieron la muerte para no doblegar su conciencia.

Conmemoramos a las mujeres y los hombres que fueron perseguidos y asesinados porque se opusieron al régimen totalitario de la dictadura después de 1945″.

El edificio de estilo neoclásico fue construido entre 1816 y 1818 para el rey de Prusia Federico Guillermo III y desde su inauguración hasta 1918 albergó a la Guardia Real. Sin embargo, en 1931 el Gobierno Prusiano ordenó reformarla y crear un lugar conmemorativo para los caídos en la I Guerra Mundial. Por aquel entonces en el centro del recinto había un bloque de granito con una corona de roble en hierro plateado.

Con la II Guerra Mundial quedó seriamente dañado y la RDA lo reconstruyó como Monumento de Conmemoración a las víctimas del fascismo y del militarismo. En 1969 se le añadió una llama eterna en el centro del recinto y se enterraron un soldado y un preso desconocidos en tierra traída de los campos de batalla de la guerra y de los campos de concentración. Desde 1993 es el principal monumento conmemorativo del país.

En el interior bajo un agujero que permite la entrada cenital de luz natural se encuentra la escultura de Käthe Kollwitz “Madre con su hijo muerto”.

En la acera opuesta se erige la Berliner Staatsoper, el edificio de una de las tres óperas de Berlín. Las otras dos son la Deutsche Oper Berlin y la Komische Oper.

Fue encargada por Federico II de Prusia y construida entre 1741 y 1743 como Ópera Real. Desde entonces ha sido reconstruida en diversas ocasiones. La primera de ellas como consecuencia de un incendio en 1843 y, por supuesto, un siglo después tras la II Guerra Mundial. Además, ha sido restaurada entre 1983 y 1986 y recientemente entre 2010 y 2017 llevando a cabo importantes modernizaciones para mejorar la visibilidad de todas las butacas así como la acústica.

Uno de los laterales del edificio de la Ópera da a la Bebelplatz, tristemente conocida por ser la plaza donde en 1933 la Liga Estudiantil Alemana Nazi quemó los libros que consideraban inapropiados. Básicamente todos aquellos que no comulgaban con sus ideas. Como recuerdo hay escavada una biblioteca que tiene las estanterías vacías como símbolo de todos aquellos libros que ardieron.

Junto a esta biblioteca subterránea se halla una placa con una frase del escritor Heinrich Heine: “Ahí donde se queman libros se acaba quemando personas”. Lo paradógico es que lo dijo bastantes años antes (murió en 1856).

La plaza queda flanqueada además de por la Ópera, por un edificio de la Universidad de Humboldt y por la pequeña Sankt-Hedwigs-Kathedrale (Catedral de Santa Eduvigis), la iglesia católica romana más antigua de la ciudad y la única hasta mediados del siglo XIX.

Fue ordenada construir en el siglo XVIII por el emperador prusiano Federico II el Grande. De estilo neoclásico e intentando emular el Panteón Agripa, fue dedicada a la santa patrona de Silesia y Brandeburgo, Santa Eduvigis de Andechs, y conmemora la llegada de los inmigrantes silesios católicos a Brandeburgo y Berlín. Tras quedar destruida en la II Guerra Mundial, fue reconstruida entre 1952 y 1963.

La bordeamos y, tomando la Marktgrafenstraße, llegamos a la Gendarmenmarkt, una de las plazas más bonitas arquitectónicamente hablando de todo Berlín.

Apenas se podía apreciar por el mercadillo navideño pero forma un conjunto armónico con las dos catedrales (la alemana al sur y la francesa al norte), y el Konzerthaus. La estatua de Schiller domina la plaza que ha cambiado varias veces de nombre desde su construcción en 1688. En su inauguración fue Linden Markt, después ha sido Friedrichstädtischer Markt y Neuer Markt antes de tomar Gendarmenmarkt a finales del siglo XVIII tras haber sido usada por el regimiento de caballería “gens d’arms”. Volvió a ser renombrada como Platz der Akademie en 1950 con motivo del 250 aniversario de la Academia de las Ciencias, pero tras la reunificación, en 1991 retomó el de Gendarmenmarkt, que conserva hasta la actualidad.

Los tres edificios forman una U, quedando las dos catedrales gemelas enfrentadas y el Konzerthaus en el centro. En realidad, la Französischer Dom, la Catedral Francesa, es más que una iglesia, ya que, aunque alberga la Französische Friedrichstadtkirche, también acoge el Hugenottenmuseum (El Museo Hugonote) y un mirador. 

La iglesia fue construida entre 1701 y 1705 para la comunidad francesa protestante, los hugonotes, que buscó refugio en Prusia gracias al Edicto de Potsdam concedido por Federico Guillermo.

Quedó dañada con la II Guerra Mundial al igual que el resto de edificios de la plaza y no se reconstruyeron hasta 1981. La torre con el mirador abrió seis años más tarde, en el 750 aniversario de Berlín. Se pueden obtener unas buenas vistas de la plaza y alrededores subiendo los 284 escalones que suben hasta dicho mirador. Esta vez no los subimos, pero en nuestra primera visita a la ciudad sí, y desde luego que merece la pena el esfuerzo.

La Deuscher Dom fue construida prácticamente a la par, entre 1701 y 1708, aunque no añadió la cúpula hasta 1785.

En 1943 fue reducida a cenizas y los trabajos de reconstrucción no comenzaron hasta 1982. Y aún así, llevó unos 14 años concluirlos. Hoy tampoco es una iglesia, sino que ahora pertenece al gobierno alemán y desde 1996 acoge el Museo del Bundestag donde se puede hacer un seguimiento del sistema parlamentario alemán desde 1848 hasta la actualidad gracias a la exposición Wege – Irrwege – Umwege (Hitos – Retrocesos – Desvíos).

En medio de ambas se halla el Konzerthaus, diseñado por Karl Friedrich Schinkel. Erigido en 1821 como Schauspielhaus Berlin (Teatro de Berlín), acogía las representaciones del Teatro Real. Después de la I Guerra Mundial, con la caída de la monarquía prusiana, el teatro cambió su nombre a Preußisches Staatstheater (Teatro Estatal Prusiano).

Tras la II Guerra Mundial tuvo que ser reconstruido y dado que en Berlín Oriental no había una gran sala de conciertos y sí muchos teatros de renombre, se decidió convertirlo en un gran auditorio reconfigurando totalmente el espacio interior. Hoy en día alberga un auditorio principal (großer Konzertsaal), que cuenta con 1600 butacas y otro más pequeño (kleiner Konzertsaal), con capacidad para 400 personas. Además, el edificio tiene un club de música, la sala de ensayos para la orquesta y, desde 2003, la sala Werner Otto (Werner-Otto-Saal).

Dimos una vuelta a la plaza por el exterior, ya que el mercadillo ocupaba el espacio central y por la tarde era de pago. Decidimos que volveríamos otra mañana antes de las 14h que es cuando la entrada era libre y tendríamos mejor luz. Y es que eran las 15:30 y estaba comenzando a atardecer. Era el momento oportuno para meternos en algún museo y aprovechar el resto de la tarde. El elegido para aquel día fue el DDR Museum, así que hacia allí que nos dirigimos.

Escape Room: El Gran Golpe, Escápate Getafe

Después de que la Farmacia dejara el listón bastante alto, de nuevo estábamos ante la búsqueda de un nuevo escape para el mes de noviembre. En esta ocasión íbamos a ser tan solo cuatro integrantes (el grupo originario, por así decirlo), por lo que buscamos uno en la zona sur de Madrid para no tener que desplazarnos mucho. El elegido fue El Gran Golpe de Escápate Getafe.

El título del juego ya nos da una idea de por dónde va a ir la temática: de un robo. Esta vez teníamos que ponernos en la piel de un grupo de atracadores que tras más de 10 robos de bancos a sus espaldas por todo el mundo, está planeando retirarse tras dar el último gran golpe en una sucursal de Nueva York. Nuestro modus operandi se caracteriza por suplantar las identidades de los empleados, un trabajo que lleva sus meses de preparación para tantear el terreno y conocer los protocolos. Una vez que tenemos todos los datos, llega el momento de la ejecución, para la que tan solo contamos con 60 minutos.

El previo del juego fue bastante rápido, pues al no ser novatos nuestro Game Master simplificó bastante. Nos explicó el uso de algún candado (nada fuera de lo habitual), la metodología para dar las pistas (solo si las pedíamos), alguna indicación sobre objetos o marcas no relevantes para el juego y finalmente nos hizo entrega de nuestras tarjetas identificativas como falsos empleados. Era la hora de nuestra misión.

Al entrar en la sala lo primero que llamó nuestra atención fue la amplitud. Es verdad que no éramos tantos como otras veces, pero aún así, el espacio era bastante grande. La ambientación de esta primera sala es el lugar de operaciones del equipo, donde tenemos que ultimar los detalles antes del golpe. Al contrario que en las últimas ocasiones entramos bastante enchufados y enseguida empezamos a buscar por toda la sala colocando aquellos objetos que nos parecían relevante sobre una superficie, identificamos los candados compartiendo con el resto del equipo si era de llave, de número, de letras o algún otro tipo y comenzamos a enlazar las piezas del puzzle.

No es un juego lineal, por lo que había enigmas que se nos quedaban pendientes, candados sin abrir o mecanismos que sabíamos que nos faltaba algo para ejecutarlos. Sin embargo, no perdimos mucho tiempo y fuimos bastante resolutivos. Solo nos atascamos en un momento dado porque nos faltaba abrir un candado y sin embargo teníamos todos los rincones revisados y todo resuelto. A priori no se nos había escapado nada, pero era evidente que algo fallaba. Tomamos distancia y nos paramos un poco a pensar, pero nada… así que pedimos una pista. Con la casualidad además de que fue justo en el momento en que nos llegó la inspiración. El caso es que pudimos abrirlo y pasamos a la segunda sala, es decir, al banco.

Nos entró entonces un poco la adrenalina por conseguir el botín y salir rompiendo récords anuales del juego. Aún así, seguimos bastante centrados. Tuvimos un par de despistes, pero nada que pudiéramos solventar fácil y rápidamente. Como suele ocurrir, la experiencia es un grado y siempre hay alguna dinámica o enigma que se parece a otra que ya has visto y por tanto resolución es mucho más rápida. También a veces eso hace que te compliques la vida y que le busques más pies al gato de los que tiene, como nos pasó con uno de los últimos códigos, que lo interpretamos de dos formas diferentes y ninguna era la correcta, sino que era de una mucho más sencilla.

Aún así, salimos con nuestro botín en 41:32 minutos y tan solo una pista, lo que nos colocó en la 3ª posición del ránking anual. Una pena lo de la pista, ya que nos habríamos colocado los primeros.

Se trata de un juego de escape bastante entretenido, bien hilado y con variedad de pruebas. Es verdad que por la cantidad de candados que tiene (sobre todo en la primera parte) es más nivel principiante, pero aún así, nos lo pasamos bastante bien. Es además de esos escapes en los que sales con la sensación de que todo el mundo ha participado de alguna forma en el desarrollo. Tan solo le pondría una pega: la clave que llevaba a abrir el candado en el que nos atascamos. He de reconocer que de alguna manera sí que había una pieza que conducía a ella, pero no es muy intuitiva y se puede pasar por alto. De hecho, nos comentó nuestro Game Master después que una de las pistas que tienen que dar siempre es esa. Así pues, si ves que todos los equipos caen ahí, quizás es hora de darle otra vuelta.

Pero en general, quitando este detalle, parece una sala apta para todos los públicos para la que no es necesaria mucha experiencia.

Berlín V. Día 2 III: De Nikolaiviertel a Die Hackeschen Höfe

Muy cerca de los ayuntamientos se halla el Nikolaiviertel, el barrio donde se originó Berlín. Como suele ocurrir en la fundación de las ciudades europeas, esta zona durante la época medieval era un lugar de paso clave para una ruta comercial, después se construye una iglesia, llegan los primeros asentamientos… y en unos años tienes un núcleo urbano.

La iglesia llegó a principios del siglo XIII, y no podía llamarse de otra forma que Nikolaikirche.

En sus alrededores poco a poco se fueron estableciendo los artesanos y comerciales. Al este del río Spree surgió un asentamiento conocido como Berlín, y por otro lado, en la orilla opuesta, un segundo que se llamó Cölln. La ruta que unía ambos pueblos era conocida como Mühlendamm. Se podía cruzar de un lado a otro gracias a una presa. En ambas orillas había molinos, y de ahí su nombre: Mühlen (molinos) + Damm (presa).

Los molinos se incendiaron en 1838 y tuvieron que ser reconstruidos. A finales del siglo XIX perdieron su función y comenzaron a usarse para uso burocrático. Finalmente fueron derribados en 1936.

Desde estos asentamientos hasta la II Guerra Mundial la zona fue un lugar de encuentro de artistas, artesanos y comerciantes y estaba plagado de talleres y tiendas. Lamentablemente, con los bombardeos el barrio quedó reducido a escombros y tuvo que ser reconstruido. Fue entre 1981 y 1987 cuando se intentó recuperar aquel trazado medieval siguiendo documentación antigua. Hoy tiene cierto encanto pasear por sus calles, pues da la sensación de haberse transportado a otra ciudad más pequeña, y no de seguir en una gran capital.

Chocan un poco los edificios de corte soviético al estilo Plattenbau, pero a la vez consiguen integrarse en la estética del barrio en sus fachadas y tejados.

Uno de los artistas más reconocidos del barrio fue Heinrich Zille, cuya estatua le rinde homenaje.

Este pintor y fotógrafo nacido a mediados del siglo XIX realizó numerosas obras de arte durante la República de Weimar, la mayoría de ellas centrándose en mostrar a las clases bajas.

Otra estatua relevante en la zona es la del oso de Berlín que sostiene con fuerza el escudo de la ciudad.

Y un poco más adelante, junto al río, nos encontramos con otra estatua. Esta representa a San Jorge luchando contra el dragón y fue un regalo del artista August Kiß al rey Wilhelm I .

Callejeamos por el barrio y después continuamos hacia el norte. Pero empezó a chispear y nos encontramos con un Subway, así que aprovechamos para parar a comer, aunque no nos entretuvimos mucho, pues no queríamos que se nos hiciera de noche. Así, tras el breve receso tomamos la Spandauer Straße hasta los Hackeschen Höfe, unos patios en el histórico Scheunenviertel (Barrio de los Graneros) frente al mercado Hackescher que fueron declarados monumento histórico en 1972. 

Este espacio consta de ocho patios en una superficie de 27.000 m², y alrededor de ellos podemos encontrar tanto viviendas como empresas o instituciones culturales.

Pero sobre todo su popularidad se debe a la zona comercial en los locales a pie de patio. Hay tanto bares, como restaurantes, locales de fiesta, de artesanía e incluso una tienda oficial de Ampelmann (el muñeco de los semáforos de la RDA).

Los primeros semáforos surgieron a principios del siglo XX, enfocados sobre todo al tráfico rodado. Los de peatones no surgen hasta los años 50, pero no eran muy legibles para todo el mundo, sobre todo porque había un 10% de la población que no distinguía los colores. Así, el psicólogo Karl Peglau propuso cambiarlos por formas geométricas y eliminar el ámbar. Su primera idea no cuajó, pero se le ocurrió otra: incorporar la figura de un hombrecillo, una imagen fácilmente reconocible tanto para adultos, como para niños o discapacitados. El primer semáforo se instaló el 13 de octubre de 1961 con los diseños de su secretaria.

Pronto se hizo muy popular, por lo que en los años 80 el Ministerio del Interior de la RDA lo usó para enseñar educación vial, trascendiendo de las calles a una tira cómica en el periódico, a historietas en la radio y a un espacio mensual en el programa infantil Sandmännchen.

Con la desaparición de la RDA y la reunificación del país llegó la estandarización vial y comenzaron a retirarse para sustituirlos por los de la Alemania del Oeste, sin embargo no tuvo muy buena acogida y la mayoría se volvieron a instalar. Hoy en día se han convertido en todo un icono de los Ossis y como tal, no puede faltar merchandising en torno a su figura. En 2004 se creó además la Ampelfrau, su versión femenina.

Entramos a la tienda a echar un ojo, pero no compramos nada, pues los precios eran un tanto altos. Así pues, seguimos con nuestro paseo y de casualidad, junto a este conjunto de patios, encontramos un callejón conocido como el Dead Chicken Alley, un espacio comprado en 1993 por unos jóvenes conocidos como “Los Pollos Muertos” (Tote Hühner) para expresarse artísticamente.

El espacio es pequeño y abruma ver tanto graffiti, es complicado encontrar un espacio libre sin pintar. Parece que incluso The London Police, Basquiat y Banksy han dejado su huella en el lugar.

En el callejón podemos encontrar una tienda, la galería Monsterkabinett, el Museo Anne Frank. hier&heute (dedicado a Anna Frank), el Museum Blindenwerkstatt Otto Weidt (en honor al empresario que escondió y empleó a judíos sordos y ciegos en su taller de escobas y cepillos), el Café Cinemá y el alternativo Monster Bar.

En la acera de acceso a los patios podemos encontrar varias Stolpersteine, unas placas de latón de 10×10 cm que sirven para recordar el destino de aquellas personas deportadas y asesinadas por los nazis.

La idea nació del artista alemán Gunter Demnig, quien consideró que estas chapitas podrían servir mejor al propósito que construir un único monumento conmemorativo de mayores dimensiones. La primera de ellas fue colocada el 16 de diciembre de 1992, el 50 aniversario de la fecha en que Heinrich Himmler dio la orden de deportar a los gitanos y desde entonces se pretende colocar unos seis millones de placas (tantas como víctimas). Eso sí, Alemania no le dio permiso para su instalación hasta el año 2000, momento en que el proyecto se disparó y se expandió a otros países de Europa, incluso ha llegado a España.

Suelen encontrarse frente a la última residencia de las víctimas, aunque no es fácil ya que muchos edificios fueron arrasados, incluso calles reconvertidas en otro tipo de espacios públicos. Aún así, se intenta buscar siempre el lugar más próximo.

En la inscripción se detallan el nombre de la víctima, su año de nacimiento, el de su deportación y al campo a que fue enviada. En el caso de las mujeres casadas se añade también su apellido de soltera.

Tras la visita a los patios continuamos nuestro paseo hacia la Isla de los Museos.

Berlín IV. Día 2 II: De Alexanderplatz al Rotes Rathaus

Tras ver la East Side Gallery seguimos con nuestra visita por Berlín. Habíamos tomado el S-Bahn porque desde la Mühlenstraße hasta la Alexanderplatz no parecía haber mucho que ver andando. Además, hacía frío y no sabíamos si nos iba a llover. Como además teníamos el abono de transportes y teníamos viajes ilimitados, sin duda la mejor opción era acortar.

El edificio de la estación de la Alexanderplatz sigue el ejemplo de las gares francesas con una planta alargada y una enorme cúpula en el centro. En el exterior se encuentra la plaza que le da nombre, la Alexanderplatz, considerada el centro de Berlín. Poco después de su construcción se convirtió en un importante nudo de comunicaciones gracias a la inauguración de la estación de ferrocarril. Más tarde ganó relevancia también en el aspecto comercial cuando se edificó el Mercado Central a finales de siglo XIX y los grandes almacenes Tietz a principios del XX. En 1929 se hizo mundialmente famosa gracias a la novela Berlin Alexanderplatz del expresionista Alfred Döblin. 

Conocida en la actualidad coloquialmente como la “Alex”, hasta el siglo XIX recibía el nombre de Paradeplatz. Fue rebautizada en 1805 con motivo de la visita del zar Alejandro I a la ciudad. Quedó destruida durante la II Guerra Mundial, por lo que en los años 60 fue rediseñada ampliando hasta 4 veces su tamaño. Aunque por aquel entonces se peatonalizó, hoy, sin embargo vuelven a pasar los tranvías por ella. En una ampliación de la red ferroviaria llevada a cabo en la década de los 90 se descubrió que bajo la plaza se encontraba uno de los refugios antiaéreos de la II Guerra Mundial más grandes de la ciudad.

En nuestra última visita en 2007 nos la encontramos en obras y desde la Torre de la Televisión se veía un gran solar.

Nada que ver con lo que es hoy en día.

La estación divide la Alex en dos, a un lado una parte más institucional en la que destacan edificios como el Rotes Rathaus, la Torre de Televisión o la Marienkirche y al otro una más comercial, donde se encuentran el Centro Comercial Alexa, la Galería Kaufhof, un Uniqlo, un Saturn o un Primark.

En este lado es donde se hallan la mayoría de las construcciones de la época soviética. Uno de los elementos icónicos es, sin duda, su Weltzeituhr (Reloj Mundial), lugar de encuentro de los berlineses.

Fue inaugurado el 30 de septiembre 1969 como parte de la replanificación de la Alexanderplatz antes del vigésimo aniversario de la RDA. En 2019, al llegar el 50 aniversario, quedan liberados los derechos de comercialización.

El reloj se localiza sobre un mosaico de piedra en forma de los vientos y se erige hasta los 10 metros de altura. Bajo la superficie se halla la sala de máquinas que controla la tecnología. En su parte superior cuenta con una representación simplificada del sistema solar y en el centro se ubican unos paneles de aluminio que se corresponden con las 24 principales zonas horarias.

Si lo bordeamos podemos leer las horas de 146 lugares de todo el mundo, actualizados en 1997. Aprovechando la renovación del reloj se cambiaron algunos nombres desactualizados (como Leningrado por San Petersburgo) y se añadieron unas 20 nuevas ciudades (como Jerusalén y Tel Aviv).

Junto al reloj encontramos un pequeño mercadillo navideño con puestos de comida, Glühwein (típico vino caliente), artesanía, un carrusel y hasta una pista de hielo.

Desde esta zona de la plaza se tiene una buena vista de la Fernsehturm, la torre de la televisión, que con sus 368 metros de altura es el edificio más alto de Berlín y ofrece unas buenas vistas 360º de la ciudad. Ya subiríamos más adelante.

El mercadillo continuaba cruzando la calle (de hecho ahí encontrábamos la puerta de entrada), junto a la Galería Kaufhof.

Frente a la Galería Kaufhof se encuentra la Fuente de la Amistad, construida en 1970 para celebrar el 21 aniversario de la RDA. El agua fluye desde el punto más alto, a unos 6 metros y baja formando una espiral por cada una de las 17 conchas que reposan en sendas columnas. Con el mercadillo no se veía apenas, pero así lucía en 2007.

Es en la Alex donde se erige el edificio más alto del centro de Berlín: el Hotel Park Inn. Fue construido entre 1967 y 1970 y en él se alojaban importantes personajes de la vida política de la ciudad. En su planta 37 alberga un restaurante y un mirador.

Pero el primer rascacielos de la plaza tras su reconstrucción fue la Haus des Lehrers (Casa del Profesor). Inaugurado en 1964, este edificio de 12 plantas está realizado en acero y cristal, los materiales más punteros de la época.  Destaca en su fachada un friso de 7 metros realizado con 800.000 teselas que recoge detalles de la vida en la RDA.

Muy cerca de la Alexanderplatz se halla la Marienkirche, uno de los edificios medievales más importantes de la ciudad. Construida en 1250 con la ampliación de la ciudad, hoy tiene un estilo neogótico como consecuencia de la restauración de 1894.

Fue católica hasta la Reforma protestante en el siglo XVI, cuando pasó a ser un templo luterano.

Dejamos atrás la Alexanderplatz y seguimos nuestra ruta hasta el Rotes Rathaus (Ayuntamiento Rojo), la sede del alcalde y del gobierno del Estado Federado de Berlín. Se ubicaba en la RDA, por lo que ya antes de la reunificación servía como ayuntamiento (el de Berlín Oeste estaba en el Rathaus Schöneberg).

Erigido entre 1861 y 1869 en estilo renacentista del norte de Italia, recibe su nombre por su fachada de ladrillos rojos. Con cierto aire a fortaleza y unas fachadas de casi 100 metros de largo cada una, ocupa toda una manzana, ya que se derribaron antiguas edificaciones medievales para su construcción. Llama la atención la decoración de estas con escenas de la historia de Berlín hasta 1871.

Cuenta con 2 cuerpos en torno a sendos patios y una torre de 74 metros de altura. Desde las alturas se ve muy bien su planta:

En su entrada principal se hallan dos estatuas de bronce en honor a quienes reconstruyeron la ciudad tras la II Guerra Mundial: una lo hace a las Trümmerfrauen, mujeres que se encargaron de retirar las toneladas de escombros, y otra a los obreros que la reconstruyeron.

Vimos que había un par de policías en la puerta, pero que entraba y salía gente, así que me acerqué a preguntarles si se podía visitar y nos dejaron pasar, así que entramos a echar un vistazo. Nada más entrar nos encontramos una gran escalera que nos conduce a un nivel superior.

Delante de las puertas de acceso a ese ala nos sorprendió uno de los muchos osos que nos encontraríamos por toda la ciudad.

El oso es un símbolo de Berlín y está por todos lados. Aparece en la bandera y el escudo, en logotipos, estatuas e incluso como premio del festival de cine de la ciudad, la Berlinale. El origen es incierto, aunque parece que la incorporación en el escudo posiblemente se deba a un homenaje al duque Alberto I de Brandeburgo, apodado el oso. Pero lo cierto es que además hay un juego de palabras con Bär (oso en alemán), que se pronuncia [bɛːɐ̯], y Berlín [bɛrˈli:n]. Sea como fuere, este animal se ha convertido en todo un emblema de la ciudad.

Aprovechando su popularidad, los empresarios Eva y Klaus Herlitz crearon una colección de esculturas llamadas Buddy Bears. Realizados en material sintético reforzado con fibras de vidrio y con dimensiones de oso a tamaño real, se hicieron más de 300 que están repartidos por toda la ciudad.

La primera exposición fue en 2002 en la Pariser Platz y tuvo tan buena acogida que se hizo una gira mundial e incluso la marca United Buddy Bears llegó a un acuerdo con UNICEF para recaudar fondos.

Este oso era bastante reciente, ya que se realizó con motivo del aniversario de la reunificación en octubre de 2018 y lleva los escudos de los distintos distritos de la ciudad así como la firma de sus representantes políticos.

En un lateral de la escalera encontramos un libro de firmas  que recogía la reciente visita (apenas un mes antes) de la entonces Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

Seguimos nuestra visita por diferentes salas en las que había exposiciones temporales de artistas locales u otras permanentes, como la que encontramos de bustos de personalidades relevantes de diferentes campos (ciencia, literatura, historia…).

En una de las salas encontramos este interesante collage de mapas aéreos en el que se puede ver cómo ha evolucionado Berlín desde la II Guerra Mundial hasta 2012.

Sin duda hay dos salas que destacan en la visita. Por un lado la Wappensaal (Sala de los Escudos), donde se celebraban tras la guerra las reuniones del Groß Berlin. Los grandes ventanales están adornados con escudos de armas de la ciudad así como todos los distritos administrativos del Groß Berlin de 1920.

La otra es la Großer Saal, en la que tenían lugar las reuniones del ayuntamiento de Berlín Este hasta 1990. Hoy se usa para grandes eventos o recepciones del alcalde.

Antes de marcharnos dimos una vuelta a los pasillos que bordean la escalera central. Allí encontramos una exposición sobre los 28 años con y sin muro. El 5 de febrero de 2018 se igualaron los períodos en que el muro dividió la ciudad y que Berlín lleva viviendo sin él: 28 años, 2 meses y 27 días.

En la exhibición cada año queda representado por una fotografía. La mayoría de las 58 que se exponen pertenecen a la colección privada de la Fundación del Muro de Berlín y nunca hasta la fecha habían sido mostradas. Se han elegido no buscando una perspectiva política, sino sociológica. Así intentan mostrar las diferentes localizaciones y cómo vivía la gente tanto a un lado como a otro.

Con la exposición fotográfica dimos por concluida nuestra visita y salimos de nuevo al frío exterior. Bordeamos el edificio y nos dirigimos al Altes Rathaus (Ayuntamiento viejo), que fue levantado entre 1902 y 1911 como anexo del Rotes Rathaus. Cuando se inauguró se llamó Neues Stadthaus (Nuevo Ayuntamiento) y acogía la sede del Consejo de Ministros de la RDA, sin embargo, dado que en Berlín Este también había un Neues Stadthaus, este cambió el nombre.

Desde aquí seguimos hasta el origen de Berlín, el Nikolaiviertel.

Serie Terminada: Buena Conducta

En el primer capítulo de Buena Conducta vemos a una Letty que acaba de salir de la cárcel y que intenta recomponer su vida lejos del alcohol, las drogas y los robos para recuperar la custodia de su hijo. Sin embargo, no lo tiene fácil y en uno de sus robos se cruza con Javier, de profesión sicario. En su propósito por hacer las cosas bien, intentará frustrar el encargo del asesino a sueldo, sin embargo, este la descubre y la obliga a seguir con él para que no le delate.

A partir de aquí la serie se desarrolla de forma similar a una road movie en la que dos personajes muy diferentes se encuentran en un momento complejo de su vida y juntos se adentran en viaje sin rumbo, porque lo más importante es lo que ese camino les va a aportar en su desarrollo personal y no el destino. Son dos outsiders intentando encontrar su lugar en el mundo. Es cierto que Letty es retenida contra su voluntad al principio, pero poco a poco comienza a darse cuenta de que Javier le aporta cierta serenidad.

Letty es un personaje muy complejo. Es una antiheroína llena de incoherencias. Es adicta y ha llevado una vida de excesos y cometiendo delitos, pero sin embargo tiene claras sus convicciones morales y asesinar es algo que desde luego no ve con buenos ojos. Por eso intenta enmendar a Javier. Y es curioso, porque mientras la motivación por recuperar a su hijo no impide que se autoboicotee, no pierde la perspectiva con respecto a su compañero de viaje. Durante toda la serie vemos un equilibrio entre sus buenos propósitos y sus recaídas.

Javier también tiene sus propias contradicciones. De entrada llama la atención que no es el típico asesino a sueldo con aspecto de armario empotrado con un carácter de mierda que en vez de hablar gruñe o que mata con una mirada. No tiene nada que ver con un Punisher, sino que es un tipo simpático, tranquilo, educado, con muy buen corazón y empatía (no hay más que verle con su familia o cómo intenta mantener a Letty lejos de sus adicciones y ayudarla a recuperar a su hijo). Sin embargo, es frío y calculador a la hora de planificar sus encargos y después no tiene ningún tipo de remordimientos.

Juntos suman bastantes problemas y podríamos decir que incluso su relación es tóxica en determinados momentos. No obstante, también se hacen mucho bien el uno al otro, se contrarrestan. Ambos han tenido una infancia y adolescencia llenas de traumas y quizás por ese pasado cargado de oscuridad saben entenderse y apoyarse.

Cuando Buena conducta se centra en ellos, resulta interesante. Hay buena química entre ellos y tanto Michelle Dockery como Juan Diego Botto están muy bien en sus papeles. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de la relación con la madre de Letty o su agente de la condicional, dos personajes que no parecen muy bien dibujados y que cambian de actitud sin mucho sentido, como si no estuvieran muy bien estructurados y solo sirvieran para provocar una reacción.

Así, la segunda temporada resulta un tanto extraña con la madre de Letty delantando a Javier (cuando sabe el bien que le hace a su hija) y con Christian jugando a las casitas con la agente Rhonda Lashever. No parece muy propio de sus personajes. Y aunque la trama del FBI resulta muy entretenida y deja algún capítulo realmente bueno, en conjunto bien podría haberse cerrado la serie en la primera temporada y tan felices. También es verdad que podría haber continuado hasta la quinta, tal y como tenían por contrato, ya que al final Buena conducta lo único que necesitaba era a Letty, Javier, el Range Rover y la carretera.

No es una mala serie, pero a veces me resultó lenta. Me esperaba algo más de acción con robos, asesinatos y huidas pero, como digo, lo importante es el desarrollo de los personajes, el porqué son cómo son, de qué huyen, cuáles son sus debilidades y cómo se apoyan el uno al otro. No obstante, tiene una buena mezcla de géneros e incluso arranca una sonrisa en momentos bastante dramáticos. No está mal para pasar el rato.